El Aaiun

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Este es un cuadro dedicado a El Aaiun, del artista Arnulfo Muñoz. Lo he conocido a través del blog de nuestra amiga Antònia de Lleida, lleno de informaciones interesantes y diferentes. Le tomo prestado el cuadro a Antònia para subirlo también a este blog.
El cuadro es una forma diferente de mirar a la "ciudad de los manantiales", "umbral para nuestra sed de libertad", en palabras del poeta saharaui Saleh Abdalahi.
Titulo: EL-AIUM
Material : Técnica mixta sobre lino Dimensiones : 100 x 81 cm.
En este entorno sobrevive un pueblo, al que traicionaron todos los Reyes. Me instalaría con ellos durante un tiempo, con su valiosa ayuda, levantaría esta obra extraordinaria...

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El maestro Kapuscinski, solidario con el pueblo saharaui

7:33 p. m. Conx Moya 0 Comments



Nuestro homenaje al periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski, uno de los firmantes de la carta a José Luis Rodríguez Zapatero en la que 400 escritores (en sucesivos envíos), periodistas y representantes del mundo de la cultura, instaban al presidente del gobierno a apoyar al pueblo saharaui en su lucha por la independencia del Sahara Occidental.




El honrado maestro Kapuscinski

LA VANGUARDIA. Lluís Foix 23/01/2007 - 23:13 horas
Ha muerto Ryszard Kapuscinski, periodista polaco, escritor y ensayista. Uno de los mejores reporteros de mi generación, un profesional honesto que explicó el mundo las complejidades de las guerras, sus causas, el sentir de la gente ordinaria. Un Pérez Galdós de nuestro tiempo.

Ha muerto a los 75 años en un hospital de Varsovia. Empezó su carrera en la Polonia comunista como redactor de una agencia de noticias. Viajó por todo el mundo, conoció a personajes relevantes pero, sobre todo, penetró en la conciencia y en la cultura de las sociedades que observaba.

No era una estrella mediática. Era un personaje que miraba la realidad con transparencia, sin prejuicios, pegado al terreno y alejado de los estados mayores y de los gobiernos que siempre pretenden controlar la información que sale al exterior.

Su último libro, 'Viajes con Heródoto', es una pieza extraordinaria. Nos narra su extensa biografía con la Historia de Heródoto bajo el brazo. Desde la India a China pasando por Àfrica y la ex Unión Soviética aplica la fría lógica del historiador griego y saca consecuencias que normalmente se nos han escapado a quienes hemos narrado la realidad desde las prisas y las imprecisiones.

Descubrí a Kapuscinski hace muchos años cuando publicó un ensayo histórico sobre el último emperador de Etiopía, Haile Selassie, el León de Judá, adorado por los etíopes hasta que perdió el poder y los amigos que durante más de dos generaciones había hecho en todo el mundo.

Para quien quiera estudiar una revolución es aconsejable que lea urgentemente 'El Emperador'. Nos describe la vulnerabilidad del poder, la frivolidad de los cortesanos, la traición de los más próximos, hasta explicarnos cómo los revolucionarios destruyen un régimen para construir otro que no es necesariamente mejor que el anterior.

En una entrevista que le hizo Bru Rovira, un gran reportero de 'La Vanguardia' que ha trotado mucho por el Tercer Mundo, Kapuscinski decía que "estamos en una situación donde los medios ya no observan los eventos sino que participan en ellos. Y los manipulan con sus mentiras, desinforman. Hay que saber que los medios también participan del capital financiero, al que nada le preocupa la ética periodística y sólo quiere hacer dinero, tener ganancias".

No tengo el libro a mano, pero lo que escribe de Kapuscinski el editor Jorge Herralde en su último libro 'Por orden alfabético', es un homenaje a la trayectoria de un periodista humanista, culto, comprensivo con los más débiles, crítico siempre con los que no utilizan la razón sino la fuerza.

También nos transmitió las vivencias y el significado de otra gran revolución, la islámica, que destronó al Sha de Persia con la llegada del ayatolá Jomeini en Teherán en enero de 1979. Aquella revolución, la última del siglo XX, ha tenido y sigue teniendo una gran repercusión en el mundo. Kapuscinki ya lo advertía.

Viajó por la Unión Soviética cuando el régimen que pretendía comerse el mundo se desmoronaba y de sus cenizas no se podía aprovechar prácticamente nada. Sus reportajes ubicados en varios países africanos los resumió en el libro que le dio fama universal. 'Ébano' es uno de los documentos periodísticos imprescindibles para conocer la realidad africana de los años ochenta y noventa.

Tiene un libro formidable sobre una de las más extrañas guerras del siglo pasado. Su título es 'La guerra del fútbol'. Narra la guerra que Honduras y El Salvador libraron con pasión y violencia con el detonante de un partido de fútbol entre las dos selecciones nacionales de los dos países para decidir la participación en los Mundiales de fútbol de México de 1970.

Pasó por muchas penalidades, por peligros de muerte, por amenazas de todo tipo. No se hospedaba en los grandes hoteles. Pernoctaba en pensiones de mala muerte, recogía testimonios de la gente ordinaria, hablaba con todos y emprendía viajes hacia la selva o hacia lo desconocido sin más equipaje que un cepillo de dientes y unos recortes de prensa local.

Con Kapuscinski desaparece una saga de grandes reporteros, de periodistas de raza, de hombres que sabían poner en perspectiva histórica los hechos que relataba. Lo comparo con Stanley, Hemingway, Montanelli, nuestro admirado Manu Leguineche y muchos más periodistas que han escrito el borrador sin el cual sería imposible reconstruir la historia en las generaciones futuras.

Cuando un conflicto se acababa, cuando los tiros y las bombas callaban, Kapuscinski se quedaba un tiempo en los lugares devastados. Es entonces cuando sacaba consecuencias, dibujaba el cuadro de la situación, escribía lo que sus colegas mediáticos ya se encontraban en sus redacciones de Londres, París, Nueva York o Roma.

Si tuviera que definir a un periodista completo, de mirada clara, independiente y sobrio, un periodista que influye en la opinión, Kapuscinski sería el perfil más aproximado.

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¿Dónde está el Instituto Cervantes?

10:15 p. m. Conx Moya 0 Comments

El pueblo saharaui es el único pueblo árabe de habla hispana y fue provincia española hasta el abandono español de 1975. El Instituto Cervantes no mantiene ni un solo proyecto (becas, edición de libros, bibliotecas, enseñanza del español) con los saharauis.

El Instituto Cervantes es la institución pública creada por España en 1991 para la promoción y la enseñanza de la lengua española y para la difusión de la cultura española e hispanoamericana. Los centros del Instituto están situados en cuatro continentes y dependen del Ministerio de Asuntos Exteriores.

La falta de atención del Instituto Cervantes a los saharauis resta sin duda prestigio y credibilidad a esta institución. Diferentes iniciativas de asociaciones y organizaciones suplen las carencias de un organismo creado para la difusión del español.

La Organización Juvenil Española ha puesto en marcha la campaña "Libros que nos hacen libres" de recogida de libros para los campamentos de refugiados saharauis. En 2005 reunieron 5.000 libros en español que entregaron en los campamentos de refugiados saharauis. Era su forma de celebrar el aniversario del Quijote. Hoy, esos libros están siendo utilizados por los refugiados en la biblioteca que construyeron en la daira de Amgala. Y resaltan que los saharauis reclaman, a pesar de su dramática situación, más libros, en especial de poesía.

La localidad salmantina de Villamayor ha donado 15.000 euros para la construcción de un centro de enseñanza del castellano en los campos de Tinduf, a través de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Béjar, Ampusabe, y 124 alumnos de Magisterio de Ciudad harán sus prácticas en los campamentos enseñando español a los niños saharauis. El grupo “Escritores por el Sahara” junto al gobierno vasco ha patrocinado el envío de un biblobús con libros en español para los niños y jóvenes de los campamentos. Hace tres años un grupo de escritores españoles y saharauis que habían escrito libros dedicados al Sahara remitieron una carta al Instituto Cervantes reclamando su implicación cultural con el pueblo saharaui, sin recibir respuesta. Los saharauis de las zonas ocupadas mantienen a duras penas el español como forma de resistencia contra la ocupación marroquí.

Y mientras el Cervantes sigue sin querer enterarse.

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Elzam, turbante saharaui

12:10 a. m. Conx Moya 0 Comments



Pocas prendas pueden llamar más la atención a un occidental que un turbante. Desde niños, un turbante nos hace evocar lejanas tierras y para nuestros ojos occidentales es el colmo del exotismo y el misterio. En una sociedad como la nuestra, donde ya casi nadie cubre su cabeza, un turbante hace volar nuestra imaginación. Es difícil para los no musulmanes, no árabes, no africanos entender el uso del turbante fuera del tópico del primer mundo. Sin embargo, con esa sorprendente capacidad integradora de los saharauis, en su primera visita a los campamentos los hombres consiguen inmediatamente la pieza de tela negra, acceden encantados a que se lo pongan, y lo lucen, primero orgullosos y enseguida agradecidos al entender la increíble utilidad de esta milenaria prenda que forma parte de la tradicional vestimenta de los hombres saharauis.
Elzam, o turbante saharaui, es una pieza de una tela llamada tubit o nila, de unos tres metros de largo. El típico turbante es de color negro, aunque últimamente se encuentran en los campamentos algunos turbantes verdes o azules, y en especial, unos turbantes de color ocre que se usaban en la vida militar. Este color era el usado por los militares polisarios durante la guerra y fueron asimilados del uniforme de las antiguas tropas nómadas españolas en el Sahara. Ahora se ven habitualmente en los campamentos.
Entre los saharauis no se usa el turbante de color blanco. Normalmente lo llevan quienes han peregrinado a la Meca, algo no demasiado usual entre los saharauis, ya que debe vestirse de blanco durante la peregrinación.
Si hay una prenda de utilidad, esa es el turbante. Mucho más que una prenda de vestir, el turbante protege del implacable sol y de los vientos, tan duros de soportar en el desierto. Sirve para secarse, para taparse la cabeza durante la siesta y alejar a las moscas, para protegerse del frío, que también lo hace en el desierto. Cuando se rompe puede usarse limpio como trapo para la casa, para secar los cacharros del té o para taparlos cuando no se utilizan, aunque para esto es más habitual usar las melhfas. Y cómo no, es una prenda de gran romanticismo, que en ocasiones cubre la cara, dejando al descubierto sólo los profundos y llenos de verdad ojos saharauis. Para mostrar alegría o felicidad los hombres se quitan el turbante y lo hacen girar delante de sus cabezas y también se lucen en algunos bailes tradicionales.
La forma de colocarse elzam es típica y característica del pueblo saharaui. Se enrolla sobre la cabeza, pasando por debajo de la barbilla, para taparse boca y nariz en caso de vientos, y se deja un trozo de tela libre a la altura del hombro. Aunque hay algunos hombres que lo colocan de diferente forma. Algunos militares lo dejan suelto por detrás de la cabeza como si fuera una melena, y enrollan el resto en lo alto de la cabeza. En mi primera visita a los campamentos me sorprendió la forma de llevarlo de Mohamed, llamado el Fideo, un fascinante personaje muy flaco, de rasgos afilados y con aspecto de aguililla; Mohamed, que hablaba de filosofía occidental con los periodistas que acogía en su jaima, llevaba elzam rodeándole la parte de arriba de la cabeza.
Elzam es el compañero de la daraa, formando ambos la típica vestimenta del hombre saharaui. Y por eso se ha convertido en un símbolo del atuendo nacional para la resistencia pacífica saharaui en las zonas ocupadas. Los jóvenes saharauis en las manifestaciones tratan de proteger su identidad con elzam, a la vez que reivindican su saharauidad, y los presos políticos saharauis han aparecido en muchos de los juicios vestidos con la ropa nacional, daraa y turbante sobre los hombros, la forma majestuosa de llevar elzam entre los saharauis.
Hay tal identificación entre elzam y los saharauis que se usa la expresión “ahel elzam lakhal” (los del turbante negro) para referirse a los saharauis.
*Cuadro: Fadel Jalifa

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