lunes, julio 30, 2007

Mojtara y el huerto





La niña Mojtara tiene un huertecito, pero pequeño, pequeño, en el patio que rodea el cuarto de adobe. Nos ha explicado que ha plantado lentejas, zanahorias y cebollinos para “tener comida para la familia”.

El pueblo nómada tuvo que sedentarizarse en el refugio. Los hijos de la nube viven de la ayuda internacional desde hace más de treinta años, pero desde los primeros asentamientos se empezó a trabajar en la construcción de huertos para paliar en lo posible la falta de verdura y fruta de los refugiados. Los huertos colectivos en cada daira llevan años funcionando.

Sin embargo un nuevo e importante proyecto, el de los huertos familiares, empieza a tomar fuerza en los campamentos de refugiados. De esta forma las familias pueden autoabastecerse de los productos que plantan. Estas experiencias se están realizando en algunas wilayas, como es el caso de Smara, pionera en huertos familiares. El proyecto se coordina a través de un programa de alimentos de UNICEF, en colaboración con ingenieros agrónomos saharauis.

Los grandes problemas a los que se enfrentan estos agricultores del desierto son la escasez y mala calidad del agua, la pobreza del suelo y el devastador sol.

La pequeña Mojtara hace un agujero en la tierra reseca del patio y echa unas lentejas que ha cogido del saco de la ayuda internacional, pone tres cabezas de zanahorias y unas puntas de cebollino, tapa los tesoros y riega el pequeño huerto.


Con los métodos utilizados a partir de este programa se han conseguido plantar con éxito zanahorias, calabacines, ajos o remolachas en pequeños huertos al lado de las familias. Para ello se está utilizando el TerraCottem, un producto desarrollado por el profesor Van Cotthem, de la Universidad de Gante en Bélgica. Se trata de un producto formado por abonos, estimuladores de crecimiento y otras sustancias, especial para suelos áridos. Además aumenta la capacidad de los suelos para retener el agua, reduciendo la necesidad de riego hasta un 75%.

Cada mañana al levantarse, Mojtara corre al patio, a ver cómo crece el pequeño huerto. Se hace responsable de crear vida en medio de la nada.

Es tiempo en los campamentos para enfrentarse a la vida que tendrán cuando vuelvan a su tierra en libertad. Ahora es el momento del trabajo, de crear comercios, cooperativas y huertos para vencer las durísimas condiciones de la hamada. Los pastores milenarios siguen mirando al cielo, pero no sólo buscan la lluvia para que crezcan los pastos para su ganado; las hortalizas y los árboles también ocupan ahora la atención de los hijos de la nube.

Huerto de la wilaya de Dajla, (Fuente: Asoc. Illes Balears)

domingo, julio 15, 2007

Jalga marra. (Érase una vez...)



Todo evoluciona. El paso del tiempo, a veces para bien y otras para no tanto, hace cambiar las cosas. Incluso en un lugar tan remoto como los campamentos saharauis en el desierto del Sahara llega el progreso, la evolución, el CAMBIO. No voy a referirme a que en muchos hogares refugiados ya hay tele, nevera, parabólica, a que no hay prácticamente familia que no tenga baño y ducha, a que los coches se han adueñado de las pistas de arena o que hay tiendas en cada esquina de cada daira. Todos los cambios, excepto la tele, seguro que son para bien, y todo lo que haga un poco más cómoda la durísima vida del refugiado, bienvenido sea.

No, me voy a referir a la evolución de los cuentos. No es sólo que cuatro de cada cinco niños, cuando le pides que te cuente un cuento saharaui, te ofrezca una historieta del pícaro Yohá, personaje importado de otros países árabes, historias que los niños aprenden sobre todo en sus estudios en Argelia.

Los personajes típicos de la narrativa saharaui, el erizo (El Ganfud), la gallina (Lehbara), el chacal (Edib), la liebre (Enerab), o el glotón Shertat, que es reflejo de todo lo que no debe ser un saharaui, también se adaptan a los nuevos tiempos en los cuentos que inventan los jóvenes y los niños en los campamentos.

Los personajes de los cuentos saharauis antes estaban preocupados por buscar pastos, cuidar a sus rebaños , y vivían acampando en jaimas de pelo de camello. Ahora su vida transcurre en los campamentos, revisan sus coches y compran en los comercios. No es bueno ni malo, los cuentos tradicionales convivirán con los más nuevos, pero eso sí, sin "Yohás", por favor...


El Ganfud pasa la ITV

Estaba una vez el erizo muy preocupado porque tenía que pasar la revisión de su vehículo. Sin embargo, como era pobre, no tenía todoterreno ni Landrover, sino un simple carrito tirado por un burro. Donde siempre le fallaba la revisión era en las luces y en el pito, y no estaba dispuesto a quedarse otra vez sin pasar la revisión.

Finalmente tuvo una idea. Puso un par de rojos tomates a cada lado del carrito y llevó una gallina, que con su cocococococoooooo, cada vez que la pellizcaba, servía como un estupendo claxon. Y esta vez sí que el carrito de El Ganfud pudo pasar con éxito el examen.


La deuda de El Ganfud

El Ganfud había acumulado una gran deuda en la tienda del señor don Omar. Compraba verdura, carne, azúcar, y le decía:

- Apúntemelo, que mañana le pagaré.

Y así un día tras otro, hasta que la deuda se hizo importante. El Ganfud no sabía qué hacer para librarse de pagarla. Pero un día tuvo una idea. Se dice que cuando una persona muere y tiene deudas, el acreedor tiene que perdonarle y ni siquiera su familia tendrá que pagarlas. Así que el astuto erizo preparó su "entierro". Habló con sus amigos los animales y lo arreglaron todo.

Y así, llevaban al erizo a hombros entre todos los animales, simulando que había muerto, llorando y lamentándose por su repentino fallecimiento. Pasaron por delante de la puerta de la tienda y allí redoblaron sus lloros y lamentos.

El tendero, conmovido por la triste noticia dijo:

- Pobre Ganfud, que Dios le acoja en su mejor rincón. Le perdono todas las deudas que tenía conmigo.

En ese momento El Ganfud se incorporó y se dirigió a todos los presentes:

- Todos lo habéis escuchado. ¡El tendero me perdona mis deudas!

*A Hassina, nuestra contadora de cuentos.

sábado, julio 07, 2007

Como la libertad...




Fue uno de los primeros estudiantes saharauis que militaron en el Polisario. Corrían los primeros 70 y conocía a Luali y a los jóvenes que le seguían y con quienes el líder saharaui fundaría el Frente.

El vivía en el sur de Marruecos, como muchos de ellos, en una tierra que había sido saharaui y que España había cedido a Marruecos en uno de aquellos vergonzosos cambalaches que la madrastra había empezado a perpetrar.

Se inspiró desde muy joven en el Polisario como proyecto de liberación nacional saharaui. Desde la clandestinidad combatían contra una metrópoli que había disparado contra civiles en Zemla, Barrio de Piedra, y había desaparecido a Bassiri. Desde Tantan, una tierra siempre saharaui pero que, ironías del colonialismo, pertenecía a Marruecos, vivía por un Sahara Libre.

El entusiasmo por la revolución le desbordaba y un día los policías marroquíes le pillaron cantando el himno del Polisario (nos hemos alzado a los montes / hemos vivido en los bosques / para desprestigiar a aquellos que dicen que somos pastores). Le detuvieron y torturaron cruelmente, con la saña de sus expertas manos de torturadores convencidos.

Perdió la razón pero no el afán de revolución y lucha. Se le podía ver a menudo arengando a los saharauis, ya incorporado a los campamentos, recitaba discursos de Luali, recordaba sus frases más célebres.

El año 76, de regreso de recibir tratamiento en Libia, su dolido corazón compartió unas horas junto a los jóvenes saharauis que estudiaban en Argelia. Habló y habló y habló con toda su pasión a los chicos sobre el derecho a la libertad de todos los seres humanos, sobre pagar el mayor precio por defender esa libertad. Sacó un turbante que le habían regalado, era de seda elaborado con los colores de la bandera saharaui, y lo desplegó ante los estudiantes. “Veis estos colores, rojo, blanco, negro, verde, veis la seda de la que está hecho, es precioso, igual que la libertad”.

Y un día se fue. Como un incendio ardió inflamado de revolución, independencia y libertad.


*Dedicado a la memoria de Said “la revolución”, a todos los que han dado su vida por la libertad del pueblo saharaui y a los que, como mi amigo Kike, no dejan de pensar un solo día en el Sahara.


Ilustración: Fadel Jalifa

miércoles, julio 04, 2007

No quedan espejismos en el Sahara. Angel Petisme



España,
vente a la cárcel negra de El Aaiún,
llevo treinta años pronunciando tu nombre,
España, tu nombre en vano.
Lo grito cuando me torturan los charcuteros,
los vejadores del simún,
lo escupo cuando aspiro al milagro de vivir
y me acaricio para sobrevivir.
Observa mis heridas del color de las rejas
de esta execrable cárcel de dioses abandonados.
Somos doscientos saharauis
hacinados como lápidas, como bestias sin voz,
y unos 200.000 en medio de la nada
de la hamada hostil.

La nada son 5 bajo cero de noche
y 45 grados bajo el sol del olvido
del campo de refugiados.


Vente a la cárcel negra donde Aminetu escribe:
Estoy tan segura de vosotros como lo estoy del mar
que me espera a 25 kilómetros, tan segura de que esos niños
volverán a su tierra liberada…


Lo gritan nuestros niños cuando se lanzan al sol
y caen en tus piscinas de Madrid, Euskadi...

Esos delfines buscan respuestas en tu secreto hipócrita
y regresan a casa con tu nombre en los labios.


España no te laves las manos otra vez,
no te daré mi melfa para secarte.
No me abandones a mi suerte de fósforo y napalm.


Tienes una herida sobre el Trópico de Cáncer,
supura por el norte, con el río Draá,
supura por el este en las montañas del Zemmur,
por el valle del Tiris los dátiles, los oasis supuran,
supura el manantial de las dunas del Azefal
y llega por el oeste la hemorragia al Atlántico.


España, no pidas calma
a los hombres azules con el tiempo en las manos
y el corazón de arena. No pidas silencio
a los presos políticos, los desaparecidos,
ni paciencia a este pueblo ocupado, expoliado
que lleva un siglo soñando contra el sol
sometido a banderas y demonios ajenos.


No quedan espejismos en el Sáhara,
también aquí volaron el arco iris
con hermosas palabras y bombas de racimo.

Angel Petisme