domingo, julio 11, 2010

Las treinta y dos batallas de Aminetu Haidar



El nombre de Aminetu Haidar, que nunca perderá actualidad, estuvo presente en varias de las ponencias de las IV Jornadas de las Universidades Públicas Madrileñas sobre el Sahara Occidental, que se desarrollaron este año entre el 26 y el 29 de mayo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

El espíritu de Lanzarote y el factor Aminetu fueron considerados en las conferencias por varios de los participantes como un elemento fundamental y de cambio en el conflicto del Sahara Occidental en este último año. Gaspar Llamazares, portavoz parlamentario de Izquierda Unida en el Congreso, quien participó un año más en la mesa política, indicó que el caso Haidar era el factor de cambio en el último año, ya que puso en evidencia la crisis de la política del actual gobierno español de mantener el doble lenguaje del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y el apoyo a las tesis marroquíes. Esta “ambigüedad calculada” fue puesta en entredicho por lo ocurrido en Lanzarote el pasado 14 de noviembre (¿casualidad en la fecha?) de 2009, con los sucesos que destaparon la verdadera política exterior española, volcada hacia Marruecos y asumiendo un papel de subordinación al gobierno marroquí en una cuestión en la que España tiene todavía mucho que decir. Sin embargo el caso Haidar ha demostrado, en palabras de Llamazares, un aspecto positivo, la acción colectiva, comprometida, arriesgada y el apoyo de la opinión pública se convirtió en un boomerang contra ambos gobiernos, marroquí y español, y puso en evidencia su actuación y sus maniobras.

He querido reflejar estas palabras de Gaspar Llamazares, con las que estoy muy de acuerdo, y acompañarlas con las palabras de Diego Camacho (Coronel de Infantería retirado) y Fernando Peraita (presidente de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Sevilla). Diego Camacho trabajaba en la Embajada Española en Rabat en 1990, año en que tres activistas saharauis de los territorios ocupados se encerraron en dicha embajada, territorio español, uno de ellos el conocido defensor saharaui de derechos humanos Hmad Hamad. Los tres acabaron siendo entregados a las autoridades marroquíes, pero esa es otra historia a la que volveremos algún día. Camacho animó a los saharauis y el movimiento solidario a seguir dando a conocer a la opinión pública internacional las violaciones de derechos humanos contra la población civil saharaui y los defensores de derechos humanos. En concreto habló de que deben redoblarse esfuerzos para hacerlas llegar a la opinión pública estadounidense, muy sensible a este tipo de violaciones de derechos humanos. A esto apunto yo que también sería importante hacerlo llegar a la sociedad civil francesa, muy activa en esta materia. Probablemente si llegamos a calar en la sociedad estadounidense y francesa, lograremos que presionen a sus gobiernos, no ya cómplices, si no instigadores del dictador marroquí.

Fernando Peraita, presidente de la AAPS de Sevilla y miembro activo en aquellos días de la plataforma Todos con Aminetu, reiteró que el gobierno español no fue engañado por el marroquí en el caso Aminetu, si no que fue cómplice de su deportación ilegal a España. Luego el problema se complicó porque no esperaban, como dijo Moratinos en aquella infausta rueda de prensa elevando el tono más allá de lo aconsejable, que la activista saharaui dijera no a la residencia, no a la nacionalidad española y no “al chalet” con el que finalmente, en un acto de bajeza sin igual, querían comprarla.

Pero el desastroso ministro español de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, sigue tergiversando lo ocurrido en aquellos treinta y dos días. El pasado 18 de junio se sometía en el pais.com a las preguntas de los internautas. En respuesta a una de ellas afirmaba: "La crisis más compleja que tuvimos que afrontar fue la huelga de hambre de Aminatu Haidar, ya que todas las ofertas o ayudas que se ofrecían a la citada responsable saharaui las rechazaba sin posibilidad de negociación", intentado dejar una vez más a Aminetu como una caprichosa o una cabezona empeñada en fastidiarle.

Habría que recordar al ministro que ese momento en que él lo pasó tal mal, fue provocado por su irresponsabilidad al aceptar que Aminetu fuera trasladada en contra de su voluntad y de manera ilegal, ya que no llevaba documentación, a un aeropuerto español. Habría que recordarle que si Aminetu aceptaba la nacionalidad española Marruecos no tendría ya ningún problema para no dejarla volver a entrar nunca más en territorio saharaui ocupado, al ser ciudadana extranjera. Habría que recordarle al señor Ministro que Aminetu, como ella misma afirmó, no quiere ser refugiada, no quiere ser española, quiere ser lo que es, saharaui. Y habría que recordarle que si a Marruecos llega a salirle bien la jugada en cualquier momento volvería a actuar igual, deportando a los defensores saharauis de derechos humanos a cualquier aeropuerto de cualquier país del mundo para quitárselos de encima.

Para combatir esa sarta de mentiras del ministro y de otros miembros del lobby pro marroquí, espero que sirva este libro, con título tomado de un artículo del escritor saharaui Abderrahman Budda, “Las treinta y dos batallas de Aminetu Haidar”, en el que intento destapar todo lo que verdaderamente ocurrió aquellos días. En él podéis encontrar la reseña biográfica de Aminetu Haidar, una detallada cronología de la huelga de hambre, los comunicados de la Plataforma Todos con Aminetu que salían de aquel cuarto del aeropuerto de Lanzarote, esclarecedores análisis de Carlos Ruiz Miguel, varios artículos y entrevistas de prensa y poemas y artículos literarios dedicados a la enorme figura de Aminetu Haidar.

Es gratuito, así que os animo a descargarlo. Porque sólo podemos combatir contra las mentiras con la aplastante realidad de los hechos.


“No pudo morder la mentira la geografía inmensa de tus alas blancas”. Zahra Hasnaui

Descargar el libro aquí

miércoles, julio 07, 2010

“Amed” y Paco


Del nº 27 de la revista Shukran

“Amed, Amed”, los gritos de Paco se escuchaban a lo largo de la avenida, ya le había pillado. Realmente no le molestaba, le divertía cada vez que Paco le encontraba en la calle, como cuando le pillaban en el escondite en sus juegos de niño en su añorado Sahara. Lo cierto era que le gustaba ver relucir los ojillos del viejo cada vez que requería entusiasmado su atención. El siempre había atraído a los niños y a los animales, que nunca se equivocan en saber quién les quiere de verdad y quién quiere hacerles daño. Y también atraía a los locos, como le decía su mujer muchas veces, se dirigían hacia él como un imán, adivinaban que no saldría corriendo, que les prestaría atención. Tal y como le había enseñado su madre desde pequeño, ella no les compadecía, de alguna manera les entendía o se ponía en su lugar. Como el anciano Heddi, el loco de su barrio de infancia. Su madre sabía que estaba falto de atención, que los vecinos le huían, que le tenían miedo, pero ella no le temía. Siempre hablaba con cariño al viejo Heddi, con su darra rota, el pelo descuidado y la eterna confusión en su mente. A menudo le regalaba cosas, le daba un dulce o una peseta y cuando no tenía nada que ofrecerle le agarraba la mano y charlaba con él.

Por eso cuando Paco, al poco de instalarse él en su nuevo barrio en Madrid, le gritó un día por la calle, él se paró. El hombre le atropelló con una sarta de incoherencias de las que apenas logró entender nada, pero le escuchó con paciencia y le respondió como pudo. Desde ese día Paco saltaba como un resorte cada vez que lo divisaba. El viejo pasaba mucho tiempo en la calle, daba igual que hiciera frío o calor, había temporadas en que tenía muy buen aspecto pero otras estaba sin afeitar y descuidado, en cualquier caso no parecía un vagabundo. Por los vecinos se enteró que tenía familia y vivía en el barrio. Paco al principio sólo entablaba con él una conversación caótica y desordenada, interrumpida por una risa nerviosa, pero con el tiempo le pedía cigarros o unas monedas. Él señalaba los dedos amarillentos del hombre:

- Paco, fumar es muy malo, te vas a enfermar, tienes que dejarlo.

Paco protestaba y le seguía pidiendo una moneda. A él no le sobraba ni mucho menos el dinero pero siempre tenía un euro para su amigo. Su madre le había animado desde pequeño a practicar la limosna o sadaga, uno de los preceptos del Corán. Y él procuraba siempre dar lo suficiente para comprar al menos un pan.

Un día, en un momento de breve lucidez, Paco le contó que había trabajado años atrás cavando zanjas en Marruecos. Tal vez por eso le reconocía como árabe y le llamaba “Amed”. El viejo nunca le había preguntado su nombre, le adjudicó ése y él lo aceptó aunque no fuera el suyo. A los gritos de “Amed, Amed”, el hombre requería su atención siempre que lo encontraba en el barrio.

Aquel gesto con Paco no era caridad, no era tampoco compasión, era un recuerdo a su infancia, un homenaje a su querida madre, sentir simpatía también por el diferente, demostrar con hechos que todos debemos ser iguales.


*Cuadro: Alicia Toscano, balada para un loco