lunes, noviembre 16, 2009

Estamos con Aminetu


Parecía imposible que Inglaterra algún día perdiera la India, la joya de la corona. No podía ser que Francia se quedara sin Argelia. ¿Quién iba a pensar que iba a caer el muro de Berlín?
Pero igual sucederá con el Sahara. El Sahara tarde o temprano volverá a ser libre. Mejor que nos pille alerta y trabajando.
¿Quién puede descansar mientras la frágil salud de Aminetu se agrava en su enésima huelga de hambre?
Esta vez la infamia sucede en el estado español, y este es un pulso muy grande contra el "gobiernito" aliado del dictador marroquí y su aparato represor.
Marruecos llama a Aminetu y a los activistas saharauis de derechos humanos "traidores", pero ellos tienen firmeza de acacias de raíces profundas, son los Ganhdis saharauis y contra eso ningún malnacido podrá vencer.

viernes, noviembre 13, 2009

Palabras para Aminetu



POR LA LIBERACION DE AMINETU HAIDAR Y TODOS LOS PRESOS POLITICOS SAHARAUIS


Aminetu. Limam Boicha

En Ti araron un surco
y desgajaron tus ramas,
tus tallos,
tus pétalos.

Te negaron
sorbos de agua,
rayos de luz,
y hasta un trozo de Melhfa.

Pero en Ti existe
una exuberante vegetación de memoria,
una brisa del océano,
y esa próxima
y anhelada lluvia nuestra.



Aminetu Haidar. Ali Salem Iselmu

Sólo te he visto en fotografías y apenas recuerdo nada,
la sensación de olvido se vuelve un agobio.

Siento el rostro de tu mirada
convertida en lágrima
para romper el silencio
con el que tus verdugos violaron
la inocencia de tus ideas.

Tu imagen de silencio apacible
me habla y me escucha,
entonces yo llamo a los secuaces
para recordarles
que la magia de tu silencio
es la virtud de tu libertad.



Esperanza. Ebnu

Entre las calles
enrejadas del olvido,
las manos atadas
a las espaldas del tiempo,
hierven tus desordenados
huesos de porcelana.

Rumores me traen
tu reciente dolor añejo.
La leyenda crece
con tus lamentos al alba.
Mientras,
tus sueños vagan condenados,
esquivando uniformes y espías.

Sin embargo
más allá de tus labios rotos,
del hermoso rostro desfigurado,
de la mirada oscura y ausente,
se adivina tu laudable sonrisa de gloria.
Tu firmeza de acacia solitaria.
Tu fiel esperanza de libertad y primavera.



Acacia de raíces profundas. Bahia Mahmud Awah

En su tierno cuerpo y en su dulce mirar de mil rostros,
veíase incrustado el arte de una mano ajena,
y fiel al gusto de su arte hizo muchas sendas.
Extranjera la mano del Satán hace su nido,
siente su arte y sin piedad cobija
el saber de su cruel maestría.

Viola principios,
desafía la más sagrada carta magna del amor,
decreta sus leyes marciales
destruyendo ramas, quemando hojas
y flores de una acacia que hizo raíces en siglos
de profundidad.

Y dice el poeta árabe:
“…dicen que Leila enferma en la tierra de la Mesopotamia,
ojalá fuera médico para curarla…”
y dicen todos los poetas beduinos
que Aminetu en su celda
no está enferma, ni encarcelada,
sólo dirige en la sombra el trono de la paz
y que sólo en su harén de celdas
están brotando de una semilla
miles y miles y miles de heroínas de su desierto.

Y dicen los poetas beduinos que el nombre de Aminetu
tiene magia en la poesía,
resucita los más tristes versos.
Consagra la inspiración en la lírica
y convierte el género de la épica
en su ilustre testigo.

Beduino y poeta, qué más pueden cantar de ella.
Las apacibles noches
de su desierto, su inalcanzable techo de estrellas,
sus noches de luna llena,
su deseo de gritar en la inmensidad,
su anhelo al olor de la mar sahariana,
Su deseo de llenar sus pulmones de aire y poder vaciarlos,
su deseo de ser acariciada
por los vientos cristalinos de sus dunas.

Beduino y poeta, que más puedo cantar de ella.
Quiso saltar y ser la gacela más libre con su manada
y no pudo…
Intentó recitar un poema y se le torcían los versos,
recordó que el desahogo del poeta está en la palabra,
y recordó que el preso está lleno de mucho dolor.

Quiso escribir, cantar, hablar, gritar, llorar…
eligió la indefensa palabra
que predica en nombre de la paz.
Pero sólo recordó que podría ser ejecutada,
y deletreó los nombres de la tierra y sentenció
que ama mucho su tierra y a sus dos niños:
Hayat y Mohamed.




Un madrigal a mis tres amores: Aminetu Haidar, Leila Lili y Sáhara. Bahia Mahmud Awah

En el silencio exiliado, cada noche sueño gritar
vuestros nombres,
que anidan desterrados donde el tiempo
en la infinidad se reduce entre diminutas,
oscuras, transparentes y condenadas paredes.

Y soñé en una noche de media luna, que nunca,
en los sueños se sueña rezar sin versos.
Soñé cuerpos desnudos, inertes y frágiles,
donde el verdugo esculpió su nombre.

Soñé que ante su altar me faltan palabras
con las que confesar mis legales sueños.
Soñé que en medio de gritos y entre lóbregas paredes
me claman recitar tres poemas.

Sueño Rosas de mi desierto,
sueño Jacintos y sueño Esmeraldas.

Me despierto de un amargo y dulce sueño,
y hallo que el silencio,
el grito y los nombres que soñaba y buscaba,
gestan un poema de tres cautivas de libertad desnuda:
Aminetu Haidar, Leila Lili y Sáhara.



“Una mujer sola, con sus manos desnudas y su melfa engalanada, puede más que el estado invasor y los estados cómplices, más que la cobardía española y la vesania francesa, más que el petróleo que quieren robar y que los fosfatos que ya han robado: la hidra de cien cabezas no puede nada frente a la sonrisa de Aminetu, el recuerdo sagrado de Gandhi, la protesta de las manos abiertas: caerán si la vuelven a encarcelar, y si no la encarcelan manarán rosas de sus huellas y cuando esparzan su aroma, también caerán. Rendíos: Aminetu está en El Aaiún.”

Gonzalo Moure Trenor

jueves, octubre 29, 2009

Sucedía un 15 de octubre de 2004. La memoria en la cultura saharaui





Sucedía un 15 de octubre de 2004 y comenzaba con estas palabras de Antonio Polo: “Hoy 15 de octubre de 2004, siete años después de la aparición del primer número de nuestra revista, Ariadna mantiene todavía una deuda pendiente con una parte significativa de sus lectores. Durante todos estos años, hemos tenido la oportunidad de conocer los trabajos de escritores, poetas y artistas de todos los países de habla hispana, un trabajo que habiendo requerido un esfuerzo y una ilusión encomiables, desatendía la frescura del “español” que aún pervive en un pedregal de la Hamada argelina. Semejante acto de desapego volvió a recaer ¡cómo no! en un pueblo que ha elevado la dignidad hasta una forma de vida, y ese es el caso del pueblo saharaui. Los hombres y las mujeres que un día fueron expulsados de su legítima tierra, el Sahara Occidental, forman parte del único pueblo árabe que habla español. La memoria para ellos es casi una forma de vida; hablan, expresan sus sentimientos y sueños también en español, pero nunca, que recordemos, habían tenido cabida en un proyecto de vocaciones universal y democrática como el que nos impusimos hace ahora siete años. Por tanto, bajo el espíritu de entonces, hemos decidido realizar un número especial titulado “La memoria en la cultura saharaui”. Sentimos habernos demorado.”


Este mes se cumplen cinco años de la presentación del especial dedicado a la cultura saharaui por la revista literaria Ariadna R-C, “La memoria en la cultura saharaui”. Lo que comenzó con un empeño de Antonio Polo, lleno de ilusión pero no sé si del todo seguro de que aquello pudiera llegar a buen puerto, se convirtió en algo que al menos yo no dudo en calificar como éxito rotundo. Si ya entonces consiguió un número de visitas tan elevado que supuso un sobre coste en el alojamiento de la página web para sus creadores, cinco años después se puede considerar como uno de los cimientos de la nueva creación literaria saharaui en español, que sin duda influyó en la posterior fundación del grupo Generación de la Amistad un año después.

En aquel número de otoño de 2004 se dieron cita las voces de la joven poesía saharaui en español, lo que sería más tarde el embrión de la Generación de la Amistad (Chejdan Mahmud, Saleh Abdalahi, Limam Boicha, Ali Salem Iselmu, Ebnu y Luali Lehsan, más Bahia Mahmud Awah y Zahra Hasnaui, quienes presentaron en la revista sus primeras creaciones literarias). También se unieron poetas de una generación anterior como Mohamed Ali Ali Salem, o el diplomático y poeta Mohamed Sidati. “La memoria en la cultura saharaui” sirvió para dar a conocer a todos ellos y que comenzaran a tener su espacio en Internet, llegando más tarde con sus creaciones a diferentes rincones del mundo.

Mucha gente participó con especial cariño en aquel número, pero hay que destacar sin duda el trabajo del mencionado Antonio Polo (uno de los padrinos de Generación de la Amistad), Pedro Díaz de Castillo y Rafael Pérez Castells. También la colaboración de la escritora y editora Susy Alvarado y su grupo de cultura Suerte Mulana, una mujer que ha resultado crucial en el devenir de la literatura saharaui en español y editora de dos libros fundamentales, la antología Bubisher y el poemario de Limam Boicha “Los versos de la madera”. Muchas otras personas colaboraron en aquel número y en la presentación que se hizo en la Biblioteca Joaquín Leguina de Madrid, llena de un público que aplaudió emocionado y complacido por los bellos textos que se recitaron aquella noche, ya inolvidable. Pero no querría dejar de mencionar a la espléndida fotógrafa Christine Spengler, una de las primeras periodistas que visitaron los incipientes campamentos saharauis de los años 70, y cuya historia con el Sahara y su pueblo da de sí como para escribir un libro. Christine, con su corta melena de negro carbón, y sus labios pintados de rojo rabioso, paseó un increíble abrigo marrón de corte picassiano hasta el escenario, donde leyó con su voz inconfundible la carta de bienvenida de Mohamed Sidati, quien no pudo asistir a la presentación. “Me siento orgulloso y feliz por mi pueblo al ver por primera vez tantas contribuciones saharauis entusiasmadas para dar una muestra de talento poético y literario, muestra de la riqueza y profundidad de lo que es y emana la cultura saharaui” dejó escrito Mohamed Sidati. Christine cerraba aquella noche un círculo con el pueblo saharaui. Ella constituye para mí una de las imágenes inolvidables de aquella jornada.

Personalmente aquello supuso mucho para mí, lo primero conocer a Antonio Polo y su maravillosa familia, además del resto del equipo de Ariadna. No puedo olvidar tampoco la emoción de ir leyendo los textos que los poetas le hacían llegar a Antonio desde sus diferentes lugares de residencia. Recuerdo en especial un texto enviado por Limam Boicha que nos leyó Antonio, sentados en su terraza. “Podía haber nacido en un año hermoso, con nombre poético, por ejemplo: "El Año de la lluvia de estrellas" o "El Año del parto de abejas". Pero no, ese privilegio, sólo le correspondió a mis antepasados, padres, y dos de mis hermanos. A alguien, se le ocurrió abortar la nomenclatura de los años, según nuestra mitología, la mitología saharaui”, comenzaba el texto de Limam que auguraba el magnífico escritor en que se ha convertido. El acto de presentación fue también terriblemente emocionante. Llegamos tarde, acompañados por Susy Alvarado, Mohamed Ali Ali Salem y Abel Aljende; la eterna ceremonia del té saharaui y los atascos tuvieron la culpa. No hay que decir que los nervios fueron morrocotudos, teniendo en cuenta que tres de los tardones tenían que intervenir en la presentación, no sé si Antonio se ha recuperado aún del susto. La sentida interpretación del poema “Elegía” de Mohamed Ali Ali Salem por la actriz Teresa del Olmo; el té verde preparado amablemente por los delegados saharauis en Madrid, Abdulah y Sidahmed; mi nula pericia con la cámara digital que acabábamos de comprar y la felicidad por el trabajo bien hecho que se respiraba en la sala son otros de los momentos inolvidables de la presentación de aquel número de otoño.

Tras cinco años y decenas de libros, conferencias, presentaciones y algunos logros importantes que ha conseguido la literatura saharaui en español me doy cuenta de que todos a quienes nos duele el pueblo saharaui y nos cura el bálsamo de su literatura, estamos en deuda con Ariadna-RC y aquel número, ya histórico, dedicado a la maravillosa cultura saharaui.





viernes, octubre 16, 2009

Ese soy yo






Le dolía la espalda, últimamente le estaba molestando demasiado. El dolor le hacía andar encorvado, pero no iba a permitir que le vieran agachado mientras caminaba por el aeropuerto. Sabía que varios pares de ojos le seguían sin tregua, siempre pasaba igual, no sólo le seguían cuando estaba en Marruecos o en el Sahara, también cuando estaba fuera, esta vez no iba a ser diferente.

A veces los distinguía muy rápido pero otras tardaba más tiempo en dar con ellos. Al principio, cuando salió de la cárcel y se recuperó de los años de encierro y pudo empezar a salir a la calle, se le hacía raro saber que casi nunca caminaría solo. Pero ya le daba igual, casi había logrado no pensar en ello. Hiciera lo que hiciera le detendrían en cuanto lo ordenaran los de arriba, así que en los últimos años las cosas eran de otra manera, sobre todo desde las manifestaciones de mayo de 2005, cuando el mundo había empezado a descubrir lo que ocurría en el Sahara ocupado.

Aún así había vuelto a la cárcel y aquellos meses no habían sido cualquier cosa. De nuevo sufrió torturas y le pegaron con brutalidad, pasó junto con sus compañeros una larga huelga de hambre que machacó su maltrecha salud, volvieron los tiempos negros, que en realidad nunca se fueron. Pero ahora eran muchos más y estaban bien organizados, cada vez su voz llegaba más lejos, traspasando aún con dificultad los altos muros del silencio.

Habían podido empezar a salir del territorio tras largos años en los que se les negó el derecho a tener un pasaporte, todos ellos lo tenían vetado. Lentamente y ante la fuerte presión internacional, fueron consiguiendo el preciado documento. Qué extraña sensación le había invadido entonces. Cuando lo tuvo en sus manos se sintió feliz, podría salir y difundir su mensaje adonde no le callarían, pero al mismo tiempo estaba triste, lo que portaba era un pasaporte marroquí.

El pasaporte… tenía que tenerlo a mano para no demorar más de la cuenta el control policial. Aunque sabía que tendría problemas, siempre había problemas. Esta vez viajaba del aeropuerto de Casablanca, más complicaciones, pero ese era el billete que le habían sacado en la universidad que le invitó a conferenciar. Estiró su espalda todo lo que pudo, al límite del dolor. Quería andar bien firme, la cabeza erguida, demostrando que no tenía miedo. Y era verdad, ya no les tenía miedo, había sido un muerto en vida, había dejado sus mejores años en el infierno, pero ya no les tenía miedo.

Le llegó el turno, entregó el pasaporte y el policía lo miró detenidamente, estudió la foto y el nombre y después le miró a los ojos. El policía estudió aquellos ojos que habían empequeñecido con el encierro y el sufrimiento, apenas se verían si no fuera por sus largas pestañas y el brillo que siempre los mantenía encendidos. Desafiante, mantuvo la mirada al policía, quien entornó los ojos, buscando enfocarle mejor; repitió la operación estudiando el pasaporte, la foto, el nombre, ya no le cabía duda de la identidad del pasajero.

Y él, que había sido un muerto en vida, que había sobrevivido al infierno, que ya nunca más les tendría miedo, le confirmó con orgullo “Sí, ese soy yo”.


(Del libro Delicias saharauis)

sábado, octubre 03, 2009

Las verdaderas alianzas de civilizaciones



Muchas gracias a quienes nos acompañaron. Os queremos mucho...

miércoles, septiembre 02, 2009

Artes visuales del Sahara Occidental


"Arte, sentimiento transformado en un estallido de colores y formas; un grito desgarrador que clama la libertad…"[1]

Las artes visuales son medios de expresión artística que se desarrollan en el Sahara Occidental sobre todo a partir de los años del exilio. No hay que olvidar que los saharauis practican la religión musulmana, aunque su postura ante la religión sea muy tolerante, con lo que no había representaciones de la figura humana ni de animales en la antigüedad, si exceptuamos las pinturas rupestres en Leyuad y Erkeyez, de época preislámica.




A esto se une el carácter eminentemente nómada de la sociedad saharaui, sobre todo hasta mediados del pasado siglo. Estas circunstancias hicieron que las representaciones artísticas fueran muy limitadas, circunscritas casi exclusivamente a la música y sobre todo a la poesía de carácter oral. En la antigüedad las artes plásticas se limitaron a decoraciones geométricas en cuero para la elaboración de útiles, en especial para la jaima y su decoración (cojines, mochilas, sandalias, monturas y riendas del dromedario) o en metal para joyas y herramientas.


Tras la invasión del territorio por parte de Marruecos y la instalación de parte de la población en campamentos de refugiados, y una vez superados los primeros y duros años de construcción del estado en uno de los desiertos más inhóspitos del mundo, los saharauis entendieron que la cultura y el arte eran medios muy adecuados para sobrellevar la dureza del exilio, como forma de expresión de sentimientos y anhelos, y como un medio muy efectivo de difusión de la causa y de la situación de los saharauis. De ahí la importancia que siempre se ha dado en los campamentos de refugiados a las manifestaciones artísticas, en especial música y poesía, siempre presentes en los festivales culturales.

Sólo a partir de los años 80 comenzaron a surgir los primeros pintores saharauis. En un principio su obra no era del todo comprendida por la población, al tratarse de una sociedad de origen nómada que no estaba acostumbrada a este lenguaje creativo. La saharaui es, como hemos dicho, una sociedad ajena a las artes visuales, aunque muchos de los pintores proceden de familias relacionadas con la artesanía y las artes como la poesía y la música. Los primeros jóvenes saharauis que se dedicaron a la pintura se encontraron con la falta de comprensión de muchos de sus compatriotas y en ocasiones con el rechazo de sus propias familias a que se dedicaran a esta actividad. Como anécdota, uno de aquellos pintores contaba cómo algunos ancianos decían “que según la religión quien pinta a un ser se verá obligado el día del Juicio a ponerle alma”[2]. De esta forma las primeras representaciones pictóricas saharauis se veían con cierta extrañeza.

Con el tiempo los saharauis entendieron que también la pintura era una vía adecuada para difundir su causa y que mediante las diferentes manifestaciones artísticas se puede llegar a ámbitos y espacios culturales e intelectuales de difícil acceso por otras vías. Toda la herencia cultural y artística saharaui contribuye a asentar la identidad de este pueblo. Pronto la pintura empezó a encontrar acogida, en especial entre los jóvenes, como una nueva forma de expresión de los anhelos, deseos, esperanzas y preocupaciones de los refugiados.

En los inicios de este nuevo arte la sociedad saharaui prefería cuadros que reflejaran su realidad y la vida del pasado, pero dentro de un estilo realista, no apreciaban el arte moderno o estilos como el surrealismo, impresionismo o cubismo. Sin embargo las generaciones más jóvenes, que han estudiado o se han puesto en contacto con otras culturas, se han formado con una visión mucho más abierta en cuanto a artes visuales y sí aprecian el arte moderno.

En la pintura saharaui se refleja la cultura, costumbres y la vida cotidiana, así como el dolor, la alegría, la injusticia y la esperanza de la gente del Sahara Occidental. Uno de los mayores problemas a los que se siguen enfrentando los pintores en los campamentos de refugiados es la falta de materiales. Les resulta muy difícil encontrar lienzos, pinceles o incluso óleo, por lo que en muchas ocasiones sus creaciones e incluso su estilo se ven influidos principalmente por los materiales de que dispongan en casa momento.

Los primeros pintores saharauis de los que tenemos información son Mohamed uld Ehseina, que llegó a exponer sus cuadros en algunos países del norte de Europa; Mohamed Salem Muftah (conocido como Picasso); Bachir Alal, integrante de una familia de reconocidos poetas y músicos; Salek Ali Brahim, pintor y escultor, o Sayed, de estilo fuertemente influido por el cubismo. Todos estos pintores son protagonistas de un interesante documental sobre las nuevas manifestaciones artísticas saharauis “Beat of distant hearts”[3]


A ellos se ha unido en la actualidad una nueva generación de pintores surgida en estos últimos años en los campamentos de refugiados. Entre ellos se encuentran Fadel Jalifa, Moulud Yeslem, Fadili Yeslem y Madi Ahmed[4], de la Escuela de Artes Plásticas del campamento de El AAiun; Abdi Ami Omar[5], Salek Brahim, Ahmed Abdelfatah o Boibat Baba Hamu, entre otros.


En el estilo de Fadel Jalifa y Moulud Yeslem encontramos un predominio de la figura geométrica, deudora de los adornos típicos de la iconografía saharaui en decoración. Fadel alterna este estilo con cuadros más realistas, sobre todo para reflejar escenas de la vida cotidiana (la jaima, objetos tradicionales, los campamentos, los dromedarios, la mujer) y un nuevo estilo “más libre” en el que está experimentando con nuevos materiales que ha incorporado a la arena característica de una serie de cuadros realizados en los campamentos. Ultimamente Fadel ha empezado a utilizar en sus creaciones trozos de cartón, madera, collages de fotos o tela de saco. Otros temas característicos de ambos pintores son la denuncia por la situación injusta que vive el pueblo saharaui y la represión en los territorios ocupados del Sahara.







Fadili Yeslem refleja en sus cuadros la situación dramática que vive el pueblo saharaui; la invasión, las minas sembradas en el territorio, la indiferencia del mundo, la tragedia de los refugiados, dentro de un estilo onírico, influido por el surrealismo. Muy conocida es su exposición dedicada al Muro de la Vergüenza levantado por Marruecos, que divide en dos el Sahara Occidental o la denominada "Vida en blanco y negro".





Madi Ahmed pinta jaimas, paisajes de la hamada, dromedarios, palomas de la paz y objetos de la vida cotidiana saharaui (teteras, incensarios, cuencos, joyas o morteros) dentro de un estilo ingenuo y amable, influido por la pintura naïf.




Abdi Ami Omar, con un estilo realista, retrata imágenes de la vida cotidiana en los campamentos, la vida en la jaima, tormentas de arena, niños jugando, los dromedarios o retratos de los refugiados.







Salek Brahim reside desde hace varios años en España, donde ha participado en diferentes exposiciones, entre otras “Sahara Occidental: el arte de la esperanza”. Su obra engloba varios estilos, entre ellos el realismo figurativo naïf, con aportaciones surrealistas. Las técnicas utilizadas son el óleo sobre lienzo y grafito sobre papel y en su temática suele abordar las reivindicaciones del pueblo saharaui, un pueblo oprimido y al que le han arrebatado su territorio ancestral, reflejando sus anhelos, miedos y esperanzas. Salek afirma que su pintura refleja “el sufrimiento de mi pueblo que reclama una libertad que no llega”. Salek también ha realizado trabajos escultóricos.





Fadel Jalifa afirma que la pintura para él es “como expresar en palabras un sentimiento que se haya tan adentro de mí. Con el arte soy capaz de mostrar al mundo un pedacito de la vida de mi pueblo, plasmar la cultura, sus costumbres, el día a día… pero más allá del lienzo con un paisaje de las dunas, melhfas de colores o instrumentos del té, mis pinceles y el color transforman mi sentir en movimiento para expresar el dolor y la alegría de mi gente, la injusticia y la esperanza, porque el arte para mí es justamente eso, sentimiento transformado en un estallido de colores y formas, un grito desgarrador que clama la libertad, la lucha; un elemento esencial para dar a conocer al mundo la causa del pueblo saharaui”.

Actualmente, varios de los pintores se han establecido fuera de los campamentos, en un doble exilio, con la intención de dar salida a sus trabajos y aprender nuevas técnicas. Muchos de ellos están consiguiendo presentar interesantes exposiciones, como el caso de Fadel Jalifa, que expone habitualmente en España y ha conseguido hacer llegar sus trabajos a otros países como Inglaterra, Alemania o México, donde su exposición “Un paseo por las tierras saharauis” ha recorrido varios estados del país.

Los pintores saharauis también han ilustrado libros. Es el caso de Ahmed Mohamed Lamin (Saharauis: Heridas y bálsamos), Salek Brahim (Las jaimas de Ard El Gamar), Alal Moulud (Lágrimas de un pueblo herido) y Fadel Jalifa, Moulud Yeslem y Fadili Yeslem (los poemarios Versos refugiados y Um Draiga y el libro de relatos Don Quijote el azri de la badia saharaui).



En cuanto a la fotografía se están empezando a ensayar los primeros proyectos para dar a conocer esta forma de expresión artística entre los refugiados. El Festival Sandblast[6] (que recoge desde Inglaterra “voces y visiones del Sahara Occidental”) ha impulsado dos proyectos en este sentido, The Sabbia Negli Occhi y el Proyecto Sora, mediante los cuales los refugiados realizan fotografías sobre escenas de su vida cotidiana, anhelos y experiencias.

Otro proyecto similar es Picture People[7], por el que se proporcionaron cámaras a artistas y músicos de los cinco campamentos de refugiados, incluso a algunos artistas ancianos que nunca antes habían usado una cámara. El resultado de la mirada de cada uno sobre su vida como refugiado se recogió en una exposición y una página web.

Además cada año se organizan tallleres de fotografía durante el Festival Internacional de Cine del Sahara, FISAHARA.

No podemos olvidar una interesante iniciativa surgida en 2007, “ARTifariti. Encuentros de Arte en territorios liberados del Sahara Occidental”[8], que “vincula la cultura a la reivindicación de derechos, un ejercicio desde las prácticas artísticas para transformar realidades sociales injustas, en este caso concreto, la que sufre el pueblo saharaui”. Numerosos artistas saharauis, españoles y portugueses, a los que en 2008 se unieron artistas del Norte de Europa, Argelia, Cuba, Venezuela y Angola, se reúnen en Tifariti, territorios liberados del Sahara Occidental, en un espacio en el que se crean instalaciones, land-art, creación de situaciones, perfomance, proyectos experimentales, video-arte, fotografías y otras manifestaciones artísticas. En la primera edición de ARTifariti (2007) participaron los artistas saharauis Minetu Lehbib, Sidahmed Abdelahi, Mohamed Salem Salek Muftah, Ahmed Mohamed Lamin, Mohamed Baecha, Saleh Brahim Mohamed, Mahdi Ahmed y Moulud Yeslem.



Conchi Moya



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[1] Artículo sobre la pintura saharaui. Elena Rojas, El Sol de Cuernavaca (México), mayo de 2008
[2] Del documental “Beat of distant hearts. The Arts of Revolution on Western Sahara”, de Danielle Smith, 1996
[3] Beat of distant hearts. The Arts of Revolution on Western Sahara”, de Danielle Smith, 1996.
[4] Ver su blog http://www.pintoressaharauis.blogspot.com/
[5] Ver http://www.pintorabdi.jeeran.com/
[6] Sandblast. Voices and visions from Western Sahara. Danielle Smith; http://www.sandblast-arts.org/
[7] Picture people. Thirty Years in the Desert; http://www.picturepeople.org/thirtyYears/
[8] Ver http://artifariti.blogspot.com/

lunes, agosto 10, 2009

Las jóvenes rosas de piedra


“Los recursos de un país son sus jóvenes y eso es a lo primero que apuntan las dictaduras”

Maimuna Ameidan a sus diecisiete años ha vivido demasiado. Ha visto como la policía marroquí ha detenido en innumerables ocasiones, ya ha perdido la cuenta, a su querido hermano Luali, cómo han allanado la casa de la familia, casa de mujeres que viven solas, y las han golpeado a ella, a su madre y a sus hermanas. A Luali empezaron a perseguirle desde el colegio, y a pesar de sus veintitrés años es ya un veterano en las cárceles marroquíes. Le han herido, vejado y torturado, incluso dentro del hospital. No le permiten estudiar en la cárcel y sus torturadores convierten sin pausa cada uno de sus días en un infierno. La familia Ameidan está marcada, es difícil para cuatro mujeres perseguidas subsistir, cuando no hay ni siquiera posibilidades de acceder al trabajo. La hermana mayor de Maimuna, Malak, inteligente y muy decidida, encontró trabajo con una ONG en El Aaiun, pero las autoridades de la ciudad no pararon hasta que fue despedida de su empleo. Los marroquíes las acechan y cuando menos lo esperan reciben un nuevo golpe. La bella Rabab, su querida hermana, estudiaba en la Universidad de Marrakech. Reivindicar desde el corazón del ocupante la libertad del Sahara es un delito condenado con los peores castigos, bien lo han comprobado los universitarios saharauis. Rabab fue golpeada con gran dureza en las manifestaciones estudiantiles en mayo de 2006 y presenció como a su amiga Sultana Jaya le reventaba el ojo con una porra un policía marroquí. Maimuna conoce lo que significa ser una Ameidan en el Sahara ocupado.

Hayat Erguibi sabe por experiencia que una violación es un acto horrendo, que atenta contra lo más íntimo del ser humano, llevando a uno de sus máximos extremos la violencia. Hayat, una alumna de bachillerato, fue secuestrada, sometida a vejaciones y violada de diferentes formas por su presunta participación en actividades políticas relacionadas con la independencia del Sahara. Sus violadores, policías marroquíes en El Aaiun la amenazaron para que no denunciara lo sucedido. Pero Hayat, venciendo el miedo y la vergüenza que atenaza a las víctimas de delitos contra la libertad sexual, denunció su caso y lo ha expuesto a los observadores internacionales de derechos humanos. Porque ya son demasiados casos de violaciones de hombres, mujeres y menores por parte de las fuerzas de represión marroquíes. Hayat no quiere callar. Hayat habla para que no haya más estudiantes a las que secuestren, vejen y violen con total impunidad.

"Ya no puedo vivir una vida normal como el resto de la gente", dice con resignación Nguia El Hawasi, parte de la infancia y toda la adolescencia dedicada a luchar desde el colegio por la libertad del Sahara. Dieciocho años de sufrir, de tener separada a la familia, de saber desde niña que algo raro ocurría, y de politizarse por desgracia demasiado pronto a fuerza de ver injusticias, a fuerza de ver palizas, a fuerza de ver discriminación. Nguia acumula detenciones y golpes, en su extenso y triste currículum de activista. Explica que la sed de libertad que tienen los niños saharauis desde la escuela es algo que no entienden los marroquíes y que les llama mucho la atención. Ella tiene la respuesta “esta es nuestra convicción por nuestros derechos y vamos a seguir hasta nuestra libertad.”

Maimuna, Hayat, Enguía, Malak, Sultana, Rabab, Aminetu, Galia, Sukeina, Fatma… ellas son verdaderas heroínas. Las mujeres tenemos en ellas el más limpio espejo donde mirarnos. Porque a las saharauis de las zonas ocupadas la libertad les cuesta cada día la vida.

*Hayat, Nguía y Maimuna son tres de las estudiantes a las que las autoridades marroquíes impidieron viajar a Inglaterra para un debate estudiantil sobre el Sahara en Oxford.