“Estabulario” de Sergi Puertas. Un plato desagradable y adictivo, servido por Impedimenta


Debo confesar que según me adentraba en la lectura de “Estabulario” no dejaba de pensar qué hacía yo leyendo un libro como el que acaba de publicar Sergi Puertas en Impedimenta. Porque no es el tipo de libro que suelo leer, ni la clase de libro que me gustaría escribir. La ciencia ficción y el gore no son lo mío. Me incomoda la distopía que muestra “Estabulario”, colección de seis relatos largos que presenta una “sociedad hipotética (absolutamente) indeseable”. Y sin embargo no podía dejar de leer. Sergi Puertas me estaba liando, embuchándome con su magnífica escritura enormes cucharadas de un plato tan desagradable para mi paladar lector, como adictivo.
Ha apostado Impedimenta por un libro y un autor muy diferente de lo que nos tiene acostumbrados. Identifico a esta esforzada editorial con escritores preferentemente europeos del siglo pasado, con obras exquisitas y refinadas. Así que este libro, un puñetazo en la nariz, me ha dejado fuera de juego. O no tanto porque Impedimenta en realidad lo advierte en su web “Diez años (diez años ya) buscando grandes obras literarias con las que sorprender a nuestros lectores”.
Numerosas sorpresas ofrece Estabulario, con relatos que empiezan descolocando al lector con la equívoca información que escupe la historia. Poco a poco se irá desentrañando la trama a medida que avanzamos en la lectura. Pero “Estabulario” es lo contrario a un libro fácil, el lector debe poner de su parte y, entre sorpresas y desconcierto, no ser capaz en ocasiones de encajar todas las piezas.
Un camarero de un mastodóntico restaurante chino no puede deshacerse del uniforme de carne adherido a su ADN que lo convierte en un obeso buda; españolas secuestradas por islamistas que ejercen de esclavas sexuales y cocineras, cuya liberación depende de las instrucciones que se dictan por televisión; una Andalucía independiente, mezcla de dictadura islámica y Corea del Norte a la que se trasladan los componentes de un delirante reality televisivo; las macabras instrucciones de lo que empieza pareciendo una operación de pelotazo inmobiliario y acaba como el rosario de la aurora (el relato que más me ha gustado); unos seres extraterrenales cuyos cantos producen dolor y apocalipsis (relato de magnífica estructura). Narraciones desesperadas con unos pobres diablos como protagonistas (cualquiera podemos serlo), pesimistas irredentos atrapados en situaciones límite, y siempre la tecnología como una complicada pesadilla que inevitablemente trae terribles problemas. En el libro se reflejan algunas de las obsesiones del autor, la despersonalización del individuo, la esclavización del trabajador, la dictadura de las grandes empresas, el mal uso de la tecnología, personajes desconcertados inmersos en situaciones muy locas e imposibles de controlar.
Sergi Puertas, autor de mi quinta, nacido en 1971, es un “culo inquieto”, novelista, músico, poeta, guionista de cómic, fue redactor jefe de la revista El Víbora hasta su desaparición en enero de 2005. Ha escrito en numerosas publicaciones como la ya desaparecida El butano popular.
Infección, sangre, vísceras, adicciones, terror, enfermedad, armas, amenaza nuclear, seres extraterrenales, locura, suciedad, apocalipsis, la telerrealidad como un infierno tangible, guerra, trabajo alienante. Violencia. Situaciones locas y personajes desesperados, que se enredan en este “Estabulario”, una sorpresa de Impedimenta. 

Desde la emoción y la memoria. Presentación de “Mariem Hassan. La voz indómita”


Sabíamos que iba a ser una presentación emotiva pero no pensábamos que iba a hacernos reflexionar y recordar tanto. Desde que Mariem Hassan se marchó en agosto de 2015 se han sucedido recordatorios y lamentos en todo el mundo pero era hora de plasmar el enorme legado que la legendaria cantante ha dejado en la historia del pueblo saharaui y la música de raíz. Porque Mariem ya es patrimonio de todos, no sólo de su gente.
Los acontecimientos más relevantes en la vida suelen producirse por casualidad. Zazie Schubert-Wurr y Manuel Domínguez de Nubenegra han vivido dieciocho intensos años al lado de una figura colosal, como fue la cantante de Smara, y al lado del pueblo saharaui ejerciendo el activismo cultural y musical a favor de una causa justa que cumple ya cuatro décadas. Tantas vivencias no podían caer en saco roto y ambos han encontrado una vía de escape a sus incontables recuerdos con la publicación de un libro. “Mariem Hassan. La voz indómita”, el resultado de varios meses de ingente trabajo, por fin ha visto la luz y el sábado 18 de marzo un grupo de seguidores de la cantante nos reuníamos en la nueva sede de la librería Sin Tarima para celebrar a Mariem y la historia vital y musical de una mujer que no se ha amedrentado , no se ha rendido bajo ningún concepto, que ha cantado a la justicia con empeño y afán, y que ha convertido la tristeza en arte y en sonrisa, la de quien sabe que tiene la razón.
Manuel Domínguez nos avisaba al inicio de la presentación: “Quiero pediros que uséis los ojos para mirar el libro pero lo sintáis con el corazón. Es un libro con las emociones a flor de piel, con licencia para llorar”. Y hubo lágrimas y por mi parte muchos recuerdos, porque la música de Mariem me ha acompañado todos estos años de militancia en la causa, ha sido mi banda sonora; su música forma parte de mis primeros pasos, cuando viajé a los campamentos en abril de 2000 con motivo del ‘II Festival Sahara en el corazón’ en el que ella participaba. “Mariem Hassan. La voz indómita” es un libro escrito a dos manos y dos corazones, los de Zazie y Manuel “jefes” y finalmente familia de esta indomable mujer nacida en 1958 en Smara. Está narrado en primera persona y de forma cronológica, desde que en 1997 Manuel avisara a Zazie de que se iban a los campamentos saharauis a participar en un festival de música. “¿Y quiénes son los saharauis?”, fue la reacción de Zazie; no imaginaba entonces el giro que iban a dar sus vidas. El libro se acompaña de un CD con canciones inéditas, colaboraciones de la cantante saharaui con otros artistas, alguna en directo, y de un DVD en el que se recogen entre otras piezas una grabación con Mariem y su familia en Mheiriz, realizada hacia 2014 por el director Javier Corcuera. En un momento de la grabación, Mariem, tan lúcida como siempre, afirma: “El mensaje artístico da a conocer la situación de este pueblo que nadie conoce”.
Durante la presentación se habló de diferentes aspectos artísticos de la carrera de Mariem, como la colaboración con poetas saharauis de la talla de Zaim Alal o Beibuh, sus dificultades para encontrar un guitarrista saharaui tras el fallecimiento de su amigo Baba Salama, o la impresión que dejaba Mariem en todos los músicos que la conocieron, como los integrantes de Yemen Blues, Ravid Kahalani y Shanir Blumenkranz, quienes viajaron desde Tel Aviv y Nueva York para grabar una única sesión con la cantante saharaui. “Son muestras de la universalidad de Mariem como saharaui y como músico”. O su paso por el WOMAD, su exitosa gira en Australia y Nueva Zelanda en 2010 y sus incontables éxitos en las listas de música étnica.
Manuel siguió recordando los momentos vividos con Mariem, los 18 años juntos que se recogen en el libro. En enero de 1998 viajaron a los campamentos a grabar lo que sería la mítica caja “Saharauis”, compuesta por tres discos, un trabajo del que se desentendió finalmente la entonces AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional). Fueron un equipo de cuatro personas a grabar a los campamentos en unas condiciones bastante complicadas un trabajo en el que se recogen temas de la propia Mariem, además de Nayim Alal, Mahfud Aliyen, Hadhum Abeid, Mohamed Salek o Aziza Brahim entre otros. Unos meses después la caja se ponía a la venta, se celebraba el I Festival Sahara en el corazón, numerosos músicos saharauis realizaban conciertos en Europa y Manuel y Zazie comenzaban lo que sería una apasionante historia de conocimiento de la música y cultura saharaui de la mano de Mariem. “Aún la estoy descubriendo, tras casi veinte años de trabajo y amistad aún estoy en ese proceso”. La idea de escribir el libro partió de ella, empeñada en traducirlo además de al inglés, al alemán, “los alemanes deben saber quién es Mariem Hassan”. Zazie destacó que quiere un trabajo muy bien hecho, el pueblo saharaui “un pueblo vivo, alegre y activo”, lo merece.
A pesar de la intención de celebrarla con esa sonrisa que siempre estaba presente en el rostro de Mariem, hubo momentos amargos cuando se recordó cómo se apagó la artista, fue en agosto de 2015, Manuel y Zazie explican que no quisieron estar presentes en aquellos últimos días, para dejar a la familia con su intimidad, “aunque ellos son maravillosos y se vuelcan con nosotros cuando vamos”. En la presentación se encontraban algunos miembros de la familia, como su hija Agaila, quien agradeció el homenaje y las muestras de cariño hacia su madre y destacó “la suerte de tenerla en discos y en libros” a pesar de no acostumbrarse a su ausencia. Sidi Mohamed Talebbuia, sobrino de Mariem, recordó a su tía como “una mujer hiperactiva y alegre, siempre con una sonrisa”. Su madre y Mariem más que hermanas “eran uña y carne, las dos han sido nuestras madres”. Sidi Mohamed se refirió a la naturalidad con la que la artistas se tomaba la vida y la muerte, “una característica de todas las mujeres de su generación, que pasaron tanto”, perdieron en la guerra hermanos (Mariem perdió a tres), padres, tíos, hijos o esposos. “Vivir o morir no tiene tanta importancia; lo importante es el legado, no dejar mal recuerdo ni tristeza, la vida continúa”, afirmó.
Jira Bulahi, representante del gobierno saharaui para España y amiga personal de Mariem Hassan, agradeció este trabajo porque Mariem “es patrimonio de los saharauis; su voz, su mensaje, su paz, su causa, su arte, es una representante de las mujeres saharauis, que a pesar de todo lo que han pasado se mantienen en pie”. Una afectada Jira, “somos humanos y nos puede la emoción”, destacó que la vivencia de Mariem es la de todo el pueblo saharaui, “era el soporte de su familia y un símbolo para todos los saharauis, transmisora de tantos sentimientos”. La representante saharaui hizo referencia a una frase de Mariem “que Marruecos se lleve todo lo que ha dejado, a los saharauis nos bastan las acacias”, destacando que el mensaje de Mariem “es un arma poderosísima que llega a todo el mundo, es patrimonio del Sahara y de toda la humanidad”.
La escritora Fanny Rubio, presente en Sin tarima, visitó los campamentos de refugiados saharauis en el recordado viaje en 1981 de los intelectuales españoles (José Agustín Goytisolo José Caballero Bonald, Javier Reverte, Emilio Sola, Agustín Millares, Javier Villán, entre otros). Intervino para destacar la fuerza de los saharauis que sintieron en aquel viaje, realizado en momentos muy duros. Sobre Mariem Hassan afirmó que “lo que queda es la voz, la mirada, la utopía, el sueño, el arte. Mariem fue una mujer valiente, utópica, madura, soñadora, coherente, sin frustración, siempre constructiva. Su voz es lo que va a permanecer generación tras generación”.

Mirando el libro con el corazón, como decía Manuel, se me agolpan los recuerdos de tantos momentos en que he vibrado con el directo incendiario y elegante de Mariem Hassan: en la wilaya de Smara bajo el manto de estrellas de los campamentos; junto a Enrique Morente en Guadalajara, en una abarrotada Plaza de Callao; tantos conciertos en la Suristán, Clamores o en Galileo Galiei; la última vez en que la disfrutamos, octubre de 2012, presentando su último disco “El Aaiún Egdat”; las clausuras a cargo de Mariem de varias de las Jornadas por el Sahara Occidental de las Universidades Públicas Madrileñas, inolvidable la del año que presentó ‘Shouka’ con una Mariem envuelta en la bandera saharaui poniendo en pie a la gente que abarrotaba la sala del Círculo de Bellas Artes donde se celebraban las jornadas…. Interminable. “Canta Mariem, canta que tengo el corazón ausente y la voz quebrada” rezan los versos que le dedicó Ebnu en 2007 en Frigiliana. Síguenos cantando Mariem, tu voz nunca se apagará.




Federico Guzmán plasma el “tiempo de desamparo” del pueblo saharaui en una exposición en el Ayuntamiento de Madrid


Foto: Federico Guzmán

Las llamadas primaveras árabes desembocaron en finales abruptos en los diferentes países donde se desarrollaron aquellos levantamientos de las poblaciones civiles y que tuvieron su inicio, aunque casi siempre se obvia, en el campamento saharaui de Gdeim Izik a las afueras de El Aaiun ocupado.
Según se cuenta en el catálogo de “Tiempos de alegría /Tiempos de desamparo” que se puede visitar en CentroCentro Cibeles (Ayuntamiento de Madrid) hasta el 28 de mayo, la génesis de esta exposición está en la realizada en 2012 para celebrar la alegría que supusieron aquellas revueltas. Cinco años después, el resultado de los levantamientos son refugiados, desplazados, muerte, presos, guerras y falta de libertades. Llegaron los tiempos de desamparo.
El Sahara Occidental está presente en la exposición con tres obras del artista sevillano Federico Guzmán, autor de la monumental exposición “Tuiza”, jaima levantada en el Palacio de Cristal del Retiro de Madrid (2015) y en el Museo de San Telmo en Donostia (2016).
‘El mapa de la resistencia de El Aaiun’ es una de sus obras expuestas. Impresión digital sobre lona, 150x230 cm. Es, según Federico, “un trabajo en proceso con activistas saharauis en la capital del Sáhara Occidental ocupado”. Se trata de una obra que me atrae especialmente, compuesta por una cartografía central de la ciudad saharaui ocupada de El Aaiun, rodeada por dibujos de activistas y protagonistas de la resistencia pacífica saharaui. Así lo describí en un texto que publiqué en el blog de El País ¿Y dónde queda el Sahara?, del que se reproduce un fragmento en la exposición: “El Aaiun es hoy una ciudad doliente; palpita en los corazones de todos los que amamos al pueblo saharaui. La entrada del ocupante lo cambió todo. Varió la demografía, los nombres de las calles, hasta el color de los edificios, hoy pintados de un rojo extraño, odioso para la ciudad. Introdujo torturas, muerte, detenciones, desapariciones, terror… Violó el habla, la historia, la identidad. Separó familias, esquilmó recursos, abolió la jaima, maltrató al camello, extinguió la talha… ‘El mapa de la resistencia en El Aaiun’ está dibujado por José Fernández Ruiz y Federico Guzmán. Los dibujos están realizados a partir de entrevistas con saharauis víctimas de violaciones de derechos humanos en la ciudad ocupada. Alrededor de un gran mapa de El Aaiun Federico ha colocado una serie de ilustraciones con diferente temática, siguiendo el trazado de las calles conocemos los testimonios de las víctimas. Los saharauis renombran las calles, avenidas y barrios en las ciudades ocupadas, otra forma de resistencia y memoria. Hoy, Barrio Maatala, Eskeikima, Avenida de Smara; ayer, Casa Piedra, Barrio Cementerio, Barrio Colomina… Los orgullosos barrios saharauis forman el Mapa de la Resistencia de El Aaiún. Sobre el mapa de la ciudad se ubican los lugares donde se suceden protestas, represión, secuestros, cárceles secretas, detenciones ilegales, fosas comunes, asesinatos… la cartografía de la barbarie cometida por el invasor marroquí. Alrededor del mapa de El Aaiun se ubican los protagonistas de la resistencia pacífica”. (Conxi Moya).
Otra de las obras expuestas es ‘La Piedad Saharaui. Takbar Hadi y su hijo Haidala Mohamed Lamin’. (2016). Técnica mixta / lienzo. El cuadro, de gran tamaño, ocupa completa una de las paredes de la espectacular arquitectura del edificio de Correos donde se ubica actualmente el Ayuntamiento de Madrid. Impresiona plantarse frente al sufrimiento de la madre a la que el régimen marroquí le arrebató a su hijo. Así lo ve el propio Federico Guzmán: “Este cuadro colectivo representa a Takbar Hadi sosteniendo entre sus brazos el cuerpo de su hijo Haidala Mohamed Lamin. Las figuras evocan la escultura de La Piedad de Miguel Ángel representando la compasión de una madre por su hijo muerto. El 15 de mayo de 2015 Takbar Hadi empezó una huelga de hambre fuera del consulado marroquí en Las Palmas de Gran Canarias por el asesinato de su hijo Haidala Mohamed Lamin de 21 años. Haidala fue agredido por colonos marroquíes, con el respaldo de las autoridades de ocupación y la negligencia médica intencionada. Después de la muerte violenta de su hijo, Takbar decidió investigar y esclarecer las circunstancias de su muerte hasta las últimas consecuencias, denunciando y reivindicando frente a las autoridades. Takbar sólo consiguió el refuerzo del asedio policial y los asaltos a la casa de su familia, con agresiones dentro de la vivienda, torturas y destrucción de bienes; por no doblegarse ante el diluvio de presiones y sobornos (90.000 euros) a cambio de firmar el entierro de su hijo en silencio y abstenerse de cualquier demanda de autopsia e investigación. Las graves circunstancias que han rodeado la muerte de Haidala Mohamed Lamin y el convencimiento de que su madre está en su legítimo derecho de pedir el cuerpo de su hijo, cuyo lugar de enterramiento desconoce, para que se haga justicia, han motivado el apoyo de cientos de personas que se sumaron a la huelga de hambre en cadena de manera indefinida. La lucha de Takbar Hadi no sólo reclama justicia para su hijo, sino por extensión para todo el pueblo saharaui en su conjunto, por la descolonización, la justicia y el derecho a vivir en su tierra libre y en paz”.
Y finalmente podemos ver la obra ‘Ciudad del viento. Sobre un poema de Fatma Galia Mohamed Salem’ (2016). Monotipos/papel. Se trata de imágenes a partir de la animación en arena realizada por Federico sobre el poema ‘La ciudad del viento’ de la poeta saharaui Fatma Galia. El texto se dibujó colectivamente en el taller de Poesía en arena de la Tuiza, en el Museo de San Telmo de Donostia, como parte del proyecto Entre arenas / Hondar artean de la Capitalidad Cultural de la ciudad. “En la ciudad del viento /veo lo que nadie ve, /siento lo que nadie siente. Lo digo, lo repito /con el viento y /no me arrepiento. El desierto me hace sentir /como una princesa /en la ciudad del viento” dice Fatma Galia en su poema.
Os animamos a visitar la exposición en la que aparecen obras de los artistas Claire Angelini (Francia), Monika Anselment (Alemania), Antonia Bisig (Alemania), Dragana Brancović (Serbia), Christine Bruckbauer (Austria) y Patricia K. Triki (Túnez), Hommarus W. Brusche (Holanda), Wojciech Cieśniewski (Polonia), Carlos Correia (Portugal), Selim Gribaa (Túnez), Federico Guzmán (Sevilla), Peter Hauenschild (Austria), Alfredo Igualador (Madrid), Sofía Jack (Madrid), Annie Kurkdjian (Líbano), Hela Lamine (Túnez), Yasemir Nur (Turquía), Gisele Ribeiro (Brasil), Simeón Saiz Ruiz (Madrid), Belén Sánchez Albarrán (Madrid), Rafael Sánchez-Mateos Paniagua (Madrid), Marek Szymański (Polonia) y Wolfgang Wirth (Austria). Se puede visitar hasta el 28 de mayo de 2017.





La bendición de la tierra de Knut Hamsun. Una obra enorme eclipsada por las circunstancias



“La bendición de la tierra” de Knut Hamsun ha sido una de nuestras lecturas en el Gabinete de la Central. En esta ocasión no pude estar presente en la sesión por motivos laborales, por lo que me he perdido las explicaciones y comentarios, sin duda interesantes, de los invitados por Jesús Casals para hablar del libro. La extensa novela, larga para los quince días de lectura de que disponemos, me ha resultado fascinante y la relaciono de alguna manera con “El balcón en invierno” de Luis Landero, otra de nuestras lecturas del Gabinete, por lo que ambos libros tienen que ver con el mundo rural, un mundo por desgracia ya en retroceso en Europa.
Se retrata a una saga familiar en esta novela llena de acontecimientos y pasiones, templadas de alguna forma por la frialdad norteña de su autor, Knut Hamsun, controvertido escritor noruego, que vivió entre 1859 y 1952, premio Nobel de Literatura en 1920 y uno de los autores escandinavos más conocidos. Sin embargo su apoyo, en los últimos años de su vida al nacismo y a Adolf Hitler manchó su imagen irremediablemente. No voy a negar que conocer esta historia poco antes de finalizar el libro me desagradó sobremanera; para mí no es fácil desligar ciertos acontecimientos de las vidas de los autores, especialmente si son de esta naturaleza.
Volviendo al libro, que en verdad he disfrutado, “La bendición de la tierra” es un canto a la vida agrícola y a los colonos. El leitmotiv del libro es que la tierra siempre ofrece sustento cuando se trabaja bien, por lo que nada detiene a los colonos, que viven en comunión y armonía con la naturaleza. La visión de Hamsun es de una “Arcadia” idealizada, aunque no oculta la dureza de un modo de vida en el que el enorme esfuerzo muchas veces se viene abajo debido a inclemencias, sequías, plagas o enfermedades de los animales. Se refleja en “La bendición de la tierra” una constante lucha entre el mundo tradicional, representado por los colonos, y el mundo moderno, el de la industria, la minería y el comercio. La irrupción de un mundo lleno de prisa, ruido y “humo” venía a acabar con la paz y el equilibro de la vida tradicional que aún imperaba en el campo. “El rayo es el hombre veloz de nuestro tiempo. Pero el rayo como tal es algo estéril”, se afirma en el libro. Una nueva forma de vida llena de ruido y prisa pero que en definitiva no aporta nada.
Los que trabajan la tierra son para el autor “los imprescindibles”. Viven, en comunión con la naturaleza, “una vida recta, poderosa, marcada por una actitud ingenua y correcta”. Son independientes, autónomos y tienen gran autoridad. La cosecha es lo único siempre necesario; ese hecho incontestable es el que forja el carácter de los colonos. El hombre de campo es un tipo duro, nada refinado, que siempre tiene en cuenta la utilidad de las cosas.
La obra no se ha quedado vieja, el autor se muestra comprensivo con sus personajes, compasivo con sus defectos y sus tropiezos, siempre y cuando sean trabajadores y valoren la tierra. Su retrato de las mujeres parece incluso avanzado para la época en que está escrito (el libro se publicó en 1917). En el libro aparecen incluso infanticidios, recalcando lo injusto de culpabilizar a las mujeres, como resulta injusto que las mujeres sean consideradas frívolas y depravadas por determinados actos por los que no se culpabiliza a los hombres.
Hamsun hace brillar una prosa serena y elegante; esta sencillez, sensibilidad e incluso empatía del autor se contradice con lo que se conoce sobre su carácter iracundo y soberbio, combativo y peleón, sobre todo en los últimos años de su vida. De Hamsun se ha llegado a decir que “escribía con furia”.
Uno de los grandes alicientes de la novela es su completa saga de personajes y el impecable oficio con el que el autor los caracteriza y los insufla vida. Consigue una magnífica construcción de sus protagonistas, es generoso con ellos, comprende sus motivaciones, no les juzga, ni siquiera a los que quiere menos.
Isak es el personaje principal, con quien comienza la historia. Recto, fuerte, saludable, sencillo, bueno, justo, constante, trabajador, equilibrado, “nadie era menos astral que él”, tal vez es simple pero posee la inteligencia y determinación que da el entendimiento con la tierra. Isak, primer hombre de aquellas tierras, es una suerte de Adán que encuentra a su Eva en Inger. El paraíso lo crearán los dos a fuerza de durísimo trabajo. Isak no es un hombre instruido pero lo conoce todo sobre el campo y los animales. “Sabía lo que necesitaba saber”.
Inger llega a la vida de Isak aún joven. Tiene una malformación que la acompleja, un labio leporino, lo que ha sido un impedimento para sus relaciones con los hombres. Inger trabajará duramente junto a Isak, convirtiéndose en su esposa y la madre de sus hijos. Florecerá junto a él en una relación plácida, con el tiempo un tanto previsible, pasando por múltiples vicisitudes, incluso la cárcel, que servirá paradójicamente para darle formación y arreglar su problema físico. Su paso por prisión será determinante para el cambio de su carácter. Alternará momentos en que se muestra taciturna y beata con temporadas exuberantes en las que se siente florecer, esos momentos suelen coincidir con la presencia de otros hombres en la granja; Inger se sentirá entonces una mujer deseada y su corazón latirá por otros.
El paso del tiempo cambiará al matrimonio. A Inger le impondrá una calma en cuanto a sus pasiones. La edad alcanzará al titán Isak, que ve mermar sus fuerzas. Se convierte en sólo “un ser humano”, se siente “triste y marchito”. “Sus espaldas habían soportado el peso de una bestia de carga”. Siente la melancolía de los buenos tiempos de la juventud pero sabrá preparar su retiro con toda la sabiduría y la prudencia habituales de su carácter.
Los hijos mayores de la pareja son Eleseus y Sirvent. A Eleseus no le gusta el campo ni trabajar la tierra. Soñador, amante de los placeres, no tiene la fuerza de voluntad ni la capacidad de sacrificio de su padre y su hermano. Eleseus, derrochador, “no escatima” en gastos, aunque puede hacerlo porque siempre cuenta con el respaldo de sus padres. Dócil, débil, descarriado, el rechazo de su primer amor le hace cerrarse a las mujeres. No encaja entre los colonos, tiene “finas manos de escribiente y gusto femenino por los adornos”. Tira el dinero y hunde los negocios que emprende. Se siente demasiado elegante para trabajar la tierra, pero es el duro trabajo en la tierra el que sostiene su derroche. Se malogró cuando le llevaron de pequeño a estudiar a la ciudad “sus raíces fueron arrancadas y se lastimaron”. Sirvent, poseedor del mismo carácter que su padre, será el continuador del trabajo en la granja y el mayor apoyo de su progenitor.
Además de la familia del “Marqués del Páramo”, como conocen a Isak, hay toda una serie de ricos personajes poblando aquellas tierras.
Es el caso de Brede, colono vecino a la granja de Isak. Es inconstante, derrochador, un “cabeza loca”. No siente el amor por la tierra que tienen los demás colonos y no será capaz de conservar su granja. Su pensamiento como padre es el opuesto al de Isak, él pretende que sus hijos le mantengan. Su familia vive al día, tiene deudas, no es un hombre de palabra. No tiene ningún empacho en mostrarse obsequioso e incluso adulador con los que tienen poder o dinero.
La joven criada Barbro es inconsciente y alocada, no admite que la controlen. No tiene problema en hacer lo que haga falta para salirse con la suya. Trabajadora pero inestable. No siente remordimientos por sus acciones y disfruta de “actividades prohibidas.” “Era una sirvienta que trabajaba duramente y no conocía otra diversión que la de coquetear”. Había vivido en la ciudad, leía periódicos, “no era ninguna paleta”. “Nunca ha escatimado fuerzas, nunca ha sido perezosa”, “tiene facilidad para aprender y con frecuencia usa esa habilidad para su propia destrucción”.
Otros personajes son la vieja Oline, cotilla, husmeadora, basa su poder en lo que sabe de los demás, eso la hace temida; su presencia pone a la gente constantemente en guardia. Geissler, un personaje extraño relacionado con la explotación minera de la comarca, que siempre aparece en el momento que menos se le espera, y desaparece de la misma manera. Aronsen, el comerciante, un oficio por el que el autor no siente demasiada simpatía; sus ideas y carácter tampoco encajan entre los colonos. Hamsun deja clara su opinión sobre la bendición que supone la tierra incluso en la suerte de sus personajes. A todos los que no aman y trabajan bien la tierra, la vida se les tuerce y les va realmente mal.
En definitiva, “La bendición de la tierra” es una obra enorme, eclipsada por las circunstancias que rodearon a su autor. El debate está servido.
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“La bendición de la tierra”. Knut Hamsun. Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Nórdica Libros. Madrid, 2015. 368 páginas.

Entrevista en De uno en uno, Onda Madrid. Haz lo que debas sin pedir permiso. Haz lo que decidas. Como puedas


Hacer radio con gente que te gusta es uno de esos estados de felicidad perfecta. (Sin pedir permiso)
A veces pienso en que escribo libros para volver a los estudios de radio. Mi novela Sin pedir permiso me ha proporcionado varias entrevistas en radios de Lugo, Ciudad Real, Valencia, Toledo o Murcia y he tenido la suerte de visitar los estudios de Radio 3, Onda Madrid o Radio Vallekas. El miércoles 1 de marzo se emitía el “De uno en uno” de Isabel García Regadera en el que fui protagonista de una de esas entrevistas en profundidad que se marca Isabel. De su mano hice un repaso por mi trayectoria periodística, literaria y de activismo prosaharaui, con alguna que otra pincelada personal.
Radio, literatura, el Sahara Occidental, Madrid, mi abuela, Bahia Awah, La primavera saharaui, el punk, Haz lo que debas, el esforzado empeño del Do It Yourself, ilustradores, música, Sin Pedir permiso, los años 90, escribir porque no queda otro remedio, The Clash, la constancia, Vallecas, Los Bichos, Juan Antonio Vázquez, Delicias Saharauis, Cierre X impago, los crowdfunding. Fueron algunos de los temas que tocamos en una hora de entrevista que me recordó de nuevo que pocas cosas me gustan como hacer radio.
Comenzamos la entrevista con la canción “Marina” de Los Bichos para hablar de mi primera novela, Sin pedir permiso, publicada en diciembre de 2015. La canción comparte nombre con mi protagonista, un nombre que me gusta “y como el autor es el que decide sobre sus personajes decidí bautizarla así”.
Isabel encontró una conexión entre dos de mis obras “Haz lo que debas Sin pedir permiso”. Haz lo que debas es el nombre que le di a este blog allá por 2008. “Yo hago no lo que otros quieran que haga sino lo que yo pienso que debo hacer. Y cuando una cosa es justa no pidas permiso, hazla. Después asume las consecuencias”, como leitmotiv vital.
A los escritores siempre nos asalta la pregunta sobre qué hay de autobiográfico en nuestra obra. “Sin pedir permiso” surge de mi experiencia en la Escuela de Radio del IMEFE a mediados de los años 90 y mi participación en Radio Resistencia, radio libre madrileña fundada en 1997. “Muchas de las cartas que entonces escribía para mis compañeros aparecen adaptadas en algunos episodios del libro”. Isabel se pregunta si me ha servido para saldar cuentas con el pasado o es un ejercicio de nostalgia. No soy yo muy partidaria de nostalgias, aunque aquella fue una época maravillosa “porque tenía veinte años, no tenía obligaciones, las ilusiones estaban intactas, estaba en la radio, haciendo lo que queríamos, fue como un sueño”, todo aquel mundo se refleja en la niña asomada a la ventana que aparece en la deliciosa portada, obra de Marino Masazucra.
El disco de “Cierre X impago”, con mis letras y la música de Migüel Bastante, también ocupó un espacio en la entrevista, porque Sin pedir permiso es un libro lleno de música; también los barrios que aparecen en mi historia, Vallecas y Ventilla en especial; la época actual contrapuesta con la de nuestro pasado juvenil, también interesante y positiva “hay que mirar a la juventud y seguirla, ellos llevan la vanguardia”. El Do It Yourself se llama ahora crowdfunding. Los proyectos por fortuna salen, “la gente es muy generosa, la gente es maravillosa”. Se está volviendo a salir a la calle, se repite la efervescencia cultural que había en los 90 en los barrios, las radios libres, los locales okupas, los fanzines. “Los tiempos de crisis sólo tienen una cosa buena, que la gente agudiza el ingenio. Haz lo que decidas. Como puedas”. Lo mío es comunicarme, “contar cosas, expresarme, serán más interesantes o menos pero es lo que me gusta hacer”.
Madrid, “Vente pa Madrid”, la canción que me gusta usar para animar a mis amigos de fuera a que vengan a verme; nuestra ciudad, la ciudad que acoge, en la que no se pregunta a nadie de dónde viene, cualquiera puede ser madrileño si así lo decide. Madrid, escenario de las aventuras y desventuras de los personajes de Sin pedir permiso.
Y el pueblo saharaui, al que llegué de la mano de mi amigo Juan Antonio Vázquez, hombre de radio y de música, persona inquieta donde las haya, Jota en el libro; esto puedo decirlo porque lo sabe él. Convencida total por la causa, implicada totalmente en la causa por mi familia, por los amigos que he hecho estos años y por todo el pueblo saharaui, afectados directos de la invasión marroquí. Hablamos del activismo cultural con la causa saharaui que practico con mi compañero Bahia Mahmud Awah. Recordamos los libros de Bahia, fruto de su preocupación por el desarraigo de las nuevas generaciones saharauis y por preservar la rica cultura oral saharaui, además de mis tres libros dedicados al Sahara y nuestros libros en común como “Cuentos saharauis de mi abuelo”, una recopilación de cuentos de la tradición narrativa saharaui que adaptamos entre los dos al español. La charla también nos llevó a hablar sobre “La primavera saharaui. Escritores saharauis con Gdeim Izik”, libro cuyos beneficios son para ayudar a los presos políticos saharauis y sus familias, y que lanzamos para que la llama del campamento no se apague.
Porque los artistas mueven el mundo, tuvimos un rato para recordar a Antonio Vega, al que dediqué un libro “Desordenado corazón”, recopilación de artículos y entrevistas sobre él, siempre vivo, siempre presente, uno de esos artistas que conectan de verdad con la gente y al que admiro por su talento pero sobre todo “por su empeño en seguir adelante y transmitir sus letras y su poesía a pesar de sus obsesiones y sus problemas, de seguir adelante hasta el final”. Hablamos de la constancia, algo que creo que me caracteriza y que admiro en los demás.
Terminamos con mitomanía, mi amor por músicos que “forman parte de mi vida”, como George Harrison y The Who y de mi sorpresa al conocer que una compañera de trabajo los conocía en persona y había tenido un contacto estrecho con Pete Townshend a través de la red. Terminamos hablando de mis próximos proyectos, la crisis de los cuarenta y la edad del pavazo (que diría el gran Juarma).
Los Chichos, Ketama, The Clash, 091, Cierre x impago, Los Bichos, Antonio Vega, The Black Crowes o Nirvana nos acompañaron en una entrevista que fue un chute de felicidad. Muchas gracias a Isabel por el regalo.
Podéis escuchar el audio de la entrevista completa AQUI.

T2: Trainspotting, escombro y desilusión de la cuarta década


Quien se acerque al cine con la única referencia de la mítica película que encumbró a Danny Boyle y a sus intérpretes en 1996, pensando que va de nuevo a ver carreras trepidantes, drogotas, viajes chungos y una espectacular banda sonora como las de aquel film se va pegar un buen batacazo. Los cuatro chicos de Leith ya no cumplen los cuarenta y cinco y la vida a esa edad va a otro ritmo. Los cuarentagenarios podremos apuntarnos a la edad del pavazo pero no tenemos ni la resistencia ni la actitud ni el aguante que teníamos en los 90. Es así. Sabemos más de la vida pero ¿nos sirve para algo?
Mi acercamiento al universo Trainspotting no vino por la película que no vi hasta 2015, sino por los libros de Irvine Welsh. Leí Trainspotting, primera publicación pero segunda parte de la trilogía; después Porno, secuela en la que se basa T2, y posteriormente Skagboys, la precuela. Tres libros muy disfrutados, bien escritos y que van a más allá de la literatura meramente narcótica. Las narraciones de Welsh tienen conciencia de clase sin mitificaciones ni pamplinas. Sus personajes nunca ofrecen un comportamiento épico, en sus imperfecciones reside su verdad.
La novela publicada en 1993 se convirtió en un fenómeno a nivel mundial gracias al éxito de la película de Danny Boyle estrenada en 1996 y de la que ya se ha dicho todo. Sus actores saltaron a la fama, la banda sonora fue un bombazo y la película supuso una inyección revitalizante para el cine británico y sus intérpretes fueron lanzados a un estrellato indiscutible. En estos veinte años la vida ha continuado para todos ellos. Boyle consiguió un Oscar por “Slumdog Millionaire” en 2008, Ewan McGregor se convirtió en una estrella del cine participando incluso en la saga de La guerra de las galaxias e Irvine Welsh no ha parado de escribir desde su retiro dorado en Miami. La publicación de la secuela “Porno” en 2002 aventuraba que inevitablemente llegaría la segunda parte de Trainspotting al cine. Y aquí la tenemos.
La historia se inicia veinte años después de que el pelirrojo Renton huyera con varios miles de libras, botín de un golpe dado por los cuatro colegas. Veinte años fuera de juego, exiliado en Holanda en un intento infructuoso de enderezar su vida como honrado asalariado. Aquella trepidante carrera por las calles de Leith, se ha convertido en un cansino trote sobre la cinta de correr de un gimnasio, reflejo de toda la desilusión y escombro que conlleva la mediana edad.  T2 huye de la nostalgia, del sentimentalismo y de la idealización de aquellos tipos tirados de los que no se puede esperar un comportamiento ejemplar. Salvo Spud, el más sensible de todos y que cuando se inicia el relato sigue enganchado al caballo, los demás siguen yendo a lo suyo. Simon es aún más amoral, falso, retorcido, escéptico, envidioso y aprovechado; Renton es consciente de que la vida que torció con veinte años es imposible ya de enderezar, ni con el dinero robado a sus colegas ni con huida a Holanda, sólo le queda seguir siendo el mismo oportunista bajo su aspecto de hombre bello y bien conservado; Begbie sigue siendo un psicópata pasado por veinte años de cárcel y enormes deseos de venganza. La explosión está servida.
T2: Trainspotting habla de la falta de dinero y perspectivas. De picaresca cutre y palos chapuceros. De una vida laboral desoladora como un páramo, con Spud trabajando de albañil y perdiendo el empleo “por culpa del cambio de hora”, Sick Boy atado al fracaso sobreviviendo de la extorsión a viejos viciosos y Renton fracasando en su vida de oficinista. De llegar tarde a todas partes como leitmotiv vital. De lo que pudo ser y no fue, con una Diane convertida en una abogada de éxito a la que Renton sólo puede observar desde abajo. De hijos que se avergüenzan de sus padres drogadictos y presos. De exigua vida sexual, Viagra y gatillazos. Redes sociales, brecha generacional, enfermedad, inevitable cuesta abajo, soledad, falta de perspectivas. “Choose life”, el archiconocido monólogo de Renton, se convierte veinte años después en otra cosa: “Elige la vida. Elige Facebook, Twitter, Instagram con la esperanza de a que alguien, en algún lugar le importe. Elige revisitar viejos amores, deseando haber hecho todo de manera diferente. Y elige ver cómo la historia se repite. Elige tu futuro. Elige los realities, llamarla puta y vengarte subiendo fotos suyas desnuda a internet. Elige un contrato basura, tarda dos horas en llegar al trabajo. Y elige lo mismo para sus hijos, sólo que peor, y sofoca el dolor con una dosis desconocida de una droga desconocida hecha en la cocina de alguien. Y luego... respira profundamente. Eres un adicto, así que sigue con tu adicción. Simplemente sé adicto a otra cosa. Elige a los que amas. Elige tu futuro. Elige la vida”.
Uno de los grandes aciertos de la película es su magnífica fotografía, con momentos alucinantes, de la que es responsable Anthony Dod Mantle. Los monos que pasa Spud en su cochambroso piso de protección oficial, las cristaleras donde cuelga las fotos y las página de la historia sobre todos ellos que comienza a escribir, las escenas recogidas por videocámara, las firmas de Spud en el aire, las imágenes de la deprimente y sucia Leith y la verde y turística Edimburgo… Hay escenas en T2 que remiten a la película original como la mencionada carrera de Renton tan diferente a la trepidante carrera drogota con la que se iniciaba Trainspotting o las escenas de WC, aunque ahora Renton es más melindroso; también hay una escena altamente asquerosa en T2 cuando Spud entona su adiós a la vida con una bolsa de plástico en la cabeza. Por otra parte Boyle realiza en la película diferentes guiños de homenaje al cine clásico, como las sombras que proyecta Spud en su piso mientras pasa el mono que remiten a la inolvidable “Nosferatu”, o el juego de espejos en el local de Simon que bordara Orson Welles en “La dama de Shanghai”.
T2: Trainspotting, en definitivo, elige no ser ejemplo de nada. Se agradece.

#Cocina Brócoli al vapor con huevo escalfado y crujiente de verduras y frutos secos



De nuevo una propuesta muy fácil para cocineros principiantes como yo, que se puede preparar un fin de semana tranquilamente en casa. En este caso hemos elegido un par de platos vegetarianos muy ricos: Brócoli al vapor con huevo escalfado y crujiente de verduras con frutos secos.
En primer lugar hemos cocinado una verdura el vapor, brócoli. Hemos comprado una vaporera de silicona, en nuestro caso de Lidl, que cocina en horno o en microondas. La verdura cocinada al vapor tiene más sabor que la cocida en agua, una textura más entera y entiendo que conservarán más vitaminas.
Hemos preparado los huevos escalfados (o poché) de la manera que vi al cocinero Jamie Oliver en la tele. Se coge una taza pequeña y se cubre de papel film transparente. En el fondo se pone aceite; es muy importante no olvidarlo para que el huevo no se pegue, no olvidéis impregnar con una brocha todo el paquete. He visto en otras recetas que animan a echar con el huevo un poquito de queso, de jamón, de trufa o lo que se nos ocurra.
Se casca el huevo y se echa dentro de la taza, se salpimenta y se puede añadir alguna hierba más, de acuerdo a lo que estéis cocinando. Hacemos un paquete con una cuerdecita o directamente atando el papel film y lo colocamos en un cazo donde hemos puesto agua a calentar. Cuando el agua haya empezado a hervir suave lo dejamos 4 minutos. Una vez sacado, cortar a la mitad encima de la verdura.
La receta del crujiente es inventada. En este caso la verdura y los frutos secos los he picado en la picadora para que queden los trozos pequeños. He puesto cebolla, calabacín, berenjena, zanahoria y espinacas pero se puede mezclar la verdura que se quiera. Los frutos secos que he utilizado son almendras, avellanas y nueces.
Se sofríe todo en la sartén con aceite de oliva virgen extra (AOVE) y lo he ligado con un poco de queso Philadelphia. Se puede hacer, en lugar de con la crema de queso, con un poco de tomate natural o con una crema suave de alcachofas, espárragos, pimientos de piquillo… pero siempre con poca cantidad, sólo para ligar las verduras, procurando que no se “coma” su sabor. 
Se pinta cada capa de pasta filo con una pizca de aceite, se hacer un paquete, se pinta por fuera con huevo y al horno. A partir de ahí, se pueden hacer las variaciones que cada uno quiera.

¿Nos ayudas? El libro ‘La primavera saharaui’ permitirá a las familias de los presos políticos de Gdeim Izik ir al juicio



· El dinero recaudado con la venta del libro ‘La primavera saharaui’ irá destinada a las familias de los presos de Gdem Izik que tienen que viajar miles de kilómetros desde el Sahara ocupado hasta Rabat para poder asistir al juicio del 13 de marzo. Puedes comprarlo aquí. Ayudémosles. Un ‘ME GUSTA’ no sirve para nada; la compra sí:
La lucha de los saharauis por recuperar su tierra es larga y difícil. ¿Es posible vencer a un enemigo tan poderoso con poesía? ¿Podremos derribar el muro de la vergüenza con estribillos? ¿Serán nuestras palabras más certeras que las balas? La escritura es una eficaz forma de resistencia.
El próximo 13 de marzo tendrá lugar la tercera sesión del juicio civil a los presos políticos saharauis de Gdeim Izik, el campamento de la dignidad que durante un mes, entre octubre y noviembre de 2010, mantuvo en jaque al ocupante marroquí en las proximidades de El Aaiun (Sahara Occidental ocupado). Decenas de miles de saharauis levantaron sus jaimas y trasladaron el estado saharaui en el refugio también a la zona ocupada.
El grito de Gdeim Izik por la libertad del Sahara Occidental fue violentamente sofocado el 8 de noviembre de 2010. Las fuerzas marroquíes de ocupación asesinaron durante aquellos días a varios ciudadanos saharauis, como el menor Nayem El Garhi o Babi Hamdai, ciudadano saharaui nacionalizado español, asesinado por agentes marroquíes en El Aaiun el mismo día que se desmantelaba con extrema brutalidad el campamento. En aquellos tortuosos días hubo decenas de detenidos, torturados, desaparecidos.
Tres años después veinticuatro activistas saharauis fueron condenados por participar en el campamento a penas de entre veinte años y cadena perpetua el 13 de febrero de 2013. Se trataba de civiles condenados por un Tribunal militar en un juicio farsa, en el que los observadores internacionales independientes denunciaron que se habían fabricado ridículas pruebas para inculparlos.
Si en mayo de 2005 el inicio de la Intifada saharaui en los territorios ocupados inspiraba un libro de combate a los escritores de Generación de la Amistad, “Aaiun, gritando lo que se siente”, en 2011 se planteó la posibilidad de sacar una antología con textos de homenaje al campamento de Gdeim Izik. Con ambos títulos los escritores saharauis pretenden mostrar la dura realidad que acontece en los territorios ocupados, utilizando la palabra como arma. Decidimos editarlo nosotros mismos y en abril de 2012 el libro se ponía a la venta. Desde entonces se han realizado decenas de presentaciones y actividades con “La primavera saharaui”, cuyos beneficios se han destinado íntegramente a los presos políticos. Se trata de un libro de denuncia y activismo, que recoge poemas, relatos, análisis y una detallada cronología de la manifestación pacífica más grande en la historia del Sahara Occidental.
Ahora que se acerca la nueva sesión del juicio a los presos de Gdeim Izik retomamos la difusión del libro. Con lo recaudado en estos días, pretendemos ayudar a las familias de los presos que tienen que viajar miles de kilómetros desde el Sahara ocupado hasta Rabat para poder asistir al juicio. Os animamos a leerlo y a difundirlo.
Ojalá que nuestras palabras den voz a los presos políticos y a los saharauis que participaron en el campamento durante aquel mes que nos conmovió y nos llenó de orgullo saharaui. Que los versos de los poetas recarguen el ánimo de quienes defendemos la causa saharaui. Que el libro sirva para combatir las mentiras del ocupante y sus esbirros a sueldo. Que “La primavera saharaui” mantenga encendida la llama de Gdeim Izik. Y como decía el escritor saharaui Bachir Lehdad en el tercer aniversario de aquella gesta: “La lucha continua de la mano de la vida. Han pasado tres años de aquella acción, sin precedente en la historia de la lucha de los pueblos por su libertad, su dignidad y su independencia. Gdeim Izik. Un lugar que apenas unos cuantos saharauis conocían, hasta el nueve de octubre del año 2010. Solo era una pequeña explanada de la gran meseta del glorioso Izik, con sus exuberantes graras que dan cobijo a muchos roedores, leña a los panaderos, hierba fresca a pequeñas manadas de cabras y regocijo a alguna que otra familia, con deseos de paz y tranquilidad, lejos del bullicio de la ciudad, algún que otro fin de semana. A partir de aquel nueve de octubre, Gdeim Izik, se convirtió en un santuario de libertad, un foco de primaveras, tan necesarias y tantas veces reprimidas”.
*Conchi Moya (Madrid, 1971) es periodista licenciada por la Universidad Complutense

“Cómo dejar de escribir”, el disparo underground de Esther García Llovet





“El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio y esa es nuestra suerte”. Roberto Bolaño.
Confieso que tenía mucha curiosidad por el gabinete de lectura con Esther García Llovet. La lectura de “Cómo dejar de escribir” me había dejado desconcertada. “Los escritores queremos resolver cosas que hemos visto o vivido y que no se han cerrado”, dirá en un momento de la charla. Y yo tenía la sensación de que la presencia de Esther me iba a dar muchas pistas sobre un libro que no había acabado de encajar.
Disfrutamos de una magnífica sesión del gabinete de lectura con un Jesús Casals en estado de absoluta gracia, que sabe sacar petróleo de la novela y conduce a Esther por un montón de vericuetos y, me atrevería a decir, caminos inexplorados del libro. Creo que la autora la ha disfrutado también.
Esther García Llovet es delgada, nervuda, rápida. No para de moverse, tocarse el pelo, cambiar de postura en la silla. No rehúye la mirada, todo lo contrario. Vestida con un cálido jersey de punto de cuello enorme, chaquetón verde olivo con pelo en la capucha (una revisitación de las míticas “coreanas” que llevábamos los niños a principios de los ochenta) y vaqueros. Sin adornos ni joya ni maquillaje, Esther va al grano, sin rodeos, o tan solo los rodeos que le hace dar su cabeza, llena de pensamientos. De verbo rápido, dispara las palabras como una metralleta, pero con una sorprendente calidez en la voz. No será la única contradicción en la que incurrirá esta tarde. Vamos al lío.
Casualidad y más casualidad
El libro lo escribió hace dos años, en tres semanas, para presentarlo al Premio Ciudad de Barbastro, del que quedó finalista. “Me divirtió escribir el libro pero quería moverlo. Si se queda en casa es un muerto”. Lo envió entonces a una editorial digital donde apenas vendió ejemplares. Esther recuperó los derechos. Poco después la escritora Sara Mesa le preguntó si tenía algo escrito.
"El día de mi cumpleaños lo pasó a Anagrama y un mes después, el 28 de diciembre, me confirmaron que se iba a editar". Y se lo han publicado a pesar de que en la novela se afirma que “La conjura de los necios”, el libro más vendido de Anagrama, “es una mierda”. Glups.
Prisa, rapidez
Escribe rápido y al finalizar quiere desembarazarse del libro. Una vez editado, el alivio, “Ya está fuera de mí”. Esther no es una madre acogedora con sus hijos libros, los echa de casa para que vayan a recorrer mundo. Y con esta obra, cuyo título remite a un libro de autoayuda, deja de escribir ficción. “Cómo dejar de escribir”. Esther lo ha dejado, y no parece lamentarlo. Ella ya está enredada en sus nuevos proyectos cinematográficos.
Lo ha vuelto a leer para el club. “Es un libro de alguna manera mal construido y eso me gusta”.
Outsider
Anagrama afirma “Cómo dejar de escribir deja sonar la cara B del mundo literario con la distancia de quien no perteneció a él”.
Entiendo a García Llovet como una outsider de los círculos literarios. Jesús hizo referencia a un artículo de El Confidencial donde Alberto Olmo habla de “la trayectoria errática, quejumbrosa y brillante” de la autora, y cómo ella misma desveló en una entrevista las ventas de sus primeros tres libros (700-500-200).
Como “perra verde” (así la define su amiga Marta Sanz) no le gustan la mayoría de asuntos que rodean el hecho de escribir, “todo lo ajeno a la propia literatura no siempre es bueno”. Como los talleres literarios, “o los clubs de lectura”, le pincha Jesús. Ya. Excepto el nuestro.
Bolaño
Es el autor con el que ella empezó a escribir. Esther confesó haber leído “todo, todo” Bolaño. El libro parte de una anécdota que sucedió en una conferencia de Bolaño en la que ella estaba presente, en la que su hijo Lautaro, le llamó por teléfono durante la charla. “¿Y si el hijo de Bolaño fuera un pijo?”, a Esther le vino a la cabeza esa idea recurrente de los hijos que son lo opuesto a sus padres.  De ahí sale la historia de Renfo, el hijo de “el gran Ronaldo”, mítico escritor latinoamericano fallecido. La trama gira en torno a una alocada búsqueda de un supuesto manuscrito póstumo escrito por “el gran Ronaldo”.
Referencias narrativas
Jesús destaca que “el libro no cuenta en sí gran cosa pero está plagado de referencias”. Califica el libro de “pastiche”, en el sentido del recurso literario que toma prestado de otras obras referencias, citas. Hace referencia por supuesto a Bolaño (lo detectivesco, el lumpen), pero también a Flaubert, con “Bouvard y Pécuchet”, a esos libros donde “no pasa nada”, en los que la literatura es “algo lúdico, como un juego”, confirma Esther. Jesús apunta al libro “Me acuerdo” (Je me souviens) de Georges Perec, mientras que ella se refiere al blog de Juan Bonilla, quien retomó esos “me acuerdo” como homenaje a Perec. “Me acuerdo de la pelota de goma que venía en los zapatos Gorila”, señala.
Una de las muchas referencias de infancia comunes con Esther, yo también tuve zapatos de esa marca y aún conservo la pelota o al menos hasta hace poco estaba en nuestra casa del pueblo.
El cine
A Esther lo que de verdad le apasiona es el cine. Así ve “Cómo dejar de escribir” como una Buddy movie, esas pelis que destacan la camaradería entre amigos y en las que la mujer adopta una posición muy secundaria. Así sucede en la novela, en las idas y venidas de Renfo y Curto, y también con VIPS, el tercer amigo en discordia. La autora no cree que haya “alta y baja” cultura, “guilty pleasures los tenemos todos”, añade.
“Mi influencia es más cinematográfica que literaria”. Efectivamente se trata de una novela muy visual. Su escritura es rápida, de frases cortas y rotundas como disparos. Pero también hay cierto lirismo, añade Jesús. Esther explica que escribe muy rápido porque no tiene paciencia, pierde pronto el interés. “No tengo intención lírica”, aunque reconoce que hay ciertos momentos melancólicos en el libro.
Personajes
Los suyos están en eterna búsqueda. La del manuscrito perdido de “el gran Ronaldo” no es mucho más que una excusa para ponerse en movimiento. Le gusta que las relaciones entre los personajes estén “pilladas por los pelos”.
Le pregunto por qué casi todos los personajes son masculinos. “Para que el libro fuera más cañero”, responde. Confiesa que Renfo es en parte ella misma. Los chicos de nuestra generación hacían más cosas, las chicas andábamos entonces algo por detrás. La mayoría de veinteañeras de ahora no son así, por suerte. 
Renfo va de un sitio para otro, pero en realidad no le interesa el manuscrito de su padre.  Por eso rompe con todo y se va. ¿A qué lugar más rompedor que Marbella?
El abuelo, Pascal, es otro de los personajes. Es un humorista pero tiene una estela “muy chunga” detrás, como por otra parte sucede con la gente que se dedica a hacer reír a los demás. “Me gusta esa contraposición, ese no es lo que parece”.
La obsesión por los libros póstumos
De alguna manera el libro se burla de esa obsesión editorial por encontrar manuscritos no publicados de autores famosos. Para Esther es algo “terrorífico”. No hay que publicar lo que el autor no quiso publicar en vida, opina, “a no ser que haya facturas que pagar”, matiza. O que seas Kafka, como puntualizó una compañera de gabinete. Ya.
Escenarios
El gran escenario de “Cómo dejar de escribir” es Madrid, su ciudad. “Es fea, sucia, encantadora, loca, revoltosa. Está siempre renovándose. La amo”. Jesús le señala su gusto por lugares alejados del glamur: los burguer, los VIPS, los bares “cutres”, el Jumbo. “Me gusta recorrer y reflejar en mis novelas zonas de Madrid poco visibles, alejadas del centro más típico”.
El libro está plagado de referencias ochenteras (el Jumbo, Costa Fleming, los Kools mentolados que fuman Renfo y Esther), aunque transcurre en un tiempo próximo al actual.
¿La inspiración?
“Me encanta escuchar a la gente en los bares, en la calle, sentarme en un banco y ver a la gente pasar”. Jesús le dice que bebe de fuentes poco convencionales. Ya lo ha dicho Esther, no cree en la separación de alta y baja cultura. Le pregunto si se considera una autora punk, como la han definido. “En absoluto”, responde Esther. “Si acaso eléctrica”, matiza Jesús.
Los sueños
Renfo sueña constantemente en la novela con su padre. Esther confiesa que ella sueña mucho. “Se sueña con lo que se ha conocido poco, con lo que ya no está”. De nuevo Bolaño, “muchas escenas de Bolaño son muy oníricas”.
¿Para quién escribe Esther?
“No pienso en el lector cuando escribo, pienso en mí, en divertirme yo. Lo que tardo en encontrar editor lo he soportado porque lo he pasado muy bien escribiendo”.
Autores preferidos
A Esther le gustan esos autores en cuyos libros aparentemente “no pasa nada”. Como los argentinos Juan José Saer, César Aira y Rodolfo Fogwill, de quien nombra “Runa”. También le gusta Francisco Casavella. “Leo mucho cómic y me gusta el periodismo narrativo”, concluye. Hacia allí parece que se van a dirigir sus pasos literarios.
Perra verde, escritora, outsider, fotógrafa, directora de cine, paseante de extrarradio, observadora de bares, periodista a su aire. Todo eso y lo contrario es Esther García Llovet.

Esther firmó un montón de libros

“El balcón en invierno” de Luis Landero. Narración auténtica y emotiva


Una de las cosas que más me gustan del Gabinete de la Central en el que llevo tiempo participando es la posibilidad de escuchar a escritores hablando de sus libros y de sus experiencias en el complicado mundo de la literatura. Ha sido un placer escucharles a todos, y ya hemos compartido sesiones con unos cuantos.
El pasado 29 de noviembre nos visitaba Luis Landero para hablar de su novela “El balcón en invierno”, Tusquets, 2014. El autor nos habló sobre el oficio de escritor, la inspiración, las dudas, el cansancio de la rutina de publicar, la obligación del escritor de no caer jamás en “el patetismo ni la cursilería”.
En todos los oficios de la vida hay altibajos y en especial en la profesión de escritor, muy solitaria y expuesta a espejismos y dudas. Es un oficio lleno de inseguridad. El punto de partida de “El balcón en invierno” surge de la duda y la pereza, del sentimiento de empezar a formar parte de una rutina, de empezar una otra novela y luego otra… “Eso me ha sucedido varias veces. Se me ocurrió escribir sobre lo que me estaba ocurriendo, sobre la crisis que estaba sufriendo. Al contarla me vi en la posibilidad de escribir algo sobre mi vida, una idea que me rondaba y que medio habían esbozado. Este libro estaba casi escrito, aunque no lo sabía”. Una vez que se decidió por el tema “Todo empezó a fluir con gran naturalidad. Fui feliz mientras escribía el libro, era auténtico y emotivo”.
Aun así “El balcón en invierno” comienza con el esbozo de una nueva novela con el hilo narrativo de un jubilado; a Jesús Casals le recordaba a la novela de Italo Calvino “Si una noche de invierno un viajero”. Para Landero inventar la historia y la estructura es la parte “más fácil y divertida”, lo difícil es contar, “darle el soplo de vida” a esa historia. Nos confesó que escribe todas las mañanas, “no sabría qué otra cosa hacer”. Habló de la paradoja de estar encerrado escribiendo y pensar que la vida está en la calle, y bajar a la calle y pensar que la vida está en su casa escribiendo, una contradicción que refleja en el inicio de la novela, cuando está intentando escribir la historia del jubilado. Landero se preguntaba si “la vida está en lo vivido o en lo soñado”, porque al fin y al cabo “todos somos narradores”, reflexionó, “estamos constantemente yendo de la realidad a la ficción y a la palabra”. Porque el ser humano “necesita contar, hasta que no contamos algo parece que no lo damos por cerrado”. Landero destacó el poder de la palabra, “incluso es un arma”, una afirmación con la que estoy completamente de acuerdo. Y es que como reconoce el autor “la narración es un arte milenario”. Lo añadido en lo que contamos cuando incluimos la imaginación es “el cuerno por el que el caballo se convierte en unicornio”.
En cuanto a la estructura del libro, Landero explicó que no tiene mayor secreto, la estructuró así porque “la memoria es caótica, nunca es completamente lineal”. Empezó el libro por el capítulo IV, la noche en que salió al balcón con su madre, ese es “el anclaje del relato”. Después retrocede a la infancia, por instinto de narrador, “para abrir dos líneas narrativas y crear expectativas en el lector”. Landero nos confesó que ni siquiera hizo un esbozo, “iba saliendo solo”.
Sobre la longitud del libro, el autor nos explicó que desde el principio quería que no fuera extenso y que hubiera algo que lo unificara, que hubiera un por qué. Finalmente el sentido vino dado por el motivo por el qué acabó siendo escritor a pesar de haber nacido en una familia campesina. Los recuerdos no van más allá de 1969, el momento en que decidió dedicarse a la escritura. Eso es lo que cohesiona el libro, supone el eje de la narración. Otro aspecto recurrente es el “sentido de tribu, del legado recibido por mi familia” y los recuerdos, “quiero que su recuerdo permanezca”.
Los personajes son la madre, ; la abuela Frasca, prodigiosa contadora de historias y anécdotas; el primo Paco, sobre el que nos confesó que el personaje de Raimundo en “El guitarrista” es una mezcla de su primo Paco y un guitarrista que conoció en París; el padre, que es una presencia poderosa, Landero le calificó de “musa”, su influencia siempre aparece de una manera u otra en sus novelas, habló de “Hoy Júpiter”, la novela en la que “creía haber ajustado cuentas definitivamente con mi padre”.
Con este libro Landero reivindica una España rural que prácticamente ha desaparecido. En los años 80 se puso de moda un cierto cosmopolitismo, sobre todo en la época de la movida, donde incluso Madrid se quedaba pequeño como escenario de las novelas. “Eso es papanatismo, paletismo, se está renegando del lugar de donde se viene”. Recordó el éxito de Julio Llamazares con “La lluvia amarilla” (1988) al ambientar con acierto su novela en el medio rural, lo que entonces llamó mucho la atención. Otro caso más actual es “Intemperie” de Jesús Carrasco (2013). Nombró también a Miguel Delibes, mal visto en algunos círculos por situar su obra en Castilla.
En el mundo rural el paisaje no es contemplado como algo bello sino como trabajo. Los niños tampoco contemplan el paisaje, lo viven, son parte de la naturaleza. El campesino no tiene una visión estética del campo, viven y forman parte de la naturaleza. “Yo también tardé en comprenderlo”, afirma Landero, “eso es un proceso intelectual y estético que viene después”. Lo que queda en el campo es la impronta de la gente “del dolor y el sufrimiento de trabajar la tierra”. Según Landero la cultura campesina no está codificada, no está escrita y por eso se pierde, es de transmisión oral. “Tiene una visión mágica que viene muy de atrás, de los mitos y leyendas”. Landero afirma que se transmiten pedazos de conocimiento, “es como un estuche donde se guarda sabiduría”. Hay que proteger “ese tesoro” para que no muera, para que no caiga en el olvido.
Finalmente hizo mención a su nueva novela “La vida negociable”, la historia de un amor fatal, sobre un hombre sin cualidades, “aunque él piense que vale para mucho, es un perfecto inútil”. Landero afirmó en relación a la trama de la novela, que siempre negociamos con nuestra conciencia, negociamos entre lo que aspiramos y lo que finalmente conseguimos. “Uno no puede cargar con todo el fardo de la culpa, todos negociamos, unos con más moralidad y otros con menos”.
El balcón en invierno. Luis Landero. Tusquets. Barcelona, 2014. 248 páginas.