Un paseo musical en el tiempo. UFO Club, el mítico local donde Pink Floyd empezó su carrera


La escritura del relato “Londres, 90 Wardour Street”, en el que una pareja del SXXI se pasea por diferentes escenarios del Swinging London en lo que parece ser un viaje musical en el tiempo, me ha servido para bucear en diferentes lugares de lo más interesantes.
Cuando buscaba ubicación para una fiesta psicodélica en la que estaba a punto de empezar (o no) una orgía, muy oportunamente me descubrieron el UFO Club, un famoso local, efímero y underground, que se abrió en Londres a finales de 1966. Durante su corta vida se programaron espectáculos psicodélicos de luces, lecturas de poesía, danza, películas de vanguardia, conciertos de rock o exposiciones de arte. Sus bandas “residentes” fueron nada menos que Pink Floyd y Soft Machine.
A mediados de los sesenta algo (mucho) estaba cambiando en la mentalidad de la juventud inglesa, que disponían de dinero para gastar y buscaban nuevas formas de divertirse y de experimentar. En Londres se abrían decenas de locales, salas de música en vivo, clubs nocturnos, cafés (se pusieron de moda establecimientos que contaban con cafeteras espresso llegadas de Italia), lugares por donde se paseaban personajes de la contracultura, beatnicks, bailarines, estrellas del pop o gente de la farándula. Se pusieron de moda locales como Bag'O'Nails, Flamingo, Ad Lib (el lugar donde recalaron George Harrison Y John Lennon en pleno subidón de LSD que les había deslizado su dentista en el café), The Scotch Saint James, The Speakeasey, Sibylla's… y por supuesto el UFO Club al que dedico esta entrada.
Situado en el sótano del número 31 de Tottenham Court Road, el UFO Club había albergado anteriormente un salón de baile irlandés llamado “Blarney Club”, situado bajo el cine Berkeley. Fue fundado Joe Boyd y John “Hoppy” Hopkins, un personaje fascinante en el que merece la pena detenerse.
Boyd contaba que “Hoopy” y él decidieron abrir aquel local porque estaban necesitados de dinero. La noche de su inauguración, el 23 de diciembre de 1966, hicieron una buena entrada aunque no consiguieran llenarlo. Por entonces la psicodelia aún no había tomado las calles, pero en apenas seis meses todo cambió. Según Boyd, tras el éxito masivo del Sgt. Pepper la psicodelia “se convirtió en una moda comercial” en lugar de un movimiento verdaderamente subversivo.
Como curiosidad, la programación durante la primera semana de vida del UFO Club incluyó películas de Andy Warhol y Kenneth Anger, además de actuaciones de Soft Machine y Pink Floyd. Enseguida aquello fue a más. Durante el tiempo que permaneció abierto se pudo visitar una muestra del arte vanguardista de Yoko Ono; ofrecieron comida macrobiótica, como “croquetas de arroz integral, hojas de vid rellenas y falafel”, suministrada por las primeras tiendas vegetarianas de la ciudad, y contaron con exhibiciones de tambores africanos. En su corta vida, la sala ofreció conciertos de artistas como Jimi Hendrix, Crazy World of Arthur Brown, Procol Harum, o Fairport Convention, entre otros.
Mención aparte merecen los espectáculos de luces psicodélicas, ineludiblemente unidos al UFO Club. Como explica el escritor y músico Jon Newey, “Las luces se proyectaban sobre ellos y aquello aportaba mística. Podrías distinguir imágenes vagas en el escenario que intensificaban la experiencia. Eras consciente de los cuerpos que se movían en la oscuridad, pero nunca estabas seguro de si estaban allí”. Se proyectaban imágenes artísticas sobre humo y se usaban proyectores con bandejas transparentes llenas de líquidos y fluidos como agua, tinta, cerveza o incluso mocos o semen. No quiero olvidar los posters e iconografía que acompañaron las programaciones de la sala, repletos de colores, letras y dibujos psicodélicos en la mejor tradición de la cartelería tan de moda en aquellos años.
El nombre del UFO Club está unido irremediablemente a Pink Floyd. Por entonces la banda estaba empezando y eran liderados por Syd Barret, de quien Joe Boyd recuerda sus “brillantes ojos negros y su aguda inteligencia”. Los días del UFO Club fueron previos a la grabación de su primer disco, “The Piper at the Gates of Dawn”, que se lanzaría en agosto de 1967. Pink Floyd comenzaba a ser uno de los mayores exponentes del movimiento underground y, coincidiendo con sus primeros conciertos en la sala, fueron invitados a participar en la banda sonora de la película del recientemente desaparecido Peter Whitehead, “Tonite Let's All Make Love in London”. Se trata de un documental “arty” donde, además de Pink Floyd, aparecen los Rolling Stones, con imágenes de los disturbios que llevaron a interrumpir su actuación en el Royal Albert Hall en 1966. También participan Julie Christie y Michael Caine, actores muy relacionados con el Swinging London. A Pink Floyd les filmaron tocando dos temas, «Interstellar Overdrive» y «Nick's Boogie», aunque el director sólo aprovechó breves fragmentos de la actuación.        
La presencia de Pink Floyd en el UFO Club fue breve. El enorme éxito que comenzaron a cosechar les llevó a actuar en salas cada vez mayores y con mayor caché. Aunque Boyd les recordó la importancia que había tenido el UFO Club para darles a conocer, sólo pudo conseguir tres actuaciones más de Pink Floyd. Él se encargó además de producir el single de debut de Pink Floyd, «Arnold Layne», que no apareció en su primer álbum pero está considerado como uno de los mejores trabajos de la época de Barret. De Joe Boyd (Boston, 1942) se ha dicho que “revolucionó la escena musical de los años sesenta” a su llegada a Inglaterra. “Promotor, cazatalentos, productor, ejecutivo discográfico”, a,ntes de trabajar con Pink Floyd llevó la gira de Muddy Waters por Gran Bretaña en 1964 y era el director de escena del Festival de Newport cuando Bob Dylan sacó su guitarra eléctrica; trabajó con la gran Sandy Denny y Fairport Convention; trabajó con el malogrado Nick Drake… Boyd publicó unas interesantes memorias musicales bajo el título de “Blancas bicicletas: Creando música en los 60”,
Adam Ritchie, que hizo una sesión de fotos durante un concierto de Pink Floyd en el UFO Club para un extenso reportaje en una revista, recuerda que en el UFO Waters se mostraba agradable con los fotógrafos, siempre situado en la parte delantera del escenario. Por su parte, Barret se escondía tras el micrófono, por lo que era complicado fotografiarle. El fotógrafo recuerda que evitaba usar el flash porque habrían desaparecido en las fotos las imágenes psicodélicas que se proyectaban sobre el escenario.
Me detengo ahora en la figura del otro fundador del UFO Club, John “Hoppy" Hopkins, destacada figura de la contracultura del Londres de la década de los sesenta y al que incluí como personaje en mi relato. Fotógrafo, periodista, y combativo activista político, “Hoppy” murió en 2015 a los 77 años. Fue promotor de diferentes iniciativas, además del UFO Club, tales como la London Free School en Notting Hill o el periódico alternativo International Times.
Además, fue un destacado fotógrafo. Suyos son conocidos retratos de icónicos personajes del Swinging London, como The Beatles, Rolling Stones, Marianne Faithfull o Nico, activistas como Malcom X o personajes de la contracultura como Allen Ginsberg. “Hoopy” también fotografiaba en un sugerente blanco y negro estampas del Londres más oculto de la época, retratando salones de tatuaje, cafés, prostitutas o pandilleros.
En 1967 “Hoopy” pasó seis meses en la cárcel tras ser detenido por posesión de cannabis, lo que generó un movimiento de apoyo conocido como “Free Hoopy”. Coincidiendo con su encarcelamiento Stephen Abrams, activista en defensa del cannabis, coordinó una campaña solicitando la reforma de la ley; una de las acciones más recordadas fue el anuncio de página completa que apareció en The Times el 24 de julio de 1967, financiado al parecer por Paul McCartney. Hombre inquieto e incansable, “Hoopy” realizó investigaciones para la UNESCO o el Consejo de las Artes de Gran Bretaña, entre otros. En los ochenta se centró en el mundo del video. Siguió trabajando también en el ámbito de la fotografía y realizó varias exposiciones con sus aclamados retratos de los años 60.
El UFO Club se ubicó originariamente en Tottenham Court Road, una calle de algo más de un kilómetro, situada en el centro de Londres. Eminentemente comercial, desde mediados del siglo XX fue conocida por la concentración de tiendas de aparatos electrónicos, algo así como la madrileña calle Barquillo durante los setenta y los ochenta. En la zona hay un pequeño parque, el Whitfield Gardens, y en uno de los edificios que lo rodean se pintó en 1980 el “Fitzrovia Mural”, con diferentes personajes trabajando y divirtiéndose, realizado con un estilo que recuerda a Diego Rivera. Desde hace unos años hay una iniciativa para restaurar el mural, muy deteriorado por el clima y los graffitti y considerado un símbolo de la zona. Tottenham Court Road se menciona en algunas canciones como «Denmark Street» de The Kinks o «Transmetropolitan» de The Pogues.
Como curiosidad, la banda UFO, fundada en 1968 en Londres debe su nombre al local. Originariamente su nombre era Hocus Pocus pero ese mismo año durante una presentación en nuestro UFO Club fueron descubiertos por el propietario de una discográfica, que les ofreció un contrato. Tras firmar con el sello, la banda cambió su nombre como homenaje al local que les había dado suerte.
El UFO Club tuvo que abandonar el local de Tottenham Court Road al parecer tras publicarse un artículo desfavorable en el News of the World a finales de julio de 1967. Sus creadores decidieron trasladarse a un local más grande en Roundhouse. Lo inauguraron pocos días más tarde, el 4 de agosto de 1967, con un concierto de Eric Burdon & The New Animals y Family. Apenas duraron un mes, el 29 de septiembre de ese año se programaba el último concierto del UFO Club a cargo de, entre otros, Jeff Beck y Ten Years After.

Finalmente, en octubre de 1967 el UFO Club cerraba. A los tumultos que provocaban los conciertos de nombres como Pink Floyd, Hendrix o Jeff Beck y que no podían ser asumidos por un local tan pequeño, les sucedían noches en la que apenas entraba público, lo que hacía que el club perdiera dinero. Los problemas económicos se unieron al temperamento de inquieto de sus fundadores, que andaban metidos en mil cosas a la vez. Ni un año duró abierto el mítico UFO Club.

Foto: "Hoopy" Hopkins, 1963
Mi relato Londres, 90 Wardour Street

Led Zeppelin, repaso a la epopeya de unos dioses musicales


ABRUMADOS. Así estamos mi entusiasmo y yo.
Tras la divertida experiencia del repaso a la discografía completa de Ramones decidí emprender una aventura similar con otra banda mítica, surgida en 1969 en un momento en el que confluyó el fin de la era beat y el comienzo de una nueva época marcada por los grandes grupos de rock. Mis elegidos fueron Led Zeppelin, un grupo con una discografía breve, apabullante y de indiscutible calidad y un directo aplastante, sexual y violento. Su historia está llena de excesos, orgías, drogas, alcohol, extravagancias sin fin como aquel avión privado llamado “Starship”, caos y destrucción de coches, hoteles y lo que se pusiera por delante. Pero sobre todo está repleta de canciones legendarias. Ha resultado un viaje apasionante en el que he escuchado sus nueve discos de estudio, además de disfrutar del directo “The song remains the same”. He escuchado las grabaciones originales y no me he detenido en las reediciones y remasterizaciones, con extras y demás.
He redescubierto a un grupo al que escuché en mi adolescencia a través de los discos de mi hermano, pero a los que no presté la suficiente atención y a quienes tenía olvidadísimos. El repaso a la discografía lo he compaginado con la lectura de “Led Zeppelin. El martillo de los dioses”, la biografía escrita por Stephen Davis que me han prestado amablemente que recoge las peripecias de grupo marcado por todo tipo de excesos, que finalmente les llevaron a la destrucción pero que al mismo tiempo agrandaron su leyenda hasta límites estratosféricos. Una cosa por la otra.
Debo reconocer que la experiencia ha resultado algo accidentada. Comencé pensando en lo que iba a escribir, pero pronto entré en pánico por la complejidad de la tarea. Por suerte me di cuenta de que había empezado mal, lo fundamental era escuchar la música, sentirla y entenderla. Ya llegaría, o no, el momento de escribir sobre ellos. Y durante el proceso me asaltó una sorpresa, la escritura de un relato protagonizado por un guitarrista de voz nasal llamado Jimmy, que toca la guitarra con un arco de cello. El camino, con cuenta inhabilitada varios días en Facebook por compartir un video del “Houses of the Holy”, ha sido largo, tortuoso y plenamente gratificante.
La biografía de Stephen Davis recoge grandes momentos de la banda, como el sagrado instante en que se conocieron Page y Plant. Hubo conexión musical inmediata, simpatía y buen rollo. Tenían gustos muy similares y Page no podía creerse que un chico con aquella versatilidad para cantar blues, rock, hacer falsetes o llegar con naturalidad a tonos muy altos, no estuviera pillado por alguna banda. ¿Dónde estaba el truco? Supongo que de alguna forma y sin saberlo, Plant estaba esperando a que Jimmy Page se cruzara en su camino. Era 1968 y los Yardbirds, la anterior banda de Page, acababan de separarse.
En el libro “Led Zeppelin. El martillo de los dioses” se habla de la más que afortunada combinación que dio lugar a una banda diferente, en la que se juntaron cuatro músicos enormes: “unas cuerdas vocales que armonizaban con el sonido de las guitarras eléctricas, una garganta rubia que estaba destinada a dialogar a gritos en armonía con los solos poderosos de Page. Las manos espídicas de Bonzo a la batería, estructurando la base rítmica, la pausa mental en la línea del bajo o a los teclados de John Paul Jones”.
Uno de los aspectos que hacen diferente a Led Zeppelin es que la batería de Bonham seguía fundamentalmente a la guitarra de Page en lugar de al bajo de Jones, como suele pasar en los grupos de rock. En esa combinación se sustentaba el poderoso sonido de la banda. “Bonzo” era un batería de pegada fuerte, innovador, llegaba incluso a tocar con las manos. Sus eternos solos eran legendarios en los conciertos de la banda. Cuando murió Bonham Jimmy afirmó que simplemente plantearse seguir sin él era un insulto a la memoria de su amigo: “No hubiera podido interpretar los temas y darme la vuelta y ver a otra persona tocando la batería”, afirmó. Bonzo “golpeaba la batería con la fuerza de un obrero de la construcción, creando un sonido monumental”.
Dos de los miembros de Led Zeppelin pertenecían a la industria musical y tenían una larga experiencia como músicos de estudio y con otras bandas, Jimmy Page y John Paul Jones. Por otra parte, estaban “los chicos de pueblo”, John Bonham y Robert Page, con mucha menor experiencia musical. Aunque fue una banda formada por cuatro espléndidos músicos, las figuras más visibles siempre fueron Robert Plant “bailarín y salvaje dios del rock”, desbocado y apasionado en el escenario y Jimmy Page “el hombre que tocaba la guitarra como un ejercicio de atletismo” y que buscaba “poder, misterio y el martillo de los dioses”, como afirma Stephen Davis en su libro.
La banda llegó a ser increíblemente famosa entre sus fans, que eran multitudes, pero no acababan de calar en un público masivo. Led Zeppelin tenían mala fama entre la prensa y eran considerados bárbaros y salvajes. “Somos los mejores, pero nadie lo sabe”, se lamentaban. La audiencia de Led Zeppelin estaba compuesta por jóvenes, mayoritariamente hombres y principalmente de clase trabajadora.
La estética siempre fue muy importante en el grupo, me atrevería a decir que fundamentalmente para Plant y Page, coquetos, seductores y magnéticos. “Había algo medieval en Led Zeppelin, con su ropa de terciopelo, sus botas de piel de lagarto, las chaquetas de cuero, sus puntiagudas narices inglesas y su pelo largo y suelto”.
William Burroughs también escribió sobre ellos. Para el mítico escritor la clave de la banda estaba en la “habilidad de dar energía a la audiencia, recibir energía de ellos y de nuevo devolvérsela. Espectáculo basado en volumen, repetición y batería. Semejanza con la música para entrar en trance, donde los músicos son además magos. Sus conciertos son acumulaciones de energía. Todo eso puede resultar peligroso”.
En un repaso a la carrera de Led Zeppelin no podemos olvidar a dos figuras que resultaron claves en su historia de la banda. Peter Grant, un ex luchador y actor, fue su manager y productor ejecutivo de Swan Song Records, el sello discográfico fundado por la banda. Se le consideró un negociador controvertido y despiadado, que no dudó en emplear los métodos más expeditivos, incluso la violencia, para salvaguardar los intereses de sus representados. Richard Cole fue el road manager de Led Zeppelin y tuvo mucho que ver en los excesos y locuras que acompañaron las giras de la banda. Siempre estuvo rodeado de polémica, como cuando desaparecieron 180.000 dólares durante la gira de 1973; Cole, bajo sospecha, fue exculpado oficialmente, aunque el dinero nunca apareció. Acabó siendo despedido a causa de sus adicciones y fue la principal fuente para la mencionada biografía “Led Zeppelin. El martillo de los dioses”, lo que irritó a la banda.
El final de Led Zeppelin llegó con la muerte de su batería, el inconmensurable y excesivo John Bonham, “La Bestia”, en septiembre de 1980. En ese momento Jimmy Page, que pasaba por malos momentos de adicciones y confusión, se recluyó y se alejó de todos, incluso de sus amigos. Todos pagaron un alto precio por aquellos doce años de éxito estratosférico y descontrol, tanto la banda como los que les rodeaban. John Paul Jones fue el que quedó más intacto de los cuatro, nunca entró en esa espiral de desparrame y destrucción; inteligente, sensato, introvertido e independiente, su figura es posiblemente la más misteriosa dentro del grupo.
El resto es historia. Plant se embarcó en una exitosa carrera en solitario, mientras Jones se retiraba a vivir una vida tranquila y descansada y Page atravesó años de desierto creativo, lastrado por sus adicciones. Apenas ha habido reuniones de los tres miembros supervivientes, excepto los veinte caóticos minutos que tocaron en el Live Aid en 1985, el magnífico álbum en vivo “No Quarter: Jimmy Page and Robert Plant Unledded” para el que no se acordaron de llamar a Jones o el “Celebration Day”, concierto realizado en diciembre de 2007 en el o2 Arena de Londres, donde los tres estuvieron acompañados por Jason Bonham, el hijo de “Bonzo”.
Ya hace más de cincuenta años desde que Led Zeppelin decidieron unirse como banda, llegando a ser una de las más legendarias de todos los tiempos. Sin embargo, “la vieja magia sigue viva a pesar del implacable paso del tiempo”. Superada por fin la etapa de considerarles “dinosaurios” o cosas peores, la gran mayoría de las canciones de Led Zeppelin han resistido perfectamente el paso del tiempo, son ya auténticos clásicos en el mejor sentido de la palabra. Y nunca es tarde para descubrirlos o para empezar a valorarlos.
Y ahora sí, vamos con el repaso musical. De cada disco he escogido algunas canciones, en varios de ellos me ha resultado casi imposible descartar temas, aviso.
Led Zeppelin I (1969)
Lo que se llama empezar muy bien. Este año 2019 se han cumplido los 50 años de la publicación de un álbum impregnado de blues, con toques folk y según los que entienden de esto con influencias de la costa oeste americana.
El disco está compuesto por nueve temas y la mayoría de ellos sobrepasan de largo los cuatro minutos. Fue grabado, mezclado y editado en apenas una semana en los estudios Olympic de Londres en octubre de 1968, empleando apenas treinta horas de estudio y sin apenas ensayos.
Como curiosidad, Plant no aparece en los títulos de crédito a pesar de haber intervenido en la composición de las canciones porque aún tenía contrato con CBS, su anterior discográfica. Era el cantante de Band Of Joy, una banda inglesa no demasiado conocida y de la que salió a los pocos meses de entrar, refundándola con nuevos componentes, entre los que se encontraba John Bonham. Tampoco duró mucho, al poco tiempo pasó a formar parte del que se convertiría en un grupo fundamental en el devenir del rock mundial.
La portada, polémica, fue diseñada por George Hardie a partir de la foto de un dirigible en llamas que se identificó con el Hindenburg. Al parecer a la sobrina del inventor del Zeppelin tampoco le hizo mucha gracia el “homenaje” de aquellos melenudos gritones. La contraportada muestra una foto de la banda, realizada por Chris Dreja, bajista de los Yardbirds.
El ingeniero de sonido fue Glyn Johns, habitual de varios trabajos de The Who.
Cómo anécdota, mi primera escucha del disco fue de lo más accidentada. La música sonaba extraña y en exceso psicodélica. No entendía nada… hasta que me di cuenta de que estaba escuchando el “Led Zeppelin I. Reversed”, ¡¡el disco entero sonando al revés!!
«Good Times, Bad Times» (Page/Bonham/Jones) 2:47 Canción que abre el álbum. Gran trabajo de John Bonham a la batería, empezando por la inolvidable introducción.
«Babe I'm Gonna Leave You» (Page/Anne Bredon) 6:43 Un baladón. Versión de un tema de Anne Bredon, una cantante folk de los 50, que a su vez había tocado Joan Baez. Empieza como un tema acústico, pero a medida que avanza el tema, se introduce la guitarra eléctrica, crece la batería y Plant realiza una exhibición vocal de las suyas.
«Dazed and Confused» (Page/Jake Holmes) 6:26 Una de las canciones clásicas de la banda. A partir de la canción de Jake Holmes, músico de folk británico, Page hizo una nueva versión en la que introdujo toques de psicodelia y experimentación, como tocar la guitarra con un arco de violín. La canción es apabullante, con una ejecución impecable por parte de todos los miembros de la banda y en los directos llegaba a durar hasta media hora. Con este tema empieza la leyenda, llena de morbo y mitología, que afirma que introducían mensajes subliminales en sus canciones. Un maravilloso exceso.
«Black Mountain Side» (instrumental) (Jansch/Page) 2:06 Un instrumental que incluye los inevitables aires hindúes que mandaban en la época, a partir de una pieza del folklore irlandés.  La tabla de Viram Jasani, músico indio nacido en Kenia, dialoga con la guitarra acústica de Page para lograr una pieza de gran belleza. Preciosa.
«Communication Breakdown» (Page/Bonham/Jones) 2:30 Otra de las clásicas de la banda, más corta de la media del disco. Un tema más roquero en el que destaca la brillante ejecución de Jones con el bajo.
«How Many More Times» (Page/Bonham/Jones) 8:33. Temazo que cierra el disco. Toda una exhibición vocal e instrumental. Más de ocho minutos de canción compuesta de varias partes, unidas por una especie de “bolero”, que según se cuenta está inspirado en el Beck’s Bolero, en el que Page había tocado la guitarra y el bajo. Destacan los efectos que consigue Page en el disco al tocar la guitarra con un arco de violín.
Un debut directo y muy potente, pronto convertido en un disco histórico. Empezar más que bien.
Led Zeppelin II (1969)
Segundo álbum de la banda, también publicado en 1969, es un disco donde se repiten las influencias blues y folk, pero donde el hard rock va ganando espacio. Fue el disco que les consagró como una de las grandes bandas de una época en la que el beat y la posterior psicodelia se retiraban para dejar paso a los grandes álbumes del rock, estilo del que los Zeppelin fueron grandes exponentes. De alguna manera se considera una puerta para el heavy y con él alcanzaron el número 1 en listas británicas y estadounidenses. 
Fue un disco concebido durante la gira del primero y gran parte de la inmediatez y la rabia del directo se reflejan en las interpretaciones, que al mismo tiempo brillan gracias a la maestría de cada uno de los integrantes del grupo. Con él se sentaron las bases de lo que llegaría a ser Led Zeppelin. Page comenzó a usar una de sus guitarras más características, la Gibson Les Paul de 1959, y Plant, comenzó a acreditarse como letrista y a sentirse realmente cómodo dentro de la banda.
«Whole Lotta Love» (Page/Plant/Jones). 5:34. Cañonazo clásico de la historia del rock. Tremenda la sección rítmica y la línea de bajo que la inicia, los riffs de guitarra, impecable trabajo vocal de Plant, gemidos, susurros y gritos incluidos. Con esta canción la banda se adentra por senderos del rock duro, género del que fueron maestros e inspiradores. En fin, una barbaridad. Incluida entre las mejores canciones del rock, en la lista de mejores solos de guitarra, en la de mejores riffs… es uno de sus éxitos indiscutibles. Es otra de las canciones de los Zeppelin en las que hubo choques con otros autores por una más que evidente “inspiración”. Y, atención, hay incluso efectos hechos con theremin. ¿Hay alguien que no la conozca?
«What Is and What Should Never Be» (Page/Plant). 4:46. Sugerente medio tiempo, con energéticas subidas. En la intrahistoria de esta canción “de seducción y amor prohibido” se sugiere que refleja una relación de Plant con la joven hermana de su mujer.
«The Lemon Song» (Page/Plant/Jones). 6:20 Mantiene las influencias blues de la banda, sobre todo presentes en sus primeros discos. Se dice que esta es una de las mejores interpretaciones al bajo de John Paul Jones, lo que es mucho decir por su enorme nivel interpretativo habitual. El bajista afirmaba que se trató de una improvisación. Comienza con el sonido de un gong, uno de los múltiples “cacharros” que utilizaba el batería en sus exuberantes interpretaciones. “La canción del limón” da mucho juego con eso de exprimir el fruto hasta que chorrea el jugo.
«Thank You» (Page/Plant) 4:50 Balada de amor-amor, con letra íntegramente escrita por Plant. Dedicada a su mujer, destacan los maravillosos teclados de John Paul Jones
«Heartbreaker» (Bonham/Jones/Page/Plant). 4:14 Otro temazo rock. Preferido por el público en los conciertos, se cuenta que es uno de los pocos temas que se incluyó en todas las giras del grupo. Un riff mítico. Un solo de guitarra de exhibición. Una barbaridad, adjetivo que se va a repetir demasiado en este repaso.
«Living Loving Maid (She's Just a Woman)» (Page/Plant). 2:39. De las canciones que más me sonaban de la banda, de antes de iniciar este repaso, cuando escuchaba los CDs de mi hermano en nuestros tiempos de BUP. Una potente e impecable canción rock.
«Ramble On» (Page/Plant). 4:34. Otra magnífica canción de la banda, un suave medio tiempo con acústica y percusión de Bonham. En el estribillo la canción sube en intensidad hasta convertirse en una canción rock. Destaca un espléndido solo de guitarra en el que Page consigue un sonido inclasificable en otra de sus infinitas experimentaciones con el instrumento. La letra de Plant está influida por El señor de los anillos, Tolkien es una de las referencias recurrentes de sus composiciones.
La carátula fue diseñada por David Junipe a partir de una foto de la Primera Guerra Mundial que fue coloreada y la que se añadieron los rostros de la banda y otros miembros de su equipo.
Led Zeppelin III (1970)
Con su tercer disco Led Zeppelin dieron un viraje hacia un sonido más folk y acústico, que sorprendió a sus seguidores y a la crítica. Se ha calificado como “estilo folk-rock californiano” porque es un disco bastante más relajado y tranquilo, concebido durante el retiro de la banda para tomar fuerzas tras la locura de las giras que habían encadenado desde su creación. La cara A es la más rockera y en la B predomina el folk.
En esta ocasión la portada es de estética psicodélica con diferentes elementos (mariposa, avión, dirigible) diseñada por Zatron. Está troquelada, con varios agujeros por donde se pueden ver las imágenes que surgen al mover un elemento giratorio colocado debajo.
«Immigrant Song» (Page/Plant). 2:24. Aunque es un disco calificado como “tranquilo”, la verdad es que comienza a toda tralla. Una de sus canciones más conocidas, una barbaridad interpretativa con un Robert Plant totalmente desmelenado. Todas las bases del hard rock están aquí.
«Friends» (Page/Plant). 3:54. Una de mis canciones preferidas de la banda. Una maravillosa canción acústica, con percusión y un bonito arreglo de orquestación de aires orientales a cargo de Jones. Una canción que no interpretaban en directo hasta que fue rescatada en 1994 por Plant y Page en su disco “No Quarter” acompañados por músicos marroquíes y una orquesta egipcia. Ambos ya la habían grabado en 1972 con la Orquesta Sinfónica de Bombay durante un viaje a India, pero no quedaron satisfechos. Al final de la canción se escucha un sintetizador Moog que conecta con el siguiente corte.
«Since I've Been Loving You» (Page/Plant/Jones). 7:23 Una tremenda pieza de blues rock, género en el que los Zeppelin eran auténticos jefes. Se trata de una canción que iba a salir en el segundo disco de la banda, pero fue sustituida por «Whole Lotta Love». A la poderosa interpretación de Plant se une el fantástico trabajo de Jones con el órgano Hammond, demostrando el enorme teclista que es. Mención aparte la guitarra de Page, parece que el solo de la canción le dio bastantes problemas y, finalmente fue grabado de un tirón usando un ampli viejo. Una canción llena de sentimiento que provoca escalofrío, sin remedio.
«Gallows Pole» (trad. arr. Page/Plant). 5:00. Canción tradicional sobre la historia de un condenado. Empieza muy suave con acústica y voz, va in crescendo y añadiendo instrumentos bajo, banjo, batería, sonando cada vez más rápida. Una verdadera maravilla.
«Tangerine» (Page) 3:11. Comienzo con guitarra acústica y voz puramente folk, luego tienen unos puentes electrificados, y se introducen efectos con la guitarra. Al parecer Page la escribió en su época de The Yardbirds, tras quedarse muy tocado por un desengaño amoroso. Yo encuentro ciertos ecos de la posterior Stairway to heaven.
«That's the Way» (Page/Plant) 5:40. Otra balada, donde intervienen la guitarra acústica, la mandolina y el bajo. No hay batería, sólo una leve percusión con la pandereta. Según cuentan fue escrita en una pequeña casa de campo en Gales tras un largo paseo, es una mirada hacia la naturaleza.
«Bron-Y-Aur Stomp» (Page/Plant/Jones) 4:17. Es el nombre de la pequeña casa de campo en Gales donde se trasladaron Page y Plant para descansar de la agotadora gira de presentación de sus primeros álbumes. En esta casa pasaron algunas vacaciones la familia de Robert Plant. Sin agua ni electricidad, allí compusieron varios temas, «Over the Hills and Far Away», «Friends» o «That's the Way», entre otros, y también les sirvió para conocerse y afianzar su relación. Tiene un precioso inicio de aire country. Las percusiones se realizaron con cucharas y palmas.
Led Zeppelin IV, “el disco de los símbolos” (1971)
Como respuesta a la tibia acogida que tuvo en su momento el III Led Zeppelin publicaron un nuevo disco sin título y sin créditos en el interior. Resultó un éxito meteórico de ventas y de crítica, convirtiéndoles en auténticos dioses musicales. Incluye algunos de los mayores éxitos de la banda y una de mis preferidas, el blues «When the Levee Breaks». Grabado en los estudios de Headley Grange, un antiguo hospicio que sirvió de lugar de inspiración y grabación a numerosas bandas como Bad Company, Fleetwood Mac, Genesis, Peter Frampton, además de los Zeppelin.
En el interior del álbum aparecen cuatro símbolos que se corresponden con cada uno de los miembros de la banda y la representación de El Ermitaño, una de las cartas del tarot que otorga sabiduría, autosuficiencia y prudencia. Cada símbolo tiene su explicación excepto el llamado ZoSo que corresponde a Page, sobre el que hay diversas teorías, aunque ninguna confirmada. Como siempre, Page y sus misterios.
«Black Dog» (Page/Plant/Jones). 4:56. Una de sus canciones indiscutibles. Un monumento del rock, influido por el rock ácido que triunfaba en aquella época. Se dice que se inspiraron para el título en un perro negro que merodeaba los estudios de Headley Grange. Legendario riff de guitarra en otra magistral interpretación de Jimmy Page.
«Rock and Roll» (Page/Plant/Jones/Bonham). 3:41. Otra de sus canciones más recordadas que siempre incluían en los conciertos. Se cuenta que la canción surgió de una improvisación después de horas trabajando en el estudio. Destaco la batería de Bonham omnipotente y omnipresente durante todo el temazo.
«The Battle of Evermore» (Page/Plant). 5:53. Uno de esos acústicos folk que bordaba el grupo. Con inolvidable inicio de mandolina y acompañamiento a la voz de la malograda Sandy Denny de Fairport Convention, en lo que fue la única canción de los Zeppelin con vocalista invitada. Se trata de uno de esos temas de aire medieval inspirados en “El señor de los anillos”, tan del gusto de Plant.
«Stairway to Heaven» (Page/Plant). 8:02. Qué decir de una de las canciones más conocidas de la banda. Figura en todos los rankings posibles, en el de mejor solo de guitarra de la historia, la partitura más vendida o entre las canciones más aclamadas por la crítica de todos los tiempos. Todos los parabienes para un tema que en realidad nunca salió como single. También, cómo no, ha estado envuelta en polémicas, como la acusación de posible plagio o la polémica sobre los supuestos mensajes “satánicos” que se escuchan si se pone el disco “al revés”. Paparruchas aparte, esta enorme canción está repleta de detalles y adornos que aparecen con una escucha atenta. Comienza con la voz de Plant prácticamente desnuda, tan solo acompañada por la acústica y la flauta. La canción va incorporando instrumentos y subiendo en intensidad, ¿se ha dicho alguna vez que como si fuéramos subiendo por una escalera? Alberga el que es tal vez el solo más mítico del gran Jimmy Page; su interpretación en este tema es visceral, emotiva, repleta de figuras y cambios de ritmo, una locura que ha inspirado a millones de amantes de la guitarra en todo el mundo. Impresionante el trabajo de Bonham en la batería, que suena en algunos momentos con una fuerza casi sobrenatural. Por su parte Plant logra una de sus interpretaciones más acertadas, elegante, llena de matices, resolviendo de manera soberbia la intensa subida de la canción tras el solo de Page y, sin apenas respiro, volviendo a la calma en el instante final. Un auténtico clásico de la historia del rock que merece una escucha atenta, aunque nos parezca que lo tenemos muy sabido.
«Misty Mountain Hop» (Page/Plant/Jones). 4:40. Canción rock con un machacón e hipnótico riff que combina la guitarra de Page y los teclados de Jones. Potente batería del gran Bonham, para una canción con letra al parecer inspirada en drogas y de nuevo en Tolkien.
«Going to California» (Page/Plant). 3:32. Una de las joyas de este disco. Una canción folk delicada y preciosa, dicen que dedicada a Joni Mitchell, de quien Page y Plant eran admiradores. La voz de Plant está bellamente acompañada por la guitarra acústica de Page y la mandolina de John Paul Jones. Solía interpretarse en acústico y sin percusión en los conciertos, con los tres sentados en el escenario. Los Zeppelin solían encontrase divididos entre su vida familiar y tranquila en Inglaterra y el desmadre americano. Sin embargo, en esta canción California sugiere paz y sosiego de vertiente hippy “With love in her eyes and flowers in her hair”. Absolutamente maravillosa.
«When the Levee Breaks» (Page/Plant/Jones/Bonham/Memphis Minnie). 7:10. Un blues maravilloso, maravilloso, maravilloso para cerrar el disco. Es una de mis canciones preferidas de Led Zeppelin de todos los tiempos. Mi admirado Matt Johnson de The debe mucho a esta canción a su forma de introducir la armónica en muchas de sus canciones de los 90. Se trata de una versión de una antigua canción de los años 20. El tema fue grabado en diferentes tempos, con efectos en la armónica. La historia habla de cómo se colocaron en diferentes niveles los micros y la batería, consiguiendo un alucinante sonido y una de las más recordadas interpretaciones del gran “Bonzo”.
Houses of the Holy (1973)
Quinto álbum de la banda, primero con título “al uso” y en el que se alejan del blues predominante en discos anteriores para seguir con el hard rock y explorar otros estilos como el funk e incluso el reggae. Durante su escucha sufrí un bajón porque inexplicablemente me costó conectar con el disco. El cambio de registro en relación con sus cuatro primeros trabajos me dejó un poco descolocada. Por suerte, todo se fue colocando.
Mi repaso del disco tuvo lugar durante las vacaciones de Semana Santa y me deparó una sorpresa desagradable. ¿Quién iba a pensar que en pleno siglo XXI iba a tener problemas por reproducir una portada de un disco de inicios de los 70? Pues así me sucedió al compartir el video de mi preferidísima «Over the Hills and Far Away» en Facebook. La red de Zuckerberg me inhabilitó de comentar y publicar durante varios días “por culpa” de una portada que tanta lata dio a la banda. Diseñada por Hipgnosis, en lo que fue su primer trabajo para Led Zeppelin, en ella aparece un extraño paisaje con un niño y una niña desnudos, supongo que ahí es donde los puritanos y malpensados ojos de Facebook vieron un problema. Se realizó en unas formaciones rocosas en Irlanda del Norte y fue una auténtica pesadilla que costó varios días de posados en medio del frío y la lluvia y un arduo trabajo de postproducción. Sus protagonistas, los hermanos Stefan y Samantha Gates, entonces modelos infantiles, resumen perfectamente el signo de estos pazguatos tiempos “hoy en día no sería posible una portada así”. Que me lo digan a mí.
«The Song Remains the Same» (Page/Plant). 5:30. Canción que abre el álbum y se pega a la memoria cosa mala. Originalmente fue un instrumental compuesto por Page y llamado “The Overture”. Plant le añadió una letra sobre las vivencias del grupo en sus viajes y giras. Para el tema Page grabó varias pistas con una guitarra Rickenbacker de doce cuerdas y una Fender Telecaster. Para el directo utilizaba su legendaria Gibson de doble mástil, que ha quedado unida en la memoria de los fans a esta canción y a Stairway to heaven. Dio nombre a la película de la banda que recoge actuaciones en directo, un clásico del cine musical de los 70. “I have a dream / Crazy dream”.
«The Rain Song» (Page/Plant). 7:40. Una de las pocas baladas de amor de la banda. Se dice que la compusieron a raíz de que George Harrison les dijera que no llevaban ninguna en su repertorio. Solían tocarla después de «The Song Remains the Same», en el orden del disco, puesto que en ambas Jimmy Page utiliza la guitarra de doble mástil. Cuenta con una bonita parte instrumental intermedia que recrea una orquesta
«Over the Hills and Far Away» (Page/Plant). 4:53. Una de mis canciones preferidísimas de la banda. Comienza con una maravillosa introducción de guitarra acústica, acompañada después por la voz de Plant y posteriormente toda la banda en un ritmo cada vez más ascendente. Parece que fue compuesta en la cabaña de Bron-Yr-Aur en Gales y tiene referencias de El señor de los anillos.
«The Crunge» (Bonham/Jones/Page/Plant). 3:20. La que Fuera cara B de «D'yer Mak'er» es una jam session de estudio. Se trata de un tema funk, uno de los estilos que exploraron en este disco. Comienza con la batería de Bonham, se incorpora el bajo de Jones, a continuación entra un riff de Page y finalmente comienza a cantar Page, en un registro algo diferente del suyo habitual. Destacan también los teclados. Termina abruptamente con una pregunta: “Where's that confounded bridge?”
«Dancing Days» (Page/Plant). 3:44. Se dice que está inspirada una melodía que Robert y Jimmy habían escuchado durante su visita a Bombay. Salió como sencillo en EEUU y era tocada en directo bastante tiempo antes de publicarse el disco. “I got my flower, I got my power”.
«D'yer Mak'er» (Page/Plant/Jones/Bonham). 4:24 La única canción con aire reggae de Led Zeppelin. No muy apreciada por los críticos ni por algún miembro de la banda, se le achaca que tiene una batería demasiado contundente para el estilo de la canción. A mí es una canción que siempre me ha parecido juguetona. Defender esta canción casi provocó que me mandaran padrinos para un duelo.
«No Quarter» (Page/Plant/Jones). 7:04. Para mí una de las mejores canciones largas de la banda. De emotiva intensidad, la voz de Plant aparece ecualizada hasta casi “retorcerse” y hay un impecable solo de John Paul Jones a los teclados. En los conciertos Jones alargaba la canción, en ocasiones incluyendo fragmentos de música clásica. El título vendría a significar “sin cuartel”, una derrota en la que los vencedores no tienen clemencia y los vencidos no la piden. En 1994 dio nombre al álbum de reunión de Page y Plant.
«The Ocean» (Page/Plant/Jones/Bonham). 4:3. Dedicada al océano de fans que el grupo divisaba desde el escenario en los multitudinarios conciertos. El final de la canción es un rock clásico y desmelenado, un trozo de esos de quedarse a vivir en él. Gran cierre para un disco maravilloso. “It’s so good”.
Physical Graffiti (1975)
Sexto álbum de la banda, publicado en 1975. Es el primero que salió en la discográfica creada por el grupo, Swan Song Records.
Gran variedad de estilos musicales a lo largo del disco, que van desde el hard rock (como «The Rover», una canción que me chifla o «Houses of the Holy»), el rock orquestal con influencias orientales (la impresionante «Kashmir»), rock progresivo («In the Light»), funk («Trampled Under Foot»), rock and roll clásico («Boogie with Stu» y «Black Country Woman»), blues rock («In My Time of Dying»), y un instrumental con guitarra acústica («Bron-Yr-Aur»), entre otros. El disco, el referido de Plant, incluye siete descartes de varios discos anteriores hasta completar un disco doble.
La portada, diseñada por Peter Corriston, es una de las más conocidas de la banda y también de la historia del rock. Aparece una foto de un edificio de ladrillo, simétrico y lleno de ventanas. El diseñador estuvo buscando uno que se ajustara a su idea y finalmente dio con él en Nueva York. Concretamente el 97 de St. Mark's Place, una hermosa construcción que podéis observar cómodamente en Google Maps o en vivo si visitáis la ciudad, ya que se ha convertido en una parada preferida para los amantes del rock. Las ventanas aparecen troqueladas y al introducir la funda interior del disco aparecen las letras que forman el nombre del álbum. La foto delantera se tomó de día y la de la cubierta trasera se realizó por la noche.
«The Rover» (Page/Plant) (5:40). Una canción de rock clásico, sucia y pegadiza, un estilo en el que los Zep se manejaban más que bien. Un himno a la unidad y la amistad que es habitualmente subestimado pero que a mí me rompe la cabeza. Los cantantes heavies le deben mucho a la potente interpretación de Plant de esta canción.
«In My Time of Dying» (Page/Plant/Jones/Bonham). (11:07) De nuevo un blues desmelenado, inspirado en una canción gospel a la que Plant cambió la letra, que trata de una imploración en el momento de la muerte. Poco después de la publicación del disco tuvo lugar el terrible accidente de coche que afectó de gravedad a Plant y su familia en Grecia en agosto de ese año 1975. No puede dejar de dar escalofríos pensarlo. Por lo demás la canción es musicalmente impecable, con algunos de los mejores sonidos de guitarra slide tocados por Jimmy Page. Leo que es una de las pocas canciones en las que Page usó su guitarra Danelectro negra; se le puede ver tocándola en el video del concierto del Earls Court en mayo de 1975. Finaliza con toses y una breve conversación.
«Houses of the Holy» (Page/Plant). (4:05). Compuesta para su anterior disco, del mismo nombre, se descartó entonces porque entendieron que no encajaba con las demás canciones. Una canción rock que nunca fue interpretada en directo.
«Trampled Underfoot» (Page/Plant/Jones). (5:37). Pegadiza canción funk que trata sobre sucumbir al deseo sexual. Convertida en un tema fijo en los directos a partir de 1975, la canción se alargaba y se alargaba en las actuaciones. Destaca el trabajo de Jones en los teclados, con un inicio inspirado en el “Superstition” de Stevie Wonder y la técnica usada por Page en la guitarra.
«Kashmir» (Page/Plant/Bonham). (8:30). Otra de mis canciones “largas” preferidísimas de Led Zeppelin. De aires orientales, es en sí misma un grandioso templo. La versión de Plant y Page en el No Quarter grabada con músicos egipcios y marroquíes es una auténtica joya rebosante de belleza y sensibilidad.
«In the Light» (Page/Plant/Jones). (8:51). Se trata de una canción de rock progresivo, con destacada presencia de los teclados. Parte de una composición de John Paul Jones y está basada en una canción de los primeros años que se llamaba “In the morning”. Destacan en el tramo final de la canción los efectos de guitarra ascendente, ejecutados por Page con su habitual brillantez.
«Down by the Seaside» (Page/Plant). (5:14). Un tema melancólico con “temblorosa” ejecución de la guitarra. El aire bucólico de la canción varía hacia una pieza central más rockera retomando de nuevo la melodía original. Canción extraída de las sesiones del Led Zeppelin III.
«Ten Years Gone» (Page/Plant). (6:56). Una historia inspirada en la primera novia de Robert, de quien estaba muy enamorado pero que le pidió que eligiera entre ella y la música, qué mala idea. Una canción, maravillosa, que iba a ser instrumental. Se dice que el riff, magnifico, está sacado de una de las canciones perdidas de Jimmy llamada «Swang Song», nombre que se daría al sello discográfico de Led Zeppelin. Preciosa.
«The Wanton Song» (Page/Plant). (4:10). La canción trata sobre una relación con una mujer misteriosa que acaba convirtiéndose en una pesadilla. Page creó para la canción uno de sus poderosos riffs de guitarra, con diferentes efectos y ecos.
«Sick Again» (Page/Plant). (4:44). Una canción que tiene que ver con las groupies adolescentes que les perseguían en las giras. Entre el 75 y el 77 la incluían en los directos, con Page tocando la guitarra de doble mástil. One day soon you're gonna reach sixteen. Painted lady in the city of lies” dice la letra. Brillante cierre para un disco enorme.
Presence (1976)
Séptimo álbum de la banda, realizado tras el accidente de tráfico de la familia de Plant en Grecia, que les causó gravísimas lesiones. Se grabó a toda prisa, tan solo en tres semanas, en unos estudios de Munich, con Robert aún en silla de ruedas. Los Rolling Stones tenían en estudio reservado y se encajó a los Zeppelin para que pudieran grabar. Supuso una vuelta a la sencillez, tras los complejos arreglos de los dos discos anteriores. Fue un disco que tuvo buenas ventas, aunque no estuvo muy bien tratado por la crítica. A mí particularmente me encanta y considero que contiene dos de los mejores temas de la banda, «Achilles Last Stand» y «Nobody's Fault But Mine».
La gira por EEUU de este disco supuso el principio del fin de la banda, en un momento en que estaba naciendo el punk y grupos como los Zeppelin eran considerados unos dinosaurios y eran insultados por algunas de las nuevas bandas emergentes. En el libro “El martillo de los dioses” se afirma que “el inicio del fin de su reinado se inicia en 1976. Empezaban a perder su legendaria buena suerte y su poder”. Efectivamente a partir de este momento se sucedieron una serie de sucesos, accidentes, muertes, agravamiento de adicciones, graves peleas y disturbios. La gira de Presence fue sombría y les produjo malas vibraciones desde el inicio. Jimmy, enganchado a la droga “parecía vivir en un mundo de fantasía de heroína y tranquilizantes”, lo que le hacía sentirse indispuesto, llegando incluso a suspender algunas actuaciones. Peleas, palizas en el backstage, denuncia por salvaje agresión, drogas y absoluto descontrol, su carrera se les iba de las manos. Para complicarlo todo aún más, en medio de la gira llegó la terrible noticia de la muerte del pequeño hijo de Plant.
Después de aquello nada volvió a ser lo mismo. El grupo al completo nunca volvió a tocar en América. Surgieron rumores de ruptura y comentarios de muy mal gusto sobre que la afición de Page por el ocultismo había atraído las desgracias al grupo.
En mi escucha de la discografía de Zeppelin este disco ha sido la puerta para retomar el repaso con ganas renovadas tras el bajón que supuso la inhabilitación en Facebook por la portada del Houses of the Holy. Me atasqué con ese disco y no supe prestar la atención que merecía al Physicall Graffitti. Tras disfrutar del Presence regresé a los dos discos anteriores y todo volvió a funcionar.
La portada y el libreto, creadas por Hipgnosis, muestran imágenes de personas interactuando con una especie de obelisco negro. Dentro del libreto, al artefacto se le conoce simplemente como El Objeto. El título, que se encuentra en la carátula frontal del álbum, está en relieve, al igual que el logo de su discográfica Swan Song, que está en la carátula trasera del mismo.
«Achilles Last Stand» (Page/Plant). 10:24. Otra de mis preferidas entre las “canciones largas” de la banda, está considerado por Page como su mejor tema. Supone un “furioso y agitado diario de viaje de Led Zeppelin”, en palabras del biógrafo de la banda. Basada en el mito de Aquiles, supone ese “último esfuerzo de Aquiles en aferrarse a la vida” y está también inspirada en el terrible accidente de coche que sufrieron Robert y su familia. Una canción épica y absolutamente maravillosa, con un trabajo sobresaliente de toda la banda.
«For Your Life» (Page/Plant). 6:25. Un medio tiempo que se dice que habla sobre la cocaína y la muerte. A esas alturas las adicciones ya eran un gran problema para varios miembros de la troupe Zeppelin.
«Nobody's Fault But Mine» (Page/Plant). 6:30. Letra de redención y arrepentimiento sobre una de esos inolvidables trabajos de guitarra de Page. Al inicio, un diálogo entre la voz de Plant y la guitarra de Page. Un gran solo de armónica reforzado por la batería de Bonham. Considerado como un exorcismo”, sin duda es una de mis canciones preferidas de la banda.
«Candy Store Rock» (Page/Plant). 4:12. Un rock con influencias blues, con un sobresaliente trabajo de Page a la guitarra.
«Tea For One» (Page/Plant) 9:27 Blues de intensidad, al estilo los primeros álbumes. Canción triste sobre la soledad y la depresión de la vida en la carretera. La otra cara de una banda de éxito.
The Song Remains the Same (1976)
Álbum publicado en octubre de 1976, recoge la banda sonora de la película del mismo título protagonizada por Led Zeppelin. Se trata de un film muy preferido por los adolescentes de medio mundo que la disfrutaron en sesiones continuas de cines que programaban películas musicales, como el Covadonga en Madrid, del que algún día espero escribir algo.
La grabación del álbum y la película se realizó en los conciertos del 27, 28 y 29 de julio de 1973 en el Madison Square Garden de Nueva York. Tanto el disco como el film fueron remasterizados en 2007. Como precisión, la película incluye «Black Dog» pero descartó «Celebration Day», al contrario de lo que sucede en el álbum. Además, la película también contiene «Since I've Been Loving You», la introducción de «Heartbreaker», y un tema instrumental con zanfona (hurdy gurdy, un maravilloso instrumento medieval aún usado en la actualidad en la música folk) llamado «Autumn Lake».
El disco es una buena muestra de Led Zeppelin en vivo, una apisonadora sonora, sexual, salvaje, con una ejecución violenta por parte de los que fueron amos de la industria musical en aquellos años. Se colocaron por encima del bien y del mal y optaron por no respetar ninguna norma establecida, dinamitando también las reglas económicas gracias a su ladino manager. Canciones alargadísimas, solos kilométricos y furia interpretativa conforman uno de los discos en directo más absolutos de la historia del rock. En el disco escuchamos fastuosos solos de guitarra, la voz de Plant ardiendo como la lava, Bonzo maltratando seriamente la batería, el bajo de Jonesy sosteniendo todo aquel complejo entramado sonoro y, como un quinto integrante, un público absolutamente enloquecido. Aparecen canciones míticas como «Rock and Roll», «Black Dog», «Since I've Been Loving You», «No Quarter», «The Song Remains the Same» (me encanta esta versión), una impresionante «Dazed and Confused», «Stairway to Heaven» o «Whole Lotta Love».
Aunque este repaso es sólo para los discos, el visionado de la película nos permite hacernos una idea muy aproximada de cómo era estar en un concierto de los Zep y comprobar cómo se comía el escenario Jimmy Page, desplegando magnetismo y electricidad. Sin meneos gratuitos ni poses ni gestos, resultando brutalmente sexual pero a la vez lleno de finura y elegancia. Tener semejante estilazo enfundado en aquellos trajes setenteros repletos de bordados, lentejuelas y flecos demuestra lo jefe que era Page en esa época.
In Through the Out Door (1979)
Octavo y último disco de estudio de Led Zeppelin. Se trata de un álbum grabado en Estocolmo en diciembre de 1978, en el que, a causa de numerosos bajones personales, Page abandonó la dirección musical del disco dejando el liderazgo en manos de John Paul Jones, un magnífico músico por otra parte, posiblemente el “tapado” del grupo. Por su parte, las letras de Robert reflejan su montaña rusa emocional. Otro de los problemas a los que se enfrentaron durante la grabación fue el agravamiento del alcoholismo de Bonzo.
Es probablemente su álbum más sofisticado y el más alejado del sonido Zeppelin, grabado en pleno apogeo del punk y la new wave, cuando a Led Zeppelin y a otras bandas de su época se les calificaba de dinosaurios. El espíritu de la grabación fue “frío y aburrido”. Se le ha calificado de disco “comedido, oscuro y ominoso”. Para la portada, obra de Hipgnosis, Page mandó recrear un bar de Nueva Orleans, el “Absenta”, donde se dice que su admirado Aleister Crowley escribió un poema mientras esperaba a una chica, momento que se recrea en una fotografía. Según parece cuando el grupo se encontraba tocando en Nueva Orleans, una ciudad a la que siempre estuvieron muy apegados, solían acudir a ese bar.
Un disco que no fue muy bien considerado en su época, pero que bien merece ser escuchado y disfrutado ya, por fin, sin complejos.
«In the Evening» (Jimmy Page, John Paul Jones, Robert Plant). 6:52. Intensa canción cuyo origen se remonta a un proyecto fallido de Page, la banda sonora de la película “Lucifer Rising” de Kenneth Anger. De inicio inquietante, destacan las guitarras dobladas y la fuerza de la interpretación de Plant con sus gritos de “I’ve got pain”. Combina el sintetizador de Jones con un repetitivo riff de guitarra de Page, quien vuelve a usar en esta canción el arco de cello para crear el efecto de zumbido.
«South Bound Saurez» (Jones, Plant). 4:15. Pieza que comienza con un machacón sonido de piano o pianola. Page no participó en la composición de este tema y se cuenta que en la grabación hay varios errores suyos en la guitarra pero que decidieron dejarlos. Parece que lo de “Saurez” puede ser un error tipográfico, hay diferentes teorías al respecto.
«Carouselambra» (Page, Jones, Plant). 10:35. La última “canción larga” grabada por Led Zeppelin. Un carrusel de teclados, no en vano se trata del disco de Jones. Está dividida en tres secciones, una primera parte dominada por rápidos teclados, una segunda más lenta con guitarra blues y una tercera en la que vuelven los teclados. Esta canción fue la única en la que Page usó en estudio su famosa guitarra de doble mástil. Me resulta una canción complicada pero me gana en cada nueva escucha porque madurar es cogerle el punto a los teclados de Carouselambra, una canción única y completamente diferente a todo lo que hizo Led Zeppelin. Gran trabajo vocal de Plant cuya voz “dialoga” en esta ocasión con los teclados.
«All My Love» (Jones, Plant). 5:54. Una de las canciones más bonitas del disco. Se trata de un homenaje de Robert a su pequeño hijo Karac, fallecido con cinco años por una infección estomacal. La sentida y a la vez contenida interpretación de Plant se realizó en una sola toma. En la canción destaca el solo de sintetizador de Jones. Se dice que Jeff Porcaro de Toto ayudó a Bonham a encontrar el sonido de la batería, ya que Bonzo quería que se balanceara acompañando a la interpretación de Robert. Canción sobre duelo y reencarnación, es una concesión a la esperanza en un tiempo sumamente complicado y deprimente para la banda.
«I'm Gonna Crawl» (Page, Jones, Plant). 5:30. Bonita balada blues, con solo de Page y dulce acompañamiento del sintetizador de Jones. Una de esas canciones que hacen volar para cerrar un disco que merece ser escuchado.
Coda (1982)
Publicado en 1982 se trata del noveno disco de Led Zeppelin. La muerte de John Bonham en septiembre de 1980 provocó la disolución de una banda que ya entonces se encontraba destrozada. Obligados por contrato a sacar un nuevo disco para no traicionar la memoria de su compañero idearon este disco que recoge rarezas y canciones descartadas de otros álbumes. En un tiempo en que mandaban otros estilos, el disco en realidad fue un apaño y supuso un adiós bastante agridulce. Debo reconocer que me lo esperaba peor, me ha gustado, aunque no sea el disco ideal para despedir a una banda de tal calibre. Hicieron lo que pudieron para cerrar su historia en un momento sumamente doloroso y complicado.
La palabra CODA, que significa un pasaje en el que termina una pieza musical, fue elegida como título a modo de epílogo. La portada del disco fue de nuevo obra de Hipgnosis, su quinto trabajo con la banda y según parece la última portada que diseñaron. Las cuatro letras van en tipografía Neón, diseñada por Bernard Allum en 1978.
«We're Gonna Groove» (Bethea, King). 2:38. Iba a ser incluida en Led Zeppelin II. La canción publicada en el disco está compuesta de diferentes retazos, en realidad parte de un concierto grabado en 1970 y con guitarras sobrepuestas.
 «Walter's Walk» (Page, Plant). 4:31 Descarte de las sesiones de Houses of the Holy. Una potente canción rock en la línea de las que solía hacer la banda. Poderosa batería de Bonzo, guitarra pegajosa y gran interpretación de Plant.
«Ozone Baby» (Page, Plant). 3:36. Descarte del último trabajo en estudio, “In Through the Out Door”, un rock muy del estilo Zeppelin que no acabo de entender por qué no se incluyó en el mencionado disco, tal vez porque se alejaba un poco del estilo de los otros temas. A mí particularmente me gusta mucho, con pegadizo estribillo “Oh, it's my love, Oh, it's my own true love” y solo de guitarra marca Jimmy Page, de cierta influencia oriental en los acordes finales.
«Bonzo's Montreux» (Bonham). 4:18. Una exuberante pieza de batería de Bonzo”, grabada en 1976, probablemente incluida como homenaje a su compañero desaparecido.
«Wearing and Tearing» (Page, Plant). 5:32 Grabada en Estocolmo durante las sesiones del álbum In Through the Out Door” de 1978.
**FIN
Lo que empezaba en abril ha llegado a su final. Dos meses después, abrumada por lo escuchado, el balance es magnífico. Mucha música majestuosa, una biografía de lo más entretenida, una tolerancia a los teclados que me tiene alucinada y un relato del que me siento satisfecha. Con esta aventura de alguna manera pretendía repetir lo acontecido durante el repaso por la discografía de Ramones. Sin embargo, no han podido ser más diferentes, este viaje ha ido por donde le ha dado la gana. Me alegro.

'Las acacias del éxodo', de Conchi Moya un libro sobre la memoria y la esperanza de los saharauis


Conchi Moya escribe historias sobre personajes reales, célebres y anónimos
“Quiero que se conozca a los saharauis y denunciar la injusticia cometida con un pueblo digno y valiente”, asegura
*Fuente: RTVE. Por JESÚS JIMÉNEZ (@vinetabocadillo) 13.06.2019 
El pueblo saharaui lleva casi medio siglo pidiendo la autodeterminación, que se le deje vivir en paz en su tierra. Pero sus esperanzas de conseguirla parecen cada vez más lejanas por la ocupación marroquí y la indiferencia internacional. Ahora la escritora Conchi Moya (Madrid, 1971) da voz a personajes famosos y anónimos en una serie de relatos que ha escrito sobre el tema: Las acacias del éxodo (Sílex ediciones), y que nos permiten conocer mejor los sueños y esperanzas de los saharauis.
“Todos los relatos tienen en común que giran en torno a los saharauis –asegura Conchi-. He elegido el tiempo como forma de estructurarlos. Así hay tres partes: el ayer, donde recojo historias de la época en que España estaba todavía en el territorio y del momento del abandono y posterior invasión marroquí; el hoy, con relatos inspirados en el periodo actual de impasse, una situación de ni paz ni guerra muy peligrosa para los saharauis, y una tercera parte situada en el mañana, donde reflejo el anhelo de lo que espero que pronto suceda en el Sáhara a través de un relato relacionado con los músicos saharauis de todos los tiempos”.
“Las acacias del éxodo –continúa la escritora- es un libro de relatos sobre la memoria y la esperanza que ha sido definido como “no neutral”, que “no deja indiferente” o como “un puñetazo en la mandíbula de la política internacional española”. A nivel literario se ha destacado la dulzura con la que Las acacias del éxodo describe situaciones muy duras y la capacidad de extraer material literario y llegar al corazón del lector a partir de historias cotidianas y detalles en apariencia insignificantes".
“Con estos relatos –añade- pretendo que se conozca a los saharauis, que se sepa quiénes son los causantes de la situación tan terrible que están viviendo y denunciar la injusticia cometida con un pueblo digno y valiente que está defendiendo su derecho a existir como lo que son, saharauis”.
“Mi aspiración con el libro es en especial llegar a lectores que no saben nada sobre el pueblo saharaui, que estas historias les interesen y que, tras leerlos, se queden” –añade la autora-.
Viaje al centro de la noche - Viajamos para nada (1) - 25/05/19
     
                                         Viajamos para nada (1)
Un libro inspirado por la represión de 2010
La escritora madrileña nos cuenta cómo nació el libro: “Mi escritura de temática saharaui tiene mucho que ver con mi día a día, con el seguimiento a la actualidad diaria de lo que sucede en el Sahara Occidental, con lo que percibo en charlas con amigos saharauis, lo que recojo del contacto con activistas de derechos humanos, con refugiados saharauis en la diáspora, con mi familia. Las duras circunstancias que viven los saharauis han hecho que sean protagonistas de experiencias vitales que merecen ser contadas. De la intención de dar a conocer a través de la literatura esas historias que atesoran los saharauis nace Las acacias del éxodo.
“En 2010 –continúa- comencé a escribir algunos relatos inspirados en lo sucedido en el campamento saharaui de Gdeim Izik, un levantamiento pacífico de la población saharaui en territorio ocupado que fue brutalmente desmantelado por el ocupante marroquí. Aquellos días vertiginosos me impresionaron hondamente y necesitaba plasmar todo lo que se vivió entonces”.
“Hace un par de años –añade Conchi- decidí juntar varios de aquellos relatos y otros nuevos que habían ido surgiendo y a partir de ese momento sí pensé que podía haber un libro. Tuve la suerte de que le interesara a Ramiro Domínguez de Sílex Ediciones y gracias a ellos he podido verlo publicado en una editorial de gran solvencia y larga trayectoria”.
Basados en hechos y personajes reales
Aunque son relatos, todos están inspirados en personas y acontecimientos reales, como nos comenta Conchi: “Todos los relatos están basados de alguna forma en hechos y personajes reales. A partir de una historia, de una anécdota, de una conversación, de una vivencia personal o de un detalle que me conmueve, escribo el relato”.
“En otros casos –añade-, he buscado escribir sobre un hecho en el que yo personalmente estaba interesada. Es el caso de la mítica foto de la combatiente saharaui con un bebé en brazos realizada por la foto reportera Christine Spengler o la visita de Felipe González a los campamentos de refugiados saharauis en noviembre de 1976. En ambos casos he entrevistado a algunos de sus protagonistas y he ficcionado los hechos para convertirlos en literatura”.
“El lector debe tener en cuenta que no es un libro de historia, mi aproximación a los hechos reales que narro es literaria” -asegura Conchi-.
“La mujer sigue en la vanguardia de la lucha saharaui”
Las mujeres saharauis tienen gran protagonismo en estas historias y también en el pueblo saharaui. ”La mujer saharaui ha sido un pilar en su sociedad desde tiempos inmemoriales –asegura Conchi Moya-. Durante los años del éxodo y la guerra su papel fue fundamental. Ellas pusieron en pie los campamentos mientras los hombres estaban en la guerra, fueron albañiles, sanitarias, educadoras, organizaron el estado saharaui en el exilio”.
“Hoy en día siguen en vanguardia de la lucha saharaui –continúa-, como se puede ver en los territorios ocupados donde las mujeres encabezan las manifestaciones y donde hay reputadas activistas de derechos humanos que sufren persecución, torturas y cárcel. Todo ello se refleja en mis relatos, muchos de ellos protagonizados por mujeres. Lo que no quita que las mujeres saharauis continúen luchando hoy en día por tener un papel más decisivo e igualitario en su sociedad”.
El paisaje humano y natural
El paisaje humano tiende a confundirse con el natural la sociedad saharaui. “La naturaleza del desierto, inclemente y extrema, moldea e interviene en el carácter de sus habitantes –nos cuenta Conchi-. Los saharauis son un pueblo curtido, digno y paciente. Dice un proverbio saharaui que “a quien aguanta le llega la sombra”. Desde la causa nos animamos unos a otros para continuar el camino con una palabra “seguimos”, hay que endurecerse para que la situación desfavorable no pueda contigo. En esa forma de ser tiene mucho que ver la dureza del paisaje que rodea a los saharauis”.
“Ese paisaje del que les han desposeído injustamente, esa tierra añorada, ha sido cantada desde siempre por los poetas saharauis –añade-. Es cierto que en cada saharaui habita un poeta, bien por componer versos o bien por memorizarlos y saber reproducirlos en la ocasión más adecuada. La tierra es la principal inspiradora de la poesía saharaui; como dice Ebnu, uno de los poetas saharauis en español, la poesía saharaui es un atlas geográfico que evoca montes, ríos, colinas, dunas o valles. La poesía es sin duda uno de los grandes patrimonios que tienen los saharauis”.
La cultura y la música saharauis
Y es que una de las cosas que Conchi ha querido destacar en el libro es la cultura saharaui, destacando la música. “La cultura –nos comenta- es uno de los frentes que han elegido los saharauis para denunciar ante el mundo su situación. Cine, literatura, arte y por supuesto música. Desde el inicio de la revolución saharaui, cuando luchaban para conseguir su independencia de España, el Frente Polisario se sirvió de la música para agitar la conciencia del pueblo y difundir eslóganes. Los poetas componían letras revolucionarias que luego eran cantadas por las primeras voces que surgieron en la música saharaui”.
“Con la invasión mauritano marroquí se crearon grupos musicales como Mártir Luali, que llevaron la causa a muchos países a través de la música –continúa-. Eso es lo que he querido recordar y homenajear en el relato que cierra el libro “Canciones para una revolución”, en el que además hago un juego con el tiempo para invocar ese “anhelo que ya no espera más”, como dice el poema de Chejdan Mahmud”.
“La música saharaui –concluye- ha vivido momentos de enorme esplendor con Mariem Hassan, la gran voz saharaui que lamentablemente nos dejó demasiado pronto. Como ella decía, los simpatizantes de las causas vienen y van pero la cultura, la música, la literatura, la poesía generan “fans” para siempre porque un fan no te va a abandonar nunca. Esas palabras las recordaba el sobrino de Mariem en la presentación de Las acacias del éxodo en Madrid”.
"No dejes que ensille tu rahla (montura) quién no viaje contigo"
En la portada del libro puede leerse una frase que ha inspirado a la autora en este viaje literario: ‘No dejes que ensille tu rahla (montura) quién no viaje contigo’. “La frase es un proverbio saharaui y la ha recordado el escritor e investigador Bahia Awah en la contraportada del libro –asegura Conchi-. Es una frase muy poderosa como todo lo que viene del saber popular. El significado está claro, sólo entiendo el acompañamiento a una causa, en este caso la saharaui, como un viaje diario, un esfuerzo diario al que debemos comprometernos de manera directa”.
“Este libro es una forma más de acompañar a los saharauis en este largo viaje hacia la libertad, que para ellos dura ya más de cuarenta años. Yo llevo diecinueve acompañándoles y espero que llegue a su buen fin lo más pronto posible” –concluye-.
“La esperanza se mantiene intacta”
Como comentábamos, el libro también se preocupa por el futuro de los saharauis, tras un conflicto tan largo y que no parece tener una solución a corto plazo. “El problema saharaui es político pero se ha dejado en manos de la ONU, una organización que se ha mostrado incapaz para resolverlo –asegura Conchi-, empezando porque Francia, principal valedor del ocupante marroquí, ejerce toda su influencia para que las cosas no se resuelvan”.
“España, que aún es potencia administradora del territorio, se ha desentendido de sus obligaciones con los saharauis y se ha entregado a Marruecos por intereses personales, los atávicos miedos al incómodo vecino del Sur y por la falta de visión de los dirigentes españoles”.
“Sin embargo, hay vida más allá de los mediocres políticos de la vieja Europa –asegura Conchi-. La causa sigue viva, continúa ganando adeptos, la República Saharaui avanza con fuerza en el continente africano donde es activo miembro fundador de la Unidad Africana y las relaciones con los gobiernos latinoamericanos son fluidas gracias entre otras cosas al idioma español que tienen en común”.
“La situación actual es de impasse, desde el alto al fuego de 1991 se vive una situación de “no paz, no guerra”, que sólo beneficia al ocupante -añade la escritora-. Marruecos deja pasar el tiempo, mientras continúa esquilmando los recursos naturales saharauis y el Sahara ocupado se llena de colonos marroquíes. Por eso digo en el libro que “nada es tan violento como esta paz de hoy”. El pueblo saharaui sigue dividido y disperso, pasando por muchas penalidades en los campamentos de refugiados y sufriendo una terrible represión en los territorios ocupados”.
“Sin embargo, la esperanza se mantiene intacta, los saharauis luchan por lo que es suyo, su causa es completamente legal y justa y se acabará imponiendo” –concluye Conchi-.
“Varias generaciones de saharauis no conocen su tierra”
Uno de los problemas a los que se enfrentan los saharauis es que muchos jóvenes ni siquiera conocen su tierra natal. “A causa de estos más de cuarenta años de ocupación ya han nacido varias generaciones fuera del territorio que no conocen su tierra –asegura Conchi-. Unos viven bajo una durísima ocupación, otros como refugiados en los campamentos y otros en la diáspora, a veces con sus familias y otras con familias de acogida. Hay un gran problema no sólo de olvidarse de la causa sino directamente de olvidarse de su cultura, de desarraigarse”.
“Es un tema realmente preocupante –continúa-. Pero lo cierto es que tarde o temprano los jóvenes que están fuera de la causa la acaban asumiendo como suya. Poco a poco las nuevas generaciones van ocupando puestos de responsabilidad en las instituciones saharauis, toman posiciones en el activismo saharaui en territorios ocupados o trabajan por su causa desde el activismo cultural, informativo o solidario”.
En cuanto a sus proyectos, Conchi Moya asegura que: “De momento mi idea es seguir escribiendo a mi ritmo, sobre los temas que me interesan, principalmente el Sahara y la música. En la actualidad estoy centrada en la escritura de relatos cortos de narrativa rock, tengo una novela acabada y estoy empezando otra. La radio, que es otra de mis pasiones, la tengo aparcada, aunque ahora estoy muy contenta por una colaboración con el podcast literario A qué huelen los libros de Valeria Surcis, donde puedo combinar esas dos pasiones”.