“Dulceagrio” de Stephanie Danler. Irresistible historia de cocina, mentoría, desilusión en Nueva York


Nueva York y cocina. Dos temas para mí irresistibles en esta novela de aprendizaje y desilusión, “Dulceagrio”, escrita por Stephanie Danler, quien también ha trabajado en el mundo de la restauración al igual que su protagonista. Sobre lo que pueda haber de autobiográfico en el libro ella se lo quita de en medio de manera expeditiva, es una pregunta “sexista” que no se suele hacer a los hombres. La autora se remite a Safo para explicar por qué no “agridulce”, es, dice Danler, “dulceagrio, porque es así como funciona el amor”.
Recuerdo haber leído con gusto en mi juventud algunos libros sobre placer y comida, es el caso de “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel o “Afrodita” de Isabel Allende. Las sensaciones que despierta comer un tomate de verdad o unas uvas con queso, algo de lo que disfrutaban con total naturalidad nuestros abuelos, ha saltado a la alta cocina y es coto de unos cuantos privilegiados por culpa de la industrialización de los alimentos, que mató su esencia, su “terroir”. “Ahora nada sabe a nada”, “Las cosas sencillas, bien ejecutadas, siempre son las más memorables”.
Hay dos actitudes frente al comer, el “sólo es comida” o “la cocina es una iglesia”. En esta novela se entiende la buena comida como una experiencia mística y sensual. Así, uno de los aspectos de la novela que han llamado la atención es la voluptuosa descripción de la primera vez que la protagonista prueba una ostra, regada con cerveza negra. La autora explica que no quiso tomar ese camino haciendo reiteradas descripciones de platos por miedo a caer en el #Foodporn, ese fenómeno que triunfa en las redes por el que la comida es presentada de forma tan seductora que parece un sustito del sexo.
“Dulceagrio” es una novela de iniciación que narra la historia de Tess, una joven que llega a Nueva York para encontrar su lugar en el mundo. Otro tema irresistible para mí. Buscando trabajo recala en un prestigioso restaurante y cree al fin haber encontrado un sitio al que pertenecer. Sin embargo, llegará la desilusión, ese grupo con el que comparte tantas horas del día no es una familia. El restaurante no puede ser un “país de las maravillas” porque es trabajo y porque sus compañeros la superan en edad y experiencia. Tess no se moverá entre iguales y eso le pasará factura.
El escenario aparente es Nueva York, una ciudad “terrorífica, bárbara y sin aliento”, implacable con quienes la habitan, “Es ridículo vivir aquí”, pero altamente adictiva, “Nunca podré irme”. Quienes la viven son “criaturas salvajes, sonámbulas”, que se mueven “sin prisa hacia nuestra propia desaparición al amanecer”. Pasar por Nueva York cambia la vida para siempre, “Mi vida anterior a la ciudad sólo había sido una reproducción”. Sin embargo, el verdadero escenario de la novela es un famoso restaurante, donde acuden expresidentes y alcaldes, actores, escritores, editores o financieros. El extenuante trabajo apenas permite sus empleados disfrutar de la ciudad; así quedan al margen de la vida “normal” de los miembros del club de “los-de-nueve-a-cinco”, de ahí su avidez de diversión cuando los otros se van a dormir.
El complejo engranaje del restaurante se mantiene gracias a una jerarquización casi militar de la plantilla. Pero además el trabajo, pensado por como temporal aunque muchas veces se convierte en definitivo, tiene algo de ritual, “es una ceremonia que denota afinidades”. Los empleados deben poseer un plus, “el cincuenta y uno por ciento”. Para trabajar en el restaurante hay que ser optimista, curioso, preciso, compasivo, pero sobre todo saber desenvolverse entre la gente rica, con estilo y poderosa; no es sencillo, los camareros deben estar preparados para charlar con los clientes sobre moda, arte, museos, viajes, cine, y por supuesto comida y vino, deportes y el tiempo: “Eras un compendio de información disponible que la gente aprovechaba mientras bebía y huía de su vida diaria”. Su objetivo es hacer “que los invitados (clientes) sientan que estamos de su parte”. La gente va al restaurante “sólo para tener la impresión de que la cuidaban”, pero hay que mantenerse a una cierta distancia, “Los clientes habituales no son amigos, son invitados”.
Contada en primera persona como una aparente historia de desamor, variante chica que se enamora de un tipo malo, Jake, y quiere salvarle: “Amaba su fantasma. Porque yo veía un héroe hermoso, atormentado. Rescate y redención. Nunca lo vi a él”. Es de esperar que reciba a cambio un buen palo: “Cometí un pecado de amor: confundir la belleza y una bonita canción con el conocimiento”. Sin embargo, se trata en realidad de una historia de desilusión, del peligro de la confianza ciega, de equivocarse al entregar el corazón a amigos largamente deseados: “Los había elegido a ellos dos. Ellos eran el terreno difícil”. Tess cae en el tremendo, y tal vez inevitable, error de la idealización,“Es un juego peligroso. Las historias que nos contamos a nosotros mismos”.
Más allá de la historia de amor, “Dulceagrio” una historia de mentoría e iniciación. Ahí entra en acción Simone, una experimentada camarera, amiga (y mucho más) de Jake. Culta, brillante, enigmática, afectada, dionisiaca, al tiempo “desordenada y precisa”, Tess la considerará su mentora y formará con ella el tercer vértice de ese triángulo de amor y hermandad que la joven protagonista se empeña, erróneamente, en crear. “No sabía lo mucho que los había echado de menos y cómo los había esperado”.
Como novela de iniciación, aparecen numerosas reflexiones sobre la juventud de la mano de Simone, no mucho mayor que Tess, pero sí con una mentalidad y actitud adusta e implacable. Simone mira con suficiencia a las mujeres de las nuevas generaciones, las que se refieren a sí mismas como “chicas” en lugar de como “mujeres”, les reprocha su ligereza, “Se les ha enseñado a expresarse en jerga, con clichés, con sarcasmo... y todo eso es lenguaje débil. La superficialidad del lenguaje influye en las experiencias; en vez de asimilarse se vuelven desechables”. A Tess le recriminan su juventud, “Los jóvenes habláis como si todo fuera cuestión de vida o muerte”; “Aún eres demasiado joven para creer que cada experiencia te mejora a largo plazo, pero eso no es cierto. ¿Cómo supones que se supera el daño?”. Tess, veinteañera, es la mascota, cree que la subestiman, que siempre están dándole lecciones, “Tú contienes multitudes. Hay una aglomeración de experiencias traspasándote. Y quieres vivir cada experiencia sabiendo lo que es en todo momento”, pero ella se defiende: “Tenéis pánico a la gente joven. Os recordamos las pérdidas que habéis sufrido al volveros más cínicos, indiferentes, desencantados. (...) No tengo que hacer nada que no quiera hacer”.
Jake, el elegido por Tess para enamorarse, es un “tipo malo”, poeta, músico y carpintero, bebedor y bisexual, “Era un animal que siempre tenía hambre”, consumidor de ciertas drogas, ha vivido en diferentes países y está preparando una tesis sobre Kierkegaard, “parte de su trabajo consistía en que lo miraran”. Un auténtico “Don Perfecto”, como lo define Tess, “Su perfección de libro da miedo. Cuando te miraba era la única persona que te entendía, te sorbía y te tragaba. Podía apagarse como una bombilla y yo me quedaba a oscuras, esperando”. Deslumbrante, Jake es de esos que siempre se está escapando: “Todos los animales bellos saben cuando los persiguen”.
Afirma la editorial que la novela “subvierte el arco narrativo habitual de los cuentos de hadas”. Así, en el restaurante crean un “mundo tal como debería ser. No debemos prestar atención a cómo es en realidad”. Ofrecen una representación del mundo a través de la comida, “Controlamos cómo experimentan el mundo: vista, oído, olfato, gusto y tacto”. Es una experiencia que va más allá de simplemente comer. Juegan a crear una ilusión a partir del paladar, porque “dirigir un restaurante es como organizar un escenario”. Cuando termina el trabajo y recogen cae el telón y cada uno se transforma en otras personas.
Novela muy bien escrita, moderna, brillante, entretenida. En absoluto ligera, “Dulceagrio” guarda entre sus páginas mucho más de lo que se puede pensar al comenzar a leerla. Llena de frases para subrayar y guardar, que no voy a reproducir en esta reseña porque se convertiría en eterna.
Dulceagrio de Stephanie Danler. Editorial: MALPASO, 2017. ISBN: 978-84-16665-64-8. Páginas: 368.


Irvine Welsh, optimismo para el fin de una época. El autor de “Trainspotting” en La Noche de los Libros


Entre los fans de la saga Trainspotting, de los que formo parte, soy de los que primero han leído la trilogía de Irvine Welsh (Trainspotting, Porno y Skagboys) y luego han visto las dos películas; sí no vi Trainspotting hasta el verano de 2015. Habiendo disfrutado las novelas, descubrí a Irvine Welsh a través de una espléndida entrevista que le hizo Kiko Amat para Jotdown en agosto de 2014 en la que hablaba sobre su infancia y juventud, su origen obrero, su dualidad entre la droga y la juerga y el arte, el fin de la juventud o el éxito.
Por eso, y por el tirón mitómano que siempre me arrastra, cambiamos de plan para La Noche de los Libros en cuanto me enteré de que el escritor escocés estaría departiendo en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol, donde hace un par de años también pude ver a otro de mis escritores favoritos, Hanif Kureishi. En esta ocasión Irvine Welsh charló con el escritor y periodista Manuel Jabois, como plato final de una apetitosa noche que había abierto Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2017 y continuado el italiano Alessandro Baricco.
Manuel Jabois comenzó su entrevista con Welsh afirmando que Margaret Thatcher fue la causa principal del consumo de droga en el Reino Unido. Así transcurrió una entrevista en la que el autor escocés dejó importantes reflexiones.
MANUEL JABOIS: ¿Cómo se encontrarían sus personajes ahora?
IRVINE WELSH: Estamos viviendo el final de algo, con la concentración del dinero en manos de unos pocos, con inseguridad y sin saber qué va a pasar. Trump, Le Pen o los del Brexit no son las personas que deberíamos escuchar, creen que a base de eslóganes tienen las respuestas a los complicados problemas a los que nos enfrentamos. Hemos llegado a un punto en el que debemos elegir entre esclavitud o libertad. ¿Queremos vivir bajo el mando de esta gente autoritaria? Se mantienen gracias a la propaganda. Hay que diseñar estructuras más abiertas y cooperativas.
M.J. “Elige”, como en Trainspotting. Pero son los votantes los que eligen estos gobiernos. Los gobiernos son consecuencia de una sociedad.
I.W. Parece que ahora iríamos a la cámara de gas bailando, como en un reality show. El ser humano escucha al que le da respuestas fáciles. Es un momento en el que se está rompiendo el capitalismo, la industrialización, el género, ¿cómo sobreviviremos como especie?, ¿salvaremos el mundo? La ciencia ficción de repente empieza a formar parte de nuestra realidad contemporánea. El sistema financiero se derrumba, nos enfrentamos al cambio climático, todo esto forma parte ahora de nuestra existencia cotidiana.
M.J. ¿Cómo fue la gestación de Trainspotting?
I.W. Cuando tomaba muchas drogas, también heroína, no era capaz de concentrarme en nada. Sólo escribía unos diarios con dibujos, lo hacía de manera compulsiva. Así conseguí desintoxicarme. En los diarios había observaciones divertidas pero no podía publicarlos tal cual. Para escribir hay que tener un gran ego, pensar que a alguien le va a interesar leerte, y a la vez sientes tu pequeñez, es contradictorio, una forma de observarse a uno mismo desde fuera.
M.J. ¿Le creó problemas en su círculo íntimo?
I.W. Yo estaba aterrado, mi madre me dijo que por qué tenía que lavar los trapos sucios en público. Luego con el éxito se alegró y ahora está de acuerdo con todo, incluso lee mis libros. Finalmente mis amigos y mi familia me apoyaron en este proceso, extraño para ellos.
M.J. ¿Qué le ha parecido T2: Trainspotting?
I.W. Nos ha llevado mucho tiempo hacerla. Hace diez años empezamos pero se pospuso, y hace tres años volvimos a ello. Alquilamos una casa en Edimburgo para sacar el guion. Creo que lo hemos conseguido. Porque antes eran aventuras de chavales pero ahora los actores también habían envejecido, lo que da a la película mayor complejidad, es más que una continuación. Estamos encantados con el resultado y liberados. La gente estaba muy pendiente del resultado, sobre todo en Edimburgo.
M.J. ¿Cómo se tomó Edimburgo el éxito del libro y la película?
I.W. En Edimburgo la gente de a pie es maravillosa. Otra cosa son los que se creen responsables de la imagen de la ciudad, no quería que habláramos de cosas negativas.
M.J. ¿Qué dirían los camellos?
I.W. Algunas veces me los llevo a las lecturas y gritan alguna anécdota que me avergüenza. Tanta gente ha pasado por estas situaciones, algunos han muerto, otros no han cambiado, se sienten todavía conectados con ese mundo.
M.J. En “La vida sexual de las gemelas siamesas” insiste en el tema de la obsesión y la adicción, en este caso la exhibición de la vida privada.
I.W. Quería hablar sobre la cultura de las “noticias de última hora” en América, donde se fabrican héroes y villanos a cada momento, todo el tiempo hay necesidad de vender historias.
M.J. ¿Cómo lleva su imagen pública de escritor conocido?, ¿se ha fabricado un personaje usted también?
I.W. Sí, es lo más difícil para los escritores. La escritura me liberó, por fin encontré algo que se me daba bien. Quieres más, quieres escribir todo el día. Pero pasar todo el tiempo encerrado con alguien que no existe no es bueno. Yo no sólo escribo, voy a presentaciones, hablo en los medios, eso es difícil y nadie que te prepare para ello. Pienso en que todo esto se puede derrumbar. Cuando los libros van bien, me relajo.
M.J. ¿Ha temido el bloqueo creativo tras un éxito?
I.W. No he tenido nunca problemas. Cuando estoy con un libro me olvido del anterior. Me obsesiono con lo estoy escribiendo. Me encanta la página en blanco, pasar página y empezar algo nuevo. Tengo múltiples ideas para nuevas obras. No busco ideas sino tiempo para escribir.
M.J. ¿No ha tenido la tentación de “entrar” en alguno de sus libros?
I.W. Nunca me he querido mostrar como personaje de ficción. La ficción es más interesante que la vida real. El escritor de ficción debe buscar lo dramático, lo improbable, crear personajes reales pero desde una construcción. ¿Para qué meterse en eso? No debes ponerte en el camino de la ficción.
M.J. Sin embargo la ficción sí se mete en la realidad. Cuando en Skagboys se menciona que con sus vidas se podría hacer una película o en T2 la posibilidad de publicar una novela con los diarios de Spud.
I.W. Sí, se trata de divertirse, de jugar con los personajes, hacer cosas inesperadas.
M.J. ¿Con qué personaje suyo conviviría?
I.W. Creo que con ninguna, está bien escapar de ellos, ya paso demasiado tiempo con mis personajes.
M.J. Parece ser que afirmó que a quien más se parece es a Sick Boy.
I.W. Espero que estuviera tergiversado. No recuerdo haber dicho esas palabras. Renton es el personaje principal, cuando llegó el nuevo milenio Sick Boy era el protagonista por manipulador. Ahora parece que el protagonista es Begbie. Spud es el que no sabe lo que pasa, pero quiere averiguarlo.
M.J. ¿Se necesitan muchas traiciones para ser feliz?
I.W. No arruinaría a mis amigos, porque me matarían, pero ¿de qué va la vida? Recibimos tanto de los amigos, pero luego es sofocante y volvemos hacia nosotros mismos. La vida es acercarte a la gente y luego alejarte y rechazarla para encontrar tu individualidad. Eso se repite en la vida, el equilibrio entre lo que somos y la necesidad de amistad y comunidad.
M.J. Y volvemos a Margaret Thatcher. La juventud de la indiferencia, del extremismo, causantes de que haya vuelto el fantasma de Thatcher. Esa falta de lucha es la causa de lo que sucede.
I.W. La droga ha sustituido al trabajo. Ya no vamos a fábricas ni a la oficina. Sólo queda la calle y la droga para estar en la calle. Son sociedades de transición. Como en el feudalismo cuando se migraba a la ciudad. Ahora el capitalismo ha pasado al conceptualismo, no generamos bienes físicos sino información, las drogas son una epidemia. Con el capitalismo nos desvinculamos de la tierra y ahora la vida está automatizada. Las drogas son un indicador de esta transición. No hay un proletariado industrial sino una ciudadanía global, fuera de las élites corporativas. Es una época confusa pero emocionante. Las élites tienen un poder absoluto en el Reino Unido. Ponen la propaganda del partido conservador en la BBC en tu propia cara. Ahora se han convocado nuevas elecciones y hay veinte diputados imputados por fraude electoral. Las élites en realidad están jugando la última partida. Ellos tienen el control y el dinero, con partidos políticos y una ciudadanía que lo acepta todo. Pero están perdiendo el poder sobre los ciudadanos, porque no pueden pagar los salarios. Entonces queda cogerles los bienes. La clase media se ha desgastado, han sido succionados pero eso no puede permanecer. Después de quitarle todo a la gente, ¿qué haces después? Si no hay salarios haremos lo que nos dé la gana, crearemos una economía compartida, esto ya está empezando. No hay precedentes de esto. Esto explica la rabia de la clase política y empresarial.
Tras estas preguntas se dio la palabra al público. Se escucharon interesantes cuestiones dirigidas al escritor, sobre cómo no llegar a ser un monstruo consumista tras convertirse en un autor de éxito. O su visión del Leith actual, que él encuentra cambiado a mejor, “más acogedor y multicultural, ahora es un lugar de moda, en parte gracias a Trainspotting”. Welsh se muestra optimista, aunque no sabe por qué. Nos recomendó más música, relajarnos y bailar, “aún queda esperanza en la humanidad, que se adapta a todo”. Y sobre si siente que él es el menos conocido de todo el fenómeno Trainspotting, Welsh respondió que un escritor no debe ser una celebrity, “ese rol es para los actores”. El escritor “debe estar en lo oscuro”. Según sus palabras “cuanto más exitoso es algo, más se aleja de tus manos; como escritor entregas algo al mundo, no debes comisariarlo”.
“Mi vida no era como yo quería por eso me metí en la escritura y me liberó”, “Ahora me invitan a fiestas en jardines pijos. Me gustaba más cuando me insultaban”, Irvine Welsh demostró sus tablas y simpatía durante la entrevista y durante la posterior y eterna firma de libros. Poder estar a un paso del escritor nos permitió apreciar lo alto que es y su amabilidad con sus lectores, aunque mientras firmaba sus pequeños ojos azules miraban a lo lejos, supongo que estimando lo que le quedaba aún por firmar.




Presentación de “Estabulario” de Sergi Puertas en Madrid. Tecnología y misantropía para “consumidores insatisfechos del mundo”


Una de mis sorpresas de la temporada es “Estabulario” de Sergi Puertas, editado por Impedimenta. Un libro magnífico que recomiendo sin dudarlo, a pesar de que no tiene nada que ver con lo que suelo leer. Sin embargo está tan bien escrito que me ha enganchado irremediablemente. El autor y el escritor Javier Azpeitia desvelaban muchas de las claves de este libro de relatos en la presentación del miércoles 5 de abril en la conocida librería Rafael Alberti de Madrid. Puede sorprendernos que este libro esté en un catálogo como el de Impedimenta. Pero en realidad no debe resultar extraño, se trata en definitiva de un libro muy bien escrito y llamado a convertirse en un futuro en un clásico de su género.
La presentación de "Estabulario" comenzó con unas palabras a cargo de la Editorial Impedimenta calificando el libro de “incómodo y distinto”, lo que es “un valor en los tiempos que corren”.
A continuación tomó la palabra el escritor Javier Azpeitia, quien se declaró “otro de los seducidos por el libro”. Explicó que le sedujo desde el título, que “suena a lugar pequeño y asfixiante” y es un "anzuelo que llama la atención para leerlo". Entiende el libro como una “cosmogonía”, ya que detrás “está la visión del mundo del propio autor”. Al mundo “venimos a estar, como en el estabulario, lugar reducido donde comer y reposar hasta que vuelvan a cargar al animal con algo”, afirmó.
“Estabulario” es un libro de distopías y relatos extensos, que deben leerse de manera reposada, para “sentarse y meterse dentro”. El autor explicó que el primer cuento que escribió fue “Obesidad Mórbida Modular”, quedó satisfecho y decidió continuar por ahí, completando el libro con relatos de similar extensión y estilo. Confesó que son de una extensión complicada, si no sale adelante el libro de relatos es difícil meterlos en antologías o concursos, donde se inclinan por relatos más cortos. Declaró sus preferencias como lector de nouvelles y relatos largos.
Como buen narrador, el autor “nos arroja de cabeza a un mundo que no conocemos, cada vez que entramos en un relato hay que ir desbrozando qué hay en su interior, caemos al relato en paracaídas”. Todos los cuentos comienzan de manera extraña e ininteligible, pero poco a poco se va conectando con nuestro mundo, “se presenta un mundo futuro que en realidad habla del presente, son cosas que ya estamos viviendo en la actualidad”. Conecta con libros fantásticos y de exploración del mundo, haciendo “un recorrido por espacios lejanos que en realidad son nuestro espacio”. Formalmente es un libro “muy nuevo y a la vez muy antiguo”. Según Azpeitia es “una novela gráfica aunque no tenga ilustraciones, pinta los ambientes con prosa”. Sobre este aspecto de su forma de escribir Sergi explicó que no es “amante de las descripciones, para eso están los medios audiovisuales". Como escritor entiende que "el aspecto más poderoso que tiene la literatura es que cada cual se imagine como quiera las cosas”. “Son historias del futuro pero también del presente y del pasado”, concluyó Azpeitia.
Tras esta completa disección de “Estabulario”, se inició una charla entre Javier Azpeitia y el autor, Sergi Puertas.
Javier Azpeitia: ¿Cómo se te ocurrió el título?
Sergi Puertas: Topé con él a través de un amigo científico que lleva un estabulario. Es un término perfecto para un libro: el autor coge a los personajes, los somete a situaciones de estrés y los pone al límite. Además el título tiene fuerza.
J.A. Umbral utilizó la palabra como adjetivo. Es un título magnífico, el mundo que crean los científicos cuando experimentan con animales define cada uno de los cuentos.
S. P. Es un libro de gente atrapada, en un cuerpo, en un traje, en una casa, en una situación. No hay posibilidad de libre albedrío, los personajes hacen lo que pueden.
J.A. En el libro se refleja la misantropía, es un texto contra la humanidad, aunque hay personajes tratados con cierto cariño.
S. P. Hay compasión pero efectivamente hay misantropía. Como especie se nos está dando regular. Intento que mis personajes sean humanos, los trato con compasión. Me echan en cara que mis personajes sean negativos y que no se pueda empatizar con ellos. No estoy de acuerdo. Hollywood y Disney han hecho mucho daño con la redención y el final feliz.
J.A. Pero tú los colocas en situaciones muy estresantes. Son triviales y tontos, unos pobrecillos atrapados por una sociedad que los mantiene en el establo, con trabajos rarísimos y refugiados en aparatos tecnológicos que enredan aún más su situación.
S. P. Sí, ese impulso incluso lo veo en mí mismo. Me siento sobrepasado por muchas cosas, y en ocasiones mi reacción es ir a Facebook. Hay una especie de compulsión hacia las redes. Cuantas más veces se hace una cosa hay más posibilidades de que la repitamos.
J.A. Este no es un libro de escritor nuevo, todos los cuentos se notan que están muy trabajados. Es un libro novedoso pero a la vez se trata de narraciones tradicionales. Cada cuento tiene una voz y un tono perfectamente identificables. Se relaciona con el cómic y a la vez con los clásicos, como El Satiricón de Petronio. Son discursos coherentes, en los relatos hay diferentes voces, relatos en primera persona, en tercera, epistolares. El libro es para lectores que son consumidores insatisfechos del mundo.
S. P. Los protagonistas son personas infelices, gentecilla y gentuza, los pringaos y los que están al frente. Entre medias no hay nada. Como escritor me da cosa cuando un autor saca un primer libro que me gusta y luego se agarra una y otra vez a la misma fórmula. Así que cuando abordé el libro quise ofrecer diferentes voces. Me interesa la voz del mal, de las personas que tienen en su cabeza una realidad distorsionada y la primera persona funciona muy bien. Veo esa voz más interesante que la de un narrador sensato y juicioso.
J.A. ¿Qué estás escribiendo ahora?
S.P. Estoy con una novela breve y barajo la posibilidad de hacer algún otro libro de relatos.
Desde la mesa nos invitaron al público a hacer preguntas. Me animé a preguntar a Sergi sobre cómo ve el panorama literario para un autor que sin ser novel ha conseguido por fin publicar en una editorial tan prestigiosa como Impedimenta. Hay que matizar que este autor tiene publicados varios libros de poemas, narrativa y es guionista de un cómic, “Logout”. Sergi calificó el panorama literario español de “catástrofe”. Recordó que en 2005 publicó la novela “Subnormal” en El Cobre, una editorial ya desaparecida que llegó a tener un buen catálogo. Pero los escritores no podemos vivir de la literatura. “Estoy muy agradecido a Impedimenta por el trato, me siento en las mejores manos”. Entiendo a Sergi y me identifico totalmente con su respuesta: “Se escribe porque se disfruta y es un impulso compulsivo pero las expectativas son bajas”.
Pilar Adón le preguntó en qué género se encuentra más cómodo como autor. Sergi explicó que ha ido por etapas. Hubo una época en la que sobre todo escribía poesía. Después se decantó por la novela y ahora prefiere experimentar con el cuento. “Desde hace unos quince años ya no escribo poesía, ya no tengo mucho que decir, a pesar de que entonces la vivía con gran intensidad”.
Tecnología y misantropía para “consumidores insatisfechos del mundo”. Escucharemos hablar mucho y bien sobre “Estabulario”. 



“Del color de la leche” de Nell Leyshon. Un libro hermoso, brutal y necesario


(Foto de la red) Las lecturas del Gabinete que coordina Jesús Casals en La Central resultan habitualmente un acierto; accedemos a literatura de alta calidad que supone un auténtico disfrute. Uno de los libros que más huella me ha dejado en estos dos años de participación en el Gabinete es sin duda “Del color de la leche” de la dramaturga y novelista Nell Leyshon. Editado por Sexto Piso, el libro recibió en 2014 la mención a la Mejor Novela según los libreros de Madrid. No hay más que leer este libro, crudo y auténtico, para darse cuenta de que se trata de un premio más que merecido, independientemente de rankings y honores.
Dominación de los hombres sobre las mujeres, de los amos sobre los criados, de los padres sobre los hijos, del fuerte sobre el débil. Oscurantismo, pobreza, violencia, abuso, brutalidad. Dolor latente en un libro ambientado en la rígida y estratificada Inglaterra de mediados del siglo XIX, cuya protagonista es una joven campesina. “Woman is the nigger of the world”, cantaba John Lennon. Nacer mujer, en según qué geografía, época, clase social o circunstancia, fue y sigue siendo un terrible drama. En muchos lugares del mundo ser mujer sigue siendo inevitablemente sinónimo de sufrimiento. Hay diferentes formas de contar, la literatura es un camino especialmente eficaz para la denuncia, para dar a conocer situaciones injustas y desiguales. Si además se cuenta tan bien como lo ha hecho Nell Leyshon en “Del color de la leche”, se logrará una eficaz concienciación sobre lo que se está denunciando. Creemos en el enorme poder de la palabra.
El libro celebra la lectura y la escritura como formas individuales de resistencia. Cuenta la vida de una joven campesina con una discapacidad física y extrañamente blanca, “del color de la leche”, lo que la hace diferente, y como suele pasar con los diferentes no precisamente para bien. Narrado en una sencilla y potente primera persona por Mary la protagonista, que nos hace partícipes en varias ocasiones de que es un libro que está escribiendo ella de su puño y letra “éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano”. Para reproducirlo la autora no usa mayúsculas en el inicio de frase y crea una potente narración lineal. Así la historia reproduce la oralidad, Mary nos contará a través de su incipiente escritura su breve e intensa historia vital, en una narración llena de la humanidad y aplastante sentido común de esa muchacha “del color de la leche”: “Me preocupo por muy pocas cosas. Si no puedo hacer nada, entonces no me preocupo. Si puedo hacer algo, entonces lo arreglo y ya no tengo que seguir preocupándome más”.
“Del color de la leche” refleja de manera conmovedora, sin sentimentalismo, la vida extrema de los campesinos, que no pueden aspirar a más que a trabajar como bestias para sobrevivir. No hay placeres, no hay diversiones, no hay escape. La felicidad es un lujo inalcanzable e innecesario para ellos: “La felicidad nunca le ha hecho ningún bien a nadie”, afirma en un momento del libro la madre. Mary dejará la granja familiar para servir en la casa de un reverendo, cuya esposa está gravemente enferma. El personaje de la señora de la casa, débil y dependiente, es el reflejo de aquellas mujeres que se han quedado vacías al haberse dedicado tan solo a ser madres: “Lo dejas todo para cuidarlos y para protegerlos y después se van. Es como si te consumieran para conseguir su propia vida”. Era el destino que esperaba a las mujeres “afortunadas” que no tenían que trabajar fuera de casa.
Cuando se ha librado de las primeras cadenas familiares, Mary cae en otras garras mucho más terribles, conoce la maldad de aquellos que parecen sabios y justos: “La gente nunca ve lo malo cuando lo tienen tan cerca”, afirma. Nadie quiere complicaciones, nadie quiere implicarse por los demás: “La gente no quiere oír la verdad”. La protagonista se niega a ser sometida y responde a su manera a la dominación en un final demoledor, que es imposible que deje indiferente a nadie.
Del color de la leche es en definitiva un libro hermoso, brutal y muy necesario.

Tino Casal y el arte de un ser excesivo



Mi colaboración en el número 78 de Discos y otras pastas
“Me miran de arriba abajo. A la gente le da envidia cómo me visto”. Tino Casal.
Para nosotros, niños en los años 80, Tino Casal (José Celestino Casal Álvarez. Asturias, 1950 - Madrid, 1991) se convirtió en un personaje habitual de Aplauso, Tocata y Rockopop, programas musicales de aquellas décadas que a mí me fascinaban. Artistas como Tino Casal colorearon la antigua tele franquista de años pasados y cambiaron por chupas rosas los trajes gris marengo de los tecnócratas del régimen. Sólo por enseñarnos que la vida podía tunearse merece la pena Tino Casal, todo lo demás es un plus.
“El arte por exceso” es el nombre de la exposición compuesta por 200 piezas que le ha dedicado el Museo del Traje en Madrid. El visitante es recibido por el enorme cuadro de Costus “Caudillo”, en el que aparece Tino vestido de cuero y con melena llameante al viento ante el Valle de los Caídos.  Dentro esperan ropa, cuadros, esculturas, complementos, zapatos y objetos personales del cantante. Porque Tino Casal fue mucho más que música. Convertido en una especie de Bowie patrio, creó con tesón su propio personaje. Pintor, escultor, decorador, productor, diseñador de moda, estilista, escenógrafo.
Comenzó su carrera musical a la temprana edad de trece años, pasando por varias bandas en la década de los sesenta como Los Zafiros Negros o Los Archiduques, donde practicaba un pop muy de la época con pinceladas folk. A mediados de los setenta se marchó a Londres, donde reafirmó su poderosa estética. De vuelta a España consiguió un contrato discográfico y se dedicó a tiempo completo al espectáculo. Sólo pudieron retirarle del escenario un problema de necrosis en una pierna, que le obligó a una larga convalecencia, y el accidente de coche por el que perdió la vida hace veinticinco años.
Entre sus éxitos se encuentran “Champú de Huevo”, “Embrujada”, “Bailar hasta morir”, “Pánico en el edén” (sintonía de la Vuelta ciclista a España en aquellos años en que la música techno y el grupo Azul y Negro acompañaban a los ciclistas mientras pedaleaban) o “Eloíse”, la majestuosa versión de la canción de Barry y Paul Ryan, que también interpretaron The Damned.
Tino traspasaba sus estilismos a los músicos que le acompañaban en las actuaciones televisivas y en los conciertos, siempre rodeado de unas escenografías barrocas y delirantes muy en su línea. Zapatos, pendientes, broches, brocados y encajes, pieles, “cebrerío y serpenterío”, chaquetas de hombreras imposibles, ropa arquitectónica, chupas de cuero pintadas a spray, pantalones estampados. Cuidaba al milímetro el peinado, el tinte y el maquillaje. Acumulación, superposición y exceso, Tino elevó el glam a la enésima potencia.
Colaboró con los más pintones de aquella época. Fue modelo de las pinturas de Costus, le fotografiaron Pablo Pérez-Mínguez, Juan Nebot, Álvaro Villarrubia o Miguel Trillo. Pintó al alimón con MacNamara y colaboró con importantes modistos como Francis Montesinos y Antonio Alvarado.
Tenaz, excesivo, audaz, inquieto, precoz, teatral, dandy, fetichista, elegante, una suerte de Diógenes para acumular objetos barrocos, estos titulares aparecidos en la prensa española dan cuenta de su dimensión: “Cada día estoy menos loco”, “No me gustaría ser una petarda de mayor”, “He visto la muerte de cerca y tenía mi cara”, “Soy bastante mejor de lo que esperaba”. 



27 de marzo. Vinos y aniversarios



16 años de pan y celebración.
Todos los días son 27 de marzo.

“La primavera saharaui. Escritores saharauis por Gdeim Izik”, un libro para que llama del Campamento de la Dignidad no se apague


Mi participación en el blog de El Pais "¿Y dónde queda el Sahara?". “La primavera saharaui. Escritores saharauis por Gdeim Izik” es un libro de resistencia, nacido para dar a conocer los sucesos ocurridos en este campamento que reunió a miles de familias saharauis entre octubre y noviembre de 2010, a unos 16 kilómetros al sureste de El Aaiún ocupado, capital del Sahara Occidental.
Durante los dos meses que duró la acampada, cerca de 15.000 jaimas se instalaron en el lugar para apoyar las reivindicaciones del pueblo saharaui contra la ocupación marroquí. Sin embargo, entre el 8 y 9 de noviembre, las fuerzas marroquíes intervinieron en el lugar reprimiendo a quienes se manifestaban, con bombas incendiarias, utilización de chorros de agua ardiendo a gran presión y practicando numerosas detenciones.
Se trata de un conjunto de poemas y relatos, más una cronología, que nacieron de la rabia y la impotencia ante la respuesta violenta de la fuerza policial marroquí frente a saharauis desarmados y que pacíficamente protestaban por sus derechos. Una marea de jaimas que supuso para muchos analistas la chispa de las revueltas que se sucedieron en otros países árabes.
Precisamente en estos días se celebra un nuevo juicio contra los activistas saharauis del llamado Grupo de Gdeim Izik,  24 presos saharauis que llevan varios años encarcelados tras ser detenidos por su participación en el campamento. Organizaciones internacionales, abogados y observadores independientes han denunciado que los presos han sufrido todo tipo de torturas, abusos y malos tratos. Fueron juzgados por primera vez por un tribunal militar (a pesar de ser civiles) en febrero de 2013. De allí salieron sentencias de entre 20 años y cadena perpetua, según los casos.
La motivación que llevó al grupo de escritores saharauis es que la llama de Gdeim Izik, que aparece en la portada del libro, no se apague. “La primavera saharaui” es un libro de todos, un libro jaima construido gracias a una tuiza[1] en la que colaboramos todos los que hicimos posible el libro y todos los lectores, amigos, colectivos y asociaciones que lo han comprado y han realizado presentaciones y diferentes actividades con él.
Hemos preguntado a los escritores saharauis qué pretendían reflejar con su participación en el libro y qué importancia tiene según ellos Gdeim Izik en la historia de la lucha del pueblo saharaui. Estas son algunas de sus respuestas.
Ali Salem Iselmu
En el poema que publiqué en el libro, he intentado reflejar la situación dramática que se vivió en el campamento, durante todo el tiempo que estuvo sometido por el ejército marroquí, hasta el asalto final. Eso demuestra que desde que bombardearon Um Draiga hasta la fecha de hoy, han actuado siempre con mucha impunidad y crueldad hacia el pueblo saharaui.
El campamento de Gdeim Izik es la continuidad de la lucha de los saharauis de generación en generación. Podemos hablar de la sublevación de Zemla, del éxodo, la guerra, el levantamiento del 2005. Es la lucha mediante la protesta pacífica que Marruecos convierte en violencia, porque sólo desde una situación caótica puede frenar la resistencia. Esa es la lección de Gdeim Izik: activistas de derechos humanos, juzgados por un tribunal militar.
Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu
Yo colaboré con tres poemas, el primero se titula “Silencio infernal” y la intención era reflejar, en sus dos estrofas, primero los dramáticos y duros momentos que vivieron los protagonistas de la gesta de Gdeim Izik y luego la indiferencia y el silencio del mundo ante los sufrimientos y la desesperación de miles de niños, mujeres y hombres que solo aspiraban a ser libres. El segundo poema se titula “La otra mejilla” y es un poema breve donde un padre reflexiona sobre la situación saharaui y le aconseja a su hijo tomar las armas porque es la única salida que el enemigo nos deja, es un mensaje de un combatiente veterano a las nuevas generaciones ¿Hasta cuándo seguiremos esperando? Tantas resoluciones, dictámenes, planes no han conseguido la libertad de los saharauis y todo parece indicar que el enemigo ha cerrado el camino a todas las opciones que conducen a la paz. Y el tercer poema se titula “Aaiún” donde intento hacer un juego de sonidos entre el nombre de la capital saharaui y las palabras “Hay un” y como anáfora emerge el dolor de la ciudad sitiada, vejada y torturada por el régimen marroquí, no solamente durante los días de Gdeim Izik, sino desde que fue invadida y ocupada hasta nuestros días. Sin embargo también desde el dolor se fortalece el deseo de la libertad y retoña la esperanza de un mañana mejor.
Gdeim Izik fue una llama que iluminó más allá de las fronteras saharauis y a la vez fue un grito de auxilio que las potencias, como habían hecho a lo largo de los últimos cuarenta años, optaron por no oír.  Para mí fue una gesta, un hecho que quedará grabado en la historia de la lucha del pueblo saharaui porque significó un despertar, una sacudida para la conciencia nacional. Fue como decir ¡Arriba, levantaros, éste es el camino y hay que seguir! La reacción desmedida y salvaje del ocupante marroquí fue la mejor demostración de la importancia de Gdeim Izik para la lucha del pueblo saharaui; el enemigo arrasó con el campamento de la dignidad porque tenía miedo, porque lo que demostraron aquellos saharauis con unidad, convicción, firmeza, decisión y resistencia, al régimen marroquí le causó pánico y la respuesta fue borrar el campamento de la faz de la tierra. Acabaron con el campamento pero no acabaron con la dignidad, el miedo ya no lograrán superarlo, hoy les da miedo hasta una tienda de campaña en la playa.
Larosi Haidar
Toda una avalancha de sentimientos y emociones que se le vienen a uno encima cuando es informado de una barbarie como la de Gdeim Izik. Esos sudores y escalofríos que nos inundan y nos hacen vibrar de indignación e impotencia ante el calvario vivido por nuestros hermanos y hermanas; ante el sinvivir cotidiano suministrado cruelmente por las fuerzas de ocupación; ante la fría indiferencia de muchos de fuera y, especialmente dolorosa, la ovejuna cobardía institucional del Estado español.
Además de ser considerado por Noam Chomsky el detonante de la Primavera Árabe, su relevancia radica en ser, en esencia, una repetición histórica de las masacres perpetradas por el ocupante a lo largo de siete lustros de salvaje ocupación. No me puedo quitar de la mente aquella triste imagen, hace ya décadas, de miles de saharauis desperdigados por el desierto en busca de cobijo, de seguridad, al verse invadidos y convertidos en pueblo errante que vaga de valle en valle, de campamento en campamento. Las masacres cometidas entonces (Tichla, Um Draiga, etc.), hechas realidad gracias a los aviones franceses y al efectivo fósforo blanco, serían recordadas treinta y cinco años después en el espíritu de la manifestación pacífica de Gdeim Izik. En este sentido, Gdeim Izik supone un punto de inflexión, una llamada de atención al Reino de Marruecos y a la Comunidad Internacional para que sepan que, en el Sáhara Occidental, existe un pueblo dispuesto a luchar por su libertad y su dignidad hasta el último suspiro; hasta la última gota de sangre, el último aliento… En dos palabras, Gdeim Izik es un enorme y altisonante ¡BASTA YA!
Mohamidi Fakal-la
En primer término el propósito era hacer llegar la lucha pacífica de los saharauis, que viven bajo tensión y represión permanente de las autoridades de ocupación marroquí. Por una parte, y por otra, es sensibilizar a la opinión pública internacional sobre lo que acontece en aquellos territorios, desconocidos y olvidados por políticos y medios de comunicación.
En realidad, Gdeim Izik representa para el pueblo saharaui en su totalidad un jalón de suma importancia en su larga lucha por la independencia. Por tanto, Gdeim Izik es un plebiscito popular y una tribuna abierta, donde los saharauis han demostrado al mundo la cohesión en torno a los objetivos de autodeterminación y el rechazo categórico a la ley de fuerza con que Marruecos ocupó en detrimento de la legalidad internacional el Sahara Occidental en 1975.
Limam Boicha
Escribir el poema: “A qué esperamos hermanos” fue como lanzar un grito de rabia, de dolor, por todo el sufrimiento que han padecido (y sigue padeciendo) nuestra gente en las zonas ocupadas. Al mismo tiempo el poema es un grito de resistencia, de llamada a la lucha y a la esperanza. En cuanto al artículo que escribí en aquellos primeros días del levantamiento popular saharaui, hablo también de lucha y esperanza y explico que en la historia moderna han habido varios acontecimientos que en sus inicios parecían meros sucesos anecdóticos, pero en meses o años posteriores, se ha comprobado que habían sido el detonante de dinámicas imparables que desembocaron en la independencia de países como Estados Unidos, la India, Pakistán, Finlandia, entre otros.  
Gdeim Izik ha sido una acción audaz e inteligente llevada a cabo por una parte del pueblo saharaui que vive bajo la ocupación marroquí, para reivindicar sus derechos y su dignidad. Gdeim Izik no solo se recordará como un momento histórico, sino como algo trascendental que abrió definitivamente el camino hacia la autodeterminación y la independencia, gracias a la resistencia pacífica y activa de todo un pueblo. Hay muchos Gdeim Izik. Gdeim Izik sigue y seguirá.       
Zahra Hasnaui
El POLISARIO nació oficialmente en el año 1973. Dos años después, ante la visita de Naciones Unidas a la ciudad de El Aaiun, hubo una manifestación multitudinaria que mostró claramente el sentir del pueblo saharaui. Había despertado para ejercer su derecho a la libertad tras un siglo de colonización. La manifestación se produjo en una explanada de camino al aeropuerto, toro de Osborne presente, y se extendió por todo el recorrido de la visita onusiana. No pensé volver a presenciar una que incluso la superara, ahora ante otra colonización, la marroquí. El pueblo salió a reivindicar su legítimo derecho a la autodeterminación. La represión fue brutal, asesinato de niño incluido. Se nos atropellaban las palabras… “La Primavera Saharaui” fue un intento de canalizar los sentimientos de forma racional y un grito por las voces que se intentaban acallar en Gdeim Izik.
Bachir Ahmed Aomar
Los poemas eran de solidaridad con los participantes en el campamento en un momento tan crítico. Gdeim Izik creo que es un momento histórico en la lucha del pueblo saharaui. Una demostración de fuerza hacia la ocupación. Es el mensaje directo a Marruecos de que el pueblo saharaui está unido y que no hay marcha atrás en cuanto a su lucha. Prueba de ello es la fuerza de los presos de Gdeim Izik y el apoyo de todos.
Salka Embarek
Visité la zona de Gdeim Izik unos meses después del terrible desmantelamiento, y al recorrer ese espacio sentí un profundo amor por la causa que defendemos. Mi pretensión al escribir mis humildes textos no fue otra que la de intentar transmitir, de la mejor forma que sé, ese amor a quien quiera que los leyera.
Gdeim Izik marcó un antes y un después en la larga lucha del pueblo saharaui. A pesar de los más de 30 años de ocupación marroquí, el pueblo saharaui demostró a su opresor y al mundo entero que seguirá luchando por la independencia, y que el sufrimiento que padece la población en las zonas ocupadas tendrá respuesta en cualquier momento porque la voluntad del pueblo no se puede contener ni erradicar.
Bahia Mahmud Awah
El proverbio saharaui reza “Aquel que no haya acudido el día de su esquile y cura no es un bienhechor”. Gdeim Izik era un grito y clamor a los saharauis por sublevarse contra la opresión, la humillación y el sometimiento extranjero marroquí y de lucha por la libertad. En respuesta a esa gesta pretendí aportar mi granito de arena acompañando a una heroica acción nacional contra el dominio colonial y de ocupación. Cada saharaui y cada saharauiya, ese día, lo ha desempeñado a su manera, desde formar parte de la propia protesta pacífica, hasta dar la vida acribillado por las balas del ejército marroquí y su aparato represor. Desde mi exilio, me volqué con mis versos como respuesta de apoyo a nuestros hermanos y en especial a los miles de mujeres y hombres que protagonizaron la sublevación anti ocupación marroquí y pagaron sus consecuencias con la cárcel, la muerte, la condena perpetua de los tribunales militares y la persecución.
En la lucha de los pueblos por su libertad, la historia nos ha enseñado que hay momentos en los que el sometido está entre dos opciones: romper las cadenas del miedo y luchar hasta la victoria o resignarse ante el poder del opresor y morir devorado en sus cloacas. Gdeim Izik para mí fue el grito de Zemla de 1970 contra el colonialismo para librarse del yugo colonial español, como lo fue el grito de Baire de 1895 en Cuba. Gdeim Izik fue el grito contra la ocupación marroquí en el Sahara Occidental y un ansiado clamor por la libertad, que no esperaba más.  
Conchi Moya, antóloga de “La primavera saharaui”


[1] Palabra en hasania que denomina un trabajo solidario y colectivo, en referencia al acto de reunirse, participar, construir algo entre todos. Por ejemplo las mujeres saharauis se reúnen en una tuiza para construir sus jaimas.

“Estabulario” de Sergi Puertas. Un plato desagradable y adictivo, servido por Impedimenta


Debo confesar que según me adentraba en la lectura de “Estabulario” no dejaba de pensar qué hacía yo leyendo un libro como el que acaba de publicar Sergi Puertas en Impedimenta. Tenía muchas ganas de leer esta colección de relatos del autor, a pesar de que no es el tipo de libro que suelo leer, ni la clase de libro que me gustaría escribir. La ciencia ficción y el gore no son lo mío. Me incomoda la distopía que muestra “Estabulario”, colección de seis relatos largos que presenta una “sociedad hipotética (absolutamente) indeseable”. Y sin embargo no podía parar de leer. Sergi Puertas me estaba liando, embuchándome con su magnífica escritura enormes cucharadas de un plato tan desagradable para mi paladar lector, como adictivo.
Ha apostado Impedimenta por un libro y un autor muy diferente de lo que nos tiene acostumbrados. Identifico a esta esforzada editorial con escritores preferentemente europeos del siglo pasado, con obras exquisitas y refinadas. Así que este libro, un puñetazo en la nariz, me ha dejado fuera de juego. O no tanto porque Impedimenta en realidad lo advierte en su web “Diez años (diez años ya) buscando grandes obras literarias con las que sorprender a nuestros lectores”.
Numerosas sorpresas ofrece Estabulario, con relatos que empiezan descolocando al lector con la equívoca información que escupe la historia. Poco a poco se irá desentrañando la trama a medida que avanzamos en la lectura. Pero “Estabulario” es lo contrario a un libro fácil, el lector debe poner de su parte y, entre sorpresas y desconcierto, no ser capaz en ocasiones de encajar todas las piezas.
Un camarero de un mastodóntico restaurante chino no puede deshacerse del uniforme de carne adherido a su ADN que lo convierte en un obeso buda; españolas secuestradas por islamistas que ejercen de esclavas sexuales y cocineras, cuya liberación depende de las instrucciones que se dictan por televisión; una Andalucía independiente, mezcla de dictadura islámica y Corea del Norte a la que se trasladan los componentes de un delirante reality televisivo; las macabras instrucciones de lo que empieza pareciendo una operación de pelotazo inmobiliario y acaba como el rosario de la aurora (el relato que más me ha gustado); unos seres extraterrenales cuyos cantos producen dolor y apocalipsis (relato de magnífica estructura). Narraciones desesperadas con unos pobres diablos como protagonistas (cualquiera podemos serlo), pesimistas irredentos atrapados en situaciones límite, y siempre la tecnología como una complicada pesadilla que inevitablemente trae terribles problemas. En el libro se reflejan algunas de las obsesiones del autor, la despersonalización del individuo, la esclavización del trabajador, la dictadura de las grandes empresas, el mal uso de la tecnología, personajes desconcertados inmersos en situaciones muy locas e imposibles de controlar.
Sergi Puertas, autor de mi quinta, nacido en 1971, es un “culo inquieto”, novelista, músico, poeta, guionista de cómic, fue redactor jefe de la revista El Víbora hasta su desaparición en enero de 2005. Ha escrito en numerosas publicaciones como la ya desaparecida El butano popular.
Infección, sangre, vísceras, adicciones, terror, enfermedad, armas, amenaza nuclear, seres extraterrenales, locura, suciedad, apocalipsis, la telerrealidad como un infierno tangible, guerra, trabajo alienante. Violencia. Situaciones locas y personajes desesperados, que se enredan en este “Estabulario”, una sorpresa de Impedimenta. 

Desde la emoción y la memoria. Presentación de “Mariem Hassan. La voz indómita”


Sabíamos que iba a ser una presentación emotiva pero no pensábamos que iba a hacernos reflexionar y recordar tanto. Desde que Mariem Hassan se marchó en agosto de 2015 se han sucedido recordatorios y lamentos en todo el mundo pero era hora de plasmar el enorme legado que la legendaria cantante ha dejado en la historia del pueblo saharaui y la música de raíz. Porque Mariem ya es patrimonio de todos, no sólo de su gente.
Los acontecimientos más relevantes en la vida suelen producirse por casualidad. Zazie Schubert-Wurr y Manuel Domínguez de Nubenegra han vivido dieciocho intensos años al lado de una figura colosal, como fue la cantante de Smara, y al lado del pueblo saharaui ejerciendo el activismo cultural y musical a favor de una causa justa que cumple ya cuatro décadas. Tantas vivencias no podían caer en saco roto y ambos han encontrado una vía de escape a sus incontables recuerdos con la publicación de un libro. “Mariem Hassan. La voz indómita”, el resultado de varios meses de ingente trabajo, por fin ha visto la luz y el sábado 18 de marzo un grupo de seguidores de la cantante nos reuníamos en la nueva sede de la librería Sin Tarima para celebrar a Mariem y la historia vital y musical de una mujer que no se ha amedrentado , no se ha rendido bajo ningún concepto, que ha cantado a la justicia con empeño y afán, y que ha convertido la tristeza en arte y en sonrisa, la de quien sabe que tiene la razón.
Manuel Domínguez nos avisaba al inicio de la presentación: “Quiero pediros que uséis los ojos para mirar el libro pero lo sintáis con el corazón. Es un libro con las emociones a flor de piel, con licencia para llorar”. Y hubo lágrimas y por mi parte muchos recuerdos, porque la música de Mariem me ha acompañado todos estos años de militancia en la causa, ha sido mi banda sonora; su música forma parte de mis primeros pasos, cuando viajé a los campamentos en abril de 2000 con motivo del ‘II Festival Sahara en el corazón’ en el que ella participaba. “Mariem Hassan. La voz indómita” es un libro escrito a dos manos y dos corazones, los de Zazie y Manuel “jefes” y finalmente familia de esta indomable mujer nacida en 1958 en Smara. Está narrado en primera persona y de forma cronológica, desde que en 1997 Manuel avisara a Zazie de que se iban a los campamentos saharauis a participar en un festival de música. “¿Y quiénes son los saharauis?”, fue la reacción de Zazie; no imaginaba entonces el giro que iban a dar sus vidas. El libro se acompaña de un CD con canciones inéditas, colaboraciones de la cantante saharaui con otros artistas, alguna en directo, y de un DVD en el que se recogen entre otras piezas una grabación con Mariem y su familia en Mheiriz, realizada hacia 2014 por el director Javier Corcuera. En un momento de la grabación, Mariem, tan lúcida como siempre, afirma: “El mensaje artístico da a conocer la situación de este pueblo que nadie conoce”.
Durante la presentación se habló de diferentes aspectos artísticos de la carrera de Mariem, como la colaboración con poetas saharauis de la talla de Zaim Alal o Beibuh, sus dificultades para encontrar un guitarrista saharaui tras el fallecimiento de su amigo Baba Salama, o la impresión que dejaba Mariem en todos los músicos que la conocieron, como los integrantes de Yemen Blues, Ravid Kahalani y Shanir Blumenkranz, quienes viajaron desde Tel Aviv y Nueva York para grabar una única sesión con la cantante saharaui. “Son muestras de la universalidad de Mariem como saharaui y como músico”. O su paso por el WOMAD, su exitosa gira en Australia y Nueva Zelanda en 2010 y sus incontables éxitos en las listas de música étnica.
Manuel siguió recordando los momentos vividos con Mariem, los 18 años juntos que se recogen en el libro. En enero de 1998 viajaron a los campamentos a grabar lo que sería la mítica caja “Saharauis”, compuesta por tres discos, un trabajo del que se desentendió finalmente la entonces AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional). Fueron un equipo de cuatro personas a grabar a los campamentos en unas condiciones bastante complicadas un trabajo en el que se recogen temas de la propia Mariem, además de Nayim Alal, Mahfud Aliyen, Hadhum Abeid, Mohamed Salek o Aziza Brahim entre otros. Unos meses después la caja se ponía a la venta, se celebraba el I Festival Sahara en el corazón, numerosos músicos saharauis realizaban conciertos en Europa y Manuel y Zazie comenzaban lo que sería una apasionante historia de conocimiento de la música y cultura saharaui de la mano de Mariem. “Aún la estoy descubriendo, tras casi veinte años de trabajo y amistad aún estoy en ese proceso”. La idea de escribir el libro partió de ella, empeñada en traducirlo además de al inglés, al alemán, “los alemanes deben saber quién es Mariem Hassan”. Zazie destacó que quiere un trabajo muy bien hecho, el pueblo saharaui “un pueblo vivo, alegre y activo”, lo merece.
A pesar de la intención de celebrarla con esa sonrisa que siempre estaba presente en el rostro de Mariem, hubo momentos amargos cuando se recordó cómo se apagó la artista, fue en agosto de 2015, Manuel y Zazie explican que no quisieron estar presentes en aquellos últimos días, para dejar a la familia con su intimidad, “aunque ellos son maravillosos y se vuelcan con nosotros cuando vamos”. En la presentación se encontraban algunos miembros de la familia, como su hija Agaila, quien agradeció el homenaje y las muestras de cariño hacia su madre y destacó “la suerte de tenerla en discos y en libros” a pesar de no acostumbrarse a su ausencia. Sidi Mohamed Talebbuia, sobrino de Mariem, recordó a su tía como “una mujer hiperactiva y alegre, siempre con una sonrisa”. Su madre y Mariem más que hermanas “eran uña y carne, las dos han sido nuestras madres”. Sidi Mohamed se refirió a la naturalidad con la que la artistas se tomaba la vida y la muerte, “una característica de todas las mujeres de su generación, que pasaron tanto”, perdieron en la guerra hermanos (Mariem perdió a tres), padres, tíos, hijos o esposos. “Vivir o morir no tiene tanta importancia; lo importante es el legado, no dejar mal recuerdo ni tristeza, la vida continúa”, afirmó.
Jira Bulahi, representante del gobierno saharaui para España y amiga personal de Mariem Hassan, agradeció este trabajo porque Mariem “es patrimonio de los saharauis; su voz, su mensaje, su paz, su causa, su arte, es una representante de las mujeres saharauis, que a pesar de todo lo que han pasado se mantienen en pie”. Una afectada Jira, “somos humanos y nos puede la emoción”, destacó que la vivencia de Mariem es la de todo el pueblo saharaui, “era el soporte de su familia y un símbolo para todos los saharauis, transmisora de tantos sentimientos”. La representante saharaui hizo referencia a una frase de Mariem “que Marruecos se lleve todo lo que ha dejado, a los saharauis nos bastan las acacias”, destacando que el mensaje de Mariem “es un arma poderosísima que llega a todo el mundo, es patrimonio del Sahara y de toda la humanidad”.
La escritora Fanny Rubio, presente en Sin tarima, visitó los campamentos de refugiados saharauis en el recordado viaje en 1981 de los intelectuales españoles (José Agustín Goytisolo José Caballero Bonald, Javier Reverte, Emilio Sola, Agustín Millares, Javier Villán, entre otros). Intervino para destacar la fuerza de los saharauis que sintieron en aquel viaje, realizado en momentos muy duros. Sobre Mariem Hassan afirmó que “lo que queda es la voz, la mirada, la utopía, el sueño, el arte. Mariem fue una mujer valiente, utópica, madura, soñadora, coherente, sin frustración, siempre constructiva. Su voz es lo que va a permanecer generación tras generación”.

Mirando el libro con el corazón, como decía Manuel, se me agolpan los recuerdos de tantos momentos en que he vibrado con el directo incendiario y elegante de Mariem Hassan: en la wilaya de Smara bajo el manto de estrellas de los campamentos; junto a Enrique Morente en Guadalajara, en una abarrotada Plaza de Callao; tantos conciertos en la Suristán, Clamores o en Galileo Galiei; la última vez en que la disfrutamos, octubre de 2012, presentando su último disco “El Aaiún Egdat”; las clausuras a cargo de Mariem de varias de las Jornadas por el Sahara Occidental de las Universidades Públicas Madrileñas, inolvidable la del año que presentó ‘Shouka’ con una Mariem envuelta en la bandera saharaui poniendo en pie a la gente que abarrotaba la sala del Círculo de Bellas Artes donde se celebraban las jornadas…. Interminable. “Canta Mariem, canta que tengo el corazón ausente y la voz quebrada” rezan los versos que le dedicó Ebnu en 2007 en Frigiliana. Síguenos cantando Mariem, tu voz nunca se apagará.




Federico Guzmán plasma el “tiempo de desamparo” del pueblo saharaui en una exposición en el Ayuntamiento de Madrid


Foto: Federico Guzmán

Las llamadas primaveras árabes desembocaron en finales abruptos en los diferentes países donde se desarrollaron aquellos levantamientos de las poblaciones civiles y que tuvieron su inicio, aunque casi siempre se obvia, en el campamento saharaui de Gdeim Izik a las afueras de El Aaiun ocupado.
Según se cuenta en el catálogo de “Tiempos de alegría /Tiempos de desamparo” que se puede visitar en CentroCentro Cibeles (Ayuntamiento de Madrid) hasta el 28 de mayo, la génesis de esta exposición está en la realizada en 2012 para celebrar la alegría que supusieron aquellas revueltas. Cinco años después, el resultado de los levantamientos son refugiados, desplazados, muerte, presos, guerras y falta de libertades. Llegaron los tiempos de desamparo.
El Sahara Occidental está presente en la exposición con tres obras del artista sevillano Federico Guzmán, autor de la monumental exposición “Tuiza”, jaima levantada en el Palacio de Cristal del Retiro de Madrid (2015) y en el Museo de San Telmo en Donostia (2016).
‘El mapa de la resistencia de El Aaiun’ es una de sus obras expuestas. Impresión digital sobre lona, 150x230 cm. Es, según Federico, “un trabajo en proceso con activistas saharauis en la capital del Sáhara Occidental ocupado”. Se trata de una obra que me atrae especialmente, compuesta por una cartografía central de la ciudad saharaui ocupada de El Aaiun, rodeada por dibujos de activistas y protagonistas de la resistencia pacífica saharaui. Así lo describí en un texto que publiqué en el blog de El País ¿Y dónde queda el Sahara?, del que se reproduce un fragmento en la exposición: “El Aaiun es hoy una ciudad doliente; palpita en los corazones de todos los que amamos al pueblo saharaui. La entrada del ocupante lo cambió todo. Varió la demografía, los nombres de las calles, hasta el color de los edificios, hoy pintados de un rojo extraño, odioso para la ciudad. Introdujo torturas, muerte, detenciones, desapariciones, terror… Violó el habla, la historia, la identidad. Separó familias, esquilmó recursos, abolió la jaima, maltrató al camello, extinguió la talha… ‘El mapa de la resistencia en El Aaiun’ está dibujado por José Fernández Ruiz y Federico Guzmán. Los dibujos están realizados a partir de entrevistas con saharauis víctimas de violaciones de derechos humanos en la ciudad ocupada. Alrededor de un gran mapa de El Aaiun Federico ha colocado una serie de ilustraciones con diferente temática, siguiendo el trazado de las calles conocemos los testimonios de las víctimas. Los saharauis renombran las calles, avenidas y barrios en las ciudades ocupadas, otra forma de resistencia y memoria. Hoy, Barrio Maatala, Eskeikima, Avenida de Smara; ayer, Casa Piedra, Barrio Cementerio, Barrio Colomina… Los orgullosos barrios saharauis forman el Mapa de la Resistencia de El Aaiún. Sobre el mapa de la ciudad se ubican los lugares donde se suceden protestas, represión, secuestros, cárceles secretas, detenciones ilegales, fosas comunes, asesinatos… la cartografía de la barbarie cometida por el invasor marroquí. Alrededor del mapa de El Aaiun se ubican los protagonistas de la resistencia pacífica”. (Conxi Moya).
Otra de las obras expuestas es ‘La Piedad Saharaui. Takbar Hadi y su hijo Haidala Mohamed Lamin’. (2016). Técnica mixta / lienzo. El cuadro, de gran tamaño, ocupa completa una de las paredes de la espectacular arquitectura del edificio de Correos donde se ubica actualmente el Ayuntamiento de Madrid. Impresiona plantarse frente al sufrimiento de la madre a la que el régimen marroquí le arrebató a su hijo. Así lo ve el propio Federico Guzmán: “Este cuadro colectivo representa a Takbar Hadi sosteniendo entre sus brazos el cuerpo de su hijo Haidala Mohamed Lamin. Las figuras evocan la escultura de La Piedad de Miguel Ángel representando la compasión de una madre por su hijo muerto. El 15 de mayo de 2015 Takbar Hadi empezó una huelga de hambre fuera del consulado marroquí en Las Palmas de Gran Canarias por el asesinato de su hijo Haidala Mohamed Lamin de 21 años. Haidala fue agredido por colonos marroquíes, con el respaldo de las autoridades de ocupación y la negligencia médica intencionada. Después de la muerte violenta de su hijo, Takbar decidió investigar y esclarecer las circunstancias de su muerte hasta las últimas consecuencias, denunciando y reivindicando frente a las autoridades. Takbar sólo consiguió el refuerzo del asedio policial y los asaltos a la casa de su familia, con agresiones dentro de la vivienda, torturas y destrucción de bienes; por no doblegarse ante el diluvio de presiones y sobornos (90.000 euros) a cambio de firmar el entierro de su hijo en silencio y abstenerse de cualquier demanda de autopsia e investigación. Las graves circunstancias que han rodeado la muerte de Haidala Mohamed Lamin y el convencimiento de que su madre está en su legítimo derecho de pedir el cuerpo de su hijo, cuyo lugar de enterramiento desconoce, para que se haga justicia, han motivado el apoyo de cientos de personas que se sumaron a la huelga de hambre en cadena de manera indefinida. La lucha de Takbar Hadi no sólo reclama justicia para su hijo, sino por extensión para todo el pueblo saharaui en su conjunto, por la descolonización, la justicia y el derecho a vivir en su tierra libre y en paz”.
Y finalmente podemos ver la obra ‘Ciudad del viento. Sobre un poema de Fatma Galia Mohamed Salem’ (2016). Monotipos/papel. Se trata de imágenes a partir de la animación en arena realizada por Federico sobre el poema ‘La ciudad del viento’ de la poeta saharaui Fatma Galia. El texto se dibujó colectivamente en el taller de Poesía en arena de la Tuiza, en el Museo de San Telmo de Donostia, como parte del proyecto Entre arenas / Hondar artean de la Capitalidad Cultural de la ciudad. “En la ciudad del viento /veo lo que nadie ve, /siento lo que nadie siente. Lo digo, lo repito /con el viento y /no me arrepiento. El desierto me hace sentir /como una princesa /en la ciudad del viento” dice Fatma Galia en su poema.
Os animamos a visitar la exposición en la que aparecen obras de los artistas Claire Angelini (Francia), Monika Anselment (Alemania), Antonia Bisig (Alemania), Dragana Brancović (Serbia), Christine Bruckbauer (Austria) y Patricia K. Triki (Túnez), Hommarus W. Brusche (Holanda), Wojciech Cieśniewski (Polonia), Carlos Correia (Portugal), Selim Gribaa (Túnez), Federico Guzmán (Sevilla), Peter Hauenschild (Austria), Alfredo Igualador (Madrid), Sofía Jack (Madrid), Annie Kurkdjian (Líbano), Hela Lamine (Túnez), Yasemir Nur (Turquía), Gisele Ribeiro (Brasil), Simeón Saiz Ruiz (Madrid), Belén Sánchez Albarrán (Madrid), Rafael Sánchez-Mateos Paniagua (Madrid), Marek Szymański (Polonia) y Wolfgang Wirth (Austria). Se puede visitar hasta el 28 de mayo de 2017.