martes, julio 22, 2014

“No se ama lo sumiso”. ‘Nadie ama un hombre bueno’. Carlos Zanón


Carlos Zanón (Barcelona, 1966) atesora ya un número nada desdeñable de libros de poesía, ensayo y cuatro novelas. Es un narrador más que notable, que juega con el lenguaje con gran poderío y a la vez crea tramas muy bien construidas, que enganchan irremediablemente, con unos finales siempre sorprendentes y que dejan en ocasiones en estado de shock. También es Zanón un constructor de personajes muy potentes, quizá en especial sus personajes masculinos, perdedores, ofuscados, desequilibrados, perdidos, derrotados irremediablemente. Como Francis de ‘Yo fui Johnny Thunders’, un hombre que casi fue alguien en su juventud y que a pesar de su caída en picado lucha desesperadamente por sacar la cabeza; o Epi, de ‘Tarde, mal y nunca’, desequilibrado y obsesivo pero que intenta pelear, de manera muy equivocada eso sí, por la mujer a la que ama; o Bruno y Max, de ‘No llames a casa’, chantajista y chantajeado respectivamente, que también pelean, con dignidad de perdedores, por seguir adelante y arrebatar, aunque de manera poco edificante, un trozo de aquello que la vida no les regala.
‘Nadie ama un hombre bueno’, (Editorial Quadrivium, 2008) es su primera novela, y en ella ya se reflejan muchos de los temas que interesan al autor. Sin embargo el protagonista, Martín, no llega a los estados de desesperación que alcanzan sus personajes de novelas posteriores. Tal vez su desorden es mucho peor. Porque Martín no cree en nada, no ama a nadie, no lucha por nada. Es un personaje por el que no puedo sentir ninguna empatía. Como tampoco puedo comprender a Cristina, esa mujer que intenta a base de insistencia y casi por aburrimiento, conseguir al hombre en el que se ha fijado y del que no obtiene, y es imposible que obtenga, ninguna felicidad. Esa mujer que es un “plan B” para Martín, pero ella, lejos de sacarle de su vida, insiste en perseguirle y estar con él, indiferente a sus desaires.
En esta primera novela Zanón habla sobre personas que se sienten atraídas por quien les tratan mal. Cristina, que sale de una relación de pareja en la que ha habido maltrato, se engancha con Martín, que apenas oculta que la desprecia y quien poco más que la usa. A su vez Martín, cuya táctica es abandonar a todas las mujeres con las que emprende una relación, un hombre siempre a la fuga, está obsesionado por Laura, la única mujer que le abandonó, la que peor le trató, con diferencia.
Personalidades obsesivas, adictivas, crueles, personajes enganchados a tratar mal y a que les traten peor; como están enganchados al tabaco y a la bebida, consumidores ocasionales (o no tanto) de drogas más duras y algo peor vistas. Enganchados al sexo rápido, a las relaciones esporádicas, hastiados, insatisfechos, sin fuerza para hacer nada más allá que quejarse. Sin intereses, sin esperanzas, sin sueños. Martín vive su vida mecánicamente, espera que las cosas sucedan, no hace nada por cambiarlas; así, siempre está pensando en dejar su aburrido trabajo pero nunca se atreve; así, se deja llevar en relaciones que no le satisfacen con mujeres que no le llenan.
El propio Martín no entiende qué encuentran las mujeres en él. Tal vez si pudieran ver lo que esconde realmente en su interior saldrían corriendo, o bien mirado tal vez no. El tipo de mujer que se le acerca puede que busque el desprecio que ofrece Martín, la falta de compromiso, de cariño verdadero. El trato áspero y desagradable con que no tarda en obsequiarles.
Pero resultará que Martín, el gran depredador, el manipulador, será quien resulte atrapado. En uno de esos sorprendentes giros finales a los que nos tiene acostumbrados Carlos Zanón, Martín se verá irremediablemente unido a quien estaba planeando abandonar, a quien deja bien claro que no soporta.
Zanón, en esta primera novela, trabaja con esmero una prosa poderosa, potente, dura, de gran fuerza expresiva. Como en sus obras posteriores, no juzga la actuación de sus personajes, no se pone en contra ni de parte de ellos, el narrador expone los hechos y los sentimientos, sin valoraciones morales, lo que es de agradecer.
Para finalizar, como siempre me sucede con las novelas de Zanón, encuentro en este libro muchas frases para subrayar, textos que no puedo pasar por alto. Dejo aquí una pequeña muestra.
“Somos las cosas en las que nos equivocamos, los amores que no elegimos, los mil espejos en los que decidimos no mirarnos al pasar”.
“Antes de irse a dormir, Martín solía llamar a una, dos, tres, cuatro mujeres para escuchar que le querían, que estaban ahí, que dependía de él romper el encantamiento y hacer andar una nueva relación con alguna de ellas. (…) Y cuando escuchaba que le querían, en cuanto sabían que seguían, como en aquella canción de Bambino, al otro lado de la pared, dejaba de tener esa urgencia de hablar con ellas, de quererlas. El hambre desaparecía y ellas quedaban retorciéndose como cables de alta tensión, caídos y brillantes atrás, en el suelo, a sus espaldas”.
“¿Por qué sin violencia no hay victoria? Sólo negociación y más negociación. Un ejército de palabras encadenadas una a otra hasta la derrota más cruel: aquella que no tiene vencedor. Armisticios, fraudes, mentiras. Entender al adversario es empezar a perder. Violencia física, emocional, psicológica. Violencia laboral, familiar, sexual. Violencia como la de Laura: arrasar con todo, no mirar atrás, no dejar prisioneros. (…) No dejes opción: matar a tu ex amante es preferible, es mucho más eficaz que abandonarle, que ser abandonado. Si le dejas vivo acabará por recuperarse y es posible que te lastime, el día menos pensado, con un lejano y traicionero boomerang de sus sentimientos”.
“Martín buscaba alguien que se resistiera, que no supiera o quisiera mentir. Porque la evidencia era la que era. Todos los que podían mentir mentían. Todos los que podían ser mentidos, eran mentidos. Sin excepción”.
“¿Aún amaba Helena a Martín? No, ya no. Echaba a faltar que la hiciera reír, que la ilusionara con la vida que no estaba dispuesta a aceptarse a su lado, y al mismo tiempo, aceptar la imposibilidad de aquél para ser feliz si no podía joderlo todo, de una forma estacional, periódica. Cuando se desvaneció el hechizo, Helena miró a Martín y le vio. Por primera vez le vio de verdad. Un farsante, un trilero, un pobre ladrón que le pedía tiempo para marcharse y volver luego. Y entonces pensó en su padre, tan recio, tan trabajador, tan inexpugnable”.
“La vanidad es una estrella en permanente estado de ignición”.
“Nada puede crecer en el desierto, regado con el agua salada de la obsesión”
“A veces no dejaba de estar bien eso de la crueldad. El ser un perfecto hijo de puta”
“Martín se levantó de la cama, pasó por delante del espejo, se miró y no se gustó. No entendía por qué excitaba a las mujeres, por qué se dejaban engatusar por él. Creían ver algo más de lo que había. Niñas que, confiadas, se iban metiendo en dirección contraria a la que peinaban las olas hasta que ya no tocaban pie, hasta que ya era tarde. O quizá no. Quizá la víctima fuera él, engañado, borracho de egocentrismo. Quizá ellas si sabían quién era y por eso se quedaban a su lado”.
“Porque en la vida nunca pasa nada hasta que sucede todo (…) La vida está inmóvil hasta que, de repente, echa a correr. Las cosas suceden todas a la vez. El cielo se desmorona encima de ti, es un desastre completo o bien las cartas que van llegando son tan buenas que te miras las mangas por si has estado haciendo trampas y ni tú lo sabes”.
“Sé adictivo y depredador, sé el caníbal de los recuerdos y de las esperanzas de otros, el cáncer que carcome huesos y alma, la mierda que los pudre, que los hace reír, que les mata de inquietud”.
“Si abandonas a alguien y después a otro alguien y a otro alguien, serás intocable: nadie podrá abandonarte jamás”.

Leer reseña sobre las otras tres novelas de Carlos Zanón

lunes, julio 21, 2014

Nada es más antiguo que ser un moderno


Siempre vamos tarde... Las fotos de pies estaban ya anticuadas hace dos veranos. La moda de los gintonic modelo ensalada está más que superada. Aún así yo me he entregado este verano con entusiasmo a todo lo pasado de moda. Y es que no hay nada más anticuado que ser un moderno. 

El gintonic es del Bar Surf Pez Globo, que mola, ponen música buenísima, recomiendan bebidas bien chulas, está muy bien de precio y te tratan superior. 

(Pintura de uñas de baratillo; tobillera de uno de los puestos del Paseo 9 de Octubre. Ginebra Williams Chase con tónica de cereza, limón y pétalos de rosa)

lunes, julio 07, 2014

Nadad, nadad, malditos


Nadad, nadad, malditos / Sumerjámonos hasta perder el control / Borrachos de sal / Dorados y crujientes por el sol / Ojos llenos de azul...”

‘Hecatombe vacacional’, canción de la maqueta Mejorando a peor, de Cierre por impago; del libro en construcción ‘Sin pedir permiso’

viernes, julio 04, 2014

Pinturas de guerra...

… Esa pedazo de hembra, que no apuntaba maneras si no que las tenía todas más que confirmadas. Aquella María Vanessa, mi Vane, andando por nuestra avenida más tiesa que un palo, juncal y flamenca punk, princesa prometida de barrio republicano. Con esos andares soberbios que hacían que por donde pasara no volviera a crecer la hierba. Esa Atila pintada para la guerra con rimmel y carmín de rojo rabioso.

Tenía fama de cabrón y una legendaria mala hostia, pero sabía ser galante y pinturero con las mujeres cuando la ocasión lo requería. Y vaya si aquella chavala lo requería, con ella me empleé a fondo hasta camelármela, aunque sólo sucumbió cuando a ella le dio la real gana. Estaba loco por la Vane, encoñado, obsesionado, a aquella mujer esplendorosa me la estaba comiendo yo, pero ¿sólo yo? A veces me golpeaba un ramalazo de celos, eran pequeños detalles, frases que la Vane empezaba y dejaba sin acabar de repente, gestos, momentos en que me rehuía, yo que sé… Aquella Lolita mayor de edad por los pelos no era para un solo hombre. Estaba convencido de que la Vane tenía sus más y sus menos con otros tíos, del barrio y de fuera y lo último en que pensaba era en que yo me enterara.

El deseo se me había subido a la cabeza y no me dejaba pensar con claridad. Estaba ofuscado y la obsesión hacía que deseara gritar a los cuatro vientos que estábamos juntos. Pero Vane no era partidaria. Ella no era de nadie. Nunca se sabe hasta dónde puede llegar un imbécil enamorado. Pensé que poner eso de “Vane, Te amo” era una mierda demasiado moñas, aunque era verdad que la amaba, o sólo estaba trastornado por aquella nena, yo qué sé. Y decidí que siendo yo un salvaje, un chungo, tenía que hacer algo a la altura de mi fama. Y escribí frente al portal de Vane, en la acera, con un spray color cereza para mi Cherrybomb, “Vane, Te follo”. Hasta qué punto aquello sentó mal a la Vane lo supe pronto, no directamente a través de ella, si no de manera diferida o subrogada. Una noche, llegando a casa, alguien enorme a quien no pude ver la jeta me agarró en un callejón. Me golpeó y pateó lo que quiso, me llovían hostias por todas partes. No fui capaz de plantar cara, sólo de protegerme hasta donde me fue posible. Quien fuera aquella fiera me roció con un spray color cereza por si tenía alguna duda de por qué me ahostiaba; me llenó la chupa, el pelo, la cara, un Cristo... Al día siguiente la pintada frente al portal de la Vane estaba borrada, no sé quién lo hizo ni cómo. Y la Vane desapareció para siempre de mi vida.

Otra cosa no, pero orgulloso lo he sido un rato, desde niño, y me dije que aunque volviera a mí de rodillas, jamás querría saber nada de ella. De todas formas nunca tuve ocasión. Para Vane me volví en completamente invisible, no me habría vuelto a tocar ni con un palo.

sábado, junio 28, 2014

Breve y disfrutado recorrido por Pastrana


La verdad es que ir a Pastrana sin saber que fue la cuna (si no de nacimiento sí de vida y muerte) de la mítica Princesa de Éboli, es de una ignorancia y despiste de nota. El mini viaje organizado corre que te corre no había dado para buscar mucha información. Las sorpresas irían llegando a través de la propia villa, que esconde muchas delicias, fácilmente accesibles con sólo estar un poco atentos.
Llegamos a Pastrana arrastrados por un precioso spa. Decir, eso sí, que quien pretenda acercarse a Pastrana en transporte público lo va a tener complicadillo. Vale, que nosotros somos unos frikis y todos vais en vuestro cochecito; suertudos vosotros. Si alguien más viaja en autobús, estad muy atentos a los horarios en especial el fin de semana. Preguntad en la estación y en la oficina de Turismo de Pastrana (situada en el Palacio Ducal). De nada.
El primer sitio destacado que seguramente pisaréis será la plaza principal de Pastrana, la Plaza de la Hora, luego cuento por qué se llama así. Allí os chocaréis con el grandioso palacio ducal. Un camión de reparto de pasteles, con la princesa de Éboli dibujada, y una grandiosa fuente frente a nuestro alojamiento construida por los príncipes de Ébolia, me despertó del despiste, Pastrana tiene que ver, y mucho, con la Princesa de Éboli, la “tuerta” más bella y famosa de todos los tiempos. Refresco en mi memoria lo que puedo de aquella historia y efectivamente confirmamos que es la villa de los Duques de Pastrana y Príncipes de Éboli. Los Austrias, conspiraciones, encierros, los datos me bailan pero pronto tendremos oportunidad de repasar, gracias a los folletos que nos ofrecen en la Oficina de Turismo, aquella fascinante historia de intrigas y poder.
Os hablaba antes de la fuente. En la plaza de los cuatro caños se sitúa la fuente del mismo nombre, una maravilla de 1588, en forma de copa, con cuatro caños altos que salen de cuatro caras. Está llena de simbolismo: la rosa de los cuatro vientos, los cuatro puntos cardinales, las cuatro edades del hombre… Porque las caras representan la niñez, la juventud, la madurez y la vejez. Los tres primeros rostros tienen largos caños en la boca, el anciano en su nariz. Aquella plaza era la principal de la villa medieval, cubierta de soportales en la época, que desaparecieron con el tiempo. Una única columna, medio oculta entre dos casas remozadas es solitario testigo de aquel antiguo esplendor. Allí estaba toda la vida en la época medieval, el mercado, el mentidero, donde se hacían los negocios y corrían las noticias.
Una de las visitas imposible de perderse es a la Colegiata de Pastrana. No soy yo de iglesias pero la cantidad de Historia y de Arte con mayúsculas que encierra este edificio es para no perderse de visita. Para no eternizarme, resumo contando lo más destacado. La visita corre a cargo de una divertida señora de la localidad, Victoria, que se las sabe todas. Os hablará sobre arte, algo de religión, una pizca de Historia, y mucho de anécdotas y chascarrillos, con lo que pasaréis un rato muy divertido. Una de las primeras cosas que apreciamos en la visita fue el bellísimo órgano, construido en 1704, y que pudimos escuchar un ratico, de la mano del párroco. Hay que destacar que la Colegiata tiene algunas obras de arte absolutamente primorosas, como los magníficos tapices, de los que tanto nos hablaron, pero no pudimos contemplar ya que permanecen guardados a la espera de que se abra el Museo que aún está en obras. También destacaría un impresionante catafalco de ébano; como objeto curioso una silla donde dicen que se sentaba Santa Teresa, un maravilloso Cristo románico del siglo XIII, colocado eso sí sobre una cruz que es un auténtico pegote; el retablo de Matías Jimeno, con pinturas de diez santas mártires, que según nos contaron representan los diez embarazos que tuvo la princesa, de los que sólo llegaron a la edad adulta seis de sus hijos; otra belleza es la pintura realizada sobre una piedra de ágata traslúcida, obra del pintor francés Jacques Stella, que representa la Asunción de la Virgen, regalada por el Papa al Duque de Pastrana, llegó rota, se pegó y hoy en día está situada en el altar mayor. La bajada a la cripta fue para mí un trago. Muy antigua y fría, allí están enterrados los príncipes de Éboli, los padres de la princesa y sus cuatro hijos varones, en unos soberbios sarcófagos de mármol; se encuentran en la cripta además algunos otros descendientes. Destacar que allí descansa Pedro González de Mendoza, el hijo franciscano de la princesa, que fue quien dio esplendor a la Colegiata. Escalofriante fue para mí cuando Victoria contaba los entresijos familiares entre la princesa y su padre (hijo del famoso Cardenal Mendoza, “porque los cardenales también….”). Allí estábamos, situados entre las tumbas de mármol y con un “helor” que calaba nuestros huesos, y yo me imaginaba al padre de Ana de Mendoza saliendo de la tumba y echándonos una buena bronca, por hablar mal de él. Brrrrrrrr.
El Palacio de los Duques de Pastrana domina, majestuoso, la Plaza de la Hora, una construcción maciza, bastante bien conservada, con dos torres a cada lado, un frontón neoclásico con el nombre de la familia Mendoza, su escudo, y partido por el balcón al que se accede desde la sala principal del palacio. Camilo José Cela en su viaje a la Alcarria narraba cómo encontró el palacio allá por junio de 1946 cuando visitó la comarca; más o menos era algo así: un burro, gallinas picoteando estiércol, niños jugando, paja y tierra, y familias que lo habitaban como si de una gran corrala se tratara. Nos explicaron que el Palacio había acabado siendo propiedad de la Iglesia tras cederlo un descendiente de los duques, y como contaba Cela, incluso llegó a estar habitado por familias. En 1997 pasó a ser propiedad de la Universidad de Alcalá de Henares, que se encargó de las labores de reconstrucción y acondicionamiento, como sede para cursos de la universidad y como grandioso centro cultural para la villa de Pastrana. Lo que sorprende al entrar es la moderna estructura a base de metal y cristal que se ha añadido al patio. Nos cuentan que siempre estuvo vacío, las columnas de mármol de Carrara compradas para el palacio, que vestirían el patio al estilo renacentista, nunca llegaron a Pastrana; pagadas estaban pero se quedarían finalmente en Valencia, en concreto en el Real Colegio Seminario del Corpus Christi.
En la visita se enseñan varias estancias del palacio, como la capilla de la princesa, la sala principal, que se dice que estaba lujosamente decorada con magníficos muebles de madera, o la habitación donde la princesa de Éboli pasó los diez años en que estuvo recluida en el palacio por orden de Felipe II y hasta su muerte. Se dice que cuando ya no le dejaban salir de la habitación, tan sólo podía asomarse durante una hora al pequeño balconcillo cubierto por una bellísima reja, con vista a la Plaza mayor, que por eso se llama Plaza de la Hora. Como curiosidad los vecinos estaban vestidos de época en la mañana que visitamos el Palacio Ducal, con trajes hechos por ellos mismos.
El Spa Rural Pastrana está ubicado en un precioso molino de agua del siglo XVII. Se comienza con chorros y jacuzzi en unas piscinas recubiertas de piedra; luego exfoliación con productos naturales de la zona (uva, higo, granada); baño turco de vapor; masaje para desatar esos nudos que no nos dejan avanzar y para finalizar la “zona de descanso” con camas, aromaterapia y la colocación de piedras, allí nos obsequiaron con unos trozos de fruta y té para reanimarnos después de tanta relajación. Querría destacar la estupenda atención de quienes trabajan en el spa, y la preciosa decoración, donde se ha integrado los restos del antiguo molino, con piedra, paredes encaladas, madera pintada de azul y bonitos detalles, como espejos de metal, rejas antiguas rescatadas de quien sabe donde, muebles restaurados para guardar la ropa, flores…
Pudimos disfrutar también de una degustación en el restaurante Cenador de las Monjas, ubicado en el Convento de San José, y que data del S.XVI. El convento fue fundado por Santa Teresa, ya hemos comentado que la santa de Avila de la que se celebra en 2015 el centenario, tiene mucho que ver con Pastrana. La Princesa de Éboli también tuvo relación con el convento, allí se retiró por un tiempo tras la muerte de su marido Ruy Gómez de Silva; le dio entonces el antojo de ser monja, pero lo que logró fueron sonados enfrentamientos con Santa Teresa. El edificio no parece gran cosa desde fuera pero por dentro mantiene una cuidada decoración que remite a la época, vigas de madera antiguas, suelo de barro, bellas lámparas, una chimenea de piedra abierta que me recordó mucho a la que había en casa de mi abuela y curiosos cuadros pintados por el hermano de los propietarios. Riquísima la comida, preciosa la decoración de los platos y un servicio amabilísimo y cercano. Fue un placer disfrutarles, por el trabajo tan bien hecho, qué cuidado todo, y por la ilusión con la que saben trasmitir el amor por la comida. Me llamaron la atención el pimentón picante de las sopas de ajo y el macis de la crema de calabaza, que no es ni más ni menos que la cáscara de la nuez moscada, como me explicaron. Resulta más refinado, menos evidente que la nuez moscada, no se come los otros sabores, es “divertido”, como dicen en el Cenador de las Monjas. Divertirse comiendo, genial.
Es muy grato pasear por el pueblo, asomarse en la Plaza de las Horas al mirador desde donde se divisa todo el valle; o dar una vuelta por las afueras, caminando al lado de los cuidados huertos, acompañados por el perfume de las higueras y alegrándonos la vista con los granados en flor. O caminar por las empinadas calles del pueblo, entre el silencio y la paz de las casas centenarias del centro. Tomar un café con bollo en alguna de las pastelerías que ofrecen dulces y miel de la tierra. No dejéis de pasar por la Calle de la Palma, donde hay varios edificios reseñables como la sede de la Inquisición y una casa donde parece que se alojó una sinagoga. En Pastrana hay un barrio de El Albaicín, habitado en la época por moriscos que trabajaban la seda, traídos del Albaicín granadino, ellos tuvieron mucho que ver con los bellísimos tapices por los que es, entre otras cosas, tan famosa la villa. Es de imaginar que con tanta población de origen morisco y judío la Inquisición estaría a tope.
Os recomiendo que busquéis porque se pueden encontrar muy buenas ofertas, donde se incluyen varias de las actividades que recogemos en este recorrido por Pastrana. Buen precio para pasar un fin de semana de lo más relajante y agradable, con descanso, arte, buena comida e historia con mayúsculas.









lunes, junio 23, 2014

Mucha poesía en el día de la coronación

Jueves, 19 de junio. Presentación de los poemarios de Laura Casielles y Martha Asunción Alonso. Alguien decía que por la mañana, en Madrid, se había coronado a un rey.
Para mí asistir a un buen recital de poesía, de esos buenos, buenos, donde los poemas son una belleza, y además se recita muy bien, es como acudir a un concierto de rock largamente esperado o a una cita amorosa deseada hasta el dolor. Son esas ocasiones en las que la delicia de lo escuchado lleva al escalofrío.
Vivimos una de esas tardes de “magia y precisión”, como diría el gran Antonio Vega, con Laura Casielles y Martha Asunción Alonso, dos poetas jóvenes y muy talentosas. Sus poemarios, ‘Las señales que hacemos en los mapas’ y ‘Skinny Cap’, se presentaban en un día en que los medios informaban que, anacrónicamente, en España se coronaba a un nuevo rey, y que no se podía circular por el centro de Madrid con banderas republicanas. Como antídoto, nosotros acudíamos a Tirso de Molina para rendir homenaje a nuestra única Señora: la palabra, la literatura, la poesía...
Curiosamente los poemarios de nuestras dos protagonistas tienen mucho que ver con quien escribe esta crónica, el mundo árabe y los nómadas en el caso de Laura; el sur de Madrid, los chicos iluminados por la genialidad y la memoria juvenil en el caso de Martha. Ambas inquietudes, la de Laura y la de Martha, puntales a la vez de mi vida y de mi creación literaria.
La presentación del recital corrió a cargo del poeta David Eloy Rodríguez, uno de los coordinadores de la aventura editorial independiente Libros de la Herida, a la que pertenecen ambos libros, dentro de la colección de Poesía en Resistencia. En palabras de David, “La labor fundamental del editor es cuidar de las ediciones, formatos y autores y cada componente de la cadena del libro, manteniendo unos principios éticos”. El editor explicó que en el libro de Martha se regalan unas plantillas diseñadas por Humanicity y realizadas por Ecofab en Sevilla. Con ellas los lectores pueden hacer sus propios graffitis y compartirlos en la web http://skinnycap-lh.com Por su parte Laura, en el tiempo que realizó el poemario, estuvo escribiendo un blog y artículos y ensayos; con todo ese trabajo ha realizado una web, que complementa a los poemas: http://enlosmapas.net
Las autoras fueron presentadas por la poeta Julieta Valero, quien destacó que los libros “están editados exquisitamente”. “No me bajaré del carro de lectora de ambas nunca”, afirmó. Tras ofrecer unas breves pinceladas de sus respectivas biografías, se pasó a la presentación a través de un novedoso formato, realizando una entrevista a cada autora, intercaladas con poemas recitados por ambas. Una  bellísima lectura que alcanzó momentos magníficos que nos produjeron escalofríos.
Laura Casielles (Pola de Siero, Asturias, 1986) es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y máster en estudios árabes e islámicos contemporáneos por la Universidad Autónoma de Madrid. Autora de otros dos poemarios en solitario, además de ‘Las señales que hacemos en los mapas’, fue Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández en 2011.
El poemario es “un cuaderno de notas, una carta abierta, una cartografía desplazable”; habla sobre trayecto, viaje, nomadismo, las lenguas, la diversidad, temas recurrentes en su obra. Como destacó Julieta Valero “No es sólo un viaje físico si no un modo de situarse en la creación poética”. En relación a la constante del viaje, Laura explicó que cuando estamos de viaje nos sentimos más dispuestas a mirar, a hablar con los demás, a hacer excepciones, a no mirar el reloj; una actitud que “es rica y fértil y nos permite enfrentarnos a lo distinto, salir de nuestras zonas de confort y vivir más intensamente”. Laura no entiende el viaje sólo como desplazamiento físico, hay que continuarlo incluso cuando no lo hay, tener la misma disposición en nuestro día a día, incluso mirar nuestra propia ciudad como si estuviéramos de viaje. Laura explicó también la génesis del libro, ya que se trata de un libro muy concreto, escrito durante su estancia de dos años viviendo en Rabat, el libro es sobre ese “viaje cotidiano”, el periplo vital que se hace desde que se llega a un lugar como extraño y poco a poco hacer el camino hasta hacerse de allí. En paralelo a su trabajo periodístico desde Marruecos y a un blog que fue escribiendo, surgió el escribir los poemas que finalmente dieron lugar a ‘Las señales que hacemos en los mapas’. “Ítaca son los otros, el lugar hace el vínculo y al mismo tiempo y el vínculo es el lugar. Somos de donde queremos y de donde se nos quiere”, son algunos titulares que dejó Laura para finalizar.
Después le tocó el turno a Martha Asunción Alonso y su ‘Skinny Cap’, un poemario sobre el regreso, sobre un viaje de vuelta, marcado por el periplo alrededor del graffiti. En el mundo del graffiti los sprys con Skinny Cap son los específicamente diseñados para el trazado de las líneas más finas y el detalle.
Martha Asunción Alonso (Madrid, 1986) es licenciada en Filología Francesa por la Universidad Complutense; como profesora de secundaria ha vivido en varios países como Francia o la Isla de Guadalupe. ‘Skinny Cap’ es su quinto poemario publicado y ha recibido varios premios, como el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández en 2012.
Se habla del regreso como el gran viaje; de un regreso físico y del corazón. Regreso de la poeta desde la isla de Guadalupe a Madrid, tomar la decisión de volver fue el detonante de la escritura del poemario. La estética del graffiti siempre le ha interesado, lo considera “disidencia expresiva” y “arte libre” y lo conoce desde niña en su barrio.
Martha ha hecho entrar en el poemario diferentes lenguajes, como las plantillas, que son para ella “poemas visuales”, además de un anexo gráfico con fotos de graffiti a todo color, destacando los trabajos del francés Yeswoo Dini. El poemario incluye también una cronología final, como explicó Martha, una especie de “estado de la cuestión” íntimo y sentimental sobre hitos de la historia del graffiti madrileño.
A la autora le atrae del graffiti la libertad y la rebeldía. También apunta a la creación como  enfermedad. “La herida es la que hace crear”, afirmó. Julieta Valero destacó que en la obra de Martha la memoria ocupa un lugar especial. Memoria tanto de la transición, como de los movimientos sociales más actuales. Memoria de vida y mitificación de la vida, incluso por encima de las mismas vivencias. Martha explicó que le interesa la memoria como forma de trascender a uno mismo y hacer trascender a los que ama. Se refirió a la magia del viaje “que me hace ver las cosas por primera vez”, y al desdoblamiento de estar fuera de sí misma cuando escribe. “Yo soy otro”, afirmó. Cuando escribe se encuentra de repente “sabiendo cosas que no sabía que sabía”, con la sensación de ser otra persona. El “tag” (la firma) en el graffiti refleja a otra persona, una personalidad diferente de la “persona civil”.
Julieta también dio la clave de la luz, que aparece en muchas ocasiones como recurso en el poemario; en varios poemas se encuentra el verso “toda la luz del mundo”. La luz la ve como posibilidad de alquimia, de “convertir la basura en flores”.
Martha me sorprendió por su capacidad de contar a través de sus poemas las historias que a mí más me gustan, de jóvenes creadores y rebeldes, de hace siglos o de hace décadas, eso lo mismo da. Como el poeta François Villon, quien además era delincuente; ladrón y asesino, condenado a muerte por sus fechorías, la pena finalmente le fue conmutada por destierro. Villon se marchó nadie sabe hacia donde y nunca más volvió a escribir. O los jóvenes escritores del sur de Madrid (Campamento, Aluche, Leganés, “Bronxtoles” o “Alcorqueens”), Tifón, Glub, Suso33, o Bleck La Rata, ese que estuvo “muerto durante siete minutos”, de quienes recuerdo haber visto pintadas y firmas en mis recorridos juveniles por ese sur, que por entonces existió más que nunca. O el más mítico de los escritores madrileños de todos los tiempos, el inmortal Muelle, a quien homenajeamos en la radio el día después de su temprana muerte (1995), y a quien he seguido por las pocas pintadas y huellas que de él quedaron en Madrid, en un peregrinaje de admiración y de memoria juvenil. Muelle es nombrado en mi novela en construcción (Sin pedir permiso), lo que me hizo sentir una simpatía especial por ese recorrido de evocación que hizo Martha a través de graffiti, historias, memorias vivas de barrio, de una época, de una épica marginal y suburbial.
Un precioso poema de agradecimiento, compuesto y recitado a dos voces puso fin al maravilloso recital. “Encontrarse, encontraros, encontrarnos, es luz”.
Gracias a ambas por la tarde ofrecida ese 19 de junio, con la que estaba cayendo, además de rayos, truenos, tormenta y helicópteros sobrevolando, mucha policía poca diversión. Ni Coronation ni Debaclefutbolera. Poesía. Magia y creación.


Os dejo con dos de las bellezas que nos ofrecen como antídoto Laura y Martha:
“El diccionario desde el punto de vista de los nómadas” (Laura Casielles)
Propiedad: aquello cuyo peso estás dispuesto a acarrear.
Camino: ser.
Compañero: con quien se ha vivido un mismo saber sobre alivios y penurias.
Hogar: en cada parada, por breve que sea, excavar un pozo, extender con sumo cuidado una alfombra.
Mapa: una señal en el suelo da cierta seguridad a la hora de elegir ramal en un cruce.
Amor: la constante inmóvil.
“Siete minutos” (Martha Asunción Alonso). Poema sobre el tiempo que el graffitero Bleck La Rata estuvo ahogado antes de regresar a la vida.
Escuchó la voz de su madre: siete minutos y la tortilla estará fría.
Escuchó la voz de su abuela: siete minutos y besaré las faldas de
la Virgen de Riansares.
Escuchó la voz de su padre: siete minutos y habré perdido un hijo
a quien dejar sin postre de gelatina por gamberro.
Escuchó la voz del hermano menor de Muelle: siete minutos y
quemaré las últimas tizas de la fe.
Escuchó la voz de Muelle: siete minutos, Rata,
no podrán nunca ser el tiempo de tu muerte. Si acaso, de tu vida.


domingo, junio 15, 2014

Antonio Vega. De afanes temibles y obsesivos


“A cada día, su afán”, dice Manuela, la madre de Marga del Río en ‘Tu voz entre otras mil’, documental sobre la vida de Antonio Vega que vimos hace unas semanas en los cines Renoir de Madrid. Escribo esta reseña, que no sé ni por dónde va a salir, sintiendo respirar a mi lado ese afán que tanto me atrae y que tanto temo, yo me entiendo.
Después de varios años de duro y complicado trabajo, el pasado mes de mayo la periodista Paloma Concejero finalizaba por fin su documental sobre Antonio Vega ‘Tu voz entre otras mil’, una estrofa de una canción de Vega, ‘Persiguiendo sombras’. El documental pudo llevarse a cabo finalmente gracias a la microfinanciación y ha conseguido llegar a la gran pantalla y estrenarse en mayo en cines de diferentes ciudades españolas, aguantando incluso varias semanas en Madrid y Barcelona, casi una proeza.
El documental indaga en especial sobre la vida y personalidad del gran Antonio Vega, ese maravilloso y siempre inspirado letrista y compositor, exquisito poeta, cantante hondo, guitarrista más que competente, que sólo se parecía a sí mismo. Antonio, de arrebatadora belleza, hacía bien todo lo que se proponía, solo que se dejaba llevar. Antonio marcó la juventud de los que nacimos entre las décadas de los 60 y los 70, primero con Nacha Pop y luego en solitario. En mi juventud más juvenil se mezclan recuerdos de los conciertos de despedida de los Nacha en Jácara (en los que no estuve), el doble álbum en directo que se grabó entonces (que me grabaron en cinta) y la versión del ‘Romance de Curro el Palmo’, aquella versión de Serrat que conocí en mis prácticas de radio en el verano del 95. Antonio se zampó la versión original de Serrat con su dolorosa interpretación. Como devoró a Antonio Carmona cuando su voz aparecía en la segunda estrofa de ‘Se dejaba llevar’, en el archiconocido ‘De akí a Ketama’. Antonio, con su pelo largo, su delgadez y fragilidad, su camisa blanca y su inconfundible forma de interpretar se llevaba en aquella canción al público de calle. O aquel video de ‘Relojes en la oscuridad’ con un Antonio gamberro y divertido que recuerdo haber visto en ‘La Bola de Cristal’. Antonio está presente cada vez que andamos por Malasaña, pasamos ante el Penta, o frente a su plazuela en el barrio. Flashes, muchas y eternas imágenes, melodías y poesía.
‘Tu voz entre otras mil’ se ha estrenado precedido de cierto escándalo por los follones que ha habido con la familia de Antonio, dolida con la imagen del cantante que se ha ofrecido finalmente en el documental. La directora se ha defendido alegando que se les había informado con detenimiento de cómo discurría su trabajo y que la propia familia colaboró con el equipo prestando material inédito y apareciendo en entrevistas. ¿Se cuenta algo que los que seguimos a Antonio no supiéramos? Creo que realmente no, lo más novedoso son algunos testimonios aportados, como los de la familia Vega Tallés, de su ex mujer Teresa, que nunca había hablado en público, y de la madre de Marga… Lo que sí resulta demoledor es asistir en primera fila, pantalla grande, durante dos horas y sin posibilidad de escape, a la autodestrucción de una persona tan bella, brillante, talentosa y prometedora, una destrucción asumida, meditada, aceptada y promovida por el propio Antonio Vega y a la que se consagró con casi tanta pasión como la que dedicó a la música. “Es imposible sacar a nadie del sitio en el que quiere estar”, afirma su hermano Carlos Vega. Nadie es más consciente de eso que ellos mismos.
En estos casos siempre me planteo una cuestión, ¿necesitamos saber cómo eran / son personalmente, en su vida cotidiana, nuestros ídolos, aquellos creadores (artistas, músicos, escritores, actores) a los que admiramos? ¿Hasta qué punto necesitamos conocer su vida? ¿Realmente necesitamos saber sus miserias? ¿Con esas disecciones de sus personas entenderemos mejor sus obras? Sí y no diría yo. ¿Dónde está el límite, dónde parar?, ¿qué es conocimiento y qué mero chismorreo o malsana obsesión? A nuestros mitos les podemos exigir que sean grandes artistas pero eso no implica que sean buenas personas. ¿Por qué tienen que ser buenas personas?, ¿qué es ser una buena persona? De Antonio Vega yo lo quiero saber todo de sus canciones, tantas (tiene tantas canciones perfectas e inolvidables Antonio Vega)  que forman parte de la vida y son patrimonio de muchísimas personas. “Las canciones salen de uno para que formen parte de la vida de otros”, como decía Antonio, “un día las canciones te dicen adiós y se van a vivir con los demás”. Amamos a Antonio Vega desde hace más de treinta años por sus canciones. Sobre el hombre que habitaba en él, sus tristezas y alegrías, anhelos, aspiraciones, su dolor y su ambición, sólo saben quienes le trataron de cerca. Para ellos queda la íntima historia de Antonio, para el resto, su música y su poesía, su afán por seguir adelante pese a todo, y esa ardiente vitalidad de sus últimos dos años.
Siendo la vida de Antonio como fue, por ahí han llegado la mayoría de críticas al documental. Hay quien habla de decepción, de que no se le hace “justicia musical”; se critica que no se hable apenas de sus canciones, de su virtuosismo con la guitarra, de su potencia para componer letras. Se reprocha a la directora que se haya centrado en la vida personal de Antonio y en sus adicciones, que terminaron marcando el devenir de su vida. En definitiva que en ‘Tu voz entre otras mil’, hay un “desequilibrio entre el tema musical y personal”. Porque es cierto que se escuchan sus canciones, varias de las más grandes canciones de Antonio, que proyectadas en toda la amplitud y fuerza de un cine resultan si cabe aún más bellas, completas y desgarradoras. Ciertamente se cuentan las circunstancias de la composición de ‘Chica de ayer’, aquella canción que llegó a odiar durante un tiempo, o ‘El sitio de mi recreo’, pero al mismo tiempo se echa de menos más información sobre su música, cómo componía o cómo grababa Antonio, sus guitarras, su afán obsesivo (como todos sus afanes) por ser un virtuoso de la guitarra o componer la letra perfecta.
El documental, que sin duda está hecho desde un enorme amor a Antonio, deja al borde de las lágrimas al espectador en muchas ocasiones, demasiadas, e incluso crea un gran desasosiego. Resulta muy doloroso asistir al desarrollo de la azarosa vida del músico, su brutal deterioro físico, las penurias por las que pasó, los testimonios de las mujeres que más le amaron (su madre, que está espléndida, su primera mujer, Teresa, y Marga, su último gran amor, recreada a través de Manuela, su madre), y lo que cuentan de Antonio sus amigos y compañeros; desgarradoras para mí en especial todas las intervenciones de Nacho Béjar, que tanto le quiso y cuya amistad por desgracia no acabó bien.
Hombre de una profundidad extrema, como decía precisamente Nacho Béjar “A Antonio se le quedaba pequeño el mundo”, su vida me hace reflexionar cómo es posible que un ser tan destructivo realizara tanto esfuerzo por construir (por crear), incluso en los momentos en que peor se encontraba. Y decir “peor” en la tormentosa vida de Antonio Vega es decir muy, muy mal. La directora Paloma Concejero afirma que “no era un ser atormentado pero sí vivió una vida llena de tormentos, aunque lo compensaba con su enorme vitalismo”. De su vitalismo dice su constante lucha por vivir, componer, seguir dando conciertos y sobreponerse a todas las penurias que le tocaron vivir hasta el final de su existencia.
Con todo mi respeto y amor, declarándome admiradora absoluta de la obra de Antonio Vega, atraída desde siempre por su figura, después de leer mucho sobre él y tras ver el documental, creo que Antonio fue una de esas personas en extremo inteligentes, con posibles desequilibrios; uno de esos seres atrayentes, con personalidades complejas y que crean adicción (las mujeres y amistades de Antonio bien supieron de ello), capaces de lo mejor y de lo peor. Fue un hombre con mucho carisma y a la vez muy cercano, como puede desprenderse de los testimonios de los fans que siguieron a Antonio, como si fuera una religión, a lo largo de las tres décadas que duró su carrera. “Era muy raro, con un carácter muy complicado”, explica su madre en el documental, cuando relata cómo le llevaron de niño a un psiquiatra amigo de la familia, quien les dijo: “No os puedo dar la enhorabuena. Porque tiene un cociente intelectual, que son todos conflictivos” (sic). Así era Antonio y, como dice Carlos Zanón sobre él: “Todo va en el paquete, lo compras o no lo compras”.


Para acabar, no dejéis de escuchar esta entrevista a la directora de ‘Tu voz entre otras mil” Paloma Concejero que le hace Javier Gallego en Carne Cruda. Como dice nuestro crudo y preferido presentador, en su documental se exploran “Todos los rincones, los oscuros y los luminosos de la poliédrica personalidad de Antonio Vega”, es un  “descenso a los infiernos, a los abismos y también a las cimas del personaje”.
'Carne Cruda 2.0' (06/06/2014)- La vida secreta de Antonio Vega (Cadena Ser)

viernes, junio 06, 2014

"Autocensura" de El Jueves. Viñetas con corona. Los ilustradores y la abdicación de Juan Carlos


Portada de Manel Fontdevila
El lunes 2 de junio, hacia las 12 de la mañana, saltaba la noticia: el rey Juan Carlos I abdicaba. Ni qué decir la conmoción que despertó la noticia, esperada para muchos, deseada para muchísimos pero sorpresiva creo que para casi todos. Como siempre ocurre con estos noticiones, numerosos artistas gráficos comenzaron a pergeñar sus viñetas para recoger lo que sin duda es un acontecimiento histórico.
El miércoles recibía un correo del dibujante JR Mora, en el que se recogían diferentes trabajos de varios ilustradores referidos a la abdicación real. En ese momento vi por primera vez la viñeta de El Jueves, de la que habíamos estado hablando el día antes con unos amigos, que conocían lo que se estaba cociendo. No nos adelantaron nada, sólo que iba a dar que hablar. La firmaba el dibujante Manel Fontdevila.
¡Y tanto! La revista no salió el miércoles, como es habitual, si no el jueves, y con una portada que protagonizaba el líder de Podemos, Pablo Iglesias. Esa no era la portada que la revista había difundido en sus cuentas oficiales de las redes sociales. La que había corrido como la pólvora por Twitter mostraba "al rey Juan Carlos imponiendo una corona sucia y maloliente a un Felipe arrodillado y temeroso". Una corona llena de mierda, vamos.
La explicación oficial de El Jueves, editado en la actualidad por RBA, indicaba que no ha habido ninguna presión para retirar la portada en la que aparecen Juan Carlos y Felipe: "Intentamos cambiarla el lunes" tras el anuncio del monarca "y no hubo tiempo de cambiar el pliego de portada", aseguraban a eldiario.es. "La de Pablo Iglesias era la prevista y el lunes se intentó cambiar. No fue posible por tiempo, porque no se podía esperar más y había que imprimir". La publicación aseguraba que en páginas interiores sí había contenido relacionado con la abdicación.
Del facebook de Albert Monteys
Sin embargo, esta es la versión sobre lo ocurrido que Albert Monteys ofrecía en su facebook el viernes 6 de junio de 2014 (dato: foto compartida casi 1500 veces en 10 horas). Monteys es uno de los dibujantes históricos de la revista, e incluso fue su director desde 2006 hasta 2011; actualmente era miembro del consejo de redacción. El dibujante desmiente la versión de la revista. Habla de: "La PROHIBICIÓN EXPRESA de RBA a "El Jueves" de HABLAR en PORTADA de la CASA REAL (en el INTERIOR, NOS DICEN, PODÉIS HACER LO QUE OS PETE...)". Versión corroborada por Guillermo Torres, exdibujante de El Jueves que afirmaba en una entrevista a ZoomNews: "RBA dijo que a partir de ahora no se habla del Rey en portada". Yo les creo a ambos, por supuesto.
Y es que además fuentes de la redacción de El Jueves también habían dejado en vergüenza a la dirección de la revista, al negar cualquier tipo de problema de tiempo. Aseguraban que se habían impreso 60.000 números con la portada sobre la sucesión de la Corona, pero esos ejemplares habrían sido destruidos.
La consecuencia inmediata de la bajada de pantalones de El Jueves es que una decena de dibujantes dejaban la revista, entre ellos Manel Fontdevila, Albert Monteys, Manuel Bartral o Bernardo Vergara.
La portada se ha visto mucho más y ha llamado mucho más la atención con esta maniobra que si hubiera salido a los kioskos. ¿Torpeza del régimen?, ¿o tal vez lo que quieren demostrar es su posición de fuerza y que tienen poder y cojones para hacer absolutamente lo que les dé la gana?
*A partir de aquí el post que tenía preparado, antes de que saltara la liebre y la vergonzosa “autocensura” de la editora de El Jueves...
JR Mora El Confidencial
El gran JR Mora, ilustrador favorito desde hace muchos años, se ha dado la gran currada de recopilar un montón de viñetas sobre la abdicación de Juan Carlos. A las que él ha escogido añado yo dos de Malagón, otro de mis ilustradores preferidos.
El tema es histórico, no hay duda y abre una etapa diferente y muy interesante en la historia de este país. Así que, aquí quedan.

Malagón
Malagón
Kap, en  El Web Negre
Adam Fabra Ruiz
Jesús Rubio
El Mundo
Ferran Martín
Forges en El País

Javi Salado en La Tribuna de Toledo

miércoles, junio 04, 2014

The Jon Spencer Blues Explosion, nitroglicerina y goma 2

Concierto The Jon Spencer Blues Explosion; Madrid 23 de mayo de 2014
"Jon Spencer es mitad Nitroglicerina, mitad Goma 2. El resultado de un combinado tan inflamable solo puede ser una explosión continua de los ritmos más salvajes que se puedan extraer de una guitarra. La armonía del blues y la distorsión del punk se besan apasionadamente en sus canciones produciendo un garage salvaje con ganas de fiesta y destrucción. La premisa está clara: rebelión y descontrol por doquier para honrar al señor del caos musical. Que no asuste el caos, Jon sabrá guiarte por las tinieblas corrompiendo tu alma con promesas que suenan a rock sucio y pendenciero. No será fácil resistirse”. davidarias
Nitroglicerina y Goma 2 como componentes de una banda salvaje y explosiva. Me descubrieron a The Jon Spencer Blues Explosion hace algo más de un año, y aunque tengo demasiadas lagunas en lo referido a sus discos, canciones, etapas, encuentros, bandas paralelas y eternos retornos a la carretera, he tenido la suerte de verles en directo en dos ocasiones en poco más de un año, en dos conciertos difíciles de olvidar.
He leído definir sus discos como “enérgicos y trastornados” y calificar la manera de interpretar del gran Jon Spencer como “plagada de una sexualidad lasciva”. Por mi parte recuerdo con sofoco mis primeras escuchas de la banda; entre la selección de canciones que amablemente me pasaron he de decir que también había temas de Heavy Trash (otra de las bandas de Jon Spencer). En mis tempraneras sesiones, en pleno y helado invierno, aquella excitante música hacía subir la temperatura en el vagón al producir un calor que empezaba en un sitio muy concreto y subía hasta la cabeza, como un incendio. ¿Qué me pasaba con esa banda?
Aquello me gustó tanto que nos animamos en febrero de 2013 y de nuevo en mayo de 2014 a ver sus conciertos en Madrid. Elegantes, finos, poderosos, me sorprendieron en directo por la tralla que arreaban desde el principio de la actuación a la vez que se les sentía enormemente profesionales; se nota para bien que llevan muchos años en lo suyo, una carrera de más de veinte años les contempla. Enormes músicos, parece que tocan sin ninguna dificultad, llegar a conseguir algo así sin duda encierra muchísimas horas de ensayo, carretera y estudio. Ruidosos, sin ser chapuceros en la ejecución; virtuosos sin resultar fríos ni coñazos. El perfecto punto sin ser aburridamente perfectos. Generosos en la ejecución, ofrecen conciertos largos y currados; ejecutan los temas con velocidad Ramoniana, en el sentido de que no hay apenas pausas entre canciones, en una desenfrenada matraca sonora que tiene al público todo el rato en tensión, sin canciones lentas ni medios tiempos. Así define en una entrevista el propio Jon Spencer cómo vive sus actuaciones en directo: “En este momento me siento muy orgulloso de haber ofrecido un gran espectáculo. Realmente me he sentido muy vivo. Estoy muy contento. Me sentía muy bien encima del escenario y estoy bastante seguro de que había gente entre la multitud que también se sentía muy bien viendo al grupo”.
La banda fue etiquetada desde los inicios de su carrera como blues punk, un traje en el que no parecen encontrarse del todo a gusto y que les ha traído incluso algún que otro problema. En diferentes entrevistas ellos han dejado claras sus influencias: “Estábamos más metidos en el rockabilly, en el garage, el punk, hardcore, escuchábamos un montón de hip-hop”. La filosofía que ha conducido al grupo a los largo de su carrera, que los ha alejado de las masas y los ha convertido en artistas de culto entre los degustadores de la mejor música, es explicada perfectamente por Simins, batería de la banda, buena música sin concesiones a la galería: “Estoy orgulloso del hecho de que hayamos sido vistos como grandes artistas y músicos, y que tengamos carácter propio y se nos respete. Somos muy fieles a nosotros mismos. Y eso es algo que hace cualquiera de las bandas a las que he amado y respetado (desde Dylan hasta Pere Ubu, desde los más populares hasta los menos populares). Ellos hacen lo suyo, lo hacen grandiosamente y sin concesiones”.
Jon Spencer, el eterno dandy punk, con el  pelo revuelto y cortado a hachazos, apareció vestido con ajustado traje negro, tan negro como el khol que remarcaba sus ojos. Elegante, ni siquiera se desprendió de la chaqueta a pesar de lo mucho que pudo sudar. Pantalón estrecho, perneras ajustadas a un cuerpo que se mantiene extrañamente flaco y juvenil. Jon Spencer, elástico, llena sus espectáculos con fraseos, una muy particular forma de cantar, sus particulares gritos y llamadas de atención al público (“ladys and gentlemen”) para implicarles, implicarnos, en lo que la banda está ejecutando. Se mantiene en forma, como el joven eterno que sin duda es, moviéndose con enorme estilo y actitud. Sobre todo en la última parte del concierto, adornó su interpretación con variados jugueteos y distorsiones guitarreras.
Judah Bauer, el guitarra principal, con un toque fino fino, se maneja en el escenario sin inmutarse, como si no estuviera haciendo nada, como si los malabarismos musicales que nos ofrece fueran un simple juego, una acrobacia chupada que no costara ningún esfuerzo. No se permite ni un gesto chulito de cara a la galería y es tremendamente simpático y próximo. Ahí estaba, dando la mano a la gente, hablando con los más cercanos al escenario, repartiendo púas. Es de esos tipos que dan la impresión de que al acabar el concierto van a tirar su cazadora vaquera o la guitarra, o si le apuran se va a tirar él mismo, a ese público tan majo y enrollado. Bauer se marcó algún que otro rapeo, recordando sin duda las influencias y el gusto por el buen hip-hop que tiene la banda.
Russell Simins es el batería de The Jon Spencer Blues Explosion, aquel que en el concierto del año pasado rompió una baqueta en plena furia de golpetazos, dejándonos con la boca abierta mientras seguíamos con nuestras cabecicas la trayectoria del trozo volador. Rotundo, enorme, cuadrado, en un conjunto donde no hay bajista, la sección rítmica es él, con todo lo que eso conlleva. Con una batería bastante chica para los importantes mamporrazos que arrea, Simins ejecuta los temas con fiereza tranquila.
En definitiva, preparados y con ganas de verles las veces que haga falta y más. Pues eso.
Entradas The Jon Spencer Blues Explosion; Madrid 8 de febrero de 2013



domingo, junio 01, 2014

A la Feria del Libro de Madrid (con Ben Brooks y Carlos Zanon)


Para nosotros la Feria del Libro de Madrid es una fiesta. Que sí, que muchas veces será un coñazo para autores y editores, las ventas bajarán un montón con la crisis, que si llueve siempre, que si la inaugura la infanta, que si la gente mucho pasear pero poco comprar, que si es un rollo mainstream, que a los buenos autores a veces no se les acerca nadie y cualquier friki mediático lo peta… Todo eso y más pero todos los años disfrutamos de la Feria. A mi compa siempre le encanta visitar todas las casetas posibles y saludar a los autores que le gustan, encontramos amigos y un par de años incluso ha podido firmar dos de sus libros con enorme ilusión.
Este año en el que tanto, tan bueno y con tantas ganas he leído, esperaba la llegada a la Feria de varios autores y ¡bingo!, en este segundo día he ido expresamente a ver y saludar a dos de ellos. Carlos Zanón y Ben Brooks, dos autores que me han flipado y que, todo hay que decirlo, he conocido gracias a las recomendaciones de Kiko Amat.
Primero nos acercamos a la caseta 310, la de la editorial de Ben Brooks, Blackie Books. Allí estaba Ben, blanquito, con el pelo más claro de lo que se ve en las fotos, y jovencísimo, veintidós años (podría ser perfectamente mi hijo) y siete libros publicados, tremendo. En un momento dado, el autor sale por detrás de la caseta y nos quedamos un poco planchados, queremos comprar su último libro, ‘Lolito’, y por supuesto que nos lo firme. Miramos detrás de la caseta por si le vemos; me despisto un segundo y al darme la vuelta encuentro a mi compa saludando a Ben con un amistoso golpe en el brazo. El joven autor pega un respingo, ha salido un momento para echarse un pitillo y refrescarse el gaznate, y allí estamos los tres… Esas situaciones me intimidan y más teniendo que hablar en inglés, pero el joven autor resulta ser un encanto, los tres sonreímos y acto seguido me enzarzo en una macarrónica y surrealista conversación en inglés con el gran Brooks, preguntándole si me puede luego firmar (sign) pero pronunciado como cantar (sing). Ben, con más tablas que el arca de Noé, me dice que él canta y lo que haga falta. Me doy cuenta de inmediato de mi pringosa pronunciación y le digo que le dejamos tranquilo, que en un rato volvemos. Mi compa, para rematar, le recomienda que deje de fumar porque “es muy malo”. Brooks nos sonríe y yo me admiro una vez más de la legendaria sangre fría británica.
Nos acercamos después a la caseta 124, Librería Blanco, a saludar a Carlos Zanón, uno de mis descubrimientos literarios de este año. He leído del tirón tres de sus cuatro novelas ‘Yo fui Johnny Thunders’, ‘No llames a casa’ y ‘Tarde, mal y nunca’. Enormes libros de los que tomé muchos apuntes y saqué muchas anotaciones, enorme autor que promete darnos muchas horas de buena lectura, ojalá. A Carlos le sigo en Twitter, y lo de hablar en español, quieras que no da la posibilidad de decir algo con cierto sentido al menos. Carlos, muy amable, nos ha firmado ‘Yo fui Johnny Thunders’, hemos hablado sobre el inquietante y tremendo final de ‘No llames a casa’, nos ha dicho que su último libro de poemas, ‘Rock & Roll’, de 66 rpm Edicions, va por la 3ª edición, lo que para un poemario no está nada, nada mal. Opiniones sobre si libro electrónico o libro de papel... También hemos comentado sobre su primer libro ‘Nadie ama un hombre bueno’, que no he leído y de momento no he podido encontrar. Espero resolverlo pronto. Una charla más que agradable con un autor al que le deseamos todo lo mejor y más.
¿Creen de verdad que íbamos a dejar a nuestro Ben Brooks en paz, sin comprar el libro y sacarle una firmita? (y quién sabe si una canción). Ni mucho menos. Regresamos a la caseta del amigo Ben y allí nos plantamos. “Hi, guys!”, nos ha saludado, demostrando que es bien simpático y nada rencoroso. De nuevo que si me firmas (sign) o si me cantas (sing). ¿A qué nombre? Juro que he deletreado CONX con el mejor acento que he sido capaz, pero ha habido problemas onemoretime. Finalmente se lo he escrito en un folio y le ha encantado el nombre “It´s great!”, me ha dicho. Ya lo sé yo. Ben dispuesto a todo, un chaval rockero, tatuado y de lo más majo, se ha hecho una foto conmigo y mi jersey, en honor a la portada floreada de Lolito. En fin, un momento de lo más agradable. Deseando leer ‘Lolito’, contar y recomendar.
Por lo demás, segundo día de Feria 2014 a tope, hemos visto con agrado a Javier Reverte, a quién admiramos. Nos hemos encontrado con nuestra querida Ana Rosseti, que firma el último domingo de feria, avisaremos con tiempo. Y como momento a borrar, el follón en torno a Mario Vaquerizo, con una cola impresionante para firmar el ¿libro? que haya llevado a la feria, vallas de protección alrededor de la caseta, y las escaleras que llevan hacia el antiguo Florida Park llenas de curiosos oteando el horizonte y tirando fotos al Vaquerizo.
Yo me quedo con mi Ben y mi Carlos. Léanlos, disfrútenlos.