miércoles, agosto 20, 2014

‘Sólo los amantes sobreviven’. Vampiros afortunados en el amor



El maldito problema es pensar tanto en uno mismo. No te centres en tu tristeza, disfruta de la bondad y de la amistad. Baila. Y tú eres muy afortunado en el amor, si me permites decírtelo. Algo así dice Eve a su Adam, el artista underground, deprimido (y vampiro) en 'Sólo los amantes sobreviven' de Jim Jarmusch, estrenada recientemente en España y que ha costado a su autor varios años de arduo trabajo hasta verla finalizada, y el “exilio” en Europa para poderla rodar. Está claro que el cine actual va por otros caminos muy distintos de los vericuetos por los que nos conduce Jarmusch, repletos de música, literatura, arte, belleza, alta cultura, mitos y oscuridad.
En efecto, 'Sólo los amantes sobreviven' es una película de vampiros; aunque no tanto, porque no es un film “de miedo” al uso, y más que tratar sobre vampirismo, la película está protagonizada por unos seres diferentes, proscritos, cultísimos y en extinción. Se trata de individuos que viven cientos de años, sin llegar a ser inmortales porque son frágiles y pueden morir; ya saben, a los vampiros les mata la luz del día, la bala de plata en el corazón o la falta de sangre. Y es que la sangre, el único alimento del vampiro, es cada vez más impura y dañina debido al descuido de los seres humanos, esos zombies a los que tanto desprecia Adam. Olviden eso de que los vampiros anden mordiendo a víctimas desprevenidas a las que arrebatan el preciado elixir. Los vampiros de Jarmusch tratan de agenciarse una sangre de total pureza, que no les dañe, que no les acabe matando. Como dice Eve eso de morder es “tan del siglo XIX”, demasiado “animal”. Aunque si hace falta para sobrevivir, nuestros vampiros no dudarán en atacar.
Los protagonistas, Adam y Eve, son seres que viven en soledad, se han creado un mundo totalmente personal y a su medida, donde apenas caben ellos dos, para esconderse de la estupidez y la brutalidad de los seres humanos, esos “zombies” que desquician y asquean a Adam, y que “sólo aprenden cuando ya es demasiado tarde”. En el inicio de la película ambos se encuentran viviendo separados pero la depresión de Adam, su hartazgo de inmortalidad y su desprecio por los humanos, hacen que Eve abandone su retiro en Tánger y vaya al encuentro del hombre al que ha amado durante cientos de años y a quien acude a salvar una vez más, como la mujer redentora y luminosa que es. Sólo el amor salvará a Adam del hastío, porque “sólo los amantes sobreviven”. Eve, pálida, de pelo rubio platino, vestida de blanco, con pantalones ceñidos, camisetas suavísimas, níveas chupas de cuero y guantes claros primorosos, es la luz; varios cientos de años mayor que su amante, ella es quien tira del carro de ambos a base de amor. Él, mucho más oscuro, músico, con aspecto de rockero de los años 70, una especie de Jim Morrison (Enrique Bunbury debería pedir derechos de imagen al director), más joven que su esposa, sin embargo también acumula varios siglos a sus espaldas, sólo su batín es más que centenario. Romántico, amigo de Byron y otros malditos, es un prodigio con la música, sin embargo hace todo lo posible por esconderse, por alejarse del contacto y del reconocimiento. Es uno de esos creadores que se empeñan en mantenerse en el anonimato, trabajando alejados como de la peste del mainstream. Adam quiere permanacer resguardado, escondido en el underground del underground, aunque lo que consigue en realidad es que le persigan con más ahínco; se va convirtiendo en un oscuro mito y el público le busca, cercan su casa fantasma de Detroit, donde compone, graba, y permanece encerrado, totalmente alejado de la supuesta vida real.
El tercer protagonista es el gran John Hurt que interpreta al literato Christopher Marlowe, ese autor inglés de quien se dice que escribió muchas de las obras de Shakespeare. Sobre Marlowe todos son misterios, ni siquiera se sabe cuándo ni cómo murió realmente. Jarmusch le imagina como un vampiro de varios cientos de años, que habita en Tánger, un cruce entre Paul Bowles y un poeta romántico; homosexual, cojo, tremendamente culto, vive de noche una vida escondida en la decadente ciudad marroquí. Marlowe le dice a Adam que si le hubiera conocido antes de escribir Hamlet, él habría sido su modelo.
‘Sólo los amantes sobreviven’ es una película sobre la decadencia. Decadencia en la mansión de Adam en Detroit; decadencia en ese planeta que se viene abajo por el descuido y la irresponsabilidad de los hombres y más decadencia, la de las dos ciudades protagonistas, Tánger y en especial Detroit, en proceso de derribo y destrucción que comenzó varias décadas atrás, a pesar de su esplendor pasado como sede de una más que pujante industria automovilística desde principios del siglo XX. La ciudad se convierte en otro protagonista del film a través de los paseos nocturnos en coche que realizamos de la mano de Adam. Vemos las fábricas abandonadas, las casas deshabitadas, las calles vacías, los antaño esplendorosos teatros destruidos, o la casa natal del músico Jack White, en la que curiosamente sí hay luz. Durante los años 20 del pasado siglo la industria manufacturera y automovilística convirtió Detroit en la ciudad de mayor crecimiento en todo EEUU. Fue cuna además de la mejor música del país, de la Motown, MC5 y los Stooges.... ahora es una ciudad casi fantasma. “Lo que flipa de Detroit es que está muy hecha mierda, destrozada. Está tan jodida que es bonita, como unas ruinas romanas. Da miedo pensar que mientras uno piensa en Detroit y sus Pistons o sus Red Wings, Motown y cuna del blues urbano, también la ciudad se fuese a la mierda de esa manera” (De un artículo de la revista Jot Down).
Aparte de disfrutar con la trama, las interpretaciones o la música (algo fundamental en todos los trabajos de Jarmusch), en la película se paladea la soberbia ambientación, los muebles, los libros (la imagen de Eve recorriendo con los dedos los libros elegidos que se va a llevar de viaje es de enorme belleza), o los instrumentos, como ese violín tocado con maestría por Adam, el laúd que consigue Eve en Tánger y en especial para mí las guitarras eléctricas antiguas, auténticas joyas que le lleva a Adam su “conseguidor” zombie, uno de los únicos humanos con los que consiente tener contacto. Quiero destacar la importancia del vestuario y la ambientación. La casa y la ropa moruna de Eve en Tánger, los colores, las telas, los libros, las paredes encaladas, los cafés. Y en especial la mansión de Adam en la destruida Detroit. Una rememoración de la mansión de los Monsters, que se cae a pedazos, llena de brocados, alfombras, instrumentos, mesas de mezclas, bafles, grabadoras, y en especial ese altar de ilustres, que la cámara recorre durante unos segundos, y donde se encuentran, enmarcados y hermanados, sus adorados Joe Strummer, Johann Sebastian Bach, Claire Denis, Neil Young, Samuel Fuller, Hank Williams, Billie Holiday, Christopher Marlowe, Mark Twain, Iggy Pop, Poe, Kafka, entre muchos otros.
No puedo dejar de mencionar la magnífica banda sonora, que acompaña o pone un más que acertado contrapunto a las delicadas y emocionales imágenes que ha rodado la cámara del director. Música gregoriana, árabe, rock. No se podía esperar menos de alguien como Jarmusch, melómano más que notable, que siempre da una enorme importancia a la banda sonora de sus películas; se dice que tiene la música en la cabeza mientras prepara sus guiones. Jarmusch también ha formado sus propias bandas, precisamente el pasado 2013 debutó con Sqürl, un trío con el que sacó un EP, y que definen así su propuesta musical: “Bombos y guitarras descompuestas, grabaciones de cassette, loops, feedback, canciones tristes de country, hip hop ralentizado y música de películas imaginarias”.
Ellos son los responsables de la banda sonora de 'Sólo los amantes sobreviven'. A destacar la versión de la canción de 1961 de Wanda Jackson ‘Funnel of Love’, a cargo de Madeline Follin. Otros músicos que participan en la banda sonora son la vocalista libanesa Yasmine Hamdan, que aparece cantando en un café en una impactante escena de la película; o el laudista holandés Jozef Van Wissem, quien interviene en varias composiciones.


miércoles, agosto 13, 2014

Tu engreída boquita pintada


Una de sus venganzas más placenteras la perpetró contra una pija que le andaba detrás en la época en que tenían el grupo punk. Una pringada que presumía de que tenía novio “para casarse” pero no paraba de tontear con él. La muy boba iba a alguno de sus conciertos, disfrazada de malota y dando el cante, porque se notaba a la legua que la ropa era bien cara y los complementos comprados en tiendas buenas. En realidad la tía no tenía ni medio asalto pero él se lo montó muy mal. En otras circunstancias habría sido chungo, muy chungo con una pava como ella, que iba de guay y engañaba al novio de la manera más tonta, calentando al personal sin ton ni son. Pero se lo montó fatal. El demonio sabría por qué pero desde el principio se sintió intimidado. Su dinero, su belleza, su mundo de posibles, incluso su estupidez… Ella fue consciente de su debilidad y lo utilizó; en eso fue muy perra. Así que ahí la tenía, como una lapa, calentándole el nardo y dejándole a dos velas.
Hasta que un día se enteró de que ella iba por detrás contando cosas, diciendo que él la rondaba y que ella no le hacía caso. Aquello le encendió. No iba a dejar la cosa quedara así, el cuerpo le pedía venganza y decidió esperar y atacar en el momento propicio.
La siguiente vez que se vieron él cambio su actitud, desplegando todas sus armas de chungo. La palomita empezó a recular, se le bajaron los humos y perdió el aplomo. Era el momento de entrar a matar. Decidió una faena rápida, se enganchó a su boca con un beso de lo más caliente. Qué pena de chavala, sabía un rato bien. La nena se iba animando y cuando estaba a punto, él cortó por lo sano, le arreó un mordisco de antología en el labio. Su engreída boquita pintada empezó a sangrar… La pija le separó de un empujón.
– ¿Qué haces? – le gritó bañada en lágrimas.
– Joder, tronca, un arrebato pasional. Lo siento – se lamentó, sardónico – Lo peor es cómo vas a explicar a tu novio “formal” lo de ese labio…
Y con una media vuelta muy torera, la dejó allí plantada.
*Foto de la red

domingo, agosto 10, 2014

‘Begin again’, una peli bonica del tó

En cuanto vi el anuncio me dije que teníamos que ver ‘Begin again’. Una peli con Nueva York como escenario, con música bonita y con Mark Ruffalo, es para degustarla en pantalla grande, en versión original y disfrutarla con ganas. Y lo cierto es que no nos defraudó. Es de esas pelis que te hacen salir del cine con una enorme sonrisa, el corazón reconfortado, y con ganas de empezar algo y comerte el mundo. Al día siguiente la cruda realidad seguro que te baja el subidón, pero eso ya es ajeno a la película.
Entre tantas malas noticias, cinismo, descreimiento, trato áspero y demás, se agradece de vez en cuando lo que ofrece ‘Begin again’, un chute de buen rollo, sin llegar a lo cursi y lo ramplón, buenos sentimientos y pasión por lo que se ama. Apetece recibir algún mensaje en el que prevalezca el esfuerzo, seguir adelante y perseverar a pesar de las dificultades, el apostar por ese “hágaselo usted mismo” en el que tantos nos encontramos inmersos. Y sobre todo se agradece un final que evita lo obvio y lo esperado, que a mí particularmente me ha encantado; un desenlace que se desarrolla durante los títulos de crédito. Cuando los espectadores más impacientes empiezan a levantarse, tienen que sentarse de inmediato al darse cuenta de que no está todo dicho, que aún les queda la última y optimista vuelta de tuerca, donde la amistad, el amor, la autogestión y la buena disposición llevan a un desenlace que nos deja con muy buen sabor de boca y una alelada y alegre expresión.
La película comienza con Gretta (Keira Knightley), una joven que canta una canción de desamor, ‘A Step You Can't Take Back’ en un bar. Ha salido obligada por un amigo, y la interpreta con pena ante un público con ganas de juerga que hace poco caso a la melancólica cantautora. Excepto un trajeado hombre de mediana edad, con abundante pelo rizado y barba, desaseado y bebido. Dan (Mark Ruffalo) aplaude con entusiasmo y se dirige a la joven para ofrecerse como productor. Resulta ser el fundador de una importante compañía independiente, sumido en plena crisis personal y profesional. Gretta también está rozando el abismo; era la novia de un joven cantante, Dave (Adam Levine) y ambos formaban un perfecto tándem, componiendo juntos canciones y compartiendo su vida, hasta que el salto a la fama del chico les separa, tras abandonarla por otra mujer.
Ahí comienza una relación entre cantante y productor, luchado juntos por sacar adelante, con los pocos medios de los que disponen, el trabajo de Gretta. "Emborrachémonos con nuestras lágrimas". La historia va de perseverar para salir de los agujeros en los que nos mete la vida o nos metemos nosotros mismos; de perseverar por amor, por amistad, por creer ciegamente en aquello en lo que hacemos. El poder de las redes sociales en la autogestión de los artistas, el apoyo de los amigos y la familia, el creer en uno mismo, son las bases que logran que nada se ponga por delante; no hay dificultad que impida llegar a la meta a quien resiste y no pierde el ánimo y la ilusión. La elaboración de la maqueta, con músicos amigos y los pobres medios que pueden ir juntado dan lugar a algunos de los mejores momentos de ‘Begin again’. Bonitos, sin cursiladas, con un punto emocional muy bien medido por el director.
En la película prevalece el poder reparador de la música, la más evocadora de las artes, su fuerza para acercar a las personas, su imán para atraer recuerdos. La música llevará a nuestros protagonistas a resolver lo que no funciona en sus vidas. Dan conocerá de nuevo la ilusión fuera del negocio y toda la porquería que lo rodea, pondrá los cimientos para poner en orden su vida personal y familiar y reconducirá su carrera. Gretta aprenderá a caminar sola, a rechazar lo que le hace daño, a ser fuerte e independiente y tomar las riendas de su vida y carrera, desechando todo aquello con lo que no está de acuerdo.  
El director de ‘Begin Again’ es John Carney, el de ‘Once’, aquella película independiente sobre una pareja de músicos que le dio tantos reconocimientos. ‘Begin again’ tal vez sea en el mainstream lo que fue ‘Once’ en el underground. Aún así la película es hermosa, amable, humilde, con Nueva York como majestuoso escenario; preciosa la larga escena donde recorremos la ciudad de noche de la mano de  Gretta y Dan, conectados a un mp3 que escupe sus canciones preferidas, esas canciones-talismán que todos tenemos y que hablan de nosotros y de nuestra historia, unidos por el cordón umbilical de la fuerza evocadora y emocional de la música.
En una película sobre música y músicos destaco la amable y correcta banda sonora, con algunos temas realmente bellos. Compuesta por Gregg Alexander, cantante, compositor y productor estadounidense, líder del grupo New Radicals, autor de canciones para INXS, Texas o Santana, entre otros. Gregg Alexander co-escribió las canciones para la película con Danielle Brisebois, Nick Lashley, Rick Nowels y Nick Southwood. Como curiosidad el tema ‘Like a fool’, que Gretta le deja en el contestador del móvil a su ex novio, está compuesto por el director de la película, John Carney.
En definitiva, una película bonica del tó.

lunes, agosto 04, 2014

"No me sigas, estoy perdido". Exposición ‘Autorretrato’, de Alberto García-Alix


“García-Alix estuvo en el sitio justo en el momento adecuado... por eso sus fotos no pierden verdad con los años”. Leído por ahí
¿Y cómo conocí yo las fotos (“revelador, paro, fijador”) de Alberto García-Alix, uno de mis fotógrafos favoritos, que elevo a categoría de mito por tantas cosas? Eso me preguntaba el pasado jueves 31 de julio, mientras esperábamos en una larga fila para entrar en el Círculo de Bellas Artes. Asistíamos a la inauguración de ‘Autorretrato’, una exposición dentro de la Sección Oficial PHotoEspaña 2014 de uno de los fotógrafos españoles más admirados y reconocidos.
La muestra, compuesta por 80 obras, recorre muchos de sus autorretratos, desde los de iniciación, realizados hacia mediados de los 70, hasta la época actual, junto con fotos de fragmentos de su cuerpo, paisajes, edificios, interiores y objetos, que a su manera también le retratan. Así debe ser en un autor que se ve reflejado en casi toda su obra, un enorme diario que “en conjunto forma un gran autorretrato”, como afirman en la información sobre esta reciente muestra.
La Sala Picasso del Círculo de Bellas Artes estaba llena el día de la inauguración; allí se dieron cita modernos de todo tipo, mayores, jovenzuelos con actitud, entre cervezas frías ofrecidas en enormes cubiteras y muchos móviles con los que se hacían fotos de las fotos. Ruido, comentarios, ojos muy abiertos, admiración. Y allí estaba Alberto, bajito, canoso, delgado y extratatuado; con buen aspecto. Feliz entre la gente, hablando con todo el que se le acercaba. Por supuesto yo no me atreví.
Echando la vista atrás, siempre me vienen a la memoria esas “autofotos”, de diferentes épocas, edades y circunstancias; en esas imágenes García-Alix refleja sus obsesiones, las motos, los tatuajes (“Letras en mis dedos. Tinta trepando por mi cadera”), el rock and roll, el mar, las drogas... Inconfundibles su poderosa estética y sus escenarios preferidos: las calles de ese Madrid que mata, noctámbulas, decadentes, sucias y llenas de historias, o esas habitaciones que, más que escenas, son también personajes. Siempre he estado enamorada del Alberto de sus autorretratos; aunque él mismo afirma en alguna entrevista que no son tantos, lo cierto es que hay un completo ramillete, como se puede apreciar en esta muestra retrospectiva.
Y por supuesto recuerdo aquellos retratos de la época de la movida, los músicos, la gente del cine, los que fueron famosos, o tantos personajes anónimos hoy inmortales gracias a las fotos del artista. Imágenes que mucha gente tenemos grabadas a fuego y forman parte de nuestra juventud y nuestros recuerdos. Imágenes que no he dudado en ir a ver, en ese ritual que es visitar una exposición, en cuanta oportunidad he tenido. Cuento a menudo la anécdota de que casi me pilla un coche, a pesar de lo prudente que soy yo, mientras cruzaba como una loca para subir a toda prisa en una exposición que le hicieron a Alberto también en el Círculo. Corrían los años 90 y yo entraba a trabajar por la tarde en mi apestoso trabajo de entonces. Si no me apresuraba, no me daría tiempo a disfrutarla con detenimiento, que es como hay que paladear la obra de este grande.
Creo que empecé a fijarme en las fotos de Alberto García-Alix hacia mediados de los ochenta, en las páginas de aquel suplemento que publicaba el ABC los sábados (en mis recuerdos salía los viernes pero he descubierto que erraba por un día) llamado ‘Gente y aparte’, donde muchos de los más modernos de aquel entonces plasmaron sus escritos, fotografías o dibujos, llevados de la mano de Ignacio Ruiz Quintano, Jorge Berlanga, y algunos otros. En el más conservador de los periódicos conservadores se dieron cita durante varios años personajes como El Buitre Buitáker (maravillosas viñetas de Miguel Gallardo, el de Makoki), Edi Clavo, Sabino Méndez, El Zurdo, Leopoldo María Panero, las motos Triumph (más finas que las Harley), las chupas de cuero, las calaveras, el boxeo con Poli Díaz como figura cañí, Blanca Andréu, los toros, las musas de los redactores, los bares chulos, la gente guapa, los tirados, y por supuesto, las fotos de Alberto. Yo era entonces una cría alcorconera y curiosa, que leía todo lo que caía en sus manos. Aquello me llamaba la atención y me empezó a enganchar. Había pijos, y los había menos. Unas cosas molaban más que otras; el Buitre Buitaker, las Triumph y García-Alix, los que más.  Supongo que ahí empezó todo.
Hablaba cuando reabrí el blog, de los creadores que llevan su obra al límite. Es el caso de Alberto, su obra tiene mucho de su vida, y su vida ha pasado a formar parte de su obra. Sus obsesiones, mujeres, adicciones, amistades, sus bares, sus casas, sus motos, sus calles… La historia dice que La Movida empezó en un puesto que tenían en el Rastro de Madrid Ceesepe y Alberto García-Alix. Desde aquel ya lejano 1976 han pasado casi cuarenta años; cuatro décadas de creatividad y de pura vida. Las fotos de Alberto son de una continua fiesta, pero una fiesta que no siempre acaba bien. Una fiesta eterna que ha dejado ausencias, demasiados amigos muertos, vidas rotas. La contrapartida ha sido el caro peaje pagado, pero al fin y al cabo eso es vivir. Los retratos de Alberto García-Alix huelen a flores muertas.
No puedo dejar de destacar al fotógrafo como artista de la palabra. Sólo hay que ver que los títulos de sus fotos son pura poesía. En la exposición me llamaron la atención esa foto del mar titulada ‘La tumba del marinero’, o esa enorme imagen de la mano tatuada de Alberto sujetando un preservativo usado titulada ‘Historia de un amor breve’, o 'Autorretrato con la mujer a la que amo'... Alberto cultiva la palabra con buen gusto; suyos son decenas de artículos, pensamientos, reflexiones, reseñas, relatos, ensayos, incluso ha escrito varios guiones. En su obra escrita también aparecen sus obsesiones, la fotografía, la música, los amigos, los tatuajes, las motos, la noche, Madrid… Estoy leyendo ‘Moriremos mirando’ una selección de textos suyos, que es una auténtico placer.
Como andamos entre sus autorretratos, acabo con este texto que aparece en el libro: “En ese esfuerzo por ver me autorretrato constantemente. El autorretrato es una variante o una extensión del retrato. Cuando no tienes a nadie a quien hacer una foto, te retratas a ti mismo. Muchas veces he sentido deseos de ponerme a llorar enfrente de la cámara, de intentar expresar, sólo con los ojos, el sentimiento del paso del tiempo, el recuerdo de la noche pasada. Es lo mismo que mirarte en el espejo del cuarto de baño. La cámara tiene la virtud de obligarte a ver. No se coge una cámara para no ver. Se coge para detener la mirada y enfocar, para preguntarte acerca de lo que estás viendo, para percibir las presencias invisibles”.
Alberto García-Alix. Autorretrato
Fotografía. Sección Oficial PHotoEspaña 2014.
Desde 31 de julio de 2014 hasta 28 de septiembre de 2014
Círculo de Bellas Artes. Sala Picasso
Marqués de Casa Riera, 2. Madrid





miércoles, julio 30, 2014

Colaboración en la revista peruana 'Discos y otras pastas'

Primera colaboración con la revista peruana; tres grupos que me encantan y pasaron por Madrid este mes de julio de 2014. Discos y Otras Pastas 59 - Julio 2014
JUKEBOX DESDE EL OTRO LADO ESCRIBE: CONX MOYA
Este caluroso mes madrileño viene cargado de propuestas que merecen la pena. Destaco tres conciertos. Tres bandas absolutamente magníficas, proyectos muy personales, de gran calidad y veracidad que tendremos la suerte de tenerlos por estos lares.
THE WAVE PICTURES presenta una gira que no deja de ser curiosa; dentro del ciclo "We Used To Party" la banda tocará al completo el álbum ‘Artistic Vice’ (1991) del reputado y complejo músico Daniel Johnston. Los Pictures son una banda de rock inglés, enmarcados dentro de la escena alternativa, cercanos al lo-fi, en busca de un sonido más auténtico y menos elaborado. Practican un rock luminoso y travieso, muy inglés, pero con letras irónicas y afiladas en la mejor tradición de su país. Se me ocurre tal vez comparar sus canciones con las de The Smiths; ambas bandas comparten cantante con una peculiar forma de interpretar.
El elegido es Daniel Johnston, un músico y dibujante estadounidense nacido en 1961. Se trata de un artista muy peculiar, a quien su compleja vida ha influido para desarrollar una larga, sinuosa e irregular carrera que comenzó a finales de la década de los 70. Músico underground, sin embargo ha sido alabado por numerosos artistas de la talla de David Bowie, Yo La Tengo, Sonic Youth, Eddie Vedder o Beck. Dicen The Wave Pictures que ‘Artistic Vice contiene toda la esencia del mejor Daniel Johnston. Composiciones puramente pop con formato de rock-garajero adolescente, sus poco sutiles rasgueos de guitarra marca de la casa y grabación casera total”. De sus versiones de Johnston destaco la canción ‘My Life is Starting Over Again’, un torrente de buen rollo musical.
BLACK REBEL MOTORCYCLE CLUB. El grupo, formado en San Francisco en 1998, está considerado como una de las bandas que revitalizaron el rock en los inicios de la década del 2000. En sus años de carrera se han mantenido fieles a su estilo, con una estética entre el rock clásico y el punk. Han experimentado alguna variación, en concreto hacia el country godspell en su disco Howl, un cambio de estilo que les acercó a la generación de poetas beat; precisamente tomaron del poeta Allen Ginsberg el nombre del disco. Un experimento complicado pero del que salieron más que airosos. Intensos, emocionales, la tristeza, la nostalgia y los adioses forman parte de su repertorio. Pero también saben ser feroces, furiosos, reflejar en sus canciones toda la rabia desatada. Sus álbumes están llenos de atmósferas evocadoras y ardor. La música de BRMC es melancólica, aunque nunca marcha a medio gas; apasionados, sus composiciones están muchas veces rodeadas de una cierta épica, marcada por la poderosa batería, curiosamente el instrumento que ha cambiado de manos hasta en tres ocasiones en la banda, pero que para mí es una de sus señas de identidad, además del potente sonido de guitarra que siempre ha desplegado el trío.
Su último disco hasta la fecha es Specter at the Feast (2013). Como anécdota, se les puede escuchar en la última película de Jim Jarmusch ‘Solo los amantes sobreviven’; su “Red eyes and tears” suena en un club donde acuden los protagonistas a ver un concierto de rock. Que alguien como Jarmusch te incluya en alguna de sus bandas sonoras no es cualquier cosa. Una grandísima banda.
EELS, el grupo bajo el que se esconde Mark Oliver Everett. Sin quitarle ni pizca de mérito musical, la cantidad de desgracias que le han sucedido en la vida al líder de la banda han hecho que a veces se hable más de sus tragedias que de su música, que en verdad merece la pena. Y mucho. Su ‘Novocaine For The Soul’, es una canción fundamental para mí. Rodeado siempre de curiosidades y anécdotas vitales a Mr. E le ha sucedido de todo. Se cuenta que George Bush hijo intentó prohibir a la banda por nociva, y que una gira que realizó con una orquesta de cuerdas y viento fue fruto de un sueño del músico. Las penas que le han acechado en su vida son para tumbar al más fuerte. Hijo de un reconocido científico, a la muerte del padre seguirán la de la madre a causa de un cáncer, el mánager de la banda y la tía azafata que iba en uno de los aviones secuestrados el 11-S, además de su amada hermana, que acabó suicidándose. Everett, de adolescencia retraída y complicada, es un caso claro de cómo la música puede salvar, mientras consigue con sus trabajos plasmar una actitud positiva ante la vida, sin tonterías ni falsos optimismos.
De Mr. E también quiero destacar el libro ‘Cosas que los nietos deberían saber’, un libro autobiográfico que habla de seguir, seguir vivo y seguir adelante a pesar de todas las pruebas que te ponga la vida. En abril de este año, Everett ha publicado su último disco, titulado The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett.

martes, julio 22, 2014

“No se ama lo sumiso”. ‘Nadie ama un hombre bueno’. Carlos Zanón


Carlos Zanón (Barcelona, 1966) atesora ya un número nada desdeñable de libros de poesía, ensayo y cuatro novelas. Es un narrador más que notable, que juega con el lenguaje con gran poderío y a la vez crea tramas muy bien construidas, que enganchan irremediablemente, con unos finales siempre sorprendentes y que dejan en ocasiones en estado de shock. También es Zanón un constructor de personajes muy potentes, quizá en especial sus personajes masculinos, perdedores, ofuscados, desequilibrados, perdidos, derrotados irremediablemente. Como Francis de ‘Yo fui Johnny Thunders’, un hombre que casi fue alguien en su juventud y que a pesar de su caída en picado lucha desesperadamente por sacar la cabeza; o Epi, de ‘Tarde, mal y nunca’, desequilibrado y obsesivo pero que intenta pelear, de manera muy equivocada eso sí, por la mujer a la que ama; o Bruno y Max, de ‘No llames a casa’, chantajista y chantajeado respectivamente, que también pelean, con dignidad de perdedores, por seguir adelante y arrebatar, aunque de manera poco edificante, un trozo de aquello que la vida no les regala.
‘Nadie ama un hombre bueno’, (Editorial Quadrivium, 2008) es su primera novela, y en ella ya se reflejan muchos de los temas que interesan al autor. Sin embargo el protagonista, Martín, no llega a los estados de desesperación que alcanzan sus personajes de novelas posteriores. Tal vez su desorden es mucho peor. Porque Martín no cree en nada, no ama a nadie, no lucha por nada. Es un personaje por el que no puedo sentir ninguna empatía. Como tampoco puedo comprender a Cristina, esa mujer que intenta a base de insistencia y casi por aburrimiento, conseguir al hombre en el que se ha fijado y del que no obtiene, y es imposible que obtenga, ninguna felicidad. Esa mujer que es un “plan B” para Martín, pero ella, lejos de sacarle de su vida, insiste en perseguirle y estar con él, indiferente a sus desaires.
En esta primera novela Zanón habla sobre personas que se sienten atraídas por quien les tratan mal. Cristina, que sale de una relación de pareja en la que ha habido maltrato, se engancha con Martín, que apenas oculta que la desprecia y quien poco más que la usa. A su vez Martín, cuya táctica es abandonar a todas las mujeres con las que emprende una relación, un hombre siempre a la fuga, está obsesionado por Laura, la única mujer que le abandonó, la que peor le trató, con diferencia.
Personalidades obsesivas, adictivas, crueles, personajes enganchados a tratar mal y a que les traten peor; como están enganchados al tabaco y a la bebida, consumidores ocasionales (o no tanto) de drogas más duras y algo peor vistas. Enganchados al sexo rápido, a las relaciones esporádicas, hastiados, insatisfechos, sin fuerza para hacer nada más allá que quejarse. Sin intereses, sin esperanzas, sin sueños. Martín vive su vida mecánicamente, espera que las cosas sucedan, no hace nada por cambiarlas; así, siempre está pensando en dejar su aburrido trabajo pero nunca se atreve; así, se deja llevar en relaciones que no le satisfacen con mujeres que no le llenan.
El propio Martín no entiende qué encuentran las mujeres en él. Tal vez si pudieran ver lo que esconde realmente en su interior saldrían corriendo, o bien mirado tal vez no. El tipo de mujer que se le acerca puede que busque el desprecio que ofrece Martín, la falta de compromiso, de cariño verdadero. El trato áspero y desagradable con que no tarda en obsequiarles.
Pero resultará que Martín, el gran depredador, el manipulador, será quien resulte atrapado. En uno de esos sorprendentes giros finales a los que nos tiene acostumbrados Carlos Zanón, Martín se verá irremediablemente unido a quien estaba planeando abandonar, a quien deja bien claro que no soporta.
Zanón, en esta primera novela, trabaja con esmero una prosa poderosa, potente, dura, de gran fuerza expresiva. Como en sus obras posteriores, no juzga la actuación de sus personajes, no se pone en contra ni de parte de ellos, el narrador expone los hechos y los sentimientos, sin valoraciones morales, lo que es de agradecer.
Para finalizar, como siempre me sucede con las novelas de Zanón, encuentro en este libro muchas frases para subrayar, textos que no puedo pasar por alto. Dejo aquí una pequeña muestra.

"De hecho, su fortaleza era la del torturador. Sin damnificados, sin gente más débil que le necesitaran, que le demandasen su amor, sus palabras, su presencia, a Martín se lo tragaba la nada".
“Somos las cosas en las que nos equivocamos, los amores que no elegimos, los mil espejos en los que decidimos no mirarnos al pasar”.
“Antes de irse a dormir, Martín solía llamar a una, dos, tres, cuatro mujeres para escuchar que le querían, que estaban ahí, que dependía de él romper el encantamiento y hacer andar una nueva relación con alguna de ellas. (…) Y cuando escuchaba que le querían, en cuanto sabían que seguían, como en aquella canción de Bambino, al otro lado de la pared, dejaba de tener esa urgencia de hablar con ellas, de quererlas. El hambre desaparecía y ellas quedaban retorciéndose como cables de alta tensión, caídos y brillantes atrás, en el suelo, a sus espaldas”.
“¿Por qué sin violencia no hay victoria? Sólo negociación y más negociación. Un ejército de palabras encadenadas una a otra hasta la derrota más cruel: aquella que no tiene vencedor. Armisticios, fraudes, mentiras. Entender al adversario es empezar a perder. Violencia física, emocional, psicológica. Violencia laboral, familiar, sexual. Violencia como la de Laura: arrasar con todo, no mirar atrás, no dejar prisioneros. (…) No dejes opción: matar a tu ex amante es preferible, es mucho más eficaz que abandonarle, que ser abandonado. Si le dejas vivo acabará por recuperarse y es posible que te lastime, el día menos pensado, con un lejano y traicionero boomerang de sus sentimientos”.
“Martín buscaba alguien que se resistiera, que no supiera o quisiera mentir. Porque la evidencia era la que era. Todos los que podían mentir mentían. Todos los que podían ser mentidos, eran mentidos. Sin excepción”.
“¿Aún amaba Helena a Martín? No, ya no. Echaba a faltar que la hiciera reír, que la ilusionara con la vida que no estaba dispuesta a aceptarse a su lado, y al mismo tiempo, aceptar la imposibilidad de aquél para ser feliz si no podía joderlo todo, de una forma estacional, periódica. Cuando se desvaneció el hechizo, Helena miró a Martín y le vio. Por primera vez le vio de verdad. Un farsante, un trilero, un pobre ladrón que le pedía tiempo para marcharse y volver luego. Y entonces pensó en su padre, tan recio, tan trabajador, tan inexpugnable”.
“La vanidad es una estrella en permanente estado de ignición”.
“Nada puede crecer en el desierto, regado con el agua salada de la obsesión”
“A veces no dejaba de estar bien eso de la crueldad. El ser un perfecto hijo de puta”
“Martín se levantó de la cama, pasó por delante del espejo, se miró y no se gustó. No entendía por qué excitaba a las mujeres, por qué se dejaban engatusar por él. Creían ver algo más de lo que había. Niñas que, confiadas, se iban metiendo en dirección contraria a la que peinaban las olas hasta que ya no tocaban pie, hasta que ya era tarde. O quizá no. Quizá la víctima fuera él, engañado, borracho de egocentrismo. Quizá ellas si sabían quién era y por eso se quedaban a su lado”.
“Porque en la vida nunca pasa nada hasta que sucede todo (…) La vida está inmóvil hasta que, de repente, echa a correr. Las cosas suceden todas a la vez. El cielo se desmorona encima de ti, es un desastre completo o bien las cartas que van llegando son tan buenas que te miras las mangas por si has estado haciendo trampas y ni tú lo sabes”.
“Sé adictivo y depredador, sé el caníbal de los recuerdos y de las esperanzas de otros, el cáncer que carcome huesos y alma, la mierda que los pudre, que los hace reír, que les mata de inquietud”.
“Si abandonas a alguien y después a otro alguien y a otro alguien, serás intocable: nadie podrá abandonarte jamás”.

Leer reseña sobre las otras tres novelas de Carlos Zanón

lunes, julio 21, 2014

Nada es más antiguo que ser un moderno


Siempre vamos tarde... Las fotos de pies estaban ya anticuadas hace dos veranos. La moda de los gintonic modelo ensalada está más que superada. Aún así yo me he entregado este verano con entusiasmo a todo lo pasado de moda. Y es que no hay nada más anticuado que ser un moderno. 

El gintonic es del Bar Surf Pez Globo, que mola, ponen música buenísima, recomiendan bebidas bien chulas, está muy bien de precio y te tratan superior. 

(Pintura de uñas de baratillo; tobillera de uno de los puestos del Paseo 9 de Octubre. Ginebra Williams Chase con tónica de cereza, limón y pétalos de rosa)

lunes, julio 07, 2014

Nadad, nadad, malditos


Nadad, nadad, malditos / Sumerjámonos hasta perder el control / Borrachos de sal / Dorados y crujientes por el sol / Ojos llenos de azul...”

‘Hecatombe vacacional’, canción de la maqueta Mejorando a peor, de Cierre por impago; del libro en construcción ‘Sin pedir permiso’

viernes, julio 04, 2014

Pinturas de guerra...

… Esa pedazo de hembra, que no apuntaba maneras si no que las tenía todas más que confirmadas. Aquella María Vanessa, mi Vane, andando por nuestra avenida más tiesa que un palo, juncal y flamenca punk, princesa prometida de barrio republicano. Con esos andares soberbios que hacían que por donde pasara no volviera a crecer la hierba. Esa Atila pintada para la guerra con rimmel y carmín de rojo rabioso.

Tenía fama de cabrón y una legendaria mala hostia, pero sabía ser galante y pinturero con las mujeres cuando la ocasión lo requería. Y vaya si aquella chavala lo requería, con ella me empleé a fondo hasta camelármela, aunque sólo sucumbió cuando a ella le dio la real gana. Estaba loco por la Vane, encoñado, obsesionado, a aquella mujer esplendorosa me la estaba comiendo yo, pero ¿sólo yo? A veces me golpeaba un ramalazo de celos, eran pequeños detalles, frases que la Vane empezaba y dejaba sin acabar de repente, gestos, momentos en que me rehuía, yo que sé… Aquella Lolita mayor de edad por los pelos no era para un solo hombre. Estaba convencido de que la Vane tenía sus más y sus menos con otros tíos, del barrio y de fuera y lo último en que pensaba era en que yo me enterara.

El deseo se me había subido a la cabeza y no me dejaba pensar con claridad. Estaba ofuscado y la obsesión hacía que deseara gritar a los cuatro vientos que estábamos juntos. Pero Vane no era partidaria. Ella no era de nadie. Nunca se sabe hasta dónde puede llegar un imbécil enamorado. Pensé que poner eso de “Vane, Te amo” era una mierda demasiado moñas, aunque era verdad que la amaba, o sólo estaba trastornado por aquella nena, yo qué sé. Y decidí que siendo yo un salvaje, un chungo, tenía que hacer algo a la altura de mi fama. Y escribí frente al portal de Vane, en la acera, con un spray color cereza para mi Cherrybomb, “Vane, Te follo”. Hasta qué punto aquello sentó mal a la Vane lo supe pronto, no directamente a través de ella, si no de manera diferida o subrogada. Una noche, llegando a casa, alguien enorme a quien no pude ver la jeta me agarró en un callejón. Me golpeó y pateó lo que quiso, me llovían hostias por todas partes. No fui capaz de plantar cara, sólo de protegerme hasta donde me fue posible. Quien fuera aquella fiera me roció con un spray color cereza por si tenía alguna duda de por qué me ahostiaba; me llenó la chupa, el pelo, la cara, un Cristo... Al día siguiente la pintada frente al portal de la Vane estaba borrada, no sé quién lo hizo ni cómo. Y la Vane desapareció para siempre de mi vida.

Otra cosa no, pero orgulloso lo he sido un rato, desde niño, y me dije que aunque volviera a mí de rodillas, jamás querría saber nada de ella. De todas formas nunca tuve ocasión. Para Vane me volví en completamente invisible, no me habría vuelto a tocar ni con un palo.

sábado, junio 28, 2014

Breve y disfrutado recorrido por Pastrana


La verdad es que ir a Pastrana sin saber que fue la cuna (si no de nacimiento sí de vida y muerte) de la mítica Princesa de Éboli, es de una ignorancia y despiste de nota. El mini viaje organizado corre que te corre no había dado para buscar mucha información. Las sorpresas irían llegando a través de la propia villa, que esconde muchas delicias, fácilmente accesibles con sólo estar un poco atentos.
Llegamos a Pastrana arrastrados por un precioso spa. Decir, eso sí, que quien pretenda acercarse a Pastrana en transporte público lo va a tener complicadillo. Vale, que nosotros somos unos frikis y todos vais en vuestro cochecito; suertudos vosotros. Si alguien más viaja en autobús, estad muy atentos a los horarios en especial el fin de semana. Preguntad en la estación y en la oficina de Turismo de Pastrana (situada en el Palacio Ducal). De nada.
El primer sitio destacado que seguramente pisaréis será la plaza principal de Pastrana, la Plaza de la Hora, luego cuento por qué se llama así. Allí os chocaréis con el grandioso palacio ducal. Un camión de reparto de pasteles, con la princesa de Éboli dibujada, y una grandiosa fuente frente a nuestro alojamiento construida por los príncipes de Ébolia, me despertó del despiste, Pastrana tiene que ver, y mucho, con la Princesa de Éboli, la “tuerta” más bella y famosa de todos los tiempos. Refresco en mi memoria lo que puedo de aquella historia y efectivamente confirmamos que es la villa de los Duques de Pastrana y Príncipes de Éboli. Los Austrias, conspiraciones, encierros, los datos me bailan pero pronto tendremos oportunidad de repasar, gracias a los folletos que nos ofrecen en la Oficina de Turismo, aquella fascinante historia de intrigas y poder.
Os hablaba antes de la fuente. En la plaza de los cuatro caños se sitúa la fuente del mismo nombre, una maravilla de 1588, en forma de copa, con cuatro caños altos que salen de cuatro caras. Está llena de simbolismo: la rosa de los cuatro vientos, los cuatro puntos cardinales, las cuatro edades del hombre… Porque las caras representan la niñez, la juventud, la madurez y la vejez. Los tres primeros rostros tienen largos caños en la boca, el anciano en su nariz. Aquella plaza era la principal de la villa medieval, cubierta de soportales en la época, que desaparecieron con el tiempo. Una única columna, medio oculta entre dos casas remozadas es solitario testigo de aquel antiguo esplendor. Allí estaba toda la vida en la época medieval, el mercado, el mentidero, donde se hacían los negocios y corrían las noticias.
Una de las visitas imposible de perderse es a la Colegiata de Pastrana. No soy yo de iglesias pero la cantidad de Historia y de Arte con mayúsculas que encierra este edificio es para no perderse de visita. Para no eternizarme, resumo contando lo más destacado. La visita corre a cargo de una divertida señora de la localidad, Victoria, que se las sabe todas. Os hablará sobre arte, algo de religión, una pizca de Historia, y mucho de anécdotas y chascarrillos, con lo que pasaréis un rato muy divertido. Una de las primeras cosas que apreciamos en la visita fue el bellísimo órgano, construido en 1704, y que pudimos escuchar un ratico, de la mano del párroco. Hay que destacar que la Colegiata tiene algunas obras de arte absolutamente primorosas, como los magníficos tapices, de los que tanto nos hablaron, pero no pudimos contemplar ya que permanecen guardados a la espera de que se abra el Museo que aún está en obras. También destacaría un impresionante catafalco de ébano; como objeto curioso una silla donde dicen que se sentaba Santa Teresa, un maravilloso Cristo románico del siglo XIII, colocado eso sí sobre una cruz que es un auténtico pegote; el retablo de Matías Jimeno, con pinturas de diez santas mártires, que según nos contaron representan los diez embarazos que tuvo la princesa, de los que sólo llegaron a la edad adulta seis de sus hijos; otra belleza es la pintura realizada sobre una piedra de ágata traslúcida, obra del pintor francés Jacques Stella, que representa la Asunción de la Virgen, regalada por el Papa al Duque de Pastrana, llegó rota, se pegó y hoy en día está situada en el altar mayor. La bajada a la cripta fue para mí un trago. Muy antigua y fría, allí están enterrados los príncipes de Éboli, los padres de la princesa y sus cuatro hijos varones, en unos soberbios sarcófagos de mármol; se encuentran en la cripta además algunos otros descendientes. Destacar que allí descansa Pedro González de Mendoza, el hijo franciscano de la princesa, que fue quien dio esplendor a la Colegiata. Escalofriante fue para mí cuando Victoria contaba los entresijos familiares entre la princesa y su padre (hijo del famoso Cardenal Mendoza, “porque los cardenales también….”). Allí estábamos, situados entre las tumbas de mármol y con un “helor” que calaba nuestros huesos, y yo me imaginaba al padre de Ana de Mendoza saliendo de la tumba y echándonos una buena bronca, por hablar mal de él. Brrrrrrrr.
El Palacio de los Duques de Pastrana domina, majestuoso, la Plaza de la Hora, una construcción maciza, bastante bien conservada, con dos torres a cada lado, un frontón neoclásico con el nombre de la familia Mendoza, su escudo, y partido por el balcón al que se accede desde la sala principal del palacio. Camilo José Cela en su viaje a la Alcarria narraba cómo encontró el palacio allá por junio de 1946 cuando visitó la comarca; más o menos era algo así: un burro, gallinas picoteando estiércol, niños jugando, paja y tierra, y familias que lo habitaban como si de una gran corrala se tratara. Nos explicaron que el Palacio había acabado siendo propiedad de la Iglesia tras cederlo un descendiente de los duques, y como contaba Cela, incluso llegó a estar habitado por familias. En 1997 pasó a ser propiedad de la Universidad de Alcalá de Henares, que se encargó de las labores de reconstrucción y acondicionamiento, como sede para cursos de la universidad y como grandioso centro cultural para la villa de Pastrana. Lo que sorprende al entrar es la moderna estructura a base de metal y cristal que se ha añadido al patio. Nos cuentan que siempre estuvo vacío, las columnas de mármol de Carrara compradas para el palacio, que vestirían el patio al estilo renacentista, nunca llegaron a Pastrana; pagadas estaban pero se quedarían finalmente en Valencia, en concreto en el Real Colegio Seminario del Corpus Christi.
En la visita se enseñan varias estancias del palacio, como la capilla de la princesa, la sala principal, que se dice que estaba lujosamente decorada con magníficos muebles de madera, o la habitación donde la princesa de Éboli pasó los diez años en que estuvo recluida en el palacio por orden de Felipe II y hasta su muerte. Se dice que cuando ya no le dejaban salir de la habitación, tan sólo podía asomarse durante una hora al pequeño balconcillo cubierto por una bellísima reja, con vista a la Plaza mayor, que por eso se llama Plaza de la Hora. Como curiosidad los vecinos estaban vestidos de época en la mañana que visitamos el Palacio Ducal, con trajes hechos por ellos mismos.
El Spa Rural Pastrana está ubicado en un precioso molino de agua del siglo XVII. Se comienza con chorros y jacuzzi en unas piscinas recubiertas de piedra; luego exfoliación con productos naturales de la zona (uva, higo, granada); baño turco de vapor; masaje para desatar esos nudos que no nos dejan avanzar y para finalizar la “zona de descanso” con camas, aromaterapia y la colocación de piedras, allí nos obsequiaron con unos trozos de fruta y té para reanimarnos después de tanta relajación. Querría destacar la estupenda atención de quienes trabajan en el spa, y la preciosa decoración, donde se ha integrado los restos del antiguo molino, con piedra, paredes encaladas, madera pintada de azul y bonitos detalles, como espejos de metal, rejas antiguas rescatadas de quien sabe donde, muebles restaurados para guardar la ropa, flores…
Pudimos disfrutar también de una degustación en el restaurante Cenador de las Monjas, ubicado en el Convento de San José, y que data del S.XVI. El convento fue fundado por Santa Teresa, ya hemos comentado que la santa de Avila de la que se celebra en 2015 el centenario, tiene mucho que ver con Pastrana. La Princesa de Éboli también tuvo relación con el convento, allí se retiró por un tiempo tras la muerte de su marido Ruy Gómez de Silva; le dio entonces el antojo de ser monja, pero lo que logró fueron sonados enfrentamientos con Santa Teresa. El edificio no parece gran cosa desde fuera pero por dentro mantiene una cuidada decoración que remite a la época, vigas de madera antiguas, suelo de barro, bellas lámparas, una chimenea de piedra abierta que me recordó mucho a la que había en casa de mi abuela y curiosos cuadros pintados por el hermano de los propietarios. Riquísima la comida, preciosa la decoración de los platos y un servicio amabilísimo y cercano. Fue un placer disfrutarles, por el trabajo tan bien hecho, qué cuidado todo, y por la ilusión con la que saben trasmitir el amor por la comida. Me llamaron la atención el pimentón picante de las sopas de ajo y el macis de la crema de calabaza, que no es ni más ni menos que la cáscara de la nuez moscada, como me explicaron. Resulta más refinado, menos evidente que la nuez moscada, no se come los otros sabores, es “divertido”, como dicen en el Cenador de las Monjas. Divertirse comiendo, genial.
Es muy grato pasear por el pueblo, asomarse en la Plaza de las Horas al mirador desde donde se divisa todo el valle; o dar una vuelta por las afueras, caminando al lado de los cuidados huertos, acompañados por el perfume de las higueras y alegrándonos la vista con los granados en flor. O caminar por las empinadas calles del pueblo, entre el silencio y la paz de las casas centenarias del centro. Tomar un café con bollo en alguna de las pastelerías que ofrecen dulces y miel de la tierra. No dejéis de pasar por la Calle de la Palma, donde hay varios edificios reseñables como la sede de la Inquisición y una casa donde parece que se alojó una sinagoga. En Pastrana hay un barrio de El Albaicín, habitado en la época por moriscos que trabajaban la seda, traídos del Albaicín granadino, ellos tuvieron mucho que ver con los bellísimos tapices por los que es, entre otras cosas, tan famosa la villa. Es de imaginar que con tanta población de origen morisco y judío la Inquisición estaría a tope.
Os recomiendo que busquéis porque se pueden encontrar muy buenas ofertas, donde se incluyen varias de las actividades que recogemos en este recorrido por Pastrana. Buen precio para pasar un fin de semana de lo más relajante y agradable, con descanso, arte, buena comida e historia con mayúsculas.