Descubriendo la música saharaui. A voleo

6:57 p. m. Conx Moya 0 Comments


"Duna, espejo de ola. Ola, espejo de duna. Duna, espejo de ola, espejo de Sáhara, espejo de mar". Hace ya diez años que viajé a los campamentos de refugiados saharauis y lo descubrí todo de golpe, porque cuando fui no sabía absolutamente nada, ni la Historia, ni costumbres, ni quiénes eran los saharauis y por qué estaban allí.... lo que se dice una completa desubicada.

Una de las cosas que más me impactó del viaje fue la música, diferente a todo lo que había escuchado antes, con fuerte influencia africana, de tradición milenaria, exótica y... ¡con guitarras eléctricas! Aquellos conciertos disfrutados encima de la arena, protegidos por suaves alfombras, rodeados de niños, familias, saharauis, amistad, artistas, entrañaban una extraña familiaridad, ¿por qué encajaba yo tan bien en un lugar a miles de kilómetros de casa?; aquella fue también mi no-tierra, y ellos se conviertieron en mis amigos, y con el tiempo en parte de mi familia. Aquellos conciertos al aire libre del Sahara libre me abrieron la puerta del Sahara. La curiosidad de mi amigo Romano me hizo descubrir la música saharaui, sus artistas, sus alucinadas afinaciones, su alegría perpetua, los valientes bailes de las mujeres saharauis, siempre libres, las percusiones africanas del tbal, y los enormes radiocassettes en las jaimas, donde, además de la BBC en árabe, se escuchan eternas cintas de haul (ese nombre lo descubrí más tarde).

En mi diario de recuerdos sobre aquel viaje, "Los otros príncipes", la música ocupa un lugar destacado:

Romano habla de música con César, comentan alucinados los extraños acordes y combinaciones que utilizan los saharauis con sus guitarras eléctricas tan marcianamente afinadas.

Mientras me pintan escuchamos música en el cassette, porque en la casa hay un enorme cassette de doble pletina encima de una caja de cartón, justo al lado de la puerta. Las familias tienen música puesta todo el día y esta que escuchamos es realmente bonita.

Esta familia también tiene un enorme radio cassette y comentamos lo mucho que les gusta la música a los saharauis, todos tienen sus respectivas cintas de actuaciones grabadas en directo y yo le pregunto al técnico si sabe dónde las venden. Nos dice que en alguna de las tiendas las has visto, él también quiere llevarse música a Madrid. Esta tarde, si finalmente damos un paseo después de la recepción, lo intentaré.

Nos queda un artículo esencial, mi ansiada cinta, así que Aglifa nos conduce a una tienda de música. En el Sahara se funciona con cintas grabadas, se venden conciertos en directo copiados una y mil veces, por supuesto es imposible encontrar una grabación original. En la tienda encontramos gran cantidad de cassettes apilados en una estantería y hay posters de cantantes latinos, domina la tienda una gran foto de Julio Iglesias, un poco surrealista. Aglifa traduce mi petición al dependiente y él me enseña varias cintas con el título en árabe, no entiendo nada, claro, pero no hay problema, allí te ponen raudos y veloces la cinta para que la puedas escuchar. Yo quiero música tradicional saharaui, ni Chayannes ni Julios ni cantantes pop argelinos. Me pone al final una que suena más o menos bien, aunque la que realmente me gusta es la cinta que escuchamos una y otra vez en nuestra casa, me tiene absolutamente enganchada. Aunque esta puede pasar. Digo que sí a la compra de la cinta. “1000 pesetas”, es el precio que me pide el muchacho, mientras Aglifa está distraído con Said. El de la tienda se apresura a cobrar y Aglifa me mira muy serio cuando se da cuenta. El guía me aplica su aplastante lógica sin compasión, “pregunta el precio antes de comprar”. Una marca irreconocible, Sunny, una grabación pirata en una cinta malísima me ha costado 1000 pesetas. Aglifa habría regateado si no me adelanto pero ahora me la tengo que quedar, de todas formas el guía nos dice que podemos grabarnos su cinta con el cassette de doble pletina de Said. Romano resume el incidente como “la cinta de T’antimao”. ¡Por lista!

Aglifa graba la cinta de la casa, porque quiero llevarme el recuerdo de su música. El guía sujeta mi grabadora al lado del radiocassette, recostado en la pared y cada vez que salta la cinta tiene que parar la grabación y volver a apretar el play para continuar, nuestro amigo coloca con paciencia un cartoncito para sujetar las teclas, aunque Said nos recuerda que podemos grabar la cinta más tarde en su cassette de doble pletina.

Disfrutamos de un grupo saharaui que realiza un completo y extenso número de canto, música y danza. Representan diferentes escenas de la vida cotidiana, recolección, lucha, siembra, que resultan muy coloristas. La música de los saharauis me suena diferente a cualquier otra música árabe que haya escuchado nunca y lo cierto es que ¡me encanta!

A Romano, que intentaba pillar con enorme interés los acordes y afinaciones de las guitarras saharauis le dedico esta canción de A voleo, que os recomiento disfrutar a todos también. Romano, para ti, en una pirueta espacio temporal, esta preciosa canción.

NIÑA SAHARAUI (escuchar aquí)


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