Con Carlos Pardo en la Cocina del Escritor. ‘El viaje a pie de Johann Sebastian’

6:40 p. m. Conx Moya 0 Comments


Descubrí al escritor Carlos Pardo (Madrid, 1975) por una entrevista de Kiko Amat, personaje muy preferido que hace unas recomendaciones maravillosas. Hablaban sobre la publicación de la última novela de Pardo, ‘El viaje a pie de Johann Sebastian’. Desconocedora de su anterior libro, ‘Vida de Pablo’, y de su obra poética, mi única referencia eran sus hermanos músicos, Fernando y Miguel, miembros de bandas como Sex Museum, Los Coronas o Corizonas. Así que yo imaginé que el libro del “hermano pequeño”, Carlos, tendría mucho de música, juventud infinita, y ese mundo que tanto me atrae.
No podía estar más equivocada. Nada de exaltación de la juventud, 'El viaje a pie de Johann Sebastian’ es un libro donde la vejez y la enfermedad están presentes de manera asfixiante. Ajena a cualquier género, una aguda mirada a la sociedad española de su tiempo, que es el nuestro, y una crónica sin piedad sobre descomposición de una familia, que es la suya, completan un libro difícil de clasificar, lleno de frases y citas para subrayar y que hace pensar mucho.
La extensa entrevista con Kiko Amat y las ganas de escuchar al autor, nos llevó a acercarnos al Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Dentro del ciclo La Cocina del Escritor, donde autores del panorama literario actual cuentan cómo han escrito su última novela, Carlos hablaba sobre ‘El viaje a pie de Johann Sebastian’. Muy generoso, llevó sus cuadernos y diarios para enseñarnos algo más sobre su forma de escribir, ya que de eso iba el evento, que comenzó con una reflexión del autor sobre la novela.
Reconozco que me resulta difícil escribir una crónica de lo escuchado. Es complicado transcribir de manera coherente mis notas, tomadas durante una charla extensa e interesantísima, profunda y plena de ideas brillantes, pero que transcurría llena de recovecos, ausencia de certezas y sembrada de duda e incluso contradicción. Como la vida misma. Es Carlos un hombre de cuarenta años y aspecto juvenil, con sus pelos revoltosos y sus patillas desordenadas ya plagados de canas, vestido como un joven aplicado, fuera de las últimas tendencias, muy genuino. Un rostro agradable, infantil y unos dientes descolocados, reflejan una juventud en la que parece estar eternamente instalado. Todo eso lo apreciaría yo más tarde, cuando nos acercamos a saludarle y pedirle una firma en nuestro ejemplar de su libro ‘El viaje a pie de Johann Sebastian’. Carlos, tremendamente educado y amable, desprende sincera calidez y cercanía. “Nos hemos visto antes, ¿verdad?”, nos preguntó y nos escribió en la dedicatoria del libro. Si él lo dice, seguro que es así.
‘El viaje a pie de Johann Sebastian’ es una de esas novelas de formación o aprendizaje, donde alguien narra su vida convertida en experiencia. “La experiencia es la manera que tenemos de dar sentido a lo que sucede en la vida aunque tal vez no tenga sentido. Asumir la vida requiere de un ejercicio de ficción bastante fuerte”, afirmó Carlos durante su charla. En la novela la imaginación es una cualidad secundaria; lo más importante es la observación. En los escritores hay una tendencia a ficcionalizar la propia vida, entrando en la novela de autoficción. En palabras de Carlos “El género autobiográfico corresponde a la necesidad de la sociedad de tener una voz propia”.
Dandysmo de barrio.
El libro, que le ha costado al autor cinco años de trabajo, se enmarca en los últimos cuarenta años de la historia de España y los sucesivos lavados de memoria del país, a partir del fracaso de un modelo social y el fracaso personal de su propia familia, considerada por el autor como una familia normal aunque el editor y los lectores la han tachado de muy original. Narra la vida de una familia “vulgar, mediocre, desclasada hacia abajo, con anhelos sociales casi aristocráticos, que sin embargo aspira a ser distinta, dandy, original”. Ser original es “el más mediocre de los esfuerzos”, en palabras de Pardo, ya que pensamos, erróneamente, que nos diferencia. Más allá de lo que pueda tener de kamikaze hacer un libro de estas características, que lo tiene, ‘El viaje a pie de Johann Sebastian’ está lleno de lucidez desde la desesperanza. Porque no hay lugar para la redención ni la esperanza; no caben los finales felices. Una situación tremenda desemboca en la descomposición de una familia, con padres separados y finalmente enfermos y dependientes y cinco hermanos no muy bien avenidos. Escribir sobre la propia vida es convertirse en otro y la forma de poder afrontar la escritura sobre hechos tan duros, que además suceden en la realidad y en su propia familia, es el desapego. Pardo decidió escribir como si todos los personajes hubieran muerto, incluso él mismo, o pensando en que no iba a ser publicada. Lo que le daba más miedo fue lo que en realidad le daba valor al libro. Finalmente decidió que no hacía falta que nadie quedara bien. “Me obsesionaban los hechos y la identidad de esos españoles educados como burgueses pero más pobres que las ratas. En definitiva es la historia de la caducidad de una familia”. No sé si es cuestión de echarle valor, de ser kamize o de tener una gran necesidad de ajustar cuentas, para contar una historia tan propia con esa desnudez y desgarramiento. Esta forma cruda de reflejar la realidad de una familia en decadencia le han llevado a ser comparado con Los Buddenbrook o “El desencanto” de los Panero. Yo encuentro ciertas similitudes en ese intento de ajustar cuentas con el padre con la obra del noruego Karl Ove Knausgaard. Entiendo que en el caso de Pardo, también con sus hermanos mayores.
Como estábamos en “la cocina del escritor” Pardo hizo varias referencias al género y la estructura de la novela. Confesó que comenzó escribiendo una novela de ficción. Sin embargo “no quiero inventar personajes cuando puedo observarlos”. Intentaba descomponer y analizar determinadas experiencias. Quería escribir una novela de ficción, sobre la historia de un viejo, “la vejez es el tema del futuro”, afirma. Al no estar muy convencido con el resultado, se planteó que la mala ficción era la responsable del fracaso de aquellos personajes, lo que le llevó a escribir una nueva novela, esta vez sin ponerse restricciones. Pardo muestra a su familia “de manera tal vez impúdica”. El autor asegura que no hay un ánimo revanchista pero la novela ha terminado generando consecuencias. Se trata de un libro con el corazón al desnudo, con un pacto, no de veracidad, sino de sinceridad. “La vida imita a la autobiografía. Escribo para desatascarme”, sin duda esta elección tiene un componente terapéutico. Su anterior novela, ‘Vida de Pablo’, fue para el autor “como una liberación”, escrita sin atenerse a normas.
Las reglas son que no hay reglas.
El libro ha supuesto para Pardo una forma de tocar trauma, un cierto escape, aunque también se muestra crítico con la literatura: "(...) me dediqué a esto, que sigue siendo inútil y no es salvífico más allá del desahogo". Hay que jugar a no corregirse. Tenemos la manía de obsesionarnos por crear tramas, cuando la vida real no tiene tramas. La estructura del libro no es fragmentaria, son piezas cortas que forman una estructura compleja. El libro debía tener la tensión de la forma. “Me interesan todas las trabas posibles a la hora de escribir para ralentizar la escritura. Por ejemplo escribir a mano”, afirma. Pardo concibe el libro como un recipiente de cuentos extraños, porque los seres humanos concebimos la vida con estructuras ficcionales. El género autobiográfico corresponde de la necesidad de la sociedad de tener una voz propia. “Todos somos hermanos pequeños del tiempo que nos ha tocado vivir, hemos llegado cuando ya estaba todo cocinado”, explica. "(…) predispuesto a que el pequeño sea la salvación de la familia. Pero yo no soy eso". En la novela se hacen constantes alusiones al “hermano pequeño”, el puesto que ocupa el autor en su familia, el niño que llegó al final, con bastante diferencia de edad con sus hermanos. “(…) pensé que éramos una generación de hermanos pequeños, y que nos parecíamos más a nuestros padres que a nuestros hermanos mayores”.
Continuando la “cocina del escritor” que compartimos con Carlos Pardo, nos leyó varias recomendaciones que forman parte de su “receta” para escribir una novela: “Poda la falacia patética cuando corrijas. No pretendas caer bien ni mal. No des lástima. Que el narrador no asfixie a los personajes. Ten paciencia, tu libro es un rodeo. Es peligroso saber adónde vas. Los recuerdos ordenados son mentira (…)”.
El viaje, la vejez y la caducidad están constantemente presentes en esta novela sobre la caída de una familia de la llamada clase media, con aspiraciones. Muchos miembros de aquella clase media han caído en la precariedad laboral, que la crisis ha terminado convirtiendo en pobreza. Recibe una lúcida reflexión de manos del autor. "Cuando los precarios se den cuenta de que son pobres podrán despertarse como pueblo e inventar una nueva forma política; es decir, cuando los hijos de la débil clase media, estudiantes o no, mileuristas de antes, comprendan que con los años, con la edad, a partir de los treinta y cinco pasarán de precarios a simples pobres, los pobres anteriores al imaginario burgués, pero sin la fuerza del proletariado, sin formar una nueva clase social, estos pobres, entonces, si despiertan, se pondrán manos a la obra. Odio pertenecer a una generación que envejece con tanta ingenuidad. No se puede ser más idiota o quizá sí se puede y esto es una idiotez de medio pelo". Hay en el libro una aguda radiografía de la sociedad española. El autor es testigo en primera persona de algo nuevo que está empezando a surgir a partir del 15M y demás movimientos indignados.
La literatura debe “superar la vanidad del escritor”. Hay una reflexión en el libro sobre literatura, géneros y forma de escribir. Pardo se aparta con esta novela de cualquier género literario establecido. "No puedo escribir un paso por detrás. Eso lo hacía antes. Eso son los géneros literarios". Muchos problemas de la novela clásica están en que ha querido ser educada, está anclada en unos modos burgueses que ya no funcionan. Lo que tampoco quiere decir que haya que ser provocador o maleducado de manera gratuita. Me interesa mucho la forma en que Pardo habla sobre los tiempos que se viven actualmente en la literatura. Muchos podemos vernos reflejados, salvando las distancias, en esa reflexión de que vivimos un tiempo de precariedad que no permite a los escritores disponer de mucho tiempo para escribir porque tienen que estar haciendo otras cosas: trabajando, buscando trabajo o buscándose la vida. Escribir una novela hoy en día, con la situación de precariedad que se vive no es tarea fácil. Resulta complejo sobrevivir, y escribir, en ocasiones, en los ratos que van quedando. Esto facilita el surgimiento de otro tipo de escrituras urgentes, en las que no se dispone de mucho tiempo. Se han puesto de moda géneros que no se consideraban gran literatura pero que se ajustan a estos nuevos tiempos. “(…) si quiero escribir después de ocho horas de trabajo en una jornada partida, después de cumplir con otros trabajos para prevenir la bajada de mi sueldo, tengo que desatender a mi familia”.
En definitiva, buscando una novela de exaltación a la juventud, me encontré con ‘El viaje a pie de Johann Sebastian’ y descubrí a Carlos Pardo. Lo cierto es que no hay nada más alejado de  la modernidad y la mitificación de la juventud, alargada en ocasiones hasta el patetismo, que este libro. Pardo es crítico con su generación, incluido él mismo, con una dolorosa lucidez. “La premeditación moderna me daba lástima. Éramos los modernos de otro tiempo y de otro lugar, como de permiso de mili en una provincia que estaba siendo saqueada, en la discoteca, en los años previos a la bonanza de la construcción, entre el pelotazo y la burbuja, estudiantes que ya no son estudiantes”. Esa juventud “amenazante” se contrapone al gran tema de la novela, la vejez. Por sus circunstancias familiares le ha tocado vivir muy de cerca la decrepitud, la enfermedad, el gran tema del futuro, como él mismo dice. En esta España envejecida, donde apenas nacen niños, en unos años la vejez y los cuidados que conllevan estarán a la orden del día. Pardo pone el dedo en la llaga sobre lo que no pensamos hasta que lo tenemos encima. “¿Quién nos va a cuidar cuándo seamos viejos?”, se pregunta. Desde luego “no la patria”, no este estado desmantelado y saqueado por el poder.
La juventud y la vejez, la realidad, los anhelos incumplidos, el “estrellamiento”, el deseo de ser originales que acaba siendo un desastre, los modernos, el anacronismo, tragedias y temas presentes en esta compleja novela, que tiene multitud de frases y reflexiones para subrayar:
“Ya éramos anacrónicos cuando nos creíamos modernos”.
“¿Nos va a salvar la música? ¿Nos va a salvar la cultura?”
“Odio pertenecer a una generación que envejece con tanta ingenuidad”.
“No se puede ser más idiota o quizá sí se puede y esto es una idiotez de medio pelo.
“¿Quién nos va a cuidar de viejos? Desde luego no la patria”.
No es que hayamos superado la juventud, es que la juventud no se ha cumplido.
“No puedo seguir viviendo el simulacro de la juventud sin caer en una depresión, porque cada vez caigo desde más alto, aunque no puede decirse que me sienta viejo”.
 “Soy partidario de la realidad aunque duela, lo único sagrado q existe. (...) No es que quiera él lado hermoso de las cosas. Es que me siento como un abogado de la realidad, su defensor y no su fiscal”.
“Ser pesimista es cobarde y la cobardía arruina la vida de los que tienes cerca”.
"La vida imita a la autobiografía".
“Nuestro destino es tratar las cosas sólo superficialmente, una vez cada cosa. No tenemos tiempo”.