El ansia. Eternidad sin descanso ni escapatoria

9:47 a. m. Conx Moya 0 Comments


– Mátame. Libérame – dice John.
– No hay liberación. Ni descanso. No hay escapatoria – responde Miriam.
Porque lo de la vida eterna “tenía truco”. Miriam está condenada a vivir eternamente, sin fin, y siempre necesita de alguien a su lado que lo comparta con ella.
– Me buscarás – le dice a Sarah –. Cuando el ansia duela tanto y yo te tenga que enseñar cómo aplacarla.
Pero Sarah tendrá otros planes.
“El ansia” es una película de 1983 dirigida por Tony Scott y con un deslumbrante trío protagonista: Catherine Deneuve, Susan Sarandon y David Bowie. Una película de vampiros que en su día no recibió muy buenas críticas, algunas fueron incluso feroces, pero que se convirtió con los años en una película de culto. Los actores, la estética, la combinación de delicadas piezas de música clásica con destacados artistas de música contemporánea, el vestuario y la ambientación, lograron que la película no sólo haya sobrevivido al paso del tiempo sino que  tenga un club de rendidos fans a lo largo del mundo.
El inicio de la película deja sin aliento, con un montaje fragmentado y un ritmo perfecto, que presenta todas las claves del drama en pocos minutos. En este inicio se sugiere más que se cuenta, pero logra situarnos a la perfección en lo que vamos a ver en los siguientes minutos. Luego la película baja de intensidad, transcurriendo de forma más apagada y lenta. Gran culpa de ese colosal inicio la tiene el grupo Bauhaus. Vemos a la pareja de vampiros formada por Miriam y John llegando a un club nocturno donde hay una actuación que resulta ser de la banda de Peter Murphy. Bauhaus, banda británica nacida en 1978, interpreta uno de sus grandes éxitos, la exquisita “Bela Lugosi's Dead”, maravilloso exponente de lo que fue el after-punk. Casi nada. La canción y la felina interpretación del cantante es uno de los puntos fuertes de la cinta y una de esas secuencias que está fija en la retina de muchos aficionados a la música y al cine. Soberbio inicio.
Miriam es una vampira cuyo origen se remonta al antiguo Egipto. Su vagar sin fin a lo largo de la historia le lleva a buscar parejas que la acompañen en su inagotable recorrido. Miriam, como ser inmortal, es “dueña” de su tiempo, como ella misma afirma. Bella y helada, su egoísmo le lleva a utilizar a sus compañeros sin miramientos. Se fija en su nuevo acompañante humano coincidiendo con el envejecimiento del que le acompaña, sin asomo de compasión por quien ha estado junto a ella durante siglos. Cuando el proceso es irreversible se deshace de ellos sin remordimiento alguno. Y es que la promesa de lo nuevo resulta demasiado atrayente para ella.
Miriam y John, cuyos rostros se funden y confunden en escenas del pasado, han vivido una relación tórrida que se vuelve hielo cuando él comienza a envejecer a pasos agigantados. El final está cerca. El nuevo fuego será para Sarah. Miriam se fija en ella y la hechiza, la nueva presa empezará a verla en todas partes. Como en realidad sucede con la persona amada cuando comienza el cortejo.
Como en el film de Jim Jarmusch “Sólo los amantes sobreviven”, película que guarda muchas similitudes con “El ansia”, estos vampiros ochenteros no tienen afilados colmillos ni muerden el cuello de sus víctimas. Algo tan carnal y pringoso no va con ellos. Para cazar usan un anj egipcio, a modo de colgante, la cruz egipcia que curiosamente era un símbolo de vida. En el Antiguo Egipto se relacionaba con la vida después de la muerte y la búsqueda de la inmortalidad. Todo encaja.
Si bien se le pueden poner peros en cuanto a la historia y a la planificación de las escenas, “El ansia” es una sucesión de buen gusto, sustentado especialmente en la puesta en escena, la música y el vestuario. Habrá espectadores a los que esto les parezca un tostonazo pero yo, que en el fondo llevo una pequeña esteta dentro, he disfrutado de lo lindo con las flores, la música, las estatuas y la ropa. Vamos por partes.
El vestuario es obra de la grandísima Milena Canonero, directora de vestuario habitual de Francis Coppola, y de películas como La naranja mecánica, Barry Lyndon, Carros de fuego, Dick Tracy o ese derroche de rosa, puntillas, lazos y pelucas que es la Maria Antonieta de Sofía Coppola. La ropa que aparece en la película está diseñada a partir de una escueta gama de negros, blancos y grises, el color sólo lo pondrá la sangre. Otro aliciente es el indiscutible dandismo de Bowie, bello a rabiar con sus sombreros, gabardinas e impecables trajes, que tampoco tenemos mucho tiempo de disfrutar porque en pocos minutos comienza su imparable decadencia y ya lo más destacado de nuestro héroe será un logrado maquillaje que le echa setenta años encima. Susan Sarandon, radiante y andrógina, con su llameante pelo impecablemente cortado, viste trajes de corte recto, pantalones de talle alto e impecables abrigos cruzados, destacando la espectacular chaqueta larga de tela brillante con la que recorre, enajenada, las calles de Nueva York. Pero el punto fuerte lo pone Catherine Deneuve, vestida por su adorado Yves Saint Laurent, con quien inició una larga y productiva asociación desde que el modisto le diseñara el vestuario para la película de Buñuel “Belle de jour”. En la película Deneuve luce espléndida impecables trajes de chaqueta con hombreras, abrigos que son pura arquitectura, delicadas blusas y complementos divinos, pulseras, broches, anillos y pendientes (los de lágrima de azabache son una belleza). Con cierta influencia del vestuario que lucían las divas de Hollywood de los años cuarenta, en algún momento el público español puede recordar a nuestra Martirio, en los looks de gafas oscuras y sombreritos con velo.
La puesta en escena se recrea en la mansión donde vive Miriam en Nueva York. Escaleras, cuadros, lámparas de cristal, estatuas egipcias, bustos romanos de evidente parecido con la dueña de la casa, ramos de flores, jarrones con calas, y sobre todo cortinas, decenas de cortinas y velos que acaban poniendo de los nervios al fan más entregado. Un derroche de decadente exquisitez.
La música es una pieza clave en la película. La magnífica banda sonora combina piezas de Schubert, Bach o Ravel, con la ya nombrada Bela Lugosi’s Dead de Bauhaus y temas de Iggy Pop como “Funtime”, que suena en la escena del ochentero patinador que sufre un envite de un ya caducado John. El refinamiento de la pareja de vampiros se refleja también en su amor por la música clásica, ambos disfrutan interpretando piezas en la gran sala de la mansión, John toca el contrabajo y Miriam el piano. En varios sitios de internet se puede consultar la música que aparece en la película. Así podemos escuchar la 'Suite nº 1' de Bach, para recordar los momentos felices cuando Miriam y John comenzaban su romance; el Miserere de Allegri; el Dueto de las Flores de 'Lakme', ópera de Léo Delibes que utiliza Miriam para seducir a Sarah, en una de las escenas más comentadas de “El ansia”; o el Trio in E Flat, Op. 100 de Schubert, la pieza de piano utilizada también en el Barry Lyndon de Stanley Kubrick, composición alrededor de la que gira la película, que primero refleja el amor de Miriam hacia John y posteriormente como ese amor volverá a repetirse pero hacia la otra protagonista. Los temas instrumentales compuestos para la película son obra de Michel Rubini y Denny Jaeger, piezas que marcan los momentos de intriga y desasosiego, y que utilizan, entre otros instrumentos, sintetizadores y vientos.
Se ha tachado a “El ansia” de anuncio de largo metraje, de videoclip kitsch, defectos con los que definen gran parte de la obra del director, pero lo cierto es que esta metáfora sobre el envejecimiento, tiene muchos puntos para verla con agrado y para mantenerla en la memoria.– Mátame. Libérame – dice John.
– No hay liberación. Ni descanso. No hay escapatoria – responde Miriam.
Porque lo de la vida eterna “tenía truco”. Miriam está condenada a vivir eternamente, sin fin, y siempre necesita de alguien a su lado que lo comparta con ella.
– Me buscarás – le dice a Sarah –. Cuando el ansia duela tanto y yo te tenga que enseñar cómo aplacarla.
Pero Sarah tendrá otros planes.
“El ansia” es una película de 1983 dirigida por Tony Scott y con un deslumbrante trío protagonista: Catherine Deneuve, Susan Sarandon y David Bowie. Una película de vampiros que en su día no recibió muy buenas críticas, algunas fueron incluso feroces, pero que se convirtió con los años en una película de culto. Los actores, la estética, la combinación de delicadas piezas de música clásica con destacados artistas de música contemporánea, el vestuario y la ambientación, lograron que la película no sólo haya sobrevivido al paso del tiempo sino que  tenga un club de rendidos fans a lo largo del mundo.
El inicio de la película deja sin aliento, con un montaje fragmentado y un ritmo perfecto, que presenta todas las claves del drama en pocos minutos. En este inicio se sugiere más que se cuenta, pero logra situarnos a la perfección en lo que vamos a ver en los siguientes minutos. Luego la película baja de intensidad, transcurriendo de forma más apagada y lenta. Gran culpa de ese colosal inicio la tiene el grupo Bauhaus. Vemos a la pareja de vampiros formada por Miriam y John llegando a un club nocturno donde hay una actuación que resulta ser de la banda de Peter Murphy. Bauhaus, banda neogótica británica nacida en 1978, interpreta uno de sus grandes éxitos, la exquisita “Bela Lugosi's Dead”, maravilloso exponente de lo que fue el post punk. Casi nada. La canción y la felina interpretación del cantante es uno de los puntos fuertes de la cinta y una de esas secuencias que está fija en la retina de muchos aficionados a la música y al cine. Soberbio inicio.
Miriam es una vampira cuyo origen se remonta al antiguo Egipto. Su vagar sin fin a lo largo de la historia le lleva a buscar parejas que la acompañen en su inagotable recorrido. Miriam, como ser inmortal, es “dueña” de su tiempo, como ella misma afirma. Bella y helada, su egoísmo le lleva a utilizar a sus compañeros sin miramientos. Se fija en su nuevo acompañante humano coincidiendo con el envejecimiento del que le acompaña, sin asomo de compasión por quien ha estado junto a ella durante siglos. Cuando el proceso es irreversible se deshace de ellos sin remordimiento alguno. Y es que la promesa de lo nuevo resulta demasiado atrayente para ella.
Miriam y John, cuyos rostros se funden y confunden en escenas del pasado, han vivido una relación tórrida que se vuelve hielo cuando él comienza a envejecer a pasos agigantados. El final está cerca. El nuevo fuego será para Sarah. Miriam se fija en ella y la hechiza, la nueva presa empezará a verla en todas partes. Como en realidad sucede con la persona amada cuando comienza el cortejo.
Como en el film de Jim Jarmusch “Sólo los amantes sobreviven”, película que guarda muchas similitudes con “El ansia”, estos vampiros ochenteros no tienen afilados colmillos ni muerden el cuello de sus víctimas. Algo tan carnal y pringoso no va con ellos. Para cazar usan un anj egipcio, a modo de colgante, la cruz egipcia que curiosamente era un símbolo de vida. En el Antiguo Egipto se relacionaba con la vida después de la muerte y la búsqueda de la inmortalidad. Todo encaja.
Si bien se le pueden poner peros en cuanto a la historia y a la planificación de las escenas, “El ansia” es una sucesión de buen gusto, sustentado especialmente en la puesta en escena, la música y el vestuario. Habrá espectadores a los que esto les parezca un tostonazo pero yo, que en el fondo llevo una pequeña esteta dentro, he disfrutado de lo lindo con las flores, la música, las estatuas y la ropa. Vamos por partes.
El vestuario es obra de la grandísima Milena Canonero, directora de vestuario habitual de Francis Coppola, y de películas como La naranja mecánica, Barry Lyndon, Carros de fuego, Dick Tracy o ese derroche de rosa, puntillas, lazos y pelucas que es la Maria Antonieta de Sofía Coppola. La ropa que aparece en la película está diseñada a partir de una escueta gama de negros, blancos y grises, el color sólo lo pondrá la sangre. Otro aliciente es el indiscutible dandismo de Bowie, bello a rabiar con sus sombreros, gabardinas e impecables trajes, que tampoco tenemos mucho tiempo de disfrutar porque en pocos minutos comienza su imparable decadencia y ya lo más destacado de nuestro héroe será un logrado maquillaje que le echa setenta años encima. Susan Sarandon, radiante y andrógina, con su llameante pelo impecablemente cortado, viste trajes de corte recto, pantalones de talle alto e impecables abrigos cruzados, destacando la espectacular chaqueta larga de tela brillante con la que recorre, enajenada, las calles de Nueva York. Pero el punto fuerte lo pone Catherine Deneuve, vestida por su adorado Yves Saint Laurent, con quien inició una larga y productiva asociación desde que el modisto le diseñara el vestuario para la película de Buñuel “Belle de jour”. En la película Deneuve luce espléndida impecables trajes de chaqueta con hombreras, abrigos que son pura arquitectura, delicadas blusas y complementos divinos, pulseras, broches, anillos y pendientes (los de lágrima de azabache son una belleza). Con cierta influencia del vestuario que lucían las divas de Hollywood de los años cuarenta, en algún momento el público español puede recordar a nuestra Martirio, en los looks de gafas oscuras y sombreritos con velo.
La puesta en escena se recrea en la mansión donde vive Miriam en Nueva York. Escaleras, cuadros, lámparas de cristal, estatuas egipcias, bustos romanos de evidente parecido con la dueña de la casa, ramos de flores, jarrones con calas, y sobre todo cortinas, decenas de cortinas y velos que acaban poniendo de los nervios al fan más entregado. Un derroche de decadente exquisitez.
La música es una pieza clave en la película. La magnífica banda sonora combina piezas de Schubert, Bach o Ravel, con la ya nombrada Bela Lugosi’s Dead de Bauhaus y temas de Iggy Pop como “Funtime”, que suena en la escena del ochentero patinador que sufre un envite de un ya caducado John. El refinamiento de la pareja de vampiros se refleja también en su amor por la música clásica, ambos disfrutan interpretando piezas en la gran sala de la mansión, John toca el contrabajo y Miriam el piano. En varios sitios de internet se puede consultar la música que aparece en la película. Así podemos escuchar la 'Suite nº 1' de Bach, para recordar los momentos felices cuando Miriam y John comenzaban su romance; el Miserere de Allegri; el Dueto de las Flores de 'Lakme', ópera de Léo Delibes que utiliza Miriam para seducir a Sarah, en una de las escenas más comentadas de “El ansia”; o el Trio in E Flat, Op. 100 de Schubert, la pieza de piano utilizada también en el Barry Lyndon de Stanley Kubrick, composición alrededor de la que gira la película, que primero refleja el amor de Miriam hacia John y posteriormente como ese amor volverá a repetirse pero hacia la otra protagonista. Los temas instrumentales compuestos para la película son obra de Michel Rubini y Denny Jaeger, piezas que marcan los momentos de intriga y desasosiego, y que utilizan, entre otros instrumentos, sintetizadores y vientos.
Se ha tachado a “El ansia” de anuncio de largo metraje, de videoclip kitsch, defectos con los que definen gran parte de la obra del director, pero lo cierto es que esta metáfora sobre el envejecimiento, tiene muchos puntos para verla con agrado y para mantenerla en la memoria.



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