Querida Antònia

2:12 p. m. Conx Moya 2 Comments


Nuestra querida Antònia Pons, que tiene varios blogs estupendos en la red, mi preferido Sahara Ponent, tuvo la amabilidad de escribirme el prólogo de Delicias Saharauis, un intento de recoger mis inquietudes sobre el Sahara, sus tradiciones, cultura, Historia, ciudades, leyendas, anécdotas, personas, un montón de historias que he ido escuchando, leyendo e investigando durante estos años. Además del prólogo Antònia me obsequió con un delicioso correo que reproduzco con su permiso, comentando varias de las historias que se narran en el libro, que espero que si alguno leéis os guste, y dando muchas pistas, como buena conocedora y "sentidora" de los saharauis.
Un abrazo Antònia, sigue escribiendo tan maravillosamente bien. (La ilustración es de un histórico amigo del pueblo saharaui, el tristemente desaparecido Martín Prado)



Querida Conxi: me senté en el sofá dispuesta a leer todo lo que tenías que decir. Primero lo leí rápido. Estaba impaciente y cuando terminó pensé: ¡Oh! ¿ya se ha terminado? ¡Quiero más! Y comencé de nuevo esta vez lenta y calmosamente.

A mi marido, a mis hijas, a los amigos les dije que por fin había un libro sobre los saharauis que todos podían leer. Desde niños de primaria, pasando por estudiantes de ESO hasta los adultos. Y esto es muy difícil. Poca gente lo consigue. Cuesta mucho encontrar un libro que sea para todos. La mayor parte de la literatura infantil me parece ñoña y los libros, digamos "serios" me parecen complicados para lectores que empiezan. Hay unos pocos, sin embargo de los que guardo un recuerdo imborrable, que solía leer a mis hijas. Delicias Saharauis es uno de ellos. A los niños les gustará la magia y el misterio del desierto y de los nómadas, a los mayores les va a gustar porque habla de viejas tradiciones ancestrales que algunos hemos presenciado sin saber que lo hacíamos. A los que no conozcan a los saharauis querrán conocerles y a los que les conocemos nos empuja a saber más y a volver con ellos una y otra vez.

Me ha impresionado el TAGRAUEN, lo había visto sin saber que lo veía. Cuando vamos a los Campamentos nos llevamos montañas de caramelos. La madre sentada en la puerta con unos cuantos ocultos debajo de su melhfa los va repartiendo entre todos los niños que se acercan, uno a cada uno hasta que se le terminan. Ahora sé que lo hace para atraer a la buena suerte.

Y ahora creo al padre que una vez me contó que había recorrido muchos kilómetros de desierto con un rebaño de camellos con sólo un poco de arroz en la mochila. Con las camellas no hace falta mucho para sobrevivir, me dijo, y yo tengo que confesar que dudé.

He visto preparar la grasa medicinal de la giba del camello y he visto preparar la emulsión de acacia con aceite, agua y azúcar para calmar el dolor de barriga, he visto estos envoltorios que las mujeres viejas guardan, con sus remedios naturales como la goma o resina de las talhas. En casa siempre tengo palitos de mesuad para los dientes que yo misma uso aquí y allí. Es lo primero que pido el palito de los dientes.

Recuerdo que Emboirik nos explicó en una ocasión eso de la COSA y fue muy gráfico. Un grupo de hombres de puntillas, con la boca abierta y el cuello estirado, en medio de la noche intentando respirar un poco de oxígeno que no tenían a ras de suelo. Fueron pocos segundos pero los más angustiosos que te puedas imaginar.

El sentimiento ha sido el mismo que me provocó Abdu cuando me dijo que el Sahara es de los saharauis y siempre lo será. Que no importa el refugio, ni los muros, ni los “marrocos”, los saharauis son los dueños del desierto porque sólo ellos pueden vivir allí y esta misma dureza de esta tierra estéril y hermosa ha forjado durante generaciones el carácter hospitalario, frugal, amable de estas personas que viven en relación íntima con la naturaleza, que buscaban la lluvia y se ayudaban unos a otros porque sin esta solidaridad habrían desaparecido.

Y también recordé a Ahmed, después de las lluvias terribles que destrozaron su frágil vivienda, y mientras yo le expresaba mi pesar por ello, el me contestó: no te preocupes, a los saharauis les gusta más la lluvia que las casas.

Lo de “¿a qué no sabes de dónde te llamo?” me ha emocionado porque son las mismas palabras que oí a través del hilo cuando mi familia estuvo allí en El Aaiún y pude ver en una pantalla como era la expresión de Ahmed y de sus tres hijos mayores. El guerrillero caminaba despacio entre un pasillo de gente que lanzaba al aire el ezgarit, vestido con una derra blanquísima con el elzam sobre los hombros, emocionado y digno.

En fin que me ha gustado lo que has contado y como lo has contado.

Antònia

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