jueves, octubre 29, 2009

Sucedía un 15 de octubre de 2004. La memoria en la cultura saharaui





Sucedía un 15 de octubre de 2004 y comenzaba con estas palabras de Antonio Polo: “Hoy 15 de octubre de 2004, siete años después de la aparición del primer número de nuestra revista, Ariadna mantiene todavía una deuda pendiente con una parte significativa de sus lectores. Durante todos estos años, hemos tenido la oportunidad de conocer los trabajos de escritores, poetas y artistas de todos los países de habla hispana, un trabajo que habiendo requerido un esfuerzo y una ilusión encomiables, desatendía la frescura del “español” que aún pervive en un pedregal de la Hamada argelina. Semejante acto de desapego volvió a recaer ¡cómo no! en un pueblo que ha elevado la dignidad hasta una forma de vida, y ese es el caso del pueblo saharaui. Los hombres y las mujeres que un día fueron expulsados de su legítima tierra, el Sahara Occidental, forman parte del único pueblo árabe que habla español. La memoria para ellos es casi una forma de vida; hablan, expresan sus sentimientos y sueños también en español, pero nunca, que recordemos, habían tenido cabida en un proyecto de vocaciones universal y democrática como el que nos impusimos hace ahora siete años. Por tanto, bajo el espíritu de entonces, hemos decidido realizar un número especial titulado “La memoria en la cultura saharaui”. Sentimos habernos demorado.”


Este mes se cumplen cinco años de la presentación del especial dedicado a la cultura saharaui por la revista literaria Ariadna R-C, “La memoria en la cultura saharaui”. Lo que comenzó con un empeño de Antonio Polo, lleno de ilusión pero no sé si del todo seguro de que aquello pudiera llegar a buen puerto, se convirtió en algo que al menos yo no dudo en calificar como éxito rotundo. Si ya entonces consiguió un número de visitas tan elevado que supuso un sobre coste en el alojamiento de la página web para sus creadores, cinco años después se puede considerar como uno de los cimientos de la nueva creación literaria saharaui en español, que sin duda influyó en la posterior fundación del grupo Generación de la Amistad un año después.

En aquel número de otoño de 2004 se dieron cita las voces de la joven poesía saharaui en español, lo que sería más tarde el embrión de la Generación de la Amistad (Chejdan Mahmud, Saleh Abdalahi, Limam Boicha, Ali Salem Iselmu, Ebnu y Luali Lehsan, más Bahia Mahmud Awah y Zahra Hasnaui, quienes presentaron en la revista sus primeras creaciones literarias). También se unieron poetas de una generación anterior como Mohamed Ali Ali Salem, o el diplomático y poeta Mohamed Sidati. “La memoria en la cultura saharaui” sirvió para dar a conocer a todos ellos y que comenzaran a tener su espacio en Internet, llegando más tarde con sus creaciones a diferentes rincones del mundo.

Mucha gente participó con especial cariño en aquel número, pero hay que destacar sin duda el trabajo del mencionado Antonio Polo (uno de los padrinos de Generación de la Amistad), Pedro Díaz de Castillo y Rafael Pérez Castells. También la colaboración de la escritora y editora Susy Alvarado y su grupo de cultura Suerte Mulana, una mujer que ha resultado crucial en el devenir de la literatura saharaui en español y editora de dos libros fundamentales, la antología Bubisher y el poemario de Limam Boicha “Los versos de la madera”. Muchas otras personas colaboraron en aquel número y en la presentación que se hizo en la Biblioteca Joaquín Leguina de Madrid, llena de un público que aplaudió emocionado y complacido por los bellos textos que se recitaron aquella noche, ya inolvidable. Pero no querría dejar de mencionar a la espléndida fotógrafa Christine Spengler, una de las primeras periodistas que visitaron los incipientes campamentos saharauis de los años 70, y cuya historia con el Sahara y su pueblo da de sí como para escribir un libro. Christine, con su corta melena de negro carbón, y sus labios pintados de rojo rabioso, paseó un increíble abrigo marrón de corte picassiano hasta el escenario, donde leyó con su voz inconfundible la carta de bienvenida de Mohamed Sidati, quien no pudo asistir a la presentación. “Me siento orgulloso y feliz por mi pueblo al ver por primera vez tantas contribuciones saharauis entusiasmadas para dar una muestra de talento poético y literario, muestra de la riqueza y profundidad de lo que es y emana la cultura saharaui” dejó escrito Mohamed Sidati. Christine cerraba aquella noche un círculo con el pueblo saharaui. Ella constituye para mí una de las imágenes inolvidables de aquella jornada.

Personalmente aquello supuso mucho para mí, lo primero conocer a Antonio Polo y su maravillosa familia, además del resto del equipo de Ariadna. No puedo olvidar tampoco la emoción de ir leyendo los textos que los poetas le hacían llegar a Antonio desde sus diferentes lugares de residencia. Recuerdo en especial un texto enviado por Limam Boicha que nos leyó Antonio, sentados en su terraza. “Podía haber nacido en un año hermoso, con nombre poético, por ejemplo: "El Año de la lluvia de estrellas" o "El Año del parto de abejas". Pero no, ese privilegio, sólo le correspondió a mis antepasados, padres, y dos de mis hermanos. A alguien, se le ocurrió abortar la nomenclatura de los años, según nuestra mitología, la mitología saharaui”, comenzaba el texto de Limam que auguraba el magnífico escritor en que se ha convertido. El acto de presentación fue también terriblemente emocionante. Llegamos tarde, acompañados por Susy Alvarado, Mohamed Ali Ali Salem y Abel Aljende; la eterna ceremonia del té saharaui y los atascos tuvieron la culpa. No hay que decir que los nervios fueron morrocotudos, teniendo en cuenta que tres de los tardones tenían que intervenir en la presentación, no sé si Antonio se ha recuperado aún del susto. La sentida interpretación del poema “Elegía” de Mohamed Ali Ali Salem por la actriz Teresa del Olmo; el té verde preparado amablemente por los delegados saharauis en Madrid, Abdulah y Sidahmed; mi nula pericia con la cámara digital que acabábamos de comprar y la felicidad por el trabajo bien hecho que se respiraba en la sala son otros de los momentos inolvidables de la presentación de aquel número de otoño.

Tras cinco años y decenas de libros, conferencias, presentaciones y algunos logros importantes que ha conseguido la literatura saharaui en español me doy cuenta de que todos a quienes nos duele el pueblo saharaui y nos cura el bálsamo de su literatura, estamos en deuda con Ariadna-RC y aquel número, ya histórico, dedicado a la maravillosa cultura saharaui.





viernes, octubre 16, 2009

Ese soy yo






Le dolía la espalda, últimamente le estaba molestando demasiado. El dolor le hacía andar encorvado, pero no iba a permitir que le vieran agachado mientras caminaba por el aeropuerto. Sabía que varios pares de ojos le seguían sin tregua, siempre pasaba igual, no sólo le seguían cuando estaba en Marruecos o en el Sahara, también cuando estaba fuera, esta vez no iba a ser diferente.

A veces los distinguía muy rápido pero otras tardaba más tiempo en dar con ellos. Al principio, cuando salió de la cárcel y se recuperó de los años de encierro y pudo empezar a salir a la calle, se le hacía raro saber que casi nunca caminaría solo. Pero ya le daba igual, casi había logrado no pensar en ello. Hiciera lo que hiciera le detendrían en cuanto lo ordenaran los de arriba, así que en los últimos años las cosas eran de otra manera, sobre todo desde las manifestaciones de mayo de 2005, cuando el mundo había empezado a descubrir lo que ocurría en el Sahara ocupado.

Aún así había vuelto a la cárcel y aquellos meses no habían sido cualquier cosa. De nuevo sufrió torturas y le pegaron con brutalidad, pasó junto con sus compañeros una larga huelga de hambre que machacó su maltrecha salud, volvieron los tiempos negros, que en realidad nunca se fueron. Pero ahora eran muchos más y estaban bien organizados, cada vez su voz llegaba más lejos, traspasando aún con dificultad los altos muros del silencio.

Habían podido empezar a salir del territorio tras largos años en los que se les negó el derecho a tener un pasaporte, todos ellos lo tenían vetado. Lentamente y ante la fuerte presión internacional, fueron consiguiendo el preciado documento. Qué extraña sensación le había invadido entonces. Cuando lo tuvo en sus manos se sintió feliz, podría salir y difundir su mensaje adonde no le callarían, pero al mismo tiempo estaba triste, lo que portaba era un pasaporte marroquí.

El pasaporte… tenía que tenerlo a mano para no demorar más de la cuenta el control policial. Aunque sabía que tendría problemas, siempre había problemas. Esta vez viajaba del aeropuerto de Casablanca, más complicaciones, pero ese era el billete que le habían sacado en la universidad que le invitó a conferenciar. Estiró su espalda todo lo que pudo, al límite del dolor. Quería andar bien firme, la cabeza erguida, demostrando que no tenía miedo. Y era verdad, ya no les tenía miedo, había sido un muerto en vida, había dejado sus mejores años en el infierno, pero ya no les tenía miedo.

Le llegó el turno, entregó el pasaporte y el policía lo miró detenidamente, estudió la foto y el nombre y después le miró a los ojos. El policía estudió aquellos ojos que habían empequeñecido con el encierro y el sufrimiento, apenas se verían si no fuera por sus largas pestañas y el brillo que siempre los mantenía encendidos. Desafiante, mantuvo la mirada al policía, quien entornó los ojos, buscando enfocarle mejor; repitió la operación estudiando el pasaporte, la foto, el nombre, ya no le cabía duda de la identidad del pasajero.

Y él, que había sido un muerto en vida, que había sobrevivido al infierno, que ya nunca más les tendría miedo, le confirmó con orgullo “Sí, ese soy yo”.


(Del libro Delicias saharauis)

sábado, octubre 03, 2009

Las verdaderas alianzas de civilizaciones



Muchas gracias a quienes nos acompañaron. Os queremos mucho...