Un año de las sentencias ilegales del Tribunal militar marroquí a los presos políticos saharauis de Gdeim Izik

12:05 a. m. Conx Moya 0 Comments


No reconocemos las sentencias del Tribunal militar marroquí a los presos políticos saharauis de Gdeim Izik
25 presos políticos saharauis del Grupo de Gdeim Izik fueron condenados a durísimas penas por un tribunal militar marroquí en la madrugada del pasado 17 de febrero de 2013. ¿Su delito?: organizar la mayor manifestación pacífica en la Historia del Sahara Occidental. Exigimos su liberación inmediata.
Estas fueron las sentencias:
Cadena perpetua (9): Sidahmed Lemjayed, Larosi Abdeljalil Lemghaimad, Brahim Ismaili, Mohamed Elbachir Boutenguiza, Abdelahe Lekhfawni, Abdelahi Bhai, Ahmed Sbai, Mohamed Bani, Hassana Aalia (en España).
30 años (4): Naama Asfari, Cheikh Banga, Hassan Dah, Mohamed Bourial.
25 años (6): Mohamed Embarek Lafkir, Hussein Zawi, Abdallah Toubali, Daich Daf, Haddi Mohamed Lamin, Babeit Mohamed Juna.
20 años (3): Mohamed El Ayubi, Bachir Jadda, Mohamed Tahlil.
2 años (ya cumplidos): Abderrahman Zeyu, Tagui Elmachdufi.
“Sin perder la sonrisa, ataviados con sus darraas (la túnica tradicional saharaui), levantando el puño en alto y lanzando proclamas en favor de la independencia del Sáhara Occidental, cánticos por su autodeterminación y vítores por el Frente Polisario. Así han abandonado esta madrugada la sala del Tribunal Militar de Rabat los 24 presos saharauis detenidos tras el desmantelamiento del campamento de protesta saharaui de Gdeim Izik”. De esta forma recogía la periodista Erena Calvo de El Mundo la información sobre las nueve condenas a cadena perpetua y largas penas de prisión para el grupo de presos. En la madrugada del domingo 17 de febrero de 2013 se daban a conocer las duras sentencias tras nueve intensos días de juicio.
El juicio militar contra presos civiles, algunos de ellos reconocidos defensores de derechos humanos, es contrario al Derecho Internacional, ya que la ley marroquí no es aplicable en el Sahara Occidental, territorio no autónomo y pendiente de descolonización, siendo además Marruecos potencia ocupante del territorio. En palabras del profesor y jurista Juan Soroeta (Diario Vasco, 30 de enero de 2013) “(…) el conflicto saharaui no es un problema de seguridad interior de Marruecos, sino un conflicto internacional (…) [Marruecos] está obligado a aplicar los Convenios de Ginebra de 1949, que regulan las obligaciones de los Estados que ocupan militarmente un territorio”.
Como recogían los juristas Arantza Chacón y Juan Soroeta en el Diario Vasco el pasado 6 de marzo de 2013 “(…) la acusación, que sorprendentemente no incluía el delito del secuestro, supuesto ‘leitmotif’ del procedimiento, se basó exclusivamente en los testimonios de los procesados, obtenidos, según denunciaron todos ellos, bajo tortura”. Pese a que las huellas de tortura aún eran visibles en los presos, se desestimó por parte del Tribunal que se les practicaran exámenes médicos. Las pruebas (una docena de cuchillos de cocina, bengalas, un ordenador portátil y numerosos teléfonos móviles) fueron presentadas en el juicio en una jaula y sin clasificar ni aisladas en plástico para evitar ser manipuladas, en palabras Willy Meyer, eurodiputado y observador en el juicio. No se presentaron pruebas concluyentes por tanto que vinculen a los acusados con las supuestas víctimas, no hay datos claros sobre las víctimas y ni siquiera se presentaron informes de las autopsias, que deberían haberse realizado al tratarse de presuntas muertes violentas. No hay huellas. No hay rastro de los vehículos con los que supuestamente se atropellaron a los policías presuntamente asesinados. No hay vídeo concluyente alguno.
Con todo este cúmulo de irregularidades se construyó una pantomima de juicio, del que resultaron las durísimas condenas señaladas anteriormente. Nos sentimos en el deber de hacer todo lo que esté en nuestras manos para la liberación de los presos. ¡Son inocentes!

17 de febrero. Uxía Castro
La penumbra envolvió el grito.
La voz quebrada.
Los nombres.
Las condenas.
El peor pronóstico cumplido
y las manos empapadas en sangre del impune verdugo.

Y al final sólo las lágrimas.
La rabia.
Las entrañas de un pueblo en carne viva.
El deseo de volar todo por los aires y romper las cadenas,
de poner freno a la barbarie contenida en vuestros nombres.

Y por la mañana seguir hacia adelante.
Luchar contra el olvido.
Aquí estuvimos.
Aquí estamos y aquí seguimos.
Porque sólo hay un camino
y los valientes siempre vencen.

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