Manual de jardinería (para gente sin jardín) de Daniel Monedero, un libro “que nos abraza”. RELEE

1:30 p. m. Conx Moya 0 Comments


“Manual de jardinería (para gente sin jardín)”, de Daniel Monedero ha supuesto un gran éxito para la editorial RELEE, Red Libre de Escritura y Edición. El libro vio la luz hace dos años y en estos días ha alcanzado su cuarta edición. Daniel ha logrado con este libro de relatos un artefacto poderoso, mágico, con cuentos que se paladean y disfrutan gracias en gran parte a un lenguaje depurado y bellísimo pero a la vez muy accesible, alejado de cualquier ampulosidad, de esa pretenciosidad que muchas veces aqueja a la “alta literatura”. Desde el primer cuento me he sentido volar leyendo a Daniel. Con él sucede que te vas emocionando a medida que avanzas en la lectura para llegar a un final en el que se siente una reacción física, como de plenitud. Al leer a Daniel siento que lo que me ha contado me gusta, pero me gusta más aún cómo me lo ha contado y lo bien que lo ha resuelto.
 “Un idioma es una manera de respirar” dice en uno de los cuentos y, ciertamente, con la manera en que Daniel maneja el idioma español se respira mejor. El libro comienza con un bellísimo relato sobre una pareja “Universos paralelos”. Desde el mismo momento en que finalicé este primer cuento fui consciente de no estar frente a un libro cualquiera.
La literatura y el lenguaje son objeto de constante reflexión por parte del autor. “Hay que ser cuidadoso con el nombre que ponemos a las cosas, para que al levantar la alfombra del lenguaje no nos demos de bruces con toda la basura que cabe debajo de las palabras”. Daniel cree en el poder de la literatura para trascender y de alguna forma librarnos del olvido, “La literatura fijará alguno de esos momentos, los rescatará del olvido y del polvo, los cobijará para siempre, porque quizá sea ese uno de sus cometidos: resguardar algunas cosas valiosas para que el olvido no se las lleve a ese lugar sin nombre y sin llave. Tan raro y tan oscuro”.
Otro tema recurrente en “Manual de jardinería” es la futilidad de la vida cotidiana. “Somos seres que forman parte de un baile de planetas que giran y estrellas que estallan, pero olvidamos nuestra condición concentrados en la mayor de las insignificancias. Vivimos al borde del milagro para nada”; “los días libres están para actuar con temeraria libertad y en contra de la costumbre y de la caspa existencial”; “nadie está verdaderamente de vacaciones si sigue estando en su piel”.
En el libro sorprende la profusión de imágenes muy potentes, Daniel tiene gran facilidad, o acierto, para crearlas: “la vieja cama que chirría igual que un gato dolorido”, “la vida es una sucesión de lavadoras de ropa sucia”, “tu boca, donde siempre es verano”, “un beso lleno de lluvia y preguntas”, “el silencio tiene forma de cubito de hielo”, “líquido fosforescente y lírico”, “la vida es una manta pequeña y uno siempre se deja alguna parte del cuerpo a la intemperie”, “hay gente que tiene una presencia física que niega rotundamente la existencia de los lunes”, “no se freía en las aceras de la ciudad como todos nosotros”, “eran sus zapatos los que nos recriminaban que no trabajáramos con el ahínco necesario”. Y muchas de estas imágenes las crea usando colores para la adjetivación: “abatimiento amarillo”, “marrón Stradivarius”, y en especial el azul, “sumamente azul” (referido a la tierra, título de uno de los relatos), “azul naufragio”, “todo es confuso y azul”, “un restaurante íntimo y azul”, “secretos inconfesables y azules”.
El relato que da nombre al libro “Manual para jardinería”, ha recibido elogios de Elvira Lindo por tener un “peso especial” dentro del libro. En este relato se vale con naturalidad de una autora que él ha leído, “me parece muy original introducir en la vida cotidiana de la gente a escritores extraordinarios”. Se trata de un relato protagonizado por un joven negro de cien kilos que vive en Nueva York pero que cree ser la poeta polaca y premio Nobel Wisława Szymborska. “Ha cruzado un océano, ha cruzado un continente y ha cruzado de una vida a otra”, el protagonista hace un gigantesco viaje en el tiempo, el espacio y la condición humana para materializar su sueño. Se trata de un bello tratado sobre vida y literatura, lleno de frases para atesorar: “La literatura huele a pimienta molida”; de algunos libros sale “un polvillo de oro”, de otros “una música que adormece, como de ukulele tocado por una muchacha escuálida”; “Hay frases que dejan una baba densa y fluorescente como los caracoles, (...) otras, no, como si les faltara levadura”; “Las palabras son capaces de agrandar la propia geografía”; “Se mete en el poema como otros entran en un cuerpo que aman pero desconocen”. Bellísima es una escena que aparece en el cuento, la de la nevada, en la que Daniel hace uso de todo su saber como guionista audiovisual, “(...) lo parecidos que son los hombres a la nieve que cae, del mismo modo todos desapareceremos, pasamos a ser algo diferente y a formar parte de un todo inabarcable, más grande que nosotros”.
De mi lectura destaco también el buen hacer del autor en el relato “Honolulu” para reflejar la vida en una oficina, “aquella existencia de cubículo, silla giratoria y quiero el archivo a primera hora en mi despacho”, y la aburrida cotidianeidad de un hombre normal, “yo nunca he sido raro, en mi vida he llevado una camisa hawaiana ni he bailado frente a un espejo una canción que hablase de la revolución”.
Otro de mis relatos preferidos es “Último verano en Seattle”, el que pasan unos jóvenes que no salen de su ciudad de provincias, en aquellos días en que la música grunge se imponía en todo el mundo. Daniel hace un retrato universal y minucioso de la juventud, “ser joven es exagerar sin tregua y tener derecho a ello”, “yo quería ser actor o poeta o algo sin corbata”, “a cierta edad, o estás obsesionado con algo o estás muerto”, “teníamos ansia de etiquetas y cada día encontrábamos una nueva con la que abrigarnos del espacio exterior”.
En pleno proceso de lectura del libro el sábado 20 de octubre acudí a una presentación de “Manual de jardinería” en la librería Cervantes y Compañía, habitual y amable lugar de encuentro de las gentes de RELEE. Tenía curiosidad por saber lo que los escritores Eloy Tizón y Elvira Lindo y el propio autor nos iban a contar con ocasión de una reedición que incluye un texto de Daniel, escrito en su día para una de las presentaciones y una preciosa ilustración de Óscar Pérez.
Eloy Tizón, fundador y director del consejo asesor de RELEE calificó el libro como “valiente, arriesgado y con mucho sentido del humor” que “no se limita a repetir el modelo de cuento que obedece a las leyes de la escritura del relato breve”. Se trata de una “ruptura inteligente” porque “nunca pierde de vista al lector”. Para Eloy la literatura del autor es “rupturista” pero eso no ha producido un texto “frío, cerebral o de laboratorio”, un mal que aqueja en ocasiones a la literatura experimental. Por el contrario, la escritura de Daniel está “cargada de calidez humana”, con lo que el autor consigue “la cuadratura del círculo”, resultando “muy cordial y generoso con el lector”. “Creo que esto se debe a la capacidad comunicativa de Daniel”, afirmó Tizón que definió “Manual de jardinería” como un libro que “proporciona una gran felicidad literaria y que nos abraza”.
La escritora Elvira Lindo definió “Manual de jardinería” como un libro “delicioso desde las primeras páginas”. Este es un adjetivo que a mí también me gusta utilizar, aunque estoy de acuerdo con la autora en no suele usarse a la hora de definir un libro. “Las palabras que reflejan calor humano parece que son un tabú en literatura y hay que desterrarlas”, reflexionaba Lindo. Daniel Monedero es guionista, al igual que la propia Elvira, que ha escrito para radio, televisión y cine. Un trabajo que les ha dado a ambos “mucho oficio”. “Mi pasado es, como el de Dani, muy bastardo. Escribo con la cabeza pero también con el corazón”, aspectos que no han estado muy bien vistos en los círculos literarios, “porque en el fondo es una prosa que pretende llegar a los demás”, afirmó Lindo. Lo mismo sucede con los diálogos, que no son bien vistos en determinados círculos “porque abaratan la prosa”. Elvira Lindo confesó que le gustan los diálogos en los libros, “Me parece que dialogar es muy difícil”, como lo es “incluir el habla coloquial”. Ese tipo de rasgos se aprenden cuando se han dedicado muchos años “a pretender llegar a los demás”, como es el caso de ambos. También destacó las pinceladas de humor que aparecen en los relatos de Daniel y un cosmopolitismo de “alguien que no es cosmopolita, que sigue con sus obligaciones” mientras escribe. Para finalizar, la escritora destacó la belleza con la que está escrito este “Manual de jardinería”. Daniel se expresa con especial “gracia” y eso es probablemente “lo que más me cautivó del libro”, concluyó la autora.
Daniel Monedero, el autor, confesó que cuando acabó de escribir el libro se sentía “desorientado” con respecto a la repuesta que podía tener. “Yo entendía la mitad de lo que había escrito pero no la otra mitad, la respuesta de los lectores”. Por otra parte explicó como su trabajo de guionista siempre ha estado constreñido a una escaleta de la que no debía salirse. Sin embargo, la literatura es todo lo contrario por lo que pudo permitirse “escribir de una manera desparramada sin estructura previa”. También su trabajo de guionista consiste en intentar decir mucho con economía de estilo, por eso “yo quería con el libro resarcirme y que la belleza de las palabras fuera el centro del libro”. El autor destacó la fuerte carga lírica fuerte presente en el libro y el humor, “algo que va impregnado en la mirada”, porque, como destacó Daniel “en las situaciones más trágicas hay algo de humor, aunque sea un humor cargado de tristeza”, tiene que ver “con la extrañeza de situaciones de la vida con las que nos encontramos, el humor nos ayuda a poder soportarlas”. “Manual de jardinería” está “lleno de personajes desorientados desenfocados que buscan su lugar en el mundo”. Daniel reconoció durante la presentación que el libro está lleno de referencias cinematográficas, musicales y literarias pero alejadas de cualquier elitismo. Son referencias que están “impregnadas en mi propia vida”, no se introducen “para darme tono” o “para diferenciarme del resto”. Daniel quiso destacar que no se trata de “un libro de cuentos dispersos sino que tienen cierta vocación de resultar homogéneos”. Reconoció ciertas dudas en el proceso de enfrentar al libro a su primer lector, el editor, y también en cuanto al título. Finalmente considera un acierto haberlo bautizado con un título que ha causado “desorientación” entre algunos lectores, creando incluso algunas anécdotas divertidas entre quienes pensaban que estaban comprando efectivamente un libro sobre jardinería.
En definitiva es “Manual de jardinería (para gente sin jardín)” un libro sorprendente y diferente, en el que el autor ha tratado de sentirse libre para experimentar, “aunque la palabra experimentación esté muchas veces cargada de negatividad”. Se trata, eso sí, de una experimentación que no pone una barrera con el lector y que está cargada de belleza.
Los lectores estamos esperando nuevos trabajos de Daniel Monedero. Él se comprometió “a seguir escribiendo”. 

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