35 años con la misma convicción

8:36 p. m. Conx Moya 0 Comments

Nueina, una joven mujer saharaui, en los primeros campamentos de refugiados. La fotorreportera Christine Spengler los visita, es testigo de batallas, de la organización de los refugiados, de la lucha de las mujeres en la retaguardia y en el frente y presta su cámara para inmortalizar aquellos durísimos primeros tiempos de exilio. Nueina porta fusil para defender a su gente y lleva en sus brazos a su pequeña hija. Madre y combatiente por la libertad de su pueblo, es la esposa de Uleida Mohamed Ali, uno de los más prósperos comerciantes saharauis, que dejó toda su fortuna para luchar junto a Luali Mustafa Sayed contra la invasión marroquí y mauritana del Sahara. Uleida cayó junto con Luali el 9 de junio de 1976 en el ataque contra la capital de Mauritania, Nuakchott. Lo dio todo, incluso su propia vida, por la libertad del Sahara.

Nueina sigue trabajando por su causa desde los campamentos. Ahora es abuela, pero su convicción sigue igual que siempre. Hoy cogen el testigo sus hijos. Conocí a uno de ellos, El Bon, en la presentación del libro de Yolanda Sobero "Sahara, Memoria y Olvido", en el que la famosa foto de Christine Spengler, donde aparecen su madre y su hermana, llena la portada. El Bon me habló emocionado de sus padres y me dijo: "Otros heredan pisos o dinero, nosotros hemos heredado nuestra causa y a ella consagramos nuestra vida". Me dejó muy impresionada aquel joven de edad incierta, digno hijo de Nueina y Uleida.

35 años después de aquella imagen triunfante de Nueina, la convicción sigue siendo la misma. Una joven madre saharaui, de la que desconocemos el nombre, hace la señal de la victoria. Es octubre de 2010, Campamento Dignidad de Gdeim Izik, a las afueras de El Aaiun ocupado. Miles de saharauis acampaban desde principios de ese mes como protesta contra la exclusión y condiciones de vida a la que se ven sometidos cada día en su tierra ocupada. Como fondo, un rotundo NO a la ocupación ilegal marroquí. "Cercados y libres", un mes levantando el mayor desafío saharaui al dictador desde los territorios ocupados. Miles de saharauis plantaron sus tiendas frente a ellos, pero sin contar con ellos, asediados pero con la convicción de que cuando se lucha por la libertad, uno ya empieza a ser libre.

Rodeados y libres, otro fatídico noviembre, el odio del represor cayó sobre ellos con toda su dureza. Balas, fuego, palos, tortura, insultos, mentiras, el juego más sucio, corrupción. El infierno se cernió una vez más sobre los saharauis.

Pero una vez más renacerán de la ceniza. Los muertos guiarán hasta las fosas donde fueron escondidos, los desaparecidos revelarán sus nombres, la verdad se acabará sabiendo, el odio se volverá contra los verdugos. Nueina se alzará triunfante, y sus nietos heredarán al fin la tierra. La madre de Gdeim Izik dejará para siempre de tenerles miedo. La Bestia se marchará, la pesadilla habrá terminado y el Sahara, pronto, será libre.


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