"Tengo, tengo, tengo"

4:31 p. m. Conx Moya 0 Comments



Delgado, casi consumido, Rahmuni se sentó en la primera fila, la reservada para las autoridades y los activistas. Había llegado desde El Aaiún, invitado para ofrecer su testimonio. Iba a participar en la mesa redonda “El Sahara en el nuevo tiempo árabe”, invitado por las universidades públicas madrileñas, un foro muy importante para ofrecer su testimonio. Allí estaba con Ali Salem Tamek y El Mami Amar Salem, dos antiguos compañeros de lucha. Cansado por el viaje, se revolvió en el asiento, a sus cuarenta y pocos años había vivido demasiado deprisa. Ex preso político, militante de la ASVDH, había sufrido interrogatorios brutales y un trato vejatorio en la cárcel.
¿Se arrepentía? Sin duda, no. Haber hecho otra cosa le hubiera supuesto la muerte, si no del cuerpo, sí de su esencia, de su dignidad, no podía vivir como si no pasara nada, mientras en el Sahara ocupado se pegaba a ancianos, se acosaba a los niños en los colegios, se intentaba hacer desaparecer a todo un pueblo. Su apuesta por la paz les costaba cada día un precio muy elevado, pero el objetivo era tan dulce… recuperar la tierra… ¿existía algo mejor que aquello?
Rahmuni despertó de su ensimismamiento. Le gustaba participar en aquellas actividades, eran otra forma de seguir la lucha, dando testimonio en primera persona de lo que sucedía en los territorios ocupados. Sus manos de finos dedos recorrieron el magro rostro. Había preparado su ponencia la noche anterior con todo cuidado. “El Sahara en el nuevo tiempo árabe”, ¿tenían de verdad cabida en aquella primavera? La suya había empezado seis años atrás, en mayo de 2005 en El Aaiún, cuando comenzaron con la Intifada pacífica y el mundo supo al fin qué ocurría con ellos. Tal vez el mundo no les hiciera mucho caso, pero ya no podían hacer como que no pasaba nada. Rahmani sabía muy bien lo que iba a decir, saludaba las revueltas árabes, pero su revolución había empezado mucho antes y su objetivo no era pedir reformas y democracia, trabajo y pan. No, ellos luchaban por recuperar su tierra, por echar al ocupante ilegal, por celebrar el referéndum que les debía la ONU, por su existencia como estado. Aquellas revueltas árabes, el movimiento 20 de febrero marroquí, eran respetables pero no tenían que ver con ellos. Eso pensaba decir al auditorio.
Sólo le preocupaba una cosa, no poder hablarles en español. Le traducirían del árabe, pero se perderían matices, y él quería decir tantas cosas… Su pueblo reivindicaba el español, pero no les era nada fácil mantenerlo. En los campamentos por falta de medios y en los territorios por el exterminio de todo lo que recordara a la antigua metrópoli y les identificara como saharauis… Ya sabía cómo iba a empezar.
Rahmuni se subió al estrado, tomo asiento al lado del profesor Bernabé López, un conocido defensor de las posturas promarroquíes sobre el conflicto del Sahara, aunque últimamente estaba tomando partido por el movimiento que exigía reformas en Marruecos. Él intervendría el último. Tras escuchar atentamente al resto de ponentes le tocó el turno. Comenzó recordando en español que era un niño de siete años cuando Marruecos invadió el Sahara. Se disculpó por hablarlo ya apenas, cómo explicarlo, llegó Marruecos y su infancia acabó, su colegio, sus maestros, no podían hablar en español, no podían ni siquiera identificarse como saharauis en aquellos años tan negros. Y Rahmuni empezó a cantar lo que le habían enseñado en su colegio. Empezó con voz temblorosa:
Tengo, tengo, tengo.
Tú no tienes nada.
Tengo tres ovejas
en una cabaña.
Ante la aprobación del público continuó:
Una me da leche,
otra me da lana,
y otra corre, corre
toda la semana.
La sala rompió en aplausos, el auditorio le había entendido. Y Rahmuni prosiguió, en árabe, su ponencia. “Las revueltas del mundo árabe son una cuestión interna, que tiene que ver con reivindicaciones políticas de los países, mientras que en el Sahara Occidental lo que se reivindica es el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación…”

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