La trabajadora, de Elvira Navarro. Realidad sin adornos ni esperanzas

12:24 p. m. Conx Moya 0 Comments


“La novela nos sirve para metabolizar este tiempo horrendo de crisis. Lo que es malo para la humanidad es bueno para la literatura”. Ernesto Mallo
¿Se puede encontrar algún aspecto positivo a la crisis económica y política a nivel mundial que afecta tan gravemente a Europa y España, país en el que se suma el desencanto, la corrupción, la represión y una enorme crisis de valores? Creo que en medio de tanta desesperanza es bueno el despertar de un pueblo que empieza a interesarse cada vez más por los asuntos políticos, abandonando la peligrosa tendencia a dejar todo en manos de los políticos profesionales. Es sabido que en los momentos de crisis suele producirse también un auge creativo. Igual ha sucedido en España, debido a la necesidad de buscarse la vida de tantas personas que no encuentran un hueco en el esclerótico mercado laboral español. Querría pensar también que estos años tan duros puedan suponer la apertura hacia nuevos temas y visiones en el ensimismado y poco realista panorama literario español.
Un ejemplo del posible nuevo auge de una literatura de contenido social es ‘La trabajadora’ de Elvira Navarro (Huelva, 1978), una escritora que no oculta que conoce de cerca los zarpazos de la crisis, la falta de oportunidades laborales, la situación de quedarse descolgado de un trabajo estable y las consecuencias que ello supone a partir de cierta edad. Una muestra son estas palabras suyas, escalofriantemente sinceras: “Hay meses que no puedo pagar ni autónomos” (El Confidencial, enero 2014). Especialmente sinceras en este país del disimulo y la impostura, muy acusado entre las camarillas culturales y literarias. Y es que si en el panorama laboral español predomina la precariedad, dedicarse en este país a la cultura es morirse de hambre. ‘La trabajadora’ se ha encuadrado dentro de lo que se ha venido a denominar literatura social que refleja la crisis económica. Ojalá que sea un comienzo para introducir temas que la mayoría de novelistas de este país tienen reparo a tratar y que se vaya perdiendo al fin este complejo. “Novela del desempleo, de la precariedad, de la desigualdad y la injusticia”, la definen en la mencionada entrevista de El Confidencial.
Tenía muchas ganas de leer del libro de Elvira Navarro tras algunos artículos y entrevistas aparecidos durante su lanzamiento. Así que me alegré especialmente de compartir con Elvira la última sesión del Club de Lectura de la Central (Primavera 2015). Encontré una mujer de gran sensibilidad, que respondió con hondura a todas las cuestiones que planteamos los lectores y conocedora de la realidad que refleja el libro: precariedad, soledad, depresión, realidades que ella también ha experimentado. Toda una declaración de intenciones es el título, ‘La trabajadora’, inspirado según nos dijo la autora en una compañera de piso que encadenaba varios empleos, algo a lo que están abocados muchos trabajadores para reunir magros sueldos a fuerza de una agotadora jornada laboral diaria. También la autora sufrió la precariedad laboral en una época determinada de su vida. Navarro forma parte de esa generación, que también es la mía, que pensamos que la preparación, el estudio y el esfuerzo nos harían ganarnos nuestro sitio en la sociedad. Pero, ay, este país es España y nada de eso tiene apenas valor.
En el libro hay dos partes y la transición entre ambas es un artículo publicado en su día en el diario Público. Ese texto lo escribió Navarro por encargo del periódico, aunque la autora nos precisó que normalmente no escribe ficción por encargo, ya que para ella “las ficciones corresponden a necesidades”. Sin embargo aceptó escribirlo mientras ya estaba inmersa en ‘La trabajadora’. Dudó en incluirlo en el libro, pero finalmente su inclusión le ayudó a convertir a Elisa, la protagonista, en escritora, ya que en un primer momento iba a ser simplemente correctora.
En sus inicios la novela comenzaba con la llegada de Susana al piso (pág. 49). Susana toma rasgos de dos compañeras de piso de la propia Elvira. La forma en que está construido el personaje de Susana la hace inasible, no habla de su vida, no habla de su pasado, no habla de su trabajo, quiere crearse un mundo nuevo en torno a una actividad cultural, en su caso lo conseguirá con los mapas de la ciudad realizados con minúsculos edificios recortados. En cuanto al personaje masculino, Germán, que fue tachado durante nuestro encuentro por algunos lectores de “desdibujado” y de “irrumpir de manera demasiado sorpresiva”, la autora señaló que lo había hecho de manera premeditada, porque su intención en la novela no era desarrollar la vida personal de Elvira, y darle más matices a Germán le habría llevado a ello.
Se trata según la autora de una novela que parte de elementos autobiográficos pero no es autobiográfica. Es una novela realista, pero en la que la Navarro juega con el realismo. Aquí entramos en el debate sobre la novela realista, “superado en Europa desde hace décadas pero que en España aún no lo está”, según la autora. Antiguamente se pensaba que la novela era un espejo capaz de recrear lo real; pero esta idea se ha quebrado. El realismo se considera actualmente una ficción como cualquier otra, pero en la que se tienden constantemente puentes con lo real.
En ‘La trabajadora’ Navarro ha intentado “no ser obediente a los códigos”, especialmente en la primera parte, cuando Susana cuenta su delirio, en un relato donde se incluyen acotaciones de Elisa. Esta primera parte estuvo incluida dentro de la segunda, pero a la autora no acababa de encajarle ahí y finalmente la pasó al inicio de la novela. A nuestra pregunta de por qué usó esta estructura, no muy convencional, Elvira respondió que no busca “técnicas para captar la atención”, sino que el texto le resultaba así “más orgánico, más intuitivo”. ‘La trabajadora’ pretende ser una novela “no canónica”, incluso Navarro durante nuestra charla la definió como “desbaratada”. Señaló que “los defectos también pueden hacer estilo”. Se declara partidaria de jugar en la ficción incluso con lo que se pueden considerar defectos, o introducir rupturas.
En la novela está muy presente la ciudad de Madrid, en especial la periferia. Navarro explica que las historias de sus novelas le suelen llegar a través de imágenes y son en muchas ocasiones imágenes de ciudad. “Mis historias surgen de paisajes urbanos, más que de ideas”. Una muestra de la preferencia de Elvira por los paisajes urbanos es su blog, Periferia. “Me gusta caminar y visitar barrios. Un lugar no es un mero lugar neutral. Los espacios están cargados de sensaciones, un buen narrador de espacios los reinventa”. Elisa viaja en la novela por la ciudad, para que la ciudad sea un reflejo de su estado. Es una ciudad fantasmagórica, en parte un Madrid inventado. Elvira reivindica los barrios que no suelen salir en ficción: Aluche, Carabanchel, Usera.
Otro tema de la novela es el mundo editorial. Elvira trabajó de correctora editorial freelance, al igual que la protagonista; se trata de otro elemento autobiográfico. El personaje de la jefa en la editorial tiene cierto peso en la novela. Se refleja lo mal pagado que está el trabajo en el sector del libro, entre otros motivos a causa de la crisis económica y la piratería en internet. Elvira en la actualidad imparte cursos de escritura creativa, tiene una columna en el diario El Mundo y ha sido durante un año la editora de Caballo de Troya.
Otra cuestión que salió durante nuestra sesión del Club de Lectura fue esa idea, quizá manida, que considera la escritura como una actividad terapéutica. Navarro nos respondió que no tiene por qué ser así, puede, por el contrario, resultar incluso destructiva. Y ejemplos hay muchos en la historia de la literatura.
Precariedad laboral, deseos frustrados, la paradoja de la sobrecualificación, pisos compartidos, soledad, incomprensión, ansiedad, depresión, los barrios fantasmas del estallido de la burbuja, el Madrid más periférico, los sótanos del mundo editorial, pueblan ‘La trabajadora’, de Elvira Navarro. Una novela dura, fría y realista, que cuenta la realidad sin adornos ni esperanza. En definitiva, una novela sobre estos tristes tiempos que vivimos.
‘La trabajadora’, de Elvira Navarro. Random House. Barcelona, 2014. 160 páginas

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