Estampitas saharauis. Septiembre de 2000

1:56 p. m. Conx Moya 1 Comments



"Todas las personas son necesarias para llevar a cabo la liberación del país, ya que son un pueblo pequeño en número, apenas unas decenas de miles, contra otro pueblo vecino que les invadió que tiene 28 millones de habitantes. Es una lucha desigual como la de David frente a Goliath, pero ya sabemos quien triunfó de los dos. Todos los niños saharauis tienen garantizada su educación a pesar de vivir en campos de refugiados; los niños marroquíes desgraciadamente no pueden decir lo mismo; quizás sería buena idea que el Gobierno Saharaui llevara la administración de su vecino Marruecos para enseñarles como hay que tratar al pueblo y evitar que sus súbditos vivan en la miseria y la ignorancia y huyan en pateras"


"La pobreza y el sufrimiento no están solamente para ser entendidos, sino para ser resueltos." Vicente Ferrer


Septiembre 2000. Bueno, bueno, estamos indignados, el sultán de Marruecos, Mohamed VI, visita oficialmente España. Podría ser una visita más de un dirigente irrespetuoso con los derechos humanos y reñido con la decencia y la dignidad. Hay tantos... Pero en este caso se trata de algo aún peor, el nuevo “adalid de la democracia”, como no se cansan de decir los políticos y los periodistas, es el hijo de otro terrible dictador “hermano del Rey de España”, como el mismo Juan Carlos se encargó de decir entre lágrimas en los fastuosos funerales del fallecido monarca absoluto. Sobre sus conciencias, por tanto, muchas muertes de inocentes y muchas desgracias. Una de las más crueles, la expulsión del pueblo saharaui de su país, el Sahara Occidental. El nuevo rey viene a España empeñado en sus trece: el Sahara es una provincia marroquí y de referéndum nada. Ante este atropello, el gobierno español, con Aznar a la cabeza le recibe con todos los honores y le abre las puertas del Palacio Real como invitado de la cena de gala correspondiente. Aznar se hace una foto muerto de risa al lado de su invitado que reproducen todos los periódicos y que es toda una declaración de principios. Poco le importa el pueblo saharaui. Mohamed VI no visita el Congreso por miedo a que diputados de IU y alguno de esos invitados molestos que se cuelan a veces, por ejemplo gente de las asociaciones de apoyo a los saharauis, le den el día. Tampoco acude a la embajada de su país. Se mantiene bien escondido para que nadie le amargue el viaje.

Hay organizada una manifestación para gritarle bien alto a él y a todos los que son como él, que los saharauis tienen que volver a su país. Basta de genocidio y de reírse del mundo entero. Nosotros vamos, como es de ley, y así quedo con Su y Romano.

Mucha policía "acompaña" a los manifestantes, el helicóptero de rigor sobrevuela nuestras cabezas, estoy rodeada de la maravillosa gente que forma las asociaciones y de muchos saharauis, hombres, mujeres, jóvenes y niños, nuestro cielo son multitud de banderas de su país ondeando al viento, melfas, darras, henna, aquí están, de nuevo sus miradas y sus sonrisas y mientras espero la familiar sonrisa permanente se instala en mi cara otra vez, aunque a ratos domina la pura emoción.

Un hombre vestido con una darra está a mi lado en un paso de cebra, porta una enorme bandera saharaui y llama a unos compatriotas que están al otro lado. "¡Yalah!", "vamos", les dice en hasania, es el espléndido pueblo saharaui que toma las calles y toma la palabra. Os queremos y os lo debemos.

La manifestación empieza a andar calle Serrano adelante, hasta la Plaza de la República Argentina. Se corean todo tipo de eslóganes, ninguno deja en buen lugar al monarca ni a los políticos españoles, culpables todos de la desgracia; los gritos de las mujeres del desierto y los megáfonos animan la marcha y una huevada con los colores verde, rojo y negro, los colores de su bandera, cae con fuerza sobre la fachada de la embajada de Marruecos.

La manifestación sólo puede transcurrir por dos carriles de la calle, evidentemente la delegación del gobierno no puede consentir que la calle Serrano esté cortada un par de horas, el tema no debe ser lo bastante importante. El Paseo de la Castellana se corta para la vuelta ciclista, el día de la bicicleta o para cien cosas más, pero no para apoyar la legalidad internacional y los derechos humanos de un pueblo al que tanto le debemos.

Hay multitud de policías acordonando la manifestación y los elementos “terriblemente peligrosos” que requieren tal despliegue policial son las maravillosas señoras de las asociaciones, los jóvenes que apoyan esta causa justa, los propios saharauis armados con la fuerza de la razón, en fin, alguien que protesta por algo lleno de verdad, lo peor que se puede hacer en estos tristes días.

No hay políticos, alguno como Labordeta ha venido a título personal y hay representantes de los sindicatos. El resto debe estar haciendo cosas más importantes.
La manifestación llega finalmente a la plaza donde se lee un comunicado y sólo puedo decir que ha resultado tremendamente emocionante volver a estar entre estas gentes después de que hayan transcurrido varios meses desde que regresamos de los campamentos de refugiados.

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