Desierto o el último viaje de Chej Ma El Ainin

12:45 a. m. Conx Moya 1 Comments




"Ahora Ma El Ainin conoce la misma soledad, ésa a la que no es posible escapar, y nadie puede aplacar el vacío de su mirada"


Admito que no había oído hablar del escritor francés J.M.G. Le Clézio cuando llegó la noticia de que había ganado el premio Nobel de Literatura. A pesar de intentar conseguir, o al menos tener referencia, de todos los libros que hablen sobre el Sahara Occidental, incluidas claro están las novelas, no tenía conocimiento de su existencia ni de que hubiera escrito sobre el Sahara. En las primeras informaciones que llegaban sobre él se destacaba que el autor estaba casado con una saharaui, y que habían viajado por el territorio para documentarse para un libro, “Desierto”, basado en la penosa marcha de Chej Ma El Ainin, el sabio fundador de la ciudad de Smara en el Sahara Occidental, junto con miles de saharauis incluidos niños y ancianos, tras abandonar el sueño que había creado con tanto amor. Ese deambular errante, por las fronteras actuales del norte del Sahara y sur de Marruecos, derrotado, viejo y presionado por los franceses y el sultán de Marruecos, fue la premonición del exilio que tuvo lugar más de sesenta años después, cuando gran parte del pueblo saharaui abandonó su tierra para refugiarse de la invasión marroquí en la hamada argelina.

La de Chej Ma El Ainin es una de esas figuras llenas de misterio y carisma, que trascienden siglos y fronteras. Hombre del libro, se dice que escribió más de trescientas obras sobre los más variados temas y estilos, para algunos mago, para todos los saharauis sanador y hombre santo. En él se inspiraron para su insurrección los hombres del fusil, ya que incitó incansablemente a la lucha por echar a los cristianos del territorio, en especial a los franceses, establecidos ya en Mauritania y Senegal, y no tanto a los españoles, que por aquellos años permanecían “encerrados” en la costa saharaui y apenas hacían incursiones al interior.

Es Smara la gran obra de Chej Ma El Ainin, la increíble ciudad a la que siempre estará ligado su nombre. Pero “Desierto” apenas habla de Smara, la ciudad de los hombres azules, construida en la vaguada del río Seluan, solitaria y rodeada de pequeñas elevaciones, arena y juncos, con escasas palmeras que alegran un poco la vista del exhausto viajero, y adornada por la vieja mezquita de piedras negras, una joya de belleza inverosímil en medio de la absoluta nada. En la novela de Le Clézio encontramos al Chej saliendo de su ciudad y comenzando el penoso éxodo hacia el norte con sus seguidores. Mediante la minuciosa descripción de Le Clézio sentimos en nuestra piel la sed, el cansancio y el insoportable calor que deben soportar en el camino los que acompañan al Chej en su exilio. El dolor terrible de los pies llagados, el hambre de jornadas sin apenas probar bocado, y la lucha contra una naturaleza extrema, completamente hostil a los que se internan en ella. Cada línea trasmite el sufrimiento de los niños, ancianos y mujeres, el desánimo de los guerreros azules, la pesadumbre del Chej que no consigue encontrar cobijo para él y los suyos en ninguna de las ciudades que visita, en un penoso andar errante hacia el desapacible norte, del que nunca formaron parte los bravos hijos de la nube.

En paralelo el autor nos acerca a la época actual con la historia de Lalla, descendiente de aquellos míticos hombres azules que acompañaron a Chej Ma El Ainin. En la historia de Lalla también cobra una enorme importancia la naturaleza, una naturaleza desértica, pero menos dura que la que conocieron los hombres y mujeres que acompañaron al Chej en su marcha, suavizada por la cercanía del Mediterráneo. Lalla es un espíritu libre, criado entre el desierto y el mar, conoce a todos los animales y plantas que moran en esa calurosa y seca naturaleza, que a pesar de resultar árida y dar la impresión de estar poco habitada, una mirada minuciosa descubre la cantidad de pequeñas plantas y animales que la pueblan. Ella es una extraña en la “Cité” de chabolas que habita, por su origen, diferente al de sus vecinos. Sin embargo, como hija de la nube, donde no se siente extraña es entre la naturaleza, el mar, las dunas, la breve vegetación o los pocos animales de aquella región. Un embarazo lleva a Lalla a abandonar la Cité, la joven realiza a su vez un viaje al denominado “primer mundo”. Su marcha le lleva hasta Marsella, una supuesta “tierra prometida”, que sin embargo resulta terriblemente dura para los inmigrantes como Lalla, una tierra efectivamente llena de peligros reales y soledad. A pesar de que Lalla acaba encontrando el éxito, finalmente, en una nueva huida, regresa a su pueblo, dejando atrás todo lo conseguido en Marsella. Resulta cierto que para ambos espíritus libres la marcha hacia el norte nunca termina bien.

“Desierto” es ante todo un canto a la libertad, a traspasar las estériles fronteras impuestas por los hombres, aunque esa libertad siempre duele y cuesta, muchas veces, un alto precio. Y también un canto apasionado al regreso a las propias raíces.

Jean Marie Gustave Le Clézio es un escritor francés de origen anglo-bretón, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2008. También ha recibido otros galardones, como el Premio Renaudot en 1963, el Premio Paul Morand en 1980 y fue elegido en 1994 por los lectores de la revista francesa Lire como el mejor escritor francés vivo. El 9 de octubre de 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca lo calificó como “el escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada, investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante”. Ha sido definido por la crítica como “un apóstol del mestizaje, un hombre tranquilo y carismático que se hace querer, un escritor que devuelve su dignidad a los humillados de todas las latitudes”. Según sus palabras “escribir es escuchar el ruido del mundo y viajando se escucha mucho mejor”. Y una frase del autor que me gusta especialmente es ésta “Hay que seguir leyendo novelas porque son un gran sistema para entender el mundo, un modelo que no es esquemático y que por eso permite hacerse preguntas”, una reivindicación de un género tan maltratado hoy en día pero que muchos seguimos amando.

Título original: Desierto. Editorial: Tusquets. Año publicación: reeditado en 2008 (1980)

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