‘Sólo los amantes sobreviven’. Vampiros afortunados en el amor. Jim Jarmusch

12:40 a. m. Conx Moya 0 Comments




El maldito problema es pensar tanto en uno mismo. No te centres en tu tristeza, disfruta de la bondad y de la amistad. Baila. Y tú eres muy afortunado en el amor, si me permites decírtelo. Algo así dice Eve a su Adam, el artista underground, deprimido (y vampiro) en 'Sólo los amantes sobreviven' de Jim Jarmusch, estrenada recientemente en España y que ha costado a su autor varios años de arduo trabajo hasta verla finalizada, y el “exilio” en Europa para poderla rodar. Está claro que el cine actual va por otros caminos muy distintos de los vericuetos por los que nos conduce Jarmusch, repletos de música, literatura, arte, belleza, alta cultura, mitos y oscuridad.
En efecto, 'Sólo los amantes sobreviven' es una película de vampiros; aunque no tanto, porque no es un film “de miedo” al uso, y más que tratar sobre vampirismo, la película está protagonizada por unos seres diferentes, proscritos, cultísimos y en extinción. Se trata de individuos que viven cientos de años, sin llegar a ser inmortales porque son frágiles y pueden morir; ya saben, a los vampiros les mata la luz del día, la bala de plata en el corazón o la falta de sangre. Y es que la sangre, el único alimento del vampiro, es cada vez más impura y dañina debido al descuido de los seres humanos, esos zombies a los que tanto desprecia Adam. Olviden eso de que los vampiros anden mordiendo a víctimas desprevenidas a las que arrebatan el preciado elixir. Los vampiros de Jarmusch tratan de agenciarse una sangre de total pureza, que no les dañe, que no les acabe matando. Como dice Eve eso de morder es “tan del siglo XIX”, demasiado “animal”. Aunque si hace falta para sobrevivir, nuestros vampiros no dudarán en atacar.
Los protagonistas, Adam (Tom Hiddleston) y Eve (Tilda Swinton), son seres que viven en soledad, se han creado un mundo totalmente personal y a su medida, donde apenas caben ellos dos, para esconderse de la estupidez y la brutalidad de los seres humanos, esos “zombies” que desquician y asquean a Adam, y que “sólo aprenden cuando ya es demasiado tarde”. En el inicio de la película ambos se encuentran viviendo separados pero la depresión de Adam, su hartazgo de inmortalidad y su desprecio por los humanos, hacen que Eve abandone su retiro en Tánger y vaya al encuentro del hombre al que ha amado durante cientos de años y a quien acude a salvar una vez más, como la mujer redentora y luminosa que es. Sólo el amor salvará a Adam del hastío, porque “sólo los amantes sobreviven”. Eve, pálida, de pelo rubio platino, vestida de blanco, con pantalones ceñidos, camisetas suavísimas, níveas chupas de cuero y guantes claros primorosos, es la luz; varios cientos de años mayor que su amante, ella es quien tira del carro de ambos a base de amor. Él, mucho más oscuro, músico, con aspecto de rockero de los años 70, una especie de Jim Morrison (Enrique Bunbury debería pedir derechos de imagen al director), más joven que su esposa, sin embargo también acumula varios siglos a sus espaldas, sólo su batín es más que centenario. Romántico, amigo de Byron y otros malditos, es un prodigio con la música, sin embargo hace todo lo posible por esconderse, por alejarse del contacto y del reconocimiento. Es uno de esos creadores que se empeñan en mantenerse en el anonimato, trabajando alejados como de la peste del mainstream. Adam quiere permanacer resguardado, escondido en el underground del underground, aunque lo que consigue en realidad es que le persigan con más ahínco; se va convirtiendo en un oscuro mito y el público le busca, cercan su casa fantasma de Detroit, donde compone, graba, y permanece encerrado, totalmente alejado de la supuesta vida real.
El tercer protagonista es el gran John Hurt que interpreta al literato Christopher Marlowe, ese autor inglés de quien se dice que escribió muchas de las obras de Shakespeare. Sobre Marlowe todos son misterios, ni siquiera se sabe cuándo ni cómo murió realmente. Jarmusch le imagina como un vampiro de varios cientos de años, que habita en Tánger, un cruce entre Paul Bowles y un poeta romántico; homosexual, cojo, tremendamente culto, vive de noche una vida escondida en la decadente ciudad marroquí. Marlowe le dice a Adam que si le hubiera conocido antes de escribir Hamlet, él habría sido su modelo.
‘Sólo los amantes sobreviven’ es una película sobre la decadencia. Decadencia en la mansión de Adam en Detroit; decadencia en ese planeta que se viene abajo por el descuido y la irresponsabilidad de los hombres y más decadencia, la de las dos ciudades protagonistas, Tánger y en especial Detroit, en proceso de derribo y destrucción que comenzó varias décadas atrás, a pesar de su esplendor pasado como sede de una más que pujante industria automovilística desde principios del siglo XX. La ciudad se convierte en otro protagonista del film a través de los paseos nocturnos en coche que realizamos de la mano de Adam. Vemos las fábricas abandonadas, las casas deshabitadas, las calles vacías, los antaño esplendorosos teatros destruidos, o la casa natal del músico Jack White, en la que curiosamente sí hay luz. Durante los años 20 del pasado siglo la industria manufacturera y automovilística convirtió Detroit en la ciudad de mayor crecimiento en todo EEUU. Fue cuna además de la mejor música del país, de la Motown, MC5 y los Stooges.... ahora es una ciudad casi fantasma. “Lo que flipa de Detroit es que está muy hecha mierda, destrozada. Está tan jodida que es bonita, como unas ruinas romanas. Da miedo pensar que mientras uno piensa en Detroit y sus Pistons o sus Red Wings, Motown y cuna del blues urbano, también la ciudad se fuese a la mierda de esa manera” (De un artículo de la revista Jot Down).
Aparte de disfrutar con la trama, las interpretaciones o la música (algo fundamental en todos los trabajos de Jarmusch), en la película se paladea la soberbia ambientación, los muebles, los libros (la imagen de Eve recorriendo con los dedos los libros elegidos que se va a llevar de viaje es de enorme belleza), o los instrumentos, como ese violín tocado con maestría por Adam, el laúd que consigue Eve en Tánger y en especial para mí las guitarras eléctricas antiguas, auténticas joyas que le lleva a Adam su “conseguidor” zombie, uno de los únicos humanos con los que consiente tener contacto. Quiero destacar la importancia del vestuario y la ambientación. La casa y la ropa moruna de Eve en Tánger, los colores, las telas, los libros, las paredes encaladas, los cafés. Y en especial la mansión de Adam en la destruida Detroit. Una rememoración de la mansión de los Monsters, que se cae a pedazos, llena de brocados, alfombras, instrumentos, mesas de mezclas, bafles, grabadoras, y en especial ese altar de ilustres, que la cámara recorre durante unos segundos, y donde se encuentran, enmarcados y hermanados, sus adorados Joe Strummer, Johann Sebastian Bach, Claire Denis, Neil Young, Samuel Fuller, Hank Williams, Billie Holiday, Christopher Marlowe, Mark Twain, Iggy Pop, Poe, Kafka, entre muchos otros.
No puedo dejar de mencionar la magnífica banda sonora, que acompaña o pone un más que acertado contrapunto a las delicadas y emocionales imágenes que ha rodado la cámara del director. Música gregoriana, árabe, rock. No se podía esperar menos de alguien como Jarmusch, melómano más que notable, que siempre da una enorme importancia a la banda sonora de sus películas; se dice que tiene la música en la cabeza mientras prepara sus guiones. Jarmusch también ha formado sus propias bandas, precisamente el pasado 2013 debutó con Sqürl, un trío con el que sacó un EP, y que definen así su propuesta musical: “Bombos y guitarras descompuestas, grabaciones de cassette, loops, feedback, canciones tristes de country, hip hop ralentizado y música de películas imaginarias”.
Ellos son los responsables de la banda sonora de 'Sólo los amantes sobreviven'. A destacar la versión de la canción de 1961 de Wanda Jackson ‘Funnel of Love’, a cargo de Madeline Follin. Otros músicos que participan en la banda sonora son la vocalista libanesa Yasmine Hamdan, que aparece cantando en un café en una impactante escena de la película; o el laudista holandés Jozef Van Wissem, quien interviene en varias composiciones.



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