La obsesión por la creación

12:47 a. m. Conx Moya 0 Comments

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Encerrada en casa, sentada escribiendo contrarreloj, sin poder salir a la calle porque el tiempo apremia... doy con estas reflexiones en una entrevista de Kiko Amat a uno de mis escritores preferidos desde muy jovencica, Hanif Kureishi sobre la obsesión creativa y el hecho de ser o no un escritor de verdad.
Kiko Amat: ¿Pero no te arrastra la soledad a una melancolía incurable? ¿Nunca sientes ganas de apagar el ordenador y salir corriendo a la calle? Cuanto más lo hago yo, menos me gusta. Ese aislamiento resulta malo para mi alma, y se me está apagando el fuego narrativo, y no sé cómo avivarlo. O siquiera si debería avivarlo.
Hanif Kureishi [Tajante] Quizás lo que sucede es que no eres escritor. Todos los escritores que conozco mantienen ese fuego del que hablas. Lucien Freud pintó hasta el lecho de muerte. Los músicos lo mismo. Estuve en casa de Brian Eno el otro día y me dijo: “Me encanta estar en esta habitación. Me encanta trabajar”. Yo le dije que me sucedía lo mismo. Esa es mi pasión y mi obsesión. En cierto modo, la pregunta “cómo debo avivar ese fuego” es la incorrecta. Porque cuando tienes la obsesión ni tan solo te lo planteas. Te levantas por la mañana y lo único que quieres es escribir, y se te ocurre una buena idea, y la cosa aún te excita. Y eso solo puede hacerse por amor. Si tienes que forzarlo, estás muerto. Has escogido el trabajo equivocado. Realmente es una obsesión.
Me llegan en unos días de encierro autoimpuesto (salvo las eternas horas en el lugar de trabajo) en los que he pensado mucho sobre la obsesión por crear, la creatividad llevaba al límite, la soledad del creador, la burbuja del artista (músico, escritor, pintor...), en los que he escuchado palabras de la escritora Pilar Adón al respecto:
La gente que desarrollamos una actividad artística tenemos una cierta "bipolaridad social". Por un lado está la soledad del escritor, un ensimismamiento en compañía tan dolo de sus personajes. Es una soledad real, física, auténtica pero acompañada por personajes y vivencias. Por otro lado, en la promoción llega el momento de salir a un ámbito social y explicar lo que se ha escrito. La experiencia que hay detrás de ese verso es la de poetas y narradoras suicidas, grandes damas de la tragedia, como Silvia Plath o Virginia Woolf, que han sido siempre mis referentes. En la época juvenil se tiende a confundir el genio con la locura, lo que es muy peligroso. No hay nada peor que llegar a una conclusión así, no hay que llegar a tal grado de sufrimiento mental y físico para alcanzar el genio artístico y literario. (…) La retirada no es una opción. Los libros son nuestra vida y nuestro cobijo, me tranquilizan, es a lo que me quiero dedicar siempre. A veces, por dedicarme a la literatura no puedo escribir, y lo necesito, es una sensación de hambre. Al mismo tiempo estás renunciando a muchas cosas: amigos, salir, familia. Pero no podría dejar jamás la literatura.
O resuenan en mi cabeza los ecos de Whiplash, película sobre la obsesión por ser el mejor, por ser leyenda en un arte, llevada a un extremo enfermizo.
Para capturar las emociones que sentí en mi época como baterista, quise rodar cada actuación musical como si fuera un concurso de vida o muerte -una carrera de coches o un atraco a un banco, por ejemplo. Quería mostrar todos los detalles que podía recordar -el polvo, la mugre, y el esfuerzo que supone una obra musical. Los auriculares y las baquetas rotas, las ampollas y cortes en las manos, los incesantes metrónomos contando y latiendo, así como el sudor y la fatiga. Asimismo procuré captar esos momentos fugaces de belleza que aporta la música- y que esta película rescata también con gran emoción. Cuando escuchas un solo de Charlie Parker, entras en un estado de éxtasis. ¿Mereció la pena todo el sufrimiento que padeció Parker por su música, solamente para que podamos disfrutar de los resultados décadas después? No tengo ni la más remota idea, pero para mí es una cuestión que merece la pena preguntarse, una cuestión que va más allá de la música -más allá de las artes- y que guarda relación con un concepto que es tan sencillo pero a la vez tan fundamental para el carácter americano: lograr la grandeza a cualquier coste.
Y es que nunca seré una artista, al menos no una artista sacrificada y cabal. No soy escritora según el canon de Kureishi. Me gusta demasiado la calle, el disfrute, la realidad, vivir. No quiero crearme burbujas ni paraísos artificiales. No quiero soledad ni eternidad ni silencio. Quiero estar al tanto de lo que ocurre, formar parte de lo que pasa. Quiero ser una persona de mi tiempo. Soy un ser asquerosamente social.