“Vernon Subutex1” de Virginie Despentes, ¿qué fue de aquellos punks?

12:14 a. m. Conx Moya 0 Comments


Virginie Despentes ha realizado un trabajo espléndido en su novela “Vernon Subutex1”, primera parte de una ambiciosa trilogía. El inicio de la saga me ha dejado con muchas ganas de seguir leyendo los siguientes volúmenes, que publica en España Ramdon House. Mi admiración por una autora que ha logrado una potentísima novela coral, con protagonista masculino, y a la que no se puede echar en cara esa expresión tan machista de que se trata de una novela escrita por una mujer y por tanto, para mujeres.
“Estamos en el tercer milenio, todo está permitido”, dice uno de los personajes de “Vernon Subutex1”. Si dentro de cien años alguien quisiera conocer cómo era la vida en la segunda década del año 2000, una forma rápida de ponerse al día sería leer la novela, un fresco enormemente entretenido y completo sobre la Europa del siglo XXI, uniforme “gracias” a los efectos de la globalización, un continente agonizante y que no sabe a dónde se dirige ni qué terminará siendo. París, el escenario de la novela, se ha convertido en un decorado de “cartón piedra” repleto de turistas; sus calles “son una máquina expendedora de recuerdos”.
Novela de marcado tinte social, “Vernon Subutex” se ocupa de temas como la crisis económica, el fin del capitalismo, la destrucción de lo público y del estado del bienestar por parte del neoliberalismo, a sociedad multirracial donde no hay verdadera integración, los traumas de la cincuentena en una generación “rockera” que se hace vieja “sin pasar por la madurez”, el islamismo o el auge de la extrema derecha entre jóvenes de clase obrera, racistas y fascistas. Despentes ha escrito una fascinante novela coral que gira alrededor del personaje que da nombre al libro, aunque en la narración se asume la mirada y el punto de vista de cada uno de los personajes, que prestan su voz en diferentes momentos de la historia.
La novela se puede encuadrar además dentro del género de narrativa rock, ya que está repleta de música, músicos y canciones. Muchos de los personajes tienen que ver con el mundo del rock, como Alex Bleach, el “ángel caído del rock francés”; una periodista musical; antiguos músicos o el propietario de una tienda de discos llamada Revolver. Al mismo tiempo la música que escuchan ayuda a caracterizar a los personajes. Así aparecen Crazy Caravan, The Easybeat, David Bowie, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Steve Winwood, Fugazi, Joy Division, o la música que pincha Vernon en la mansión de Kiko, un tiburón de las finanzas. Los pensamientos que la música produce en la cabeza del broker mientras suena son un prodigio de buena escritura.
La autora ofrece una mirada irónica y descarnada hacia todas direcciones. Arremete contra los artistas, “culturetas” y hacia esos intelectuales de izquierdas que defienden a víctimas silenciosas y que no dudarían en intercambiar si llegaran a tomar la palabra, “buscarían otras víctimas silenciosas”. Se muestra inmisericorde con esos cincuentones con dinero e ínfulas, que se las dan de modernos, “La pureza de los pequeños burgueses obedientes que se conceden un espacio de rebeldía” y con los que fueron jóvenes rebeldes y no supieron crecer “Las mujeres evolucionan con la edad. Intentan entender lo que les está pasando. Los hombres resisten heroicamente, y luego retroceden de golpe”. También ataca a los tiburones de los negocios y a los ultraderechistas, además de lanzar su afilada escritura hacia las redes sociales, donde se cuelgan publicaciones “de indiscutible encanto, idóneas para despertar las mayores simpatías posibles”. Despentes reflexiona como antes de Internet la relación con los medios de comunicación no consistía sólo en la desconfianza, porque la red es además campo abonado para los comentarios anónimos y los trolls. “Lanzar un linchamiento mediático es fácil todavía se revientan los contadores de vistos artificialmente y la cultura contemporánea de cuántos likes su estrategia es escandalosamente fructífera es la es la fiebre del oro nadie entiende nada de nada pero todo el mundo quiere su pepita. El que ataca es aquel al que se escucha siempre. El desprecio se transmite con más facilidad que la sarna Internet es la herramienta de la delación anónima del humo sin fuego y del ruido que corre sin que se sepa de dónde viene”. El usuario de las redes no es capaz de producir ningún análisis “sólo rabia y un asco enfermizo”, mientras asiste a la descomposición del mundo como un espectáculo.
La historia es una eterna búsqueda. Así, Silvye busca a Vernon; El productor busca a Xavier; todo facebook busca a Vernon por el hashtag contra él subido por Silvye. Muchos buscan las cintas grabadas por Alex, en esta primera parte aún no sabemos por qué. Todos los personajes buscan la felicidad; la búsqueda es lo que les conecta. Hay tal cantidad de personajes que no da tiempo a desarrollarlos a todos, algunos se quedan en meros esbozos. Sin embargo, la capacidad de observación e ironía de la autora logra esquivar la caricatura, armar una galería de personajes sólidos, incluso los más episódicos. La novela levanta su andamiaje a partir de Vernon, quien, tras años sobreviviendo después de cerrar su tienda de discos y quedarse sin ingresos fijos, sin tener apenas contacto social y sin mantener relaciones sexuales, inicia un recorrido por una serie de domicilios de gente de su entorno, donde se encuentra con una galería de personajes de lo más variopinto en cuanto a edad, sexualidad, procedencia, ideología, profesión, estatus y condición. Estos son los principales:
Vernon Subutex, a duras penas superviviente de una industria analógica engullida por los tiempos modernos, se ve obligado a cerrar su tienda. La falta de ingresos le lleva a una inevitable cuesta abajo. La situación de Vernon plantea uno de los graves problemas actuales de las grandes ciudades europeas, donde poco a poco sólo pueden vivir ricos y turistas, y su despersonalización al tratarse de un espacio donde las familias y los amigos pierden el contacto. Vernon es definido como un  tipo enrollado, bonachón, “burlón, sin ser bocazas”. Sus ojos azules siempre le han proporcionado un gran éxito entre las mujeres. Su forma de seducir se basa en subir en un pedestal a la que le gusta, la “acribillaba a halagos” y cuando se cansa, la deja plantada sin más. A pesar de estar ajado, conserva su magnetismo y su capacidad de seducción. Supone para algunas mujeres “el sabor del cuero y la blasfemia, del hombre salvaje y peligroso”. Agobiado por sentir que no ha sabido ver hasta qué punto Alex se estaba destruyendo, se justifica diciéndose que “dejarlo en paz también es una manera de ser su amigo”.
Álex Bleach, el ídolo del rock de vida trágica, una suerte de Kurt Cobain negro y francés. Sufre la enfermiza pasión del adicto, “nada libra de la angustia como la droga, ninguna mujer es tan dulce y tan de confianza como el polvo”. Alex, “auténtico hijo de obrero”,  al que el éxito le aterroriza y le hunde en los abismos de la depresión.
Emilie, bajista de la banda punk de los años 80 Chevaucher le Dragon, quien treinta años después vive como una aburrida burguesa. Se ha vuelto implacable con la propiedad, antes pasaba olímpicamente. “Se ha convertido en lo que sus padres esperaban que se convirtiera”, excepto en ser madre, así que todo lo demás “no cuenta”, desentona en la familia. Aquejada de una fuerte depresión, es la eterna amante que nunca llegará a ser la "oficial", se lamenta de sus equivocaciones, "¿Por qué algunas personas se empeñan en destrozarse mientras que para otras parece tan fácil hacer las cosas como hay que hacerlas?”. Frágil, harta de “poetas de los cojones”, la terapia le ha enseñado “a cerrar su puerta de vez en cuando”. Integrante de un grupo de punk en su juventud, tuvo que soportar sola el machismo de sus colegas al ser la única chica del grupo; según ellos les “cortaba el rollo”, el punk rock debía seguir siendo “cosa de hombres”.
Xavier es un guionista en horas bajas. Representa a las clases medias europeas escoradas a la derecha, con un discurso racista. Se ha convertido en un gran charlatán. Dominado por su rica mujer, lleva una vida que no le satisface.
Laurent, ejecutivo. Productor de cine, egocéntrico, inseguro, ansioso y angustiado, "para él la mala educación es un principio". Paga por hundir la reputación de sus rivales.
Silvie, burguesa de izquierdas, a la que le ha salido un hijo de derechas. Aquejada del síndroma del nido vacío al abandonar su hijo el hogar familiar para irse a vivir con su novia. Drogadicta en su juventud, considera que ha podido controlar su adicción, “Es difícil ser una buena drogadicta, poca gente lo consigue” para ello hay que saber “gestionar su consumo”. Ex pareja de Álex años atrás, rompieron y la muerte de él hizo hecho imposible una reconciliación. Frívola y obsesiva, lo que más le gusta de sus amigas es despellejarlas cuando se dan la vuelta.
Lidia Bazooka, periodista y escritora, bulímica y adicta al sexo y a Internet, con la “capacidad de concentración de una polilla”. Obsesa del rock, “una pirada que se refugió en sus discos” y auténtica fan de Álex, a quien siguió y entrevistó como periodista. Quiere hacer una biografía sobre él, pero Vernon no tiene claro que consiga sacarla adelante, “Tenía la labia de los que no consiguen poner en marcha su proyecto. La acalorada verborrea que ocupa el lugar del paso a la acción”.
Pamela, una estrella porno retirada, amiga de Satana, una de las parejas de Álex Bleach. “En nuestra época, si queríamos joder al mundo hacíamos porno, pero hoy en día basta con ponerse el velo”, opina Pamela de las nuevas generaciones, que “son un coñazo”.
Gaël, lesbiana, de edad similar a la de Vernon, aunque parece bastante más joven. Hija de burgueses, sobrevive en la bohemia, flotando por encima de las contingencias materiales.
Aisha, hija de Saltana. Joven inmigrante de segunda generación, hija de padre musulmán pero laicos. A la generación anterior les vendieron al llegar a Francia la quimera de la igualdad pero en realidad jamás fueron tratados como franceses, no tenían las mismas oportunidades ni podían acceder a los mismos empleos. La hija ha abrazado la religión como forma de protegerse y aliviarse.
Marcia, madura y deslumbrante trans brasileña, de la que un fascinado y confundido Vernon se enamorará perdidamente.
Patrick, marxista, ex Hell Angel, ex bajista del grupo de hardcore Nazi Whores, maltratador. Él no cree que esos golpes sean malos tratos, al igual que mujeres, que aguantan pensando que el amor lo solucionará todo.
El capítulo donde aparece Kiko, el bróker, es rápido como sus pensamientos, como una raya de coca, como una operación en la bolsa, como las decisiones que toma a toda velocidad en sus negocios. De noche, su vida se compone  de droga, alcohol, mujeres y desfase. De día, son atareados hombres de negocios. El que no sabe mantener el ritmo se queda fuera del juego. “Su cerebro es una gigantesca intersección”. Al millonario Kiko le repugnan los pobres. Van en metro, ganan menos de 5000€ al mes, limpian y hacen la compra, gente de segunda, que tienen lo que merecen. La vida es la guerra y él es un mercenario.
Preparada con mucha curiosidad para leer la segunda parte, que espero me resulte tan adictiva como ésta.
“Vernon Subutex1” de Virginie Despentes. Literatura Random House, 2016.

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