Eres vieja

3:46 p. m. Conx Moya 0 Comments


Guitarra de Viv Albertine

“Eres vieja para la música. ¿Adónde vas a retomar una carrera artística con tu edad? No hagas el ridículo. Ahora estás segura y protegida. Si ni siquiera tienes un trabajo de jornada completa. ¿Qué te van a dar fuera que no te dé yo? Eres una desagradecida”.
Las palabras de su marido resonaban en su cabeza una y otra vez. Eran gasolina para avivar su falta de confianza, el terror a hacer el ridículo y a que se rieran de ella. Le embargó una enorme tristeza cuando fue consciente de que su compañero no comprendía sus anhelos, tan sólo la veía como otro objeto de decoración, la joven descarriada a la que él había salvado y llevado por buen camino.
Había sido Coco KO treinta años atrás, la precoz bajista de las Automáticas. Deslenguadas, mordaces y kamikazes. Tampoco entonces había sido fácil. Un grupo formado por chicas. Las escupían, las insultaban, las mandaban a fregar. Los comentarios soeces eran lo más suave que recibían de aquellos tipos violentos que se negaban a tolerarlas. Las mujeres podían ser groupies o acompañantes; si acaso aspirar, si estaban “lo bastante buenas”, a que algún músico les dedicara una canción. ¿A qué venía aquel afán suyo de subirse a un escenario en aquellos antros de mala muerte, viajar en coches de mierda por ciudades y pueblos donde querían pegarlas, donde nadie entendía sus canciones y odiaban su aspecto? Entonces el deseo de tocar y la insensatez de la juventud derribaban cualquier muro. Fueron flores salvajes. Ahora ella olía a flores muertas. Fueron estrellas oscuras. Ella no había vuelto a brillar.
Su marido cometió el error de regalarle la biografía de Viv Albertine. “Toma, para que te distraigas un rato”, debió pensar. Sin duda no había leído de qué iba aquel libro que había escrito la guitarrista de la banda punk The Slits, aquellas chicas salvajes que habían hablado de tú a tú a los Sex Pistols, The Clash o Johnny Thunders. Un espejo en el que se habían mirado todas ellas en su juventud. Viv, de 62 años, lucía espléndida. Había retomado su carrera musical con cincuenta años, cinco más que los que tenía ella, sobreponiéndose a sus miedos, a la enfermedad y a un marido que consideraba aquella pretensión como el delirio de un ama de casa aburrida.
“Ropa Música Chicos” fue la chispa que encendió su llama. Aceptó la jornada completa que llevaban tiempo proponiéndole en su trabajo. Dejó a su marido. Volvió a asistir a conciertos. Retomó el bajo y empezó a ensayar con la guitarra. Se animó a escribir sobre los conciertos y eventos a los que asistía, y no lo hacía nada mal. Jamás volvería a ser Coco KO pero tampoco la mujer insegura y asustada en la que le convirtió su matrimonio.
Ni novios mi maridos ni padres ni hijos. No volvería a permitir que otros le dijeran cómo tenía que ser.

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