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“Ropa Música Chicos” de Viv Albertine. Un ejemplo de deliciosas memorias rock


Contado en primera persona, con tan buena mano narrativa que en ocasiones parece que se está leyendo una novela, “Ropa Música Chicos” supone un ejemplo sobre cómo escribir un libro de memorias rock. Su autora es Viv Albertine, quien fuera guitarrista de The Slits, banda femenina de punk, que habló de tú a tú con los Sex Pistols, The Clash o Johnny Thunders. Al igual que hoy se reivindica a centenares de artistas, escritoras, cineastas, pensadoras o pintoras que en su día fueron silenciadas por ser mujeres, pienso en el caso de Las Sinsombrero en España o las mujeres de la Generación Beat, Viv Albertine consigue con este libro reivindicar a las mujeres punk, ocultadas por el machista mundo del rock.
Viv Albertine no intenta con su libro complacer a nadie ni tampoco dar lecciones. Es “Ropa Música Chicos” un libro que rezume honestidad, delicioso, feminista, de reivindicación de la mujer, contado desde una historia personal, irónico sin ser cruel, nunca autocomplaciente, divertidísimo a pesar de narrar momentos muy duros, y una magnífica crónica de lo que fueron los años del punk inglés desde sus inicios, contado en la primera parte de estas memorias, que la autora denomina la Cara A de su vida.
Viv Albertine es una narradora divertida, tierna, de una candorosa sinceridad, chispeante, lo que cuenta, muy jugoso en varias ocasiones, jamás resulta sórdido o patético. Por las 528 páginas de esta crónica de vida y de una época, pasan todas las luminarias del punk inglés y estadounidense. Mick Jones de The Clash, novio de Viv en aquella época, tiene un papel destacado y lleno de cariño, porque Mick es la única persona además de su hija a quien la autora preocupa que estas memorias le puedan dañar. Además de él, desfilan entre otros Joe Strummer y Paul Simonon de los Clash; los Sex Pistols, en especial Sid Vicious, con quien mantuvo una estrecha amistad, a pesar de que él la expulsara de su banda The Flowers of Romance; Malcolm McLaren y Vivienne Westwood, propietarios de la mítica tienda de ropa y complementos SEX, donde se vestían nuestros héroes, o no tanto porque aquella ropa costaba una pasta; o el gran Johnny Thunders, con quien Viv tuvo sus más y sus manos, limitados por la adicción del músico neoyorkino, “Johnny Thunders no puede amar. Tiene el corazón lleno de heroína”.
La Cara A de “Ropa Música Chicos” recorre aquellos vertiginosos años, de los que Viv no quiso ser mera espectadora o musa como “le correspondería por su condición de mujer”. Viv quiso ser protagonista, decir y hacer, y así, tras pasar por la escuela de arte, vivir en casas okupadas y conocer a gente con sus mismas inquietudes, formó parte de las míticas The Slits, la banda de Ari Up, Tessa Polit, la malagueña Palmolive y la propia Viv Albertine a la guitarra. Querían hacer una banda de chicas para conseguir “que los chicos quieran ser nosotras”. Y no era fácil, los hombres no se sienten cómodos acompañando a una mujer que está en una banda de rock, “muy pocos se sienten cómodos en un rol de apoyo”. Sufrieron por su ambición musical, las pegaron, las escupieron, las ningunearon, pero ellas estaban decididas. Fueron aprendiendo a ser músicas sobre la marcha.
Aunque haya trascendido la impresión de que a aquellas bandas les daba igual cómo sonaban, Viv refleja claramente en el libro su interés por aprender, por encontrar un sonido propio, por hacer las cosas lo mejor posible. Así, las letras de The Slits estaban muy meditadas, “Escribe sobre lo que conoces y haz que la gente piense”; fueron escrupulosas con su producción e imagen; apostaron por una música que sirviera para algo, que tuviera una finalidad, “La música de rodeó mi infancia y adolescencia era revolucionaria y puesto que crecí escuchando una música que intentaba cambiar el mundo eso es lo que sigo esperando de ella”. En su crónica de aquellos años Viv nos deja muchas pistas sobre su técnica con la guitarra, aprendida sobre la marcha con enorme esfuerzo y de manera autodidacta, e interesantes anécdotas sobre la grabación de sus discos, conciertos, giras y promoción.
Y entonces las Slits se separan. Viv, con sólo 27 años, se queda sin aquello con lo que tanto había soñado y por lo que tanto había peleado, toda aquella maravillosa gente se esfuma. “Todo se ha torcido, nada sale como había planeado”. El fin de las Slits rompe la vida de Viv, “Siento como si una parte importante de mí hubiera muerto, como si hubieran desaparecido dos tercios de mi ser (...) No tengo adónde ir, no tengo nada que hacer. Estoy acabada y tengo el corazón roto. (...) No soporto escuchar música, me recuerda a aquello que he perdido”.
Toda la Cara A de la vida de Viv se sucedió de manera vertiginosa, así comienza la Cara B pensando que debe esperar a que le sucedan las cosas. Pero ella no es de ese tipo de personas, ella debe provocar que las cosas sucedan. Tras un tiempo deprimida y perdida, Viv se interesa por el cine. Tras haberse metido en la música sin tener formación, cuando decide dedicarse al cine se promete que no emprenderá ninguna disciplina “sin haber estudiado el tema a fondo”. Se suceden unos años de éxito profesional y de ganar dinero, aunque eso tampoco acaba de llenarle, Viv no busca en el arte “fama y fortuna” sino “expresión personal”. Cuando ha logrado una cierta posición y ser una mujer independiente, el amor vendrá a joderle la vida, aunque ella entonces no lo sepa.
Comienza una etapa negra y familiar. Ella, como tantos de sus compañeros, venía de un entorno desestructurado, “Nosotros somos los hijos de la primera oleada de padres divorciados de la década de 1950”. Fueron adolescentes que vieron y sufrieron desmoronarse el sueño del hogar familiar, “Bajo la consigna de paz y amor de los 60 lo único que descubrimos es que había guerras por todos lados y que el amor y el romance son un timo”. Su deseo de formar la familia perfecta que nunca tuvo, de ser esposa y madre, le costará muy caro: ostracismo, depresión, anulación de su inquietud por el arte y la música. Un desastre. “No estoy loca. No estoy equivocada. Lo único que sucede es que no estoy en el entorno correcto”. Vivir alejada del mundo la vuelve “estrecha de miras” y llena de prejuicios. Pero sobre todo la hace tremendamente infeliz, “Puedes engañar una parte de tu ser durante un rato pero no puedes mantener a todo tu ser engañado durante mucho tiempo”.
Nuestra protagonista vive en su matrimonio la anulación, esa idea de que la mujer sólo puede ser madre y ser considerada y comportarse como tal, “Tú ya has tenido tu propia vida, ahora es el turno de nuestra hija”, le llegar a decir su marido. Su marido se fijó en ella atraído por la mujer artista pero al mismo tiempo tiene miedo de esa mujer que no podría domesticar y trata durante su matrimonio de anularla. “Yo no me considero nada en absoluto”, afirma Viv. Ni su padre ni su marido valoraron positivamente su etapa en las Slits. Esa minusvaloración acaba haciendo mella en ella. Es un error que las mujeres andemos buscando la aprobación masculina.
La fuerza vital (y artística) de Viv Albertine, reprimida durante su matrimonio, se libera de una manera inesperada. La irrupción en su vida del actor, director y músico Vicent Gallo, un tipo “evasivo”, será un revulsivo que en realidad enseñará a Viv que la solución nunca está en un hombre, sino en ella misma. Vincent,” supone la locura, el impulso que puede acabar con esa vida segura y perfecta que Viv ha intentado construir al fundar su propia familia. Los dos inician una relación telefónica y por internet, una “llamada a la acción” que supondrá “volver a abrir una puerta secreta que comunica con un mundo” que había abandonado para convertirse en una esposa y madre perfectas. “Me he anulado a mí misma. Controlo todo lo que digo y hago” por el bien de una paz familiar y una estabilidad para su hija, que ella nunca tuvo. Viv se siente “emocionalmente infiel”, debido a su relación telefónica con Vicent Gallo, “Es lo que Vincent me hace sentir por mí lo que me tiene obnubilada y no lo que siento por él”. Una relación que la lleva a sentirse “aterrada, avergonzada y sobreexcitada”, pero que ayuda a Viv a “regar y alimentar mi propio yo para que vuelva a crecer”.
Su viaje a Nueva York para reencontrarse con sus compañeras de The Slits y con Vincent Gallo, con quien mantiene una especie de romance telefónico, hace que abandone su rol de esposa y madre a tiempo completo. En unas horas se siente “más viva” que en años. Vincent es “un hombre que camina solo” y Viv se da cuenta de que “no va a ayudarme en mi recuperación”. Pero al mismo tiempo surge la revelación, no debe apoyarse en ningún hombre. “Los hombres son espejos que sólo pueden devolverme el reflejo de mi ansiedad, mi confusión y mi inseguridad. Tengo que reconstruirme yo sola”. Por fin.
Viv encara de nuevo sola su vuelta al arte y a la música con cincuenta años y con una fórmula “compatible con nuestra edad adulta”. Y no le sale nada mal la apuesta. Graba un disco” The Vermillion Border”, muy bien recibido por la crítica, participa en una película y Penguin publica su autobiografía, este inspirador “Ropa Música Chicos”, seleccionado como uno de los libros de 2014 por The Sunday Times, The Guardian, LA Times, Mojo, NME y Rough Trade. Nada menos.
Agradezco como mujer (loca por la música y la literatura) este libro, adictivo y maravilloso, magníficamente escrito, que se lee en un suspiro y que nos hace amar apasionadamente a una mujer talentosa, amable y accesible, como podemos confirmar tras verla y charlar con ella en la presentación del libro en La Central de Barcelona. Sin filtros de prensa, managers o editorial, Viv firmó el libro a los que allí estábamos, toda amabilidad de la verdadera y sonrisas, departió con nosotros (ay, mi inglés), nos abrazó y se dejó hacer todas las fotos del mundo. “Es parte del espíritu general del punk qué afirma que nadie es mejor que los demás, nunca alentamos la existencia de los fans y yo continuo en esa línea”. LOVE Viv.

“Ropa Música Chicos”. Viv Albertine. Editorial Anagrama. ISBN: 978-84-339-2615-9. NÚM. DE PÁGINAS: 528. TRADUCCIÓN: Cecilia Ceriani. PUBLICACIÓN: 12/04/2017


Añadiendo el nombre de mujeres punk en un panel. "(What about the women!!)"

“Cómo dejar de escribir”, el disparo underground de Esther García Llovet





“El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio y esa es nuestra suerte”. Roberto Bolaño.
Confieso que tenía mucha curiosidad por el gabinete de lectura con Esther García Llovet. La lectura de “Cómo dejar de escribir” me había dejado desconcertada. “Los escritores queremos resolver cosas que hemos visto o vivido y que no se han cerrado”, dirá en un momento de la charla. Y yo tenía la sensación de que la presencia de Esther me iba a dar muchas pistas sobre un libro que no había acabado de encajar.
Disfrutamos de una magnífica sesión del gabinete de lectura con un Jesús Casals en estado de absoluta gracia, que sabe sacar petróleo de la novela y conduce a Esther por un montón de vericuetos y, me atrevería a decir, caminos inexplorados del libro. Creo que la autora la ha disfrutado también.
Esther García Llovet es delgada, nervuda, rápida. No para de moverse, tocarse el pelo, cambiar de postura en la silla. No rehúye la mirada, todo lo contrario. Vestida con un cálido jersey de punto de cuello enorme, chaquetón verde olivo con pelo en la capucha (una revisitación de las míticas “coreanas” que llevábamos los niños a principios de los ochenta) y vaqueros. Sin adornos ni joya ni maquillaje, Esther va al grano, sin rodeos, o tan solo los rodeos que le hace dar su cabeza, llena de pensamientos. De verbo rápido, dispara las palabras como una metralleta, pero con una sorprendente calidez en la voz. No será la única contradicción en la que incurrirá esta tarde. Vamos al lío.
Casualidad y más casualidad
El libro lo escribió hace dos años, en tres semanas, para presentarlo al Premio Ciudad de Barbastro, del que quedó finalista. “Me divirtió escribir el libro pero quería moverlo. Si se queda en casa es un muerto”. Lo envió entonces a una editorial digital donde apenas vendió ejemplares. Esther recuperó los derechos. Poco después la escritora Sara Mesa le preguntó si tenía algo escrito.
"El día de mi cumpleaños lo pasó a Anagrama y un mes después, el 28 de diciembre, me confirmaron que se iba a editar". Y se lo han publicado a pesar de que en la novela se afirma que “La conjura de los necios”, el libro más vendido de Anagrama, “es una mierda”. Glups.
Prisa, rapidez
Escribe rápido y al finalizar quiere desembarazarse del libro. Una vez editado, el alivio, “Ya está fuera de mí”. Esther no es una madre acogedora con sus hijos libros, los echa de casa para que vayan a recorrer mundo. Y con esta obra, cuyo título remite a un libro de autoayuda, deja de escribir ficción. “Cómo dejar de escribir”. Esther lo ha dejado, y no parece lamentarlo. Ella ya está enredada en sus nuevos proyectos cinematográficos.
Lo ha vuelto a leer para el club. “Es un libro de alguna manera mal construido y eso me gusta”.
Outsider
Anagrama afirma “Cómo dejar de escribir deja sonar la cara B del mundo literario con la distancia de quien no perteneció a él”.
Entiendo a García Llovet como una outsider de los círculos literarios. Jesús hizo referencia a un artículo de El Confidencial donde Alberto Olmo habla de “la trayectoria errática, quejumbrosa y brillante” de la autora, y cómo ella misma desveló en una entrevista las ventas de sus primeros tres libros (700-500-200).
Como “perra verde” (así la define su amiga Marta Sanz) no le gustan la mayoría de asuntos que rodean el hecho de escribir, “todo lo ajeno a la propia literatura no siempre es bueno”. Como los talleres literarios, “o los clubs de lectura”, le pincha Jesús. Ya. Excepto el nuestro.
Bolaño
Es el autor con el que ella empezó a escribir. Esther confesó haber leído “todo, todo” Bolaño. El libro parte de una anécdota que sucedió en una conferencia de Bolaño en la que ella estaba presente, en la que su hijo Lautaro, le llamó por teléfono durante la charla. “¿Y si el hijo de Bolaño fuera un pijo?”, a Esther le vino a la cabeza esa idea recurrente de los hijos que son lo opuesto a sus padres.  De ahí sale la historia de Renfo, el hijo de “el gran Ronaldo”, mítico escritor latinoamericano fallecido. La trama gira en torno a una alocada búsqueda de un supuesto manuscrito póstumo escrito por “el gran Ronaldo”.
Referencias narrativas
Jesús destaca que “el libro no cuenta en sí gran cosa pero está plagado de referencias”. Califica el libro de “pastiche”, en el sentido del recurso literario que toma prestado de otras obras referencias, citas. Hace referencia por supuesto a Bolaño (lo detectivesco, el lumpen), pero también a Flaubert, con “Bouvard y Pécuchet”, a esos libros donde “no pasa nada”, en los que la literatura es “algo lúdico, como un juego”, confirma Esther. Jesús apunta al libro “Me acuerdo” (Je me souviens) de Georges Perec, mientras que ella se refiere al blog de Juan Bonilla, quien retomó esos “me acuerdo” como homenaje a Perec. “Me acuerdo de la pelota de goma que venía en los zapatos Gorila”, señala.
Una de las muchas referencias de infancia comunes con Esther, yo también tuve zapatos de esa marca y aún conservo la pelota o al menos hasta hace poco estaba en nuestra casa del pueblo.
El cine
A Esther lo que de verdad le apasiona es el cine. Así ve “Cómo dejar de escribir” como una Buddy movie, esas pelis que destacan la camaradería entre amigos y en las que la mujer adopta una posición muy secundaria. Así sucede en la novela, en las idas y venidas de Renfo y Curto, y también con VIPS, el tercer amigo en discordia. La autora no cree que haya “alta y baja” cultura, “guilty pleasures los tenemos todos”, añade.
“Mi influencia es más cinematográfica que literaria”. Efectivamente se trata de una novela muy visual. Su escritura es rápida, de frases cortas y rotundas como disparos. Pero también hay cierto lirismo, añade Jesús. Esther explica que escribe muy rápido porque no tiene paciencia, pierde pronto el interés. “No tengo intención lírica”, aunque reconoce que hay ciertos momentos melancólicos en el libro.
Personajes
Los suyos están en eterna búsqueda. La del manuscrito perdido de “el gran Ronaldo” no es mucho más que una excusa para ponerse en movimiento. Le gusta que las relaciones entre los personajes estén “pilladas por los pelos”.
Le pregunto por qué casi todos los personajes son masculinos. “Para que el libro fuera más cañero”, responde. Confiesa que Renfo es en parte ella misma. Los chicos de nuestra generación hacían más cosas, las chicas andábamos entonces algo por detrás. La mayoría de veinteañeras de ahora no son así, por suerte. 
Renfo va de un sitio para otro, pero en realidad no le interesa el manuscrito de su padre.  Por eso rompe con todo y se va. ¿A qué lugar más rompedor que Marbella?
El abuelo, Pascal, es otro de los personajes. Es un humorista pero tiene una estela “muy chunga” detrás, como por otra parte sucede con la gente que se dedica a hacer reír a los demás. “Me gusta esa contraposición, ese no es lo que parece”.
La obsesión por los libros póstumos
De alguna manera el libro se burla de esa obsesión editorial por encontrar manuscritos no publicados de autores famosos. Para Esther es algo “terrorífico”. No hay que publicar lo que el autor no quiso publicar en vida, opina, “a no ser que haya facturas que pagar”, matiza. O que seas Kafka, como puntualizó una compañera de gabinete. Ya.
Escenarios
El gran escenario de “Cómo dejar de escribir” es Madrid, su ciudad. “Es fea, sucia, encantadora, loca, revoltosa. Está siempre renovándose. La amo”. Jesús le señala su gusto por lugares alejados del glamur: los burguer, los VIPS, los bares “cutres”, el Jumbo. “Me gusta recorrer y reflejar en mis novelas zonas de Madrid poco visibles, alejadas del centro más típico”.
El libro está plagado de referencias ochenteras (el Jumbo, Costa Fleming, los Kools mentolados que fuman Renfo y Esther), aunque transcurre en un tiempo próximo al actual.
¿La inspiración?
“Me encanta escuchar a la gente en los bares, en la calle, sentarme en un banco y ver a la gente pasar”. Jesús le dice que bebe de fuentes poco convencionales. Ya lo ha dicho Esther, no cree en la separación de alta y baja cultura. Le pregunto si se considera una autora punk, como la han definido. “En absoluto”, responde Esther. “Si acaso eléctrica”, matiza Jesús.
Los sueños
Renfo sueña constantemente en la novela con su padre. Esther confiesa que ella sueña mucho. “Se sueña con lo que se ha conocido poco, con lo que ya no está”. De nuevo Bolaño, “muchas escenas de Bolaño son muy oníricas”.
¿Para quién escribe Esther?
“No pienso en el lector cuando escribo, pienso en mí, en divertirme yo. Lo que tardo en encontrar editor lo he soportado porque lo he pasado muy bien escribiendo”.
Autores preferidos
A Esther le gustan esos autores en cuyos libros aparentemente “no pasa nada”. Como los argentinos Juan José Saer, César Aira y Rodolfo Fogwill, de quien nombra “Runa”. También le gusta Francisco Casavella. “Leo mucho cómic y me gusta el periodismo narrativo”, concluye. Hacia allí parece que se van a dirigir sus pasos literarios.
Perra verde, escritora, outsider, fotógrafa, directora de cine, paseante de extrarradio, observadora de bares, periodista a su aire. Todo eso y lo contrario es Esther García Llovet.

Esther firmó un montón de libros

Club de lectura. ‘Lo que aprendemos de los gatos’, de Paloma Díaz Mas


He llegado al libro de Paloma Díaz Mas (Madrid, 1954) a través del club de lectura de La Central de Callao, en el que me he animado a participar después de llevar tiempo con ganas de formar parte de uno.
Siempre he adorado los gatos, los prefiero a los perros, y durante mi juventud la familia gatuna de un corral que había frente a nuestra casa del pueblo tuvo un lugar más que destacado en nuestros veranos y fines de semana. Bautizamos a todos los gatos que vivieron allí, felinos sin nombre, cazadores de ratas, a los que se permitía habitar aquel corral sin ninguna comodidad, a cambio de mantenerlo limpio de cualquier bicho indeseable. Morita, Enanova, Fellini (mi madre le decía Dienteduro porque tenía uno de los colmillos de una longitud desproporcionada), La Guapa… Sólo uno de ellos mereció recibir nombre por parte de su verdadero dueño, el gato Alfonso, un gatazo con pelo atigrado en bellos tonos grises, un gato muy guapo cuyo retrato sirvió a una buena amiga para ganar un concurso de fotografía a principios de los 90. A los gatos del corral les dimos nombre, mimos, comida, sopitas de leche y pan de vez en cuando y muchas caricias. Ellos nos dejaban en la puerta del garaje los cadáveres de culebrillas, alacranes o pájaros para demostrarnos que cumplían su labor de cazadores de manera más que exitosa. Así que he leído con sumo placer ‘Lo que aprendemos de los gatos’, y con tristeza, ya que la alergia al pelo de gato nos impida tener un minino en nuestra casa.
Por gentileza del club de lectura he conocido este libro y a su autora, Paloma Díaz Mas, escritora  con una carrera literaria de temática y ambientación muy dispar: ha escrito cuentos, novela medieval, novela ambientada en EEUU... Díaz Mas, como podemos leer en la página de Anagrama, “es profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y durante dieciocho años fue profesora de literatura en la Universidad del País Vasco. Ha publicado trabajos de investigación sobre literatura oral y romancero, literatura medieval española y cultura sefardí”.
Sentada en la mesa donde transcurren los encuentros del Gabinete de Lectura de La Central, una mesa enorme llena de ejemplares de los autores del libro recomendado y del tema que nos ocupa, descubrí a una escritora divertida y vital, que disfruta escribiendo, cercana a sus lectores y sincera. Un placer escucharla. Paloma nos explicó entre risas que ha escrito ‘Lo que aprendemos de los gatos’ porque le ha dado la gana. Matizó sus palabras diciendo que no vive de escribir, por lo que se enfrenta a la escritura con gran libertad. Escribe “a su ritmo” y hay muchas cosas de las que escribe que descarta y no publica. Cada una de sus obras, tan diferentes entre sí, son fruto de algo que sentía necesidad de contar en ese momento. La autora se refirió en varias ocasiones a que los críticos le achacan que lo que escribe son ejercicios de estilo, ante la diferencia de temas y estilos que aborda. Ella replica que el lenguaje es un instrumento de precisión que usa para lo que quiere contar en cada uno de sus libros, muy diferentes entre sí y con gran distancia cronológica entre ellos, aunque según se hace mayor sus libros van teniendo un mayor poso autobiográfico.
Según la autora ‘Lo que aprendemos de los gatos’ no es una novela autobiográfica. Los gatos protagonistas no existen, son personajes. Ha utilizado la convivencia con un animal para contar anécdotas y experiencias que nos inducen a reflexionar sobre nosotros mismos. Las relaciones con un animal nos ayudan a ver la vida de otra forma. Hay mucha observación de la realidad. A la manera de los gatos, el libro refleja una atención plena, se concentra en lo presente, rebosa serenidad y tranquilidad. Destaca la importancia del aquí y ahora y del juego, de la calma, del disfrute del momento. Así, a partir de un relato aparentemente sencillo, hay un trasfondo mucho más profundo. Se trata de un libro breve, de poco más de cien páginas. La autora tiene una máxima: “si has acabado de contar lo que querías contar, cállate”. ‘Lo que aprendemos de los gatos’ ensambla con gran precisión diferentes temas y estilos. Hay filosofía, reflexión, se alude a la toxicología de las ideas, incluso se incluye una leyenda africana sobre los gatos, que la autora nos confesó que es inventada. También está presente en el libro una ironía y un humor propios, que se pueden encontrar a lo largo de toda su obra.
Díaz Mas confiesa que se ha visto sorprendida por la buena acogida de ‘Lo que aprendemos de los gatos’, que ha alcanzado la tercera edición en pocos meses y ha acaparado la atención de los medios, con varias traducciones a otros idiomas ya en marcha. Los críticos han coincidido en que el tema de los gatos es muy literario.
Destaco de este club de lectura lo interesante de poder escuchar y hacer preguntas a escritores, editores y traductores. Me resulta especialmente interesante la figura de Paloma Díaz Mas, una escritora de carrera poco usual. Pública cada bastante tiempo, una media de cuatro años entre cada libro, y con temáticas y estilos diferentes. Siempre ha publicado con la misma editorial, Anagrama, una casa donde se respeta su trabajo. Me llamó la atención el hecho de que en esta editorial se deje al autor opinar sobre el formato, la portada, de hecho algunas de las fotos de sus portadas son de la propia Paloma, el texto de contraportada...  Para mí el libro es un todo, formato, portada, título, algo tremendamente personal para el autor  y es de agradecer que se le deje opinar. No siempre ocurre. Como curiosidad, “siguiendo con la metaliteratura”, ‘Lo que aprendemos de los gatos’ es el primer libro de tapa dura que lanza Anagrama en su colección Narrativas hispánicas.
Nos encontramos en definitiva con una escritora que escribe a su aire, que disfruta y se divierte escribiendo, que escribe por gusto y satisfacción. Más allá de premios, éxitos, ventas, presencia en los medios o notoriedad.
“Lo que aprendemos de los gatos”. Paloma Díaz-Mas Editado por Anagrama (2014) 121 páginas.