Los mundos de Gali

9:14 p. m. Conx Moya 1 Comments



Cuando mis padres me dijeron que tenía que alejarme de ellos, no les creí. ¿Cómo iban ellos a poder vivir sin mí? ¿Cómo iba yo a poder sobrevivir sin sus cuidados? Pero era verdad. Mi padre comenzó a explicarme cómo era el mundo que me iba a encontrar más allá de las dunas, mientras mi madre, con lágrimas en los ojos, metía en un viejo bolso de deportes los pantalones y las dos camisas que me habían entregado el día anterior en el reparto de ropa.

Nosotros vivimos en un campamento de refugiados. Un campamento es como un país, pero de mentiras. No hay casas, sino tiendas de lona que se llaman jaimas, en vez de calles hay grandes extensiones de arena y los padres no van a la oficina, sino a la guerra. También tenemos un país de verdad, pero no podemos vivir en él porque está ocupado por soldados extranjeros.

Mientras esperaba a la persona que tenía que venir a buscarme, salí de nuestra jaima. Era muy temprano, el sol hacía poco que había aparecido y aún no se notaba mucho el calor. Fui dando vueltas hasta que llegué al corral y aproveché para despedirme de mi cabra Checha. Creo que ella ya sabía que me marchaba ese mismo día, porque tenía la mirada baja y no vino corriendo a mi encuentro como otras mañanas. Yo también estaba triste y no podía dejar de preguntarme cómo sería la vida en una verdadera ciudad.

Este fragmento pertenece al libro "Los mundos de Gali", una historia de amor, solidaridad y amistad, de la escritora y poetisa canaria Maribel Lacave. Gali es un niño saharaui que vive en los campamentos de refugiados saharauis en medio de mucho amor pero también de muchas carencias. Una grave enfermedad le obliga a quedarse en España para recibir tratamiento. Gali vivirá con una familia de acogida que llegará a ser también la suya, sin olvidar nunca a la que le espera en el desierto.

El libro, muy bello, creo que resulta muy adecuado para niños incluso los saharauis que viven en España, y para las familias acogedoras, así lo recomiendan los editores del libro, para entender mejor en qué consiste el acogimiento temporal de estos niños.

Os dejo unos datos sobre Maribel para quen la conozcáis mejor; más allá de fechas, currículum y libros editados (maravillosos), Maribel es una mujer llena de magia, historias y anécdotas, y gran conocedora del Sahara, su cultura y su Historia, no en vano pasó toda su infancia en Dajla, la antigua Villa Cisneros. Os recomendamos el libro con el corazón. LA AUTORA: MARIBEL LACAVE, poeta y narradora, nació en Canarias en 1951. Pasó su infancia a caballo entre el Sahara y las Islas. Graduada Social, estuvo dedicada durante años a actividades sindicales y de solidaridad con los pueblos, colaborando con numerosos ayuntamientos y organizaciones de Canarias en diversas iniciativas tanto políticas como culturales. En 1968 comienza a publicar poemas en la prensa de Canarias y en revistas literarias de Barcelona, Bilbao y Málaga. Ha sido colaboradora de las revistas Sansofé, El Puntal, El Tallero y Espal y de las Muestras de Cultura Popular de Santa Lucía de Tijarana. Parte de su obra se recoge en las grabaciones discográficas de dichas Muestras, en varias antologías de poesía y de relatos. Diferentes cantautores han musicalizado sus poemas. Entre sus libros cabe destacar Con toda la mar en los bolsillos (1981), Donde sólo media luna (1988), Sin Fronteras (Antología, 2001) y Cuentos de la abuela Majareta (2005), editados por el Centro de la Cultura Popular Canaria, Dos para un tango, libro de relatos editado en Chile, Como florece el Dafne en el invierno (2004), ganador del «I Premio de Poesía Juan Alvarado» y Los canarios del lago Budi (2007). Desde 1997 reside en el sur de Chile, donde obtuvo el premio «Cuentos en Movimiento» por su relato “El rapto de la Aurora”.

LOS MUNDOS DE GALI está distribuido en todas las librerías del Archipiélago canario, pudiendo solicitarlo en los teléfonos del CCPC: 922 82 78 00/ 82 20 00 ó 928 39 00 80
o en el correo electrónico:

Maribel me ofreció la oportunidad de hacer una pequeña introducción para el libro, explicando cómo es la vida de un pequeño saharaui en los campamentos. Lo dejo aquí y os recomiendo una vez más el libro, lleno de vida y sensibilidad.



El niño coge ilusionado el cuaderno y las pinturas que le ha regalado su familia de España. Con una sonrisa de oreja a oreja empieza a dibujar una bandera. Usa el color rojo para la media luna y la estrella, y el negro y el verde para las franjas. Es la bandera del Sahara Occidental. Con la pintura roja escribe su nombre con buena letra.

El niño sabe escribir y pintar muy bien porque todos los niños y niñas saharauis van a la escuela. Sus escuelas son humildes pero tienen lo necesario para poder estudiar. Pizarras, cuadernos, bolis, pinturas, pupitres, mapas, láminas, todo llega de segunda mano, de países amigos que mandan ayuda a los saharauis. Los niños cuidan mucho el material escolar, ya que cuando se acaba, no saben cuándo van a recibir más. Hay que aprovechar los cuadernos, cuidar las pinturas y no estropear las carteras.

El niño estudia en la escuela la historia de su pueblo. Los saharauis son del Sahara Occidental, un país situado en el norte de Africa, debajo de Marruecos y encima de Mauritania. España llegó al Sahara a finales del siglo XIX y permaneció allí hasta 1975, en ese año España lo abandonó y el Sahara fue invadido por sus vecinos, Marruecos y Mauritania.

El niño está muy atento en clase porque le gusta saber historias de su país. Los saharauis hace muchos, muchos años eran nómadas. Eso quiere decir que viajaban libremente por el desierto con sus camellos en busca de hierba y agua para que comieran. Cuando encontraban pasto verde, montaban sus tiendas, llamadas jaimas y estaban un tiempo viviendo en esa zona. De los camellos sacaban carne y leche para poder alimentarse.

Cuando llegaron los españoles se crearon ciudades y muchos saharauis empezaron a vivir en casas, aunque a veces seguían saliendo al desierto. Después de la invasión de su país comenzó una guerra, y muchos tuvieron que huir al país vecino, Argelia, que les ayudó, dejando una parte de su territorio para que los saharauis vivieran.

Allí levantaron sus tiendas y se refugiaron en lo que llaman campamentos. Donde viven el clima es muy duro. No hay animales ni plantas ni flores. No llueve y el sol es muy fuerte, sobre todo en verano. Es muy difícil vivir en los campamentos, donde sólo se ve arena y más arena y hace mucho calor y no hay agua.

El niño piensa lo que pasa con el Sahara. Su madre dice que creyeron que la huida sería para unas semanas, pero han pasado 31 años. Es mucho tiempo. El nació en los campamentos. Incluso su madre nació en los campamentos. No conocen su país donde se han quedado algunos tíos y primos a los que el niño no conoce y con los que no pueden hablar.

Los campamentos donde viven los niños saharauis con sus familias son cuatro y tienen los nombres de ciudades de su país, el Sahara, se llaman El Aaiun, Smara, Auserd y Dajla

En estos años los saharauis se han organizado muy bien, han formado su gobierno, ministros, alcaldes, concejales… Han construido, gracias a la ayuda de muchos países amigos y a duro trabajo, hospitales, escuelas, bibliotecas, guarderías, museos o casas para la mujer.

El niño sabe que cuando se pone enfermo puede ir al hospital, donde hay buenos médicos que le curan, y sabe que toda su familia trabaja duro para que la situación de los saharauis mejore cada día. Su madre trabaja en un taller donde hace alfombras para ayudar con su trabajo a la familia. Su hermano mayor está estudiando en un país muy lejano llamado Cuba para aprender mucho y ayudar a su pueblo. Su hermana estudia informática con ordenadores que a él le encantan pero aún no puede tocar.

El niño siente que la vida en los campamentos es muy difícil, sobre todo para los niños y los ancianos. Faltan medicamentos y aparatos en los hospitales. Hay poca comida, el agua se saca de pozos y se reparte en camiones pero es mala para la salud. Hace muchísimo calor, en verano hay más de 50 grados, y también hace frío en invierno. Las familias viven en tiendas de campaña y en pequeñas casas, hechas por ellos mismos con bloques de barro que ponen a secar al sol.

Pero a pesar de todo el niño sonríe siempre, con la boca, con los ojos y con el corazón. Es feliz, vive con sus padres y hermanos, rodeado de cariño. A su lado viven sus abuelos, a los que quiere mucho y sus tíos y primos, con los que juega todo el rato. Juegan a tirarse por las dunas, al fútbol, él es del Barcelona, y sobre todo con unos coches de alambre que fabrican ellos. Algunos niños tienen ahora bicicletas y juguetes que traen de sus vacaciones en España. Los que tienen juguetes los comparten con los demás para que todos puedan jugar.

Desde hace unos años los niños saharauis pasan los calurosos veranos del desierto en otros países, invitados por familias. Viajan a España, Italia o Estados Unidos. Así se libran de los 50 grados de calor, pueden bañarse en el mar y en la piscina, comer helados y muchas cosas ricas y visitar el hospital para ponerse buenos. Cuando acaba el verano vuelven a los campamentos con regalos y con muchas ganas de ver a sus padres y a sus amigos y contarles todas sus aventuras de las vacaciones.

La amistad es muy importante para el niño. No sólo quiere sus amigos del colegio o los niños con los que juega. En su corazón está la familia en España con la que pasa los veranos y a los que quiere también como papás y hermanos. Y quiere mucho también a tantos amigos de otros países, a los que no conoce, que ayudan para que su pueblo siga viviendo, con alimentos, medicinas, material escolar, y todo lo necesario para que los saharauis no desaparezcan.

El Sahara tiene preciosas playas donde hay mucha pesca, montañas mágicas y bonitos animales como la delicada gacela o el majestuoso camello. Hay un río que se llama Río de Oro y cuevas con pinturas rupestres de la antigüedad. El niño sabe que volverán algún día y podrá disfrutar de su país como cualquier niño del mundo. Con una gran sonrisa que ilumina su rostro moreno, piensa que ayudará a su pueblo a regresar. Algún día.

Conchi Moya

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