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“Londres, ciudad okupada” de Richard Dudanski. Historia del rock, huyendo de la mitomanía


(20/01/2018) Hace unos meses me avisaban desde la editorial Libros.com (donde edité Sin pedir permiso) que iniciaban el crowdfunding de “Londres, ciudad okupada”, la traducción al español de “Squat city rocks”, un libro de memorias que recoge la fructífera vida de Richard Dudanski un músico que ha tenido la suerte o el buen tino de formar parte de una cantidad increíble de historias que hacen suspirar a seguidores del rock de todo el mundo. La librería Molar en La Latina, que se encontraba a reventar, acogió la presentación del libro la tarde del jueves 18 de enero.
Richard Nother, su verdadero nombre, conoció a Joe Strummer cuando aún era Woody, un joven con quien compartió varias casas okupadas en el centro de Londres y banda, los 101ers, en referencia a una de las casas donde vivieron. Richard conservaría una estrecha amistad con el líder de The Clash hasta su muerte, aunque con un periodo de dos años de “disgusto” que coincidió con el vertiginoso despegue de “the only band that matters”. Richard se toma su historia con la pasmosa tranquilidad de quien sabe que lo que está contando son sus propias vivencias, sin trampa ni cartón, dejando incluso escapar una ligera incomodidad en algunos momentos en los que sube la idealización. Pero, como afirma Servando, “parte del juego de la cultura pop es engrandecer esa mitomanía”. Y no es fácil resistirse a ello.
El título de libro hace alusión a los años que Richard vivió como okupa en Londres, explicado en la primera mitad del libro. En 1973, cuando Richard empezó a okupar, existían muchas viviendas vacías en Londres, destrozadas de manera intencionada por las autoridades para que no fueran habitadas. “Vivíamos dentro de una cierta organización, haciendo nuestros proyectos artísticos. Pero nos encontrábamos con problemas con la policía y el Ayuntamiento”, recuerda Richard.
Dudanski y Strummer formaron parte los 101ers, banda en la que empezaron haciendo versiones de clásicos del rock, aunque luego firmarían sus propias canciones. En un momento en que el panorama musical “estaba estancado”, los 101ers se vieron inscritos en el fenómeno que se denominó pub rock, encajado entre el glam y el punk, se les consideró una community band. “Teníamos bastante sentido de formar comunidad. Todo ello respondía a nuestra necesidad de compartir”, explica Richard. Dr. Feelgod fue para ellos una inspiración. “Joe se inspiró para montar los 101ers viendo tocar a Wilko Johnson en los pubs”. Confiesa Richard que empezaron a tocar “sin pensar en lo que hacíamos, creo que porque no éramos capaces de hacer otra cosa”.
“Londres, ciudad okupada” es Richard Dudanski pero también es la artista Esperanza Romero, su compañera de vida desde hace más de cuarenta años y la autora de las ilustraciones del libro. Los dos estuvieron en el ojo del huracán de lo que fueron los inicios del punk británico, trataron a todas las luminarias de aquella escena y acumulan decenas de anécdotas. Esperanza es hermana de Paloma, pareja de Strummer en los años de las okupas y batería de The Slits y de las Raincoats, bautizada como Palmolive por el bajista de los Clash, Paul Simonon. Resulta una delicia escuchar de la boca de un Richard que trata de sacudirse las alabanzas mitómanas, su pelea con Steve Jones de los Sex Pistols la noche de la primera actuación de The Clash que vio rebotado y bebido; su amistad con un joven Lemmy Kilmister; la historia de la última felicitación navideña que recibieron de Joe dos días antes de su repentino fallecimiento o la última vez que le vieron, en la celebración de su 50 cumpleaños.
Servando Rocha inscribe el libro de Richard dentro del auge de literatura rock que se está viviendo en los últimos años, aunque muchos de estos libros sean “autorreferenciales y laudatorios”. No es el caso de “Londres, ciudad okupada”, libro que define como apasionado, lleno de aventuras y “tremendamente honesto”. Como honesta es su forma de hablar sobre su relación ambivalente con el punk, un movimiento que considera positivo por la revolución musical y social que supuso. “Pero sus formas no me convencieron porque fue muy controlado y manipulado por los managers”, en referencia a Malcolm McLaren de Sex Pistols y Bernie Rhodes de The Clash.
No podía dejar de contar Richard el delicado momento en que Joe Strummer dejó los 101ers. “Nuestra relación era muy cercana, era mi mejor amigo y lo perdí, también a mi grupo”. Richard explica que Joe cambió mucho durante los dos primeros años de la formación de The Clash, vivió una lucha contra su propio personaje. “Para él fue complicado, se había lanzado al 100% y después de dos años extenuantes”. Luego todo empezó a calmarse, incluso en 1980 grabamos el disco de los 101ers, que sacamos en un sello creado por nosotros, Andalucía Records.
Más allá de los 101ers, grupo al que considero que Richard guarda un mayor cariño, Dudanski fue durante un tiempo batería de conocidas bandas como The Raincoats, banda de chicas reivindicada en los años 90 por Kurt Cobain. “No tenían batería y me uní a ellas durante su primera etapa. Nos llevábamos muy bien y disfrutaba mucho con ellas”, aunque el final de su relación no fuera precisamente agradable. Dudanski también tocó en un álbum de PiL (Public Image Ltd), la banda que montó John Lydon, quien fue líder de los Sex Pistols, otro músico que luchaba “contra su propio personaje”. Lo define como “un hombre muy inteligente, independiente, que hacía música interesante”. John también intentaba recuperar su propia identidad, “se hartó de la dominación de Malcolm McLaren”, concluye Richard. Brasil.
Dudanski es mucho más que rock. Recuerda su relación de aquellos años con la música española a través de los discos de Paco Ibañez y de flamenco que llevaron Paloma y Esperanza a Inglaterra y que fue el primer contacto de Strummer con España. Pero además el autor es amante de la música clásica y de la música negra, reggae, blues, jazz, y de la entonces incipiente world music. Con el dinero ganado en PiL, Esperanza y Richard se marcharon nueve meses a Brasil, un país que le fascinaba desde niño, y que ocupa un interesante espacio en el libro. En esa época tan anterior a Internet el autor buscaba libros de antropología en la biblioteca para conocer sobre la cultura y la música brasileñas.
Podríamos pasar horas escuchando a esta deliciosa pareja, que forma parte de la historia de la música con mayúsculas. Y no sólo por lo vivido hace décadas, ellos no son pasado, son presente ya que, como recuerda Servando, Dudanski compagina en la actualidad tres proyectos musicales. La clave de la autenticidad que rebosa Richard la tiene Antonio, chileno, uno de sus compañeros en aquellas okupas a inicios de los 70. “Nunca se ha inventado un personaje, Richard ha sido una persona”.



Este es nuestro disco. Mejorando a peor, Cierre x impago


Foto de Ena Doro
****Julio de 2013. Días de playa y sol en Calpe y en Altea. El horizonte, mar y cielo, es azul. Mis ojos están llenos de azul. Me encuentro inquieta. ‘Sin pedir permiso’, la novela en la que llevo enfrascada desde 2011, está en ese momento en que ya no se puede dar marcha atrás. Debo acabarla, pelearme con ella, darle más vueltas, enfangarme en correcciones y repasos, arrearle cacharrazos, insistir y resistir. No retuerzo la escritura hasta hacerla dolorosa, no es mi palo, pero en ocasiones escribir duele. Aún así no quiero regodearme. La escritura, aunque cuesta, debe ser productora de disfrute. Yo lo veo así. Una noche, sentada frente al mar, llega la claridad. Elimino párrafos y partes innecesarias y encuentro la estructura por fin. Sé que la voy a terminar. En esos días de playa estoy especialmente productiva. Me rondan letras para las canciones del grupo que aparece en la novela. Empiezo a bocetarlas.
****Diciembre 2015. Dos años y medio después ‘Sin pedir permiso’ está editado por fin gracias a Libros.com y una campaña de crowdfunding. A lo largo de muchos meses he ido puliendo el libro y al mismo tiempo he trabajado aquellos bocetos hasta conseguir cuatro canciones. Han pasado muchas cosas entre medias y una de mis ideas con respecto a mis letras es que algún músico las convierta en canciones, aunque no tengo muy claro si es algo factible. Tenemos la primera presentación en Madrid y me gustaría que al menos viniera un guitarrista a tocar en acústico alguna de las canciones que aparecen en el libro. Creo que las más adecuadas son la versión de La Fuga de Radio Kapital de The Clash y En la línea del frente de Kortatu.
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Mis plegarias con respecto a aquellas cuatro canciones embrionarias fueron atendidas y aumentadas. Marino, el ilustrador de Sin pedir permiso, me puso en contacto con Migüel Bastante, un intrépido músico de Ciudad Real. A partir de ese momento todo fue como un tiro. Migüel y yo establecimos un juego, al menos para mí, fascinante. A partir de las letras de las canciones y las indicaciones que se dan sobre ellas en la novela, Migüel compuso la música, adecuando melodía y letras de una manera sorprendente. Cuando contactamos le expresé mis dudas sobre la posibilidad de musicalizar mis letras, jamás había escrito una canción. Migüel disolvió mis dudas de un plumazo: “A todo o a casi todo se le puede poner música, otra cosa es que te guste”. Me dijo que no había tiempo para tenerlas listas en aquella primera presentación en la librería Muga de Vallekas. Quedamos en que al menos vendría para tocar en acústico alguno de los temas que aparecen en el libro, Kortatu y La Furia fueron finalmente los elegidos.
Sin embargo, Migüel, músico avezado y prolífico, me sorprendió un día antes de la presentación. ¡Habemus canciones! Lo había conseguido. “La carita que se te puso según las ibas escuchando en la presentación”, dice Migüel durante la entrevista que mantuvimos con Valeria Surcis en Radio Vallekas. Es cierto, me encantaron las tres: Hecatombe vacacional, Ira del dios menor y Con nuestro palique suburbial (que finalmente se ha acabado llamando Vallekas 83 por sugerencia suya), “y que es la que suena 100% a mí”, según Migüel.
Sobre la maqueta “Me podía imaginar un poco de lo que se hablaba”, afirma Migüel, “cuando Conchi me habló de ponerme en la piel de un grupo punk, poco comercial, hacia el año 2000, por entonces yo tenía un grupo y estábamos en lo mejorcito”.  Según Migüel la descripción del grupo y de las canciones está bastante clara en el libro. La primera canción con la que se puso fue con ‘Hecatombe vacacional’; en el libro está descrito cómo empieza la canción, melancólica y tranquila, “y de repente le entra toda la furia y la rabia y se pone a escupir palabras y a gritar, no tenía más que ponerle música”. Afirma que “tanto Juarma como yo nos hemos amoldado a algo que ya existía”. La experiencia le ha parecido curiosa, “Es la primera vez que veo esa relación inversa entre descripción y creación. Parece que Conchi ha descrito portada y canciones de manera genial, y lo que pasa es que está hecho al revés”.
Cuando tuvimos las canciones Migüel fue el que se decidió a dar un paso más, había que grabarlas. En unas jornadas maratonianas, y con la indispensable ayuda de Chilo a la batería y en la producción, tuvimos el máster terminado. Ya metidos hasta el cuello, no había más remedio que sacar el disco. Así, el viernes 8 de abril, mientras yo viajaba a Ciudad Real para presentar la novela, empezaban nuestros cuarenta días de crowdfunding para conseguir nuestro preciado CD. Cuarenta días con su agobio porque debo confesar que hubo momentos en que pensé que no íbamos a lograrlo. En cualquier caso queríamos sacar el disco y además era una buena forma de promocionarlo y asegurarnos algunas ventas. Aunque, qué narices, ya que estábamos, queríamos acabar el juntaperras con éxito. Fue un crowdfunding mucho más llevadero que el de la novela, tenía a Migüel para apoyarme, consultarle dudas y para seguir sus decisiones, que se demostraron siempre acertadas. La inversión era modesta pero dentro de lo modesto ha quedado un trabajo de calidad, el disco en sí y las recompensas creadas por los amigos granaínos de El Rapto, camisetas, chapas y láminas. Una preciosidad. “El resultado ha sido muy profesional”, valora Migüel, “y eso nos ha llevado a ofrecerlo con total tranquilidad”.
He tenido la suerte de sentir en varias ocasiones esa electricidad que se genera cuando un artista (en mi caso músico e ilustradores) entiende a la perfección todo lo que he querido reflejar con mi obra. Espero que ellos también hayan disfrutado de haberse implicado en esta obra común. Valoro mucho esta forma de trabajar por nuestra cuenta, de crear alianzas, de cumplir sueños aunque no se tenga dinero. Con la inestimable ayuda de las personas que han participado como mecenas.
Este es nuestro disco. Mejorando a peor, Cierre x impago
Hecatombe vacacional
La playa como fuente de conflicto y desilusión. Marina y Natalia, dos de las chicas de la radio, acuden a unos locales de ensayo donde se reúnen muchas tardes los chicos de Cierre por impago, la banda surgida de Radio Akra, emisora libre donde se juntan todos nuestros protagonistas. El grupo, que nació como una broma de Marcos, va tomando forma. Allí escuchan por primera vez ‘Hecatombe vacacional’, una canción que refleja las "bondades" de la playa, inspiradas en unas “putas vacaciones”, en las que Marcos lo pasó muy mal por una chica. Una canción llena de rabia, que comienza bonita y calmada y de inmediato se ensucia. En el libro se habla de una canción punk rock, y a Migúel le ha quedado muy potente, con la melódica coda de inicio y el trallazo posterior.
Empática y diplomática
Una canción que Marcos compone a Marina burlándose de su indecisión, de ponerse siempre en el lugar de todo el mundo, de querer quedar bien con todo el mundo. Imaginé la canción como una pieza beat, pero Migüel le dio la vuelta. Un viernes me envió por Whatsapp un boceto de la canción a ritmo de reggae con un final de ska. Una vez más, la había clavado. Hay una entrada en mi perfil de facebook de aquellos días de playa en 2013 donde afirmo que estoy enfrascada en sacar la letra de ‘Empática y diplomática’. Qué curioso resulta leerlo. Cómo iba a imaginar entonces hasta dónde iban a llegar mis letras.
Vallekas 83 (Con nuestro palique suburbial)
Un homenaje al Vallecas de mi infancia, el de principios de los años 80. En el libro se trata de una canción compuesta por Germán en la que comparte recuerdos de su primera adolescencia con Marcos, su amigo de infancia. Homenaje también a Topo, la chapa, los billares y las calles sin asfaltar. Y a mi abuela.
La ira del dios menor
Se me presenta claro el hilo en que los dos amigos de infancia, Marcos y Germán, se enfadan a  causa del grupo musical en el que ambos participan. La tormenta de la pelea, el resentimiento y el dolor da lugar a una canción compuesta por Germán, un lamento desgarrado y lleno de pena por la ruptura.
Cuatro canciones, dos de Marcos, las más gamberras y cañeras, y dos de Germán, mucho más elaboradas en cuanto a música y letra, sufridas y narrativas. Sin ñoñerías ni cursiladas, hemos culminado una historia que nos ha llevado a lograr un sueño. ¡Tenemos un disco!
Migüel Bastante en Radio Vallekas
En Radio Vallekas. Muchas gracias a Valeria Surcis
Parte del "artwork" del disco, a cargo de Juarma

Cierre x impago. Gracias mecenas


Nos van llegando fotos y comentarios de los mecenas del crowdfunding para la edición de la banda sonora de #SinPedirPermisoNovela Además del cd están llegando las chapas, camisetas y láminas realizadas por los granaínos de El Rapto Espacio-Taller, que han hecho un trabajo espléndido. Parece que Correos se está portando. Qué sigan fluyendo. Gracias mecenas, gracias amigos.
Nuestro compa, el radiofónico Elvis ha abandonado el edificio se refería así a nuestro trabajo:
Encantados de recibir la recompensa al crowdfunding que nuestra querida Conx Hazloquedebas organizó para editar la banda sonora de su imprescindible novela "Sin pedir permiso".
Como el cd se va a convertir en objeto de coleccionista, os vamos a poner los dientes largos contándoos que contiene cuatro pedazos de gusanos auditivos que no pueden dejar de sonar en tu cabeza. Las letras de Conx Moya y la música de Miguel Bastante, recorren, en poco más de 10 minutos, todo el catálogo de estilos que nos han hecho devotos de una forma de entender la música (rock, punk, reggae, ska, heavy). Y todo con mucho sabor de barrio, muy genuino, muy de aquí.
Felicidades a Conchi y a Migüel por sacar este proyecto adelante, tan bien producido (por Chilo) y tan bien diseñado (por Juarma).
El cd incluye los siguientes temas:
1-Hecatombe Vacacional
2-Empátika y Diplomática
3-Vallekas 83
4-Ira del Dios Menor
Como dice desde México nuestro compa Pedro Escobar, de Resonancia Magazine: ¡¡Larga vida al capital social!






Crowfunding para la edición de mi novela 'Sin pedir permiso'


Hay pocos libros, películas o series sobre radio. Llevo cuatro años enfrascada en este libro ‘Sin pedir permiso’, cuyo escenario es una radio libre. En este enlace podéis ejercer de micromecenas para que consigamos editar el libro http://libros.com/crowdfunding/sin-pedir-permiso/
Sin pedir permiso encierra una temática poco tratada en la literatura española: la de las radios libres y grupos musicales independientes. En un entorno juvenil y en un momento complicado para España, inmersa en una crisis similar a la actual, este libro refleja de manera realista y con frescura la vida cotidiana de un grupo de jóvenes madrileños en la década de los noventa. La novela, llena de referencias musicales, radiofónicas y de cultura juvenil, también narra una historia de amor y amistad.
“La radio convierte en amigos a gentes que antes eran desconocidas”
*Fragmento de 'Sin pedir permiso', libro en fase de micromecenazgo para su edición
Así fue como Marina se enroló en Radio Akra. Se fue metiendo poco a poco, con precaución, porque no quería imponerse y sólo pensaba permanecer con ellos si de verdad les apetecía. La radio fue para ella un flechazo, un amor a primera vista y aunque desde el principio tuvo la certeza de que sus gentes le gustaban muchísimo, se fue abrazando a todos despacio, a base de currar, de llevarse enormes alegrías y tremendas decepciones, de eternas asambleas, de limpiar después de las fiestas armados de fregona, estropajo, cepillo y bayeta; de servir copas, de contar y recontar dinero, de pasar frío a la puerta de salas de conciertos para entregar sus panfletos; de cientos de cañas y risas en el bar del Leli; de sangriadas en la universidad o en la Plaza de Santa Ana; de esquivar a la poli en manifestaciones y eventos en los que ponían su chiringuito sin pedir ningún permiso. En aquellos años tirar adelante con una radio libre no era nada fácil. Había muchos gastos y apenas ingresos. Local, antena, platos, emisor, micros, cd’s, mil imprevistos que iban surgiendo, cacharros que se estropeaban, nuevas necesidades como el deseo de poner un ordenador con conexión; entonces Internet era una carraca y lo tenían cuatro afortunados. Aquello era radio pura y dura, a pelo y sin dinero. Su funcionamiento era asambleario y ya sólo contaban con las cuotas de quinientas pesetas al mes de socios y simpatizantes. Así que era vital para ellos montar todo tipo de fiestas y eventos para conseguir financiación. El asunto del dinero era agobiante pero al mismo tiempo les hacía estar siempre en movimiento. Esa era su filosofía, ser independientes, moverse y buscarse la vida.
Así, poco a poco Marina les fue conociendo, sin prisa pero sin pausa, con cautela, despacito y a todos les gustó lo que se fueron encontrando.
– Esto no nos da para comer pero sí nos da de vivir – le gustaba repetir a Marcos.
Y también encontró a Natalia, que en poco tiempo se convirtió en su confidente, su tabla de salvación en los peores momentos y el ancla que la mantuvo amarrada cuando Marina era zarandeada por la marea. Excesiva, sentimental, alocada, divertida, adorable, Natalia era una chica alta, de constitución fina y delicada, que ella trataba de endurecer con una imagen poderosa: pelo cortado a hachazos y teñido de rojo, vestida con actitud, pantalones guerrilleros, camisetas con mensaje, chapas en la cazadora, brazalete de pinchos en la muñeca. Natalia practicaba, a pesar de la brusquedad de sus formas, una dulce sonrisa que desmentía su dureza. Marcos se la presentó a Marina:
– Natalia es la tía más legal que me he encontrado en mi puta vida – dijo mientras la achuchaba –. Te dejo en sus manos, ella es la mejor de todos nosotros.
– ¡No seas gilipollas! – Natalia se lo quitó de encima de un empujón.
Pero el arrobo con el que lo miraba y la sonrisa que se instaló en su cara en cuanto lo divisó no podían negar lo mucho que adoraba al chico.
– ¿Tú eres la que vino con el grupo folk aquel?; ¡claro!… – Natalia acababa de situarla.
– Vosotras vais a ser amigas, lo sé. Aquí están mis chicas, mis guerrilleras de lo justo, mis partisanas de lo que nos recorre por dentro – les dijo Marcos, abrazándolas –. Formaremos una alianza invencible y maldita.
– Estás fatal – se burló Natalia –. Pues bienvenida, amiga, espero que lo pases bien con nosotros. Radio Akra mola. Lo comprobarás.
Natalia se encargó de presentarle a la gente de la radio que andaba por allí: Zeco, de preciosos ojos verdes; Chávez, bajito y poseedor de una revuelta mata de espeso pelo rizado; Manolito el cocinero, compañero de Marcos en el Joputo World, y demás miembros de aquella colorida troupe radiofónica. La chica le resumió en un momento la historia de Radio Akra:
– La radio fue una iniciativa de la Asociación de Vecinos del barrio hace unos cuantos años. Esto estaba plagaíto de droga, aún peor que ahora, y propusieron montar una emisora para dar una alternativa a los chavales y que no estuvieran maleando por los descampados. Consiguieron pillar una subvención y por eso el emisor es decente, hay dos estudios y tenemos platos y un “magneto”. La verdad es que lo de que los chavales del barrio hicieran radio duró dos días; desinterés por su parte, muerte o cárcel para los más chungos, llámalo X – Natalia continuó su relato –. El caso es que se convenció a los de la Asociación de Vecinos para que entrase gente de fuera y darle un nuevo rumbo. Así se incorporó por ejemplo Marcos y luego fuimos llegando muchos más. En la Asociación siguen al tanto, también se unió gente de la CGT; pero la verdad es que la gestión de la radio ha pasado a la Asamblea, en ese aspecto son tíos legales. Y aquí estamos… ahora sin dinero pero luchando a brazo partido por sacar la emisora pa’delante.
Natalia prosiguió explicando:
– Somos una radio libre pero formalmente intentamos ser casi profesionales, no consentimos que haya huecos en la programación y somos muy responsables con nuestros programas; hay boletines informativos por la mañana con información sobre el barrio y tenemos un par de programas que sólo tratan información de esta Junta de Distrito, para mantener una relación más estrecha entre los vecinos y la emisora. En fin, queremos hacer esto bien.
Desde el principio Marina se vio envuelta en Radio Akra en una emocionante oleada de aprendizajes varios. Cursos de redacción y locución, que coordinaba Marcos e impartían diferentes compañeros, y enseñanza intensa y acelerada del manejo de los equipos, aunque había chicos que se dedicaban a los controles en determinados programas. Se enredó entonces en una marea de magnetos, mesas de mezclas, cartuchos, platos para los discos, regletas, vúmetros, saturaciones, ganancias y niveles. Aprendió la importancia de un buen guión, a pesar de que Marcos fuera aficionado a romperlos, y cómo hacer una escaleta. Le recomendaron la lectura de libros sobre el medio y que escuchara toda la radio que le fuera posible. Aprendió la diferencia de registro entre programas e informativos y descubrió lo mucho que le gustaba hacer reportajes. Allí aún se hacía radio a la manera de la vieja escuela, apenas habían rozado el mundo digital con los compact disc y poco más. En Radio Akra estaban muy orgullosos de un magnetofón Revox que se habían agenciado con bastante esfuerzo, muy pocas radios libres contaban con uno. A Marina le entusiasmaron las prácticas con el magneto, en las que les enseñaron a hacer montajes, marcando en la cinta los cortes escogidos con lápiz blando, cortando con la pequeña guillotina y uniendo los trozos con fina cinta adhesiva. Con los montajes, si se afinaba bien, se podía hacer magia; aquello le enganchó sin remedio. La chica comenzó su aventura con un programa de música, al principio sólo musical, ya que apenas se atrevía a hablar en antena para comentar las canciones, y le costaba decidir si algo era interesante o no para ser destacado en el programa.
– Déjate guiar por tu intuición – le recomendaba Marcos.
– Para ti es fácil, pero yo nunca me he visto en una igual.
– Hazme caso, sé lo que me digo, vales para esto, tienes mundo interior, ideas, cultura, imaginación y no te falta retranca, los mejores ingredientes para preparar algo muy chulo, ya verás. Solo te falta creértelo y no cortarte.
– Pero, ¿lo que cuente va a interesar a alguien?
– Empieza por que te interese a ti, verás como encuentras tu público. Estoy seguro de que a mí me va a interesar.
A Marina le agradó en especial el comentario, porque le encantaba la forma peculiar de hacer radio de Marcos. Le había contado en una ocasión que empezó con quince años en Radio Vallekas.
– ¡Qué precoz! – se sorprendió entonces Marina.
– Lo he sido para todo – contestó Marcos con malicia.
– Casi que prefiero no saber…