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‘Cosas que hacen BUM’, de Kiko Amat. Obsesión y desamparo juvenil


“Cosas que hacen BUM va de dandies anarquistas, masturbaciones, situacionistas, bombas, Gràcia, anfetaminas, soul y caídas y auges”. Kiko Amat
Kiko Amat (Sant Boi, 1971), uno de mis grandes recomendadores literarios y musicales, es autor de varias novelas, centenares de artículos y varios ensayos sobre música. Su último libro ‘Chap Chap’, recopilación de sus mejores y peores artículos, fue reseñado en este blog hace unos meses y es una delicia para quienes disfrutamos con las cosas del autor barcelonés.
Ahora llega a mis manos ‘Cosas que hacen BUM’, novela que he leído con sumo gusto, como me pasa con todo lo que hace Amat. El libro está narrado en primera persona por el protagonista, Pànic, un joven que se queda huérfano en la adolescencia tras un desgraciado accidente. El drama le lleva a Sant Boi, ciudad natal de Kiko Amat y escenario de su reconocida novela 'Rompepistas'. Allí se ocupará de él su tía abuela Àngels, extravagante miembro del Instituto de Vandalismo Público, y quien le proporcionará una educación de lo más peculiar. Pànic, tras terminar el bachillerato, se irá a vivir a Barcelona, con otra de sus tías y allí iniciará sus nada aprovechados estudios universitarios.
Este es, a grandes rasgos, el comienzo de una novela de iniciación y juventud muy personal, cuyo tema principal, además de la soledad y la búsqueda de un lugar en el mundo, es la obsesión. Así lo manifiesta nuestro protagonista: “Soy la obsesión, y la obsesión rompe y quema”. La “obsesión es una fiebre imparable, no hay silicona ni cemento ni candados que puedan contenerla”. Es “una rabia loca, enfocada hacia un solo punto, que empieza a acelerar sin que nadie pueda detenerla. La obsesión es un deseo multiplicado”.
Pànic vive con enorme intensidad toda la confusión, soledad e incomprensión de la adolescencia y primera juventud. “Empecé a pensar que nunca habría nadie”. Sufre el mal de amores, inevitable a esa edad, con tres chicas, Eleonor (un efímero amor de instituto), Rebeca (a quien conoce en la Universidad y de quien Pànic se enamorará perdidamente aunque no sabrá conservarla) y Elvira (integrante de un grupo secreto al que se acercará Pànic). Con todas tiene el mismo futuro: ninguno.
El libro tiene una curiosa estructura. Empieza con el narrador-protagonista, Pànic, volando a cien por hora tras salir despedido de una moto. Finaliza poco después de “encontrarse” con un árbol, enlazando el final con el principio de la novela: “Lo conté al principio, hace 280 páginas”. Además el narrador se dirige continuamente al lector, incluso en el final abierto: “(…) ni tú (lector) ni yo sabemos si voy a marcharme con ellos”.
El joven se considera un inadaptado, alguien que no encaja en ningún sitio: “¿No sería más lógico llegar a la calma, adaptarse a la normalidad?”. Es consciente de la inestabilidad de su carácter, de las constantes subidas y bajadas a las que le somete su estado de ánimo, sabe que nunca crecerá: “Sé que estoy condenado a vivir en una constante infancia de búsqueda de cúspides, de pasiones ígneas, fulgurantes como bengalas señalizadoras”. Sufre la soledad y siente, como sucede en la juventud, que nada avanza, que se haya estancado en la desgracia que le invade: Yo atado a un columpio que cada vez iba más rápido, pero que seguía sin moverse. Un falso impulso, un movimiento que no va a ningún lado, el fin perpetuamente aplazado”.
El protagonista es un antihéroe, triste, vulnerable a la opinión de los demás, inseguro en los afectos: “Cuando la traición entra por la puerta, la razón salta por la ventana”. “Por mucho que me esforzaba por que triunfara el odio, la pena pura siempre volvían a ganar”; “La pena que trae la mentira y la decepción”. Desgraciado, sí, pero jamás un quejica: “La autocompasión es la más baja de las cobardías”, asume su condición de perdedor: “Hasta la caída tiene que doler en este mundo. Hasta la caída es un esfuerzo”; “El camino de bajada es cuesta arriba”. A pesar de su tristeza y depresión Pánic destaca la importancia de vivir el momento; pese a todos los males, “Carpe diem”: “¿No ha valido la pena sólo por el momento?”.
Cansado de su aislamiento y soledad en Barcelona, harto de la Universidad, poco a poco Pànic se irá acercando a un misterioso gang, los vorticistas. Una especie de sociedad secreta a la que se agarra para sentirse aceptado e integrado, para sentirse parte de un grupo: “Tenía que agarrarme con fuerza a ellos porque todo lo demás era neutro, vacío, mediocre”. La alternativa era convertirse en uno de los otros, un “cuadrado socialdemócrata, una oveja”. Pànic desprecia a los rebeldes a media jornada”. Los vorticistas afirman que “sólo hay dos maneras de vivir en este mundo: siendo anarquista y hedonista, sin concesiones”. Drogas y alcohol, violencia, extremismo, lecturas mal digeridas, secretismo, los vorticistas se aprovechan del desamparo de Pànic, al que integran por interés en su sociedad secreta.
De la mano de los vorticistas, las drogas adquieren una gran importancia en la vida de Pànic, generando momentos delirantes, como los ratones que ve Pànic en varias ocasiones en las que va muy puesto. Ratones que emiten sentencias como estas: “La locura que desatamos por pasión es lo más cerca que nunca estaremos de la grandeza. Esa locura es lo más cerca que nunca estaremos de la gloria. Pero nada es gratis.  El precio de esa pasión es tu cordura”.
Y es que la novela está repleta de lo que yo llamaría expresiones y sentencias “kikoamatianas” y potentes imágenes: “Lo mejor para evitar el rechazo es dar un rodeo. No acercarse de cara al objeto de deseo. Coger atajos. Evitar los noes La tristeza de la duda siempre será mejor que la tristeza del deseo”. “La calma del saber que algo escapa a nuestro control (…) La calma del hecho consumado, del viaje irrealizable, del sueño imposible”. “Lo que era empezar a enamorarse: ese agujero en las tripas, esa necesidad de ver y tocar”. “El comendador del lamento. El visir del plañido”.
Amat utiliza comparaciones y metáforas muy personales: “Ir de anfetas era un mar picado”. “Su voz era dulce y firme, una estaca de regaliz clavada a mazazos”. “Hipotermia emocional”. “Subido al caballito de tiovivo de las cosas que van bien”. “Apetecible, reutilizable como un vaso de Nocilla”. “Me hundí como un gánster con pies en cemento”. “Riendo con el creeeek insufrible de una uña en una pizarra”. “Intentaba ser seductora pero sonó a quejidos de sapos pisoteados”. “Unos sentimientos que berreaban como bebés recién nacidos”. “Hacía un frío pesado, extenso, grueso como un edredón polar”.
El pelo rojo de Elvira y sus pecas generan potentes metáforas, muy “marca de la casa”, ya que Amat presume de esposa e hijos pelirrojos: “Elvira, vestida siempre de negro y con el pelo naranja, es el negativo de una bombona de butano”. “En las mejillas las pecas se agrupaban como continentes”. “Pelo de óxido, hilo de cobre”. “Escuálida, rojiza y nerviosa como una gamba”. “Polka de puntos. Un madison de pecas”.
Kiko Amat no puede olvidar su condición de “gran recomendador” y salpica la novela de canciones y libros. En ‘Cosas que hacen BUM’ se nombran a muchos de los autores de cabecera de Amat, que a la vez son los de su trasunto, Pànic. Amat se confiesa anglófilo en cuanto a música y a literatura, mientras que Pànic tiene un progenitor inglés y su infancia y primera formación se ha desarrollado en Inglaterra. Entre estos “escritores de cabecera” de autor y protagonista están Evelyn Waugh o Alan Sillitoe. Precisamente Amat ha escrito dos estupendos prólogos relacionados con Sillitoe para la editorial Impedimenta. Del libro ‘La soledad de un corredor de fondo’, del que fuera uno de los máximos representantes de aquellos “jóvenes airados”, Pànic saca una de sus sentencias recurrentes: “A veces cuando pierdes, ganas. Aunque muchas veces cuando pierdes, pierdes”. Otro autor que nombra es el dramaturgo británico Joe Orton, cuya tremenda historia con su amante Kenneth Halliwell inspiró la famosa película de Stephen Frears ‘Ábrete de orejas’.
‘Cosas que hacen BUM’ es un ejemplo más de la importancia que tiene la música en todas las cosas de Kiko Amat, en este libro en especial el soul. Se trata de una historia repleta de canciones, con la música como tabla de salvación en las peores situaciones: “Y todas las canciones me limpiaban y me cauterizaban”. Recurrente la canción ‘Bernardette’ de Four Tops, “la historia de un hombre enamorado que nota la envidia, la falsa amistad de los que le rodean”, un tema que refleja el mal de amores de Pànic. Ilusión, amor, inseguridad, abandono, dolor, odio, venganza, tristeza, todos esos sentimientos que nos rondan y magnificamos a los veinte años: “Bernadette, la gente busca el amor que nosotros ya tenemos”. Pharoah Sanders. Tammy Terrell. Jackie Wilson. Four Tops, “Can't seem to get you out of my mind”. Chairmen of the Board, “I'm on my way to a better place”. Dean Parrish, “I'm on my way”. Al Green. Jerry Butler, “I don't wanna hear it anymore”… Al final del libro, como suele suceder en todas las obras de Amat, hay una larga lista de autores y canciones.
Aunque Pànic es un completo desastre en el vestir, su unión a un grupo de dandies hace que en la narración cobre importancia el vestuario, en especial el de los vorticistas, quienes llevan a gala su estética, frente al desaliño del joven Pànic. Así visten “gabardina blanca, traje azul encajonado, de hombros estrechos y faldones cortos, pantalones que enseñan calcetín” o “cárdigan naranja de cuello en V, camisa de rayas, Levis blancos, y safaris marrones con calcetines naranjas”. El dandismo de unos jóvenes sibaritas que juegan a ser malos.
‘Cosas que hacen BUM’ es caer con dolor; obsesión y desamparo juvenil.

‘Chap, Chap’: retozando gustosamente en el universo Amat







En numerosas ocasiones he hecho público en este blog mis preferencias por Kiko Amat, así que tampoco voy a insistir más. La pasada primavera la editorial Blackie Books confirmaba que nuestro recomendador de cabecera publicaba nuevo libro y además estaría firmándolo en la Feria del Libro de Madrid. En otro post de este vuestro blog he contado detalles de nuestro encuentro en la feria con Kiko Amat y la amabilidad y disposición del autor para la firma, la charla y ser fotografiado. Así que vamos a centrarnos en el libro, al que he dedicando una concienzuda lectura durante este caluroso verano y en el que he chapoteado con el mayor de los placeres.
El bueno de Kiko ha hecho un titánico tour de force al ofrecernos más de cuatrocientas páginas de periodismo “confesional”. ‘Chap Chap’ no es una novela ni un ensayo sino una colección de escritos recogidos durante más de veinte años, algunos de elevada prosa, otros rebosantes de una pringosa pedorrez juvenil, la mayoría con un exuberante dominio del lenguaje, casi todos llenos de buen gusto, criterio y desbordantes conocimientos marca de la casa.
Se trata de una prosa confesional porque Amat, un poco en la línea de esa nueva narrativa vivencial de sus admirados Carlos Pardo y Karl Ove Knausgard, cuenta en estos textos mucho de sus experiencias personales, aunque él lo niegue en alguna de las notas a pie de página. Kiko Amat siempre ha salpicado sus escritos de referencias a su propia vida: su adolescencia en Sant Boi, su etapa británica, su mujer e hijos, padres, abuelos, su colección de discos, sus tatuajes, sus amigos, sus enemigos, sus aborrecidos primeros trabajos... Esto le ha valido muchas críticas, pero forma parte del estilo de Amat, defensor del “escribe sobre lo que sabes, si eso incluye hablar de ti mismo, adelante”.
Sus furibundas opiniones, expresadas sin ningún recato, le han ganado en ocasiones odios explosivos. Un ejemplo es el aluvión de comentarios de heavies airados contra Kiko que se pueden leer en la red. Ese maremágnum fue originado por un artículo que incluye precisamente en la antología, dentro del apartado “Los peores artículos de mi carrera”. Yo misma, como también conté, recibí en este blog (la casa de todos ustedes) que apenas recibe comentarios, una retahíla de opiniones de alguien que no puede ni ver a Kiko Amat. ¡Curioso!
En la prosa de Kiko Amat se agradece la ausencia de afectación y de tomarse demasiado en serio, además de su habitual querencia a reírse de sí mismo. Pero a la vez Amat ofrece en sus textos gran preparación y conocimiento de los temas tratados. Para eso no hay bromas. Por las páginas de ‘Chap Chap’ pasan con mejor o peor suerte para ellos escritores, cantantes, personajes de ficción, personas reales que forman parte de la vida del autor… Eso sí, nadie es tan benévolo y cariñoso como Kiko con sus adorados: Nik Cohn, Kevin Rowland (de Dexys Midnight Runners), John Fante, Kurt Vonnegut, Allan Sillitoe, Reginald Perrin. Ya que mencionamos a un autor y a un personaje publicados por Impedimenta, qué buenos son los prólogos de Amat para esta editorial.
Descacharrantes son los artículos “costumbristas” sobre beber, el veraneo, ser padre, o la devastación nuclear que se produce al cumplir cuarenta años. Sus diferentes personalidades y anécdotas de su juventud están recogidas bajo los epígrafes de #Catorcephenia y #En las batallas. Muy chulas.
Vamos con lo que menos me ha gustado. Se trata de esos escritos que Kiko considera “los peores artículos de mi carrera”. Me hacen preguntarme qué necesidad hay de incidir en los errores. Pero Amat, cual kamikaze, se lanza a la piscina para entonar un mea culpa sobre aquellos artículos que le avergüenzan especialmente… ¡publicándolos en el libro!, con tachones y comentarios, eso sí. Recalca sus fallos, asume sus faltas. Hay que tener valor para reproducir escritos de la primera juventud de uno, de cuando somos seres llenos de inestabilidad emocional, hormonas en ebullición, inseguridades varias, lo mismo más o menos que ahora pero mucho peor. De esos días juveniles en que nos encontramos perdidos, intentando encontrar nuestro sitio y con unas ganas inmensas de destacar en algo. Aquellas bomba con patas en esos años 90 casi pre Internet, donde si alguien hubiera osado pensar en algún artefacto similar a las redes sociales le hubieran tachado de tarado, solo tenían (teníamos) los fanzines y las radios libres para dar rienda suelta a nuestras frustraciones, fobias y odios furibundos. La escritura adolescente y juvenil tiene como razón de ser atizar a todo lo que se mueva. Y a cierta edad “como que ya no…”
Según me hago mayor creo más firmemente en que madurar consiste en ser lo menos bocazas posible y dedicar más atención a lo que te gusta que a lo que aborreces. Según avanza el reloj tenemos menos tiempo para entretenernos en mierdas. Donde Amat se muestra más brillante, encantador, retozón y feliz es aquellos escritos en los que habla sobre lo que le apasiona. Y hay artículos que tocan el corazón, emotivos sin sensiblerías (eso nunca, Amat antes dejaría que le arrancaran las uñas una a una que caer en la cursilada). Dos en concreto van directos como balas hacia sentimientos más grandes que la vida. Como la desilusión de sentir el desprecio de alguien a quien has abierto tu corazón "Un pesar azorado por el rechazo, una sensación de ridículo, una pérdida brutal de inocencia" en el artículo en el que cuenta cómo su niño mayor es pateado en la guardería por un compañero o el homenaje dedicado a su desaparecido amigo Agustí, donde dibuja con conmovedora ternura la figura del amigo-mentor, una figura que yo misma he buscado toda mi vida, “Tiene que ser una gran manera de crecer, conservando así la gracia y el impulso”.
Quiero apuntar que no me gusta la tendencia de algunas entrevistas y reseñas de incidir hasta la náusea en que los textos de Kiko se centran en él mismo, olvidando que el libro está lleno de enormes recomendaciones, autores inspiradores, música maravillosa. Si a los textos de Kiko Amat les faltara eso, desde luego no me tendrían a mí como lectora.
Destacar por último la alegría de que le haya publicado Blackie Books, una editorial que apreciamos y en la que Kiko está encantado de compartir espacio con “Jardiel, Santiago Lorenzo o Ben Brooks”. Tampoco quiero olvidar hacer referencia a la maquetación del libro, que me ha gustado mucho, y a los dibujos de Luis Paadín. En fin, un tocho para disfrutar este ‘Chap Chap’.


Chap Chap (Una antología confesional). De Kiko Amat. Edita: Blackie Books. 496 páginas; ISBN: 978-84-16290-27-7; Ilustrador: Luis Paadín. 

Kiko Amat, el gran recomendador...



Nos pierde ese gusto cuasi adolescente de tener amigos con los que compartir música, libros, cine, con los que descubrir personajes diferentes, atormentados, salvajes, curiosos, creativos; tener ese amigo que es una enciclopedia y nos recomienda todo lo que sin duda nos va a chiflar. Una labor que actualmente también cumplen las redes sociales, con cuidado y buena letra, por favor. O esa gente que escribe en medios o está en la radio, porque en la tele ya no hay nada que hacer…
Desde hace años sigo al periodista y escritor catalán Kiko Amat y pocas de las cosas que he descubierto gracias a él no me han entusiasmado. Porque caerá mejor, caerá fatal, pero es el GRAN RECOMENDADOR. Libros, música, pelis, no se le escapa una. Por decir sólo algunas de las maravillas que he disfrutado gracias a leer a Amat, puedo nombrar así de memoria ‘Chavs: la demonización de la clase obrera’, de Owen Jones; Sleaford Mods; ‘El viaje a pie de Johann Sebastian’, de Carlos Pardo; al gran Carlos Zanón, preferidísimos todos sus libros; Caitlin Moran; Giles Smith y su ‘Lost in music’ (también recomendado por mi admirado Alex Magic Pop); Kiko es culpable de que haya leído todo lo que ha caído en mis manos de Irvine Welsh (sí, el de Trainspotting) y no sigo porque la lista es tan larga como un artículo del propio Kiko.
Sí, a mí me encantan sus artículos, más largos que un día sin pan (yo soy también de incontinencia al escribir), llenos de referencias, citas y anécdotas, la mayoría personales. Artículos que entusiasman porque están llenos de entusiasmo, opiniones de fan más que de crítico estirado.
El señor Amat produce sensaciones encontradas, nunca deja a nadie indiferente. Una prueba es este blog, en el que apenas comenta nadie: fue nombrar a Kiko Amat en un post y recibí una larga serie de impresiones de alguien a quien no le gustaba nada nuestro amigo; también un tal Jordi comentó que iba a publicar un artículo sobre los libros de Kiko Amat.
Si Jordi escribió finalmente el artículo debería añadir ahora un nuevo ensayo, ‘Chap chap, un tocho de “prosa confesional”, publicado por nuestra preferida editorial Blakie Books. Antología de un montonazo de artículos y escritos de nuestro héroe, de variada temática y composición. Un recorrido por sus filias y fobias, aciertos y desastres, historias personales que nos ofrece “sin que nadie se lo haya pedido”, pero que ahí están.
Después de apasionadas lecturas de ‘Rompepistas’ y ‘Mil violines’, ya tengo mi ‘Chap chap’, comprado en la Feria del Libro y firmado por el susodicho, amabilísimo, de mi misma edad, de Sant Boi, culo inquieto y para mí, hombre con un buen gusto más allá de cualquier duda. Visitamos a Kiko el sábado por la mañana durante su firma en la feria, llevaba yo también mi ‘Rompepistas’, que decoró con una cuca (según dice es tradición firmar así todos los ejemplares de la novela sobre los "chicos con botas"). El autor accedió amablemente a que le fotografiáramos y a que nos inmortalizáramos con él, para lo que incluso salió fuera de la caseta. Como para no amar a Kiko, nuestro gran recomendador.
'Chap chap' en la jaima saharaui de Tuiza, Palacio de Cristal del Retiro

Mil Violines y otras crónicas sobre pop y humanos; Kiko Amat


“La música es el perfecto medio por el que acceder a la empatía, el entendimiento y la comunicación entre humanos y culturas. La música es la gran fuerza de verdadera democratización popular a nivel global” (Kiko Amat)
A mí me gusta lo que hace Kiko Amat. Así lo digo de entrada. Me gustan sus artículos sobre música (bandas, discos, conciertos), me gustan también sus libros, ya sean novela o ensayo, como este Mil violines, que acabo de terminar.
Lo curioso es que el hombre despierta adhesiones, pero también odios furibundos. Es raro encontrar algún artículo suyo o sobre él, en el que los comentarios estén abiertos, donde no haya alguien que le ponga a parir o directamente le quiera partir la boca. Por la red anda un ejemplo de hordas de heavies cabreados como monas que quieren hacerle fosfatina por una crítica burlona sobre un concierto de Saxon. Menudo mal rollo…
Sin ir más lejos, este blog, retomado en reciente fecha y que no visita ni Peter, excepto alguna que otra entrada sobre el Sahara, y donde aún menos gente comenta (gracias a mi adorada Pilar Adón), un fiel detractor de Kiko Amat nos dejó varios comentarios sobre lo que opina de él, en una entrada que metí sobre Rompepistas, que por otra parte es un libro que me gusta mucho.
Viene Kiko de nuevo a esta modesta bitácora por mi lectura de Mil violines, una recopilación de ensayos con mucho de autobiografía sobre canciones, bandas, discos, fanatismo musical, escritura, pinchadiscos, juventud, modas y unas cuantas cosas más… En palabras del propio autor “es un libro sobre música pop. Sobre cómo entra en nuestras vidas, alterándolas para siempre, a veces dotándolas de un paisaje por donde transcurrir, otras subrayando momentos, regalándonos la promesa de su belleza y emoción, clavando a base de notas aquel instante crucial (o banal) en nuestro subconsciente, desenterrándolo de manera mnemónica con las mismas notas, cada vez que suenan. Haciendo nuestra vida mejor, aunque suene a anuncio de lavavajillas. Este es un libro sobre canciones pop, y sobre los discos que las contienen, y sobre los artistas que las grabaron. Pero este no es un libro musical: no contiene biografías de artistas, la cronología es un desastre, no hay árboles genealógicos de grupos de rock ni se pormenorizan crossovers entre estilos. ¿Por qué? Porque este es un libro sobre música pop y la gente que la escucha. Es un libro sobre cómo el pop influye en la vida de la gente. Es un libro sobre una vida, una educación, basada en la música pop; la mía, la del autor. El escritor como humano enamorado de sus canciones favoritas”.
Después de terminarlo saco una conclusión, ni soy ni aspiro a ser erudita, sólo quiero pasármelo bien. Aunque, ya se sabe, a las chicas no nos gusta la música (todo lo más la que hace bailar, pop blandito, flamenquito o aflamencados varios, baladas del guapo de turno y tóxica música latina). Pues yo me niego, a mí me chifla la música, la que yo considero buena música, la necesito cada día como respirar; eso sí, según la definición del libro, no soy connoisseur, no llevo tan lejos mi pasión, me gusta la música para disfrutar, no para sufrir. Así que me quedo en aficionada, espero que al menos digna.
El Amat se define como nostálgico y emocional, y la música es combustible para ambas enfermedades que yo también padezco ¿Será cosa de la cosecha del 71 a la que ambos pertenecemos? En cierta forma creo que Kiko Amat se ha creado un personaje, con sus neuras, sus filias y sus fobias, sus actuaciones desastrosas, su sapiencia musical que llega en ocasiones al repipismo, su puntito friki, su intención de ser el más bruto del lugar, el más duro de su barrio, más bocazas que ninguno. Como bazas positivas me gusta su descaro al escribir, su indiscutible gracia en muchas ocasiones, la pasión que pone en lo que le gusta y cómo sabe transmitirlo.
Se puede tal vez pensar que entre quienes tienen tanta querencia por los discos, rayana en la patología, se esconden muchas horas de soledad, de acné juvenil, de falta de amigos y de popularidad, de adolescencia sufriente. Puede ser, seguro que es así en muchos casos. ¿Y qué? La música es uno de los más maravillosos salvavidas que existen. Puede ser que en gran parte por eso la necesitemos tanto...
I always thought that I was in control
I always thought I could reach my goal
Now I’m staring at my empty cup
Will the real me please stand up
I’m smashed
Hello there operator
Crashed
You have to try me later
Just between me and you
I’ll feel much better in a day or two.

Rompepistas, de Kiko Amat



Ojalá mis Marcos, Germán, Jota o Animal pudieran ser compinches de estos "chicos con botas, bolsillos vacíos y cojones llenos", los protagonistas de la magnífica novela "Rompepistas", de Kiko Amat (2009). Mi historia transcurre ocho años después de aquel verano de 1987; mis chicos son también chavales de barrio que hacen música, intentan escribir, se enrolan en una radio pirata, tratan de salir adelante en el Madrid de mediados de los 90, aquellos años que supusieron el inicio de la gran orgía inmobiliaria; en un Madrid lleno de desigualdades, sin apenas trabajo decente, con muy pocas oportunidades para la gente normal... Ellos habitan las páginas de mi Libro en construcción.
Leí Rompepistas hace ya unos años, y lo he releído este verano, volviendo a engancharme el estilo parco y directo de Amat, para nada impostado. Me creo sus personajes, que rebosan verdad y realismo, sus chavales que pasean confusos por el filo de la marginalidad. Tirando a desastres, asustados, desagradables, rebeldes, leales, amando y odiando el lugar en el que les ha tocado vivir. Tipos raros, inadaptados, fuera de cualquier moda, locos por la música, outsiders convencidos sin pizca de glamour.
Así son mis chicos, algo más mayores pero igual de desorientados. Serían colegas de Rompepistas, Clareana, Carnaval o Chopped. Odiarían seguro a aquellos otros que pueblan esas novelas llenas de jóvenes artistas sin problemas de dinero, nombres guays, belleza a raudales, aburrrrimiento (con muchas erres) existencial, que habitan lugares de esos donde “mola tanto vivir”; en definitiva esos escenarios, historias, actitudes y personajes re-falsos de tantas novelas de este país.
Mi admiración por Kiko Amat, a quien me encanta seguir la pista. A él y a su apabullante buen gusto musical.



*Videoilustración basada en la novela "Rompepistas" de Kiko Amat. Proyecto Mandarache 2010. Jóvenes Lectores de Cartagena.



Creo que todo lo que hacemos lo hacemos porque es lo más se acerca a continuar siendo niños. Porque ninguno de nosotros podía aceptar que lo de ser niños se había terminado, y queríamos seguir jugando. Queríamos disfraces y aventuras y fantasía y romance. Y esto era un sustitutivo decente: las chapas de hojalata, y el llavero dringui-li-drong, las canciones escandalosas, la ropa rasgada, los empujones por las esquinas, los cabellos de colores y el grupo. La panda. Los cuatro. Los Cuatro y el Misterio de las Duelistas. Tom Sawyer y Huckleberry Finn: Carnaval y yo, los dos allí, Dos Años de Vacaciones en nuestra propia miseria. (Rompepistas, Kiko Amat. Editorial Anagrama, 2009)