Mostrando entradas con la etiqueta George Harrison. Mostrar todas las entradas

Entrevista con George Harrison en El País Semanal. Noviembre de 1987.

GEORGE HARRISON EL PAIS SEMANAL NOVIEMBRE DE 1987
EL MITO QUIERE SER INVISIBLE

Texto: Javier Angulo  Fotografías: María Moreno

Transcripción: Emilio Jose Garcia Vílchez

Cuando acaba de aparecer en el mercado de compact disc toda la discografía de los Beatles, coincidiendo con los treinta años desde la constitución del grupo; cuando justamente se celebra el vigésimo quinto aniversario de la grabación del primer éxito, “Love Me Do”, y 17 años después de la separación del mítico cuarteto de Liverpool, su guitarra solista, George Harrison, vuelve a ser actualidad por la publicación de un disco. Se trata del primer álbum que graba desde 1982, cuando “desapareció” de la música para dedicarse, casi por completo, a la producción cinematográfica y a vivir la vida.

La entrevista está programada para las dos menos cuarto de la tarde en la sede de la compañía Handmade Films (Filmes Manufacturados), de la que es copropietario George Harrison. El edificio, de cinco plantas, está situado en el número 26 de Cadogan Square, en el corazón del elegante distrito de Belgravia. Ni en la puerta ni en el interior del edificio se observan medidas de seguridad. El acceso al vestíbulo resulta un ejercicio de habilidad para sortear cámaras, trípodes, focos y cajas de material diverso de equipos de radio y televisión de hasta cinco países europeos, que están citados en las horas siguientes para entrevistar al ex Beatle. El lanzamiento del nuevo disco, Cloud nine, que puede traducirse por la expresión castellana de El séptimo cielo, ha supuesto para Harrison un verdadero maratón de entrevistas con informadores de todos los países del mundo. Algo que contraviene su norma de no conceder entrevistas y que no ha roto en los últimos años. Entre las doce de la mañana y las siete de la tarde del día anterior ha recibido a siete informadores de otros tantos países del mundo.

Para ordenar ese tráfico de citas, la compañía que lanza el disco de George Harrison ha puesto a Jacqueline Ladent, una francesa puro nervio, bastante mandona, que habitualmente dirige las giras europeas de los cantantes de la firma discográfica. Y empiezan los problemas. Mister Harrison se retrasará “porque está atrapado en un atasco de tráfico”. No está prevista la presencia de un fotógrafo en la entrevista “porque a Mister Harrison no le gusta que le hagan fotos mientras conversa”.

En el salón no se cabe. Esperamos el ex Beatle periodistas de casi todos los países del Mercado Común. Los estadounidenses llegarán mañana. Jacqueline advierte que a Harrison no le gusta que le hagan preguntas sobre los Beatles y afirma enfáticamente que las ventas del nuevo disco no le preocupan demasiado a George “porque no necesita dinero”.

George Harrison llega finalmente a las dos y cuarto, conduciendo su aparatoso Mercedes Benz. Saluda con un “¡Hola!” en castellano y una sonrisa cortés. Hasta su despacho se llega a través de pasillos decorados con los carteles de las películas producidas por Handmade Films, entre ellas, la vida de Brian, Time bandits, Withnail and I o Mona Lisa. La habitación, pequeña y situada en planta baja, da directamente a un jardín con árboles. La pintura de las paredes es azul cielo, relajante. En la mesa, de diseño moderno, del despacho, delante del enorme desplegable publicitario con la portada del nuevo disco, hay, estratégicamente situado, un frutero con dos higos, dos plátanos y dos manzanas rojas y brillantes. Relucen como si fueran de cera. Son de verdad. En la mesa baja, frente al sofá, de un azul marino chillón, hay un bol con cacahuetes y pasas de Corinto y una taza de té con leche humeante. Encima de la mesa se mezclan revistas de diseño, de música y una especializada en encontrar colegio a los niños. Harrison tiene un hijo de nueve años, Dhani, de su segunda mujer, Olivia Arias, una norteamericana de origen mexicano, con la que se caso en 1978.

Harrison no es ni alto ni bajo, algo más de 1,70 de altura. Está muy delgado. Tiene arrugas en torno a los ojos y pronunciados surcos a ambos lados de la boca. Los 44 años (25 de febrero de 1943) se notan en un rostro de facciones difíciles, en el que se esparce una barba rala. Tiene el pelo algo canoso y disimula las incipientes entradas con un mechón de pelo que cae alborotado sobre la frente. La melena, corta, le monta sobre el cuello de la chaqueta.
Pese al calor de la calefacción, Harrison va forrado de ropa. Lleva una chaqueta de paño con dibujos de fantasía en tonos verdes, azules y mostazas, y debajo, un jersey grueso de pana color azul marino. Un pantalón vaquero negro desgastado y unas botas de tela impermeable completan la vestimenta. En el dedo corazón de la mano derecha reluce una gruesa sortija india dorada y de piedra negra.

George Harrison tiene una mirada profunda y sosegada, que posa sobre el interlocutor, al que escruta permanentemente. Habla lentamente, con voz grave y algo gangosa. Sonríe a menudo, y cuando ríe abiertamente no llega a descomponerse el rostro. Tiene fama de huraño, pero pretende ser simpático. Su actitud es la de alguien relajado. Ha perdido ese halo místico de los últimos años y resulta hasta apreciable. Al principio responde  forma algo fría y lacónica a las preguntas; luego se muestra más expresivo al referirse a su nuevo disco, y llega incluso a canturrear pasajes de sus canciones mientras rasguea una guitarra imaginaria. Al final, tras 50 minutos de charla, resulta casi cordial.

Harrison sólo se interrumpe cuando estalla el primer flash de la cámara. Durante los primeros 20 minutos de la entrevista, entre el ex Beatle y la fotógrafa se produce un diálogo sordo de duras miradas, que van dulcificándose a medida que pasa el tiempo. Finalmente, el ex Beatle hace un gesto expresivo, algo así como: “¡Me rindo!...., ¡haz las fotos que quieras!”.

George Harrison, que se considera a sí mismo una ex estrella pop, (“eso es para los jóvenes”), está feliz con el resultado del nuevo disco, el primero que graba desde 1982, en el que fracasó con el álbum Gone tropo, todavía impregnado de incienso indio. Desde la disolución de los Beatles – anunciada oficialmente por Paul McCartney en 1970 –, únicamente los dos triples álbumes All things must pass (1970) y Concierto por Bangladesh (1971) alcanzaron realmente el éxito.

Cloud nine es el trabajo de 70 días de grabación repartidos entre enero y agosto de este año. Para la rentreé, Harrison ha llamado a una serie de músicos, viejos amigos, como Elton John (piano), Eric Clapton (guitarras), Gary Wright (piano), Jim Keltner (batería), Ray Cooper (percusión y batería), Jim Horn (saxos), y sobre todo, Ringo Starr. Al grupo de amigos se ha incorporado en esta ocasión Jeff Lynne, cerebro de la Electric Light Orchestra (ELO), que ha tocado la guitarra, el bajo y teclados y ha ayudado a Harrison en la producción del disco.
Todo el álbum tiene un inequívoco sonido Beatle, hasta el punto que acaba casi siendo un homenaje – aunque no reconocido como tal por Harrison – a la música que hizo el grupo en los primeros tiempos. Una de las canciones del nuevo disco, When we was fab (Cuando éramos fabulosos) se refiere, con indudable nostalgia y una pizca de ironía, a aquella época en que “éramos fabulosos” y “lo hicimos todo”. La canción, con sonidos que recuerdan melodías de los Beatles como Strawberry fields forever y, especialmente I am the walrus, sugiere inmediatamente el estilo de John Lennon. Hay momentos incluso en que parece escucharse la voz del ex Beatle muerto.

(Javier) En Cloud nine hay canciones con el sonido y las armonías vocales de los primeros discos de los Beatles ¿Lo ha hecho usted a propósito?

(George) Si, suena a Beatles porque se oye la guitarra de 12 cuerdas. Ese es el tipo de guitarra que estaba en los discos antiguos de los Beatles. La guitarra eléctrica con la que aparezco en la portada del disco es con la que tocaba cuando los Beatles no éramos famosos y actuábamos en Hamburgo. La he recuperado y toco con ella algunas canciones. Se la compré a un marino americano. Años después se la regalé a nuestro amigo Klaus Voormann (el que diseñó la portada del álbum Revolver), quien, a su vez, se le había dado a una mujer de la que ahora está separado. En contraste con la música de esta generación, que ha nacido con la música heavy, me hacía ilusión hacer un disco de hoy, pero que permitirá a la gente joven conocer lo que se hacía a finales de los años sesenta. En el disco hay canciones con música similar a la que hicimos los Beatles a finales de los años sesenta. Lo he hecho intencionadamente. No quería hacer mi música para encajar con los gustos de la compañía discográfica o amoldarme a los gustos del mercado. Tampoco quería parecer heavy metal. No quiero ser infiel a mí mismo. Me gusta este disco…, es tan viejo que parece nuevo.

(Javier) Al escuchar el álbum Cloud nine se tiene la sensación de que estaba usted cómodo y feliz durante la grabación.

(George) Y así era, porque estaba con Eric, Elton, Ringo y otros amigos a los que conozco hace muchos años, con los que me enrollo muy bien, y con los que estaba tocando a gusto. Elton John me pidió participar en el disco cuando se enteró que iba a hacerlo. Es un tío muy gracioso y un gran músico de rock and roll. Y de Ringo, ¿qué voy a decir?. Hemos vivido y tocado mucho juntos. No necesito explicarle nada. Oye la canción y enseguida coge la onda. Somos bastante parecidos en la manera de ver la música. Seguimos estando muy compenetrados, y además, somos buenos amigos.

(Javier) Invitó usted a viejos amigos a la grabación, pero ¿invitó a Paul McCartney?.

(George) No, no invité a Paul.

(Javier) Usted ha declarado recientemente que es bueno envejecer; que es hora de madurar dignamente…

(George) Sí, porque, después de corretear tanto cuando eres joven, de vivir frenéticamente tantas cosas, realmente se necesita algo de paz. Cuando éramos Beatles vivíamos en un torbellino permanente, era de locos. Conocimos montones de gente y países y no pudimos enterarnos casi nada porque nunca tuvimos un momento de paz. Por eso, desde hace unos años intento enterarme de lo que pasa. Eso sería raro si sólo me  pasara a mí, pero es que todos estamos envejeciendo juntos. Ringo y Eric Clapton envejecen conmigo y se hacen más simpáticos. Siempre les consideré amigos, pero después de la locura de los años jóvenes los encuentras de nuevo, los recuperas, y son incluso mejores amigos. Otra cosa que me obliga a madurar es mi hijo Dhany. Pretendo dedicarle tiempo y ser un buen padre, ejercer de padre.

(Javier) ¿Y qué dice su hijo Dhani de su nueva música?

(George) Le gusta. Venía del colegio y oía cómo preparábamos las nuevas canciones. De cuando en cuando tocaba al piano pasajes de alguna de las canciones del disco. A él le gustaba la canción Got my mind set on you (Dejé mi mente puesta en ti), que compuso a finales de los años cincuenta Rudy Clark. Yo tenía ganas de grabarla desde que estaba en los Beatles. La compañía discográfica ha escogido esta canción para lanzarla en un disco single. Dhany quería que fuera en el single incluso antes de que termináramos de montarla.
(Javier) ¿Le preocupa conectar con los gustos musicales de la nueva generación, de la de los hijos de los fans de los Beatles?

(George) Eso pretendo. Deseo que los jóvenes de hoy entiendan lo que hago. Conocen mi nombre y el de los Beatles. Además creo que esta música es más fácil de entender que alguna de las músicas que se han hecho en los años ochenta.

(Javier) Usted influyó decisivamente para que los Beatles buscaran un camino más introspectivo, que derivó en el descubrimiento de la mística oriental y de la meditación transcendental. ¿Qué queda hoy de aquella etapa en su música y en su forma de vida?

(George) Es algo que sigo llevando dentro, pero no hablo tanto de ello como antes. En el nuevo disco no hay canciones proclamando esa manera de ver la vida, como hice antes en otros discos, pero está ahí dentro. Está en el espíritu de la letra de algunas canciones. Y realmente mantengo una determinada espiritualidad, se trata de cómo eres a diario, cómo puedes sentir con un ser humano y cómo puedes mejorar.

(Javier) “Dulce Señor, realmente quiero verte, quiero estar contigo…”, decía su canción My sweet Lord. ¿Todavía cree en un sweet Lord?

(George) ¡Oh, sí!. Absolutamente.

(Javier) Si volviera a escribir hoy la canción, ¿mantendría la misma letra?

(George) Mantendría la misma letra; creo que la letra es verdad. Cambiaría únicamente unas notas en la melodía (Risas).

NOTA: En 1976 un juez norteamericano condenó a Harrison a pagar una elevada indemnización por considerar que My sweet Lord, que incluía que se incluía en el triple álbum All things must pass, de 1970, era un plagio inconsciente de otra melodía.

(Javier) ¿Reza alguna vez?

(George) Seguro. Yo medito. Meditación es rezar, es simplemente el pensamiento hecho más fuerte por el corazón. En yoga aprendemos de los chacras en el cuerpo; es decir, puntos de energía en la cabeza, en la garganta, en el pecho, en el estómago y en la espina dorsal. El yoga es una ciencia para utilizar las energías, y el cuerpo es como un receptor y transmisor de energía. Y rezar es una manera de transmitir ciertos pensamientos, y la chacra del corazón hay que saber utilizarla. En meditación controlas la mente para dejar de pensar…se queda uno tranquilo.

(Javier) En This is love (Esto es amor), una de las canciones más bellas del nuevo álbum, habla de los alcohólicos anónimos. ¿Lucharía contra el consumo de drogas con la letra de sus canciones o a través de una campaña?

(George) No me importaría.

(Javier) Según reconocieron hace años, en declaraciones a diversos medios de comunicación, los Beatles consumieron drogas – especialmente marihuana y LSD – desde 1965 a 1967. Esta influencia es palpable en el álbum Sergeant Peppers Lonely Hearts Club Band, grabado en 1966. Su incursión a partir de ese año en el mundo de la meditación trascendental, ¿le ayudó a abandonar el consumo de drogas?

(George) Creo que sí. El descubrimiento de la LSD fue algo que no pudimos evitar, porque a John y a mi alguien nos lo hizo probar poniéndolo en nuestro café y no lo sabíamos.

NOTA: En todas las biografías sobre el grupo y en declaraciones posteriores de Lennon se insistió siempre en que esa persona que les introdujo en el consumo de ácidos en 1965 fue un dentista amigo de Harrison.
Después de pasar por la experiencia del LSD no vuelves a ser como antes, pierdes la noción del ego; cambias porque ves muchas otras cosas que antes no percibías. La LSD hace que tu percepción sea diferente. Pero creo que si no hubiera tomado LSD no habría tardado mucho más tiempo en llegar a una actitud espiritual. Después de la LSD me di cuenta de lo que era Dios. Pero como pasa con el alcohol y otras drogas, si se consume demasiado es cuando se enloquece.

(Javier) No ha podido usted abandonar el vicio del tabaco…¿sigue siendo vegetariano y ecologista?

(George) Ecologista sí, pero ya con pescado y pollo. No comí nada de carne desde 1966 hasta 1979. Todos esos años estuve malnutrido, porque no sabías qué comer para reemplazar las proteínas. A partir de 1979 empecé a viajar a las carreras de Fórmula 1 del Grand Prix y estaba en Madrid u otras capitales del mundo, y era difícil comer en restaurantes y hoteles. Si no vas a los restaurantes indios, donde puedes comer lentejas y verduras, no puedes seguir una dieta vegetariana. Así que empecé a comer pescado y pollo.

(Javier) Es muy conocida su afición por la jardinería, pero no tanto su pasión por la carreras de coches de Fórmula 1 ¿Ha conducido alguna vez un prototipo?

(George) Me chiflan las carreras de coches, y sobre todo, los de Fórmula 1. He viajado por todo el mundo para verlas. Me fascina todo ese circo que se monta en torno a ellas y, por supuesto, me apasiona la velocidad. Yo he corrido carreras de motos cuando era chaval. En 1960 conduje un coche de fórmula, uno del piloto Sterling Moss… Tengo fotos. Luego, en 1978, di 18 vueltas al circuito británico de Brands Hatch con el coche del piloto inglés John Surtees. A mí siempre me ha gustado ir rápido y tener coches potentes (ahora conduce entre otros un Mercedes, un Porsche deportivo modelo Turbo 944 y un Ferrari) pero cada vez se puede correr menos. Hay atascos en todas partes, hasta en las autopistas.

(Javier) Se sabe poco de usted. Para nuestra generación usted era poco conocido; el raro, el tímido, el enigmático y, a la vez, tranquilo. Esta imagen sigue en pie. ¿Realmente usted es así?

(George) ¿Quieres decir si soy callado?

(Javier) Era usted, en cierto modo, un personaje misterioso para nuestra generación.

(George) Esta era una imagen que se daba, pero yo era tan ruidoso como cualquiera de los otros en ese momento. Pero a lo mejor tienes que mirar los signos astrológicos de los Beatles para entenderlo. Yo soy Piscis; Ringo, Cáncer; Paul, Géminis, y John, Libra. Estúdialos y veras como la conjunción es especial. Yo, desde luego, he dicho siempre, y lo mantengo, que no tengo un concepto de mi persona ni intento dar una imagen determinada. Lo que soy realmente sólo yo lo sé.

(Javier) ¿Qué queda de aquel inconformista Harrison, que llevaba ya la melena, que luego popularizaron los Beatles, cuando iba al instituto? ¿Se siente hoy un burgués?

(George) Sigo siendo inconformista a mi modo, porque siempre, incluso en la época de los Beatles, logré conservar un poco de individualismo. No soy para nada un hombre convencional. Pero… yo no me siento de ninguna clase social; vengo de una clase trabajadora, y supongo que siempre será parte mía.

(Javier) Las publicaciones sensacionalistas le han presentado en los últimos años como un hombre solitario, huraño, atemorizado tras la muerte a tiros de John Lennon en diciembre de 1980.

(George) Eso es cosa de los chismosos. De cuando en cuando me viene a la mente, como un flash, la imagen de la muerte de John. Algunas veces me pasa cuando alguien desconocido se dirige a mi por sorpresa…Pero no se puede tener siempre miedo. Yo hago una vida bastante normal. Lo que no hago es ir a cócteles, fiestas y discotecas. Vengo aquí de cuando en cuando, salgo con amigos a cenar o ver un partido de criquet – como he hecho alguna vez últimamente con Elton o Eric – y viajo por todo el mundo para ver carreras de Fórmula 1.

(Javier) ¿Cómo le afectó la muerte de Lennon?

(George) No creo que nadie deba morir así de esa manera, a manos de una persona loca. A mí la muerte de John me afectó, como a la mayoría de la gente. Es tan triste que pasara así, que una persona pueda malgastar la vida de otra…Y cuando tienes un amigo durante tanto tiempo, naturalmente es como perder a un miembro de la familia, tu padre o un hermano.

(Javier) Aunque usted hizo bellas canciones como I need you (del álbum Help!), If I need someone (de Rubber Soul) o Taxman, lo cierto es que no colocó una canción suya en el número 1 de las ventas hasta que en 1969 grabó Something, en el casi ya mítico álbum Abbey Road, meses antes de la disolución del grupo ¿No cree que fue usted incomprendido y su talento desaprovechado en la época de los Beatles?

(George) Eso es cierto. Y ello porque John y Paul eran demasiado protagonistas y absorbentes y además tenían una unión especial  para escribir canciones. Incluso el que fue productor nuestro tantos años, George Martin, me ha pedido perdón públicamente luego, diciendo que lo único que lamenta de la época de los Beatles es que no supo ver que yo tenía que ofrecer mucho más de lo que él creía. Él me dijo por teléfono “¿Me perdonas George?”. De todas formas hay un momento para todo, y en ese momento yo estaba marginado. Pero a la vez ello me alegraba porque me permitía ver lo que nos estaba pasando desde los dos lados: desde el punto de vista del espectador y desde el lado de los Beatles. Yo podía conectar mejor con el público que John o Paul, ya que ellos eran demasiado estrellas.

(Javier) Recuerdo haber leído en la revista Rolling Stone unas declaraciones de John Lennon en las que afirmaba que usted era un hombre invisible entre dos egomaniacos.

(George) Es absolutamente cierto.

(Javier) En 1970, John Lennon grabó un álbum, Mother (Madre), en el que había una canción denominada God, que era como una letanía, que concluía con un “No creo en los Beatles”. Lennon explicó luego que lo que pretendía decir es que no creía en los mitos. ¿Usted cree en los que hicieron los Beatles?

(George) Bien…creo que no hicimos nada especial. Sólo escribimos unas melodías, y éramos un grupo de pop. Intentábamos hablar un poco sobre la paz y el amor…pero los Beatles no creo que fueran tan importantes como los demás, e incluso John, pensaron. Creo que John estuvo convencido de lo importante que fue aquello.

(Javier) ¿Y puede explicar qué pasó a partir de 1962 para que los Beatles se convirtieran en un fenómeno mundial de masas?

(George) Otra vez creo que tienes que mirar la carta astral, nuestros horóscopos; creo que debe tener algo que ver con algo más profundo, con el karma; algo referido a vidas anteriores. Eso y las energías entonces existentes en todo el mundo, que confluyeron en aquel momento. Nosotros fuimos el detonante, el impulso. No es fácil de explicar, pero creo que fue mágico. Ahora bien, aquello no fue tan importante como la gente cree. Fue importante por la música, y la ropa, y las actitudes…Respecto al universo, sólo fue una gotita.

(Javier) ¿Hay algo de cierto en los repetidos rumores sobre una posible vuelta de los Beatles? Se ha hablado de Elton John, e incluso del hijo de John Lennon, Julian, para sustituirle.

(George) Eso son historias; cada seis meses alguien inventa una historia de esas. No hay ninguna posibilidad de que los Beatles vuelvan a existir. Aquello acabo definitivamente, se terminaron…¡absolutamente!. Es mejor dejarlo como era.
NOTA: George Harrison no habla de Yoko Ono y prefiere no aclarar de quien fue la culpa de la separación de los Beatles.
Respecto a sus relaciones con Paul McCartney, responde de forma algo irónica:
Somos amigos…me ha estado mandando postales apremiándome para que le mande una copia de mi nuevo disco. Bien, se lo he mandado y no he vuelto a saber nada más de él.

(Javier) ¿Cómo lleva lo de ser un mito viviente?

(George) Bueno, es duro porque otras personas tienen un concepto de ti que normalmente no es real. No es difícil vivir. Además, no voy por la vida pensando que soy un mito.

(Javier) Usted declaró hace años que a los Beatles trató de utilizarles políticamente el premier laborista Harold Wilson. ¿No ha intentado nadie utilizarle a usted con los mismos fines?

(George) …..

(Javier) ¿Cuál es su impresión de la situación política en un Reino Unido gobernado por Margaret Thatcher?

(George) No entiendo por qué la gente tiene que meterse en grupos. Dicen: yo soy izquierdista, yo derechista, yo del centro, soy católico, soy protestante, soy negro y soy blanco. No entiendo por qué a todo el mundo le gusta encasillarse y encasillarse. Yo no siento esa necesidad. Nací de la clase obrera. Ahora gano dinero como para ser un conservador, pero todo lo que puedo decir de la política es que realmente lo ideal sería que se pudiera votar sobre cada asunto. Si yo quiero pagar menos impuestos, tengo que votar a Margaret Thatcher, pero la señora Thatcher quiere tener bombas y armas nucleares, y yo no quiero. Si voto al Partido Laborista porque quieren quitar las bombas, corro el peligro de que acaben por quitarme mi dinero y mi casa. No me gusta ninguno de ellos. No me gustan los políticos; todos son mentirosos y tramposos, y todos buscan exclusivamente su propio poder. Son gentes de mentes estrechas. A mí me gusta Greenpeace. Me gusta la gente que intenta parar la contaminación de los océanos y que intenta salvar los bosques y las especies animales. 

(Javier) ¿Cree que el Partido Laborista puede cambiar las cosas en el Reino Unido?

(George) No. El Partido Laborista es basura.

(Javier) En 1979 usted declaró a una revista española que le gustaría votar a un partido ecologista.

(George) Es cierto, en Holanda y en la República Federal de Alemania hay partidos verdes cada vez más fuertes. En el Reino Unido, los green (verdes) han empezado a caminar. Yo les voté hace cuatro años…, pero la señora Thatcher ganó.

(Javier) ¿Le preocupa la amenaza nuclear?

(George) Yo creo que los políticos son las personas más tontas porque, incluso después de todo este tiempo, como dice Bob Dylan, “¿cuántas veces debe mirar hacia arriba un hombre antes de ver el cielo?” ¿Cuántas veces tienen que ver el problema para entenderlo?. Es una idea pasada de moda tener miedo de los rusos, miedo de Norteamérica; todo es un rollo de los políticos, que nos han enseñado quienes son nuestros supuestos enemigos. Por eso me alegro de haber tomado LSD, porque me di cuenta que el único enemigo que realmente tenemos es nosotros mismos; que a veces el enemigo de nuestro país está dentro del país mismo, y es el propio Gobierno, en ocasiones, el enemigo del pueblo. Y que os rusos son tan simpáticos…Hay buenos rusos, buenos americanos, gente buena en todas partes. La amenaza nuclear no puedo comprenderla; me parece que si los políticos no ven los peligros y que no hay sentido en ello es que son idiotas y todos ellos necesitan una dosis de LSD.

(Javier) ¿Sigue usted la marcha de los problemas de segregación racial en Suráfrica y otros países?

(George) Nunca me han molestado las gentes de otro color. A mí me gusta la gente rosada, marrón, verde…cualquier gente; otra cosa es si son gente buena o mala; pueden ser blancos buenos y negros buenos, blancos malos y negros malos. Me gusta la integración, la mezcla de razas. Es como las flores en el jardín…puedes hacer nuevas flores híbridas…y son más bellas.

(Javier) Y, ¿cómo ve el problema del terrorismo?

(George) ¿Los vascos?

(Javier) Por ejemplo.

(George) Tenemos el mismo problema con Irlanda. ¿Qué quiere la gente? ¿Los vascos quieren ser un país separado?

(Javier) Una parte de los vascos quiere la independencia…

(George) Pero ¿qué pasa si la región vasca se separa de España? ¿Podría sobrevivir?. El País de Gales, Inglaterra, Escocia podrían ser países separados, pero no veo por qué ni para qué. ES como hacer de cada barrio o cada calle un mundo diferente…Todo debe ser más abierto en vez de cerrarse. Hay que ir a la unidad antes que a la división.

(Javier) Desde su posición económica privilegiada ¿cómo siente usted el problema de la pobreza en el mundo?

(George) A mí el tema me preocupa mucho, y si usted recuerda, hice un concierto de carácter benéfico con destino a la población de Bangladesh y se sacaron muchos millones de dólares con el disco y la película. Sobre el tema de la pobreza otra vez echo la culpa al Gobierno, que prefiere gastar todo ese dinero en armamento bélico. Se podría erradicar la pobreza del mundo en un mes si los Gobiernos fueran realmente humanitarios, si tuvieran algo de corazón y de alma, no habría pobreza. Podrían erradicarla con el coste de alguno de esos cohetes que a diario compran. Realmente, el hombre ha hecho el problema. Es la gente que tiene dinero la que sólo está interesada en ganar más dinero, la que trata de protegerlo con esta carrera de armamentos. Si no tuvieran miedo a perder algo de ese dinero, si creyeran en algo más profundo, podrían utilizar parte de ese dinero en hacer cosas prácticas, como por ejemplo, hacer del Sahara un bosque tropical húmedo. Aunque estamos a final de siglo, seguimos atrasados. Tenemos una tecnología fabulosa, pero resulta un atraso no haber logrado erradicar el hambre de una gran parte del mundo.

(Javier) Usted se ha referido a la amistad como una de las cosas más importantes por las que se puede seguir viviendo, y ha dado prueba de ello en sus relaciones con Eric Clapton. Su esposa, Pattie Boyd le dejó y se fue con él, su mejor amigo…

(George) Y nadie puede creer que seamos amigos…todos creen que debimos pelearnos. Él no está ya tampoco con mi ex esposa, su relación ha terminado. Eric y yo nunca hemos dejado de vernos. Los músicos somos personas raras, y con todas las experiencias que hemos tenido descubres que hay cosas que son realmente importantes, como es la amistad. Yo creo que el alma está en este cuerpo y pasa esta vida por un periodo limitado de tiempo. Todos tus amigos, la gente a quien quieres y a quien odias, son como las mismas almas que van y vienen. A veces tus amigos no son solamente gente a quien conoces en esta vida. Yo siento que Eric es como mi hermano. Estoy muy unido a él y le quiero como a mi familia. No creo que eso sea extraño. Creo que hay almas que están conectadas. Eso pasó con Lennon, McCartney, Ringo y yo…No es cosa fácil de entender. ¿Por qué esas cuatro personas nacieron en aquel lugar y se juntaron para esa única cosa…? Yo reconocí, la primera vez a Eric Clapton, la primera vez que le vi, como si le conociera de antes. No estaba seguro de en qué grupo trabajaba…simplemente había algo que me llamó la atención. Algo así pasó también con Ravi Shankar. Es algo místico. Así que ninguna esposa, mujer o guitarra se van a cruzar en nuestra amistad. Y me alegro que él lo reconozca también.

(Javier) En 1978 usted constituyó con su socio Denis O´Brien la compañía cinematográfica Handmade Films, que tuvo su gran éxito inicial en la producción de la película La vida de Brian, que les reportó beneficios de 35 millones de dólares. Desde ese año usted dedica cada vez más tiempo al mundo del cine. ¿En qué consiste su trabajo en la compañía?

(George) Somos especialmente una compañía productora, que se autofinancia suficientemente. El éxito de Handmade Films es que hemos apostado por guionistas y directores jóvenes y valientes. A veces viene a Handmade una película que ya está preparada para hacer y sólo la financiamos. Otras veces encargamos guiones de películas que tardan en hacerse hasta 3 años. Hay muchos proyectos en marcha. Solemos hacer películas de bajo presupuesto. En ocasiones no me intereso en una película hasta que comienza el rodaje y voy a ver las primeras pruebas; otras veces, ni acudo al set. Hay veces como el caso de la película de Madonna Shanghai Surprise, en la que además compongo la banda sonora. De todas formas, este año, con la grabación del disco, tengo un poco abandonada la compañía. Aquí hay buena gente. Además, yo no quiero venir a trabar a estas oficinas cada día…dejaría de ser una afición esto. No quiero hacer de ello una nueva profesión.

(Javier) Pero, ¿no le apetece ser director o actor en una de sus películas?

(George) No me importaría ser director. Yo nunca quise ser actor, actuar es el trabajo más aburrido del mundo. Realmente lo es. Te sientas por allí, siempre estás esperando hacer una escena. Es muy, muy aburrido.

(Javier) Pues yo conozco a bastantes mujeres que siempre han pensado que usted tiene el físico más interesante de los cuatro Beatles…

(George) No me gusta actuar…soy demasiado retraído. Yo preferiría ser invisible. Sería mejor.





John, Paul, George, Ringo… and Bert. Un musical sobre los Beatles


1974 fue el año en el que pareció que podría cumplirse el sueño más deseado por los fans de los Beatles, que volvieran a reunirse como grupo. Cuatro años después de la separación los cuatro sacaron disco y proseguían con sus carreras en solitario. 1974 fue el año en el que George salió de gira por Norteamérica y John y Paul iniciaron un acercamiento e incluso llegaron a tocar juntos, durante “el fin de semana perdido”, aquellos meses que John y Yoko pasaron separados. En 1974 también coincidieron dos musicales que tenían que ver con los Beatles. Uno se estrenó en el off Broadway de Nueva York, bajo el nombre Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band on the Road, inspirado libremente en algunas canciones de la banda. John Lennon asistió a un ensayo de la obra acompañado por May Pang y Peter Brown, el que fuera asistente de Brian Epstein y los Beatles hasta la disolución de la banda.

Sin embargo, quiero detenerme en el musical que se representó en Inglaterra. Titulado John, Paul, George, Ringo… and Bert, fue escrito por Willy Russell y se estrenó el 21 de mayo de 1974 en el Everyman Theatre de Liverpool. La obra contaba la historia de la banda desde sus inicios en The Cavern hasta su ruptura en 1970, a través de los ojos de un Beatle ficticio, Bert McGhee, expulsado por tocar el acorde equivocado, “confundió un acorde de A menor con un G de séptima”. Bert se convertía en fan del grupo y, desde la lejanía, seguía su imparable carrera. Una de las curiosidades de John, Paul, George, Ringo… and Bert residió en que las canciones de los Beatles eran interpretadas al piano por una mujer, la cantante y pianista Barbara Dickson. Nacida en Escocia en 1947, se convirtió en una figura conocida en el circuito folk británico de finales de la década de 1960, aunque su gran oportunidad llegó de la mano de Willy Russell, que entonces dirigía un club de folk en Liverpool. Russell mostró a Barbara Dickson un borrador de lo que se convertiría en el musical John, Paul, George, Ringo… and Bert y le propuso que interpretara la música. La cantante lo explicaba así en el diario Liverpool Echo: “Alan Dossor, el director artístico del Everyman Theatre, se mostró escéptico sobre que una cantante folk hiciera versiones de las canciones de los Beatles. Pero Willy [Russell] no quería cuatro tipos porque habría demasiadas comparaciones”. Los Beatles fueron interpretados por los actores Anthony Sher (Ringo Starr), Trevor Eve (Paul McCartney), Bernard Hill (John Lennon) y Philip Joseph (George Harrison), además de Robin Hooper (Brian Epstein) y George Costigan (Bert). Podemos hacernos una idea sobre cómo fueron las representaciones observando diferentes galerías de imágenes de la obra que aparecen en la red y en las que se ve a los actores vestidos con la icónica ropa de las diferentes etapas de su carrera, como las prendas de cuero que vestían en Hamburgo, los trajes de cuello redondo y los peinados moptop de sus primeros éxitos, los uniformes psicodélicos del Sgt. Pepper o la recordada ropa del concierto de la azotea. En las fotos se aprecia a los actores caracterizados para teatro con pelucas, narices y bigotes postizos y un maquillaje exagerado. Componen una imagen entre extraña y perturbadora, pero acorde a una representación teatral donde los personajes son vistos desde el patio de butacas.

El Everyman Theatre estaba considerado una institución teatral en Liverpool, aún tiene su sede en Hope Street, una zona del centro de la ciudad conocida por su ambiente bohemio. El edificio fue construido en 1837 como capilla y en 1912 pasó a ser un cine. Transformado en teatro en 1964, aquel espacio comunitario pronto fue reconocido por su talante innovador. El Everyman Theatre fue demolido en 2011 debido al mal estado en que se encontraba, y reabrió en 2014 tras ser completamente reconstruido. En 1970 Alan Dossor se había convertido en director artístico del teatro y apostó por una programación comprometida, buscando acercarse a “una audiencia joven, articulada y de clase trabajadora”. En el Edinburgh Fringe, un reconocido festival alternativo de artes escénicas, Dossor conoció al joven dramaturgo Willy Russel, un ex peluquero de señoras que se preparaba para convertirse en maestro. En enero de 1974 Dossor encargó a Russell, que siendo adolescente había visto actuar a los Beatles en The Cavern, una obra sobre ellos. Finalmente escribió y montó la obra en tan solo cuatro meses. Rusell reconocía que en aquella época la relación de los Beatles con Liverpool era muy diferente a la de ahora, cuando son uno de los principales activos de su ciudad natal. “Liverpool le había dado la espalda completamente a los Beatles, eran un grupo que se había separado, fin de la historia. En ese momento, no había idea de que alguna vez se convertirían en esta característica cultural masiva de la vida de Liverpool”, explicaba en 2006 en el libro Writing Liverpool: Essays and Interviews. No hay duda de que, en ese aspecto, Dossor fue un visionario y además eligió a un prometedor autor, que con los años escribió obras tan exitosas y recordadas como Educando a Rita, obra de teatro estrenada en 1980, adaptada al cine en 1983 y protagonizada por Michael Caine y Julie Walters, o Shirley Valentine, obra de teatro de 1986, estrenada en cine en 1989, donde fue protagonizada por Pauline Collins. John, Paul, George, Ringo… and Bert se representó en Liverpool durante ocho semanas con gran éxito de taquilla y reseñas positivas de la crítica. La gran acogida animó al productor teatral Michael Codron y a Robert Stigwood, empresario, productor y manager de los Bee Gees, a llevar el espectáculo a Londres. Se estrenó en el Lyric Theatre del West End el 15 de agosto de 1974, y estuvo en cartel durante un año. Tuvo además una buena acogida de la crítica y consiguió varios premios. En diciembre de 1974, obtuvo el premio al Mejor Musical de estreno en una encuesta entre varios críticos de teatro de Londres, realizada por la revista Plays and Players. En enero de 1975 ganó el premio Evening Standard al mejor musical de 1974.

Una obra de estas características tenía que crear, irremediablemente, polémica. Y llegó de la mano de George Harrison, el único Beatle que fue al teatro a verla. Hay informaciones contradictorias sobre cuándo vio George el musical, aunque hay quien lo fecha en octubre de 1974 en Londres. En una entrevista en el número de septiembre de 1975 de la revista Melody Maker se contaba que George había abandonado el teatro durante el intermedio de la obra. “No pudo soportar el dolor de verse a sí mismo durante los años de los Beatles, recreados de nuevo tan asombrosamente, preguntándose si el espectáculo era necesario. El primer Beatle en ver la obra había acudido persuadido por su íntimo amigo Derek Taylor”. El ex jefe de prensa de los Beatles, comentaba así el comportamiento de George: “Se le hizo muy duro verla y a mí se me hizo duro estar sentado a su lado. Fue un auténtico sufrimiento para él. No era de extrañar que no la disfrutara, después de todo, no se mostró muy entusiasmado con la historia de los Beatles mientras sucedía”. Según se cuenta, George pidió que retiraran del musical su canción “Here Comes The Sun”, que fue reemplazada por el tema de Lennon-McCartney “Good Day Sunshine”. Poniendo en contexto en qué momento se encontraba George, hay que recordar que Pattie Boyd acababa de abandonarle, se había marchado con Eric Clapton en julio de ese mismo año. La pérdida de su compañera se producía en uno de los momentos más desequilibrados de la vida de George, en medio de una profunda crisis espiritual, abusando de las drogas y el alcohol y con más trabajo del que podía acometer. George todavía recordaba con horror la obra cuando le preguntaron por ella en una extensa entrevista en la revista CREEM, publicada entre diciembre de 1987 y enero de 1988. En ella dedicó palabras muy duras a John, Paul, George, Ringo… and Bert: “(…) le dije [a Derek Taylor] que o nos marchábamos o saltaría hacia el escenario y estrangularía a esos tipos. Fue algo horrible. Todos esos idiotas actuando, como digo en “Devil’s Radio”, hablando de lo que no saben. Eran cotilleos, como una caricatura de los Beatles, tan inexacto que resultaba nauseabundo haber sido uno”, lamentaba.

Se cuenta que para el estreno John Lennon había enviado un mensaje grabado de buenos deseos dirigido “a Bert”, pero no volvió a mencionar la obra. Igual sucedió con Ringo Starr. A pesar de que la prensa de Liverpool afirmaba en agosto de 1974 que Paul McCartney había leído el guion de John, Paul, George, Ringo… and Bert y lo había aprobado, unos fragmentos de la obra que aparecieron posteriormente en la BBC le enfurecieron. Al parecer, la forma en que habían sido montados daba a entender que él era el causante de la ruptura de los Beatles. Parece que se la guardó y, cuando en abril de 1975 se anunció que Robert Stigwood produciría la adaptación cinematográfica de la obra, Paul lo bloqueó. Philip Norman afirma en su biografía de McCartney que Paul usó su influencia con Associated Television para impedir que el proyecto siguiera adelante. Stigwood perpetraría en 1978 aquel desatino protagonizado por los Bee Gees en la película Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, quien sabe si como venganza. Al menos hubo alguien cercano a la galaxia Beatle que no tuvo problemas con John, Paul, George, Ringo… and Bert. El hermano de Paul, Mike McCartney, afirmó que la obra valía la pena.

Cuando en 1975 la obra salió de gira por el país, el elenco cambió. La interpretación corrió entonces a cargo de Stephen Mackenna (John), George Panther (Ringo), Nigel Hughes (Paul) y Lloyd Johnston (George). Las canciones fueron interpretadas en aquella gira por Eileen Woodman, que había sido integrante de The She Trinity, un grupo pop de chicas activo durante la década de 1960. El papel de Bert recayó en alguien muy cercano a uno de los Beatles. Se trataba de Arthur Kelly, un amigo de infancia de George Harrison, con quien montó su primer grupo, The Rebels, y al que dedicó un homenaje en A Hard Day’s Night, en la escena en la que, tras ser preguntado por el nombre de su peinado, George respondía con un lacónico “Arthur”. Esa era la clase de bromas gamberras con las que tanto disfrutaba George y que incluso llegó más lejos. En diciembre de 1965 los cuatro Beatles hablaron para el Sunday Mirror con una entonces debutante Annie Nightingale sobre sus mejores amigos. George mencionó a Arthur Kelly, a quien conocía desde los doce años: “El resultado más divertido de mi amistad con Arthur es que la discoteca de Sybil Burton (primera esposa de Richard Burton) en Nueva York lleva su nombre, aunque ella no sabía el verdadero motivo en aquel momento”. George reconocía en la entrevista que los dos seguían siendo amigos. El propio Arthur contaría años más tarde que George le ayudó a encontrar trabajo como actor, pero el tiempo llevó a Arthur a distanciarse, finalmente incomodado por la enorme fama que había alcanzado su amigo. En una divertida pirueta del destino, el intérprete de Bert, aquel supuesto Beatle al expulsaban de la banda, pudo haber sido un Beatle en la vida real. Arthur contaba que conoció a Paul y John a través de George y salía con ellos en ocasiones. Según recordaba, George le ofreció que les acompañara a Hamburgo como bajista. Pero a los padres de Arthur no les pareció una buena idea y John Lennon animó a su amigo Stuart Sutcliffe a comprar un bajo con el dinero que había ganado tras vender uno de sus cuadros. El resto ya es historia de la música. Además de su interpretación de aquella especie de alter ego en John, Paul, George, Ringo… and Bert, Arthur Kelly ha tenido una larga, aunque discreta, carrera como actor.

Por si esto no fuera suficiente, también se editó un álbum con las canciones del musical, lanzado en 1974 por RSO Records, un sello discográfico fundado por el empresario del rock y de los musicales Robert Stigwood en 1973. La portada del disco fue diseñada por Antony Sher, un actor, escritor, pintor y director de teatro británico de origen sudafricano que tuvo relación en aquella época con el Everyman Theatre de Liverpool. Entre las canciones de los Beatles que aparecían en el disco, también interpretadas por Barbara Dickson, se encontraban “I Should Have Known Better”, “Your Mother Should Know”, “Penny Lane”, “The Long And Winding Road”, “Lucy In The Sky With Diamonds” o “Here Comes The Sun”, que sí salió en el disco aunque George Harrison la hubiera vetado en la obra de teatro.



*Fotos: Meet The Beatles For Real y Rubber Souls.

Entrevista a Conchi Moya, escritora y Alumni UCM

*Entrevista para la web de Alumini (Universidad Complutense de Madrid) 10 de mayo de 2021.
Conchi Moya (1971) es escritora y periodista. Licenciada en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.
En la década de 1990 participó en varios proyectos relacionados con radios libres, entre los que destaca la creación en 1997 de Radio Resistencia. Publicó su primera novela, Sin pedir permiso, en diciembre de 2015, donde narra la historia de un grupo de jóvenes con ganas de cambiar el mundo y dos pasiones en común: la música y el pequeño universo de la radio independiente.
Ha escrito otros libros con el Sahara Occidental como tema de fondo: Delicias saharauis, Las treinta y dos batallas de Aminetu Haidar y Los otros príncipes y el ensayo El porvenir del español en el Sahara Occidental junto al escritor saharaui Bahia Mahmud Awah.
El último de sus libros publicados fue Las acacias del éxodo, libro de relatos con una primera parte sobre el pasado dedicada a “la colonización española, cómo se vivía allí y cómo lo vivían los españoles y saharauis”; una segunda sobre la actualidad, “una paz que en realidad es violenta porque no tienen su tierra y están pasando por una situación muy complicada especialmente en territorio ocupado donde se producen muchas violaciones de derechos humanos”; y un cuento final sobre el futuro que, aunque “no se sabe que pasará”, la autora quiere concebirlo con esperanza de que “puedan alcanzar su objetivo” y los refugiados puedan volver a un Sáhara libre.
Acaba de publicar un nuevo libro: La luz interior de George Harrison con Sílex Ediciones.
¿Cuál ha sido tu formación en la UCM?
Me licencié en 1994 en Ciencias de la Información, en la rama que entonces se llamaba Imagen y Sonido.
¿Guardas un buen recuerdo de tu paso por la facultad? ¿Cómo definirías aquellos años?
Fueron unos años muy bonitos y me siento muy orgullosa de haber estudiado en una universidad pública. Pude estudiar la carrera que había elegido, hice seminarios muy interesantes, tuve ocasión de ver mucho cine en la facultad, estudiar asignaturas que me gustaban especialmente como literatura, estética o narrativa y disfrutar de los talleres de radio, mi auténtica vocación. La vida me ha llevado después por otros caminos, pero nunca me he arrepentido de haber estudiado lo que elegí.
¿Siempre tuviste vocación de periodista?
Nunca tuve una vocación clara, pero desde pequeña me apasionó la radio y ese fue el verdadero motivo por el que elegí estudiar Ciencias de la Información.
¿De dónde viene esa pasión por la escritura?
Mis padres nos inculcaron desde muy pequeños el amor por la lectura y siempre me ha fascinado que me cuenten historias. De ahí a escribirlas yo, sólo había un paso. Me alegro de haberme atrevido a dar ese paso.
Tus últimos libros tratan sobre el Sáhara Occidental y el pueblo saharaui… ¿Con qué te quedas de toda esa experiencia?
Conocí al pueblo saharaui en abril de 2000, en un viaje a los campamentos de refugiados en el sur de Argelia. Aquella experiencia resultó tremendamente impactante y emocionante para mí y desde entonces los saharauis están en mi vida. Tengo muchos amigos y familia saharaui y de alguna forma escribo sobre el Sahara por un compromiso personal con ellos y con su causa, que hice mía desde aquella primera visita. Espero que mis libros puedan poner un granito de arena para dar a conocer lo que les sucede, la enorme injusticia que padece el pueblo saharaui y en la que España tiene tanto que ver.
¿Otra de tus pasiones siempre ha sido la música?
Desde muy joven la música es fundamental en mi día a día, me levanta el ánimo y me da fuerzas, he encontrado a grandes amigos gracias a la música. Además es uno de mis temas preferidos para escribir. En todos mis trabajos, incluidos los relacionados con el Sahara Occidental, la música aparece de una manera u otra.
Ahora, ¿comienzas una nueva etapa como escritora con George Harrison?
No es mi primer libro relacionado con la música, pero La luz interior de George Harrison es mi primera biografía musical. No sé qué me deparará el futuro, aunque de momento regreso a la narrativa, estoy escribiendo una nueva novela. Tengo otra acabada en espera de edición y quiero publicar un relato ambientado en el Swinging London para el que estoy buscando ilustradora.
¿En qué te identificas con él?
Más que identificarme, me parece un personaje tremendamente inspirador para escribir. De George Harrison me atrae fundamentalmente su curiosidad sin límites o su atrevimiento para lanzarse a empresas alucinantes, como empezar a estudiar sitar cuando era uno de los guitarristas más famosos del mundo, poner dinero para La vida de Brian cuando se quedaron sin productor o salvar de la ruina Friar Park, la magnífica propiedad que compró en 1970 llena de bosques, jardines, lagos y misteriosas cuevas. También me resulta inspirador que no se conformara con ser un simple muchacho de Liverpool y luchara por conseguir su sueño pero sin traicionar su clase y sin renegar de sus orígenes. Y no hay que olvidar su sentido del compañerismo y la amistad, su espíritu compasivo y solidario con los que sufren y su proverbial modestia, que contribuyó a que de alguna manera sea un personaje muchas veces omitido en la historia de los Beatles
¿Por qué la canción “The Inner Light” te inspiró para escribir este libro?
En realidad el título, inspirado en esa preciosa canción de George Harrison, no lo decidí casi hasta el final. “The Inner Light” fue el tercer tema con instrumentación india compuesto por George para los Beatles. Grabó la música en Bombay durante la grabación de su primer disco en solitario “Wonderwall Music”, sólo un mes antes del famoso viaje a la India de los Beatles para meditar con el Maharishi. Es una canción muy importante por muchos motivos, supone los inicios de ese empoderamiento de George como compositor, que culminó en el último disco que grabaron los Beatles, “Abbey Road”. La luz tiene una gran presencia en la vida de George y a la vez muchas lecturas, empezando por la iluminación espiritual que persiguió durante toda su vida. Él a su vez dio mucha luz al mundo a través de su música y de sus obras. George también buscó la luz del sol en sus numerosos viajes a lo largo del mundo, huyendo de los helados inviernos de su infancia en Liverpool. Y su esposa Olivia contaba que el cuerpo de George desprendió luz en el momento de abandonar el mundo. La luz es un elemento recurrente a lo largo de todo el libro.
¿Cómo crees que podría influir este libro en la sociedad?
George Harrison es una de las personalidades más interesantes del siglo XX, junto a sus compañeros en los Beatles. Pero además George fue un ser muy especial por el mensaje que dejó en sus canciones. Fue un precursor en el ecologismo, organizó el primer concierto solidario de la historia, estuvo comprometido políticamente con diferentes causas, mantuvo conciencia de clase a pesar de su enorme fortuna, se comprometió profundamente con la espiritualidad y dejó constantes mensajes de amor, empatía y solidaridad, sin abandonar nunca un punzante sentido del humor. He reflejado todo ello en el libro y creo que el mensaje de George Harrison sigue siendo muy potente y actual.
¿Qué crees que George Harrison podría enseñarnos en esta nueva normalidad en la que vamos a tener que acostumbrarnos a vivir?
Si George hubiera vivido en estos tiempos de pandemia probablemente habría alzado la voz contra el insoportable aumento de la desigualdad, el abandono de las políticas sociales, el destrozo de lo público y del estado del bienestar, el racismo, el individualismo y la intolerancia que estamos viviendo. George fue muy crítico en su día contra las políticas antisociales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, antesala de lo que tenemos encima, y no dudo que habría usado su música para reivindicar un mensaje humanista. Sólo hay que ver la reacción de su esposa e hijo en el inicio de la pandemia al lanzar “The Inner Light Challenge”, una iniciativa en favor de varias organizaciones solidarias para paliar los terribles efectos de esta catástrofe.
¿Qué le dirías a los estudiantes que como a ti les gustaría vivir de lo que les apasiona?
A pesar de la difícil situación que atravesamos, les animaría a no dar la espalda a su vocación y a tener paciencia para recorrer el camino. Es una generación que no lo tiene nada fácil, una generación que por primera vez en muchas décadas probablemente va a vivir peor que sus padres.
Por último, ¿cómo ves el futuro del periodismo en España o en tu caso el panorama literario?
Soy optimista en lo que se refiere a la literatura. De la literatura es prácticamente imposible vivir, como por otra parte ha sucedido siempre en este país, pero al mismo tiempo nos resulta imprescindible a los que no entendemos la vida sin libros. El ser humano siempre querrá que le cuenten historias y la literatura seguirá existiendo, no tengo dudas. Se escribe y se publica mucho y espero que se lea lo que se compra. Sobre el presente del periodismo soy bastante más pesimista. Estamos en la época de la desinformación, los bulos interesados lanzados en muchas ocasiones por supuestos periodistas sin ningún escrúpulo. Los tentáculos del poder asfixian la libertad de información y la profesión atraviesa una gran precariedad. A pesar de todo, el periodismo es un elemento fundamental en democracia y me gustaría pensar que superaremos esta etapa y al periodismo le aguarda un futuro más prometedor.

“An Accidental Studio”. Las aventuras de George Harrison como productor de cine


Un artículo de #Hzlqdbs para MiCiudadReal.es
Los rendidos admiradores de George Harrison sabíamos de su faceta de productor de cine, no muy conocida para la mayoría del público. Deseosa de saber todo lo posible sobre mi ídolo, había leído sobre esta cuestión en la recomendable biografía “George Harrison: de Beatle a jardinero” de Javier Tarazona y Ricardo Gil Salinas y en el megadocumental “George Harrison: Living in the Material World” de Martin Scorsese, estrenado en 2011.
La entrada de George en el cine fue cuando menos curiosa y tuvo mucho que ver con su forma de entender la vida y la creación. Tras la separación del grupo más famoso de la historia, el beatle “tranquilo” (qué tramposas son las denominaciones, nada tenía George de tranquilo en realidad) disfrutaba de una exitosa carrera en solitario, en especial con sus primeros discos. Los siguientes fueron teniendo peor aceptación y George se dedicó a vivir la vida, cuidar el enorme jardín de su impresionante mansión Friar Park, a disfrutar de los coches y la velocidad y a seguir grabando a su ritmo y sin giras.
A George Harrison le gustaba trabajar en grupo y tenía una estrecha amistad con Eric Idle, uno de los miembros de los famosos Monty Python, lo más parecido a un grupo de rock entre los comediantes anglosajones. Le encantaba su humor y había colaborado con ellos en varias ocasiones. Por ejemplo para grabar el chiflado video de su canción “Crackerbox Palace”, del disco Thirty Three & 1/3. El video, rodado en Friar Park y estrenado en el programa Saturday Night Live en noviembre de 1976, fue dirigido por Eric Idle y cuenta con la actuación de otro de los miembros de la troupe de los Python, Neil Innes. George también colaboró con gran entusiasmo en un programa de televisión de Idle e Innes, The Rutles, sobre un grupo de rock parodia de los propios Beatles. Harrison llegó a aparecer en el programa y les asesoró en su trabajo. “Los Rutles me liberaron de los Beatles de alguna manera. Fue el único programa de los que se hicieron sobre los Beatles que vi. Fue en realidad el mejor, el más divertido y el más mordaz. Pero al mismo tiempo, fue el que se hizo con más amor”, afirmó George.
En 1978 “La vida de Brian” se cruzó en el camino de George y “la entrada de cine más cara de la historia” fue el detonante para la creación de HandMade Films, el estudio con el que George Harrison se convirtió en productor de cine de forma accidental. La proverbial aparición del beatle tuvo lugar cuando EMI, productora inglesa de cine que iba a financiar la película, decidió retirarse del proyecto a pesar de que parte del equipo se había trasladado ya a Túnez para comenzar el rodaje. Al presidente de EMI, Lord Delfont, le dio por leer el guion y calificó la película de “obscena y sacrílega”. George se enteró por su colega Eric Idle del aprieto en que se encontraba el grupo, así que decidió hipotecar su mansión para conseguir el dinero. “Simplemente quería ver la película”, confesaría después. Por suerte, “La vida de Brian”, dirigida por Terry Jones, se convertiría un éxito de taquilla y hoy en día es una película que se ha ganado un lugar destacado en la historia del cine.
Así comienza “An Accidental Studio”, el documental dirigido por Bill Jones, Kim Leggatt y Ben Tim­lett que cuenta la historia de HandMade Films, la productora creada por George junto con el abogado estadounidense Denis O´Brien para que sus amigos pudieran filmar la película que deseaban. Peter Sellers presentó a los futuros socios y O´Brien se convirtió en su asesor financiero en 1973. El documental incluye entrevistas con muchos de los directores e intérpretes que participaron en aquella aventura. Así, entre los miembros de Monty Python, podemos ver a Terry Gilliam, director de “La vida de Brian” y “Time Bandits” (“Los héroes del tiempo” en España), una peli de aventuras y fantasía estrenada en 1981 y que fue una de las apuestas de gran presupuesto de la productora; en “An Accidental Studio” Gilliam habla sobre su legendario mal carácter y cómo George le puso en su sitio con la letra de la canción “Dream Away” escrita para los títulos finales del film. También podemos escuchar testimonios de Eric Idle, compinche y amigo íntimo del beatle y “culpable” de la creación de la productora cuando contó a George el aprieto en el que estaban metidos con “La vida de Brian”, y de Michael Palin, protagonista de varios films de la productora y director de “El misionero”, una película de época estrenada en 1982 para la que Palin escribió también el guion.
George, amante del séptimo arte desde muy niño cuando devoraba películas en los espectaculares cines de posguerra en su ciudad natal, Liverpool, había entrado en el negocio animado por la posibilidad de financiar películas que otras productoras “no querían hacer”. En sus inicios en HandMade Films primó la creatividad por encima de la búsqueda de beneficios, consiguiendo durante un tiempo medirse de tú a tú con los grandes estudios británicos, EMI y RANK, ya entonces en retirada. Como se afirma en el documental “si repasas la industria cinematográfica inglesa de los años 80 y quitas las películas de HandMade Films apenas queda nada”. Harrison vio su productora como una manera de ayudar a sus adorados Monty Python y a la vez de ayudar a otros artistas, sin que primara el aspecto comercial. Tal vez una forma demasiado romántica de ver el negocio, pero así era George. Su satisfacción residió en ayudar y hacer felices a sus amigos desde su posición privilegiada, algo que siempre situó por delante de dinero, negocios, fama o poder.
Destaca la variedad de temáticas que se abordaron en las películas producidas por HandMade Films, desde comedia, a cine de aventuras, de época o cine negro. Algunos de estos títulos se han convertido con el tiempo en películas de culto. Es el caso de “El largo viernes santo” (1980) de John Mckenzie, una aproximación a las películas clásicas americanas de gánsters pero a la inglesa y con terroristas del IRA, protagonizada por Bob Hoskins y  Helen Mirren; la espléndida “Mona Lisa” (1986), un thriller dirigido por Neil Jordan, con Bob Hoskins, Michael Caine y Cathy Tyson, éxito de público y crítica que sirvió a Bob Hoskins para lanzar su carrera en EEUU; o la comedia negra de culto “Withnail y yo” (1987) de Bruce Robinson, en cuyo rodaje se pusieron de manifiesto las injerencias de Denis O´Brien en el proceso creativo, a pesar de ser abogado y no tener experiencia artística. Pese al buen rollo y las ganas que puso George en un proyecto que le divertía y le apasionaba, se topó de nuevo con la figura del hombre de negocios que venía a perturbar lo que pretendía ser un paraíso creativo. George acabaría demandando en 1995 a su socio Denis O´Brien por varios millones de libras. Lo peor de todo fue sentirse traicionado por alguien a quien había considerado un amigo y en quien había confiado.
Sin embargo, en HandMade Films no siempre primó el aspecto artístico. Algunas películas parecen más un divertimento. Es el caso de “Loca juerga tropical” (“Water” en inglés), protagonizada por Michael Caine y una alocada Brenda Baccaro con un extraño acento nicaragüense, inspirado en una de sus asistentas según explica la propia actriz en el documental. La película, una sátira sobre un diplomático británico en una isla caribeña en la que se descubre un manantial de agua, se queda a mitad de todo, no tuvo éxito comercial ni de crítica. Como curiosidad al final de la película aparece la banda inventada The Singing Rebels integrada por George Harrison, Ringo Starr, Jon Lord de Deep Purple y Eric Clapton, interpretando la canción “Freedom”.
Como consecuencia de la ambición de O’Brien, HandMade Films se trasladó a Hollywood, con la aspiración de hacer películas con mayor presupuesto y con estrellas, algo que no tenía nada que ver con el propósito con que el estudio fue creado. Harrison dejó hacer a su socio, a pesar de que no estaba de acuerdo con el rumbo que estaba tomando su proyecto. Así llegó “Shanghai Surprise”, la gran apuesta hollywoodiense de Denis O´Brien. La película, ambientada en el Shanghai de los años 30 con ligero toque de misterio e historia de amores reñidos, estuvo protagonizada por la ya entonces megaestrella Madonna, y su recién estrenado esposo, el visceral Sean Penn. El rodaje fue un despropósito y el resultado un desastre. Aquello estresó a George, que de nuevo veía cómo lo bonito y lo divertido de la creación se estropeaba por el tema monetario. Tuvo que viajar a Hong Kong, donde se estaba rodando, para poner paz. En el documental podemos ver imágenes de la movida rueda de prensa que ofreció con Madonna en Londres a mitad del rodaje. George se implicó aún más, haciendo un breve cameo como director de orquesta y componiendo varias canciones para la banda sonora, destacando la preciosa “Someplace else”, una delicada balada de esas que bordaba George; al menos la película sirvió para algo bueno.
El conocido percusionista Ry Cooper fue otro de los integrantes de HandMade Films. Destacado músico acompañante de todos los grandes de la época, trabajó en estudio y en directo con luminarias como Rolling Stones, The Who, George Harrison, The Kinks, Eric Clapton, Elton John y un largo etcétera. Desempeñó el cargo de director creativo de HandMade Films de la mano de George, quien le pidió que fuera él (George) dentro del estudio. Cooper resultó ser además un gran lector de guiones, se le daba muy bien escuchar y solucionar problemas y medió en numerosas ocasiones entre George y su socio.
“An accidental studio” es un documental convencional en su estructura pero muy interesante para los fans de George Harrison. Dispone de mucho y muy jugoso material de archivo, incluidas divertidas declaraciones del propio George quien, dentro de su modestia y su buen humor habituales, quitaba importancia a muchos de los logros conseguidos con las películas que producía.
George aguantaría en la compañía hasta 1994, año en que fue vendida a Paragon Entertainment. Tenía un nuevo sueño creativo, formar parte de nuevo de un grupo que le gustaba. Desde 1988 era integrante de los Travelling Willburys, supergrupo formado con Bob Dylan, Jeff Lynne, Roy Orbison y Tom Petty, junto con el batería Jim Keltner. Los disgustos de HandMade Films eran más llevaderos así.
“An accidental studio” me ha servido para reiterarme en mi pasión por ese personaje maravilloso que fue George Harrison. Formó parte de un grupo mítico y de referencia para cualquiera que ame la música y fue autor de canciones grandiosas y además fue un aclamado productor de cine. Sin embargo, todos sus logros no le convirtieron en un ser vanidoso o engreído. Mantuvo su pasión por el aspecto artístico por encima del negocio, practicó una aconsejable y nada fácil ausencia de vanidad y prefirió siempre la amistad y el trabajo en grupo por encima de cualquier otra consideración.



Homenaje al Concierto por Bangladesh, una noche iluminada por el espíritu de George Harrison


El verano de 1971 George Harrison reunía a un buen puñado de amigos para celebrar un concierto en ayuda a la población de Bangladesh. Aquellas míticas actuaciones se reunieron en un disco y una película y fueron de alguna forma inspiración para otros festivales benéficos que vinieron después. Cuarenta y siete años más tarde (justo los que yo tengo) una treintena de músicos españoles bajo la batuta del músico Jokin Salaverria, celebran la música de George Harrison, nuestro Sweet Lord, en un homenaje a aquel Concierto por Bangladesh, y cuyos beneficios se han donado al Banco de Alimentos. Porque por desgracia en el mundo sigue habiendo desigualdades y causas justas por las que pelear. Por mi parte albergaba un cierto miedo por cuál sería mi reacción al escuchar esos temas míticos en la voz e interpretación de otros músicos, pero me parecía necesario apoyar la idea, así que nos embarcamos en la historia con mucho gusto.
Llegamos con tiempo a la madrileña Sala BUT, donde había ya una pequeña cola en la puerta de entrada. Pronto accedimos ordenadamente y nos encontramos con el escenario montado y una proyección del cartel del mítico concierto celebrado en el Madison Square Garden de Nueva York. Con apenas tiempo de tomar una cerveza y mientras el público seguía accediendo a la sala, dio comienzo el concierto. La idea era tocar por orden todos los temas incluidos en el disco que recoge actuaciones de los dos conciertos que se ofrecieron entonces. Y así se dio paso a la introducción con música hindú, tal y como se hizo entonces. Tras ser presentados y pedirnos un respetuoso silencio para esta música “introspectiva”, los músicos Gorka Huarte y Ander Cisneros se hicieron cargo de la tabla y el sitar.
La música india tiene mucho que ver con este concierto. El músico Ravi Shankar habló a su amigo George Harrison de la catástrofe humanitaria y la terrible hambruna que azotaban Bangladesh, territorio separado de Pakistán en aquel año 1971. Para recaudar fondos le propuso celebrar un macro concierto y Harrison lo tuvo organizado en apenas un mes. Según parece, la fecha del 1 de agosto de 1971 fue elegida por tratarse del único día en que estaba disponible el Madison Square Garden. Los músicos contaron con apenas una semana para realizar las pruebas de sonido. En la película grabada sobre el concierto se puede escuchar a un reportero preguntar a Harrison: “Con todos los problemas que hay en el mundo, ¿cómo ha escogido éste?”. Su respuesta fue simplemente: “Porque fui invitado por un amigo para ver si podía ayudar, eso es todo”. Ravi Shankar y Ali Akbar Khan fueron los primeros en tocar y su programa consistió en un recital de música india, el llamado Bangla Dum.
Finalizada la introducción del concierto, el bajista vasco Jokin Salaverria, organizador y alma de este homenaje que ya se celebró hace dos años en Bilbao, daba paso a buena parte de los músicos que intervendrían en el concierto. A esas alturas la sala ya se había llenado y habíamos empezado a intuir que se avecinaba algo muy grande. Además de dos teclados cubiertos de telas psicodélicas y situados a cada extremo del escenario, al frente de uno de ellos el pianista y organista Rami Jaffee (Foo Fighters, Wallflowers), pudimos contar varias guitarras eléctricas y acústicas, una sección de viento, dos baterías y un coro. Y así dio comienzo un grandioso “Wah-Wah” con Martí Perarnau de Mucho a la voz. En las imágenes que han quedado para la historia es interpretada por un George Harrison vestido de traje blanco y camisa naranja, con barba y pelo largo, en lo que fue su momento de mayor popularidad tras el tremendo éxito de su triple disco en solitario “All things must pass”. No es habitual escuchar actualmente en vivo tal despliegue de músicos e instrumentos, la primera canción nos dejó anonadados. Le siguieron, insisto que siguiendo el riguroso orden del disco, “My Sweet Lord”, de nuevo con la voz de Martí y “Awaiting on You All”, interpretado por Germán Salto, dos espirituales temas de mi beatle preferido.
Toño López, vocalista de The Soul Jackets, hizo una potente interpretación del “That's the Way God Planned It” de Billy Preston, el teclista al que George invitó a tocar durante las tensas grabaciones de lo que luego sería el Let it be, último disco oficial de la carrera de los Beatles. Cuenta la historia que la presencia de Preston ayudó a mejorar el explosivo ambiente que rodeaba a los músicos de Liverpool en sus últimos tiempos juntos. Toño cantó con enorme garra y desde donde nosotros estábamos situados le encontramos gran parecido con el joven Joe Cocker de Woodstock. Magnífico.
El músico estadounidense Chris Stills, hijo del legendario Stephen Stills, se encargó de la versión de “It Don't Come Easy”, canción compuesta por George para su compañero y amigo Ringo Starr. El batería fue el único beatle que participó en el concierto, todavía las heridas de la amarga ruptura del grupo estaban demasiado frescas. John Lennon estaba de acuerdo en participar pero sólo en el caso de que se invitara formalmente a actuar a Yoko Ono, cosa que no sucedió. Paul McCartney, por su parte, se excusó afirmando que aún era demasiado pronto para una reunión de los Beatles. La canción, editada en abril de 1971, fue uno de los grandes éxitos de Ringo. Hay también una versión demo de George, que a mí personalmente me gusta mucho. Harrison intervino en la grabación de este tema para el disco “Beaucoups of Blues”, tocando la guitarra.
Le siguieron dos canciones insignia de George, la preciosa “Beware of Darkness” de su primer disco en solitario y, en la voz del cantante y guitarrista castellonense Junior Mackenzie, la mítica “While My Guitar Gently Weeps”, que compuso para el “Álbum Blanco” de los Beatles, una de sus canciones más conocidas, valoradas y versionadas. Para su grabación invitó a participar a su amigo Eric Clapton, en lo que fue la primera colaboración de un músico de rock en un álbum de los Beatles. Volviendo al concierto de 1971 la presencia de Eric Clapton fue un empeño personal de Harrison, como forma de ayudar a su amigo que pasaba un momento muy delicado por su adicción a la heroína. Su presencia estuvo en la cuerda floja hasta poco antes del concierto y supuso la primera vez que Clapton tocaba en público desde que abandonó cinco meses atrás la gira con Derek and the Dominos.
Comenzaba entonces uno de los momentos más energéticos del concierto, con la presencia del gran Miguel Pardo de Sex Museum, que cantó con garra y carisma “Jumpin' Jack Flash” de los Rolling Stones y “Youngblood” de The Coasters, interpretados en su momento por Leo Russell, músico estadounidense de larga melena rubia, muy popular en aquella época.
Dando paso a una parte más acústica comenzaron los temas de Bob Dylan, amigo íntimo de George y con quien formaría parte en los 90 de los míticos Traveling Wilburys. Llegaba así un momento de gran emoción para parte del público presente, de todas las edades debo decir. Guardo la imagen de una señora encaramada en uno de los asientos cantando con los ojos cerrados todas las canciones de Dylan. Las versiones corrieron esta vez a cargo de José María Guzmán, integrante de Cadillac y de los históricos Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, el cantautor Iñigo Coppel y el estadounidense Jonny Kaplan, líder de los Lazy Stars, quienes se encargaron de emular al gran Bob Dylan en temas como “A Hard Rain's A-Gonna Fall”, “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry”, “Blowin' in the Wind”, “Mr. Tambourine Man” y “Just Like a Woman”. Los tres estuvieron acompañados a la guitarra por Julián Kanevski (Tequila, Calamaro). La intervención de Dylan en el Concert for Bangladesh supuso su primera actuación desde el Festival de Wigth de 1969.
Los preciosos temas y la pasión puesta en las espléndidas interpretaciones, junto con las imágenes proyectadas de fotos del mítico concierto y un Jokin Salaverria cuya imagen recuerda al George Harrison de aquella época, habían disparado ya nuestra emoción. Aurora García, de Aurora & The Betrayers, que realizó toda la noche un maravilloso trabajo vocal acompañando en los coros, se encargó de una poderosa versión soul de “Something”, una de las más hermosas canciones de amor de todos los tiempos. Una auténtica belleza que ya dolía, en especial en la parte instrumental, al recrearse el solo de guitarra de la canción, a cargo de Javier Rubio. Precioso. Y ya para finalizar los temas del disco, Toño López volvió al escenario para interpretar “Bangladesh”, “Where so many people are dying fast/ And it sure looks like a mess / I've never seen such distress”, el tema compuesto por Harrison y lanzado aquel verano de 1971 como forma de recaudar fondos para los refugiados de aquel país. Una interpretación de enorme nivel vocal la de Toño, que puso un brillante broche al concierto.
Un vez terminados los temas del disco, llegaba el momento de los bises, donde se interpretaron otras canciones compuestas por George Harrison tanto de su etapa beatle, “If I needed someone”, como de su etapa en solitario. Así Sara Iñíguez, cantante de Rubia, en los coros durante gran parte del concierto, interpretó la magnífica “What Is Life”, o Nina de Juan, del grupo Morgan, cantó la preciosa “Give Me Love (Give Me Peace On Earth)”, del segundo álbum en solitario de George Harrison.
Otros músicos que estuvieron en aquel Concierto por Bangladesh de 1971 fueron Klaus Voormann, al bajo, amigo de los Beatles de su época en Hamburgo y autor de la portada de “Revolver”; el batería y percusionista Jim Keltner, que trabajó en discos en solitario de varios beatles y dos décadas más tardes participó en los discos de los Traveling Wilburys; además contaron con una sección de vientos conducida por Jim Horn, Carl Radle, Jesse Ed Davis, Don Preston y un coro dirigido por Don Nix. Del concierto madrileño también debemos nombrar a Iñigo Bregel, Jorge Martínez o el batería Roberto Lozano 'Loza' (Los Coronas, Sex Museum y Corizonas)
El concierto homenaje, aprobado y legitimado por la familia Harrison y destinado al Banco de Alimentos de Madrid, finalizaba con una nueva versión de “Wah-Wah”, ya con todos los participantes y que nosotros vimos desde el lateral del escenario.
Aquel agosto de 1971 me faltaban justo dos meses para nacer. En cualquier caso estar en un concierto como aquel habría sido algo así como ciencia ficción. La de la noche del 1 de diciembre ha resultado una de las experiencias musicales más increíbles, emocionantes y exuberantes que hemos tenido la suerte de presenciar. Unos músicos de enorme nivel y en estado de gracia, inspirados por el espíritu del gran George, que sin duda nos acompañó. Yo así lo sentí en algunos momentos. Gracias por la música.