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Otra noche con MadPunk. “In Memory Fest IV + Sangre Salvaje - Los Kultura


A poco que me esmere MadPunk va a igualar a Crudo Pimento en el ranking de artistas que he visto más veces en directo. El sábado 18 de enero la banda madrileña participaba en un concierto de apoyo a Pro Activa Open Arms, junto con Sangre Salvaje y Los Kultura; las circunstancias me impidieron ver sus actuaciones. El concierto y el motivo bien merecían que nos acercáramos hasta la Sala YA’STA para pasar otra noche con MadPunk.
La banda madrileña ofreció una actuación arrolladora, en la que sonaron con su fuerza habitual, disfrutando sobre el escenario y haciendo disfrutar a un público que no paraba de bailar y de corear sus clásicos indiscutibles, pero también sus temas nuevos. Sin duda pueden sentirse orgullosos de no ser un grupo instalado en la nostalgia; junto a su espectacular legado ofrecen nuevas y espléndidas canciones. Porque MadPunk es un grupo con entidad propia. Aun así no está de más recordar que la banda reúne repertorio y componentes de tres míticos grupos del punk madrileño de los ochenta: Larsen, TDK y Espasmódicos. MadPunk está compuesto por Monje (primer cantante de Larsen) más J. Siemens (una verdadera leyenda del punk, como le definió anoche Monje) y Manuel Pilarte “Magüu”, respectivamente guitarrista y batería de Espasmódicos y más tarde de TDK. A ellos se unen los estupendos Esteban Palazuelos a la guitarra y Héctor Lukas al bajo.
La banda abrió el concierto con una de sus novedades, “MadPunk”, la canción que les presenta de Madrid al mundo. A partir de ahí ofrecieron un apretado repertorio que incluyó el resto de temas de su EP sacado hace unos meses. “No creo”, el tema más largo de este trabajo, es una canción rabiosamente nihilista pero al mismo tiempo tiene una letra cautivadora y con un ácido sentido del humor; no creen en religión, en filosofía, en el amor ni en los grandes mitos del punk pero por encima de todo no creen en sí mismos. “Demasiado enfermo para morir”, de nuevo una gran letra que alude a esos jóvenes eternos, conservados poco menos que en formol que siguen dando mucha guerra. “Poseso”, una canción tremendamente narrativa que la convierte en una suerte de película de posesiones y exorcismos, con un estribillo que encantaría a la Audiencia Nacional. El trabajo termina con “Zombies dictadores”, feroz tema en contra de cualquier autoridad que acaba convirtiéndose casi irremediablemente en despótica en lo que es el tema más político de este trabajo. Todos los temas de este 10” tienen unas letras magníficas y cuentan con la veteranía de unos músicos que se las saben todas, más el plus de energía que muestra el gran estado de forma en que se encuentran.
Además de tocar el EP completo, ofrecieron otras dos canciones nuevas, “Feliz” y “Apagas tu motor”, la continuación de una de mis canciones favoritas de Espasmódicos, “Enciendes tu motor”. En esta divertida curiosidad el protagonista aparece en el infierno tras haberse estampado con la moto en la otra canción y… mejor escuchadla en cualquier concierto de MadPunk al que podáis asistir; la canción no está por el momento grabada en estudio pero adelanto que se trata de un buen plan para la eternidad.
Del repertorio clásico, la banda ofreció a toda tralla auténticas joyas como “Vomitas sangre” (Larsen), una canción perfecta para comenzar la jornada laboral (probadlo), además de “Serafín” (Espasmódicos), “Días de destrucción” (Espasmódicos), “Noche de destrucción en Rock-Ola” (Larsen), “Tía, vete a cagar” (Espasmódicos), “Interrogatorio” (TDK), “El Payaso”(Larsen), “Maleta para Moscú” (TDK), “Nacido de la pota de un punk” (Larsen), “Frontera francesa” (Larsen) o “La farmacia de mi barrio” (TDK), con la que cerraron el concierto y que contó con un espontáneo que se subió para cantar un trozo de canción con Monje. Me chivan que es un miembro del grupo de Zaragoza “Animales muertos”.
Por si el concierto en la sala YA’STA no contaba con bastantes alicientes, Manuel Pilarte, miembro fundador de aquellos TDK y estos MadPunk, recordaba anoche que treinta y cinco años atrás TDK tocaron en la sala. Fue en 1985, el año en que abrió este “templo de la Movida” que todavía resiste; situado entre la Gran Vía y el barrio de Chueca un espectacular mural decora su fachada. Maguu recordaba anoche el concierto de 1985 con su padre y su tío situados en la parte de atrás de la sala.
Otra noche inolvidable con MadPunk.

MadPunk, edición limitada en tres formatos:
*CD
*Vinilo 10" negro + CD
*Vinilo 10" de color rojo + CD (éste último no disponible en tiendas)

The Psychedelic Furs + David J. en Madrid. Un concierto “imperial” y muy deseado


Hay ocasiones en que una banda largamente esperada llega a tu ciudad, la dejas pasar y te arrepientes desde el primer momento de no haber ido a verla. Lo normal es esperar, veinte años tuve yo que esperar a 091, o perderlos para siempre. El año pasado no me decidí a ver a The Psychedelic Furs y me supo fatal. Pero a veces la suerte se pone de tu parte. Apenas ha transcurrido un año y hemos vuelto a tenerles en Madrid.
Me cuentan que el grupo dio una serie de conciertos inolvidables en la mítica Rock-Ola, tres noches consecutivas en junio de 1984. Repitieron en febrero de 1986 en el Pabellón de Deportes del Real Madrid. En ambas visitas su último disco publicado era “Mirror Moves” (1984), aunque en la de 1986 se acababa de estrenar la conocida película “La chica de rosa” que catapultó a la fama a Molly Ringwald y a la canción «Pretty in Pink». El tema se había publicado originalmente en 1981 dentro de su segundo disco, “Talk Talk Talk”, pero su revisitación cinematográfica les colocó en las listas de éxitos de medio mundo. Por aquella época los conocí yo, aunque muy por encima.
Y por fin llegó la noche del domingo 20 de octubre en la sala Kapital en Atocha. Me gustó el local, de amplio y teatral escenario, situado a buena altura para poder divisar bien al tan esperado grupo londinense, liderado por los hermanos Butler y catalogado desde sus inicios en esa atractiva etiqueta del post-punk, aunque en su caso con más que evidentes toques pop. Para añadir más atractivo a la noche, el concierto lo abrió David J., integrante de Bauhaus y Love and Rockets, al que pudimos ver en noviembre del año pasado junto a Peter Murphy en un concierto para mí absolutamente inolvidable.
David J., amable y conversador, ofreció un concierto casi acústico con temas de su nuevo disco “Missive to an angel from the halls of infamy and allure” (2019). David J. se encargó de la guitarra, acompañado de un teclista y una violinista. Coincidimos en que era un concierto que habríamos visto mejor sentados pero que nos llenó de emoción y algún que otro escalofrío. En especial durante su homenaje a David Bowie, que sonó en la parte final del concierto, en el que una onírica iluminación en tonos bronce y dorado envolvía a David J. Su interpretación, con mirada hacia el cielo de la sala, de «The Day That David Bowie Died» casi nos hizo volar. Where were you the day that David Bowie died? Otro gran momento fue la interpretación desnuda de la eléctrica «The Dog-End Of A Day Gone By» de Love and Rockets, banda maravillosa que me encantaría ver en directo.
Y tras unos minutos de espera aparecieron ellos, The Psychedelic Furs, divinos representantes de una época de oro a inicios de los ochenta. Banda fundada en 1977, cuya música fue calificada por algún crítico musical como “hermoso caos”. Comenzaron con tres temas redondos: «Dumb Waiters», «Mr. Jones» y «Love My Way», con un público entregado desde las primeras notas, rendido y deseoso de bailar y corear todos los temas. Para entonces yo ya había echado un rápido vistazo al atuendo de la banda, que esas cosas me pierden. Elegancia es una palabra que les califica, en cuanto a música, actitud y, por supuesto, ropa. Vestidos predominantemente de negro, con la excepción de la chaqueta granate del bajista Tim Butler, miembro fundador de la banda y hermano del mítico Richard Butler. El cantante apareció vestido de negro con una camisa con pequeños lunares blancos (¿o eran estrellas?) y ribetes blancos en el cuello de solapa, además de chaleco y chaqueta que pronto se quitó. Espectacular.
Y es que Richard Butler es miembro de esa divina trinidad formada además por el David Bowie de los ochenta (qué presente estuvo en la sala) y Peter Murphy de Bauhaus; cantantes de belleza equívoca, fascinante elegancia y voces muy personales. El bello Butler no sólo conserva un aspecto envidiable, su voz se mantiene prácticamente igual, dúctil, sensualmente ronca y arrebatadora, “uno de los crujidos más sexis del pop-rock” me dice Marisol Galdón en Twitter. Sigue interpretando con absoluta solvencia y pasión los grandes temas de la banda, que son los que sonaron en un concierto prácticamente calcado, según me cuentan, al de hace un año.
Para entonces The Psychedelic Furs seguían desgranando, sin apenas respiro gracias a su magnífico estado de forma, temas indiscutibles como «The Ghost in You», «Like a Stranger», «Sister Europe», «Heaven», «All That Money Wants», o «Into You Like a Train», auténticas preciosidades. Tras «The Boy Invented Rock & Roll», una nueva canción que están estrenando en esta gira, llegó mi adorada «Pretty in pink», un tema que me hace celebrar los días que me visto de rosa (cada vez más habituales). En este concierto yo vestía una camiseta rosa con el dibujo que hizo Syd Barrett para el single de Pink Floyd «See Emily play». Y, lo que son las cosas, a ratos me pareció ver en el escenario a alguien con un punto a Barrett, en este caso el guitarrista Rich Good. Ya para finalizar quedaban dos de mis temas preferidos, «Sleep Comes Down», un prodigio de elegancia, ensoñación y buen gusto con toques de psicodelia. Y el único bis de la noche «India», magnífico tema de su álbum de debut.
Del grupo original sólo se mantienen los hermanos Butler, Richard y Tim, que sigue tocando el bajo con helada elegancia de nuevo romántico. Ya no está con ellos el guitarrista John Ashton, reclutado para el primer disco, y que se quedó con los hermanos Butler cuando la banda se convirtió en trío. Su nombre quedó asociado a los Furs y le han recuperado en alguno de sus regresos a la carretera. La hemeroteca recuerda a un Ashton pasado de vueltas en alguna de las actuaciones del Rock-Ola. En la actualidad acompañan a los hermanos Butler el batería Paul Garisto, Rich Good a la guitarra (no he podido encontrar el nombre del otro guitarrista), Amanda Kramer a los teclados y Mars Williams, que realiza un espectacular trabajo con el saxo
En estos momentos de revisitar a The Psychedelic Furs veo el concierto que programó en RTVE La Edad de Oro un 1 de enero de hace 34 años, con un Richard Butler tan parecido al de la noche del domingo que casi da escalofríos. Pelo rubio cardado, vestido de negro con anchas prendas de corte ochentero, delgado, pálido y con gafas oscuras frente a un Richard Butler de sesenta y tres años, en espléndida forma, pelo ligeramente cardado y ahora blanco, la misma palidez y las mismas gafas oscuras, repitiendo gestos de cordialidad con sus músicos y con el público. Por algunos parece no pasar el tiempo.
En definitiva, un concierto magnífico. Con un repertorio tan brillante como el suyo, sólo queda ponerle entusiasmo para que sea “imperial”, como dice mi compa de concierto. Entusiasmo y buen hacer lo pusieron a raudales la noche del domingo nuestros adorados “Furs”.
Y como siempre, infinitas gracias por descubrimientos y compañía.
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The Psychedelic Furs + David J. Teatro Kapital, Madrid. Domingo, 20 de octubre de 2019
Dumb Waiters - Mr. Jones - Love My Way - There's a World Outside - The Ghost in You - Like a Stranger - Sister Europe – Heaven - All That Money Wants - Into You Like a Train - The Boy That Invented Rock & Roll - Pretty in Pink - President Gas - Sleep Comes Down - Heartbreak Beat – India.



The Movement en concierto. Sencillez y orgullo de clase para un directo imprescindible


Ofrecer un magnífico concierto no consiste sólo en cantar o tocar con pericia. Actuar también es actitud. Y eso es algo que me chifla. La energía y la forma de plantarse en directo de los Clash, Pete Townshend haciendo el molinillo con la guitarra o lanzándose de rodillas a lo largo del escenario, la elegancia de los Jam, son gestos que han quedado prendidos en las retinas de muchos de los que nos consideramos locos por la música.
Herederos de esa forma de entender los directos son The Movement, banda formada en Dinamarca en el año 2000. Su líder, que se ha mantenido al frente del trío a lo largo de todos estos años, es Lukas Sherfey, guitarrista y cantante de voz grave y peculiar. En 2007 disolvió la banda para comenzar su carrera en solitario con el disco “Soul Vacation” de 2009. En 2010 volvieron a la carga con nueva formación, publicando en 2012 el fantástico “Fools Like You”. En la actualidad, y tras nuevos cambios de componentes, el grupo lo forman Lukas, Sebastian Page, bajista desde 2014, y Alexander Page, batería desde 2017.
We got love, we got hope, we got Marx (We Got Marx), Let`s globalize your hate (More products), We need to organize And put our words in action We need to go on this way (Monday Morning), This world belong to us (Put The Lights On). Si algo caracteriza a esta banda danesa son sus canciones energéticas y llenas de consignas de izquierda, sobre el orgullo y la conciencia de clase, llamadas a la revolución y a despertar, en las que intercalan discursos de Fidel Castro o Hugo Chávez, además de algún que otro tema de (des)amor.
Sus canciones molan, pero si no los habéis visto en concierto os falta lo mejor. Ya me advirtieron que la banda, que se ha dejado caer varias veces por España, tiene uno de los mejores directos que se pueden ver en la actualidad, aunque no sean en absoluto una banda de éxito masivo. Me había perdido sus conciertos en sala, en Madrid suelen recalar en el Gruta 77, así que no podía faltar a su actuación en la Fiesta del PCE, celebrada este año en Rivas.
Los conciertos de The Movement son cortos porque es imposible mantener esa intensidad durante una hora. Pero merecen la pena todos y cada uno de los segundos que permanecen en el escenario. Los daneses ofrecen un baño de pura adrenalina con una puesta en escena sencilla y contundente. Como el elegante grupo mod que son, se presentan ataviados con traje impecable, camisa de rayas y corbata. En el escenario se acompañan de una icónica imagen de Ché Guevara y el logo de la banda que incluye el característico vector que también usaron The Who. Sin una escenografía especial ni ninguna clase de artificios, los tres se bastan para montar un bochinche impresionante.
Cuando vi aparecer al bajista en el escenario con unas gruesas rodilleras cosidas en sus sobrios pantalones oscuros intuí que nos iba a deleitar con algún que otro pase extremo. Sin embargo, no podía imaginar el recital de estilo que nos iba a ofrecer la banda. Lo que decía al inicio, pura actitud. La forma de coger y mover guitarra y bajo, el bajista lanzándose de rodillas a lo Townshend, el bajista subido en la batería y saltando abierto de piernas en el aire, el bajista (sí, tremendo) girando y enrollándose alrededor del cable del bajo, las coreografías entre Lukas y (sí, de nuevo) el bajista y su completa compenetración en el escenario convierten a The Movement en un grupo con un directo imprescindible. Sonaron, sin darnos tiempo ni para tomar aliento, temas como “Karl Marx”, “Put the lights on”, “We got Marx”, “Fools like you” o “More products”.
El sábado pensaba, mientras disfrutaba y me pasmaba con The Movement, la diferente forma de entender la música que tienen los daneses frente al grupo que había actuado con anterioridad. Su deslumbrante sencillez frente a una cantidad apabullante de músicos e instrumentos, continuas proyecciones de imágenes e incluso llamaradas de fuego. Y también pensé en la diferencia entre mi solitario concierto de la noche anterior de los magníficos Then Comes Silence, a estar viendo a The Movement rodeada de gente a la que tanto aprecio.
Y, de verdad, perderse a The Movement en directo no puede volver a ser en ningún caso una opción.

Concierto Ellas por el Sahara para apoyar a los medios de comunicación saharauis



(Fotos: Jalil Mohamed, Bahia Awah y Miguel Paubel) Escribo una crónica de urgencia y llena de emoción por lo vivido anoche en La Riviera. El concierto Ellas por el Sahara, continuación del que en octubre de 2017 ofrecieron Rozalén, Aziza Brahim y Amparanoia, reunió a cinco destacadas cantantes en apoyo a la iniciativa solidaria “Un micro para el Sahara”. Con una sala que rozaba el lleno Suilma Aali, Carmen Boza, Rocío Márquez, Amparanoia y Rozalén nos hicieron pasar una noche deliciosa y ayudaron a recaudar fondos para los medios de comunicación saharauis.
Con su inseparable guitarra acústica y acompañada de un guitarrista y el percusionista Nico Roca, abrió la noche la cantante saharaui-hispana Suilma Aali, una intérprete de espléndida voz y presencia, que tiene varios discos en su haber, el último a punto de ver la luz lleva el título de “Flor amarilla”. Suilma interpretó los temas “Amor tóxico”, “Las chicas del río”, “A lo ancho del mundo” y “Flor amarilla”. Coreamos con gran emoción su precioso tema “Coria y el mar”, canción compuesta por Suilma para la película documental del mismo título. También tuvo un recuerdo para nuestra inolvidable Mariem Hassan, cantando unas estrofas de “Ana saharauia”, soy saharaui, en una noche en la que todas hemos sido saharauis. 
Carmen Boza salió al escenario tan solo (y no es poco) armada con su guitarra eléctrica. Su forma de tocar y de moverse me recuerda gratamente a una de mis artistas favoritas desde mi juventud, Ani DiFranco. Virginia Díaz de Radio3, presentadora del evento, nos recordó que con su último disco, “Caja Negra”, Carmen está consiguiendo un merecido éxito. Me quedo con una de sus canciones, que nos invitó a corear, “Gran Hermano”: El gran hermano me está mirando y está velando por mí
Mi familia murciana me descubrió a Rocío Márquez hace unos años en un concierto de la cantaora onubense junto al Niño de Elche en Teatro Circo Murcia. Ganadora en 2008 de la Lámpara Minera del prestigioso Festival del Cante de Las Minas, Rocío canta desde niña, tiene seis discos y es una de las voces más reconocidas, también internacionalmente, del flamenco actual. Ayer Rocío cumplía 34 años y eligió pasar un día tan especial actuando en favor del pueblo saharaui. Es muy difícil mantener al público en silencio y atento en una sala de estas características con un repertorio exclusivamente flamenco, con guitarrista y cantaora. Ella, tan grande, lo consiguió anoche con creces, ganándose enormes aplausos y el calor del público. Simplemente maravillosa.
Energético concierto el ofrecido por Amparo Sánchez, Amparanoia, una mujer con unas tablas impresionantes y a la que pinchábamos tanto y tanto en nuestra alegre juventud en Radio Resistencia. La artista jienense (aunque la identificamos con Granada y Lavapiés) se define como “una experimentadora incansable del mestizaje” y es veterana en esto de la solidaridad con el pueblo saharaui. Ha estado en los campamentos de refugiados del sur de Argelia, llegando a grabar con la inolvidable Mariem Hassan el tema “Flor del desierto”. Acompañada de su acústica de color azul y un estupendo guitarrista, nos hizo bailar y corear temas como “Welcome to Tijuana”, “Que te den” o “Hacer dinero” Hacer dinero con lo que sea, hacer dinero es tu tarea Vender piel muerta, vender la guerra vender los niños vender miseria hacer dinero...

Una gratísima sorpresa resultó para mí Rozalén, artista a la que apenas había escuchado hasta el concierto de anoche. Qué certeras las letras de esta gran mujer, qué delicadeza en su interpretación. Tres discos tiene en su haber la cantante de Albacete, el último “Cuando el río suena...” publicado en 2017. Pudimos escuchar canciones como “Justo”, dedicada al tío abuelo de la cantante, enterrado en una de las fosas comunes de los desaparecidos del franquismo, una de esas vergüenzas inmensas pendiente aún de solución: Calla No remuevas la herida Llora siempre en silencio No levantes rencores que este pueblo es tan pequeño Eran otros tiempos; o “La puerta violeta”, sobre la violencia contra la mujer; “Girasoles” para esos momentos de desánimo que todos tenemos viendo cómo está el mundo (los saharauis saben un rato de esto) por suerte aún el mundo está lleno de mujeres y hombres buenos.
María nos cantó en acústico, un formato que le va especialmente bien a sus temas. Me llamó mucho la atención el instrumento que tocaba la cantante. El periodista Fernando Íñiguez me explica que se trata de una guitarra, con una forma especial realizada por un luthier, que ha cambiado la B con la que hace el agujero de la caja de resonancia, por una R personalizada para ella. Rozalén estuvo acompañada al cajón y por su inseparable intérprete de signos para personas sordas, Beatriz Romero, a la que conoció en 2013. La artista, que estudió psicología y musicoterapia, nos explicó que está preparando varios talleres para realizar en los campamentos con mujeres saharauis y con niños y niñas saharauis con capacidades diferentes. Rozalén actuará además en el concierto que pondrá el broche al FISahara 2019.
El proyecto “Un micro para el Sáhara” nació en 2017 y está formado por periodistas de distintos medios de comunicación españoles movidos por el “convencimiento” de que “lo que no se cuenta no existe”. “Creemos que la radio es el medio de comunicación más universal para la transmisión de la cultura y la defensa de los Derechos Humanos, porque las ondas llegan incluso allá donde no lo hace Internet”, afirmaban en la nota de prensa.
Si este mundo tiene algún remedio, vendrá a través del arte. Gracias a toda la gente bonita que ha hecho posible Ellas por el Sahara, mención especial para la periodista saharaui Ebbaba Hameida y todos sus compañeros de Un micro para el Sahara.
SÁHARA HURRA

Dead Kennedys + MadPunk + Kráneo. Un gran concierto en “la peor fecha del año”


Pero cómo no ver a Dead Kennedys (sí, sin Jello Biafra) ya que venían a Madrid. El lunes 12 de agosto, “la peor fecha del año para un concierto” como lo promocionaba la gente de No Future Fest, los Dead Kennedys (sí, sí, sin Jello Biafra) tocaban en Madrid como única fecha española. El año pasado tuve la ocasión de ver a Jello Biafra and the Guantanamo School of Medicine en un magnífico concierto en la sala Copérnico de Madrid, así que quería “completar el círculo” con el resto de la banda. Hay que recordar que Jello no está en Dead Kennedys desde 1986, año en que el grupo se rompió debido a las fuertes diferencias con sus otros tres compañeros. En aquel concierto vimos un set list poco previsible de Jello, en este me apetecía disfrutar en directo grandes temas de Dead Kennedys, con tres miembros de la formación clásica del grupo Klaus Flouride (bajo), East Bay Ray (guitarra) y D. H. Peligro (batería).
Desde que se anunció el concierto y a pesar de ser “la peor fecha del año” resultó evidente que el público de Madrid tenía ganas de ver a la banda y así se demostró al conseguir la promotora vender todas las entradas en un siempre deseado “sold out”. El caso es que me planté en la Sala But, donde ya había una cola importante para entrar. Mucho punk, mayoría masculina y también, me alegra decirlo, una nutrida representación femenina; gente de mi quinta, nos vamos haciendo mayores, aunque también había algunos jóvenes, sin duda atraídos por la leyenda de la banda surgida a finales de los años 70 en San Francisco, uno de los grupos punk estadounidenses que tuvo más éxito e impacto en Europa, con un talante muy político y muy reivindicativo desde la irreverencia.
Por su actitud estaba claro que el público que llenaba la sala estaba dispuesto a disfrutar. Yo también, situada en un lugar estratégico lejos de los pogos, bailes y el tremendo calor que emanaba la entregada audiencia. La tercera canción, la tremenda «Police Truck», fue uno de mis momentazos de la noche; escuchar en directo las ráfagas de guitarra de East Bay Ray en este tema es un auténtico lujo. En ese momento reflexioné que, sin desmerecer al actual cantante que tiene una dificilísima misión, también mola ir a un concierto para escuchar a un guitarrista, un bajista y un batería que son tremendos músicos y formaron (forman) parte de un grupo mítico.
La banda desgranó los temas que vienen haciendo habitualmente en la gira, con un ritmo algo irregular, un tanto lastrado por las palabras del cantante entre tema y tema, algún que otro problema con la guitarra y creo que cierta incomodidad de East Bay Ray con la gente que se subía al escenario. En definitiva, nada grave ni que impidiera que el concierto se desarrollara en medio de un magnífico ambiente. Sonaron temas como «Forward To Death» toda una declaración de intenciones “I don´t need this fucking world” en menos de dos minutos; la ácida ironía de «Kill the Poor»; «California Über Alles», una de sus primeras canciones, publicada en 1979, una andanada satírica contra Jerry Brown, gobernador de California entre 1975 y 1983; la vertiginosa y combativa «Nazi Punk Fuck Off!»; la chispeante «Jock-O-Rama», en la que encuentro ciertas reminiscencias surferas uno de los estilos preferidos del guitarrista o «Moon Over Marin», una belleza de canción de la que estoy enamorada, con una para mí luminosa guitarra de East Bay Ray. Para los bises dejaron la poderosa «Bleed for Me», la divertida versión del conocido tema de Elvis «Viva Las Vegas», «Holiday in Cambodia», todo un himno punk con delirante propuesta de unas “agradables” vacaciones a una Camboya asolada por todo tipo de horrores y, como airado final, «Chemical Warfare», canción llena de furia que incluye un vals descacharrado.
La historia de los desencuentros de la banda es de sobra conocida por los seguidores de Dead Kennedys, polarizados en dos bandos. La mayoría a favor de Jello, todo hay que decirlo, quien fue demandado por sus tres compañeros porque, según denunciaron, el sello de su propiedad Alternative Tentacles les pagaba menos pasta de la que les correspondía. Otro de los desencuentros vino por la posibilidad de usar «Holyday In Cambodia» en un anuncio de Levis, Jello montó en cólera (normal). Finalmente los tribunales permitirían que los tres pudieran girar bajo el nombre de Dead Kennedys. Así en 2001 se juntaron con Brandon Cruz, en el puesto de Biafra. En 2003, Cruz fue reemplazado por Jeff Penalty. En la actualidad el cantante es Ron “Skip” Greer, antiguo miembro de The Wynona Riders, una banda de pop punk formada en 1988.
La noche había comenzado desvelando la sorpresa del artista invitado a acompañar a Dead Kennedys, que en realidad fueron dos: Kráneo y MadPunk. Kráneo es una formación de la sierra norte madrileña con cuatro miembros, que ofrecieron una actuación rápida y reivindicativa en la que apenas dieron respiro al público. Empezaron con una versión del «Emergency» de Motörhead, continuando con temas propios como «Ratas», «Oh, Rivera», «Metralleta» o «La muerte tenía un precio» y cerraron con la versión que hacen MCD del «Emergency», «Violencia sin cuartel». Me quedo con sus palabras sobre el fascismo actual, camuflado entre colores y sonrisas.
Precedidos por el Blank Generation de Richard Hell y mientras sonaban mis adorados Television, sin apenas tiempo de espera aparecían en el escenario los amigos de MadPunk, a los que he tenido la suerte de ver varias veces en directo. El grupo formado por miembros de Larsen, Espasmódicos y TDK, tres bandas históricas del punk madrileño de inicios los 80, ofrecieron una actuación inolvidable en el mencionado concierto del año pasado. Los madrileños pusieron de nuevo todas las ganas, además de su sabiduría musical y escénica, potencia y actitud, como nos tienen acostumbrados. Héctor, Esteban, Monje, Magüu y Siemens tocaron temas que forman parte de la historia personal de varias generaciones de seguidores como «Frontera francesa», «Nacido de la pota de un punk», «Enciendes tu motor» o «La farmacia de mi barrio». Por otra parte, la banda no se duerme en los laureles y apuesta afortunadamente por material nuevo. Así pudimos escuchar un par de temas de su próximo álbum, que saldrá en septiembre. Puedo decir que la gente que estaba a mi alrededor disfrutó especialmente con «No creo», una canción que deja adivinar un gran trabajo.
Y así transcurrió una inolvidable noche de lunes en la que todo el mundo iba acompañado y vestía mayoritariamente de negro. Comprobé una vez más que aún queda gente que lleva cresta. Vi mucho pendiente y mucha tachuela y fui consciente de lo mayores que nos estamos haciendo. Yo iba sola, con una camiseta rosa y en las pausas de cambio de grupo me sentía un poco colgada, lo peor es no tener con quien comentar. Pero los caminos del punk para una señora de mediana edad son así. En un momento dado nos tiraron algo, espero que fuera cerveza. Vale, no estaba Jello, pero escuchar esas canciones en directo MERECE LA PENA.


Madrugada en Madrid. Quite emotional


Madurar es llorar en un concierto, no porque te gusta el cantante o el guitarra, sino por cosas que has vivido mientras escuchabas esas canciones. Como colofón a disfrutar de seis conciertos en siete días (record que no creo volver a superar) el martes 7 de mayo me acerqué a ver a los noruegos Madrugada en una actuación en la que hubo momentos en que me desbordó por completo la emoción.
Descubrí a Madrugada en 2012, y la primera canción que escuché de ellos fue la maravillosa “Vocal”. El inolvidable rasgueo de guitarra y la pandereta daban inicio a una canción apasionada y profunda que cerraba el álbum de debut de la banda, el mítico “Industrial silence”, editado por Virgin en 1999. Su veinte aniversario ha vuelto a juntar a los tres miembros de la formación original que siguen con vida y les ha embarcado en una gira europea. A Sivert Høyem, vocalista, Frode Jacobsen, bajo y Jon Lauvland Pettersen, batería se les han unido Cato «Salsa» Thomassen a la guitarra principal, al que se le presenta la difícil tarea de sustituir al desaparecido Robert Burås, y Christer Knutsen a la guitarra, teclados, armónica y voces.
El paso por Madrid de la gira, con cambio de sala incluido, ha sido mi oportunidad para ver por fin en directo a una banda noruega que destacó por su buen hacer y su elegancia en los primeros años del siglo XXI. El estilo de Madrugada se ha definido como una mezcla de “rock alternativo con tintes de swamp blues, psicodelia y jazz”. Ellos han admitido a lo largo de su carrera influencias muy dispares como Nick Cave, Mark Lanegan, Joy Division, The Cramps, The Velvet Underground, atmósferas a lo Pink Floyd o incluso el Krautrock de bandas como Can, Neü o Kraftwerk.
La gira de Madrugada celebra el “Industrial silence”, que ofrecen completo en la primera parte de la actuación, con una segunda parte más breve, en la que repasan temas de sus otros discos. El concierto empezó temprano, pasadas las ocho y media de la tarde cuando aún lucía el sol de primavera en Madrid, en una sala But con buena entrada pero que no se llenó del todo, lo que nos permitió situarnos cómodamente en un lateral del escenario con estupenda visión.
Uno de los alicientes de la banda es la poderosa y emotiva voz de Sirven Høyem, pilar de Madrugada. Su amplio registro vocal incluye influencias como Chris Isaak, Nick Cave o incluso Jim Morrison. Todo el concierto giró alrededor de su delgada figura, cálidamente arropada por una magnífica banda. El cantante comenzaba la actuación vestido con camisa blanca con cuello cerrado y chaqueta oscura, de la que se despojó en las primeras canciones, cuando la temperatura no paraba de subir. Además de cantar, Sirven tocó en diferentes temas la pandereta, las maracas, la guitarra acústica, y “la linterna”, artefacto con el que nos enfocó en un intenso momento de su actuación, aumentando la intensidad de la onírica atmósfera en la que la banda nos había envuelto desde el inicio del concierto.
Comenzaron el repaso al mítico disco de portada azul, con “Vocal”, mi canción fetiche de la banda. A partir de ahí la emoción no paró de crecer, mientras desgranaban temas como la misteriosa “Sirens”; la intensa “Higher”; Belladona; Strange Colour Blue de helada atmósfera; “This Old House”, una canción de estilo “campestre” con una inconfundible armónica; la potente “Norwegian Hammerworks Corps.”; la épica “Salt” o la delicada “Quite Emotional”, canciones bellísimas de un rock melancólico, onírico y por momentos depresivo.
Con un buen juego de luces, en el que predominó ese “extraño color azul” de la portada del álbum al que se rendía homenaje, Sivert contribuyó de diferentes formas a hacer brillar la actuación. Como cuando se vistió en un tema con una chaqueta de lentejuelas que lanzaba destellos al público, o con la mencionada linterna que también enfocaba hacia las bolas de espejos de la sala. Por momentos creí estar en una de las escenas del relato en el que estoy inmersa actualmente, gracias a los titilantes centelleos que recibíamos desde el escenario.
Con un público encandilado desde el inicio, Sivert sonrió, lanzó besos a la gente y besó a su guitarrista, habló entre canciones y agarró las manos de muchos de los que se encontraban en primera fila. Bailó y en definitiva se entregó a una audiencia que llevábamos mucho tiempo esperándoles y que también vibramos con la segunda parte de la actuación donde ofrecieron canciones como “Electric”, “Only when you’re gone”, “Honey Bee”, “Majesty” o “Valley of deception”, con la que finalizaron el concierto.
Además de la poderosa voz de Sivert Høyem, el otro pilar inconfundible de la banda noruega fue su guitarrista, Robert Burås, de triste destino. Burås fue encontrado muerto en su apartamento en julio de 2007 cuando tan sólo contaba 31 años y su fallecimiento supuso el fin de la banda. El guitarrista contaba que su primer contacto con la música de rock lo tuvo a los doce años con la canción “Rock and Roll” de Led Zeppelin, que siempre mencionó como una de sus favoritas. El carismático guitarrista, que también tocaba la armónica, la mandolina eléctrica y los teclados, solía utilizar una guitarra vintage de 1966, una Fender Jazzmaster de color rojo. Esa guitarra estuvo colocada sobre su ataúd durante su funeral.
Cuando conocí a Madrugada Burås ya llevaba varios años muerto y debo reconocer que su historia me impactó. Declarado fan desde su infancia de bandas como Rolling Stones, Velvet Underground, Jimi Hendrix, The Stooges, o Jesus & Mary Chain, y de los libros de Kurt Vonnegut, Burås, estaba considerado como el miembro más “rockero” de la banda. El guitarra de desordenada pelambrera rizada fue definido en su obituario como “cálido, generoso, muy agradable y entregado por completo a la música”.
Su muerte supuso un duro golpe del que la banda no se recuperó. Decidieron terminar el álbum que estaban grabando, el sexto de su carrera, que salió en enero de 2008 bajo el nombre de “Madrugada”. Tras su lanzamiento la banda anunció que se separarían al finalizar la gira de presentación. Ofrecieron su último concierto el 15 de noviembre de 2008 en la sala Spektrum de Oslo. Aquel disco, considerado como una especie de terapia para ellos, fue el punto final de una banda que debería haber llegado mucho más lejos, y supuso un emocionante y doloroso homenaje a su inolvidable guitarrista.
Una noche inolvidable, largamente esperada, con emoción y lágrimas felices, de esas que te recuerdan por qué la música es tan importante como respirar. 


Concierto de MadPunk y Sham 69, ¡afíliate al punk!


Igual que se puede descubrir a Television en 2017 o a Pink Floyd en 2018, se puede una afiliar al punk 40 años después de su época de esplendor. Mis primeros escarceos tuvieron lugar escuchando a las bandas punk que participaban en los conciertos de nuestra Radio Resistencia a mediados de los 90. No supe apreciar entonces una música que me parecía ruidosa y en ocasiones chapucera. El tiempo, que todo lo pone en su sitio, me ha llevado a disfrutarla sin complejos ya en la madurez.
Por eso, cuando me enteré de que tocaban uno de los grupos que me ha llevado a afiliarme al punk, junto con una de las bandas inglesas de aquella explosión de finales de los 70 me decidí a ir, a pesar de los horarios imposibles de la sala que acogería el evento, el Gruta 77. Allí nos plantamos el viernes 1 de marzo, deseando disfrutar de ese gran cartel.
MadPunk realizan un setlist con canciones de las tres bandas que lo componen, Espasmódicos, TDK y Larsen, “banda germinales de la primera hornada del punk madrileño”, como dicen los que entienden de esto. Los tres grupos arrastran rendidos seguidores desde entonces y siguen ejerciendo influencia sobre numerosas bandas, incluso en Latinoamérica. En la actuación del viernes tocaron más o menos las canciones que les escuchamos en el colosal concierto de julio donde se midieron de tú a tú nada menos que con la banda actual de Jello Biafra. Sin embargo, MadPunk traía novedades en forma de canciones nuevas, que forman parte de un EP que la banda está grabando en la actualidad. Así nos ofrecieron un adelanto, “MadPunk”, canción de presentación de la banda con la que abrieron el concierto, “Poseso”, una de esas canciones a las que daría FAV la Audiencia Nacional (como diría el gran Juarma) y en especial “No creo” y “Demasiado enfermo para morir”, dos temas magníficos que te enganchan y no te sueltan. La incorporación de los cuatro nuevos temas sacó del concierto una de mis canciones preferidas “¿Qué es este temblor?” (TDK) y que molaría recuperar. Sí pudimos escuchar “Vomitas sangre” (Larsen), que vino acompañada de un chorro de agua lanzado desde el escenario. Otras canciones que escuchamos el viernes fueron “Serafín” (Espasmódicos), “Carne picada” (TDK), “Israel” (TDK), “Drógate” (Espasmódicos), o “Lucha contra el tecno”, “Frontera francesa” y “Nacido de la pota de un punk” de Larsen, canciones ya clásicas y jaleadas por el público. MadPunk cerraron su actuación con la tremenda “Enciendes tu motor” (Espasmódicos).
Contar con un repertorio así no es ninguna broma. Se trata de algunos de los más brillantes temas del punk nacional, interpretados por una banda solvente y bien compenetrada donde el buen hacer de dos estupendos músicos Esteban (guitarra) y Héctor (bajo) se une a la experiencia del carismático Maguu a la batería, Siemens tocando la guitarra con una muñeca “a todo motor”, y Monje, inquietante frontman que se come crudos el escenario y al público, vestido con camiseta de The Professionals, ya que la noche iba de punk inglés setentero. Otro concierto de gran altura, es una suerte disfrutar de MadPunk.
Estando como estoy aún en párvulos de punk no me atrevo yo a opinar sobre el lío de formaciones que arrastran los Sham 69 ni a afirmar qué alineación de las que funcionan actualmente se debe considerar la “real”. La que tuvimos ocasión de ver en el Gruta 77 es la de Tim V (Timothy Vance), que se mantiene bastante activa en cuanto a conciertos. Los Sham 69 salieron rápido, se agradece que el cambio de grupo fuera ágil, dadas las horas de la madrugada en las que nos adentrábamos. Había expectación por ver una banda que al fin y al cabo estuvo en el ajo de aquella explosión del punk inglés de finales de la década de los 70. Fueron una formación exitosa, que consiguió meter varios singles en el Top 20 de la época y que giró en sus inicios en torno a la caprichosa personalidad de su líder y cantante Jimmy Pursey.
Es Sham 69 un grupo punk con temas para cantar con una jarra de cerveza en la mano, ahí está su popular “Hurry Up Harry” (Weeeeee're Going Down the Pub), o con los colegas del fútbol. Los Sham 69 de Tim V ofrecen un directo eficaz y divertido. Tim, un frontman con más tablas que un galeón pirata, habló y bromeó con el público, en especial con el de la primera fila, donde parecía que alguien le había llamado la atención; se mostró algo irregular en la voz pero muy eficaz a la hora de ofrecer espectáculo. Vestido con un polo azul marino con la Union Jack en una manga y luciendo tatuajes, estaba acompañado por una banda que cumple con creces el nivel que se espera para una formación de tan amplia historia. Por mi parte destaco al estupendo guitarrista.
Durante algo más de una hora se sucedieron temas como “What Have We Got?”, “Borstal Breakout”, “That's Life”, “Questions and Answers”, “Hersham Boys”, o el himno “If the Kids Are United” (Then we'll never be divided) que ofrecieron en los bises. Canciones redondas que ponen a bailar a cualquiera, incluso a mí. Era evidente la disposición a disfrutar del público, entre el que se encontraban varias chicas que se abonaron a subirse al escenario y lanzarse sobre el público, en una noche de carnavales en la que un antifaz dio mucho juego. A pesar de que no sonara una de mis canciones favoritas, “You're a Better Man Than I”, disfruté mucho el concierto de los de Hersham (si es que a estas alturas queda alguno de Hersham).
Sham 69 se formó en 1975 y se disolvió en 1979, cuando su líder Jimmy Pursey inició su carrera en solitario. Según parece su nombre viene de una pintada medio borrada que vio Pursey en una pared, y que tenía que ver con alguna victoria del equipo de fútbol de su ciudad, Hersham, sucedida en el año 1969. En 1987 Pursey y el guitarrista David Parsons refundaron la banda con nuevos miembros. La formación que vimos en el Gruta data de 2007 cuando Dave Parsons e Ian Whitewood buscaron un nuevo cantante. El elegido fue Tim V. A partir de ese momento conviven al menos dos formaciones bajo las siglas Sham 69, una de ellas la del cantante original Jimmy Pursey. La de Tim V ha grabado cuatro discos. Hace unos años se produjo la ruptura con Parsons y, como se quedaban bastante cojos sin ningún miembro de la banda original, ficharon al guitarrista Neil Harris, miembro de la primera formación de Sham 69, entre 1975-1977. Desgraciadamente, en enero de 2018 Harris falleció a los 63 años.
Un concierto tremendo el del viernes, que nos da ganas de seguir afiliándonos al punk por muchos años. Hasta el próximo.



(Vídeos de Alfredo Kaskarrabias)

Preoccupations en Madrid. Un concierto muy esperado y con sabor agridulce


He de reconocer que no conocía de nada a Preoccupations (Ex Viet Cong) y que la forma de toparme con ellos fue de lo más curiosa. Recibo correos de la productora Miel de moscas desde que hace varios años editara el segundo disco de la banda murciana Crudo Pimento. Hace cosa de un par de meses me llegó información sobre sobre la gira española de “la banda más respetada del nuevo post punk a nivel mundial”. Evidentemente me llamaron la atención esas palabras dedicadas a la banda canadiense y me lancé a escucharlos.
En su música he encontrado a un grupo con un nivel compositivo más que apreciable y con una magnífica colección de canciones. Me ha atrapado el elegante uso de sintetizadores, las guitarras contundentes y esa voz que transmite angustia y desesperanza. Así que su concierto de Madrid el sábado 2 de febrero era cita obligada para mí. La suerte hizo además que mi amigo Escartinni se animara a venir desde Zaragoza para ver a Preoccupations. Todo se conjuraba para que fuera una gran velada.
Así que me planté en la Sala Changó en el barrio de Chamberí en una noche verdaderamente fría y que llamaba a la pereza. Llegué tarde, a tiempo de escuchar brevemente a los bilbaínos Vulk, los teloneros que acompañan a Preoccupations en la gira española. Resultaron una grata sorpresa y lo poco que pude escuchar me gustó mucho. En especial el tema con el que cerraron su actuación “No muscle”, incluido en su actual disco Ground for Dogs de 2018. Hay que seguir la pista a Vulk, ojalá haya pronto un concierto en solitario.
Tras unos minutos de espera, que aproveché pillar una cerveza y buscar a mi amigo Escartinni por la sala, Preoccupations comenzaron su actuación con el sonido industrial de “Newspaper Spoons”, canción de su primer disco, cuyo sonido apocalíptico da paso a un final luminoso. Sonaron más canciones de su primer álbum, llamado Viet Cong, el nombre de la banda cuando salió el disco. Como la preciosa “Continental Shelf”, cuya intro de guitarra nos puso sobre la pista de que el sonido del grupo no era el más deseable. Efectivamente no sonaban bien, así lo cuenta mi amigo Escartinni en Twitter: “sonaron a lata, saturadísimos, planos, sin matices”. No sé dónde pudo estar el problema. Tal vez se debió a un sonido demasiado alto en una sala tan pequeña como es la Changó o a una insuficiente prueba de sonido antes del concierto. El caso es que con Vulk no notamos esa saturación y vi a Matt Flegel, cantante, compositor y bajista de la banda, dirigirse al técnico al finalizar la primera canción. Por desgracia, arrastrar esa deficiencia durante toda la actuación fue un lastre que nos impidió disfrutar del concierto tanto como deseábamos.
Con “Espionage”, canción que remite inevitablemente a Blade Runner, la banda comenzaba el repaso del que hasta ahora es su último disco, “New Material”, publicado en 2018, del que también sonaron “Antidote”, la oriental y onírica “Decompose” o la pegadiza “Disarray”. La magnífica “Bunker Buster”, qué guitarras en la entrada, fue otro de los temas que sonaron del primer disco de la banda. De su segundo álbum, llamado Preoccupations, publicado en 2016 con una portada geométrica donde dominan los colores azul y gris, tan solo tocaron un par de canciones, entre ellas “Zodiac”.
A ambos extremos del escenario se situaban Scott Munro y Daniel Christians, los dos guitarras con sendos sintetizadores, instrumentos que ambos intercalan en los diferentes temas. El cantante Matt Flegel, con camiseta negra, dominaba el centro de la escena detrás de su bajo, llamativamente decorado. Mike Wallace completa la formación, se trata de un batería en espléndida forma que se lo curró de verdad durante todo el concierto. Le tenía frente a mí, y no podía dejar de mirar su rubísima y lisa media melena, su torso delgado y fibroso y su contundente forma de pegar a los tambores con absoluta autoridad.
El final del concierto no dio lugar a respiro. La banda, como acostumbra a hacer en esta gira, encadenó tres temas, “Memory” de su segundo álbum y “Death” del primero, unidos por “March of Progress”, una canción apocalíptica de nuevo con toques orientales, que también aparecía en su primer disco. Un final de dramática intensidad para un concierto que no tuvo bises. El personal de la Changó se encargó de echarnos literalmente y a toda prisa, imagino que para una de las sesiones de baile, fiestas privadas o eventos a los que se dedica la sala, demostrando una absoluta falta de tacto con los asistentes al concierto.
La banda se formó en 2012 con el nombre de Viet Cong y aquel nombre les metió en una agria polémica al ser acusados de racismo, apropiación cultural o de utilizar el nombre de un “grupo terrorista”. Viet Cong era el nombre usado por EEUU durante la guerra para referirse al Frente Nacional de Liberación de Vietnam. La situación se complicó en 2015 cuando el grupo sufrió la cancelación de su participación en un festival en Melbourne, Australia, debido a su “nombre ofensivo”. Después de muchas deliberaciones sobre cómo llamarse, finalmente eligieron Preoccupations, que además dio nombre a su segundo álbum de estudio en 2016.
Vivimos efectivamente tiempos muy extraños, donde la gente se indigna con los artistas y es absolutamente permisiva con los políticos. Como reflexiona la revista Pitchfork en una entrevista al grupo, si hubieran nacido en estos días, habría sido casi imposible que hubieran mantenido sus nombres bandas como Gang of Four (que expresaron su apoyo a Viet Cong), Joy Division, Rapeman o Dead Kennedys. En España también hay bandas a las que su nombre les cuesta algún que otro disgusto a manos de censores en nombre de lo políticamente correcto.
Sobre su último disco, New Materials, que ha sido calificado como más pop y con canciones más pegadizas, Matt Flegel, cantante, compositor y bajista de Preoccupations, afirma que las melodías son probablemente más luminosas pero no así las letras “más tristes y oscuras de lo habitual”, ya que se encontraba en un mal momento por una ruptura sentimental, tal y como explica en una entrevista para Valencia Plaza.
En resumen un concierto con sabor agridulce para una jornada y un grupo del que esperábamos mucho. Sus canciones desde luego lo merecen.



Homenaje al Concierto por Bangladesh, una noche iluminada por el espíritu de George Harrison


El verano de 1971 George Harrison reunía a un buen puñado de amigos para celebrar un concierto en ayuda a la población de Bangladesh. Aquellas míticas actuaciones se reunieron en un disco y una película y fueron de alguna forma inspiración para otros festivales benéficos que vinieron después. Cuarenta y siete años más tarde (justo los que yo tengo) una treintena de músicos españoles bajo la batuta del músico Jokin Salaverria, celebran la música de George Harrison, nuestro Sweet Lord, en un homenaje a aquel Concierto por Bangladesh, y cuyos beneficios se han donado al Banco de Alimentos. Porque por desgracia en el mundo sigue habiendo desigualdades y causas justas por las que pelear. Por mi parte albergaba un cierto miedo por cuál sería mi reacción al escuchar esos temas míticos en la voz e interpretación de otros músicos, pero me parecía necesario apoyar la idea, así que nos embarcamos en la historia con mucho gusto.
Llegamos con tiempo a la madrileña Sala BUT, donde había ya una pequeña cola en la puerta de entrada. Pronto accedimos ordenadamente y nos encontramos con el escenario montado y una proyección del cartel del mítico concierto celebrado en el Madison Square Garden de Nueva York. Con apenas tiempo de tomar una cerveza y mientras el público seguía accediendo a la sala, dio comienzo el concierto. La idea era tocar por orden todos los temas incluidos en el disco que recoge actuaciones de los dos conciertos que se ofrecieron entonces. Y así se dio paso a la introducción con música hindú, tal y como se hizo entonces. Tras ser presentados y pedirnos un respetuoso silencio para esta música “introspectiva”, los músicos Gorka Huarte y Ander Cisneros se hicieron cargo de la tabla y el sitar.
La música india tiene mucho que ver con este concierto. El músico Ravi Shankar habló a su amigo George Harrison de la catástrofe humanitaria y la terrible hambruna que azotaban Bangladesh, territorio separado de Pakistán en aquel año 1971. Para recaudar fondos le propuso celebrar un macro concierto y Harrison lo tuvo organizado en apenas un mes. Según parece, la fecha del 1 de agosto de 1971 fue elegida por tratarse del único día en que estaba disponible el Madison Square Garden. Los músicos contaron con apenas una semana para realizar las pruebas de sonido. En la película grabada sobre el concierto se puede escuchar a un reportero preguntar a Harrison: “Con todos los problemas que hay en el mundo, ¿cómo ha escogido éste?”. Su respuesta fue simplemente: “Porque fui invitado por un amigo para ver si podía ayudar, eso es todo”. Ravi Shankar y Ali Akbar Khan fueron los primeros en tocar y su programa consistió en un recital de música india, el llamado Bangla Dum.
Finalizada la introducción del concierto, el bajista vasco Jokin Salaverria, organizador y alma de este homenaje que ya se celebró hace dos años en Bilbao, daba paso a buena parte de los músicos que intervendrían en el concierto. A esas alturas la sala ya se había llenado y habíamos empezado a intuir que se avecinaba algo muy grande. Además de dos teclados cubiertos de telas psicodélicas y situados a cada extremo del escenario, al frente de uno de ellos el pianista y organista Rami Jaffee (Foo Fighters, Wallflowers), pudimos contar varias guitarras eléctricas y acústicas, una sección de viento, dos baterías y un coro. Y así dio comienzo un grandioso “Wah-Wah” con Martí Perarnau de Mucho a la voz. En las imágenes que han quedado para la historia es interpretada por un George Harrison vestido de traje blanco y camisa naranja, con barba y pelo largo, en lo que fue su momento de mayor popularidad tras el tremendo éxito de su triple disco en solitario “All things must pass”. No es habitual escuchar actualmente en vivo tal despliegue de músicos e instrumentos, la primera canción nos dejó anonadados. Le siguieron, insisto que siguiendo el riguroso orden del disco, “My Sweet Lord”, de nuevo con la voz de Martí y “Awaiting on You All”, interpretado por Germán Salto, dos espirituales temas de mi beatle preferido.
Toño López, vocalista de The Soul Jackets, hizo una potente interpretación del “That's the Way God Planned It” de Billy Preston, el teclista al que George invitó a tocar durante las tensas grabaciones de lo que luego sería el Let it be, último disco oficial de la carrera de los Beatles. Cuenta la historia que la presencia de Preston ayudó a mejorar el explosivo ambiente que rodeaba a los músicos de Liverpool en sus últimos tiempos juntos. Toño cantó con enorme garra y desde donde nosotros estábamos situados le encontramos gran parecido con el joven Joe Cocker de Woodstock. Magnífico.
El músico estadounidense Chris Stills, hijo del legendario Stephen Stills, se encargó de la versión de “It Don't Come Easy”, canción compuesta por George para su compañero y amigo Ringo Starr. El batería fue el único beatle que participó en el concierto, todavía las heridas de la amarga ruptura del grupo estaban demasiado frescas. John Lennon estaba de acuerdo en participar pero sólo en el caso de que se invitara formalmente a actuar a Yoko Ono, cosa que no sucedió. Paul McCartney, por su parte, se excusó afirmando que aún era demasiado pronto para una reunión de los Beatles. La canción, editada en abril de 1971, fue uno de los grandes éxitos de Ringo. Hay también una versión demo de George, que a mí personalmente me gusta mucho. Harrison intervino en la grabación de este tema para el disco “Beaucoups of Blues”, tocando la guitarra.
Le siguieron dos canciones insignia de George, la preciosa “Beware of Darkness” de su primer disco en solitario y, en la voz del cantante y guitarrista castellonense Junior Mackenzie, la mítica “While My Guitar Gently Weeps”, que compuso para el “Álbum Blanco” de los Beatles, una de sus canciones más conocidas, valoradas y versionadas. Para su grabación invitó a participar a su amigo Eric Clapton, en lo que fue la primera colaboración de un músico de rock en un álbum de los Beatles. Volviendo al concierto de 1971 la presencia de Eric Clapton fue un empeño personal de Harrison, como forma de ayudar a su amigo que pasaba un momento muy delicado por su adicción a la heroína. Su presencia estuvo en la cuerda floja hasta poco antes del concierto y supuso la primera vez que Clapton tocaba en público desde que abandonó cinco meses atrás la gira con Derek and the Dominos.
Comenzaba entonces uno de los momentos más energéticos del concierto, con la presencia del gran Miguel Pardo de Sex Museum, que cantó con garra y carisma “Jumpin' Jack Flash” de los Rolling Stones y “Youngblood” de The Coasters, interpretados en su momento por Leo Russell, músico estadounidense de larga melena rubia, muy popular en aquella época.
Dando paso a una parte más acústica comenzaron los temas de Bob Dylan, amigo íntimo de George y con quien formaría parte en los 90 de los míticos Traveling Wilburys. Llegaba así un momento de gran emoción para parte del público presente, de todas las edades debo decir. Guardo la imagen de una señora encaramada en uno de los asientos cantando con los ojos cerrados todas las canciones de Dylan. Las versiones corrieron esta vez a cargo de José María Guzmán, integrante de Cadillac y de los históricos Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, el cantautor Iñigo Coppel y el estadounidense Jonny Kaplan, líder de los Lazy Stars, quienes se encargaron de emular al gran Bob Dylan en temas como “A Hard Rain's A-Gonna Fall”, “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry”, “Blowin' in the Wind”, “Mr. Tambourine Man” y “Just Like a Woman”. Los tres estuvieron acompañados a la guitarra por Julián Kanevski (Tequila, Calamaro). La intervención de Dylan en el Concert for Bangladesh supuso su primera actuación desde el Festival de Wigth de 1969.
Los preciosos temas y la pasión puesta en las espléndidas interpretaciones, junto con las imágenes proyectadas de fotos del mítico concierto y un Jokin Salaverria cuya imagen recuerda al George Harrison de aquella época, habían disparado ya nuestra emoción. Aurora García, de Aurora & The Betrayers, que realizó toda la noche un maravilloso trabajo vocal acompañando en los coros, se encargó de una poderosa versión soul de “Something”, una de las más hermosas canciones de amor de todos los tiempos. Una auténtica belleza que ya dolía, en especial en la parte instrumental, al recrearse el solo de guitarra de la canción, a cargo de Javier Rubio. Precioso. Y ya para finalizar los temas del disco, Toño López volvió al escenario para interpretar “Bangladesh”, “Where so many people are dying fast/ And it sure looks like a mess / I've never seen such distress”, el tema compuesto por Harrison y lanzado aquel verano de 1971 como forma de recaudar fondos para los refugiados de aquel país. Una interpretación de enorme nivel vocal la de Toño, que puso un brillante broche al concierto.
Un vez terminados los temas del disco, llegaba el momento de los bises, donde se interpretaron otras canciones compuestas por George Harrison tanto de su etapa beatle, “If I needed someone”, como de su etapa en solitario. Así Sara Iñíguez, cantante de Rubia, en los coros durante gran parte del concierto, interpretó la magnífica “What Is Life”, o Nina de Juan, del grupo Morgan, cantó la preciosa “Give Me Love (Give Me Peace On Earth)”, del segundo álbum en solitario de George Harrison.
Otros músicos que estuvieron en aquel Concierto por Bangladesh de 1971 fueron Klaus Voormann, al bajo, amigo de los Beatles de su época en Hamburgo y autor de la portada de “Revolver”; el batería y percusionista Jim Keltner, que trabajó en discos en solitario de varios beatles y dos décadas más tardes participó en los discos de los Traveling Wilburys; además contaron con una sección de vientos conducida por Jim Horn, Carl Radle, Jesse Ed Davis, Don Preston y un coro dirigido por Don Nix. Del concierto madrileño también debemos nombrar a Iñigo Bregel, Jorge Martínez o el batería Roberto Lozano 'Loza' (Los Coronas, Sex Museum y Corizonas)
El concierto homenaje, aprobado y legitimado por la familia Harrison y destinado al Banco de Alimentos de Madrid, finalizaba con una nueva versión de “Wah-Wah”, ya con todos los participantes y que nosotros vimos desde el lateral del escenario.
Aquel agosto de 1971 me faltaban justo dos meses para nacer. En cualquier caso estar en un concierto como aquel habría sido algo así como ciencia ficción. La de la noche del 1 de diciembre ha resultado una de las experiencias musicales más increíbles, emocionantes y exuberantes que hemos tenido la suerte de presenciar. Unos músicos de enorme nivel y en estado de gracia, inspirados por el espíritu del gran George, que sin duda nos acompañó. Yo así lo sentí en algunos momentos. Gracias por la música.