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Entrevista a Conchi Moya, escritora y Alumni UCM

*Entrevista para la web de Alumini (Universidad Complutense de Madrid) 10 de mayo de 2021.
Conchi Moya (1971) es escritora y periodista. Licenciada en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.
En la década de 1990 participó en varios proyectos relacionados con radios libres, entre los que destaca la creación en 1997 de Radio Resistencia. Publicó su primera novela, Sin pedir permiso, en diciembre de 2015, donde narra la historia de un grupo de jóvenes con ganas de cambiar el mundo y dos pasiones en común: la música y el pequeño universo de la radio independiente.
Ha escrito otros libros con el Sahara Occidental como tema de fondo: Delicias saharauis, Las treinta y dos batallas de Aminetu Haidar y Los otros príncipes y el ensayo El porvenir del español en el Sahara Occidental junto al escritor saharaui Bahia Mahmud Awah.
El último de sus libros publicados fue Las acacias del éxodo, libro de relatos con una primera parte sobre el pasado dedicada a “la colonización española, cómo se vivía allí y cómo lo vivían los españoles y saharauis”; una segunda sobre la actualidad, “una paz que en realidad es violenta porque no tienen su tierra y están pasando por una situación muy complicada especialmente en territorio ocupado donde se producen muchas violaciones de derechos humanos”; y un cuento final sobre el futuro que, aunque “no se sabe que pasará”, la autora quiere concebirlo con esperanza de que “puedan alcanzar su objetivo” y los refugiados puedan volver a un Sáhara libre.
Acaba de publicar un nuevo libro: La luz interior de George Harrison con Sílex Ediciones.
¿Cuál ha sido tu formación en la UCM?
Me licencié en 1994 en Ciencias de la Información, en la rama que entonces se llamaba Imagen y Sonido.
¿Guardas un buen recuerdo de tu paso por la facultad? ¿Cómo definirías aquellos años?
Fueron unos años muy bonitos y me siento muy orgullosa de haber estudiado en una universidad pública. Pude estudiar la carrera que había elegido, hice seminarios muy interesantes, tuve ocasión de ver mucho cine en la facultad, estudiar asignaturas que me gustaban especialmente como literatura, estética o narrativa y disfrutar de los talleres de radio, mi auténtica vocación. La vida me ha llevado después por otros caminos, pero nunca me he arrepentido de haber estudiado lo que elegí.
¿Siempre tuviste vocación de periodista?
Nunca tuve una vocación clara, pero desde pequeña me apasionó la radio y ese fue el verdadero motivo por el que elegí estudiar Ciencias de la Información.
¿De dónde viene esa pasión por la escritura?
Mis padres nos inculcaron desde muy pequeños el amor por la lectura y siempre me ha fascinado que me cuenten historias. De ahí a escribirlas yo, sólo había un paso. Me alegro de haberme atrevido a dar ese paso.
Tus últimos libros tratan sobre el Sáhara Occidental y el pueblo saharaui… ¿Con qué te quedas de toda esa experiencia?
Conocí al pueblo saharaui en abril de 2000, en un viaje a los campamentos de refugiados en el sur de Argelia. Aquella experiencia resultó tremendamente impactante y emocionante para mí y desde entonces los saharauis están en mi vida. Tengo muchos amigos y familia saharaui y de alguna forma escribo sobre el Sahara por un compromiso personal con ellos y con su causa, que hice mía desde aquella primera visita. Espero que mis libros puedan poner un granito de arena para dar a conocer lo que les sucede, la enorme injusticia que padece el pueblo saharaui y en la que España tiene tanto que ver.
¿Otra de tus pasiones siempre ha sido la música?
Desde muy joven la música es fundamental en mi día a día, me levanta el ánimo y me da fuerzas, he encontrado a grandes amigos gracias a la música. Además es uno de mis temas preferidos para escribir. En todos mis trabajos, incluidos los relacionados con el Sahara Occidental, la música aparece de una manera u otra.
Ahora, ¿comienzas una nueva etapa como escritora con George Harrison?
No es mi primer libro relacionado con la música, pero La luz interior de George Harrison es mi primera biografía musical. No sé qué me deparará el futuro, aunque de momento regreso a la narrativa, estoy escribiendo una nueva novela. Tengo otra acabada en espera de edición y quiero publicar un relato ambientado en el Swinging London para el que estoy buscando ilustradora.
¿En qué te identificas con él?
Más que identificarme, me parece un personaje tremendamente inspirador para escribir. De George Harrison me atrae fundamentalmente su curiosidad sin límites o su atrevimiento para lanzarse a empresas alucinantes, como empezar a estudiar sitar cuando era uno de los guitarristas más famosos del mundo, poner dinero para La vida de Brian cuando se quedaron sin productor o salvar de la ruina Friar Park, la magnífica propiedad que compró en 1970 llena de bosques, jardines, lagos y misteriosas cuevas. También me resulta inspirador que no se conformara con ser un simple muchacho de Liverpool y luchara por conseguir su sueño pero sin traicionar su clase y sin renegar de sus orígenes. Y no hay que olvidar su sentido del compañerismo y la amistad, su espíritu compasivo y solidario con los que sufren y su proverbial modestia, que contribuyó a que de alguna manera sea un personaje muchas veces omitido en la historia de los Beatles
¿Por qué la canción “The Inner Light” te inspiró para escribir este libro?
En realidad el título, inspirado en esa preciosa canción de George Harrison, no lo decidí casi hasta el final. “The Inner Light” fue el tercer tema con instrumentación india compuesto por George para los Beatles. Grabó la música en Bombay durante la grabación de su primer disco en solitario “Wonderwall Music”, sólo un mes antes del famoso viaje a la India de los Beatles para meditar con el Maharishi. Es una canción muy importante por muchos motivos, supone los inicios de ese empoderamiento de George como compositor, que culminó en el último disco que grabaron los Beatles, “Abbey Road”. La luz tiene una gran presencia en la vida de George y a la vez muchas lecturas, empezando por la iluminación espiritual que persiguió durante toda su vida. Él a su vez dio mucha luz al mundo a través de su música y de sus obras. George también buscó la luz del sol en sus numerosos viajes a lo largo del mundo, huyendo de los helados inviernos de su infancia en Liverpool. Y su esposa Olivia contaba que el cuerpo de George desprendió luz en el momento de abandonar el mundo. La luz es un elemento recurrente a lo largo de todo el libro.
¿Cómo crees que podría influir este libro en la sociedad?
George Harrison es una de las personalidades más interesantes del siglo XX, junto a sus compañeros en los Beatles. Pero además George fue un ser muy especial por el mensaje que dejó en sus canciones. Fue un precursor en el ecologismo, organizó el primer concierto solidario de la historia, estuvo comprometido políticamente con diferentes causas, mantuvo conciencia de clase a pesar de su enorme fortuna, se comprometió profundamente con la espiritualidad y dejó constantes mensajes de amor, empatía y solidaridad, sin abandonar nunca un punzante sentido del humor. He reflejado todo ello en el libro y creo que el mensaje de George Harrison sigue siendo muy potente y actual.
¿Qué crees que George Harrison podría enseñarnos en esta nueva normalidad en la que vamos a tener que acostumbrarnos a vivir?
Si George hubiera vivido en estos tiempos de pandemia probablemente habría alzado la voz contra el insoportable aumento de la desigualdad, el abandono de las políticas sociales, el destrozo de lo público y del estado del bienestar, el racismo, el individualismo y la intolerancia que estamos viviendo. George fue muy crítico en su día contra las políticas antisociales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, antesala de lo que tenemos encima, y no dudo que habría usado su música para reivindicar un mensaje humanista. Sólo hay que ver la reacción de su esposa e hijo en el inicio de la pandemia al lanzar “The Inner Light Challenge”, una iniciativa en favor de varias organizaciones solidarias para paliar los terribles efectos de esta catástrofe.
¿Qué le dirías a los estudiantes que como a ti les gustaría vivir de lo que les apasiona?
A pesar de la difícil situación que atravesamos, les animaría a no dar la espalda a su vocación y a tener paciencia para recorrer el camino. Es una generación que no lo tiene nada fácil, una generación que por primera vez en muchas décadas probablemente va a vivir peor que sus padres.
Por último, ¿cómo ves el futuro del periodismo en España o en tu caso el panorama literario?
Soy optimista en lo que se refiere a la literatura. De la literatura es prácticamente imposible vivir, como por otra parte ha sucedido siempre en este país, pero al mismo tiempo nos resulta imprescindible a los que no entendemos la vida sin libros. El ser humano siempre querrá que le cuenten historias y la literatura seguirá existiendo, no tengo dudas. Se escribe y se publica mucho y espero que se lea lo que se compra. Sobre el presente del periodismo soy bastante más pesimista. Estamos en la época de la desinformación, los bulos interesados lanzados en muchas ocasiones por supuestos periodistas sin ningún escrúpulo. Los tentáculos del poder asfixian la libertad de información y la profesión atraviesa una gran precariedad. A pesar de todo, el periodismo es un elemento fundamental en democracia y me gustaría pensar que superaremos esta etapa y al periodismo le aguarda un futuro más prometedor.

“La enfermera del desierto” de Jorge Molinero, una novela imprescindible para recuperar la memoria del Sahara Español


Se produce una curiosa emoción cuando lees un libro y conoces personalmente a alguno de los personajes. Esa sensación he podido experimentarla con la nueva novela de Jorge Molinero, “La enfermera del desierto. Vida y recuerdos de Horria que significa Libertad”. Cuando aparecía una descripción del periodista Pablo Dalmases, o se nombraba a Hameiduha Ahmed Zein o leía un diálogo de Gurutze/Fatimetu pensaba que he tenido la suerte de conocerles y hablar con ellos en diferentes ocasiones. Es la magia de la creación.
“La enfermera del desierto” es la segunda incursión literaria de Jorge Molinero con el Sahara Occidental como escenario y con protagonistas de la revolución saharaui como personajes. En su anterior y primera novela, “Toda la muerte para dormir”, publicada por Carena a principios de 2018, Jorge acometió la difícil tarea de contar en primera persona la vida del líder de la revolución saharaui, Luali Mustafa Sayed, fundador del Frente Polisario. Jorge fue muy valiente al elegir el tema, poniéndose en la piel de alguien tan carismático para los saharauis como Luali. “La enfermera del desierto” nació de alguna manera gracias a aquella novela. En ella aparecía como personaje secundario la catalana Montse Aizcorbe, una de aquellas enfermeras que sufrieron la invasión y la guerra del Sahara y aliviaron a los saharauis durante el durísimo éxodo de 1976. Montse y Jorge se encontraron en una de las presentaciones del libro de Luali; él le propuso escribir una novela sobre su vida y, algo más de un año después, el libro ya está a la venta.
El autor explicaba en la presentación madrileña de “La enfermera del desierto” que se trata de una “novela ficcional basada en hechos reales, recuerdos y memorias de quienes los vivieron”. Jorge ha logrado reconstruir perfectamente el ambiente y los hechos sucedidos en aquellos días convulsos. Así lo reconocía en la presentación del libro en Madrid Jira Bulahi, Representante Saharaui para España, “Las que hemos vivido aquella realidad la vemos reflejada en la novela”. El objetivo del autor al escribirla es “poner de manifiesto la enorme injusticia cometida contra el pueblo saharaui”. Sobre su protagonista, Jorge afirma que “Montse fue valiente, vivió la guerra del Sahara y ha vinculado toda su vida al pueblo saharaui; ha sido muy generosa al contarme su vida y permitirme escribir sobre ella”.
La novela cuenta una historia de amor, la de Montse y Buel-la Ahmed Zein, enfermero que llegó a ser el primer Ministro de Sanidad de la recién constituida República Saharaui. Pero también relata una historia épica, la de todo un pueblo levantado contra el colonialismo español, y resistiendo posteriormente a la invasión de dos países vecinos, Marruecos y Mauritania. Jorge consigue un equilibrio perfecto para no pasarse ni en romanticismo ni en heroicidad, sin caer en ningún momento en el tan reprobable “orientalismo”. Montse Aizcorbe era una muchacha de clase media alta, que quería escapar de su vida en la gris Barcelona del “tardofranquismo”, una época muy bien retratada en el libro. Buel-la era un joven saharaui estudiante de enfermería, que había llegado a Canarias desde Villa Cisneros en el sur del Sahara Occidental, lugar de donde provenía su familia. La “maktuba” (la escrita) los unió para siempre.
El autor ha logrado narrar su historia con una prosa bella y cuidada, combinando con maestría al menos tres narradores. En la novela hay un narrador omnisciente que domina casi toda la extensión del libro; por otro lado, el propio Jorge se convierte en narrador en primera persona en el prólogo y el epílogo y hay un tercer narrador que aparece en los textos que acompañan a las fotos con las que finaliza cada capítulo, “lo que se narra en ellos son aspectos de aquella realidad con el fin de incomodar al lector”, comenta Jorge. “La enfermera del desierto” finaliza además con un “qué fue de” los personajes reales que aparecen en la novela.
Jorge juega con maestría con el tiempo y el espacio, combinando las vidas de los dos protagonistas que discurren en un principio paralelas y los lleva a converger finalmente en Canarias, donde se conocieron, y en el territorio saharaui, donde vivieron la guerra, siendo Montse incluso gravemente herida en el terrible bombardeo de Um Draiga. Jorge, que es también un hombre de ciencias y estudió una ingeniería, ha creado una interesante estructura para la novela, donde la vida es una línea recta y la muerte es una circunferencia. En el cruce de ambas, lo que él llama el “punto de tangencia”, es donde converge la historia, a la vez que lo hacen la realidad y la ficción.
La invasión del Sahara Occidental por parte de Marruecos hizo que los saharauis vivieran y vivan una serie de desgraciados acontecimientos que a la vez son muy literarios. Ocupación, guerra, refugio, detenciones, encarcelamiento, desapariciones, torturas, separación familiar, destierro… vicisitudes muy duras para ser vividas pero muy apetecibles desde un punto de vista literario. Un caso el del Sahara Occidental, como tantos otros, en el que los intereses y la política se llevan por delante la vida de personas inocentes. Pero además este caso es muy cercano a nosotros. Los saharauis fueron españoles desde 1958 hasta que la metrópoli los abandonara a su suerte en 1975 tras entregar ilegalmente el territorio a Marruecos y Mauritania. Una infamia que pesará sobre la historia de España mientras no se implique en la resolución y reparación de este conflicto.
La literatura “colonial” española es más bien escasa en comparación con países como Francia o Reino Unido. La presencia española en el Sahara dejó en su día varios libros relacionados con la geografía y la historia del territorio escritos casi todos por militares, pero no se escribió ficción, prueba de lo poco que se sabía en la España de entonces sobre aquel territorio africano. Y el caso es que hay espacio y lectores para esa literatura “colonial”, como demuestran los éxitos recientes de novelas como “El tiempo entre costuras” (2009) de María Dueñas, ambientada en el protectorado español en Marruecos o “Palmeras en la nieve” (2012) de Luz Gabás, cuyo escenario es Guinea Ecuatorial, colonia española que también se convirtió en provincia en 1958, como sucedió con el Sahara Occidental. A novelas que reflejan aquella época colonial sahariana como "El imperio desierto" de Ramón Mayrata o "Memoria rota" de Antònia Pons se suma“La enfermera del desierto”, un trabajo especialmente serio y riguroso.
La trascendencia en el tiempo de la figura de Buel-la Ahmed Zein ha estado siempre unida a la figura de Hurria, quien ya forma parte de la historia del pueblo saharaui. Así lo explicaba la Representante Saharaui para España, Jira Bulahi: “Queremos a Hurria desde la afectividad, es un referente para los saharauis. Siguió vinculada a nuestra realidad y también es un referente como madre, ya que vivió su maternidad en los campamentos”. En nuestra casa las figuras de Buel-la Ahmed Zein y su esposa Montse Aizcorbe siempre han sido reconocidas y nombradas a raíz de que mi compañero Bahia Awah investigara sobre aquella “resplandeciente” generación del 73 saharaui, los jóvenes fundadores del Frente Polisario, para su libro “El sueño de volver”. Bahia encontró en la revista estudiantil “Irifi” del Instituto General Alonso de El Aaiun una frase que refleja la dimensión del personaje: “Quiero ser médico para curarlo todo”, explicaba un Buel-la entonces estudiante de Bachillerato. Entre los hechos que investigaba Bahia para su libro descubrí la existencia de aquellas jóvenes que dejaron sus cómodas vidas para sumergirse en una guerra en el desierto, vivieron en un campo de refugiados y trabajaron durante varios años en unas condiciones durísimas. No fue una leyenda ni una ficción. Aquellas mujeres son reales, viven relativamente cerca y podemos hablar con ellas. Entonces mi mirada hacia ellas probablemente estaba impregnada de un cierto orientalismo. “Lo hice con todo el amor del mundo, la base de la cooperación es dar sin esperar nada a cambio”, explicaba Montse en la presentación de Madrid. Con el tiempo, pienso en la tremenda decisión que tomaron, Montse me contaba que era joven, estaba enamorada y quería apoyar a su compañero y a su gente con lo que sabía, sus estudios de enfermería. Pero ni la juventud ni el idealismo restan un ápice de mérito a lo que Montse/Hurria, Gurutze/Fatimetu, Anna Gaspar o Pilar/Benda, entre otras, hicieron por el pueblo saharaui, porque, en palabras de Montse “el pueblo saharaui se merece esto y mucho más”.
El libro está repleto de detalles entrañables, como la foto de portada en la que aparece una joven Montse vestida con melhfa, la fina túnica con la que se cubren las mujeres saharauis, con unos incipientes campamentos de refugiados al fondo. Montse nos contó la historia de aquella imagen. Tras recuperarse de su herida la trasladaron al campamento de Dajla, donde había una doctora belga a la que llamaban Yamila. Su marido fue a buscarla cuando enfermó y las fotos que les hizo antes de marcharse son las únicas que Montse conserva de aquella época. Una de ellas es esta foto de portada.
Recomiendo encarecidamente la lectura de “La enfermera del desierto” pero no solo para los solidarios con la causa saharaui. En especial animo a leer la novela a quienes no conozcan lo sucedido hace ya más de cuarenta años en lo que fue el Sahara Español. Es una novela bella, dura y necesaria, sobre un episodio sin resolver de esa memoria histórica de la que también forman parte los saharauis. No podemos permitir que se quede en el olvido.
Fotos: Sidi Talebbuia y Bahia Awah
Escucha el podcast literario "A qué huelen los libros" de Valeria Surcis, con nuestra reseña de "La enfermera del desierto" de Jorge Molinero

Presentación en Burgos de Las acacias del éxodo, relatos sobre la provincia 53


Siguiendo con las presentaciones de “Las acacias del éxodo”, mi libro de relatos sobre el Sahara Occidental, la que fuera provincia 53 española, el viernes 8 de noviembre recalamos en Burgos. Era este 8 de noviembre una fecha destacada por varios motivos. Se celebra el Día de las Librerías y se cumplían nueve años del brutal desmantelamiento a manos del ocupante marroquí del campamento saharaui de Gdeim Izik. Coincidiendo con otra efemérides, la caída del muro de Berlín, recordamos que en el Sahara Occidental todavía se levanta el muro marroquí de la vergüenza, sembrado de minas y que divide en dos el territorio saharaui. La presentación tuvo lugar en la librería Hijos de Santiago Rodríguez y contamos con la presencia de miembros de la comunidad saharaui en Burgos.
En la mesa estuve acompañada por Chema Gete, de la Asociación Burgalesa de Amigos del Pueblo Saharaui. Chema presentó “Las acacias del éxodo”, destacando mi tarea de difusión de la causa saharaui a través del medio que me es “más propicio", la literatura, “como autora o como antóloga" y casi siempre desde el punto de vista de la mujer. En palabras de Chema, con mis libros investigo sobre “la cultura, las costumbres, la identidad y la personalidad del pueblo saharaui” para acercar una realidad que de otra forma “sería imposible de conocer”. Chema señaló que mi obra dedicada al Sahara Occidental está comprometida con la defensa de los derechos humanos y directamente influida por mi relación con activistas saharauis. Recordó que varios relatos del libro están inspirados por la represión marroquí de Gdeim Izik y en la mujer saharaui, “que sigue siendo vanguardia de la lucha”; otros temas que aparecen en el libro son la cultura y la música saharaui y la esperanza, “que se mantiene intacta”, de volver a la tierra.
En mi intervención recordé que Gdeim Izik fue el detonante que me llevó a escribir los primeros relatos, una tarea que he ido realizando de manera discontinua a lo largo de varios años, hasta que hace dos veranos una conversación con Moina Chejatu, actual delegada saharaui en Cantabria me decidió a agrupar los relatos en un libro y a buscar editorial donde publicarlos. Destaqué durante la presentación que el libro está basado en historias reales y es un intento de lograr que los lectores conozcan lo que sucedió y empaticen con la causa saharaui con más facilidad que a través de un discurso político.
Chema eligió varios relatos de “Las acacias del éxodo” para que los comentáramos en la mesa. Es el caso de “Tengo Tengo Tengo”, protagonizado por un activista de territorios ocupados que había perdido el idioma español que estudió en el colegio cuando España estaba en el territorio; “De Güera a Villacisneros”, que recoge un poema de Julio Martín Alcántara, escrito en 1950 en alabanza a la belleza del territorio saharaui; y “Una oportunidad a la paz”, el relato que abre el libro, sobre la encrucijada en que se vieron envueltos aquellos jóvenes de la Generación del 73 saharaui, los conocidos como “yeye”, que tuvieron que tomar las armas contra el invasor marroquí.
Quiero  destacar que la librería Hijos de Santiago Rodríguez, que nos acogió tan amablemente, es una auténtica institución en la ciudad y la más  antigua de España. Fundada en 1850, todavía la dirige la misma familia. Estuvo acompañándonos durante toda la presentación Mercedes, dueña de la librería, a quien quiero agradecer desde aquí su amabilidad y disposición.
Gracias en especial a los miembros de la Asociación Burgalesa de Amigos del Pueblo Saharaui, a Carmen Valcárcel y David Fernández por la organización y a Chema Gete, que me acompañó en la mesa, como ya hizo hace seis años para la presentación de “La primavera saharaui”. Agradecemos a asociaciones como la de Burgos su convicción en la literatura como medio eficaz de difusión de la causa saharaui.



Presentación de “Las acacias del éxodo” en Zaragoza arropados por la bandera de la República Saharaui


Fotos: Jesús Antoñanzas
Bajo una enorme bandera saharaui colocada en un salón del CS Luis Buñuel presenté el pasado viernes 25 de octubre en Zaragoza mi libro “Las acacias del éxodo” (Sílex Ediciones) durante las IX Jornadas de Formación de delegados y delegadas saharauis y de CEAS-Sahara, organizadas por Um Draiga (Amigos del Pueblo Saharaui en Aragón).
Enrique Gómez de Um Draiga fue el encargado de presentar un libro de relatos sobre el Sahara que recoge historias relacionadas con el pasado saharaui y el tiempo de la colonización española, el presente ubicado en una “violenta paz” y un relato final sobre un futuro imaginado. Enrique recordó la frase de Gabriel Celaya, Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse, al considerar que “Las acacias del éxodo” es un libro que toma partido por la causa que defiende la libertad del pueblo saharaui y su lucha por regresar al territorio injustamente arrebatado hace ya cuarenta y cuatro años. Enrique mencionó mi trabajo junto a Bahia Awah en la difusión de noticias sobre el Sahara Occidental a través del blog Poemario por un Sahara Libre, abierto en 2004. De aquella época data nuestra relación con Um Draiga, asociación que siempre apostó por la difusión de noticias y análisis sobre el Sahara, y por un trabajo decidido y muy eficaz de apoyo a la literatura saharaui en español, con la edición de varias antologías y libros de poetas saharauis de la Generación de la Amistad.
En “Las acacias del éxodo” he recogido historias que de otra forma probablemente hubieran quedado en el olvido. Me sorprendió el hecho de que Enrique tuviera subrayada una frase de la contraportada del libro, que recoge un texto del escritor saharaui Bahia Awah: Por naturaleza el saharaui no cuenta sus éxitos, evita ser presumido. Con esta frase Bahia refleja que la forma de ser de los saharauis conlleva que se pierdan acontecimientos importantes para ellos. A Enrique esta frase le “golpeó” antes de comenzar la lectura del libro. Le llevó a recordar a Mohamed “Cas Cas”, gran amigo suyo, que por la modestia habitual de los saharauis guardaba para sí gran cantidad de historias personales sobre el exilio, la complicada huida de la ocupación marroquí, su viaje a Paris donde se unió a otros saharauis para después ir a la guerra… Enrique recordó emocionado cómo le insistía en que esas historias debían ser contadas. Mohamed falleció en 2005 cuando un rayo incendió una fábrica de Huesca a la que acudía a comprar harina para su comercio. Aquellas historias sobre el Sáhara se marcharon con él.
Los relatos de “Las acacias del éxodo” están inspirados en historias reales que he escuchado en charlas, entrevistas, encuentros y en momentos que he vivido en estos casi veinte años andados al lado del pueblo saharaui. Recordé en Zaragoza cómo los primeros relatos del libro fueron escritos en 2010, motivados por la impresión que me causó el violento desmantelamiento por parte del ocupante marroquí del campamento saharaui de Gdeim Izik. A aquellos relatos se unieron otros, escritos a lo largo de varios años de manera intermitente. Sin embargo, no tomé conciencia de que los agruparía en un libro hasta el verano de 2017 cuando entablé una larga charla telefónica con una mujer saharaui que precisamente estaba sentada frente a mí en la presentación. Se trata de Moina Chejatu, actual delegada saharaui en Cantabria, cuyas vivencias aparecen diseminadas en dos relatos de “Las acacias del éxodo”, “La visita”, que narra el viaje de Felipe González a los campamentos de refugiados en 1976 y su posterior traición al pueblo saharaui, y “La alfombra de La Güera”.
Con el libro pretendo llegar fundamentalmente a lectores que no conozcan apenas la causa saharaui. Enrique no opina lo mismo. También debería ser leído por saharauis y movimientos solidario, porque en ocasiones conocer una causa hace que los discursos sean “previsibles y repetitivos”. “Las acacias del éxodo” trae, en opinión de Enrique, nuevas ideas y reflexión para proseguir con la tarea. Según explicó ha tardado en leer el libro porque ha releído, ha parado y ha pensado sobre las diferentes historias y personajes, muchos de ellos conocidos en persona o por referencias.
Enrique había propuesto centrar nuestra charla en cuatro relatos de “Las acacias del éxodo”, que hablan sobre la época de la colonización, la relación entre saharauis de ambos lados del muro, la situación en territorio ocupado y la esperanza en un futuro luminoso.
“La alfombra de La Güera” es un relato que habla sobre la época de la metrópoli en el territorio y sobre el éxodo. Pero al mismo tiempo profundiza en la dicotomía entre ser “saharauis y españoles” que tenían los habitantes del territorio durante la etapa de la provincialización, que no fue otra cosa que una maniobra de España para prolongar su presencia en el Sahara Occidental. Es también un homenaje a La Güera, aquella población saharaui situada “al sur del sur” que hoy yace sepultada por la arena, en espera de que regresen sus verdaderos habitantes y La Güera vuelva a florecer.
En “Las llamas que encienden mi corazón” recreo los recuerdos de aquella joven generación del 73 saharaui, los jóvenes que prendieron la revolución, mediante la historia de una pareja separada años después por la guerra. También hablo sobre la relación de los saharauis de uno y otro lado. Durante décadas fue imposible el paso de un lado a otro del muro y muy difícil la simple comunicación. Marruecos blindó por completo durante décadas los territorios ocupados. La llegada de internet y la Intifada de 2005 nos permitió conocer lo que estaba sucediendo en las zonas ocupadas. De alguna forma el muro empezó a resquebrajarse.
El relato “La combatiente” está ambientando en los territorios ocupados. Recoge un hecho real, el ataque de las fuerzas marroquíes de ocupación a la fiel compañera del activista saharaui de derechos humanos Hmad Hamad y a quien Enrique pudo conocer en el viaje de observación que realizó a El Aaiun ocupado en noviembre de 2009, durante la huelga de hambre de la activista saharaui Aminetu Haidar. Enrique viajó junto a su compañero de Um Draiga Rafa Antorrena y los políticos aragoneses José Luis Soro (CHA) y Álvaro Sanz (IU). Aquella fue una visita muy tensa en la que la delegación estuvo constantemente seguida y vigilada por la policía ocupante, y donde se reunieron en el desierto con tres destacados activistas saharauis Ahmed Esbai (preso político del Grupo Gdeim Izik actualmente encarcelado, como recordó Enrique), Mohamed Dadach (Premio Rafto de derechos humanos) y el mencionado Hmad Hamad. Los activistas fueron detenidos y los aragoneses expulsados.
El libro finaliza con un largo relato que también fue seleccionado por Enrique para la presentación. Titulado “Canciones para una revolución”, en él la música saharaui juega un destacado papel. Lo he situado en un futuro concebido como un tiempo en el que los saharauis han regresado por fin a la tierra.
La presentación de la Zaragoza contó con una amplia representación de autoridades saharauis encabezadas por el Ministro de Salud Pública Mohamed Lamin Daddi, la Representante Saharaui para España Jira Bulahi y el Delegado Saharaui en Aragón Sidahmed Darbal, además de delegados de diferentes comunidades autónomas de todo el estado español. Hay que destacar además la participación de la Comunidad Saharaui en Aragón y de representantes de CEAS-Sahara. También hay que destacar la presencia del activista saharaui de derechos humanos, ex preso y ex desaparecido Brahim Sabbar, en representación de los territorios ocupados.
En definitiva, una jornada emocionante que me sirve para reafirmarme en mi compromiso con la cultura y la literatura como eficaces medios de lucha y difusión de la causa saharaui.



Commando, la “salvajemente honesta” autobiografía de Johnny Ramone



«Me gustaban las entrevistas a poco que el periodista fuera bueno, pero sabía que no era el caso en cuanto me preguntaban si éramos hermanos». Johnny Ramone J
Mi reciente repaso por la discografía de Ramones, completa y en orden, me descubrió la autobiografía del guitarrista de la banda, Johnny Ramone. Pensé que leerla sería un magnífico complemento, tras haberme adentrado en la carrera y las vicisitudes de la banda. Así ha sido y debo confesar que ha disfrutado con la lectura de “Commando”, un libro que en realidad no está escrito como tal por Johnny pero que sí recoge con fidelidad las palabras del fundador de una de las bandas míticas de la historia del punk.
«Mi éxito se lo debo al trabajo duro, la inteligencia y haber sabido aprovechar la suerte”, afirma en el libro el guitarrista. Nacido como John William Cummings, a Johnny Ramone se le ha definido como ultraconservador, entusiasta seguidor del partido republicano, nacionalista, autoritario, gruñón, muy mirado para el dinero (vale, muy tacaño, él mismo cuenta que se gastó 5 dólares en la foto de boda con Linda y otros 15 en alquilar las flores, de plástico), egoísta, temido, borde… Sin embargo, su sentido de la responsabilidad y del trabajo cohesionó a un grupo compuesto por personalidades complejas y extremas y en el que hubo que lidiar con las adicciones y problemas mentales de sus componentes. Haber trabajado en la construcción le hizo saber a Johnny el valor del dinero y lo que cuesta ganarlo, y tomarse su carrera como un trabajo en el que había que asumir responsabilidades, estar en forma y ser puntual. En Johnny había “cero misticismo” en lo referido a la creación, ni dramatismos ni cursilerías en cuanto a su banda.
Johnny organizó la carrera de su grupo con mano de hierro, él se encargó de todo lo que tuvo que ver con los contratos y el dinero y trató de dirigir al grupo para que no abandonaran los márgenes del punk rock que él tenía tan claros. El guitarrista también tuvo mucho que ver en la creación del inconfundible “uniforme” de los Ramones, vaqueros ajustados y rotos, camisetas por debajo de su talla, zapatillas Keds (que no Converse), y sobre todo las chupas de cuero Perfecto, de estilo motero y con chapas. Un look de elegancia atemporal, todavía hoy adoptado por millones de jóvenes y no tan jóvenes en todo el mundo. Sin embargo, no se pudo salir siempre con la suya, chocando, entre otras cosas, con la ideología de Joey Ramone y su gusto por la música de los 50 y 60. Su relación con el cantante de Ramones fue nula desde inicios de los ochenta. Resulta sencillo querer al entrañable Joey; por el contrario, Johnny era ególatra, antipático, gruñón, conservador y tacaño. Tal vez en su descargo se pueda decir que se esforzó por mantener el grupo unido, porque los Ramones eran socios, no amigos o compañeros, y la banda era un curro. Punto. Respetó a su público, ofreció lo mejor de sí mismo y cuando “se le fue la música”, finiquitó a los Ramones. Su última actuación juntos, la 2.263, tuvo lugar el 6 de agosto de 1996 en el Hollywood Palace de Los Angeles. Siempre le quedó la intención de volver a juntarse puntualmente, pero la muerte de Joey en 2001 lo impidió. Sin la presencia de Joey ya era imposible.
Además de la inexistente relación entre Johnny y Joey, los Ramones tuvieron que lidiar con los problemas de Marky con el alcohol y la grave adicción de Dee Dee a las drogas. El bajista abandonó la banda en el año 1989 para dedicarse nada menos que al rap. Johnny propició entonces la entrada de CJ, un joven fan de la banda que mantuvo el tipo, lo que no era nada fácil. CJ estuvo con los Ramones siete años y compuso y cantó varios temas. Johnny le definió como “una buena persona fácil de llevar” y trató de que se sintiera parte de la banda. No hubo tan buen rollo con otros sustitutos de los Ramones originales, como el batería Richie Ramone, con el que no acabaron nada bien por un “quítame allá unas camisetas”.
“Commando” es un testimonio extravagantemente sincero, el guitarrista no hace ni el más mínimo esfuerzo por quedar bien ante los lectores. Johnny se desnuda por completo, mostrando sus opiniones sin ninguna clase de filtros. Habla sin tapujos sobre sus compañeros de banda, sobre el equipo que les acompañó, sobre los periodistas, sobre otros grupos, sobre la escena punk o sobre lo poco que le gustaba Europa, en especial Francia. Del mundillo musical de su época apreciaba a Johnny Thunders, odiaba a los miembros de Television y no se llevaba del todo mal con los Cramps, Blondie o Talking Heads, aunque también les atiza en varios momentos del libro. Su amor y respeto se repartió entre su público “los fans nos ayudaron a conseguir todo lo que alcanzamos”; su padre, el primer héroe de su vida y al que siempre admiró; sus muy escogidos amigos, como Lisa Marie Presley, Eddie Vedder, Nicolas Cage o Rob Zombie; algunos, pocos, compañeros de profesión y su esposa Linda, sí, aquella que fue antes novia de Joey. Johnny Ramone no quería tratos con quienes no le gustaban, se declaraba muy selectivo con la gente que entraba a formar parte de su vida. Así, su círculo de amigos fue escogido con sumo cuidado y murió rodeado de algunos de ellos. Un cáncer de próstata se lo llevó un 15 de septiembre de 2004. Está enterrado en el Hollywood Forever Cemetery en California, en una tumba presidida por una estatua suya de más de dos metros de altura.
Competitivo y mandón, no le gustaba perder bajo ninguna circunstancia. Lo que no impidió que todas las decisiones del grupo acostumbraran a tomarse por votación, aunque él perdiera en muchas ocasiones cuando Dee Dee y Joey votaban lo mismo. Su “salvaje honestidad” le presenta en el libro como un hombre empeñado en ganar un millón de dólares con la música para retirarse del negocio y cumplir su verdadero sueño, ser productor de películas de serie B. Sin embargo, y a pesar de ser tan controlador, sus planes no salieron como él esperaba, los Ramones no fueron un grupo de grandes éxitos ni de enormes cifras de ventas. En realidad, los grandes ingresos de la banda estuvieron en la venta de camisetas y en las continuas giras de conciertos en las que embarcaban. En un intento de conseguir éxito comercial recurrieron en 1980 al polémico Phil Spector para grabar el “End of the century”, su quinto álbum de estudio, adorado por muchos fans y odiado por los más fanáticos del punk rock. Sin embargo, aquel intento tampoco funcionó. La historia resultó una pesadilla para Johnny y para el resto de la banda, excepto para Joey, que era gran admirador de Spector. A partir de entonces, y dando muestras de su enorme pragmatismo, Johnny convirtió la carrera de su banda en un trabajo con el que trató de asegurarse “el dinero suficiente para no tener que trabajar en otra cosa”. Y en ello se empleó con decisión.
También hay lugar en estas memorias para el amor. Capítulo especial merece su relación más sonada y duradera. Linda Danielle, quien fuera novia de Joey se convertiría en la pareja de Johnny. 20 años estuvieron juntos y sólo les separó la muerte del guitarrista. Ella fue inspiradora de canciones tan maravillosas como “Danny Says”, “She's a Sensation” o “The KKK Took My Baby Away Away”, compuestas por Joey. En eso Linda salió perdiendo al cambiar de Ramone. Lo que realmente le preocupaba a Johnny cuando le “levantó” la novia a su compañero, era que su relación con Linda llevara a Joey a abandonar la banda.
El libro es muy completo en cuanto a imágenes y tiene una colorida y cuidada maquetación, como es habitual en las ediciones de Malpaso. En la parte final se muestran fotos de las agendas de Johnny en las que, de manera sumamente escueta, refleja hechos de su día a día, como grabaciones, conciertos en el CBGB o su paso por el cine para ver Taxi Driver. “Commando” finaliza con un repaso a la discografía de Ramones realizado de su puño y letra, donde Johnny cuenta el proceso de grabación y su opinión de cada disco, poniéndoles incluso nota. «Yo escribí el libro del punk y sólo a mí me ha sido dado decidir lo que es punk y lo que no lo es», afirma Johnny. Genio y figura.

“En el infierno también escuchan rock”, memorias de Miguel Alférez de Decibelios. Siguiendo el camino de la música


“Cuando la música te indique el camino no lo dudes, ve por ahí”
La semana pasada un buen amigo me avisó de la presencia en Madrid, en Potencial Hardcore, de Miguel Alférez con motivo de la edición de su libro de memorias “En el infierno también escuchan rock” (Letrame Editorial). Alférez fue batería de Decibelios, grupo barcelonés a los que se considera introductores del Oi! en España. No me encontraba en Madrid en esa fecha pero el libro me llamó la atención y me decidí a leerlo. 
Antes de empezar, quiero aclarar que no recuerdo haber escuchado nunca a Decibelios y apenas sabía nada sobre ellos, excepto lo que pude escuchar a Tomás de la Fonoteca en la presentación de su libro “Punk pero qué punk”. Tampoco pienso meterme en jardines estilísticos o ideológicos sobre Decibelios o explicaciones sobre el Oi!, estilo musical que conocí en el instituto a mediados de los ochenta pero sobre el que me declaro una absoluta ignorante. Dicho esto, me interesa el libro de Miguel “En el infierno también escuchan rock” en su vertiente de memorias de un músico y de una época, la década de los ochenta, dos aspectos que me resultan especialmente atrayentes en cuanto a lectura y para escribir.
“En el infierno también escuchan rock” es un libro de memorias de muy agradable lectura, de hecho yo lo leí entero en una jornada de piscina. Miguel navega con estilo por las procelosas aguas del rock, en las que se sumergió desde muy joven y llegó a alcanzar relevancia. No hay lugar en estas memorias para disputas, ajustes de cuentas o revelaciones escandalosas. Quienes busquen polémica, desparrame o sexo y drogas, desde luego aquí no lo van a encontrar. Sí encontrarán los lectores la tercera premisa, mucho rock and roll, ese bicho que picó a Miguel durante su adolescencia parisina y que ya no le soltó jamás. Sobre dos de las polémicas recurrentes de Decibelios, la camiseta de Hitler que lució Fray y la bandera de España que aparecía en su local de ensayo, os remito al libro.
Los recuerdos que nos ofrece Miguel Alférez empiezan por el principio. Hijo de dibujante y de ama de casa, siendo él muy pequeño la familia se trasladó a Francia en busca de un futuro mejor. Era finales de los años 50 y Miguel cuenta con gracia las primeras travesuras infantiles, el colegio francés, una adolescencia rebelde y gamberra y la vuelta a Barcelona de toda la familia. A esas alturas Miguel ya había abandonado los estudios y comenzaba con la búsqueda de trabajo. Miguel cuenta, a mí me hubiera gustado que contara más, sobre esa Barcelona de inicios de los setenta, a la que regresó sin amigos y con un futuro bastante negro. Sus primeras incursiones musicales las hizo  trabajando de disc jockey en diferentes locales de Barcelona. El virus musical ya estaba dentro de él y desde muy joven compaginó la música con diversos empleos. Estuvo en la editorial Bruguera para la que trabajaba su padre como dibujante, trabajó de cerrajero o montó una carpintería de aluminio. Siempre compaginó su faceta de músico y currante, al fin y al cabo todos eran de origen obrero y humilde.
Pero me he adelantado. Su primera banda la formó con su hermano Manolo, su eterno compinche. Era 1974 y se llamaron Satanás; estaban influidos por el glam y el rock de aquella época, en especial Deep Purple, grupo favorito de Miguel por entonces. A Manolo no se le quitaron las ganas de ir con su hermano a pesar de las barrabasadas que le hacía de niños y le acompañaría en muchas de sus incursiones musicales. 
Tras un tiempo intentando montar una banda, el encuentro con Fray es decisivo. Los dos se entienden a la perfección y en 1980 forman el grupo Decibelios. Primero se llamaron dB y contaban con cinco miembros, con Miguel a la batería y haciendo labores de manager, y su hermano Manolo al bajo, Fray era el cantante y pronto se cayó Macià, uno de los guitarristas de la banda; más tarde Xavi, el otro guitarrista, dejó la banda y fue sustituido por Manel, de Masturbadores Mongólicos. Así quedó completada la formación definitiva del grupo, a la que se unía ocasionalmente una sección de viento cuando el grupo se decantó por el ska. 
Aunque la base de operaciones de Decibelios siempre estuvo en Barcelona, tuvieron una relación muy fluida con Madrid. Tras su primer concierto en la capital en 1982 entraron en contacto con Servando Carballar y firmaron con su discográfica D.R.O. (Discos Radiactivos Organizados), con la que grabaron casi la totalidad de sus discos y para la que Miguel tiene buenas palabras en el libro. Con ellos graban su primer sencillo, «Paletas Putrefactos». En 1984 graban su primer LP, “Caldo de pollo”, y un año después el segundo, “Oi!”, en el que aparece una versión de The 4 Skins, que ellos llamaron «Kaos» y se convirtió en uno de sus himnos. 
Me ha llamado la atención el afán de Miguel por seguir adelante en un panorama tan desolador como es el de la música española. A pesar de ser Decibelios una banda con aceptación y seguidores, tuvieron que seguir currando en otras cosas y currándoselo en la música para hacerse ver. Conocidos y documentados por la prensa son su concierto de media hora subidos en un camión en plena Gran Vía de Barcelona para el que no tenían ningún tipo de permiso, la vez que salieron por las bravas al escenario de las fiestas de la Mercé en las que el ayuntamiento nunca les invitaba a tocar, o el masivo concierto que dieron en Plaza Cataluña en 1985. Imaginación y arrestos nunca les faltaron. 
Miguel desmitifica algunas historias, ¿leyendas urbanas?, que rodearon a la banda, el mundo de la “mitología” del rock a veces puede ser especialmente idiota. Desmiente lo de que descabezaran pollitos en los conciertos, aunque en una ocasión sacaron una gallina en un televisor vaciado y a veces llevaban una cabeza de toro. A Decibelios les gustaba rociar el contenido de extintores sobre el público y lanzaban unas bombas caseras, fabricadas con flotadores de cisterna pintados de negro y con un petardo.
En el libro hay cumplido espacio para otros músicos y grupos de la época. Miguel, que tiene pinta de ser un gran tipo, habla de su amistad juvenil con Loquillo, su buena relación con las Vulpes, Manolo García (con quien estuvo a punto de montar el sello “Discos Criminales”), Siniestro Total, quienes le propusieron ser su batería, Edi Clavo que le dio un paseo en moto por las calles de Madrid, o su desencuentro con Jorge Ilegal que casi acaba en duelo a muerte de cervezas. También habla de periodistas como Jesús Ordovás que, según Miguel, apenas les dejó meter baza en una entrevista, o del encontronazo que tuvieron con un segurata del programa de Miguel Ríos “Qué noche la de aquel año” en el que nunca actuarían.
Su tercer disco, quizá el que tuvo más éxito, fue “Vacaciones en el Prat”, 1986. El disco con portada playera de pega y paella verdadera incluida “nos abrió las puertas a mucha gente que no nos conocía pero por el contrario nos las cerró a gente que nos seguía”, afirmaba Miguel en una entrevista. La canción «Sangre dorada» se pinchó mucho en las radios y llegó a ser disco rojo en los 40 Principales. En el video de la canción, grabado en una fábrica de cerveza, los músicos se cambiaron los papeles, cosa que les gustaba hacer en ocasiones. Miguel hacía el playback de Fray mientras que el cantante aporreaba unos barriles como si fuera el batería. Algo parecido hicieron en el recordado programa de televisión Plastic. En alguna ocasión incluso faltaba Manel que, como recuerda Miguel en el libro, si decía que no iba, pues no se presentaba y listo. Su versión de “Angelitos negros” popularizada por Antonio Machín y que ellos llamaron “Estos macarrones aún no están hechos” les trajo un disgusto en forma de denuncia. Perdieron el juicio y se destruyeron todos los ejemplares retirados de tiendas y los que había en el almacén además de tener que pagar una multa. Descalabro que se solucionó con nuevas copias del disco que no incluían la susodicha canción.
El cambio de compañía llegó en 1989. Decibelios abandonaron DRO firmando con Producciones Twins donde grabaron el álbum “Con el tiempo y una caña”, en el que por primera vez les produjo alguien ajeno a la banda, Rosendo Mercado. Miguel habla en el libro de su dificultad para adaptarse al metrónomo impuesto por Rosendo. La crítica habla de que en este disco Decibelios abandonaron su sonido característico por uno más cercano al del maestro de Carabanchel. Sería su último disco juntos. En 1990 la banda se separó tras diez años de andadura musical, atrás quedaban cinco discos, uno de ellos en directo, el “Vivo's 88”, grabado en la sala Zeleste de Barcelona.
Miguel formaría después Rivolta, junto a músicos como Albert Gil (Brighton 64), Boris (Hombre de Pekín) y David (de la última época de Decibelios), entre otros. Una experiencia que no acabó demasiado bien por diferencias con Albert.
En 2013 fundó SubTrabelios con esa auténtica leyenda que es Morfi Grei de La Banda Trapera del Rio y su hermano Manuel. Se les unió Bolo de Subterranean Kids como batería, David Ocaña de Decibelios y Rivolta, a la guitarra solista y Assumpta a los teclados. Miguel pasó a ocupar el puesto de cantante, problemas de salud le impedían ocuparse de la batería. 
Tras más de treinta años separados Decibelios casi al completo se volvieron a unir en 2014 para ofrecer la gira “¡A por ellos! 2014”, compuesta por tres únicos conciertos en Bilbao, Madrid y Barcelona, que se convirtieron en multitudinarios. Según Miguel, llegaron las desavenencias con Fray, el cantante de la banda, por la firma de más fechas de conciertos, algo que no era lo que se había hablado en un principio. La ruptura definitiva tendrá lugar por culpa de la administración de la cuenta del grupo en Facebook (la peligrosa red infernal). Miguel deja la música en 2015. En la actualidad Fray mantiene el nombre de Decibelios, pero esa ya es otra historia.
Y como anécdota personal, gracias a “En el infierno también escuchan rock” me he animado a bajar por primera vez a Potencial Hardcore, abigarrada tienda vallecana, templo de estilos como punk, hardcore, ska, rap o el mencionado Oi!. Destaco el paseo por la calle Melquiades Biencinto (con mirada hacia lo que fue el Cine Río y la Parroquia de San Ramón Nonato) y la amabilidad de Fernando, al frente de Potencial Hardcore desde 1986.
Foto: Miguel Alférez
Foto: Potencial Hardcore

'Las acacias del éxodo', de Conchi Moya un libro sobre la memoria y la esperanza de los saharauis


Conchi Moya escribe historias sobre personajes reales, célebres y anónimos
“Quiero que se conozca a los saharauis y denunciar la injusticia cometida con un pueblo digno y valiente”, asegura
*Fuente: RTVE. Por JESÚS JIMÉNEZ (@vinetabocadillo) 13.06.2019 
El pueblo saharaui lleva casi medio siglo pidiendo la autodeterminación, que se le deje vivir en paz en su tierra. Pero sus esperanzas de conseguirla parecen cada vez más lejanas por la ocupación marroquí y la indiferencia internacional. Ahora la escritora Conchi Moya (Madrid, 1971) da voz a personajes famosos y anónimos en una serie de relatos que ha escrito sobre el tema: Las acacias del éxodo (Sílex ediciones), y que nos permiten conocer mejor los sueños y esperanzas de los saharauis.
“Todos los relatos tienen en común que giran en torno a los saharauis –asegura Conchi-. He elegido el tiempo como forma de estructurarlos. Así hay tres partes: el ayer, donde recojo historias de la época en que España estaba todavía en el territorio y del momento del abandono y posterior invasión marroquí; el hoy, con relatos inspirados en el periodo actual de impasse, una situación de ni paz ni guerra muy peligrosa para los saharauis, y una tercera parte situada en el mañana, donde reflejo el anhelo de lo que espero que pronto suceda en el Sáhara a través de un relato relacionado con los músicos saharauis de todos los tiempos”.
“Las acacias del éxodo –continúa la escritora- es un libro de relatos sobre la memoria y la esperanza que ha sido definido como “no neutral”, que “no deja indiferente” o como “un puñetazo en la mandíbula de la política internacional española”. A nivel literario se ha destacado la dulzura con la que Las acacias del éxodo describe situaciones muy duras y la capacidad de extraer material literario y llegar al corazón del lector a partir de historias cotidianas y detalles en apariencia insignificantes".
“Con estos relatos –añade- pretendo que se conozca a los saharauis, que se sepa quiénes son los causantes de la situación tan terrible que están viviendo y denunciar la injusticia cometida con un pueblo digno y valiente que está defendiendo su derecho a existir como lo que son, saharauis”.
“Mi aspiración con el libro es en especial llegar a lectores que no saben nada sobre el pueblo saharaui, que estas historias les interesen y que, tras leerlos, se queden” –añade la autora-.
Viaje al centro de la noche - Viajamos para nada (1) - 25/05/19
     
                                         Viajamos para nada (1)
Un libro inspirado por la represión de 2010
La escritora madrileña nos cuenta cómo nació el libro: “Mi escritura de temática saharaui tiene mucho que ver con mi día a día, con el seguimiento a la actualidad diaria de lo que sucede en el Sahara Occidental, con lo que percibo en charlas con amigos saharauis, lo que recojo del contacto con activistas de derechos humanos, con refugiados saharauis en la diáspora, con mi familia. Las duras circunstancias que viven los saharauis han hecho que sean protagonistas de experiencias vitales que merecen ser contadas. De la intención de dar a conocer a través de la literatura esas historias que atesoran los saharauis nace Las acacias del éxodo.
“En 2010 –continúa- comencé a escribir algunos relatos inspirados en lo sucedido en el campamento saharaui de Gdeim Izik, un levantamiento pacífico de la población saharaui en territorio ocupado que fue brutalmente desmantelado por el ocupante marroquí. Aquellos días vertiginosos me impresionaron hondamente y necesitaba plasmar todo lo que se vivió entonces”.
“Hace un par de años –añade Conchi- decidí juntar varios de aquellos relatos y otros nuevos que habían ido surgiendo y a partir de ese momento sí pensé que podía haber un libro. Tuve la suerte de que le interesara a Ramiro Domínguez de Sílex Ediciones y gracias a ellos he podido verlo publicado en una editorial de gran solvencia y larga trayectoria”.
Basados en hechos y personajes reales
Aunque son relatos, todos están inspirados en personas y acontecimientos reales, como nos comenta Conchi: “Todos los relatos están basados de alguna forma en hechos y personajes reales. A partir de una historia, de una anécdota, de una conversación, de una vivencia personal o de un detalle que me conmueve, escribo el relato”.
“En otros casos –añade-, he buscado escribir sobre un hecho en el que yo personalmente estaba interesada. Es el caso de la mítica foto de la combatiente saharaui con un bebé en brazos realizada por la foto reportera Christine Spengler o la visita de Felipe González a los campamentos de refugiados saharauis en noviembre de 1976. En ambos casos he entrevistado a algunos de sus protagonistas y he ficcionado los hechos para convertirlos en literatura”.
“El lector debe tener en cuenta que no es un libro de historia, mi aproximación a los hechos reales que narro es literaria” -asegura Conchi-.
“La mujer sigue en la vanguardia de la lucha saharaui”
Las mujeres saharauis tienen gran protagonismo en estas historias y también en el pueblo saharaui. ”La mujer saharaui ha sido un pilar en su sociedad desde tiempos inmemoriales –asegura Conchi Moya-. Durante los años del éxodo y la guerra su papel fue fundamental. Ellas pusieron en pie los campamentos mientras los hombres estaban en la guerra, fueron albañiles, sanitarias, educadoras, organizaron el estado saharaui en el exilio”.
“Hoy en día siguen en vanguardia de la lucha saharaui –continúa-, como se puede ver en los territorios ocupados donde las mujeres encabezan las manifestaciones y donde hay reputadas activistas de derechos humanos que sufren persecución, torturas y cárcel. Todo ello se refleja en mis relatos, muchos de ellos protagonizados por mujeres. Lo que no quita que las mujeres saharauis continúen luchando hoy en día por tener un papel más decisivo e igualitario en su sociedad”.
El paisaje humano y natural
El paisaje humano tiende a confundirse con el natural la sociedad saharaui. “La naturaleza del desierto, inclemente y extrema, moldea e interviene en el carácter de sus habitantes –nos cuenta Conchi-. Los saharauis son un pueblo curtido, digno y paciente. Dice un proverbio saharaui que “a quien aguanta le llega la sombra”. Desde la causa nos animamos unos a otros para continuar el camino con una palabra “seguimos”, hay que endurecerse para que la situación desfavorable no pueda contigo. En esa forma de ser tiene mucho que ver la dureza del paisaje que rodea a los saharauis”.
“Ese paisaje del que les han desposeído injustamente, esa tierra añorada, ha sido cantada desde siempre por los poetas saharauis –añade-. Es cierto que en cada saharaui habita un poeta, bien por componer versos o bien por memorizarlos y saber reproducirlos en la ocasión más adecuada. La tierra es la principal inspiradora de la poesía saharaui; como dice Ebnu, uno de los poetas saharauis en español, la poesía saharaui es un atlas geográfico que evoca montes, ríos, colinas, dunas o valles. La poesía es sin duda uno de los grandes patrimonios que tienen los saharauis”.
La cultura y la música saharauis
Y es que una de las cosas que Conchi ha querido destacar en el libro es la cultura saharaui, destacando la música. “La cultura –nos comenta- es uno de los frentes que han elegido los saharauis para denunciar ante el mundo su situación. Cine, literatura, arte y por supuesto música. Desde el inicio de la revolución saharaui, cuando luchaban para conseguir su independencia de España, el Frente Polisario se sirvió de la música para agitar la conciencia del pueblo y difundir eslóganes. Los poetas componían letras revolucionarias que luego eran cantadas por las primeras voces que surgieron en la música saharaui”.
“Con la invasión mauritano marroquí se crearon grupos musicales como Mártir Luali, que llevaron la causa a muchos países a través de la música –continúa-. Eso es lo que he querido recordar y homenajear en el relato que cierra el libro “Canciones para una revolución”, en el que además hago un juego con el tiempo para invocar ese “anhelo que ya no espera más”, como dice el poema de Chejdan Mahmud”.
“La música saharaui –concluye- ha vivido momentos de enorme esplendor con Mariem Hassan, la gran voz saharaui que lamentablemente nos dejó demasiado pronto. Como ella decía, los simpatizantes de las causas vienen y van pero la cultura, la música, la literatura, la poesía generan “fans” para siempre porque un fan no te va a abandonar nunca. Esas palabras las recordaba el sobrino de Mariem en la presentación de Las acacias del éxodo en Madrid”.
"No dejes que ensille tu rahla (montura) quién no viaje contigo"
En la portada del libro puede leerse una frase que ha inspirado a la autora en este viaje literario: ‘No dejes que ensille tu rahla (montura) quién no viaje contigo’. “La frase es un proverbio saharaui y la ha recordado el escritor e investigador Bahia Awah en la contraportada del libro –asegura Conchi-. Es una frase muy poderosa como todo lo que viene del saber popular. El significado está claro, sólo entiendo el acompañamiento a una causa, en este caso la saharaui, como un viaje diario, un esfuerzo diario al que debemos comprometernos de manera directa”.
“Este libro es una forma más de acompañar a los saharauis en este largo viaje hacia la libertad, que para ellos dura ya más de cuarenta años. Yo llevo diecinueve acompañándoles y espero que llegue a su buen fin lo más pronto posible” –concluye-.
“La esperanza se mantiene intacta”
Como comentábamos, el libro también se preocupa por el futuro de los saharauis, tras un conflicto tan largo y que no parece tener una solución a corto plazo. “El problema saharaui es político pero se ha dejado en manos de la ONU, una organización que se ha mostrado incapaz para resolverlo –asegura Conchi-, empezando porque Francia, principal valedor del ocupante marroquí, ejerce toda su influencia para que las cosas no se resuelvan”.
“España, que aún es potencia administradora del territorio, se ha desentendido de sus obligaciones con los saharauis y se ha entregado a Marruecos por intereses personales, los atávicos miedos al incómodo vecino del Sur y por la falta de visión de los dirigentes españoles”.
“Sin embargo, hay vida más allá de los mediocres políticos de la vieja Europa –asegura Conchi-. La causa sigue viva, continúa ganando adeptos, la República Saharaui avanza con fuerza en el continente africano donde es activo miembro fundador de la Unidad Africana y las relaciones con los gobiernos latinoamericanos son fluidas gracias entre otras cosas al idioma español que tienen en común”.
“La situación actual es de impasse, desde el alto al fuego de 1991 se vive una situación de “no paz, no guerra”, que sólo beneficia al ocupante -añade la escritora-. Marruecos deja pasar el tiempo, mientras continúa esquilmando los recursos naturales saharauis y el Sahara ocupado se llena de colonos marroquíes. Por eso digo en el libro que “nada es tan violento como esta paz de hoy”. El pueblo saharaui sigue dividido y disperso, pasando por muchas penalidades en los campamentos de refugiados y sufriendo una terrible represión en los territorios ocupados”.
“Sin embargo, la esperanza se mantiene intacta, los saharauis luchan por lo que es suyo, su causa es completamente legal y justa y se acabará imponiendo” –concluye Conchi-.
“Varias generaciones de saharauis no conocen su tierra”
Uno de los problemas a los que se enfrentan los saharauis es que muchos jóvenes ni siquiera conocen su tierra natal. “A causa de estos más de cuarenta años de ocupación ya han nacido varias generaciones fuera del territorio que no conocen su tierra –asegura Conchi-. Unos viven bajo una durísima ocupación, otros como refugiados en los campamentos y otros en la diáspora, a veces con sus familias y otras con familias de acogida. Hay un gran problema no sólo de olvidarse de la causa sino directamente de olvidarse de su cultura, de desarraigarse”.
“Es un tema realmente preocupante –continúa-. Pero lo cierto es que tarde o temprano los jóvenes que están fuera de la causa la acaban asumiendo como suya. Poco a poco las nuevas generaciones van ocupando puestos de responsabilidad en las instituciones saharauis, toman posiciones en el activismo saharaui en territorios ocupados o trabajan por su causa desde el activismo cultural, informativo o solidario”.
En cuanto a sus proyectos, Conchi Moya asegura que: “De momento mi idea es seguir escribiendo a mi ritmo, sobre los temas que me interesan, principalmente el Sahara y la música. En la actualidad estoy centrada en la escritura de relatos cortos de narrativa rock, tengo una novela acabada y estoy empezando otra. La radio, que es otra de mis pasiones, la tengo aparcada, aunque ahora estoy muy contenta por una colaboración con el podcast literario A qué huelen los libros de Valeria Surcis, donde puedo combinar esas dos pasiones”.

Las acacias del éxodo, de Conchi Moya. La literatura como necesaria aproximación para conocer a un pueblo olvidado



Dice Bahia Mahmud Awah en la contraportada del libro que “el saharaui por naturaleza no cuenta sus éxitos, evita ser presumido”. Eso que me consta es cierto, hace que pasen desapercibidas muchas historias de saharauis por su pudor.
Nada más leer la contraportada me vino a la cabeza la historia de un amigo saharaui al que yo le recriminaba que no quisiera poner por escrito esa cantidad de historias que me contaba de la guerra, del exilio… Recordaba a Mohamed Cas Cas y como sufrió para huir de la ocupación marroquí, como fue a Paris a juntarse con otros saharauis para después ir a la guerra. Recordaba como ese buen hombre murió en un trágico accidente en Huesca después de llevar varios años en España, como decía él de forma provisional, hasta que su, nuestro Sahara, fuera libre.
El libro prometía y solo había leído la contraportada.
Ya en el segundo relato te encuentras de bruces con una de las mayores traiciones que se han producido al pueblo saharaui de manos del otrora secretario general de un partido que gobernó España durante muchos años.
Y lees en ese relato como el ínclito traidor lloraba al ver los estragos que la guerra estaba causando el pueblo saharaui en los campamentos de población refugiada en su visita en 1.976. Recordaba el vídeo donde se comprometía con la historia y decía que su partido no abandonaría nunca al pueblo saharaui.
En menos de 10 minutos de lectura de “Las acacias del éxodo” había podido comprobar como es el pueblo saharaui recordando la figura de mi amigo y como si fuera la otra cara de la moneda, la de un traidor que cambia de opinión, traiciona sus “principios” y los de su partido a saber muy bien por qué intereses.
“Las acacias del éxodo” nos acerca con relatos cortos y amenos a lo que es la historia del pueblo saharaui. Nos habla del abandono de España, de la esperanza del regreso o de la represión que sufren en silencio mediático la población saharaui en los territorios ocupados del Sahara Occidental. Nos habla de la esperanza de un pueblo y la dureza que sufre por culpa un proceso inconcluso de descolonización y de la ocupación posterior de un estado feudal y salvaje que ya dura demasiados años.
Nos habla de cómo España nunca se creyó de verdad que los saharauis eran españoles y cómo éstos y éstas descubrían gracias a esa dejación su propia identidad.
Son relatos de muy fácil lectura que por lo menos en mi caso no he podido leer seguidos. No ha habido un relato que me haya dejado indiferente. Son muchos los recuerdos de personas que conoces, algunas están en el libro, otras en mi imaginario. Gente a la que han torturado, han encarcelado durante años, han desaparecido, ha dejado su vida por una causa…
A lo largo del libro se trata el papel determinante de la mujer saharaui en todo el proceso de la breve historia de liberación del Sahara Occidental. Ese papel silencioso pero imprescindible para levantar de la nada unos campamentos de población refugiada, mantener la esperanza del regreso a su país y luchar bajo el opresor por defender su identidad como pueblo.
Se habla de muchas mujeres valientes y dignas en el libro, algunas veces desde el recuerdo, otras desde la añoranza y otras con simpatía como cuando habla de la figura femenina de “la combatiente” compañera inseparable del bueno de Hmad Hamad.
Dice Conchi que “Las acacias del éxodo” pretende “dar a conocer la causa saharaui a un público fundamentalmente que no la conozca demasiado”. Estoy de acuerdo en la afirmación, pero yo lo extendería. El libro también ayuda a dar a conocer la causa saharaui, a aquellas personas que llevan muchos años de acompañamiento al pueblo saharaui. A veces los que nos movemos en la solidaridad con el Sahara lo hacemos con ideas y discursos absolutamente previsibles por repetitivos.
Se hace necesario en muchos casos echar el freno de mano y reflexionar sobre nuestra causa y la forma de lucha para conseguir los objetivos de libertad e independencia.
En ese sentido “Las acacias del éxodo” nos trae aire fresco y sirve para cargar las pilas para seguir acompañando a este pueblo que tanto se lo merece.
Enrique Gómez
Um Draiga
P.D. Sería fantástico que este libro lo pudieran leer todas las familias que acogen a menores saharauis en el programa de Vacaciones en paz. Sería una magnífica forma de hacerles una introducción al por qué vienen esos jóvenes a pasar un verano con nuestras familias de acogida.
Datos del libro:
ISBN: 978-84-7737-959-1
120 páginas
Editorial Silex
Se puede comprar en: El Corte Ingles, FNAC