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Zanón, Villalobos, Savage y Pernice. Literatura, música y cultura popular en Primera Persona



Después de llevar tiempo con ganas de participar en el Festival Primera Persona este año por fin lo hemos conseguido. No se puede desaprovechar ver y escuchar a escritores y artistas tan interesantes en un formato directo, fresco y cercano. Con edición paralela en Barcelona y Madrid, el Primera Persona de Kiko Amat y Miqui Otero cuenta este año con Carlos Zanón, Juan Pablo Villalobos, Jon Savage, Joe Pernice, Jonathan Coe, Mercedes Cebrián, Kate Bolick, Silvia Nanclares, Ana Curra y Alicia Kopf, a través de lecturas, charlas y actuaciones en directo.
Esto es lo que dio de sí la sesión del viernes 12 de mayo en la Casa Encendida de Madrid, a la que acudimos nosotros.
“Toda semejanza entre los personajes de este libro y personas de la vida real es intencionada y malévola”. La cita de inicio ya daba pistas sobre por dónde iba a transitar la charla a dos voces de los escritores Carlos Zanón y Juan Pablo Villalobos, quienes reflexionaron sobre “el saqueo de la memoria personal y mutación de la realidad a la ficción”. Para ambos autores, los escritores practican el saqueo, también de la memoria familiar, “Lo peor que le puede pasar a una familia es tener un miembro escritor”, ironizaron.
Juan Pablo Villalobos es el actual Premio Herralde de novela (Anagrama) con “No voy a pedirle a nadie que me crea”, una parodia de los géneros autobiográficos en la que usa su propio nombre, “Quería invertir lo que se hace cuando se usa el alter ego y sólo funcionaría usando mi nombre. Aunque la narración es muy hiperbólica entendí que podía enfadar a mi madre. Así que, después de muchos años, le pedí permiso”. Carlos Zanón, poeta, novelista, amante de la música y autor de títulos como “Nadie ama un hombre bueno”, “Tarde, mal y nunca”, “No llames a casa” o “Yo fui Johnny Thunders” le respondió con un contundente “En la familia nadie se lee nuestros libros. Si no, no nos invitarían a casa”.
La charla transcurrió dentro del contexto de la inspiración de los autores a partir de lo que les rodea, familia, amistades, conversaciones, recreación de la memoria familiar, la exageración, el uso de personajes populares disimulados. Una experiencia “depredadora, también con lo que te cuentan los demás”, en palabras de Villalobos. Y es que el trabajo del escritor es conseguir armar una historia que valga la pena, muchas veces sin pararse a pensar el estropicio que se puede causar con ello. Villalobos afirmó que el escritor lo hace por un “motivo egoísta, porque quieres escribir un buen libro”. Zanón se mostró de acuerdo, “Me da igual lo que pase si hago un buen libro. Te conviertes un poco en un monstruo. De experiencias terribles quieres sacar un buen material”. El escritor se vuelve implacable, “Si tienes una buena historia, te da igual que se enfaden”, insistió Zanón.
A través de la literatura los escritores también aspiran a saber más cosas sobre sí mismos. En palabras de Villalobos, “Al final no podemos salir de nosotros mismos para narrar. Queremos quitarnos esa responsabilidad de haber sido bocazas, porque es su culpa habernos traumatizado y así convertirnos en escritores”. Las familias, eterna fuente de inspiración de los escritores, que usan sus historias haciendo el trabajo de lograr algo que valga la pena. “Se necesita de la hipérbole, la exageración o una mirada particular”. Las familias dicen que no hay problema, aunque siempre suelen poner algún pero. “Es difícil que expongan sinceramente lo que han sentido al leer”, reconoció Villalobos.
Y al final los escritores acaban soltando inadvertidamente cosas que no querían contar, “Escribes de manera consciente pero hay cosas que se escapan inconscientemente”, admitió Zanón, a lo que Villalobos le respondió que en muchos aspectos los escritores no saben lo que escriben. La exposición a la que se somete el escritor le convierte en realidad en “el más desprotegido y vulnerable”, en opinión de Zanón.
“He conocido a un personaje que podría salir en tus libros”. “Tu personaje XXXX eres tú”. Los conocidos o familiares que no quieren reconocerse en los personajes creados por el escritor o los famosos que los lectores quieren ver escondidos entre los protagonistas. “No hay que avisar a nadie sobre las historias que vas a utilizar”, convinieron, después de que Zanón confesase que va a usar en su próxima novela una tremenda historia familiar, el “asesinato” de su abuelo a manos de su abuela.
Y es que, en el fondo “No sabemos nada del otro, nos comunicamos fatal, de ahí que no te reconozcas ni te reconozcan”. Nunca subestimen el poder de un escritor, en especial si lo tienen cerca.

A continuación apareció en el escenario Jon Savage, el conocido como “historiador del punk”, autor de la “biblia” de este estilo musical y forma de vida, el libro “England’s Dreaming”, escrito en 1991. Autor de varios libros sobre música y cultura juvenil: el mencionado “England’s dreaming”, “Teenage” y “1966”, entre otros, Savage habló sobre los tres en su participación en el Primera Persona.
“England’s dreaming”, su libro sobre los Sex Pistols, el punk y la cultura inglesa de finales de los años setenta, acaba de ser editado en español por Reservoir Books. “Conocer a los Sex Pistols, The Clash y The Damned me hizo implicarme en el punk”. Así comenzó a escribir en revistas musicales de aquella época, un momento “muy emocionante para ser periodista”. Savage explicó la diferencia entre los tres grupos, pilares del punk inglés, “The Clash y The Damned eran magníficos pero más fáciles de entender, como The Who o The Kinks acelerados”. Pero los Sex Pistols eran otra cosa. “Te atraían, querías seguirlos y a la vez repelían, eran amenazantes en aquella época”. El clímax fue el recorrido que hizo la banda en un pequeño barco por el Támesis hasta el parlamento británico, durante las celebraciones por el 25 aniversario de la reina Isabel II en el trono. Jon Savage estaba allí y fue testigo de la represión policial que se desató. Sin embargo, no se muestra nostálgico, “Fue emocionante pero ¿por qué tendría que volver a suceder ahora?, han pasado más de cuarenta años”. Para Savage, Trump y el Brexit son el final de la época; tras la victoria de EEUU y Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial, asistimos al “final de una era”. No sabemos qué vendrá en el futuro, los recursos naturales son finitos, “¿qué se va a ser del mundo en los próximos cincuenta años?”, se preguntó.
Su libro “Teenage”  investiga sobre la creación de la cultura juvenil, recorriendo los orígenes de esta cultura que no había tenido lugar en ningún otro momento de la historia, “Antes eras niño y después adulto, no existía la adolescencia ni la juventud”, esa etapa que se suele situar entre los trece y los veinticuatro años. El libro de Savage trata un periodo definido, entre 1875 y 1945, recuerda el fenómeno de “flappers” y “zootsuiters”, el grupo de los “Bright Young Things”, grupo de aristócratas bohemios londinenses en los años 20, los parados de los años 30 y la generación perdida que luchó en la Segunda Guerra Mundial. Ropas, peinados, música, los teddy boys, Rimbaud, Peter Pan. El libro se convirtió en documental bajo la dirección de Matt Wolf. Fascinante.
“1966”, libro editado en 2015, es un homenaje a su amor por la música. “Veo el mundo a través de la música y así construí mi identidad”. Eligió ese año por ser un momento decisivo en muchos aspectos, “El libro debe habitar el tiempo sobre el que habla, y 1966 fue un año maravilloso, no sólo por la música, sino una época de lucha por el feminismo, el antibelicismo y los derechos civiles”. El libro está estructurado en doce capítulos con doce canciones, una por cada mes del año. Savage hizo un repaso por The Kinks “los jóvenes se vestían como pavos, coloridos, con pelo largo, algo sorprendente en aquella época”; Brian Jones “fantástico, andrógino, me parecía enormemente atractivo”; Lou Reed, la Velvet y Andy Warhol; la revista Life; el fenómeno fan; los movimientos norteamericanos pro derechos civiles; los Beatles, cuando John Lennon afirmó que eran “más famosos que Jesucristo”, lo que generó una enorme polémica, “La gente se volvió contra sus ídolos y se volvieron a quemar productos culturales como en la época nazi”. El pop, que hasta entonces era “inocente” empezó a ser mirado con desconfianza por los mayores, algunos jóvenes y por las autoridades. Las drogas, en especial el LSD, “lo cambiaron todo”, dando un toque mesiánico a algunas bandas. Muchos músicos empezaron a meterse en política “con p minúscula”, lo que tampoco gustó a la autoridad. “Es un libro sobre la libertad”, concluyó un encantador Savage. “El historiador del punk”, con aspecto de profesor despistado, vestido con polo a rayas horizontales, chaqueta con rayas a la contra y chinos color mostaza, bolsa de tela al hombro, escuchó cómodamente tumbado en los cojines que ocupaban la parte delantera de la sala, el concierto acústico del último participante, el músico y escritor Joe Pernice.


Esta canción me recuerda a mí” es el nombre de la novela del músico Joe Pernice, que acaba de editar en España Blackie Books. Calificada como “una canción pop perfecta: triste, sentimental, divertida y tremendamente pegadiza, para perdedores y corazones rotos”, cuenta la historia de un joven músico sin futuro que, tras su fugaz matrimonio, se refugia en una casa familiar en la costa de Cape Cod”, lugar de veraneo de lo más deprimente en invierno. La novela ha sido alabada por Nick Hornby quien, como afirman en la promoción, siente “envidia por el talento que hay en esta novela”.
El músico, nacido en Massachusetts, ha sido integrante de las bandas Scud Mountain Boys y Pernice Brothers, su banda más conocida. Ha colaborado también con Norman Blacke, de The Teenage Fanclub, bajo el nombre The New Mendicants. Debo confesar que no le conocía pero me ha llamado la atención la novela, que espero leer para incluir en mi proyecto sobre narrativa rock, al ser el protagonista un músico.
Pernice interpretó en directo, tan solo acompañado por una guitarra, las canciones de su disco en solitario “It Feels So Good When I Stop” (título original del libro), la “banda sonora” de la novela que incluye las versiones de algunas de sus canciones favoritas que aparecen en ella. Escuchamos canciones como “Amazing Glow” o “Tell me when it’s over”, versión de los maravillosos The Dream Syndicate, ofrecidas con la voz limpia y cristalina, regada por buen vino tinto español, que Pernice alabó entre canción y canción.
Vestido con una camiseta que reproducía la portada del “Meat is murder” de The Smiths, álbum sobre el que escribió en la serie “331/3”, explicó que Esta canción me recuerda a mí” habla sobre alguien que sigue la ruta de sus propios problemas, “No me gustan los héroes ni las epifanías, mi personaje está jodido de verdad y al final del libro sigue igual”.




‘Marley estaba muerto’. “Carlos Zanón les desea Feliz Navidad”



Conchi The Wanderer
En este blog se ha reiterado en varias entradas lo muchísimo que nos gusta la literatura de Carlos Zanón. A él también le conocimos a través de Kiko Amat “El Gran Recomendador”, como hablábamos la otra noche con el escritor Carlos Pardo en el Hotel Iberostar Las Letras de Gran Vía, durante la presentación de ‘Marley estaba muerto’, nuevo libro de relatos de Zanón. El autor barcelonés se encontraba flanqueado por dos escritores y críticos literarios de dos importantes cabeceras de papel de este país, Antonio Lucas y Berna González Harbour.
Antonio Lucas, poeta y periodista de El Cultural de El Mundo, explicó que de Zanón había leído ‘No llames a casa’, que definió como “un libro de calambre, extraordinario”, una suerte de puerta de acceso a la novela negra, “sin ser del todo negro y ser de género y ser todo a la vez”. Definió los relatos de este nuevo libro de Zanón como “llenos de fuerza, con una fuerza puramente carnal” en los que el autor lanza “palabras más largas que la vida”. ‘Marley estaba muerto’ está compuesto por una serie de cuentos con condición de novela, con algunos personajes e historias que se entrecruzan. Todos tienen que ver con la Navidad, son “siniestros pero a la vez ofrecen ternura”. Con voz poderosa, ametrallando palabras, Lucas realizó una presentación de Zanón que fue en sí misma alta y potente literatura. Recordó que Carlos comenzó escribiendo poesía, siendo la suya “una escritura liberada y bastarda”. La obra de Zanón es muy personal, “sigue una brújula propia, un norte sólo suyo y un sur que sólo es él”. Lucas le definió como un escritor estepario y solitario, que da mucha importancia a la música, creando un conjunto, un cofre, que es “nitroglicerina”. ‘Marley estaba muerto’ se conforma como un libro de historias cruzadas, con las que ha creado, por qué no, una especie de novela.
Los personajes de Carlos Zanón son, en palabras de Lucas, “seres llagados, muy solos, escocidos, canallas y a la vez víctimas, también ruines”. Barcelona es su escenario, “cobijo, cloaca y hoguera, donde todo está a punto de estallar”. El lenguaje le sale a Zanón “dando gritos”, sus narraciones están llenas de imágenes dislocadas, de escenas delirantes, hay algo de “aquelarre con un ramalazo expresionista”. Tiene muchas y buenas referencias “pero al final sólo queda Carlos Zanón”. Consigue una potencia narrativa musical. Uno lee y quiere más. Hace el género negro propio, “con calentura y dentellada, con la combustión del idioma”. Nos sitúa frente a nuestra propia disfunción, y es que “la vida mancha”.
A continuación tomó la palabra Berna González Harbour, escritora y directora de Babelia, suplemento de El País donde Zanón publica sus críticas literarias. Afirmó que Carlos trata temas ásperos, duros, “pero dentro de su literatura, prosa con gran carga poética, estamos cómodos”. Carlos, según Berna, empatiza, es cálido. “Los personajes de Zanón no tienen rango ni poder, pero gobiernan su vida, aunque sea hacia el desastre”.
Berna González Harbour. ¿Podemos pasar la Nochebuena en tu casa?
Carlos Zanón. Uno nunca es consciente del todo de lo que está haciendo. No soy consciente de retratar personajes y situaciones tan sórdidas. Mi barrio es de clase media baja, pero no es lumpen. Mis personajes son gente que trata de sobrevivir, de llegar a fin de mes. Son personajes construidos mal hacia fuera pero bien hacia dentro. Tienen muy claro quiénes son y hacia donde van, aunque sea hacia el desastre. Me gusta la Navidad y tuve una infancia feliz pero cada año iba faltando gente. La escritura tiene algo de exorcismo, de resurrección.
BGH. Mis relatos favoritos de 'Marley no estaba muerto' son ‘Tío Noel Loco’ y ‘La familia de los cuatro Lázaros’. Yo digo que Carlos es un autor 2.0, porque en su literatura 1+1 no son dos, multiplica las sensaciones. En estos relatos confluyen humor, absurdo, surrealismo. ¿Es un camino nuevo para ti?
CZ. No quiero acabar siendo un cliché de mí mismo. Eso lo odio. Llevo cuatro novelas y mi deseo es no hacer lo mismo. Yo soy muy gamberro, me gusta  estirar los géneros. Quiero hacer cosas distintas, equivocarme, saber hasta dónde puedo llegar. Soy ambicioso en ese aspecto.
BGH. También me gusta ‘Armagedón’. ¿Cuáles son tus favoritos?
CZ. ‘La familia de los cuatro Lázaros’, al ser más personal. También ‘De nada, por nada, para nada’. Es un cuento clásico, con un malo muy malo, un héroe por accidente, alguien a quien rescatar. En este cuento hay algo más de luz, porque hay veces que en la vida salen cosas bien.  También me gusta mucho el primer cuento, es casi un poema, no quiero facilitar las cosas. ‘Hotel Navidad’ estuvo entrando y saliendo del libro. Lo escribí para un encargo de El Cultural de El Mundo pero no lo consideraron muy adecuado para la Navidad. Pero en definitiva mis personajes lo que quieren es ser normales, subirse de nuevo a la noria.
ANTONIO LUCAS. ¿Cuánto pesa en ti la poesía a la hora de escribir?
CZ. Yo no me corto, no hago un cambio de chip. Me interesa emocionar, de manera intensa, incompleta, evocadora. Me interesa en la poesía pero también en la narración.  Que no se pierda la intensidad. Me gusta jugar con trucos poéticos en las frases, te ahorras un montón de párrafos con una buena frase. La poesía dice mucho más que la narración y evoca mucho más al lector.
BGH. En el libro hay muchas referencias bíblicas y citas religiosas, ¿a qué es debido?
CZ. El caso es que mi familia no es nada religiosa, pero a mi madre le fascinaban las películas bíblicas y las de romanos, y me explicaba aquellas historias. Mi relación con la religión fue muy impactante en ese aspecto. Aunque hay una parte espiritual que sí me interesa: el perdón, la bondad, la necesidad de redención… Eso me puede cuando escribo, es algo que buscamos todos, en el sexo, en el amor, en el alcohol…
A.L. Barcelona es el soporte principal para tus historias. ¿Cómo lo vives?
CZ. Las ciudades que aparecen en los libros siempre son inventadas por los escritores. Mi relación con Barcelona no es de amor ni de cariño. Yo vivía en un barrio, teníamos nuestras propias historias. Me interesa la metrópoli como escenario, pasar desapercibido en las grandes ciudades. Pero el precio de este anonimato es la soledad. Eso me interesa mucho: las dos caras de esa libertad. Me interesa la gente y cómo vive.
BGH. Barcelona, amores imposibles, fracaso individual; personajes con un punto divino y diabólico; la noche, relaciones desgastadas. ¿Adónde quieres volar en tus próximos libros?
CZ. No lo sé. Hablo de la lealtad y la traición. El amor y la muerte son lo único que no controlas en la vida. Es maravilloso elegir y ser elegido por alguien, pero es aterrador a la vez renunciar a otras posibilidades. En el fondo nadie sabe nada de nadie. Somos así, un poco malos fuera, porque si no en casa seríamos muy bordes. Somos animalillos que nos hemos puesto unas leyes de dioses. Básicamente en la vida hay que estar entretenido.
Hasta aquí la entrevista a dos bandas. Se pasó después a una charla más distendida, con preguntas del público y muchas risas y anécdotas, como la presencia de la actriz Juliette Binoche en el mismo hotel que Zanón, y el subsiguiente y nervioso encuentro por parte del autor en la recepción, o la delirante historia de una de sus abuelas. Zanón confesó que hay algún personaje de ‘Marley estaba muerto’ que puede recuperarse para algo más largo como el abogado, Carlos. También habló de su forma de enfrentarse al humor cuando escribe, considerándolo un resorte para cuando se pone demasiado serio. “Las situaciones dolorosas también tienen un trasfondo divertido”, afirma, en un intento de rebajar la solemnidad. “Me gustan esos detalles en los momentos más bestias. Lo hago como regulador y creo que funciona bien. Para tensar y destensar funciona muy bien”, concluyó.
Zanón, como siempre, no defrauda. En una visita a su caseta en la Feria del Libro de Madrid tuvo un detalle magnífico conmigo, una promesa que cumplió con creces, lo que dice mucho de él como hombre de palabra y de su generosidad. Además de ser un hombre de alucinante gusto musical, como demuestra en sus libros y artículos y por la camiseta negra que lucía la otra tarde bajo una chaqueta del mismo color. Unas letras en amarillo, “Dion and The Belmonts”, me hicieron sonreír. Decirle lo mucho que me gustaba su camiseta me ganó una firma más que chula: “Conchi The Wanderer” seré a partir de ahora. Y cómo no nos va a chiflar Zanón…
Con Carlos Pardo
Carlos Zanón y Dion and The Belmonts


“No se ama lo sumiso”. ‘Nadie ama un hombre bueno’. Carlos Zanón



Carlos Zanón (Barcelona, 1966) atesora ya un número nada desdeñable de libros de poesía, ensayo y cuatro novelas. Es un narrador más que notable, que juega con el lenguaje con gran poderío y a la vez crea tramas muy bien construidas, que enganchan irremediablemente, con unos finales siempre sorprendentes y que dejan en ocasiones en estado de shock. También es Zanón un constructor de personajes muy potentes, quizá en especial sus personajes masculinos, perdedores, ofuscados, desequilibrados, perdidos, derrotados irremediablemente. Como Francis de ‘Yo fui Johnny Thunders’, un hombre que casi fue alguien en su juventud y que a pesar de su caída en picado lucha desesperadamente por sacar la cabeza; o Epi, de ‘Tarde, mal y nunca’, desequilibrado y obsesivo pero que intenta pelear, de manera muy equivocada eso sí, por la mujer a la que ama; o Bruno y Max, de ‘No llames a casa’, chantajista y chantajeado respectivamente, que también pelean, con dignidad de perdedores, por seguir adelante y arrebatar, aunque de manera poco edificante, un trozo de aquello que la vida no les regala.
‘Nadie ama un hombre bueno’, (Editorial Quadrivium, 2008) es su primera novela, y en ella ya se reflejan muchos de los temas que interesan al autor. Sin embargo el protagonista, Martín, no llega a los estados de desesperación que alcanzan sus personajes de novelas posteriores. Tal vez su desorden es mucho peor. Porque Martín no cree en nada, no ama a nadie, no lucha por nada. Es un personaje por el que no puedo sentir ninguna empatía. Como tampoco puedo comprender a Cristina, esa mujer que intenta a base de insistencia y casi por aburrimiento, conseguir al hombre en el que se ha fijado y del que no obtiene, y es imposible que obtenga, ninguna felicidad. Esa mujer que es un “plan B” para Martín, pero ella, lejos de sacarle de su vida, insiste en perseguirle y estar con él, indiferente a sus desaires.
En esta primera novela Zanón habla sobre personas que se sienten atraídas por quien les tratan mal. Cristina, que sale de una relación de pareja en la que ha habido maltrato, se engancha con Martín, que apenas oculta que la desprecia y quien poco más que la usa. A su vez Martín, cuya táctica es abandonar a todas las mujeres con las que emprende una relación, un hombre siempre a la fuga, está obsesionado por Laura, la única mujer que le abandonó, la que peor le trató, con diferencia.
Personalidades obsesivas, adictivas, crueles, personajes enganchados a tratar mal y a que les traten peor; como están enganchados al tabaco y a la bebida, consumidores ocasionales (o no tanto) de drogas más duras y algo peor vistas. Enganchados al sexo rápido, a las relaciones esporádicas, hastiados, insatisfechos, sin fuerza para hacer nada más allá que quejarse. Sin intereses, sin esperanzas, sin sueños. Martín vive su vida mecánicamente, espera que las cosas sucedan, no hace nada por cambiarlas; así, siempre está pensando en dejar su aburrido trabajo pero nunca se atreve; así, se deja llevar en relaciones que no le satisfacen con mujeres que no le llenan.
El propio Martín no entiende qué encuentran las mujeres en él. Tal vez si pudieran ver lo que esconde realmente en su interior saldrían corriendo, o bien mirado tal vez no. El tipo de mujer que se le acerca puede que busque el desprecio que ofrece Martín, la falta de compromiso, de cariño verdadero. El trato áspero y desagradable con que no tarda en obsequiarles.
Pero resultará que Martín, el gran depredador, el manipulador, será quien resulte atrapado. En uno de esos sorprendentes giros finales a los que nos tiene acostumbrados Carlos Zanón, Martín se verá irremediablemente unido a quien estaba planeando abandonar, a quien deja bien claro que no soporta.
Zanón, en esta primera novela, trabaja con esmero una prosa poderosa, potente, dura, de gran fuerza expresiva. Como en sus obras posteriores, no juzga la actuación de sus personajes, no se pone en contra ni de parte de ellos, el narrador expone los hechos y los sentimientos, sin valoraciones morales, lo que es de agradecer.
Para finalizar, como siempre me sucede con las novelas de Zanón, encuentro en este libro muchas frases para subrayar, textos que no puedo pasar por alto. Dejo aquí una pequeña muestra.

"De hecho, su fortaleza era la del torturador. Sin damnificados, sin gente más débil que le necesitaran, que le demandasen su amor, sus palabras, su presencia, a Martín se lo tragaba la nada".
“Somos las cosas en las que nos equivocamos, los amores que no elegimos, los mil espejos en los que decidimos no mirarnos al pasar”.
“Antes de irse a dormir, Martín solía llamar a una, dos, tres, cuatro mujeres para escuchar que le querían, que estaban ahí, que dependía de él romper el encantamiento y hacer andar una nueva relación con alguna de ellas. (…) Y cuando escuchaba que le querían, en cuanto sabían que seguían, como en aquella canción de Bambino, al otro lado de la pared, dejaba de tener esa urgencia de hablar con ellas, de quererlas. El hambre desaparecía y ellas quedaban retorciéndose como cables de alta tensión, caídos y brillantes atrás, en el suelo, a sus espaldas”.
“¿Por qué sin violencia no hay victoria? Sólo negociación y más negociación. Un ejército de palabras encadenadas una a otra hasta la derrota más cruel: aquella que no tiene vencedor. Armisticios, fraudes, mentiras. Entender al adversario es empezar a perder. Violencia física, emocional, psicológica. Violencia laboral, familiar, sexual. Violencia como la de Laura: arrasar con todo, no mirar atrás, no dejar prisioneros. (…) No dejes opción: matar a tu ex amante es preferible, es mucho más eficaz que abandonarle, que ser abandonado. Si le dejas vivo acabará por recuperarse y es posible que te lastime, el día menos pensado, con un lejano y traicionero boomerang de sus sentimientos”.
“Martín buscaba alguien que se resistiera, que no supiera o quisiera mentir. Porque la evidencia era la que era. Todos los que podían mentir mentían. Todos los que podían ser mentidos, eran mentidos. Sin excepción”.
“¿Aún amaba Helena a Martín? No, ya no. Echaba a faltar que la hiciera reír, que la ilusionara con la vida que no estaba dispuesta a aceptarse a su lado, y al mismo tiempo, aceptar la imposibilidad de aquél para ser feliz si no podía joderlo todo, de una forma estacional, periódica. Cuando se desvaneció el hechizo, Helena miró a Martín y le vio. Por primera vez le vio de verdad. Un farsante, un trilero, un pobre ladrón que le pedía tiempo para marcharse y volver luego. Y entonces pensó en su padre, tan recio, tan trabajador, tan inexpugnable”.
“La vanidad es una estrella en permanente estado de ignición”.
“Nada puede crecer en el desierto, regado con el agua salada de la obsesión”
“A veces no dejaba de estar bien eso de la crueldad. El ser un perfecto hijo de puta”
“Martín se levantó de la cama, pasó por delante del espejo, se miró y no se gustó. No entendía por qué excitaba a las mujeres, por qué se dejaban engatusar por él. Creían ver algo más de lo que había. Niñas que, confiadas, se iban metiendo en dirección contraria a la que peinaban las olas hasta que ya no tocaban pie, hasta que ya era tarde. O quizá no. Quizá la víctima fuera él, engañado, borracho de egocentrismo. Quizá ellas si sabían quién era y por eso se quedaban a su lado”.
“Porque en la vida nunca pasa nada hasta que sucede todo (…) La vida está inmóvil hasta que, de repente, echa a correr. Las cosas suceden todas a la vez. El cielo se desmorona encima de ti, es un desastre completo o bien las cartas que van llegando son tan buenas que te miras las mangas por si has estado haciendo trampas y ni tú lo sabes”.
“Sé adictivo y depredador, sé el caníbal de los recuerdos y de las esperanzas de otros, el cáncer que carcome huesos y alma, la mierda que los pudre, que los hace reír, que les mata de inquietud”.
“Si abandonas a alguien y después a otro alguien y a otro alguien, serás intocable: nadie podrá abandonarte jamás”.

Leer reseña sobre las otras tres novelas de Carlos Zanón

Carlos Zanon. Noir a ritmo de rock’n’roll


Foto: El Periódico
“Observar vidas así puede que te haga sentir muy bien porque tu vida es distinta o muy mal porque tu vida podría ser como ésas con que solo se torciera una tontería de nada”. Maite Uró
Conocí a Carlos Zanon gracias a la web de Kiko Amat, donde se recomendaba con entusiasmo su libro ‘Yo fui Johnny Thunders’. Seguidora como soy de Amat, suelo hacer caso a sus comentarios y además el título y la temática me llamaron la atención al segundo. El libro de Zanon tiene todo eso que tanto me atrae: barrio, negrura, fracaso, rock’n’roll, oportunidades perdidas, lo que pudo ser grande y se quedó en nada… la belleza de los perdedores, ese irremediable “born to loose”. Francis, el protagonista, encarna aquello en lo que se convierten esos héroes juveniles, los curriquis de barrio, cuando llegan a la madurez, cuando son finalmente devorados por ese mundo que ellos se iban a comer. Además el libro incluye en su título al gran Johnny Thunders, ese músico, en palabras de Zanón, que “mezcla la imagen de yonqui, creador y al mismo tiempo ángel negro de sí mismo, algo que me atraía y repelía. Es Drácula, Byron y Alejandro Magno a la vez y me parecía una imagen potente”; y tanto.
Me bebí de un trago ‘Yo fui Johnny Thunders’, un libro amargo, lleno de desencanto, pero enormemente lúcido y sincero; a estas alturas se agradece que no nos cuenten rollos, que no nos hagan trampas. A partir de ese momento busqué sus otros libros, (me falta su obra poética), y  leí ‘No llames a casa’ y ‘Tarde, mal y nunca’.
Las tres novelas son muy rockeras; el rock’n’roll, la música y el viejo Thunders habían tirado de mí para lanzarme en plancha a leer ‘Yo fui Johnny Thunders. Si bien en sus otros libros la presencia de la música no es tan rotunda, las situaciones y los personajes tienen también mucho de desfase punk. “(…) el que se refugiaba en la música hacía valer su idea de ser distinto. Podías ser pobre, feo, raro pero eras sobre todo distinto y lo reivindicabas a través de la música, que te diferenciaba y en la que te refugiabas”. Zanon explica que siempre escribe con música: “tengo que tener una banda sonora en la cabeza. Así el libro suena de una manera determinada. El protagonista interpreta la realidad con la música”. Se trata de unos libros totalmente recomendables, ambientados en el barrio (todas transcurren en Barcelona), con personajes que rozan la marginalidad, cuyas vidas se enredan y complican hasta tener encontronazos con la ley. La vida en los libros de Zanon, como en la realidad, es indudablemente una mierda; vivir supone irremediablemente sufrir desencanto y desilusión; en toda vida hay momentos de absoluta desesperación en los que o se tira la toalla definitivamente o se sigue peleando a brazo partido.
Los personajes de Zanón luchan, lo intentan, tratan de mejorar, de salir de la situación chunga en que se encuentran, pero casi siempre son vencidos por un destino fatal y adverso, empeorado por sus propios errores. Aún así el autor siempre nos deja un resquicio, si no de esperanza, de un poco de oxígeno para aguantar algún envite más que probablemente esté por venir. Sus personajes van a la deriva; sus vidas son un desastre y lo peor es que no consiguen remediarlo; es más, al final se empeñan en mantener sus errores, se aferran a ellos, sin utilizar ni un tanto la cabeza, sin dejar actuar ni por un momento a la razón. Zanón lo define como “la mala suerte de los que eligen mal”. La trama les envuelve como una tela de araña; como se dice de uno de sus personajes: “Ante una solución buena y otra mala, Epi siempre acertaba a encontrar otra peor”. Los personajes que habitan las novelas de Zanon son seres fracasados, que nunca han llegado a nada, o que un día fueron alguien pero lo perdieron todo, como en el caso de Mr. Frankie en ‘Yo fui Johnny Thunders’ o Raquel en ‘No llames a casa’. Sin embargo el autor no los juzga, no moraliza, no se ensaña con ellos; hay en todos sus personajes cierta dignidad, la de los perdedores, y por muy arrastrados que se vean, nunca llegar a perderla. Sus hombres no tratan bien a las mujeres, pero las mujeres de los libros de Zanón tampoco tratan mucho mejor a sus hombres. Dice Zanón sobre sus propios personajes que para transformar a un manso en bravo “no hay que dejarle escapatoria, porque sólo tiene la opción de tirar para adelante; cuando alguien no tiene nada que perder puede hacer cualquier cosa”. Desecha las “situaciones inverosímiles” y esos personajes “malos que son muy malos, o las prostitutas con buen corazón” porque “la vida es bastante más compleja; y no hay buenos y malos, ni en la vida ni en las novelas”.
En todas sus obras se repite una misma forma de escribir: frases cortas, sentencias contundentes, estilo nervioso, conciso y callejero. Hay un constante cambio de punto de vista del narrador, lo que me ha parecido muy interesante porque nos da una idea mucho más completa de las situaciones y nos hace llegar mejor a los personajes y lo que sienten.
Los libros de Zanón, inevitablemente, acaban fatal, porque no hay otra, porque no hay más remedio, pero sus finales son siempre abiertos y sorprendentes, te dejan sin aliento. En especial con el final de ‘No llames a casa’ me quedé totalmente noqueada y tuve que leerlo dos veces para encajarlo, magnífico. Hay que tener mucha seguridad para acabar una historia así, de esa forman tan inquietante, que deja sin respiración, en lo que para mí es un final redondo y perfecto para el libro.
Dejo para el final la adscripción de sus libros en el género de novela negra; los tres han sido publicados en la colección Serie Negra de RBA, aunque no cumplan con los cánones estrictos del género. La crítica en cualquier caso se ha puesto unánimemente de su parte:  «Un autor sobresaliente del género, que se aparta de los clichés previsibles», Ricardo Senabre, El Cultural. El propio Zanon no lo acaba de tener claro, aunque no parece que le desagrade, ser inscrito en este registro. En una entrevista concedida a EFE el autor admitía que su novela negra es diferente: “No hay policías, no hay investigación, no hay misterio, y lo único que relaciona mis novelas con el género es la violencia, física o intelectual, que sufren los personajes".
Los libros de Zanon son para subrayarlos, para no dejar de apuntar citas y frases. Dejo aquí algunas de las frases que más me ha pellizcado.
Tarde, mal y nunca; RBA LIBROS, 2011
Y sólo con el tiempo adquirió la certeza de que muchas de las cosas que en su día consideró brillantes no eran sino una serie de circuitos que no funcionaban del todo bien en su cabeza.
Todo lo que pasa de noche resulta incomprensible más tarde con el sol. De noche se hacen cosas que no se harían de día. Y la mayoría de las cosas que uno hace de noche no se las cree al día siguiente. Quizá todo se resuma en esos dos mundos de los que hablaba su padre. Uno oscuro y otro luminoso, opuestos. Los delitos y los amores que se perpetúan de noche no deberían ser juzgados, castigados o mantenidos a la luz del día. La noche, además de ser desleal, agota.
El problema acaece cuando hallas lo que quieres y lo pierdes. Sin aviso. Lo encuentras una noche cualquiera casi por azar. Lo reconoces, lo tienes, y a pesar de retenerlo con todas tus fuerzas, lo pierdes. Entonces te haces viejo de golpe, entonces ya has visto, ya sabes, no puedes volver a no ver, a no saber. Y claro, has de seguir saliendo cada atardecer con la esperanza de encontrar por segunda vez aquello que te hizo feliz, como si los milagros abundasen, pero sospechas que nada será tan bueno como eso que tuviste. Que por mucho que uno busque, y parezca encontrar, el final dejará sabor a fallido, a demasiado tarde, a equivocado.
Desconfías de ellas [las palabras]. Había gente que se escondía detrás de las palabras. Gente que las utilizaba como cuerdas, cinta aislante con la que rodean tu cuerpo, te cruzan los labios, te inmovilizan hasta dejarte tieso (…) Las palabras nunca le habían ayudado. Por mucho que tratase de explicar lo que sentía, nunca había sabido expresarlo (…) ¿Cómo podría explicarse con palabras semejante alud de emociones?
Los necesita porque cuando le hablan o piden su presencia, le sacan del anonimato, le hacen sentirse importante, visible para el resto del mundo.
Aquel chico no está bien. Nunca lo ha estado. Tiffany lo ve ahora con claridad. Siempre ha sido una gaseosa agitada por unos y por otros y ahora el tapón ya no puede contenerle. Debe ir con cuidado. Como pasaba con su padre, incluso con Tanveer; toros ciegos, impredecibles. Lo que ayer les gustó hoy puede enfadarles. Las palabras que ayer les halagaron, hoy pueden ser tomadas como ofensas.
No llames a casa; RBA LIBROS, 2012
La gente que olvida mal suele hacerse daño. Porque los que olvidan mal se dicen la verdad con mentiras, extravían nombres, esconden personas, lugares y acaban por recordar sólo lo bueno.
Oh, al parecer duele eso de la Verdad. Escuece, está hecha de piedra y más piedra dura la Señora Verdad.
Las traiciones nacen de los juramentos.
La gente te tiene en cuenta mientras tienes algo que ellos no tienen.
Yo deseé poderte olvidar y que tú no me olvidaras nunca.
Quiero ser feliz. Y quiero serlo contigo o sin ti.
Él siempre entiende a la primera a quien escapa, se disfraza y disimula, de la misma manera que no puede llegar a comprender a quien se queda, se conforma, es fiel.
Las palabras no saben mentir cuando se llega al final. Al final de verdad. El final de los finales. Sin rendición ni prórroga.
El amor se enfría en la distancia. El amor sólo sirve si es tóxico, si te anula, si te quita el aire a tu alrededor, como el aire que rodea a un suicida que, aunque quiere respirarlo no puede hacerlo. El amor no pide espacio ni respeto; lo fagocita, quema por completo el oxígeno que le rodea.
Hoy eres mi amigo. Pasado mañana me odiarás. Te preguntarás a dónde me he ido, por qué te he hecho lo que te he hecho (…) Eso tú no o sabes pero yo sí. Por eso esta noche yo soy tu amo y tú no lo sabes.
Es fácil querer a quien no te da problemas. Con quien no discutes ni te engaña. Es fácil querer a quien no está enfermo, que no se pincha, que no es pura ruina. Es como querer a Jesucristo. Querer a alguien que no se equivoca, que se deja matar por ti, que nunca peca, que te da todo a cambio de nada. Eso es fácil. “
Yo fui Johnny Thunders; RBA LIBROS, 2014
Se necesita el aire para poderse ahogar.
Siempre fue un tipo distinto que tenía las de perder.
Yo tengo mucho estilo pero no tengo nada de clase (Johnny Thunders)
Imbécil, tú no tienes por padre a un tipo cualquiera. Conocí a gente, hice cosas, viví rápido, me consumí, fui osado mientras todos los demás se conformaron con la misma sopa recalentada, con oler en sus mujercitas las mismas bragas apestando a col de sus mamás. Me aplaudieron. Me adularon. Me encaramé allá arriba, engreído, grande, invulnerable. Y allí los aplausos, el deseo es como una bomba que nadie ve cuando estalla. Tardas meses o años en descubrir que la explosión ocurrió dentro de ti. Sin ruido. Y por eso mismo, más devastadora. Tu madre me eligió por ser diferente,  por no ser como los otros (…) ¿Qué pasó? Que no todos ganamos. De hecho sólo ganan los que siempre ganan.
Quién sabe; en un mundo paralelo podríamos haber sido el uno para el otro. Tenías tu vida antes de que yo llegase. Sigue con lo mismo.
Y si el amor es una mentira el odio es la verdad.
Uno gestiona lo cotidiano más o menos bien hasta que se te llena la cabeza de sueños. Hasta que se te enamoran las entrañas. Y entonces irrumpe la luz salvaje y te deslumbra y, por primera vez, ves. Al menos ella funciona así. Le ha vuelto a pasar y todo se va al demonio, rápido, girando como un planeta loco.
Pasó de la indiferencia a la añoranza, del desapego a la adicción.
El día que vendes a tus amigos se ha acabado el rock’n’roll.
Tú sólo querías a tus amigos, a tu polla y a los Clash y seguro que no por este orden.
O que fuera verdad que la ama como dice, pero los tíos son espuma, el mismo esperma que les sale de la polla les sale de la boca, caliente, incontenible, muerto.
Siempre ha sido así, honesto con lo que siente más allá de lo que debe o no sentir.
¿Se puede dejar de amar en minutos? Se puede. Sucede. A él sin ir más lejos.
La gente, a medida que crece, va asimilando la derrota. Cosas que quiso y que ya no podrá tener, esas historias. Pero en mi caso uno pasa de creer que nunca crecerá, que puede tener todo lo que desee sin necesidad casi de desearlo, a la certeza de que la partida ha acabado ya, para siempre y demasiado pronto.
Que alguien te pare, porque tú no puedes. Eres un imbécil y la jodes, eres un imbécil y siempre la jodes. Eso es todo. Siempre ha sido así. Principio y fin de la historia.
Una vez se instala el gusano de la desconfianza, la luz cambia, las palabras, todas ellas, se tornarán trampas y cuchillos y nada se puede hacer para no saber que ese es el veneno que te irá quitando el aliento como si vivieras dentro de un puño que alguien va cerrando inexorablemente.
El sufrimiento, la medicación y la ausencia de sol y aire lo han apagado hasta hacerle ceniciento.
Con el insoportable peso de no querer crecer, de no poder ser adulto.
P.D. Acabo de descubrir que me falta por leer un libro de Carlos Zanon Nadie ama un hombre bueno, parece ser que es la primera de sus novelas; al menos tengo esperanza de leer otro trallazo de Zanon no tardando mucho. Biennnnnnnnnn.