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Federico Guzmán plasma el “tiempo de desamparo” del pueblo saharaui en una exposición en el Ayuntamiento de Madrid


Foto: Federico Guzmán

Las llamadas primaveras árabes desembocaron en finales abruptos en los diferentes países donde se desarrollaron aquellos levantamientos de las poblaciones civiles y que tuvieron su inicio, aunque casi siempre se obvia, en el campamento saharaui de Gdeim Izik a las afueras de El Aaiun ocupado.
Según se cuenta en el catálogo de “Tiempos de alegría /Tiempos de desamparo” que se puede visitar en CentroCentro Cibeles (Ayuntamiento de Madrid) hasta el 28 de mayo, la génesis de esta exposición está en la realizada en 2012 para celebrar la alegría que supusieron aquellas revueltas. Cinco años después, el resultado de los levantamientos son refugiados, desplazados, muerte, presos, guerras y falta de libertades. Llegaron los tiempos de desamparo.
El Sahara Occidental está presente en la exposición con tres obras del artista sevillano Federico Guzmán, autor de la monumental exposición “Tuiza”, jaima levantada en el Palacio de Cristal del Retiro de Madrid (2015) y en el Museo de San Telmo en Donostia (2016).
‘El mapa de la resistencia de El Aaiun’ es una de sus obras expuestas. Impresión digital sobre lona, 150x230 cm. Es, según Federico, “un trabajo en proceso con activistas saharauis en la capital del Sáhara Occidental ocupado”. Se trata de una obra que me atrae especialmente, compuesta por una cartografía central de la ciudad saharaui ocupada de El Aaiun, rodeada por dibujos de activistas y protagonistas de la resistencia pacífica saharaui. Así lo describí en un texto que publiqué en el blog de El País ¿Y dónde queda el Sahara?, del que se reproduce un fragmento en la exposición: “El Aaiun es hoy una ciudad doliente; palpita en los corazones de todos los que amamos al pueblo saharaui. La entrada del ocupante lo cambió todo. Varió la demografía, los nombres de las calles, hasta el color de los edificios, hoy pintados de un rojo extraño, odioso para la ciudad. Introdujo torturas, muerte, detenciones, desapariciones, terror… Violó el habla, la historia, la identidad. Separó familias, esquilmó recursos, abolió la jaima, maltrató al camello, extinguió la talha… ‘El mapa de la resistencia en El Aaiun’ está dibujado por José Fernández Ruiz y Federico Guzmán. Los dibujos están realizados a partir de entrevistas con saharauis víctimas de violaciones de derechos humanos en la ciudad ocupada. Alrededor de un gran mapa de El Aaiun Federico ha colocado una serie de ilustraciones con diferente temática, siguiendo el trazado de las calles conocemos los testimonios de las víctimas. Los saharauis renombran las calles, avenidas y barrios en las ciudades ocupadas, otra forma de resistencia y memoria. Hoy, Barrio Maatala, Eskeikima, Avenida de Smara; ayer, Casa Piedra, Barrio Cementerio, Barrio Colomina… Los orgullosos barrios saharauis forman el Mapa de la Resistencia de El Aaiún. Sobre el mapa de la ciudad se ubican los lugares donde se suceden protestas, represión, secuestros, cárceles secretas, detenciones ilegales, fosas comunes, asesinatos… la cartografía de la barbarie cometida por el invasor marroquí. Alrededor del mapa de El Aaiun se ubican los protagonistas de la resistencia pacífica”. (Conxi Moya).
Otra de las obras expuestas es ‘La Piedad Saharaui. Takbar Hadi y su hijo Haidala Mohamed Lamin’. (2016). Técnica mixta / lienzo. El cuadro, de gran tamaño, ocupa completa una de las paredes de la espectacular arquitectura del edificio de Correos donde se ubica actualmente el Ayuntamiento de Madrid. Impresiona plantarse frente al sufrimiento de la madre a la que el régimen marroquí le arrebató a su hijo. Así lo ve el propio Federico Guzmán: “Este cuadro colectivo representa a Takbar Hadi sosteniendo entre sus brazos el cuerpo de su hijo Haidala Mohamed Lamin. Las figuras evocan la escultura de La Piedad de Miguel Ángel representando la compasión de una madre por su hijo muerto. El 15 de mayo de 2015 Takbar Hadi empezó una huelga de hambre fuera del consulado marroquí en Las Palmas de Gran Canarias por el asesinato de su hijo Haidala Mohamed Lamin de 21 años. Haidala fue agredido por colonos marroquíes, con el respaldo de las autoridades de ocupación y la negligencia médica intencionada. Después de la muerte violenta de su hijo, Takbar decidió investigar y esclarecer las circunstancias de su muerte hasta las últimas consecuencias, denunciando y reivindicando frente a las autoridades. Takbar sólo consiguió el refuerzo del asedio policial y los asaltos a la casa de su familia, con agresiones dentro de la vivienda, torturas y destrucción de bienes; por no doblegarse ante el diluvio de presiones y sobornos (90.000 euros) a cambio de firmar el entierro de su hijo en silencio y abstenerse de cualquier demanda de autopsia e investigación. Las graves circunstancias que han rodeado la muerte de Haidala Mohamed Lamin y el convencimiento de que su madre está en su legítimo derecho de pedir el cuerpo de su hijo, cuyo lugar de enterramiento desconoce, para que se haga justicia, han motivado el apoyo de cientos de personas que se sumaron a la huelga de hambre en cadena de manera indefinida. La lucha de Takbar Hadi no sólo reclama justicia para su hijo, sino por extensión para todo el pueblo saharaui en su conjunto, por la descolonización, la justicia y el derecho a vivir en su tierra libre y en paz”.
Y finalmente podemos ver la obra ‘Ciudad del viento. Sobre un poema de Fatma Galia Mohamed Salem’ (2016). Monotipos/papel. Se trata de imágenes a partir de la animación en arena realizada por Federico sobre el poema ‘La ciudad del viento’ de la poeta saharaui Fatma Galia. El texto se dibujó colectivamente en el taller de Poesía en arena de la Tuiza, en el Museo de San Telmo de Donostia, como parte del proyecto Entre arenas / Hondar artean de la Capitalidad Cultural de la ciudad. “En la ciudad del viento /veo lo que nadie ve, /siento lo que nadie siente. Lo digo, lo repito /con el viento y /no me arrepiento. El desierto me hace sentir /como una princesa /en la ciudad del viento” dice Fatma Galia en su poema.
Os animamos a visitar la exposición en la que aparecen obras de los artistas Claire Angelini (Francia), Monika Anselment (Alemania), Antonia Bisig (Alemania), Dragana Brancović (Serbia), Christine Bruckbauer (Austria) y Patricia K. Triki (Túnez), Hommarus W. Brusche (Holanda), Wojciech Cieśniewski (Polonia), Carlos Correia (Portugal), Selim Gribaa (Túnez), Federico Guzmán (Sevilla), Peter Hauenschild (Austria), Alfredo Igualador (Madrid), Sofía Jack (Madrid), Annie Kurkdjian (Líbano), Hela Lamine (Túnez), Yasemir Nur (Turquía), Gisele Ribeiro (Brasil), Simeón Saiz Ruiz (Madrid), Belén Sánchez Albarrán (Madrid), Rafael Sánchez-Mateos Paniagua (Madrid), Marek Szymański (Polonia) y Wolfgang Wirth (Austria). Se puede visitar hasta el 28 de mayo de 2017.





Bienvenidos a Tuiza, la gran jaima de Federico Guzmán


Esta entrada ha sido escrita por la periodista y escritora Conchi Moya.
¡Marhaban1, sean todos ustedes bienvenidos a nuestra jaima lekbira2!
Al Palacio de Cristal del Parque del Retiro en Madrid se accede a través de caminos protegidos por la acogedora sombra de centenarios árboles y rodeados de fresco césped. Desde el 16 de abril la silueta del delicado palacio ha experimentado un cambio. En su interior se ha levantado una majestuosa jaima saharaui, integrada con amor en este edificio emblemático. Se trata de la exposición “Tuiza. Las culturas de la jaima”, del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.  Su artífice, el artista sevillano Federico Guzmán, se inspiró en las primeras jaimas levantadas con melhfas3  por las mujeres saharauis durante la huida del territorio tras la invasión marroquí en 1975. “En el desierto, para proteger a su familia, las mujeres colgaban las melhfas atadas a las ramas de los árboles. Se pueden considerar las primeras jaimas levantadas en tierra ajena, por esas mujeres que luego levantaron los campamentos en Argelia. Me pareció una imagen tan poderosa, tan humana, tan llena de protección y que significaba esta idea de las mujeres como refugio, como fundamento de la familia y de toda la familia humana. De todo ello salió la idea de una jaima que se convirtiera en una obra de arte”, explica Federico.
Jaima refugio, lugar de bienvenida, de encuentro, de conservación de las tradiciones y la cultura, rincón donde encontrarse, charlar y aprender. Cada vez que una jaima se levanta fuera del territorio saharaui el Sahara está presente en ese espacio encantado. El de Tuiza, según Federico Guzmán, ha sido levantado con “idea de transmitir belleza, tranquilidad, unión, una experiencia estética”, de abrir un espacio “donde podamos imaginar un nuevo lenguaje, un nuevo vocabulario, unas nuevas perspectivas para abordar unos conflictos que son muy duros y muy profundos y que los llevamos dentro como heridas, pero creemos en la posibilidad de que se abran nuevos espacios y nuevas visiones”.
Levantar una jaima tradicional saharaui, no las tiendas de refugiados que se usan hoy en día en los campamentos de Argelia, es una ardua tarea que requiere de muchas manos. Este trabajo colectivo, mediante el cual un grupo de mujeres se unen para tejer las tiras de pelo de cabra o camello con las que se realizará la jaima, es lo que se denomina tuiza. Este importante elemento de la antropología saharaui inspiró a Federico: “La jaima como espacio femenino, como espacio común y la tuiza como acción colaborativa, como la solidaridad que invita, que organiza y que pone en acción a la comunidad, mediante el trabajo colectivo. Con estos dos parámetros hemos construido el espacio y la acción que se desarrolla en este proyecto”.
Efectivamente, la gran protagonista es la enorme y colorida jaima, que provoca que el huésped (mucho más que un mero visitante) que accede a ella se sienta dentro de un enorme cuadro de colores, una “especie de pintura habitable”, explica el artista. La jaima está realizada con delicadas melhfas dibujadas y teñidas, en un trabajo dirigido por Federico y realizado por un grupo de mujeres saharauis del Taller de Anna Lind durante dos meses en el campamento de Bojador. Ellas han elegido los motivos que decoran las melhfas de Tuiza: “elementos que significan la paz, la belleza, las tradiciones de la jaima, elementos de la hospitalidad saharaui como la tetera, el perfumador, las sillas de montar antiguas, la henna4, los paisajes del campamento con niños jugando, el louh5, los collares, los rosarios, los elementos tradicionales que significan los valores de una vida que ha estado en equilibrio con el entorno durante miles de años, y los valores femeninos de paz y de compartir, que son precisamente lo opuesto al expolio, a la dominación, al pillaje, a todos los valores negativos en que se basa la explotación”. La espectacular “cúpula” de la jaima, cuenta con una serie de triángulos fabricados con tela de benia6, cosidos por Antonio Guisado, del taller de velería Sun Sails del puerto de Sevilla. Las melhfas colgadas todas unidas, se funden con total armonía con las benias, con las propias columnas del Palacio de Cristal que hacen las veces de los palos de la jaima, y con las alfombras, las esteras, los cojines, las colchonetas y todo el diseño de un salón saharaui para una gran celebración, en un espectacular conjunto levantado  por las arquitectas gaditanas Charo Escobar y Maripi Rodríguez.
Pero hay algo aún allá en Tuiza. Mediante la jaima, integrada en el interior del Palacio de Cristal, el colonizado invade el terreno de colonizador, no de manera violenta ni intrusiva, si no con la elegancia y la fuerza de las melhfas, que es la de las mujeres y todo el pueblo saharaui. La jaima, símbolo tradicional y cultural de un pueblo colonizado, se impone a una construcción colonial. En efecto, el Palacio de Cristal se construyó en 1887 con motivo de la Exposición General de las Islas Filipinas. Tuiza es, en palabras de Joao Fernandes, subdirector del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, “un espacio dentro de un espacio”. Como afirma Fernandes, en esta instalación “hay un diálogo y una provocación a la arquitectura colonialista del siglo XIX, símbolo del capitalismo industrial, del mundo organizado alrededor del discurso colonial”. En palabras de Federico Guzmán, al levantarse Tuiza “ha desaparecido ese símbolo de la arquitectura colonial eurocéntrica imperial y se ha elevado de la tierra, a través de la jaima y de su arquitectura, la voz de los propios colonizados, que somos todos en la actualidad, para plantar cara a esa fuerza colonizadora e imperialista que quiere acabar con nuestra sociedad”.
Tuiza no es una mera experiencia estética. La jaima grande de Federico Guzmán “invita a profundizar, a compartir y a construir entre todos algo nuevo”. La verdadera obra de arte es la jaima en sí, pero a la jaima se está uniendo mucha más gente, artistas, músicos, poetas, pensadores, antropólogos, activistas y público visitante que aportan sus propias capacidades y experiencias y en una gran tuiza “toman el acogedor espacio de la jaima para compartir, para construir”.
Así Tuiza, la jaima grande del Palacio de Cristal, es un espacio efímero, pero profundo, de pensamiento, activismo y creación. Bienvenidos todos, queridos huéspedes, a este espacio para conocer y difundir la voz y la cultura del pueblo saharaui.



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  1 Bienvenidos.
  2 En la cultura saharaui es aquella jaima destacada entre las otras por la generosidad, hospitalidad y caballerosidad de sus dueños.
  3 El colorido y fino manto que visten las mujeres saharauis.

Colaboración en el blog de El País ¿Y dónde queda el Sahara? ‘El mapa de la resistencia en El Aaiun’. Federico Guzmán



"Encontramos alegría en la solidaridad de otros y en ese lugar dentro de nosotros donde nada nos puede hacer daño". Federico Guzmán
Cómo resumir cuarenta años de resistencia saharaui, la mayoría de ellos pasados en la más absoluta oscuridad, en el más negro de los olvidos; silenciados por un muro, tan eficaz, que no dejó pasar observadores internacionales, que no dejó pasar la solidaridad, que no dejó pasar ni un rayo de esperanza. Hasta que en mayo de 2005 la Intifada pacífica que se inició en la ciudad de El Aaiun comenzó a socavar este muro y se empezó a conocer la verdad.
Al contrario de lo que suele suceder, la fundación de las ciudades saharauis es reciente. A pesar de lo extraño que resulta el concepto de permanencia para un pueblo radicalmente nómada, sobre la fundación de El Aaiun (los manantiales) tenemos numerosos testimonios. Sucedió a finales de los años treinta del pasado siglo; su fundador fue el militar español Antonio de Oro Pulido, a partir de un pequeño asentamiento próximo al río Saguia. Las primeras construcciones de las que se tienen constancia son la propia casa de Antonio de Oro, hoy derruida. O la de los hermanos Attaf y Moyan Uld Bachir Uld Endufy, que aún se mantiene en pie: una entrañable placa de piedra recuerda la importancia de esta casa, que de momento ha escapado al afán marroquí por borrar la memoria saharaui.
Ni siquiera un siglo ha pasado desde entonces y El Aaiun es hoy una ciudad doliente; palpita en los corazones de todos los que amamos al pueblo saharaui. La entrada del ocupante lo cambió todo. Varió la demografía, los nombres de las calles, hasta el color de los edificios, hoy pintados de un rojo extraño, odioso para la ciudad. Introdujo torturas, muerte, detenciones, desapariciones, terror… Violó el habla, la historia, la identidad. Separó familias, esquilmó recursos, abolió la jaima, maltrató al camello, extinguió la talha…
Los saharauis mantienen la resistencia gracias a su Intifada pacífica. Nos piden que les entendamos, que nunca dejemos de mirarlos, que hablemos de su causa, que no dejemos de contar lo que sucede. Nuestras armas son la observación internacional, la denuncia, romper el bloqueo informativo y tomar las armas que ofrece el arte. El arte por el Sahara es un arte libre y puesto al servicio de los que sufren, de las víctimas, de los olvidados. El artista Federico Guzmán ha puesto gran parte de su enorme talento al servicio de los padecimientos de los saharauis en diferentes proyectos.
Su obra ‘El mapa de la resistencia en El Aaiun’, en colaboración con el cartógrafo José Fernández Ruiz, está realizada a partir de entrevistas con saharauis víctimas de violaciones de derechos humanos en la ciudad ocupada. Alrededor de un gran mapa de El Aaiun Federico ha colocado una serie de ilustraciones con diferente temática, siguiendo el trazado de las calles conocemos los testimonios de las víctimas. Los saharauis renombran las calles, avenidas y barrios en las ciudades ocupadas, otra forma de resistencia y memoria. Hoy, Barrio Maatala, Eskeikima, Avenida de Smara; ayer, Casa Piedra, Barrio Cementerio, Barrio Colomina… Los orgullosos barrios saharauis forman el Mapa de la Resistencia de El Aaiún. Sobre el mapa de la ciudad se ubican los lugares donde se suceden protestas, represión, secuestros, cárceles secretas, detenciones ilegales, fosas comunes, asesinatos… la cartografía de la barbarie cometida por el invasor marroquí. Alrededor del mapa de El Aaiun se ubican los protagonistas de la resistencia pacífica.
Aminetu Haidar. Una imagen inolvidable, su melhfa amarilla teñida por la sangre de la activista. Era junio de 2005 y había sido golpeada en la cabeza por la policía del ocupante en las primeras manifestaciones de la Intifada pacífica. El gesto de Aminetu conmovió a los poetas saharauis y al mundo, que conoció por primera vez la entereza de una mujer, de apariencia frágil pero dura como sólo puede serlo una rosa de piedra. Aminetu, tu rostro ensangrentado /emergió de una bruma /iracunda, /sereno y firme, /una promesa de paz. (Bahia Mahmud Awah). Sin embargo /más allá de tus labios rotos, /del hermoso rostro desfigurado, /de la mirada oscura y ausente, /se adivina tu laudable sonrisa de gloria. /Tu firmeza de acacia solitaria. /Tu fiel esperanza de libertad y primavera. (Ebnu)
Brahim Dahan relata el torrente de palos de la policía sufrido en una de sus múltiples detenciones, como si fueran lluvia bajo una farola. “El viaje más largo es al interior de uno mismo”; años de desaparición forzada, cárcel, torturas, vejaciones, frío, falta de alimentos, palizas, insultos, muerte, terror… le llevaron a vivir esa frase en todo su hondo significado.
Gdeim Izik. La llama que encendió La primavera árabe en octubre de 2010. En aquella explanada a las afueras de la ciudad de El Aaiun, veinte mil saharauis acamparon para protestar por las condiciones económicas y sociales. El Campamento Dignidad fue destruido por las autoridades de ocupación el 8 de noviembre de 2010. El mundo no condenó, siguió en silencio, poniéndose de parte de quien nunca tendrá la razón. Ayer, hoy y mañana / Gdeim Izik / será la vergüenza, / de los que no hablaron / ni miraron / ni condenaron. (Ali Salem Iselmu)
Nayem Elgarhi. Catorce años, asesinado por las balas marroquíes mientras participaba en el Campamento de la Dignidad saharaui. Los verdugos arrancaron la tierna flor que aspiraba a ser libre. Una vida segada cuando empezaba a despuntar. Pocos crímenes pueden ser más abyectos. “Te vas… /Te vas de nosotros, engañando a la muerte / para renacer con la primavera cada ocho de noviembre” (Zahra Hasnaui); "La voz inocente de un niño / es culpable de la muerte, /culpable del odio de los verdugos, / de la ausencia de su ciudad" (Ali Salem Iselmu).
Mohamed Daddach. Durante su cautiverio, el segundo más largo después del de Nelson Mandela, Daddach pudo hacer salir de la cárcel una carta que se leyó en la Radio Nacional Saharaui. Pedía una manta y medicinas para una herida en la pierna que le dolía mucho. Sus ojos, llenos de ternura, no pueden ocultar los años de encierro, primero esperando la muerte, más tarde condenado a reclusión perpetua.
Sukeina Yedehlu. Los saharauis no tienen derecho a conservar el nombre de su familia. A Sukeina quisieron borrarle la identidad cambiando el nombre de su padre, un gran poeta saharaui, por el apellido Idrissi, desconocido en la cultura saharaui. Imposible explicar con palabras por todo lo que ha pasado Sukeina. Detenida, desaparecida, separada de sus hijos, torturada….
Said Dambar. Una noche de diciembre, en las calles de El Aaiun se celebra la victoria de un equipo de la Liga española que siguen los saharauis. Balas marroquíes hieren de muerte a un joven saharaui. El cuerpo de Said Dambar permaneció meses en un congelador de la morgue de El Aaiun, mientras su familia reclamaba una autopsia. Cuarenta y cuatro meses después de su asesinato su familia sigue reclamando justicia y exigen que se sepa la verdad.
El mapa de El Aaiun es también el de las cárceles y los centros de desaparición y tortura. La siniestra Cárcel Negra donde los presos se tienen que turnar para sentarse mientras otros duermen hacinados. En septiembre de 2005 las fotos de aquel inmundo agujero saltaron a la prensa occidental. La maldad del ser humano no conoce límite. En las cárceles marroquíes se practican brutales torturas a los presos políticos saharauis. Se arrojan cubos de agua sucia de fregar con azufre y sal, cuando el  preso empieza a ahogarse le abofetean para que vuelva a respirar. Se ata a los presos manos y pies y luego el cuerpo a una mesa. Les golpean en la planta de los pies. Palizas, abusos, suciedad, malnutrición, insultos, violaciones. El mapa del horror en El Aaiun.
Lo que no ha podido ni podrá borrar el invasor es la llama de la resistencia, latente en cada centímetro cuadrado del mapa de El Aaiun.