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“Diario de Ithaca” de Miguel Ángel Hernández. “Preferiría sí hacerlo”



Vuelve a ocupar un espacio en este blog una obra del escritor murciano Miguel Ángel Hernández Navarro, en este caso la segunda entrega de su “proyecto diarístico”, Diario de Ithaca, recientemente publicado por Newcastle Ediciones. Si me resultó muy satisfactoria la lectura de las dos novelas de Miguel Ángel (Intento de escapada y El instante de peligro), el pasado verano disfruté en la playa de la lectura de su diario Presente continuo, original, divertido, profundo, entrañable, intelectual y con un punto gamberro. He terminado 2016 finalizando la lectura de la segunda entrega de sus diarios, Diario de Ithaca, que narra la experiencia del autor en el año académico que pasó en la Universidad de Cornell con una beca de investigación sobre el tiempo y el arte contemporáneo, entre septiembre de 2015 a mayo de 2016. En este caso, a diferencia de lo que sucede en Presente continuo, las entradas no van por días, sino que cada capítulo resume una semana en la vida del autor, entrada que era leída por Miguel Ángel semanalmente en el programa de radio de Sergio del Molino “Preferiría no hacerlo”. Una idea loca que sin embargo le encantó llevar a cabo. Porque Miguel Ángel reconoce que tiene un acusado defecto / virtud: no sabe decir no y cuando le proponen algo la respuesta habitual es “preferiría sí hacerlo”.
Se trata de un libro escrito para ser leído en voz alta y esto influye a la hora de escribir. La del diario es una “escritura de la cotidianeidad que funciona como memoria de vida, un archivo narrado de la experiencia”, que resultó agridulce, feliz y dolorosa. Se trata de una “voz de la felicidad paradójica”. En realidad, la experiencia en Cornell parece tener un balance muy positivo por todo lo aprendido y sobre todo por todo lo vivido, a pesar de las múltiples dificultades. El diario, según avanzaban los capítulos, se fue haciendo autorreferencial, dejando guiños para los iniciados, y Miguel Angel se fue convirtiendo en un personaje, siempre burlón. “Se boicotea, se caricaturiza, se recrea en el patetismo de la inconveniencia”. Para ello el autor utiliza un tono tragicómico, “evitando la complacencia, pinchando el globo de Narciso”, evitando caer en los peligros del escritor autobiográfico. “Quienes usan su propia vida como materia literaria son en realidad destructores de sí mismos”, crueldad sólo admisible cuando se usa contra uno mismo. La segunda persona del singular utilizada en Presente continuo se convierte en primera persona del singular en Diario de Ithaca, ese “yo” que el autor considera necesario para acompañar la “etapa de soledad” que vivió en Cornell.
El libro refleja conflicto interior, un estrés del que tiene la culpa en gran medida el idioma inglés. Ese agobio por la dificultad en la comunicación está presente en todas las páginas. “Siento que pierdo pie cuando tengo que comunicarme”. En muchas ocasiones se siente perdido con el inglés. “Extraviado en el lenguaje y sin posibilidad de salir”. Cuando puede volver al español es “un regalo”. “El idioma no es sólo el modo de comunicación, es también mi herramienta de trabajo. No es un medio para un fin, es el fin en sí mismo”. Adentrarse a un idioma diferente “es como tirarse al océano”. Miguel Ángel se considera cobarde en ese aspecto “me gusta bañarme en la orilla, donde no cubre. Es ahí donde sé nadar y hacer las piruetas. En mi piscina del lenguaje”. También sufre por la responsabilidad de estar en Cornell, alimentando la duda interior de si merece realmente la beca.
En ocasiones durante su estancia le puede la pereza, echa de menos su casa, su mundo ya construido. Aunque empieza a habitar el nuevo espacio, no lo controla. En ocasiones no se siente más que una pieza dentro del engranaje. Cuando le puede la presión intenta convencerse de que es una aventura, es un privilegiado y el esfuerzo “merece la pena”. “Estaría más cómodo en casa, pero estos momentos...”, porque “A veces estar aquí es una suerte”. Las sensaciones y vivencias personales son las que hacen que su estancia allí merezca la pena. “Quiero y no quiero estar aquí. Quiero y no quiero volver”. ¿Puede ser ese quererlo todo uno de los rasgos de nuestra generación de nacidos en la década de los 70?
El escenario del diario es Ithaca, ciudad situada a unos 400 km al noroeste del estado de Nueva York, conocida por albergar la sede de la prestigiosa Universidad Cornell, definida por Miguel Ángel con un juego de palabras, “entre ecoológica y hippister”. Sin embargo, aunque el libro es un diario sobre su etapa en Cornell, no da sensación de reposo o inmovilismo, ya que el autor está constantemente yendo y viniendo. Realiza varios viajes a España pero también otros cuantos dentro de EEUU, en varias ocasiones a la gran metrópoli de Nueva York, e incluso a Washington, “Viajar cuando uno ya está fuera es irse más lejos”. “Me he venido aquí para aislarme, pero España me persigue”; “Vine a Ithaca para encontrarla soledad y no he podido escapar de la locura”. De ese maremágnum en el que siempre parece estar envuelto Miguel Ángel también le es necesario escapar, necesita poner cierta distancia como modo de autoprotección. “Demasiado placer también nos desestructura”. Necesita un “fin de fiesta”, para “leer, escribir y reposar”. Es preciso parar para cuidar y preservar los sueños. Tal vez la vida, “más que un presente continuo sea una serie de infinitas paradas y arranques, de saltos incesantes hasta el gran salto final”. En muchos momentos el autor es “espectador e imagen. Sujeto u objeto”. Muchas de las experiencias vividas durante su estancia en EEUU le parecen una película. De nuevo, la imagen. Como la “garden party” a la que les invitan, que le parece “una película de Woody Allen”. La beca de Cornell le ha permitido, en definitiva, “Disfrutar de momentos que jamás habríamos imaginado posibles”.
En este diario Miguel Ángel no sigue la escritura de un libro suyo, como sucedía de manera fascinante en Presente continuo. Su trabajo con la beca y como profesor en Cornell se impone a su faceta literaria. Pero cuando el autor se presenta como escritor, descubre que en EEUU “realmente importa haber escrito un libro. Aquí eso es algo serio”. Aunque en el diario sí aparece la otra cara de la moneda del escritor, el que promociona su obra, Miguel Ángel realiza varias presentaciones de su primera novela Intento de escapada (Escape Attemp en su traducción al inglés) en Nueva York y en Buffalo; o el que recibe premios, ya que durante su estancia en Cornell El instante de peligro fue finalista del Premio Herralde de novela (Anagrama). Al final, vida y novela, en este caso El instante de peligro, se entremezclan: “La vida es una extensión de la novela”. “Inconscientemente busco revivir lo que he escrito. Escribirlo a través de la experiencia”. En definitiva, realidad y ficción son en ocasiones una misma cosa. La novela “es una sombra de la que no puedo escapar”.
En esa eterna dicotomía entre arte y literatura, esta última es la que gana posiciones en la vida de Miguel Ángel. “Me gusta ese instante de contacto entre lector y escritor; me encanta imaginar que esa persona va a transitar por lugares que antes sólo estaban en mi cabeza”. Es una sensación que define como “magia”. Porque el escritor lo es a todas horas y en toda circunstancia: “Soy un vampiro de experiencias, siempre estoy escribiendo, incluso cuando no lo hago”. En el diario deja entrever lo nuevo que va a llegar, una novela que está empezando a escribir sobre un crimen sucedido veinte años atrás. Ya apuntaba algo en Presente continuo. Y otro aspecto de la escritura, la opinión de los críticos, también aparece en este diario; el autor sufre con una mala crítica de Antonio Orejudo en Babelia, que le afecta, en especial porque afirma que trata con ligereza las ideas de Walter Benjamin, uno de sus teóricos del arte de referencia. Porque “Escribir es un ejercicio físico, escribir cuesta, escribir duele” y al mismo tiempo “Escribiendo soy feliz”.
En Diario de Ithaca se repiten, por fortuna, otros aspectos del diario anterior. Como el trabajo a última hora con la presión de no llegar a tiempo. Da igual donde se encuentre “Siempre espero al último minuto. Algún día se me hará demasiado tarde”. O sus bloqueos, que siempre acaban felizmente, “A veces uno se bloquea porque piensa que las cosas son más importantes de lo que realmente son”.
Murcia también aparece en este diario, aunque tiene menos presencia, porque a pesar de vivir en Ithaca, Miguel Ángel regresa varias veces a España, incluido el viaje para la presentación del Premio Herralde. De nuevo la huerta, el Real Murcia, locales preferidos como Luis de Rosario, la entrañable anciana Julia vecina de toda la vida, esa vida cotidiana y tranquila que echa de menos y de la que, al mismo tiempo, siempre parece estar huyendo.
Este diario también tiene su parte social y de actualidad, de escritor que está al tanto de lo que sucede. Como los atentados de París y Bruselas, las elecciones generales en España de diciembre de 2015 o los papeles de Panamá, en los que “sale todo el mundo” y con los que ocurre como con Wikileaks, todo se descubre, todo se sabe, pero no pasa nada. “Algunos desfalcan, estafan y escapan de todo”. Todo huele ya a podrido.
Si Presente continuo era una deliciosa guía de lecturas, en Diario de Ithaca también están presentes diferentes lecturas que acomete Miguel Ángel durante esos meses. Acontecimiento de Javier Moreno; El comensal de Gabriela Ybarra; El reino y El adversario de Carrère; Idea de la ceniza, María Virginia Jaua; París- Austerlitz de Chirbes; Familias de cereal de Tomás Sánchez Bellocchio; Consumidos de David Cronenberg; La hora más corta de Francisco Díaz Klaassen; No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles de Patricio Pron. Precisamente Pron, que estaba en la presentación madrileña de este Diario de Ithaca, se corresponde con el escritor que le gustaría ser: intelectual, elegante y preciso. También aparecen dos personajes que saben mucho de literatura, “Olga y Paco Candaya”, editorial que estaba entonces a punto de publicar el libro de su amigo Leo, La edad media. El propio Leo, Leonardo Cano, también aparece a menudo en este Diario de Ithaca. Cuando leí el primer diario no tenía claro si Leo era un personaje inventado. Luego pude concerle en Sevilla, también a sus editores, y comprar su novela, muy notable, que ya comenté en Haz lo que debas.
Una vez más en los diarios de Miguel Ángel hay bebida, mucha. Cerveza, cócteles (Manhattan, Old-Fashioned), micheladas, vino de Murcia, tequila, mojito, mezcal. Resaca es un estado que se repite. Menos alusiones a la comida, que para algo transcurre en EEUU.
Una experiencia americana de balance positivo a pesar de las quejas y penalidades por las que transcurre el diario “He ganado peso y el inglés lo hablo cada vez peor”. Al final de su estancia es consciente de que “En pocos lugares he sentido que el conocimiento importaba con esa pasión”. Y eso es lo que de verdad importa. Esperamos con muchas ganas la nueva entrega de los diarios de MAHN, que en esta ocasión publica semanalmente la revista eñe, “Aquí y ahora (Diario de escritura)”, que también se convertirá en libro y donde regresa a la segunda persona.

Presentación de “Diario de Ithaca” de Miguel Ángel Hernández. El gusto por contar.



Conocí a Miguel Ángel Hernández gracias a una reseña del escritor murciano Basilio Pujante en su sección de la Tribuna del Noroeste. Basilio reseñó “Intento de escapada”, un libro que resultó ser del @mahn que seguía desde hacía algún tiempo en Twitter. La curiosidad me condujo a buscar y leer una novela en la que se mezclaban de manera fascinante arte y literatura, como por otra parte sucede en la vida del propio autor. Aquella historia de desilusiones me llevó a leer su segunda novela, “El instante de peligro”, que resultó ser finalista del Premio Herralde de Anagrama. Grata sorpresa fue “Presente continuo” publicada en la editorial murciana Balduque. Se trata de un diario muy curioso escrito durante la creación de “El instante de peligro”, que habla sobre literatura, lecturas, el proceso de escribir, el arte, presentaciones literarias, eventos, saraos y ciertos aspectos de la vida cotidiana del autor, consiguiendo un libro realmente delicioso que devoré este verano y con el que me sentí muy identificada como lectora y escritora (Intento de escritora). Me hizo reflexionar pero también reír por ese toque irreverente y exhibicionista, alejado de toda ceremonia, que salpica el libro.
Mientras transcurrían mis lecturas, Miguel Ángel estaba viviendo en Ithaca, Nueva York, realizando un proyecto de investigación en la Universidad de Cornell y gestando la segunda entrega de sus diarios. Y así acudimos a la presentación de este “Diario de Ithaca” en Madrid el pasado 15 de diciembre para descubrir qué tenía que contarnos esta vez Miguel Ángel Hernández.
Intervino Javier Castro Flórez, de Newcastle Ediciones, editorial murciana creada a finales de 2015 (forma parte de La Fundación Newcastle) y que publica crónicas, memorias, libros de viajes, diarios y pequeños ensayos. Se trata de una colección de libros en pequeño formato, “humildes pero que no son superficiales”, en palabras del editor. “En el mundo subterráneo está la diversión”, concluyó en referencia a las “catacumbas” de la librería madrileña Tipos Infames, donde se presentaba el diario.
El escritor Sergio del Molino se declaró “inductor del libro”, ya que él dio la perfecta excusa a Miguel Ángel para que siguiera escribiendo los diarios. Sergio se encontraba inmerso en aquellos días en la segunda temporada de “Preferiría no hacerlo”, programa sobre literatura en la radio autonómica de Aragón, y propuso a Miguel Ángel que grabara semanalmente una suerte de página del diario, pero hablado para ser emitido en el programa. Poco a poco el autor fue adoptando el tono al lenguaje radiofónico, para ofrecer una exposición de “lo peor de sí mismo”: inconveniencias, su tensión con el idioma inglés, sus angustias y desdichas a miles de kilómetros de casa, en medio de un gélido invierno con mucha nieve y con muchos momentos de soledad. Siempre repetía en las crónicas un irónico mantra: “No puedo ser más feliz”, en lo que fue un interesante ejercicio (tal vez experimento) radiofónico y literario.
A continuación tomó la palabra el autor, Miguel Ángel Hernández, quien recordó que los textos están publicados en su blog “pero el editor ha tenido la confianza de editarlo en papel. Se trata de un proyecto suicida, como todos los proyectos editoriales”. La propuesta de Sergio “fue el acicate perfecto para escribir”; Miguel Ángel no pudo negarse, “con que me pinchen me lanzo, no sé decir no”. Confesó que se trataba de un formato rarísimo y difícil para él, aunque le apetecía por la inmediatez del medio. “A mí no me gusta escribir, me gusta contar cosas. No le encuentro sentido a la idea de escribir para mí mismo”.
Ese gusto por contar es lo que le ha llevado a emprender este “proyecto diarístico”, que empezó con su bitácora “No (ha) lugar”, abierta en 2006 cuando aún había pocos blogs y no existían redes sociales, “era como un salto al vacío, no sabía cuánta gente lo podía estar leyendo”. Surgió entonces la propuesta de una columna en el diario La Opinión de Murcia, que le obligaba a racionalizar lo que estaba pasando y se convirtió en una especie de performance, “la vida se convertía en un hecho literario”. La de “Diario de Ithaca” es una literatura “poco elaborada”, aunque sí trabajó la voz y el tono.
Si “Presente continuo” estaba escrito en una sorprendente segunda persona del singular, “Diario de Ithaca” lo está en primera. Este diario tiene una estructura oral, ya que lo escrito iba a ser leído, el texto era un residuo de la voz, por lo que Miguel Ángel debía tener en cuenta al escribir el fraseo y el tiempo. Lamentó que en el libro se haya perdido la voz de las crónicas radiofónicas, “en las que había construido al final un personaje”.
En “Presente continuo” ya había una “pulsión exhibicionista”, que se repite en esta nueva entrega. En realidad este diario es una “muestra de la intimidad construida, una armadura con respecto a lo que yo entiendo realmente como íntimo”. Hay personajes que pidieron que alguna situación no saliera en el diario y otros que “forzaban la pose para salir”. Para el autor “se trata en definitiva de una especie de happening porque la historia del arte tiene mucho que ver en mi literatura”. Acabaremos pensándolo todo literariamente en un bucle sin fin entre vida y diarios. “El diario supone para mí un placer y un divertimento, no me interesa en absoluto la polémica, lo que no me gusta, no lo saco”. Se trata de un diario de experiencias, para entrar “en un extraño mecanismo donde hasta cierto punto incluso se hacen cosas para que salgan en el diario”.
A la pregunta de un alumno que había acudido a la presentación de Madrid sobre hasta dónde quería llegar con los diarios, Miguel Ángel explicó que en clase sí le gusta “generar polémica, crear incertidumbre, hacer pensar”. Reconoció que hay una pulsión narcisista y exhibicionista en el hecho de escribir para que lo lean otros, “pensar que lo que escribes puede interesar a otros es una llamada de atención, un mira lo que hay dentro de mí”. Para el autor es algo totalmente legítimo, aunque el narcisismo esté mal visto. “El que escribe es narcisista y más el que escribe sobre sí mismo, es la exhibición del yo”.  Sin embargo, “el registro de intimidad de cada uno es diferente, vivimos en un momento de exhibición absoluta debido sobre todo a las redes sociales. Hasta lo doméstico se ha abierto”.
Sobre su eterna dicotomía entre el mundo del arte y la literatura, en opinión de Miguel Ángel hay unos intereses “para-artísticos” que van más allá del hecho creativo, para que las obras lleguen al público o al mercado. En ambos mundos hay una perversión del mercado por encima del hecho creativo, pero el camino de la literatura es menos “perverso”. El autor entiende que la literatura tiene lectores y si no hay lectores esa “burbuja” de alguna manera estalla. En literatura alguien compra libros pero en el arte el público no importa, el espectador no es un agente dentro del mundo del arte, mientras que el lector sí tiene algo que decir en la literatura.
Unas crónicas de radio a ritmo de la canción de Caléxico Gypsy's Curse, transformadas en un coqueto libro maquetado y con portada de nuestra querida Cristina Morano, escritora, diseñadora gráfica y activista.

Bookstock, literatura, rock e independientes en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS)



Como el blog inquieto que intentamos ser, nos trasladado a Sevilla para saber qué era eso del Bookstock, anunciado como tres días de música y literatura y celebrado en el CICUS (Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla), un lugar de referencia para los que nos interesamos por el arte, los libros y la música.
El I Festival Bookstock ha estado organizado por la revista JotDown, en colaboración (además de con el Cicus) con el Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS) y la librería la ExtraVagante, y se ha desarrollado entre el 16 y el 18 de septiembre.
Esto es lo que dieron de sí las dos mesas que presenciamos.

“El boom de la literatura rock en España”
Partiendo de la premisa de que “nunca antes se habían publicado tantos libros sobre música como ahora” y de que “ya no son editoriales especializadas en música las que publican estos libros”, el viernes por la tarde asistimos a una charla moderada por Fran G. Matute (Estado Crítico), y que contó con J. S. Monfort, jefe de prensa de la editorial Malpaso, una editorial que apuesta por publicaciones relacionadas con el rock y Nani Castañeda, batería de Niños Mutantes y escritor, ha publicado “Mutante, por la gracia de Dios” en Ediciones Chelsea.
En la charla se hizo referencia al nicho de mercado de este tipo de literatura que ellos estiman en unos 4.000-5.000 lectores, aunque yo creo que es menor. Mi opinión es que hay pocos lectores interesados en la literatura rock porque en España no se aprecia ni se respeta el rock como se debería ni hay una industria potente detrás. Tampoco existe un gran número de lectores de literatura de cierta calidad. Un porcentaje muy elevado de personas sólo compra un libro al año, normalmente de algún personaje mediático, que ni siquiera suele ser escritor; un tipo de lectores que no se van a interesar por una obra escrita en clave de rock. Pero por otra parte los libros rock sí deberían contar con ese porcentaje de público al que sí le gusta esos estilos musicales, personas que muchas veces también son lectores de obras de una cierta calidad/complejidad, no del bestseller de turno.
En el transcurso de la charla salieron muchas ideas y se ofrecieron diferentes pinceladas sobre libros y rock. Primero habría que acotar qué se entiende por literatura rock, diferenciándola de los libros como biografías, testimonios, cancioneros… Es complejo. En mi opinión debemos referirnos a libros donde el rock tiene que ver con la narración, libros protagonizados por músicos, o por bandas (imaginadas o no), también podemos incluir literatura escrita por músicos. También se habló de autores “muy rock”, aunque el rock no sea en sí una parte fundamental de sus libros. Es el caso de Thomas Pynchon, que mencionó Fran G. Matute, “con una forma de escribir muy psicodélica”, o Salinger “lanzando el puño a un periodista”, como recordó Pepe Monfort, quien entiende por narración rock una “narración llena de ruido; con gente, cervezas y un poco de música”. Para Monfort el rock es “una actitud ante la vida”. “Hay personas muy rock y músicos con vidas muy ordenadas”, reflexionó, considerando a Manuel Vilas como “un escritor con actitud rock”.
El jefe de prensa de Malpaso confirmó que hay un interés cada vez mayor de las editoriales por el mundo del rock. “Antes se hacían libros con ediciones menos cuidadas, recuerdo de las de Editorial Júcar, ediciones sobre todo pensadas para fans”, explicó. Actualmente se busca cada vez más que el libro rock sea también un “objeto bonito”. Fran Matute destacó la dificultad de escribir sobre música, traspasar a palabras la música. “En España se impone la idea de que la música rock es algo banal, por eso no se valora en nuestro país, no se le da la entidad que merece”, opinó. Nani Castañeda incidió en el poco interés en el rock que tienen la mayoría de literatos en este país. “Hay muchos novelistas para los que el rock no ha sido algo vital. Por otra parte hay cierto esnobismo entre escritores que prefieren referirse a otras músicas, como el jazz o la clásica”. El batería de Niños Mutantes resaltó que el despegue de la literatura rock se dio en el momento en que las primeras generaciones de músicos rock empezaron a reflexionar sobre su propia historia, “El propio relato del músico hablando y escribiendo sobre su experiencia tiene mucha más emoción que una densa biografía realizada por otro”. Se refirió a que existe una cierta separación entre las dos artes, literatura y música, aunque hay músicos considerados como grandes letristas, como Bob Dylan, Leonard Cohen o Jim Morrison. El caso contrario es menos habitual, Monfort nombró a Pablo Ramos. Desde John Lennon, Morrissey o Micah P. Hinson, a los españoles Santi Balmes de Love of Lesbian, César Strawberry, Albert Pla, Kike Babas o Sr. Chinarro, hay numerosos casos de músicos que han escrito ensayos, poesía e incluso novelas. Nani Castañeda, otro de los músicos que han visto un libro suyo publicado, opinó que el rock puede ser muy literario, por el proceso creativo que conlleva o las relaciones que surgen entre los músicos. “El mundo del rock tiene sus sombras y sus luces, no es tan negro como lo cuentan. Es un trabajo donde también hay que picar mucha piedra”. Apostó por normalizar el rock, a lo que Monfort replicó que si se convierte “en algo normal puede acabar perdiendo el interés”.
Durante la charla se hizo referencia a libros escritos por músicos que han funcionado muy bien entre un público no necesariamente interesado por la música, caso de “Instrumental” de James Rodhes, o “Cosas que los nietos deberían saber” de Mark Oliver Everett, en los que predomina la experiencia vital. Probablemente ahí radica su éxito, porque el nicho de mercado de lectores del rock es limitado.
Los ponentes estuvieron de acuerdo en que no se escribe mucha crónica o ensayo sobre rock en España, mientras sí se publican en el mundo anglosajón. “En España faltan buenos ensayos sobre música. Las editoriales probablemente tampoco demandan este tipo de literatura porque no sale rentable”, opinó Fran Matute. Monfort recordó la colección Cara B de Lengua de Trapo, de libros basados en discos, que realizó “un acercamiento conceptual”, en palabras de Pepe Monfort. En esta colección salieron libros como “Omega”, sobre el álbum de Morente y Lagartija Nick, “Honestidad brutal”, sobre Calamaro o “Una semana en el motor de un autobús” dedicado a Los Planetas. “Muchas veces los que se han acercado a la literatura musical lo han hecho como fans, pero eso no quiere decir que sea más interesante o de más calidad”, indicó Monfort.
Los participantes en la charla destacaron que hay poca literatura rock novelada en España. Por mi parte añadiría que cada vez hay más, muchas de ellas publicadas en editoriales pequeñas o incluso autopublicadas, en definitiva son poco conocidas pero existen*. Para Pepe Monfort hay que lograr “traspasar con esta literatura el umbral de los fans del rock y llegar a otro tipo de público”. Por su parte Nani deseó que “el rock esté presentecon naturalidad en las novelas, el género que la gente lee mayoritariamente; el proceso de normalización debe fluir”. Como “pega” se señaló en la mesa que en ocasiones las novelas rock pueden caer en obviedades. Hablaron de tener cuidado con introducir muchas referencias rock, ya que puede terminar mermando la calidad del texto, afirmación que yo no comparto del todo. “Rodrigo Fresán es por ejemplo un autor que vive el rock desde un punto de vista muy intelectual y da muchas referencias”, señaló Monfort.
Por mi parte salí de la charla con más dudas ante las numerosas ideas planteadas, aunque a la vez reafirmando mi opinión de que es un tipo de literatura muy interesante y que puede dar mucho de sí. En España llevamos mucho tiempo de retraso en literatura rock, como en casi todo, y nos encontramos con el problema de unos lectores poco amantes de novedades y experimentación y, me temo, con muchas carencias musicales.
“El escritor ante la edición independiente”
La tarde del sábado asistimos a una mesa a tres bandas entre los escritores Miguel Ángel Hernández, Rebeca García Nieto y Leonardo Cano.
Miguel Ángel fue el encargado de presentar a Rebeca: psicóloga clínica y escritora. Es autora de tres obras “Historia de una mirada” (Eutelequia, 2012), “Eric” (Zut, 2015) y “Las siete vidas del cangrejo” (Alegoría, 2016). En palabras de Miguel Ángel “no es fácil decidir si es un libro de cuentos o una novela”. Se trata de siete historias, cada una con un tono diferente, incluso con una tipografía distinta pero en todas ellas hay una preocupación sobre lo patológico, está muy presente el cuerpo, la vejez, lo que va más allá del cuerpo ideal. Con profundidad psicológica recoge los miedos y los deseos frustrados.
Rebeca contó su experiencia con la edición independiente, hasta ahora no muy positiva. Sus dos primeras novelas las publicó con editoriales independientes que se encontraban en crisis cuando editaron sus libros. “A la soledad del escritor ante el papel se une la soledad del escritor una vez que ha terminado la novela”. Es muy difícil sacar adelante un libro sin el apoyo de una editorial. El literario es un mundo complicado y muy hermético y muchas veces me he sentido francamente sola”, reconoció. Aunque su experiencia no fue del todo satisfactoria sí destacó la ayuda prestada por Juan Bonilla de Zut Ediciones. Hispabooks, otra independiente, va a publicar en breve su novela “Eric” en inglés, lo que le va a dar una “segunda vida” al libro. Destacó la labor que está haciendo Hispabooks al dar a conocer a autores españoles en el extranjero, “ayudando a cambiar la idea que se tiene fuera sobre la literatura española”. Sobre “Las siete vidas del cangrejo”, destacó que es “un libro arriesgado, no tanto por la forma como por el contenido”. Las editoriales independientes dan salida a este tipo de libros, algo que “en una editorial grande es difícil”,
Rebeca García Nieto presentó a Leonardo Cano (Murcia, 1977), autor de “La edad media” (Candaya, 2016), Licenciado en Derecho y Máster en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada Europea. La novela narra la historia de tres compañeros de colegio que vuelven a reunirse cuando alcanzan la treintena. Queda patente de ese encuentro que no llevan la vida que soñaron cuando eran pequeños. La novela combina tres narraciones: el chat de uno de los personajes con su novia; una narración en tercera persona del día a día de otro de los personajes y un narrador en primera persona del plural que cuenta la infancia y adolescencia de todos ellos. Usando frases cortas consigue una voz muy potente, que refleja muy bien el “círculo de la violencia”, cómo se puede pasar de ser agredido a ser agresor. “Leonardo tiene una voz propia y original”, concluyó Rebeca.
Leonardo Cano afirmó que su experiencia con la edición independiente, Candaya ha publicado su primera novela, ha sido “muy feliz”. Explicó que siempre había demorado la escritura de una novela pero varios de sus amigos “empezaron a publicar (Leonardo es el Leo de “Presente continuo” de Miguel Ángel Hernández) así que finalmente me animé a escribir la mía. Además, para conseguir que me la publicaran debía ser buena”. Leonardo hizo referencia a la crisis que sacude el mundo editorial y la pérdida de lectores (aunque yo diría más bien de compradores de libros), por lo que “una editorial grande no se va a fijar jamás en una primera novela”. En palabras de Leonardo “las editoriales independientes publican poco, así que cuidan mucho lo que publican”. Sobre “La edad media” explicó que el tema principal son las aspiraciones desbaratadas, los sueños rotos, un tema que “necesitaba de los tres narradores y de una estructura compleja”.
Leonardo Cano presentó a Miguel Ángel Hernández (Murcia, 1977), profesor de historia del arte y escritor. Empezó publicando en editoriales municipales y regionales, en independientes y finalmente en Anagrama. Esta editorial le ha publicado “Intento de escapada”, que ha conseguido notable éxito y ha sido traducida a varios idiomas y “El instante de peligro”, novela finalista del premio Herralde de novela. Miguel Ángel ha hecho una vuelta a las independientes con “Presente continuo”, un diario de escritura publicado en la editorial Balduque. Actualmente escribe un nuevo diario. La carrera literaria de Miguel Ángel transcurre entre editoriales “periféricas”, independientes y una grande como Anagrama, aunque esta editorial haya apostado por un tipo de literatura arriesgada y de calidad.
Miguel Ángel Hernández habló sobre su trayectoria. “He pasado por todos los estados”, afirmó. “Para llegar a Anagrama he pasado por todo un submundo de publicaciones, en ediciones municipales y regionales”. Se trata de “publicaciones en la periferia de la periferia”, a veces “textos para amigos y familiares”. Aparentemente pueden parecer “publicaciones perdidas, sin distribución ni difusión; sin embargo permiten a un escritor hablar de lo que quiere, son una tabla de experimentación fundamental”. Así, antes de recalar en Anagrama había pasado por años de “experimentación”. Llegar a una editorial independiente es dar un “paso ya consolidado”. El paso a Anagrama, “una pseudoindependiente” es un paso “para que te lea más gente”. Miguel Ángel destacó la posibilidad que te da una editorial como esta de que el libro sea corregido, salga sin erratas, en una edición cuidada y seria. “La experiencia de Anagrama también me ha servido para tomarme yo en serio como escritor”. La vuelta a una independiente, Balduque, con “Presente continuo”, le ha permitido rebajar presión y recuperar la cercanía de las editoriales independientes, “la afectividad, el cariño del editor hacia los libros que publica”, algo que “se pierde en una grande”.
Con respecto a la atención de las editoriales, Leonardo Cano afirmó que “una grande se fija más en el lector, en el cliente y en el producto, que en el autor”. Recordó que muchos españoles sólo compran un libro al año, normalmente de escritores o personajes mediáticos. “A por ese público es a por el que va el gran editor”, afirmó.
“A veces es más productivo para un escritor publicar en independientes, porque el público de las grandes no es el suyo”, reflexionó y apostó porque “el escritor conozca su público potencial”.
Una de las cuestiones que se puso en la mesa fue el papel del escritor en la promoción de su propia obra. El autor tiene cada vez un papel más destacado en publicitar su obra gracias a las redes sociales. Rebeca García Nieto afirmó “no sentirse mal” por publicar sobre sus libros en las redes sociales. “Es necesario al final”, reconoció Leonardo Cano, “antes apenas usaba las redes pero es una difusión necesaria”. Según sus palabras “en la literatura no hay dinero, no hay ego porque entre tantos egos el tuyo no sobresale. Sin embargo desde fuera parece un mundo muy interesante”. En palabras del autor de “La edad media” el mejor editor “es el que acompaña tu novela”.
“No creo que el mundo de las redes sociales funcione; es un mundo paralelo que al final poco tiene que ver con la vida real”, afirmó Miguel Ángel Hernández, quien se preguntó hasta qué punto los seguidores de las redes pueden comprar los libros, “se crea una comunidad de seguidores aunque no tanto de ventas”. “Al final se es un poco esclavo de las redes”, reflexionó, “pero tampoco podemos aislarnos de ese mundo”.
También se habló sobre el papel de los agentes literarios. Rebeca reconoció que su experiencia con agentes no ha sido positiva. Por su parte Leonardo Cano aventuró que los editores independientes pueden tener recelos a la hora de recibir obras de la mano de un agente. “Puede parecer que llega después de haber sido descartada por editoriales grandes”, concluyó.


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*Narrativa rock española. Dejo como referencia algunos títulos de novelas rock en español: “Biografía autorizada” de Salvador Gutierrez Solís; “La canción donde ella vive”, de Daniel Ruiz García; “Far Leys” de Miguel Ángel Oeste; “Martha. Música para el recuerdo”, de Fernando Navarro; “Ruido en el corazón” de Eloísa Nos; “Rompepistas” de Kiko Amat; “El túnel” de David Barreiro; “Yo fui Johnny Thunders” de Carlos Zanón; “No te hundas Johnny”, de Borja Figuerola; “Un lobo como yo” de Jesús Carnerero, o mi novela “Sin pedir permiso”, entre otros.

“Presente continuo” de Miguel Ángel Hernández, el enorme desafío de la escritura


Es este Presente continuo, libro lleno de literatura, lecturas y escritores, una suerte de diario realizado durante la escritura de “El instante de peligro”, novela que le valió a Miguel Ángel Hernández ser finalista del Premio Herralde de novela que concede Anagrama. Desde septiembre de 2013 el periódico La Opinión de Murcia recogió los domingos las entradas de aquel diario, escrito en segunda persona, que sería publicado en 2015 por la editorial murciana Balduque con el título “Presente continuo”. Como curiosidad, mi ejemplar lo compré en la Librería Educania de Murcia, que tuve el enorme gusto de visitar en enero de 2016 para presentar “Sin pedir permiso”.
Con frases cortas y un estilo directo y rotundo, Miguel Ángel escribe sobre los dos mundos que habita: el del arte, su profesión, y el de la literatura, su pasión, pero de la que difícilmente podría vivir. En el libro la literatura gana por goleada al arte. El autor vive la eterna pugna entre las obligaciones y la pasión por escribir.
El contenido del libro descansa en infinitivos como leer, escribir, comer, beber, amar, follar, conjugados con encanto, oficio y pasión por un autor al que se agradece su intención de ser lo contrario a un “hater”, esos seres que pululan por Internet y que sólo comentan sobre lo que no les gusta, sobre lo que odian. El autor lo obvia, sólo recoge aquello que le llena y le aprovecha, lo que disfruta y lo que le hace aprender.
LITERATURA
Es la verdadera y casi única protagonista de un diario en el que todo gira en torno a ella. El libro está lleno de deliciosas declaraciones de amor a algo que es mucho más que un oficio. El autor está enamorado de la literatura como escritor y sobre todo como lector “al otro lado de la barrera”. La literatura está entendida como arte completo “Hay un lugar al que llega la literatura y al que jamás podrá aproximarse el cine: la conciencia”. En este “Presente continuo” Miguel Ángel ejerce la crítica literaria lleno de amor por los libros porque como escritor sabe lo que cuesta sacar adelante uno: sangre (y sudor y lágrimas). Y es que la literatura “Te transforma. Te hace mejor persona. Para eso sirven los buenos libros. Y quizá esa sea la única y verdadera función del arte, hacer del mundo un lugar mejor”.
LECTURA
Miguel Ángel Hernández es un voraz lector. “Presente continuo” puede ser utilizado también como una perfecta guía de títulos recomendables para leer, en una especie de guía gourmet de literatura. Echo de menos un glosario de nombres, aunque entiendo que supondría un trabajo ingente por la enorme cantidad de personas, personajes y autores que aparecen en este libro.
Destaca la belleza de una lectura “que emociona hasta las lágrimas”, lo que se dice sufrir un Stendhal literario. Y una reflexión con la que nos identificamos los que hemos intentado escribir algo con mínima enjundia, “Ya no puedo leer un libro sin activar la mirada de escritor. El lector inocente hace tiempo que desapareció”, un lector que no puede evitar ver “las costuras a las novelas”.
Hablo de voraz lector porque él mismo hace numerosas alusiones a “La bestia lectora que habita” en él. Así, el libro recoge incontables lecturas de numerosos autores, muchos de ellos hispanos. En eso Miguel Ángel es generoso, no tiene reparos en decir si algo le gusta o incluso la entusiasma. Recoge libros de Ricardo Menéndez Salmón, Vila-Matas (su autor español preferido), Don DeLillo, Doménico Chiappe, Elvira Navarro, Miguel Serrano, Edmundo Paz Soldán, Jenn Díaz, Marina San Martín, Sergi Bellver, Marta Sanz, Alberto Olmos, Knausgard, Charlotte Roche, Mercedes Cebrián, Sergio del Molino, Kundera, Paul Auster, Vargas Llosa, entre muchos otros.
También se refiere los escritores murcianos Pedro Pujante, Rafael Balanza, Juan Soto Ivars o Ginés Sánchez, refiriéndose al momento dulce que vive la literatura de la Región. “Quizá sea cierto eso de que Murcia es un lugar de escritores. Si algo no está en crisis en esta región, eso es, sin duda, la literatura”. Sobre Ginés Sánchez, autor murciano preferido para este blog, afirma: “Es un escritor de verdad. Se lo toma en serio. Te hace sentir más escritor”.
Como curiosidad no le acaba de convencer “Los lanzallamas” de Rachel Kushner, una de mis lecturas de 2016, pendiente de reseñar y que a mí sí me gustó. El libro se le “atraganta”, no sabe muy bien hacia dónde va la narración.
ESCRITURA
El apasionado amante de la escritura que es Miguel Hernández se atrevió hace años a dar el gran paso a la escritura, lo que supone un gran desafío. Es autor de varios ensayos, poemas y novelas, y la escritura le produce una enorme satisfacción, “quien lo probó lo sabe”. Así se refiere al momento, difícil de describir, en el que fluye la escritura, “Das gracias al mundo por tener la suerte de experimentar esos momentos”. Pero al mismo tiempo es fuente de sufrimiento, de eterna insatisfacción, “Pocos textos has terminado de los que te sientas absolutamente orgulloso. Si por ti fuera estarías siempre dándole vueltas y buscando más lecturas hasta completar lo que falta. Sería el texto infinito”, porque “Uno nunca escribe el libro que quiere, sino el que puede. Entre el escritor que uno imagina y quisiera ser y el escritor que al final es hay una distancia”.
En “Presente continuo” Miguel Ángel describe la dificultad de encontrar el tono y la voz, se puede tener muy clara la historia pero hasta que no se encuentra la voz la novela no funciona. Todo empieza a fluir cuando el que narra, personaje o voz,  posee al escritor. “Poco a poco los personajes te van poseyendo. Es como un virus que se adueña de tu organismo”. La novela en construcción es “un organismo vivo”, se parte de “un material sobre el que ir construyendo el edificio”. Como escritor dedicado a otros menesteres encontrar un tiempo para escribir es oro, “Estos días vives en la novela”, la novela se convierte entonces en un todo, pasa a ser la prioridad “es como si se hubiera adueñado de ti. No existe otra cosa. No hay otro lugar ahora. Te embriaga esa sensación. Bendito virus de la literatura”.
Miguel Angel refleja en el libro la intensidad brutal de la escritura, cómo se siente poseído por ella, sobre todo cuando se acerca el final; la intensidad de la creación es tal vez parecida a la de dar a luz, “Tienes la historia en los dedos. La sientes salir (…) La intensidad del trabajo es brutal. Casi ni respiras (…) Estás absolutamente inspirado, drogado por la literatura. Casi en trance (…) Es como si una fuerza sobrehumana te hubiera poseído y tuvieras que sacártela de encima (…) Notas que la historia está saliendo de ti. Imaginas el proceso casi como un exorcismo”. Deseo de acabar la novela pero al mismo tiempo pena porque se termine el proceso. “(…) al dejarla ir pierdes un poco. Escribir, piensas, es perder la intimidad con las historias (…) al ser compartidas pierdes (…) esa secreta solidaridad que comparten con el escritor”. Hasta llegar a ese momento de alivio y vacío cuando pone FIN, “El momento bello e inexplicable es el del último párrafo, la última frase, el último momento de intimidad absoluta con algo que has llevado dentro de ti prácticamente un año y medio”
POLÍTICA/ ACTUALIDAD / SOCIAL
Miguel Ángel Hernández no es uno de esos escritores aislados en su torre de marfil; por el contrario, sigue el pulso de lo social y la actualidad, opina, se moja en aquellos temas que le tocan. Como la terrible crisis económica que lo ha trastocado todo, “Fin de fiesta. Reconoces que eres un afortunado habiendo nacido unos años antes, cuando había oportunidades (...) Es el final de una fiesta.  Es el día después, es el momento en que todo ha comenzado a resquebrajarse”. Está al tanto de la actualidad internacional y la de su país: los inmigrantes, la Constitución intocable, la irrupción de Podemos… En el libro se hace referencia a sus buenos resultados en las elecciones europeas de 2014. “Te alegras por el toque de atención al bipartidismo. Es un paso importante para que las cosas empiecen a cambiar”. Se muestra crítico con la monarquía al hablar de la abdicación del rey Juan Carlos I, “Nada va a cambiar. Todo va a seguir en el mismo lugar. Cambio de muñeco, nada más”.
Durante el verano de 2014, se produjeron los terribles bombardeos sobre Gaza. Miguel Ángel los recoge, sobrecogido. “El silencio internacional y la pasividad de los gobiernos te asquean”. También fue 2014 el año del ébola y Miguel Ángel habla de la angustia y la indignación producidas por una enfermedad que llegó hasta nuestras puertas, por desgracia por eso mismo tuvo tanto impacto. “Aquellos muertos duelen menos. O simplemente no duelen nada. Están lejos. Son invisibles. Sólo importan si nos afectan. Si son peligrosos. Si se acercan y trastocan el equilibrio perfecto de nuestro palacio de cristal”.
UNIVERSIDAD
Profesor de Arte Contemporáneo en la Universidad de Murcia, se muestra crítico con el engranaje de la universidad, su lugar de trabajo, allí donde la burocracia es infinita. “Quizá todo tenga que ver con la idea de tener entretenida a la gente, convertirles en obreros de la administración, no dejar espacio ni tiempo para el pensamiento”.
MURCIA
Su ciudad es el auténtico escenario del libro. Por circunstancias de trabajo seguimos sus viajes a Madrid, Alemania, Finlandia, China o Venezuela. Pero Murcia está siempre presente: sus bares, la universidad, la casa, el centro con la calle Trapería como lugar para mirar y ser mirado. Y en especial, la huerta. Lugar de infancia del autor, lleno de recuerdos de los padres ausentes, lugar de encuentro con los hermanos. La huerta, con su idiosincrasia y su habla particular, corre el peligro de desaparecer. En el libro hay una reivindicación para que siga viva. En ella, en muchos aspectos, late una honda murcianidad, “La sabiduría [de la huerta] que no se aprende en los libros”. La nostalgia de la huerta de su infancia es la nostalgia “del Paraíso”. “Las cosas son más grandes en los recuerdos. La memoria aumenta la escala del mundo”, afirma. Ya no habita allí, aunque siempre regresa a la huerta.
Miguel Ángel es de salir mucho y bien. Junto a él recorremos muchos locales de la noche murciana: La vie en rose (que sale en su anterior novela ‘Intento de escapada’), el Trémolo, la 12 y medio, el Pura Vida, el Bizzart, la Yesería. También recorremos con el autor lugares para la cultura: La Azotea o el Espacio Pático y conocemos a colectivos como La mano robada. Asistimos gracias a Miguel Ángel a la presentación del libro de relatos “La montaña azul”, de editorial murciana La Fea Burguesía, en el que participan autores murcianos contemporáneos. Participa en su ciudad de diferentes actividades culturales: “pool talk”, festivales, recitales, leer sus textos escritos sobre un cuerpo desnudo… Acumula “experiencias para su catálogo”.
Importantes convocatorias murcianas tienen cabida en este “Presente continuo”, que al fin y al cabo es vida. Como el Lemon Pop, que se celebra en la ciudad a principios de septiembre, “la vuelta al cole de los modernos”. O la popular fiesta murciana de El Bando de la Huerta, que compara con “el apocalipsis zombi”; el Bando es puro desfase, “Murcia era una fiesta pero toda fiesta tiene su vomitorio”.
FÚTBOL
El “deporte rey” también tiene su hueco en el libro, al ser el autor un entregado seguidor del Real Madrid y del Real Murcia. El Murcia es el equipo de sus amores, “Tu Murcia querido. El equipo de tu vida”. Porque un equipo de fútbol “es mucho más que una empresa. Es memoria, historia, emociones”.
El libro hace referencia aquella temporada en que el Real Murcia estuvo a punto de subir a Primera pero acabó descendiendo a Segunda B por deudas con Hacienda. A menudo sigue los partidos de su equipo, pero recuerda los encuentros vistos con su hermano en el estadio antiguo, la Condomina, que tras varios años de abandono en el centro de la ciudad ahora es ocupado por el gran rival del Murcia, el UCAM (historia, por cierto que da para una buena novela de un escritor murciano, ahí lo dejo). Sin embargo del fútbol no le gusta “la irracionalidad, la falta de sentido común, la violencia”. Se queda con “la afectividad, el sentido de comunidad, lo sublime de algunos momentos”. Porque el fútbol proporciona felicidad, “Es una pasión irracional, efímera (…) Es memoria, pasión, infancia, sueño, paraíso. Con esto es con lo que te quedas”.
AMISTAD
La amistad ocupa un lugar predominante en “Presente continuo”, muchos amigos y conocidos pasan por sus páginas. Con ellos comparte gustos, intereses, viajes, trabajo y vida. Es el caso del omnipresente Leo, entiendo que se trata del abogado y escritor murciano Leonardo Cano, autor de la novela “La edad media”. Miguel Ángel es el primero en leerla “un privilegio y una responsabilidad”, también se refiere a su búsqueda de editorial.
Gracias al arte y a la literatura Miguel Ángel tiene ocasión de conocer a mucha gente interesante, algunos sólo de paso, otros dejarán huella. “A veces uno encuentra almas gemelas de modo fugaz. Y es consciente de que esas personas si vivieran cerca, seguramente estarían entre tus mejores amigos”.
AMOR
El amor, la pareja, el sexo, tienen cabida en el diario. El autor reflexiona sobre las relaciones, el amor romántico, el poliamor, los sentimientos… “La imaginación moderna – primero a través de la novela y luego de la cultura de masas – ha creado unas expectativas, las del amor romántico, que no pueden ser satisfechas y que producen frustración y dolor”. También se refiere a la placidez de la feliz convivencia con su pareja, “El cuerpo de la persona que amas es un refugio, un abrigo blando, suave, esponjoso, dúctil y maleable”. Sobre el sexo, el autor opina que importa en la narrativa “cuando significa”.
REDES SOCIALES
Las redes sociales, que llegaron para quedarse, también ocupan su espacio en “Presente continuo”. El autor sabe de lo que habla ya que tiene cuentas en varias. En el libro aparecen reflexiones interesantes sobre lo que suponen estos insólitos mundos virtuales. “Es extraño. Más que conocer, parece que ahora la gente se reconoce. El primer contacto no es exactamente el primero. Es una suerte de déjà vu siniestro”. Las redes han supuesto nuevas formas de amistad que aún estamos asimilando, “La amistad digital no es como la corporal, pero no por eso deja de ser amistad (…) muchos son tan cercanos que se han convertido en personajes importantes para ti”. Confiesa que desconecta la wifi cuando tiene presión para escribir y que de vez en cuando la desconexión de las redes es positiva. “Las redes sociales son un peligro con el tiempo libre. Y desconectar de vez en cuando es garantía de salud”, porque las redes no siempre son fáciles de manejar. Se refiere la nostalgia de los viejos tiempos, cuando “nadie sabía nada de nadie, en los que apenas conocías dos o tres cosas acerca de la gente con la que encontrabas, esos tiempos en los que todos eráis anónimos y desconocidos”. Las redes han cambiado nuestra forma de relacionarnos, de contar nuestras cosas, “Las experiencias ahora se recuerdan una sola vez, en público, y nunca más”.
Es “Presente continuo” un disfrute continuo, en especial para los enamorados de la lectura y la escritura, un libro en definitiva que recoge la actividad frenética del autor, obsesionado por recuperar un tiempo que no volverá, viviendo una “segunda juventud” mucho más intensa que la verdadera. “Estás haciendo las cosas que no hiciste en el pasado – porque no pudiste, porque no supiste o porque no quisiste – como si el tiempo no hubiera pasado (…) ya no eres tan joven, tu mundo está en otro lugar, tu segunda juventud también tiene fecha de caducidad. Es hora de retomar también una segunda madurez”. Pero sin dejar de escribir, por favor.

‘El instante de peligro’, de Miguel Ángel Hernández: arte y escritura como única salida



Tras el buen sabor de boca que me dejó ‘Intento de escapada’, la anterior novela del escritor Miguel Ángel Hernández (Murcia, 1977), era obligado leer lo que fuera sacando este profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia. 2015 se despedía con una gran noticia para él, su novela ‘El instante de peligro’ quedaba como finalista del Premio Herralde de la Editorial Anagrama. Tenía muchas ganas de escuchar a Miguel Ángel hablar sobre su literatura pero la casualidad hizo que presentara el libro en Madrid, en medio de un paréntesis en su hasta ahora última aventura americana, el mismo día que yo presentaba mi ‘Sin pedir permiso’. Un mes más tarde, en la presentación de mi libro en la librería Educania de Murcia, adquirí allí ‘Presente continuo’ de la editorial Balduque, un diario en segunda persona que escribió durante el durante el proceso de creación de ‘El instante de peligro’.
“A veces un instante lo pone todo patas arriba”, escribe Miguel Ángel en una novela contada en forma de larga carta, en un “presente continuo atravesado por el pasado”. En ella repite temas de su anterior libro, ‘Intento de escapada’, como la universidad, el arte, la literatura, el amor o la desilusión. En este caso no es una desilusión causada por una persona sino por la investigación y la universidad, que “había dejado de ser el lugar del conocimiento para convertirse en espejo de la burocracia”. El protagonista, desencantado, muestra su escepticismo hacia a lo intelectual y los intelectuales, “En un momento del camino dejé de creer” y llega a preguntarse para qué sirve lo que hacen: “(...) llegas a la conclusión de que nada de lo que haces ha servido para cambiar las cosas. Escribir, hablar... nada rescata nada. Todo gira sobre sí mismo. Textos, ideas, charlas que se retroalimentan y se quedan en el mismo lugar. Nada cambia nada”. Se plantea constantes dudas. El protagonista no cree en lo que está haciendo, ha perdido el interés y la emoción. Deja la vida universitaria por la escritura: “me había aburrido de la Historia del Arte, consideraba que la narrativa llegaba a lugares a los que el ensayo no podía, estaba cansado del conocimiento académico”. Sin embargo, tampoco cree plenamente en este discurso, que llegar a considerar vacío.
Pero si hay dudas con respecto a la universidad y al mundo intelectual, no las hay sobre el arte. En la novela se habla de “el arte como necesidad; el arte como forma de vida; el arte como garantía de salud; el arte como vida o muerte”. El arte es infalible, la única verdad: “El arte verdadero sólo existe cuando no puede ser de otra manera de la que es”; “El arte surge cuando de entre todas las posibilidades se elige no la más correcta o la más lógica sino la única posible”.
Definido por Miguel Ángel como un “viaje entre sombras” en ‘El instante de peligro’ de nuevo toma protagonismo una instalación artística, como ya sucedía en ‘Intento de escapada’. En esta ocasión tiene que ver con las imágenes y la mirada, dos constantes del libro. La mirada presente en el trabajo y en la vida: “Hemos visto la mirada”; “Hemos puesto nuestros ojos en el lugar de la imagen”; “Al retomar el tiempo retomé también la mirada”; “Era cuestión de tiempo y de mirada”; “Hoy necesito que me veas”. “Nunca me miras desde donde yo te veo” (Jacques Lacan). La mirada también presente en el amor y en el sexo.
Las diferentes partes del libro vienen precedidas por frases de Walter Benjamin, pensador de referencia para el autor y teórico de la imagen, una constante en esta novela, a pesar de no ser la escritura el soporte adecuado para la imagen: “Las imágenes huelen, se tocan, tienen sabor, consistencia, materia. Las imágenes son cuerpo. Cuerpo evanescente pero cuerpo al fin y al cabo”. El libro habla sobre “apoderarse del pasado”, las imágenes, en ocasiones meras siluetas o sombras, están asociadas a los recuerdos: “Las imágenes sirven para recordar, en ocasiones hay imágenes que ya no recuerda nadie, y otras veces, en cambio, no quedan imágenes para dar cuerpo a los recuerdos”; “Las imágenes siguen reverberando como un eco, siempre, incluso cuando ya no queda nadie para recordarlas”.
La memoria, el recuerdo, la pérdida, son otros temas recurrentes en esta historia de búsqueda a través de las imágenes. Miguel Ángel destaca el poder de algunos lugares para “recordar, evocar ausencias, para refugiarse del presente”. La memoria es salvación pero también veneno. Con todo, hay que seguir adelante, asimilar los errores y asimilar la pérdida: “Porque hay un momento en que las cosas se rompen y ya no se pueden arreglar. (...) Hay que intuir ese punto de no retorno, ese instante de peligro en el que todo se puede perder para siempre”. Porque no podemos luchar contra lo que tenga que suceder: “Hay cosas que es necesario hacer por mucho dolor que puedan causar, cosas que no se pueden dejar pasar, que están incluso más allá de nuestra capacidad de decisión, que son inevitables”.
El amor ocupa un espacio muy importante en la novela, que es en realidad una extensa carta de amor a alguien ausente. Los personajes no pierden las ganas de amar, aparecen en la narración varias historias de amor en diferentes planos temporales, dos en el pasado que por diferentes motivos no terminan bien, y otra en el presente (continuo) de la narración, que viene a rescatarle en un momento de su vida especialmente confuso y complicado. Además se hace en el libro toda una reflexión sobre el amor libre y sobre lo que ahora se llama “poliamor”, amar a varias personas a la vez: “Sentí que podía amaros a las dos”, entendida como una forma de amar que busca acabar con la posesión del otro: “Nadie pertenece a nadie. Amar es sumar, no restar. Somos seres plenos que decidimos compartir nuestro amor con los otros. El vacío, la búsqueda en el otro de aquello que supuestamente no poseemos, es el cáncer de Occidente. Hay otras maneras de entender el amor”.  Sin embargo, no es sencillo, el amor libre duele. “Nunca es fácil para el otro”. En todo caso en el amor las ganas no se pueden disimular: “Se nos notaba. Las miradas, la cercanía, la preocupación de uno por el otro, el deseo postergado, los pequeños roces de nuestros cuerpos al pasar”.
Las novelas de Miguel Ángel rebosan de ideas, pero él tiene el acierto de que la teoría no sea un lastre para que la narración avance y atrape al lector. Además de las mencionadas sobre el arte, el autor introduce un sinfín de ideas sobre la escritura, sobre esa dualidad entre la Academia y la Literatura, que viven tanto el protagonista como el autor: “Hay un instante en el que uno sabe que ya no va a poder parar. A partir de ese momento no hay bloqueos. La historia llega, habla, se deja escribir, cuando uno está preparado para ello”; “No sentí que debía elegir entre la escritura o la vida. Porque la escritura era la vida”. La escritura es una manera “de tocar la historia, de apresarla, de hacerla cuerpo". Arte y escritura al límite: “Ya sabía dónde ardía la historia y estaba dispuesto a abrasarme para contarla”, lo que le lleva a estar en continua duda y debate consigo mismo: “Llegar a una solución no es solucionar un problema, es abrir una pregunta”.
En resumen una nueva y magnífica novela de un autor con un estilo completamente personal y llamado a darnos muchas alegrías lectoras.
Saludando por fin a Miguel Ángel Hernández en la Feria del Libro de Madrid

Intento de escapada, de Miguel Ángel Hernández. Desilusión al abrir los ojos a lo que sólo se intuía


Me gusta seguir actualidades de Murcia y una de las fuentes para hacerlo es el periódico El Noroeste Digital. Recientemente me llamó la atención la reseña de un libro, “Intento de escapada”, a cargo de Basilio Pujante publicada en El Noroeste. Si la reseña de Pujante me resultó atractiva, el hecho de que soy seguidora en twitter desde tiempo del autor del libro me llamó a leerla. Y desde luego ha merecido la pena esta novela de Miguel Ángel Hernández, profesor de arte contemporáneo en la Universidad de Murcia, escritor y bloguero. “Intento de escapada” es su primera novela larga, está publicada por Anagrama y fue mención especial del Premio Herralde.
La novela de Miguel Ángel Hernández tiene como tema central el arte contemporáneo, en concreto el arte social que se manifiesta a través de performances, a veces extremas. Es también una historia de crecimiento y aprendizaje, en la que el protagonista vivirá una serie de circunstancias que le cambiarán para siempre. Se trata de una novela sobre el arte, el poder, la humillación, la dignidad, la fascinación y posterior desilusión cuando se abren los ojos, que estuvieron cerrados a lo que no se quería ver pero se intuía. Al mismo tiempo, “Intento de escapada” es una novela que expone numerosas opiniones relacionadas con el arte contemporáneo. Sin embargo esta “novela de ideas” no resulta pesada, hay una trama muy bien llevada que llega a ser trepidante en algunos momentos, generando gran inquietud y desasosiego en el lector.
Marcos es el joven protagonista. Estudiante de arte, es un chico ingenuo, poco sociable, que apenas ha vivido. Prefiere observar y pensar a experimentar. Estudia Bellas Artes pero no quiere ser artista; según su opinión la obra no tiene por qué ser producida. A Marcos le gusta hablar, teorizar, discutir sobre las cosas, no llevarlas a cabo. Es de ese tipo de personas a las que la gente confía sus secretos y sus problemas pero a él le cuesta entablar relaciones, tampoco tiene éxito con las mujeres. Se siente fascinado y entregado a las clases y la personalidad de una de sus profesoras, Helena. Marcos se dice que no tiene ninguna posibilidad con ella pero no se la puede quitar de la cabeza.
A través de Helena, Marcos conocerá a un gran artista, Jacobo Montes, toda una figura del arte contemporáneo considerado como social. Ambos ofrecen a Marcos colaborar con el artista como asistente. Helena se encuentra en total sintonía con Montes; Marcos, al igual que se siente fascinado por Helena, se sentirá subyugado por Montes, quien con su arte pretende romper la abstracción y las ideas puras y llevarlas a su realización.
El brillo emanado de la fascinación no nos deja ver lo que hay en verdad detrás de determinadas personas y situaciones. Eso le sucede al protagonista con su profesora Helena y con el reconocido artista Jacobo Montes. Al empezar a trabajar con Montes, el joven Marcos siente que forma parte de algo importante, aunque en ciertos aspectos le dé miedo. Porque Montes se implica en su obra artística hasta dañar su integridad. Pero en realidad asume un riesgo calculado; es un artista reconocido, admirado, que gana mucho dinero con su trabajo. “En el fondo todo se hace por dinero. El arte es lo más importante. Pero el arte es dinero”, afirma Montes. Él, a pesar de parecer un artista “kamikaze”, está en realidad resguardado. Aunque arriesgue su cuerpo el único que está realmente a salvo es él. Una pregunta que planea durante toda la trama es ¿hasta dónde se puede llegar en nombre del arte? Montes expone su integridad en nombre de su arte, pero ¿hasta qué punto es lícito exponer la vida de los demás?
Montes se siente impaciente ante la creación. Cuando tiene en la mente lo que quiere hacer, no puede esperar. Argumenta que así es como nacen las obras, “con la intensidad del momento, cuando lo demás no importa. Eso es arte verdadero, el que ofusca, el que no deja pensar en otra cosa más que en él”. Para Montes las obras de arte se modifican al contacto con la realidad, se van creando poco a poco. Legitima sus argumentos en nombre del arte.
La acción se pone en marcha a partir de una perfomance que prepara Montes para una sala de la ciudad de Marcos. Para ello necesitan contactar con inmigrantes. Este es uno de los aspectos de la novela que para mí mejor ha tratatado el autor. En la ciudad donde transcurre la acción (puede ser Murcia, con el río y la huerta a las afueras, devorada por polígonos industriales y urbanizaciones) los inmigrantes se instalan en los barrios de la periferia, se arremolinan en las calles que rodean las estaciones de tren y autobús, se reúnen alrededor de los locutorios, como sucede en todos los lugares de “acogida” para estas personas que llegan de otros países. La de los inmigrantes es una “realidad invisible”. O es visible pero en realidad nadie quiere verla. “Vosotros creéis que no hablamos español y no sabemos nada, que estamos ahí quietos como árboles. Pero los árboles son sabios”. Marcos empieza a abrir los ojos ante la dura situación de los inmigrantes. Piensa que la dignidad debe estar por encima de todo pero pronto entiende que sólo puede permitirse el lujo de la dignidad el que tiene para vivir. En la novela vemos la cara más real y amarga de la inmigración. De los países del tercer mundo también llegan inmigrantes cultos, que hablan varios idiomas, con inquietudes, están apresados por la marginalidad y precariedad de su situación como “ilegales”, viviendo situaciones límite. Sin embargo, esos inmigrantes son para Montes meramente materiales. “Un material perfecto, no lo dejes escapar”, dice sobre el inmigrante que quiere usar para una extrema perfomance. “No menosprecies la potencia de la desesperación”. Montes se aprovecha de esa desesperación para llevar adelante sus propósitos. Helena consiente en que la de los inmigrantes es una tragedia cotidiana, Montes la transformará en arte y la hará visible. “Una historia no es nada si nadie la cuenta”.
Pero el arte de Montes, supuestamente transgresor, en realidad no pretende cambiar nada, sólo “arroja más mierda al mundo”. “(…) nunca podemos solucionar las cosas; sólo repetirlas. El artista, como el resto de las personas, sólo puede reproducir la lógica del sistema en el que se halla inserto. Por eso él no intentaba nunca demostrar nada, sino tan sólo mostrar algo que no podía ser cambiado. Él simplemente mostraba”. ¿Tiene sentido un arte que sólo muestre, que no denuncie, que no pretenda mejorar las cosas? ¿Es lícito un arte que se aprovecha de la debilidad de los demás?
Marcos comienza a pensar que la propuesta de Montes es denigrante. Cuando expresa su desaprobación, Helena empezará a mirarle mal. La lectura nos plantea más preguntas: ¿qué es realmente denigrante?, ¿la propuesta o las condiciones en que malviven los inmigrantes, su brutal explotación laboral, la sociedad que lo consiente? El inmigrante responde a Marcos que se presta a aquello por necesidad; toma su decisión libremente y sin ser coaccionado por el artista. Pero en realidad se trata de una elección dictada por la necesidad, no es en verdad libre para tomarla.
Cuando comienza la performance Marcos tiene otra impresión de Montes, le considera un ser perturbado, oscuro, peligroso, carente de humanidad, terrorífico. Sobre Marcos planea entonces la incomodidad, la duda sobre la necesidad de aquella acción, de si eso puede ser considerado arte.
Le resulta repugnante lo que antes le fascinó. Le había interesado la teoría, las palabras, pero la puesta en escena de todo aquello le repele. Marcos “se siente desbordado por la realidad”. Desmonta ese llamado arte social que en realidad no soluciona nada y se aprovecha de la necesidad de los más desvalidos. Entiende que Montes plantea el arte como algo desquiciado, como un sacrificio; detrás de las más grandes obras hay historias terribles. “La cultura es también barbarie”, afirma. “Montes, más que un gran artista, en el fondo era un maltratador social”. “El artista puede ser un hijo de puta. El artista no tiene por qué ser buena gente. Que el arte no tuviera que ser necesariamente bueno no quería decir que tuviera que ser obligatoriamente malo”.
Montes juega a ocultar algo que en realidad está a la vista de todos. De aquí surgen nuevas reflexiones. Nadie se atreve a profanar una obra de arte. El arte tiene secretos y enigmas, no podemos pretender entenderlo todo. El espectador no se atreve a tocar nada, siempre hay una barrera invisible entre obra de arte y espectador. El artista contemporáneo es un ilusionista, un prestidigitador, no un alquimista como en la antigüedad.
No voy a desvelar más aspectos de la novela ni por supuesto el trepidante final, en el que el autor plantea nuevas reflexiones sobre la integridad y las contradicciones que dominan al ser humano. Sólo quiero animaros a que leáis este libro que ha sido uno de los que más me han gustado en 2014, un año lleno para mí de lecturas más apasionantes que muchas vidas. Gracias a Miguel Angel Hernández por escribirlo.

*“Intento de escapada”. Miguel Angel Hernández. Editorial Anagrama.2013. ISBN 978-84-339-9760-9 Nº DE PÁGINAS 248