La obsesión por la creación
![]() |
Fente: http://www.gtfashiondiary.com/ |
Encerrada en casa, sentada escribiendo
contrarreloj, sin poder salir a la calle porque el tiempo apremia... doy con
estas reflexiones en una entrevista de Kiko Amat a uno de mis escritores
preferidos desde muy jovencica, Hanif Kureishi sobre la obsesión creativa y el
hecho de ser o no un escritor de verdad.
Kiko Amat:
¿Pero no te arrastra la soledad a una melancolía incurable? ¿Nunca sientes
ganas de apagar el ordenador y salir corriendo a la calle? Cuanto más lo hago
yo, menos me gusta. Ese aislamiento resulta malo para mi alma, y se me está
apagando el fuego narrativo, y no sé cómo avivarlo. O siquiera si debería
avivarlo.
Hanif
Kureishi [Tajante] Quizás lo que sucede es que no eres escritor. Todos los
escritores que conozco mantienen ese fuego del que hablas. Lucien Freud pintó
hasta el lecho de muerte. Los músicos lo mismo. Estuve en casa de Brian Eno el
otro día y me dijo: “Me encanta estar en esta habitación. Me encanta trabajar”.
Yo le dije que me sucedía lo mismo. Esa es mi pasión y mi obsesión. En cierto
modo, la pregunta “cómo debo avivar ese fuego” es la incorrecta. Porque cuando
tienes la obsesión ni tan solo te lo planteas. Te levantas por la mañana y lo
único que quieres es escribir, y se te ocurre una buena idea, y la cosa aún te
excita. Y eso solo puede hacerse por amor. Si tienes que forzarlo, estás
muerto. Has escogido el trabajo equivocado. Realmente es una obsesión.
Me llegan en unos días de encierro
autoimpuesto (salvo las eternas horas en el lugar de trabajo) en los que he
pensado mucho sobre la obsesión por crear, la creatividad llevaba al límite, la
soledad del creador, la burbuja del artista (músico, escritor, pintor...), en
los que he escuchado palabras de la escritora Pilar Adón al respecto:
La gente que
desarrollamos una actividad artística tenemos una cierta "bipolaridad
social". Por un lado está la soledad del escritor, un ensimismamiento en
compañía tan dolo de sus personajes. Es una soledad real, física, auténtica
pero acompañada por personajes y vivencias. Por otro lado, en la promoción
llega el momento de salir a un ámbito social y explicar lo que se ha escrito.
La experiencia que hay detrás de ese verso es la de poetas y narradoras
suicidas, grandes damas de la tragedia, como Silvia Plath o Virginia Woolf, que
han sido siempre mis referentes. En la época juvenil se tiende a confundir el
genio con la locura, lo que es muy peligroso. No hay nada peor que llegar a una
conclusión así, no hay que llegar a tal grado de sufrimiento mental y físico
para alcanzar el genio artístico y literario. (…) La retirada no es una opción.
Los libros son nuestra vida y nuestro cobijo, me tranquilizan, es a lo que me
quiero dedicar siempre. A veces, por dedicarme a la literatura no puedo
escribir, y lo necesito, es una sensación de hambre. Al mismo tiempo estás
renunciando a muchas cosas: amigos, salir, familia. Pero no podría dejar jamás
la literatura.
O resuenan en mi cabeza los ecos de
Whiplash, película sobre la obsesión por ser el mejor, por ser leyenda en un
arte, llevada a un extremo enfermizo.
Para
capturar las emociones que sentí en mi época como baterista, quise rodar cada
actuación musical como si fuera un concurso de vida o muerte -una carrera de
coches o un atraco a un banco, por ejemplo. Quería mostrar todos los detalles
que podía recordar -el polvo, la mugre, y el esfuerzo que supone una obra
musical. Los auriculares y las baquetas rotas, las ampollas y cortes en las
manos, los incesantes metrónomos contando y latiendo, así como el sudor y la
fatiga. Asimismo procuré captar esos momentos fugaces de belleza que aporta la
música- y que esta película rescata también con gran emoción. Cuando escuchas
un solo de Charlie Parker, entras en un estado de éxtasis. ¿Mereció la pena
todo el sufrimiento que padeció Parker por su música, solamente para que
podamos disfrutar de los resultados décadas después? No tengo ni la más remota
idea, pero para mí es una cuestión que merece la pena preguntarse, una cuestión
que va más allá de la música -más allá de las artes- y que guarda relación con
un concepto que es tan sencillo pero a la vez tan fundamental para el carácter
americano: lograr la grandeza a cualquier coste.
Y es que nunca seré una artista, al menos
no una artista sacrificada y cabal. No soy escritora según el canon de
Kureishi. Me gusta demasiado la calle, el disfrute, la realidad, vivir. No
quiero crearme burbujas ni paraísos artificiales. No quiero soledad ni
eternidad ni silencio. Quiero estar al tanto de lo que ocurre, formar parte de
lo que pasa. Quiero ser una persona de mi tiempo. Soy un ser asquerosamente
social.
0 comentarios:
Publicar un comentario